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jueves, 20 de octubre de 2011

El Moisés de Creta.


Cada cierto tiempo sale por aquí y por allá algún sonado que se cree conducto de Dios, Jehová, Alá, etcétera, para fracasar miserablemente. Por alguna razón, los mesías hebreos y cristianos quedaron confinados durante la mayor parte del Imperio Romano al área de Palestina o Siria, pero más tarde o más temprano, el fenómeno de los mesías medio fallados de la cabeza tenía que internacionalizarse. El primero de ellos, al menos hasta donde tenemos registro, es el llamado Moisés de Creta.

En realidad no sabemos mucho sobre Moisés de Creta, ni siquiera su nombre verdadero, salvo por los pocos antecedentes que nos deja un historiador llamado Sócrates de Constantinopla o Sócrates Eclesiástico, que escribió sobre él a la pasada en su libro "Historia de la Iglesia" ("Historia Ecclesiastica"). Los judíos de Creta habían vivido con relativa tranquilidad, aislados en su islita, pero en el siglo V hubo una serie de conversiones en masa al Cristianismo.

Fue en ese entorno y entre esos judíos que surgió entonces nuestro héroe, quien aseguró con toda la flema del mundo que era la reencarnación de Moisés. Así como el Moisés histórico llevó al Pueblo Elegido a la Tierra Santa abriendo las aguas del Mar Rojo, el Moisés de Creta haría lo mismo con las aguas del Mar Mediterráneo. Muchos judíos fueron así convocados para el gran momento, en un gran promontorio que se abría a cierta altura sobre el mar.

El problema es que una vez en el momento decisivo, las porfiadas aguas del Mar Mediterráneo se obstinaron en no obedecer el mandamiento del Moisés de Creta. Por lo que éste, lleno de fe en su propia misión, le ordenó a los judíos que saltaran. Los primeros en la fila obedecieron, y las aguas siguieron sin abrirse: los pobres desgraciados acabaron estrellándose contra las rocas al pie del acantilado. Los judíos de más atrás resolvieron entonces que quizás el Moisés de Creta no era tan milagroso después de todo, y se dispusieron a agarrarlo. Pero dice Sócrates Eclesiástico que no pudieron cogerlo porque había desaparecido. ¿Se fugó a tiempo y desapareció de la escena? O de manera más interesante... ¿se creyó tanto su propio cuento que él mismo saltó a ser pasto de gaviotas...? El piadoso historiador constantinopolitano nos ofrece su propia teoría: en realidad el Moisés de Creta era alguna clase de agente del Maligno, que había puesto empeños en aniquilar a los judíos de la isla...

domingo, 10 de julio de 2011

Nissim ben Abraham el mesías hispanojudío.


Avila, siglo XIII. Cristianos y judíos viven más o menos en paz, tanto como podía pretenderse en aquellos años (la tolerancia religiosa, sabido es, no era un rasgo característico de los cristianos medievales). Entre esta gente hay un hombre más o menos simple e ignorante llamado Nissim ben Abraham. En apariencia, es la última persona que podría en algún minuto pretender ser el mesías, en particular habida cuenta de que entre los judíos medievales, el reclamo de mesianismo viene acompañado muchas veces por un interés por la cábala, el esoterismo, el ocultismo, etcétera. Pero... sucedió.

De pronto, de la noche a la mañana, Nissim ben Abraham sufrió un cambio rotundo de personalidad: un ángel le ha hecho una serie de revelaciones. Entre los judíos, se supone que el mesías no debe proclamarse a sí mismo, sino que debe ser reconocido por sus discípulos (sin perjuicio de que algún que otro mesías ha impulsado la cosa: "digan quien soy", "adivinen qué", "¿se te ha ocurrido que a lo mejor yo...?"). El caso es que Nissim ben Abraham comenzó a comportarse como un iluminado, y escribió distintos textos cabalísticos, proféticos... etcétera. La comunidad judía se dividió: por un lado Salomón ben Aderet, un reconocido cabalista judío, manifestó su más profundo rechazo, mientras que algunos judíos, desconcertados, lo siguieron.

La historia de Nissim ben Abraham terminó de una manera un tanto bochornosa. Anunció que el mesías se revelaría finalmente en 1295. Probablemente pensaba ser proclamado él mismo (recuérdese: un mesías judío no se puede proclamar a sí mismo como tal). El día en cuestión, la sinagoga de Avila se llenó de gente lista para ver el espectáculo de los espectáculos. Y lo que vieron de pronto fueron...

...cruces. ¿Alucinación colectiva, una broma de algún infiltrado cristiano, una operación preparada por el mismísimo Nissim ben Abraham? Ignoramos la respuesta. El caso es que algunos judíos, indignados, se retiraron, pero otros lo vieron como una señal y optaron por hacer lo obvio en esas circunstancias, o sea, convertirse al Cristianismo. En cuanto a Nissim ben Abraham, desapareció de la Historia: no sabemos nada más de él. Dejándonos de paso con una serie de interrogantes sobre su breve y curiosa epopeya.

jueves, 7 de julio de 2011

Un par de mesías cabalísticos.


Aunque un mantra clásico de la educación en cuestiones históricas señala que el Renacimiento es el tiempo de la emergencia del Humanismo, el racionalismo, el secularismo, etcétera, lo cierto es que por debajo de las elucubraciones de algunos idealistas seguía siendo una época eminentemente religiosa. Incluso muchos intelectuales eran gente religiosa que hacía vida intelectual "a la moderna" para los antiquísimos fines de la religiosidad de toda la vida. Por tanto, al lado del humanismo florentino existió una enorme cantidad de nigromantes, ocultistas y charlatanes de lo esotérico que se hicieron la América. Entre ellos hubo dos cabalistas hebreos que en el tardío Renacimiento, finales del XVI y comienzos del XVII para ser más precisos, que se lanzaron a la aventura del mesianismo.

Entre la ristra de gente que pupuló alrededor de lo oculto en el tiempo antedicho, destacó en particular un tal Isaac Luria, un cabalista judío que revolucionó de arriba abajo toda la doctrina de la Cábala hebrea y es considerado de los grandes en el rubro. Un aspecto central de las doctrinas de Luria fue el tema del mesianismo (no el mesías cristiano o el Cristo, por supuesto, sino el mesías davídico hebreo). Algunos consideraron que el propio Luria era el mesías, aunque esa idea a la postre no prendió.

Uno de los más importantes discípulos de Luria fue Haïm Vital, nacido en la ciudad italiana de Calabria en 1543, y que al igual que los italianos de Rhapsody of Fire respecto del Heavy Metal nórdico, es más over-the-top, ligeramente más ridículo, y también su poco más entrañable que sus maestros. Este era un tipo raro que tenía visiones y todo, y que se convenció de una manera u otra que su maestro en verdad era el mesías, y que se revelaría en 1575. Es comprensible que se quedara un poco confuso cuando Luria falleció en 1572. Vital le dio entonces un par de vueltas al asunto, y llegó a una increíble conclusión: ¡Luria no era el mesías porque el propio Vital en realidad lo era! Pero guarda silencio: en la tradición hebrea el mesías no puede proclamarse, sino que DEBE ser reconocido y proclamado por los demás (judíos, claro). Por eso, se guardó su sentimiento mesiánico para su propio capote, no diciéndole a nadie su extraordinaria conclusión. Por eso, grande fue su sorpresa cuando en 1574 le visitó un tal Abraham Shalom que... ¡le dice que es el mesías! Shalom le explicó al atónito Vital que éste no era el mesías (Shalom lo es) sino el precursor del mesías, aquél que debe anunciar su llegada. Abraham Shalom le ordenó entonces a Haïm Vital que fuera a Jerusalén a cumplir su misión de proclamar al mesías. No era un viaje tan largo (todo lo antedicho transcurre en Safed, una ciudad palestina entonces bajo dominio del Imperio Otomano), pero aunque desconocemos la respuesta, no es demasiado difícil adivinarla, dado lo que sucedió después (básicamente: nada).

