Páginas

Mostrando las entradas con la etiqueta América Precolombina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta América Precolombina. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de diciembre de 2015

Los nómades de los canales del sur.


En el extremo sur de Latinoamérica, en su vertiente occidental, la costa se triza en un sinfín de islas, ínsulas, islotes, fiordos, canales, etcétera. Es el resultado directo no de un territorio hundiéndose, sino al revés, levantándose: la placa de Nazca que empuja hundiéndose bajo la sudamericana, y que ha erigido la Cordillera de los Andes primero y luego todos los territorios al occidente de la misma (las llanuras costeras peruanas, el mismísimo territorio chileno), en el extremo sur de Latinoamérica no ha obrado con tanta fuerza, y por lo tanto ha emergido sólo un poquito del lecho marino, hasta conformar esa geografía actual. Pero incluso en esos inhóspitos parajes en donde reina el frío y en donde es difícil la agricultura, el ser humano ha conseguido adaptarse. Porque en esos territorios ha surgido una sociedad que es fácil mirarla por encima del hombro como primitiva, pero que demostró un grado de adaptación implacable a las condiciones extraordinariamente hostiles de su medio ambiente. En colectivo han sido llamados los nómades del mar, y se dividen en varias tribus: los chonos, los yaganes o yámanas, y los kawésqar o alacalufes. Pero en realidad las diferencias entre ellos tienden a ser cosméticas, y se verifican principalmente en el idioma, ya que, espoleados por las necesidades de la supervivencia, sus culturas en realidad son bastante afines.

El medio ambiente de estos pueblos era un territorio con islitas chicas pobladas de bosques fríos, y fiordos en donde la cordillera cae simplemente a picado sobre el mar. No es un lugar que haga fácil la agricultura o la ganadería, de manera que aparte de la recolección de frutos silvestres en la selva fría, el grueso de la subsistencia procede del mar. Estos pueblos vivían literalmente en el océano: sacaban la corteza de los árboles, la calafateaban, y construían canoas en ellas. Estas canoas tenían un fuego central el cual nunca, jamás, debía apagarse porque de lo contrario no tendrían con qué cocer los alimentos, y además morirían de frío. Cada canoa estaba conformada por una familia nuclear, en donde la señora se encargaba de pilotear la nave, mientras que el marido se dedicaba a pescar, generalmente con arpones o con trampas bastante sofisticadas. Recalaban en las orillas para extraer mejillones, bivalvos que eran casi el equivalente de su pan diario. Aves como los pingüinos o cormoranes eran piezas de caza, lo mismo que los lobos marinos, y ayudaban a hacer algo más variada la dieta. En los días de suerte, podía suceder que cerca de la costa rondara alguna ballena herida, a la cual se la arponeaba hasta hacerla varar (por supuesto, podía ser, fortuna aún mayor, que ya estuviera varada y muerta en primer lugar); en cuyo caso procedía desembarcar, armar rucas de ramas recubiertas con pieles y cortezas, y mandarse un festín durante días completos. Luego... hacerse a la mar de nuevo.

Como puede imaginarse, la organización social era de lo más básica que había. Cada grupo humano estaba a cargo de un chamán, cuyo principal trabajo era erradicar a los malos espíritus. Estos pueblos creían en una especie de ser supremo, pero según su concepción, el mismo estaba retirado del mundo y les importaba un nabo lo que pudiera ser de los humanos (conclusión lógica, si la vida era eternamente igual), de manera que estos pueblos debían batírselas por sí mismos. Si en una playa sucedía una muerte, dejaban un penacho como advertencia para los canoeros que vinieran después, de que ahí podían todavía estar rondando los malos espíritus que habían segado una vida. De todos modos, la principal causa de muerte en realidad, era ahogarse o congelarse de frío en el evento ciertamente frecuente, de que una de las canoas volcara. Contra la creencia clásica de que los pueblos primitivos son todos matriarcados hasta que la malvada civilización falocéntrica cambió las reglas, estas tribus eran patrilineales. De hecho, los kawésqar practicaban el yinchihava, un rito de iniciación en el cual, de noche, los hombres se embadurnaban el cuerpo y asustaban a las mujeres, lo que servía de amenaza si se portaban flojas o desobedientes. De todas maneras, aunque en un plano de obediencia, en estas sociedades la mujer tenía un cierto grado de autonomía. Se aceptaba la poligamia, pero ésta era infrecuente. Cuando una pareja contraía matrimonio, se quedaba en la canoa del padre del novio mientras el recién casado construyera su propia canoa, y se independizara.