1575 llegó y se fue, y no se produjo ningún acontecimiento que significara la Revelación. Pasaron los años, y Haïm Vital esperó, y esperó, y esperó... En 1612, casi en la setentena y ya muy enfermo, decidió no aguardar más, y escribió un libro en que explicó al mundo que él era el mesías prometido, que lo sabía desde hace 40 años, y que sus sueños y visiones eran la prueba. Por alguna razón, los cuatro gatos que leyeron el texto en la comunidad hebrea no se convencieron demasiado sobre lo firme de las pruebas argüidas por Vital. Tampoco Haïm Vital pereció tan de inmediato como pensaba: el bochorno duró hasta 1620, año en que finalmente falleció, en la ciudad de Damasco. Han pasado casi cuatro centurias desde eso, algunos otros hebreos intentaron presentarse como el mesías, y en definitiva la vida sigue igual...

jueves, 19 de agosto de 2010

Mercenarios hebreos al servicio de Egipto.


La investigación arqueológica e historiográfica está llena de sorpresas. Del texto bíblico puede colegirse que las relaciones entre los hebreos y el Imperio Egipcio no eran buenas (como no podían serla entre dos Estados cada uno buscando expandirse a costillas del otro), y que los egipcios buscaron repetidas veces invadir a los hebreos. Por eso, cuando en 1893 salieron a la luz los llamados Papiros de Elefantina, los arqueólogos se llevaron una sorpresa mayúscula. Porque lo que tenían entre las manos era la evidencia de que una banda de hebreos había sido efectivamente empleada en la defensa de Egipto. Aunque no en la frontera misma con los hebreos (la frontera nororiental egipcia), claro, sino en la frontera sur, aquella que daba hacia el reino de Napata (los "Faraones Negros"), río Nilo arriba.

Los papiros mismos están escritos no en idioma jeroglífico o demótico, sino en arameo. Datan más o menos del siglo V a.C., y describen la vida cotidiana de una comunidad hebrea dedicada a las labores de defensa, en una ciudad llamada Elefantina. Dicha ciudad estaba cerca de la Primera Catarata del Nilo, y era la frontera sur del Imperio Egipcio durante el Primer Milenio antes de Cristo. El dios local de dicha comunidad era Knum, representación del Río Nilo que al igual que otros dioses egipcios, era representado con cuerpo de hombre y cabeza de animal. El animal asociado a Knum era el toro, clásico símbolo de la fertilidad. Debido a su cercanía a la Primera Catarata, Elefantina era un punto de tráfico importante, ya que obviamente el comercio fluvial debía interrumpirse ahí y ser porteado por tierra para sortear la catarata y seguir al otro lado de la misma, río arriba o abajo según su dirección precedente. En el Primer Milenio, las tierras de los Faraones Negros experimentaron un importante desarrollo, y con esto, es de suponer que también pasó más comercio por Elefantina, lo que hizo crecer su importancia mercantil, y también militar. Además estaba emplazada en una isla, lo que la hacía aún más inexpugnable y estratégica. El nombre le fue dado por los griegos, de hecho, probablemente debido al tráfico de marfil (el nombre egipcio era Yebu).

Se ignora cuando surgió la guarnición hebrea, aunque es seguro que ya existía en el siglo V a.C. Probablemente date de uno o dos siglos antes. El profeta Isaías menciona que existían hebreos viviendo en Etiopía (Isaías 11:11), y él escribió hacia los años 740-700 a.C., aunque una cosa es referir la existencia de hebreos en Etiopía, y otra muy distinta que la guarnición hebrea de Elefantina ya existiera. Otra posible fuente son los emigrados hebreos que escaparon de la invasión caldea que arrasó Jerusalén en 587 a.C. (Segundo de Reyes 25:26). Como fuere, el caso es que los saítas (dinastía que gobernó Egipto en el siglo VI a.C.) empleaba mercenarios griegos y hebreos como alternativa a los socorridos mercenarios libios, que no eran sino fuente de problemas. Porque los mercenarios libios se habían hecho tan indispensables que eran una amenaza perpetua para el poder del Faraón, y a las primeras de cambio, éstos trataban de deshacerse como fuera de ellos.

Más tarde, cuando el rey persa Cambises invadió Egipto en 525 a.C., prescindió de los mercenarios griegos (no en balde, los griegos eran una amenaza militar en la frontera europea del Imperio Persa, y por tanto era mala estrategia utilizar a estos potenciales rebeldes en la frontera egipcia). A la vez, siguiendo la política de su antecesor Ciro de convertir a los hebreos en sus protegidos, la guarnición de Elefantina pasó a ser íntegramente hebrea, si es que no lo era ya. La diferencia de trato es evidente en el hecho de que Cambises mandó a destruir todos los templos egipcios, pero el templo que los hebreos habían construido a Yahveh en Elefantina fue respetado. Más tarde, aprovechando que Arsham el gobernador egipcio estaba rindiendo cuentas en la capital persa de Susa, un complot egipcio convenció al comandante militar persa Widarnag de demoler el templo. La protesta de los hebreos fue tan clamorosa, que tanto Widarnag como sus hijos fueron condenados a muerte. La comunidad hebrea misma, por cierto, había desarrollado una muy peculiar versión de la religión hebrea, identificando al dios local Knum con Yahveh, y construyendo una extraña mixtura entre ambos. Como fuere, esto no sirvió para granjearse el cariño de los egipcios, para quienes los hebreos eran representantes de los odiados opresores persas, y a la primera oportunidad que tuvieron, los egipcios arrasaron con la colonia hebrea. Se supone que esto ocurrió hacia el año 400 a.C. (la destrucción antedicha del templo ocurrió en 410 a.C.), apenas el dominio persa sobre Egipto comenzó a aflojar. Hubo un intento posterior de instalar una colonia hebrea en el sur de Egipto, promovida por el Sumo Sacerdote hebreo Onías IV hacia 150 a.C., pero no parece haber tenido mayor trascendencia.

jueves, 22 de julio de 2010

La profecía sobre Jeconías que no se cumplió.

Los partidarios de creer que la Biblia es un libro inspirado por Dios, suelen citar como evidencia de dicha inspiración, las distintas profecías que se habrían cumplido. Todos saben que los profetas han lanzado regularmente profecías a los reyes, incluyendo el exilio en Babilonia, el regreso a Palestina, etcétera... ¡Y han cumplido! Claro que todas estas profecías están bajo sospecha porque no existen fuentes externas de terceros confiables que den fe de lo dicho por la Biblia, y siempre cabe la posibilidad de que sean textos redactados con posterioridad (cuando los acontecimientos se han cumplido), y achacados a los profetas antiguos para hacerles parecer verdaderos videntes. Y sin embargo... el texto bíblico también contiene varias profecías que manifiestamente NO se cumplieron. Y dichas profecías han sido lanzadas por piadosos hombres de Dios cuyos textos se conservan en la Biblia. Con lo que surge la pregunta: ¿para qué diablos querría Dios incorporar en Su Palabra, material que hiciera dudar a los creyentes? En este caso nos vamos a centrar en una profecía proferida por Jeremías contra Jeconías, que manifiestamente NO se cumplió.