A partir del siglo XVI, los navegantes europeos empezaron a transitar por la región, pero no hubo mayores contactos ni interés: la región era demasiado pobre y fría para la agricultura, y los nativos no eran exactamente sumisos tampoco. Es decir, ni podía hacérselos trabajar, ni había en qué emplearlos tampoco. Las cosas cambiaron en el siglo XIX, cuando empezaron a llegar inmigrantes occidentales a practicar el pastoreo. Estos pueblos entonces comenzaron a estorbar en el camino de esos colonizadores emprendedores y píos siervos de Dios, por lo que los indígenas fueron recluidos en misiones, en donde había que enseñarles a ser indiecitos correctos y obedientes que no fueran a hacerle olitas al hombre blanco... además de que empezaron a diezmarlos las enfermedades occidentales con las cuales no habían tenido contacto, y contra las cuales por tanto no tenían defensas. Los pocos que sobrevivían, encontraron tentador dedicarse al robo de ganado, y por lo tanto, los ganaderos encontraron rentable comenzar a perseguirlos hasta el exterminio. Hoy en día los chonos ya no existen y de su idioma ni lo sabe hablar nadie ni quedaron registros escritos tampoco, mientras que quedan unos poquitos yaganes, incluyendo a Cristina Calderón, una casi nonagenaria que es la última nativa que habla el idioma yagán, en tanto que los kawésqar racialmente puros hoy en día no superan la decena, con su idioma en peligro inminente de extinción.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Cuando los Andes unían en vez de separar.


Hoy en día, pareciera ser que la Cordillera de los Andes es la gran divisoria entre Chile al occidente, y Bolivia y Argentina en sus majestuosos faldeos orientales (qué poeta estoy, vaya). Parece una frontera inmutable, infranqueable, hasta el punto que Chile es definido casi como un país insular (el viejo recitado que se aprendían todos los alumnos porros chilenos para que el profe, encantado de la sabiduría de los chavalillos, les pusiera buena nota): Chile al norte tiene el desierto de Atacama, al sur la Antártica, al este la cordillera, al oeste el Pacífico...). Esto responde a la constante tradicional de las civilizaciones, en las cuales las montañas tienden a ser las fronteras naturales más sólidas de todas (más que los mares, que lo son si la técnica de navegación es paleolítica, aparte del kayak o las piraguas polinésicas, claro, pero que con el descubrimiento de la nave a remos, se transforman en territorios comunicantes). Y sin embargo... hubo una época en que los Andes (bueno, la región austral de la cordillera, de la que hablamos, que Perú, Colombia, Brasil y Venezuela son otro cuento), los Andes, decía, eran en realidad un foco de unión entre ambos faldeos. No gracias a las montañas, claro está que no, sino por los pasos cordilleranos, los cuales eran conocidos desde los tiempos indígenas. Porque, en efecto... en la época anterior a los españoles, existía una cultura en varios aspectos común, a ambos lados de la cordillera.

En realidad, debemos tener presente que en la época anterior a los europeos, el gran foco civilizador de Sudamérica fue el núcleo de culturas que creció en lo que actualmente es Perú: Chavín, los moches, Tiahuanaco... Cuando el Imperio Inca llegó y conquistó el territorio de la Sudamérica que mira al Pacífico desde Ecuador a Chile, en realidad lo que hizo fue imponer su poder político encima de lo que podríamos llamar una ya preexistente esfera de hegemonía cultural. Es reconocido que, en el último milenio antes de los incas, los pueblos andinos habían recibido un generoso influjo desde la cultura Tiahuanaco, anterior a los incas, como queda de manifiesto en la evolución de la decoración en la cerámica. De manera nada sorprendente, la mayor identidad cultural entre un lado y otro de la cordillera se produjo entre quienes estaban más cerca del influjo de Tiahuanaco: los aimarás, diaguitas, changos y atacameños en el lado chileno, y los omaguacas y diaguitas del lado argentino. De todas maneras, no hay que exagerar el rol de los contactos transcordilleranos: el hecho de que no sólo a un lado u otro de la cordillera, sino incluso a un mismo lado de la cordillera, se hablaran dialectos con diferencias bastante pronunciadas entre sí, significa que esos contactos, si bien permanentes, eran de naturaleza más bien esporádica. Aún así, la cerámica revela que, hacia el siglo X u XI aproximadamente, la cultura de los diaguitas en el norte de Argentina, cruzó la cordillera e influyó en la cultura de los diaguitas del norte de Chile.