Jeconías fue rey por apenas tres meses y un día. Podemos fechar con cierta exactitud su reinado hacia 598 o 597 a.C. Jeremías, a la sazón profeta, no le tiene mucho cariño, y le lanza lo que es casi una maldición gitana: "¿Es Jeconías una vasija rota e inútil, un trasto que nadie quiere? ¿Por qué son lanzados él y sus hijos a una tierra desconocida? ¡Tierra, tierra, tierra; escucha la Palabra del Señor! El Señor dice: "Anoten a este hombre en los registros como un hombre sin hijos, como un hombre que fracasó en la vida. Porque ninguno de sus descendientes llegará a ocupar el trono de David para reinar de nuevo en Judá" (Jeremías 22:28-30). Dejando de lado la cuestión de por qué los descendientes de Jeconías iban a tener que pagar sólo porque Dios se la tenía jurada a un ancestro suyo a cientos o quizás miles de años de distancia en el pasado, el caso es que Nabucodonosor depuso a Jeconías, y lo exilió en Babilonia (esto es el primer asedio de Jerusalén, porque después hubo un segundo en el cual fue quemado el Templo de Salomón original, y ahí sí que se acabó la independencia hebrea). Hasta ahí, todo bien. Después se ponen buenas las cosas.

Resulta que hacia 520 a.C. (según Ageo 1:1), Zorobabel recibió la misión de llevar a los judíos exiliados desde Babilonia hasta Israel. ¿Y quién era este Zorobabel? Era hijo de Pedaías (1 Crónicas 3:17-18) o de Sealtiel (Ageo 1:1). Ya aquí tenemos una contradicción entre dos textos supuestamente inspirados por Dios. Claro, uno puede suponer que lo importante es el mensaje de fondo o la moraleja, no el detalle histórico, pero no se ve claro por qué Dios habría de dejarle clarito a dos profetas distintos, como clara seguramente es la Palabra de Dios cuando la inspira el Creador de todas las cosas, que un personaje histórico tan importante como Zorobabel es hijo de uno o de otro. Pero, yendo al grano, en lo que a nosotros se refiere... ¡la discrepancia no interesa porque Pedaías y Sealtiel eran hermanos, y ambos eran hijos de Jeconías! Aunque por boca de Jeremías, la descendencia de Jeconías estaba maldita hasta que las montañas se hicieran polvo, resulta que a la tercera generación, un nieto del maldito por Dios era la máxima autoridad política de los hebreos. No era rey, claro, sino apenas gobernador en nombre de los persas (entretanto, los hebreos saludaban a Ciro como el mesías), pero un trono sigue siendo un trono, sea con el título que sea.

Y se pone aún mejor. Resulta que desde tiempos anteriores al exilio en Babilonia, una de las señas características del mesías era que debía ser del linaje de David. Este elemento fue incorporado a la mitología bíblica (según los escépticos) o profetizado (según los creyentes) por Isaías (lean Isaías 11 completo al respecto). Vale que Ciro fue saludado como mesías, pero al final resultaba que no era (a pesar de lo cual, el autor anónimo llamado "Deuteroisaías" porque se atribuyó la identidad de Isaías y escribió una secuela del libro original, lo saludó como tal en el capítulo 45, contradiciendo lo dicho en el 11 por el Isaías de verdad, porque Ciro no era del linaje de Jesé o su hijo David). A tanto llegaba esto, que los evangelistas Mateo y Lucas no perdieron tiempo alguno en escribir sendas genealogías de Jesús (que por cierto, en un a estas alturas del partido no demasiado sorprendente giro, se contradicen ambas si se toman la molestia de leerlas), en que se "demuestra fehacientemente" que Jesús es descendiente de David. ¿Y quién está injertado en medio de la generalogía de Mateo? Pues nuestro buen conocido Jeconías, denunciado como antepasado de Jesús, a pesar de que ningún descendiente de David llegaría a ocupar el trono de Judá... Uno puede argumentar que desde el punto de vista cristiano, el mesías en realidad no es un salvador terreno que restaurará el Reino de David, sino un salvador espiritual, y que los judíos entendieron esto trágicamente mal. Pero si ese fuera el caso, ¿por qué entonces Mateo le sacó lustre a su genealogía metiendo a Jeconías en el sarao, si con ello nada le aportaba al retrato de Jesús como el verdadero Ungido del Señor, dejando de paso a un hombre tan "inspirado por Dios" como Jeremías como un embustero, al menos en lo que a tal profecía se refiere...? Porque ninguno de sus coetáneos iba a aceptar un mesías que no fuera descendiente de David, claro está. Así es que no queda más remedio que admitir la existencia de un lapsus en el texto bíblico. Y como a estas alturas me empieza a doler la cabeza (e imagino que a ustedes también), lo dejaré hasta aquí por el minuto. Saquen sus propias conclusiones.

domingo, 27 de junio de 2010

Hebreo y judío y sionista.

Por esta vez, Siglos Curiosos hará un servicio de utilidad pública a sus lectores, y explicará someramente la diferencia entre algunos términos relacionados con el Judaísmo, que suelen utilizarse de manera confusa e intercambiándolos unos por otros. Y cuando me refiero a "manera confusa", me refiero a que una de las acepciones aceptadas por la Real Academia Española de la Lengua del término "judío" es usarlo como sinónimo de "hebreo", cuando en realidad no son lo mismo. De manera que quizás no sea superfluo hacer algunas aclaraciones, sólo para los registros.

Partamos por "hebreo". Los hebreos fueron un pueblo de tantos que ocuparon Palestina en el primer milenio antes de Cristo. Aunque según la Biblia sus orígenes se rastrean hasta Abraham, lo cierto es que parecen haber levantado cabeza en términos políticos recién después de que el Imperio Egipto se retiró de Palestina, evento que coincidió en la historia hebrea más o menos con el llamado período de los Jueces (hacia los siglos XIII o XII a.C.). Los hebreos se organizaron en un reino bajo Saúl, David y Salomón (no hay motivos de fondo para descartarlos como personajes legendarios, como algunos críticos sostienen), y luego el reino se partió en dos: Judá al sur e Israel al norte. Luego de sufrir el Cautiverio de Babilonia en el siglo VI a.C., algunos hebreos regresaron a Palestina gracias al rey persa Ciro el Grande. Obtuvieron una cierta independencia bajo los Macabeos, sólo para perderla después a manos romanas, que en las sucesivas masacres de 70 y 135 después de Cristo los dispersaron, y se acabaron los hebreos como un pueblo histórico. Con todo, la palabra sobrevivió en el llamado idioma hebreo, que fue conservado como parte de la liturgia del Judaísmo. Además, la costumbre hebrea de la endogamia, y por qué no decirlo, el antisemitismo medieval europeo, ayudó a mantenerlos como una etnia separada y aparte.