A su llegada, los españoles se aprovecharon en efecto de estos contactos. Cuando Diego de Almagro se quedó chasqueado porque su colega Francisco Pizarro aplicó mano mora para ponerse como el mono rey en el conquistado Imperio Inca, viajó hacia el territorio actualmente chileno usando un paso cordillerano precisamente: viajó hacia el sur por el lado argentino, y cruzó hacia el lado chileno a la altura de Copiapó. Eso sí, el cruce fue lo suficientemente jodido como para que, de vuelta al norte, prefiriese usar la ruta de la precordillera y los cultivos indígenas de la zona. En siglos posteriores, cuando Latinoamérica fue dividida como trozos de una torta, todo lo que actualmente es el occidente de Argentina quedó bajo la jurisdicción de Santiago de Chile, no de Buenos Aires. Lo que tiene su lógica: los productos agrícolas de Mendoza y Tucumán, tenían más fácil salida a los puertos del Pacífico, que al Atlántico. Incluso uno de los próceres de la independencia chilena, Juan Martínez de Rozas, nació en Mendoza, actualmente Argentina, pero que en ese entonces era territorio chileno, razón por la que se transformó en uno de los artífices de la independencia chilena, y no de la argentina (bueno, hasta que se murió, en 1813, harto antes de que se consiguiera la independencia).

¿Por qué razón entonces los Andes se transformó en una mole leviatánica que separó a sus lados occidental y oriental? Uno podría pensar que las mejoras tecnológicas en el transporte deberían haber provocado el efecto contrario, pero no. En el siglo XIX se vio una revolución en el mundo del transporte marítimo, con barcos más grandes capaces de cargar más mercadería, hechos en hierro, con calderas a vapor que le entregaban mejor propulsión que la vieja navegación a vela. De pronto, viajar a través del Estrecho de Magallanes se tornó más simple que emprender el cruce de la cordillera. Para 1910 se inauguró un ferrocarril que conectaba Santiago con Argentina, pero ya era tarde: la separación estaba irremediablemente consumada. Por cierto, ¿sería esa noticia de inauguración lo que daría pie a la delirante narración ésa de que en una guerra civil chilena iban a lanzar locomotoras sin maquinistas sobre Santiago...?

domingo, 30 de septiembre de 2012

Leyendas de los Payachatas.


Los Payachatas, o más técnicamente los Nevados de Payachata son dos montañas volcánicas en la Cordillera de los Andes en el norte de Chile. El volcán norte es el Pomerape, y el sur es el Parinacota. Ambos superan los 6000 metros de altura, y de hecho el Parinacota es el número 30, y el Pomerape el número 35, en el listado de volcanes más altos de la cordillera de los Andes. Actualmente ambos forman parte del territorio de Chile y Bolivia, más o menos por mitades cada uno. Son las cumbres más altas compartidas por ambos países, aunque no las más altas de cada uno de ellos en particular (Bolivia posee algunos nevados más altos íntegramente en su territorio, y Chile por su parte posee montañas más altas, aunque compartidas con Argentina, siendo la montaña andina íntegramente chilena más alta, el Pular en la Puna de Atacama, que es menor a los dos que nos ocupan). Pero dejándonos de tanto Trivial Pursuit, vamos a lo verdaderamente interesante, a la leyenda de los Payachatas.

Se dice que hace mucho tiempo, en la época anterior a los españoles, dos príncipes se enamoraron (un príncipe y una princesa, se entiende, que esta historia es heterosexual, ¿vale?). El problema es que sus tribus respectivas estaban enemistadas entre sí, y decidieron antes muertos que casados, y los mataron (para lo que se ponen de acuerdo los infelices...). Para que hablen de buenos salvajes aquí. Pero como esto es una leyenda prehispánica, entonces la cosa no iba a quedar así. Los espíritus de la naturaleza decidieron vengar a los muertitos enamorados, e hicieron llover torrencialmente hasta sepultar a los dos pueblos bajo dos sendos lagos: los actuales lagos Chungará y Cotacotani. Y además, para dejar bien en claro por qué iba el castigo, hicieron surgir dos sendos volcanes en cada una de las tumbas de los enamorados: los actuales Pomerape y Parinacota, por supuesto. Señores, William Shakespeare era una alpargata al lado de estos precolombinos.