Sigamos ahora por "judío". El judío es el que profesa la religión del Judaísmo. ¿Y no se supone que el primer judío fue Abraham? Según el relato bíblico sí, pero según la evidencia interna presentada por la Biblia, la respuesta debe ser no. Los primeros hebreos profesaban una religión nacionalista no demasiado diferente a otros cultos paganos del Medio Oriente en la época, en que se asociaba un dios nacional al territorio controlado políticamente de una ciudad (así: Ashur sobre Assur, Marduk sobre Babilonia, Amón sobre Tebas, etcétera). El Templo de Salomón, por ejemplo, fue construido para el dios Yahveh que era ante todo el dios tutelar y nacional de los hebreos, no el dios y señor de toda la Humanidad en que la mentalidad hebrea lo transformó con posterioridad. Esta noción de que Yahveh es señor de toda la Humanidad es muy posterior, y data más o menos del Cautiverio de Babilonia. O sea, el Judaísmo como religión con los rasgos que la conocemos actualmente, cobró fisonomía definitiva recién en el siglo VI a.C. Y huelga decir que, después de que los hebreos desaparecieran como un pueblo, el Judaísmo sobrevivió hasta el día de hoy.

Y sigamos con "sionista". El sionismo es ante todo un movimiento político, no un concepto religioso como "judío" ni étnico como "hebreo", aunque tiene tintes de uno y otro. El sionismo es en muchos sentidos una derivación del movimiento nacionalista del siglo XIX, y buscaba (y busca aún) la creación de un Estado Nacional que congregue a los hebreos judíos en la Tierra Prometida bíblica. Los sionistas buscan el fundamento para su doctrina en la Biblia, por supuesto, pero en tanto movimiento político, fue una fuerza significativa recién después del Primer Congreso Sionista, que se celebró en Basilea en 1897. O sea, durante la mayor parte de su historia los judíos no han sido sionistas, al menos en el sentido estricto y moderno del término.

Al último, como bonus track, hablemos de "israelita" e "israelí", palabras éstas sí que se prestan a muchas confusiones, debido a que han existido dos "Israel" en la historia. Primero está el Reino de Israel, que ya mencionamos antes, y que duró desde la división del Reino de Salomón (hacia 930 a.C.) hasta la conquista de su capital Samaria por los asirios (hacia 721 a.C.). O sea, los israelitas de esta época eran sólo los "hebreos del norte", por contraposición a los habitantes del Reino de Judá en el sur. Y después está el actual Estado de Israel, existente desde 1948. Además, por si fuera poco, es aceptable para la RAE usar el término "israelita" como sinónimo de hebreo, y también de judío, a pesar de que como vimos, en sentido estricto no son lo mismo.

De manera que, si trazamos una línea de tiempo, vemos que los hebreos surgen a la Historia hacia el siglo XIII a.C. Luego, amenizan el asunto los israelitas entre los siglos X y VII a.C., luego de lo cual vuelven a desaparecer. En el siglo VI a.C. aparecen los judíos. Más tarde, en el siglo II d.C., los hebreos desaparecen como tribu, y sobreviven más o menos como etnia en una diáspora, además del hebreo como lenguaje, en tanto que los judíos en tanto tales continuan. Y en el siglo XIX aparece el sionismo como movimiento, y algunos judíos (no todos tampoco) se plegan al mismo. Y aún más tarde, en 1948 (siglo XX), al aparecer el Estado de Israel, aparecen en escena los israelíes. ¿Un poco más claro, el embrollo...?

domingo, 20 de diciembre de 2009

Nicolás de Cusa y las religiones abrahámicas.


Uno de los pensadores más exóticos que produjo el siglo XV, fue el filósofo alemán Nicolás de Cusa. Si hemos de ser justo, era alemán por nacimiento y cultura, pero su obra llegó a sus más altas cumbres en Italia. Tuvo una participación destacada en el Concilio de Florencia de 1438, en el cual se mostró activo a favor de una fórmula que permitiera unificar a la Iglesia de Roma con la de Constantinopla. Sus esfuerzos fracasaron por la intransigencia de los griegos, que con esto se cegaron cualquier posibilidad de auxilio de Occidente frente a la creciente amenaza de los otomanos, que quince años después, en 1453, tomaron Constantinopla y le pusieron fin al Imperio Bizantino (después se crearía una frase destinada a tener éxito en la historiografía dieciochesca: prefirieron "el turbante del Profeta a la tiara del Papa"...). Años después, debido a su amistad con el sacerdote humanista Eneas Silvio Piccolomini, cuando éste devino en el Papa Pío II (1458-1464), Nicolás de Cusa se convirtió en uno de sus principales consejeros y asesores.

Resulta interesante observar que a pesar de desarrollar su labor en el seno mismo de la intransigente Iglesia Católica medieval, las dos tendencias espirituales de Nicolás de Cusa hacia el misticismo por un lado y hacia el humanismo por el otro, le llevaron a tratar de comprender las diferencias religiosas como meros baches en la búsqueda de la unidad humana. En la época de Nicolás de Cusa era aún reciente el problema del Imperio con los husitas, una secta herética checa que había llegado hasta la guerra civil (en muchos sentidos, como tantas otras veces en la Historia, la herejía husita era un pretexto religioso para enmascarar otras motivaciones un poco más terrenales). Nicolás de Cusa promovió el entendimiento amable con los husitas, así como con los ortodoxos de Constantinopla.

Pero no se detuvo ahí. A contrapelo de las corrientes predominantes en el pensamiento católico, Nicolás de Cusa era también partidario de entenderse con los judíos y aún con los musulmanes. Nicolás de Cusa creía en un dios casi inmanente a la Creación (es sintomático que describa al universo como teniendo "un centro en todas partes y su circunferencia en ninguna", frase clásicamente usada por los teólogos medievales para definir a Dios), y ante eso, era más importante la fe que los usos exteriores de cada culto. Basándose en la Biblia, Nicolás de Cusa consideraba aceptable que los cristianos retomaran el antiguo uso de la circuncisión (no parece claro, de todos modos, que el propio Nicolás quisiera someterse a la misma...), mientras que los judíos y los musulmanes podrían transformar o adaptar sus abluciones rituales para transformarlas en el equivalente del bautismo cristiano. El Cusano considera, de manera un tanto ingenua, que el Islam es una especie de simplificación hecha por Mahoma de la Ley de Moisés, para adaptarla a los pueblos árabes, y que por lo tanto, tratar a los musulmanes y a los judíos sería para los cristianos casi la misma cosa.

Por ironía del destino, este espíritu que en su misticismo hacía planes para unificar todas las religiones bajo la férula de un Cristianismo purgado de su intolerancia, falleció en medio de los preparativos que el Papa Pío II hacía para emprender una enésima Cruzada contra los musulmanes, Cruzada en la que el mismo Nicolás Cusano, como colaborador cercano del Papa, debía participar. Apenas tres días después, también falleció el propio Pío II, y la proyectada Cruzada no llegó así a materializarse...

domingo, 19 de julio de 2009

Construyendo al Demonio.


El Demonio o Satán del Cristianismo no nació de la noche a la mañana, completamente inventado desde los cuernos hasta el rabo. Antes bien, fue el resultado de una larga evolución, en donde diversos elementos se le fueron agregando hasta construir su imagen moderna. El Satán del Antiguo Testamento, de hecho, en su muy fugaz aparición como secundario en el Libro de Job, presenta características bastante distintas al Demonio como fuerza impulsora del Mal en el pensamiento cristiano.