Otra leyenda asociada a los Payachatas es que cuando se produjo la invasión española, los incas diligentemente sacaron sus tesoros de Cuzco y se los llevaron para que los españoles no se los rapiñaran. Y claro, cuando quieres esconder tesoros incaicos, te buscas la montaña más alta posible para que estén seguros y ningún extraño les eche mano. Tan seguros están ahí, que nadie de hecho ha conseguido echarle mano (supuesto de que la leyenda tenga algún punto de realidad, claro). Se supone que cuando la nieve se derrite, se pueden ver los escalones fabricados por los sirvientes incas para ascender a la cumbre. Calentamiento global mediante, pronto lo sabremos.

Y aunque quizás sea algo triste arrojar un baño de realidad después de leyendas tan bonitas, a nadie le hace mal saber un poco más. Hoy en día tenemos una explicación diferente para el origen del lago Chungará: la investigación geológica ha probado que hace miles de años, el volcán Parinacota colapsó. La razón la ignoramos: pudo haber sido un terremoto, una erupción volcánica, o ambos. La fecha es discutida, y algunos remontan el suceso hacia 18.000 años atrás, aunque la fecha más probable es unos 8.000 añitos nada más. El caso es que una buena porción del cono volcánico se dejó caer en un aluvión de proporciones cataclísmicas, creando así el tapón en donde se acumularía después el agua que iba a formar el actual lago Chungará. Menos poético que la leyenda de los dos amantes asesinados, claro, pero por otra parte, lo comido y lo mitologizado no nos lo quita nadie...

jueves, 27 de septiembre de 2012

Leyenda de las termas de Jurasi.


Desde el puerto de Arica hacia el interior, cerca de una localidad llamada Putre, hay un lugar llamado las termas del Jurasi. En dichas termas, las aguas alcanzan hasta los 40 grados centígrados. Y como las aguas tan calientes no son tan habituales en la naturaleza, los habitantes de la región inventaron su propia leyenda que explica esto. Reza dicha leyenda que hace muchos años, probablemente en tiempos prehispánicos claro está, gobernaba la región una ñusta (una princesa, en romance). La ñusta en cuestión se las arregló para aprender el secreto de unas fuentes de aguas temperadas, bañándose en las cuales era posible obtener la eterna juventud, y como consecuencia lógica, prácticamente la inmortalidad. La ñusta contrajo entonces varios matrimonios sucesivos, conservándose joven mientras cada marido se hacía viejo y era enterrado (y sustituido por el siguiente, claro). Los maridos parece que eran tontos, porque ninguno llegó a descubrir que algo raro pasaba con su mujercita, pero así es como está la leyenda, y así es como en Siglos Curiosos la transmitimos.

El caso es que la ñusta se encariñó con un chico que no tenía padres, y lo crió como propio. Parece que la crianza fue con buen pecho, porque el mozalbete salió gallardo, robusto, todos los atributos que suelen considerarse admirables en un mocetón indígena. La ñusta decidió entonces que estaba bueno, y se casó con él. Pero él, lo que tenía de apostura lo tenía también de cerebro, y reparó en que mientras él se hacía cada vez mayor, la ñusta parecía aviso de Revlon, congelada en el tiempo. De manera que se dedicó a espiarla, hasta descubrir el secreto misterioso de la eterna juventud de su cónyuge.

Al poco tiempo, se hizo evidente para la ñusta que el chico tampoco envejecía, y empezó a preguntarse por el motivo de ello, sea porque le gustaba el rol de viuda negra, sea porque no era cosa de que el secreto se divulgara... el caso es que descubrió que su hijo adoptivo devenido en marido también se bañaba en las aguas. Su indignación fue tan grande, que comenzó a gritar "¡Jurasi, jurasi!", que en idioma nativo significa "¡Hirviente, hirviente!". El chico no alcanzó a salirse, y acabó hervido como un langostino en la olla...

...sólo que las aguas quedaron a temperatura tal, que la ñusta ya no podía bañarse en ellas, por lo que su remedio de la eterna juventud se terminó, y con él, sus chances de inmortalidad, o al menos de longevidad. Suponemos que las aguas de las termas se han enfriado un poco desde aquellos eventos de crónica roja precolombina, porque en la actualidad la gente sí puede visitar esas termas. Pero sobre si están a temperatura de bañarse o no, no lo puedo asegurar, porque como buen gato, el agua de baño no es de mi gusto.

domingo, 30 de septiembre de 2007

La leyenda de Licarayén.