Primero que nada, dentro del Judaísmo existe la creencia en criaturas demoníacas. Aunque religión monoteísta, el Judaísmo ha debido siempre contender con la afición popular a creer en muchas criaturas sobrenaturales, y ha tenido que contemporizar un poco. De hecho, Yahveh recorrió un largo camino hasta transformarse en el Dios Unico, el "Dios Celoso" de Moisés, pero una vez recorrido, no es demasiado difícil entender que los otros dioses hayan sido rebajados a la categoría de demonios. Porque profetas como Jeremías hablaban de los ídolos que tienen boca y no comen, que tienen oídos y no escuchan, que tienen ojos y no ven, etcétera, pero nada o no mucho decían de los demonios, ni de los ángeles, a pesar de que en el Génesis es claro que el Judaísmo primitivo sí los concebía como rondando por el mundo. Después del Cautiverio de Babilonia (587 a.C. a 538 a.C.), los judíos estuvieron en contacto con la religión del Imperio Caldeo, que sí creía en los demonios, politeístas como eran, y la creencia de los judíos en los demonios se revitalizó. El propio Jesucristo, sin ir demasiado lejos, más de alguna vez tuvo que curar a algún endemoniado...

Pero la imagen moderna del Demonio vino cuando el Cristianismo, tomándolo como personaje, le adjudicó características de otros personajes de la cultura grecorromana. Enemigo de los cultos de la naturaleza, el Cristianismo hizo todo lo posible por ridiculizarlos y, allí donde pudieron (o sea, en todas partes donde se extendió su férula), satanizarlos. Uno de los principales dioses grecorromanos de la naturaleza, por su carácter mistérico, era Pan. Este Pan tenía cuerpo de ser humano, pero caderas y patas de macho cabrío. Los cristianos entonces tomaron la imagen iconográfica de Pan, y lo asociaron al Demonio. También asociaron una serie de rituales pánicos (la actual palabra "pánico" deviene del dios Pan, precisamente), incluyendo el sacrificio de machos cabríos, al Demonio, y así ha quedado hasta ahora. Tomaron también la vocecita interior que ilumina e inspira a los filósofos, el "Daimon", y la asociaron con la voz de Satán perdiendo a los seres humanos, impidiéndoles sentir la voluntad de Dios en su corazón. Con lo que el Daimon pasó así a ser el actual Demonio, y fue también asociado a Satán.

Por medio de todas estas adiciones es que Satán, el antiguo ángel caído del Judaísmo, devino en el moderno Demonio. Aunque habrá que esperar hasta la iconografía medieval para que dichas características terminen de asentarse bien en el imaginario popular, desde donde no han salido en casi dos milenios completos.

domingo, 3 de mayo de 2009

Mi nombre es Asimov.


Llamarse con un nombre judío y un apellido ruso en los muy cristianos y occidentales Estados Unidos, tiene su miga. Isaac Asimov, el afamado escritor de Ciencia Ficción y divulgador científico (1920-1992) tuvo sus historias respecto de su propio nombre. Asimov nació en Rusia, por lo que ponerle un nombre netamente judío tenía mucho sentido en una familia judía, pero al emigrar a Estados Unidos, la situación fue distinta. Debe recordarse que, hasta antes de descubrirse los horrores perpetrados por los nazis en los campos de concentración, el antisemitismo en los Estados Unidos era algo, quizás no especialmente respetable, pero sí al menos socialmente aceptable. Para quien quiera ver, ahí está la magnífica película "El sol sale para todos", de 1947, como un testimonio de esto.

Una vez en América, teniendo Asimov unos cinco años, discutieron el tema, y optaron por cambiarle el nombre manteniendo la inicial, de manera que pasaría a llamarse "Irving Asimov". Pero el joven Asimov, según confesión propia, lanzó un alarido seguido de una rabieta lo suficientemente fuerte como para convencer a sus padres (por otra parte bastante testarudos, como solían estilarse los padres a comienzos del siglo XX, antes de la era de "el psicólogo dice que no traumemos al pobre niño"). El hermano de Asimov, nacido ya en Estados Unidos, se llamó "Stanley Asimov", por insistencia de la madre (ahí tienen otro chiste de madres judías...), y contra la opinión del padre y del infante Isaac, que preferían "Solomon Asimov".

Andando el tiempo, a finales de la década de 1930, con Asimov acercándose a la veintena y entusiasmado con la Ciencia Ficción no sólo como fanático lector adolescente sino también como escritor en ciernes, el nombre se transformó en tema para considerar. En las revistas pulp de la época (y así es como se publicaba la Ciencia Ficción en aquel tiempo, en baratas revistas pulp, no en libros respetables), muchos escritores solían tomar seudónimos, a veces para esconder actividades tan vergonzosas, a veces para multiplicarse en varios géneros (un seudónimo para los policiales, uno para las de cowboys, uno para la Ciencia Ficción...) ...y a veces para enmascarar orígenes extranjeros, entre los cuales estaba la procedencia rusa o la judía (no era lo mismo un muy patriótico Western de rudos vaqueros escrito por un respetablemente anglosajón Jack Stark, que uno escrito por Yeshua Stressemann, por inventar dos nombres al azar). Isaac Asimov aspiraba a publicar en la revista "Astounding Stories", la más respetable del género, pero su director, John W. Campbell, hombre patriota a carta cabal, gustaba de nombres cortos y muy americanos para los escritores. Pero se dio que Asimov vendió su primer relato a otra revista distinta, y cuando por fin pudo venderle algo a Campbell, éste dio por asumido que Isaac Asimov publicaría con su propio nombre, y no insistió en el tema.

Por supuesto que tener un nombre judío le hizo presa de quienes consideran que uno debería hacer honor a su tierra, su sangre, etcétera (existen cretinos cortos de sesera acá en Chile que piensan que porque vuestro seguro servidor el General Gato es chileno, debería limitarme a escribir sobre huasos o sobre el drama social chileno actual, en cuyo caso usted no podría leer Siglos Curiosos, que sólo muy tangencialmente han abordado tales tópicos). Asimov escribió en sus Memorias: "Isaac Bashevis Singer escribe sobre temas judíos porque quiere hacerlo. Yo no lo hago porque no me apetece. Tengo los mismos derechos que él". Supongo que vale para los judíos y también para los chilenos, y en general para toda la gente creativa que no quiere sentirse limitada por ser de tal lugar, raza, sexo, estirpe o condición.

Refiere que un día, inadvertidamente, dio una conferencia en un día que era Año Nuevo Judío. Le llamó por teléfono un judío para censurarle por su actitud. Asimov explicó que su relación con el Judaísmo era más bien tenue, que no había sido educado en la tradición judía, que no celebraba las fiestas, y que tampoco hubiera concurrido a la sinagoga. La respuesta:

-Eso no importa. Debería usted servir de modelo para la juventud judía. En vez de eso, se limita usted a ocultar que es usted judío.

-Perdóneme, señor, pero estoy en desventaja, usted sabe mi nombre, pero yo no sé el suyo.

-Me llamo Jefferson Scanlon- (nombre dado en las Memorias, pero confesamente cambiado por Asimov, para proteger la identidad del culpable).

-Ya veo. Bien, si yo estuviese intentando ocultar que soy judío, la primera cosa que haría, lo primero, sería cambiar mi nombre de Isaac Asimov por el de Jefferson Scanlon...

Remata Asimov señalando que nunca más volvió a saber del majadero.

jueves, 30 de abril de 2009

Isaac Asimov y el Sionismo.

El escritor de Ciencia Ficción y divulgador científico Isaac Asimov, era hombre de firmes convicciones liberales y humanitarias. Nacido en Rusia en 1920, su familia llegó a Estados Unidos en 1923. Asimov, de orígenes judíos, recibió una educación secular, se convenció de que América era el crisol de razas, y fue un profundo admirador de la democracia estadounidense. Por eso no comulgaba con los sionistas. En sus "Memorias" escribe sobre algunos judíos: "(...) después de condenar el antisemitismo con un tono desmesurado, pasan en un instante a hablar de los afroamericanos y, de repente, empiezan a sonar como un grupo de pequeños Hitler. Y cuando lo hago notar y me opongo con energía, se vuelven en mi contra, furiosos. Sencillamente no se dan cuenta de lo que están haciendo". Y abunda más: "En estos momentos se está produciendo una gran afluencia de judíos soviéticos a Israel. Están huyendo porque temen una persecusión religiosa. En el momento en que ponen sus pies en suelo israelí, se convierten en nacionalistas extremistas sin piedad para los palestinos. Pasan de perseguidos a perseguidores en un abrir y cerrar de ojos".

Refiere Asimov en el mismo texto, el enfrentamiento que tuvo en una mesa redonda con Elie Wiesel, "que sobrevivió al Holocausto (...) y que ahora no habla de nada más" (Wiesel recibió el Premio Nobel de la Paz en 1986; Asimov sitúa la anécdota en 1977). Dijo Wiesel que no confiaba en los científicos o los ingenieros porque habían participado en la dirección del Holocausto. Irritado Asimov, defensor a ultranza de los beneficios que la Ciencia ha traído a la Humanidad (y tiene razón, usted está leyendo Siglos Curiosos gracias a los inventores de los computadores y de Internet), le espetó a Wiesel que el haber sido perseguido no muestra que ese grupo sea inocente o culpable de nada, sino simplemente que era más débil que el grupo perseguidor, y que en otras circunstancias, podrían ser los perseguidos quienes fueran perseguidores.

-Déme un solo ejemplo en que los judíos hayan perseguido a alguien- replicó Wiesel, muy excitado.

-Bajo el reinado de los Macabeos en el siglo II a.C., Juan Hircano de Judea conquistó Edom y obligó a los edomitas a elegir entre la conversión y la espada. Los edomitas, que eran prudentes, se convirtieron, pero después fueron tratados como un grupo inferior, ya que aunque eran judíos eran también edomitas.

-Esa fue la única vez.

-Esa fue la única vez que los judíos tuvieron el poder. Una de una, no es un mal récord.

Aunque bueno, en honor a la verdad, si hemos de contar veces en que ha habido estados judíos en el mundo (el Israel moderno, el Reino Macabeo, el Reino de David que tuvo también sus coqueteos con la intolerancia religiosa a costa de los cananeos), deberíamos incluir también al Reino Jázaro, del cual no parecen haberse conservados registros de fanatismo religioso. ¿Diríamos entonces, tres de cuatro...?

domingo, 12 de abril de 2009

De dónde viene la Semana Santa.


La Semana Santa es uno de los hitos más importantes, conjuntamente con la Navidad. Después de todo, la Navidad representa el nacimiento de Cristo, y la Semana Santa conmemora su muerte. La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, que celebra la entrada de Jesús a Jerusalén. El Jueves Santo recuerda la Ultima Cena, el Viernes Santo es el día de la crucifixión, y el Domingo Santo significa la resurrección. Y sin embargo, la celebración de la Semana Santa es incluso anterior al Cristianismo...

Si se lee atentamente y le damos credibilidad histórica a la Biblia, se descubre que Jesús estaba en Jerusalén para celebrar la Pascua de los judíos. Así, "el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos á Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua?" (Mateo 26:17). Recordemos que Jesús pretendía reformar el Judaísmo, no crear una nueva religión, como lo testimonia en el Sermón de la Montaña diciendo: "No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas" (Mateo 5:17.18). Por tanto, siendo consecuente con su prédica, Jesús tenía forzosamente que cumplir con la Pascua judía. A partir de ahí, los hechos se precipitan: los fariseos temen que Jesús provoque un alzamiento en Jerusalén, y maquinan hasta conseguir su ejecución, con lo que ligaron indisolublemente la Pascua Judía con el recuerdo de la muerte de Jesús entre los cristianos.

A su vez, esta Pascua judía recuerda un evento histórico anterior: la salida de los hebreos de Egipto. La descripción completa de cómo Yahveh (según la Biblia, claro) le ordena a Moisés celebrar la Pascua judía para recordar siempre quién fue el Libertador, está contenida en el capítulo 12 del Exodo. La historicidad del Libro del Exodo, hoy día se sabe, es un tanto dudosa, pero eso es lo de menos: para estos efectos cuenta que los hebreos celebran a pie juntillas la Pascua porque lo consideran un mandato de su dios, y es el Exodo la base literaria de esto.

Pero todo esto no son meras coincidencias. Muchos pueblos de la Tierra tienen celebraciones similares, paganos incluídos. En las religiones primitivas, esta fiesta era la celebración anual del regreso de la primavera después del invierno, y los hebreos primitivos, como pueblos dependientes de la agricultura que eran, no desconocían estos rituales. De hecho, varios elementos paganos se han infiltrado en esta fiesta, incluyendo los celebérrimos huevos de Pascua, cuya presencia en la festividad no tiene base ni bíblica, ni judía, ni cristiana. De esta manera, los judíos primero, y los cristianos después, tomaron una fiesta preexistente en su legado cultural, y la adaptaron a sus propias creencias, dándole un nuevo significado, consiguiendo así seguir manteniendo las fiestas de toda la vida sin tener que renunciar a una identidad religiosa distintiva.

jueves, 25 de diciembre de 2008

¿Y dónde nació Jesús...?


Cualquier persona, interrogada sobre el lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret, dirá sin dudar que nació en Belén. Quienes más estén enraizados en la tradición, hablarán del "portal de Belén" o del pesebre o establo en que nació Jesús... A pesar de que un portal no es un establo, claro está. Y sin embargo, lo cierto es que ¡no sabemos dónde nació Jesús! Y del análisis de los textos bíblicos, bien podría ser que el lugar más probable no fuera Belén, sino Nazaret...

Vamos por partes. Los dos textos bíblicos que se refieren al nacimiento de Jesús son el Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas. Por desgracia, ambos relatos no sólo están trufados de elementos sobrenaturales que le restan credibilidad histórica (apariciones de ángeles, visiones, etcétera), sino que además se contradicen mutuamente. El relato de Mateo no menciona el nacimiento de Jesús en Belén, pero no menciona la procedencia de la familia. Mateo pareciera subentender que el lector asume como nativos de Belén a la familia de Jesús, debido a que luego de regresar desde Egipto (en donde habían estado escondidos, esquivando la Matanza de los Inocentes supuestamente ordenada por Herodes), dice que tuvieron miedo de regresar y se instalaron en Nazaret... Lo que significaba cambiar no sólo de ciudad sino también de región, porque Belén estaba en Judea y Nazaret en Galilea (y los judíos de raza despreciaban a los galileos por ser una especie de "judíos nuevos", porque su judaización había sido producto de una conquista militar cerca de un siglo antes, por obra de los Macabeos).

El relato de Lucas, por su parte, señala enfáticamente que la familia de Jesús era de Nazaret, y viajaron a Belén para cumplir con la orden de que cada persona se censara en el lugar de su nacimiento (y José era de Belén, se da a entender). Situación que es un absurdo, por supuesto, como cualquiera que haya afrontado un censo en la actualidad lo sabe. Pareciera que Lucas estaba empeñado en que Jesús naciera a cómo dé lugar en Belén, aunque lo sabía de Nazaret, y por eso tuvo que inventarse la historia del viaje. Por otra parte, en varios pasajes de la Biblia se deja entrever que los galileos consideraban a Jesús como "uno de los suyos", y que se motejaba a Jesús como "galileo" con su cuota de desprecio... (recuérdese el episodio en que Jesús es echado de la sinagoga de Nazaret, y éste replica "nadie es profeta en su tierra"...).

Pero si Jesús efectivamente nació en Nazaret, ¿por qué los evangelistas habrían querrido hacerlo nacer en Belén? La razón puede estar en la empresa de justificar a Jesús como el mesías. Se suponía por la tradición rabínica que el mesías debía ser un vástago de la Casa de David, y como ésta venía de Belén, una señal para el lector de que Jesús era efectivamente el mesías, era hacerlo nacer en Belén, aunque hubiera que mentir o inventarse la historia. Lucas habría escrito entonces su Evangelio con posterioridad, y tomando por buena la información de Mateo, pero no pudiendo olvidar que Jesús era de Nazaret, se inventó entonces el viaje a Belén.

jueves, 18 de diciembre de 2008

La guerra de la tumba de Herodes.


Herodes el Grande, quién vivió entre 73 y 4 a.C., es uno de los personajes históricos de más ingrata memoria en la Historia. Aunque en los últimos años ha sido objeto de rehabilitación histórica (incluso en la década de 1950, Arnold J. Toynbee hablaba más o menos favorablemente de él, en su monumental "Estudio de la Historia"), sigue siendo famoso por el incidente de la Matanza de los Inocentes, que para más inri es muy improbable que haya sido un episodio histórico de verdad. Por eso, resulta cuando menos curioso, aunque esperable dentro de las coordenadas del juego político de toda la vida, que la tumba de Herodes haya dado lugar a una guerrilla cultural entre palestinos e israelíes.

Excavaba el arqueólogo Nehud Netzer en el Herodión, uno de los más importantes palacios de Herodes. El palacio está dividido en dos secciones, una inferior en la planicie y una superior en lo alto de un risco que servía como fortaleza en caso de apuro. Netzer no dejó piedra por voltear para descubrir cualquier indicio de la tumba, que según la descripción del historiador judío Flavio Josefo, debió haber sido magnífica. Finalmente, en el año 2007, encontró la tumba, ni arriba ni abajo: estaba en una ladera, más o menos bien escondida por el paso del tiempo (además que los judíos, que odiaban a Herodes, se habían encargado de maltratar la tumba con posterioridad).

El 8 de Mayo, después de acuciosas excavaciones, Netzer dio a conocer el hallazgo en una conferencia de prensa, y precipitó una tormenta política. Resulta que la región en torno a Herodión es palestina, pero con asentamientos judíos. Shaul Goldstein, líder del asentamiento Gush Etzion, al sur de Jerusalén, dijo entonces que la tumba era "una nueva prueba de la relación entre Gush Etzion, el pueblo judío y Jerusalén", y pidió que fuera designada monumento nacional religioso. La Autoridad Palestina respondió cuestionando abiertamente que se tratara de la tumba de Herodes, y atacó a Netzer por haberse llevado los restos y hallazgos a territorio israelí, fuera de Herodión. Nabil Khatib, director del distrito de Belén de la Autoridad Palestina, sin pelos en la lengua, dijo: "Es un robo de artefactos palestinos".

Lo irónico del caso no radica sólo en el absurdo de basar pretensiones nacionalistas del siglo XXI en un estado de cosas político que se acabó con la Diaspora de los años 70 y 135 d.C., es decir, hace dos milenios atrás. El colmo del absurdo es que Herodes no era judío, ya que su madre era árabe y su padre era idumeo (edomita). Por lo tanto, si consideramos a las razas bíblicas como sobrevivientes en Oriente Medio (consideración que es una fortísima petición de principios)... ¡Resulta que Herodes no sería judío sino palestino, y el hallazgo de Herodión confirmaría las pretensiones palestinas y no las judías! Es más, los judíos odiaban a Herodes como a un extranjero intruso que había sellado un pacto mefistofélico con el Imperio Romano (un títere o Quisling de los romanos, hablando en plata), y de ahí que le crearan la siniestra reputación que devino posteriormente. Que los judíos se encarguen entonces de reivindicar la tumba herodiana, y los palestinos en dudar de ella, estando la tumba en territorio palestino, resulta entonces un absurdo sólo comprensible por la poca cultura que tiene en general la clase política de nuestros tiempos...

jueves, 3 de julio de 2008

Nahalal la pionera.


Todos los asentamientos urbanos tienden a parecerse, porque responden a la necesidad de cada habitante de utilizar por sí un pedazo de suelo y explotar los recursos naturales disponibles, creando trazados urbanos de manera muchas veces casi anárquica, salvo que haya un gobierno central planificándolo todo desde el origen. Por eso, comunidades como Nahalal, uno de los primeros asentamientos hebreos en la Palestina del siglo XX, son en principio extrañas por su cuidadosa planificación urbanística. He aquí una breve historia de Nahalal.

Nahalal estuvo poblada desde la época bíblica, gracias a una posición privilegiada en las rutas caravaneras palestinas. Pero con el correr de los siglos, fue desplazada por una comunidad árabe cercana, llamada Mahlul. En 1921, un grupo de pioneros sionistas arribó hasta Nahalal, y refundó la ciudad moderna que es conocida ahora.

Nahalal es el primer "moshav ovdim", un tipo de asentamiento que se basa en el respeto a la propiedad privada, si bien se concibe ésta con una mentalidad igualitaria, como un vehículo para la prosperidad de la comunidad como un todo, y no para el enriquecimiento personal (por su énfasis en la propiedad privada, el moshav se diferencia del mucho más conocido kibbutz, tipo de asentamiento en que la propiedad es derechamente colectiva). Por eso, en vez de recurrir al clásico trazado de damero, su ciudad está diseñada como un centro con radios concéntricos, como las ruedas de una bicicleta. Al centro estaban los edificios compartidos (graneros, cobertizos, etcétera). Alrededor estaban las casas. El diseño radial hacía (y hace) que todos los ciudadanos tengan acceso directo a esos bienes.

La idea funcionó bien durante años. Sin embargo, en los '90s, la comunidad entró en crisis. Los habitantes de Nahalal empezaron a comerciar con su producción, y eso llevó al enriquecimiento de algunos y el debilitamiento del espíritu colectivo. Por otra parte, el diseño radial hace complicado expandir los límites de la ciudad, ya que cada nuevo círculo complica el transporte de un punto a otro del pueblo. En qué desembocará esto, y si Nahalal podrá seguir funcionando bajo los principios que lo hicieron un poblado próspero en primer lugar, es algo que ya no pertenece a los Siglos Curiosos sino al Futuro Curioso, nos tememos.

jueves, 24 de abril de 2008

La tensa relación de Saúl con los profetas.


Debido a la fisonomía que la Biblia ha ido cobrando con el paso de los siglos, es frecuente asociar a los profetas con el período entre la división del Reino de Salomón (hacia 930 a.C.) y la conquista de Jerusalén por los caldeos (587 a.C.), con la visible excepción por supuesto de Moisés y los Patriarcas más antiguos; al menos todos los libros que supuestamente escribieron los profetas (Isaías, Ezequiel, Jeremías, etcétera), están asociados al período antedicho. Pero si uno lee con atención la Biblia, encuentra rastros de los profetas en todas partes. Y lo más curioso, desde un punto de vista moderno: no sólo había profetas varones, sino que los había también mujeres. Algo no demasiado distinto a las artes de adivinación y nigromancia que se estilan entre las adivinas y tarotistas de hoy en día...

Saúl, el primer rey de la monarquía hebrea, tuvo una relación más que conflictiva con los profetas. Por lo que parece desprenderse del texto bíblico, los profetas eran parte del panorama social de la época, algo que no difiere demasiado de otras culturas en otros tiempos y lugares. La Biblia señala que Samuel, el último de los Jueces, ungió a Saúl, y éste, a renglón seguido, se marchó a una comunidad de profetas en donde entró en trance y empezó a profetizar también él (véase el Primer Libro de Samuel, capítulo 10). Por su parte, el propio Saúl no debe haber sido una persona con una salud mental particularmente estable; dice explícitamente la Biblia en un fragmento, que "Y el espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y atormentábale el espíritu malo de parte de Jehová" (Primero de Samuel, 16:14).

Los profetas mantuvieron una actitud política ambivalente hacia Saúl. Por una parte, Saúl era rey en el nombre de Yahveh, ya que había sido ungido por Samuel. Por la otra, el que se congregara sobre un monarca estable (los jueces no eran líderes estables, sino que se elegían sólo en tiempos de guerra) ponía en grave peligro a los profetas, cuya autoridad devenía de ser la única fuente de intermediación entre Yahveh y los hebreos. Cuando la buena estrella de David empezó a ascender y Saúl le persiguió, David encontró asilo entre los profetas del pueblo de Ramá (lugar de nacimiento y residencia del propio Samuel), y Saúl no pudo prenderle, según la Biblia, porque también entró en trance.

Aunque Saúl no se atrevió a marchar contra Samuel (que, por último, era quien lo había ungido rey, y por ende, encarcelarlo era darse un lanzazo en el pie), una vez que Samuel murió, Saúl desterró a todos los adivinos y los que consultaban a los muertos (Primero de Samuel, 28:3). El texto bíblico refiere entonces un dramático episodio en el cual Saúl, ayuno de asistencia divina, se ve forzado a consultar a escondidas a una adivina, que le asiste con grandes prevenciones (no fueran a desterrarla también a ella), y que finalmente sirve de médium para una última espectacular aparición de Samuel, que anuncia a Saúl su próxima muerte a manos de los filisteos. Pese a la historicidad que hasta los eruditos más recalcitrantes suelen darle al texto bíblico, este episodio es probablemente ficticio, debido a su carácter mágico, pero sirve muy bien para propósitos dramáticos. De hecho, Saúl muere poco después, en batalla, y con esto termina la breve enemistad de éste contra los adivinos, encantadores, hechiceros, profetas, etcétera.

jueves, 17 de abril de 2008

¿De dónde salió el Deuteronomio?


Los primeros cinco libros de la Biblia ("Génesis", "Exodo", "Levítico", "Números" y "Deuteronomio") se suelen denominar el "Pentateuco", y la tradición atribuye su autoría a Moisés, debido a la unidad temática que presentan, ya que refieren la historia de los patriarcas, con especial detención en Moisés y sus leyes. Sin embargo, los estudiosos contemporáneos que se han detenido a examinar la Biblia, tienden a pensar que el Pentateuco fue escrito por diferentes autores, en un período de tiempo aproximado de unos 400 años. Y uno de ellos, el "Deuteronomio", el quinto libro del "Pentateuco", suele ser considerado como un gran golpe propagandístico que ya se lo quisieran los publicistas de hoy en día.

Desde que el Reino de Salomón se fraccionara a la muerte de éste (hacia 930 a.C.), la política religiosa de los dos reinos sucesores (Israel al norte, Judá al sur) osciló entre el puritanismo nacionalista (la "religión de Yahveh") y una relativa libertad religiosa, tanto como se podía pedir en el mundo antiguo (en el lenguaje de los profetas, la "idolatría"). Después de que Israel fuera conquistada por Asiria en 721 a.C., Judá siguió corriendo su carrera en solitario. Años después, durante el reinado de Josías, hubo un desesperado intento por fortalecer la monarquía hebrea, de cara a una nueva oleada militarista asiria. El truco era, por supuesto, endosar a la monarquía de Josías todo el poder de Yahveh, el Unico Dios.

El relato bíblico dice que Helquías, Sumo Sacerdote, encontró el texto de la Ley, y se lo envió a Josías; la tradición añade que dicho relato era el Pentateuco, o al menos, el Deuteronomio. Sin embargo, los eruditos modernos ven esto desde un punto de vista diferente, porque el "Deuteronomio" tiene un tono bastante distinto al resto del "Pentateuco", y por lo tanto, sospechan que bien pudiera ser que Josías, en un gran golpe propagandístico, habría fraguado el "Deuteronomio" (o bien él, o bien Helquías) y le habrían cargado a Moisés la autoría del mismo, para darle sanción religiosa a la monarquía de Josías. Ya el propio nombre del libro en griego ("deuteros" es "segundo" y "nomos" es "ley", de manera que viene siendo "segunda ley") delata que podría tratarse de un tratado completamente diferente al resto del Pentateuco. Además, las leyes del Levítico y el resto del Pentateuco discurren sobre la base de un código de conducta individual y familiar, mientras que el Deuteronomio hace varias asunciones que denotan la existencia de un estado nacional como trasfondo (véase, por ejemplo, las normas sobre fiestas nacionales en el capítulo 16 de Deuteronomio). De hecho, a cada rato repite la expresión "en el país que Yahveh te dará"... denotando una promesa futura, que no se condice con el carácter del Deuteronomio de ser un texto legal (y aunque así fuera, ¿por qué Yahveh está legislando por anticipado, cuando el pueblo hebreo aún no necesitaba esas leyes por encontrarse en pleno Desierto del Sinaí?).

Sea como fuere, el caso es que Josías utilizó el texto encontrado como palanca para prohibir todos los cultos distintos al de Yahveh (los cultos idólatras), promoviendo una dura persecusión religiosa. Los hechos relativos a Josías, la Biblia los recoge en el Segundo Libro de Reyes, capítulos 22 y 23. Por desgracia, este texto es la versión que los profetas de Yahveh han dejado para la posteridad, y por lo tanto, es más que parcial a favor de Josías. Sería interesante que hubiera sobrevivido una fuente ajena y más imparcial, para valorar en su justa medida el reinado de Josías, y en el mejor de los casos, salir de dudas respecto a si verdaderamente Josías y Helquías fraguaron o no el Deuteronomio...

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