Contrariamente a lo que la creencia popular pareciera indicar, el pueblo de los mapuches, conocidos también como araucanos, ubicado en la Zona Central de Chile, sí manifestaba el rasgo ritual prototípico de muchas culturas aborígenes del mundo, desde Hawaii hasta los antiguos hebreos y germanos, de solucionar crisis urgentes con sacrificios humanos. En 1960, después del gran terremoto que sacudió a Valdivia, los mapuches hicieron noticia, y de paso desagradaron a todo Chile, cuando en cumplimiento de sus rituales religiosos, celebraron un sacrificio humano para contentar a los pillanes (los espíritus que representan las fuerzas naturales).

Dentro de la Mitología Mapuche hay al menos una referencia mítica a los sacrificios humanos. Se refiere a la historia de Licarayén. La leyenda refiere que el malvado Pillán (espíritu) del volcán Osorno, odiaba la virtud y la laboriosidad, y amaba el vicio y la depravación. De manera que reventaba el volcán cada vez que los indios abandonaban la bebida y la vagancia y se ponían a cultivar la tierra. Para terminar este estado de cosas, por consejo de un anciano, se resolvió sacrificar a la doncella más pura y virtuosa de la tribu, la que resultó ser Licarayén, quien era la hija del cacique (líder de la comunidad).

Aunque el cacique no se resignaba a tener que entregar a su hija en sacrificio, ella misma decidió, con enorme entereza de espíritu, sacrificarse para salvación de la comunidad entera. Sólo pidió a cambio el morir de una manera agradable, de manera que fue encerrada con una enorme cantidad de flores, que la adormecieron. Luego, por la intervención mágica de un ave, el corazón de Licarayén fue llevado hacia el cono del volcán Osorno y dejado caer ahí, después de lo cual una intensa nevazón selló el cráter de los volcanes Osorno y Calbuco para siempre, al tiempo que la primera nieve, derretida al contacto de la lava, formó cuatro lagos en la región.

Por supuesto que la leyenda termina con moraleja. El hechizo que mantiene al Pillán del volcán Osorno en su prisión cesará el día en que los mapuches dejen la virtud y el trabajo para entregarse de nuevo a los vicios. Ojalá que eso nunca suceda, por supuesto.

jueves, 27 de septiembre de 2007

La muerte de Caupolicán.

La década de 1550 fue vivida en Chile a sangre y fuego. Los españoles, que habían fundado Santiago de Chile en 1541, tuvieron que lidiar con la rebelión del toqui Lautaro, que destruyó dos veces Concepción y después inició una marcha sobre Santiago que sólo paró una certera emboscada.

La resistencia contra el invasor español fue entonces continuada por Caupolicán. La crónica de sus hechos fue consignada por Alonso de Ercilla en su poema "La Araucana", y por Góngora y Marmolejo en su "Histórica relación del Reino de Chile". Aunque su imagen ha sido siempre presentada en términos heroicos, lo cierto es que como caudillo militar fue bastante anodino: no fue un táctico brillante como su predecesor, fue capturado en menos de un año, y ejecutado de manera harto ignominiosa.

Es recordada la manera en que Caupolicán fue elegido toqui. El cacique Colo Colo llamó a concurso a todos los mocetones araucanos para que levantaran un tronco. El que lo tuvo levantado mayor tiempo fue Caupolicán, y así fue elegido. Desgraciadamente, poco podían la pura bravura y la mera fuerza física contra el ejército español, que aunque no guiado tampoco por grandes caudillos, contaban con una aplastante superioridad táctica y tecnológica.

Después de capturado, Caupolicán recibió la visita de su esposa Fresia, quien le trajo a su bebé recién nacido. Fresia le afeó a su marido el haberse dejado capturar, y acto seguido, estrelló al bebé contra el suelo, reventándolo contra una roca. Se supone que esto fue un acto heroico por parte de ella.

La muerte de Caupolicán, por su parte, fue un tanto exótica: lo sentaron sobre una pica y lo empalaron. Decimos "exótica", porque este castigo no era mapuche, y realmente ni siquiera era un suplicio español: cuando lo aplicaron, los españoles lo copiaron probablemente de los turcos otomanos. El castigo del empalamiento era usual no en América ni en España, sino en el Medio Oriente, y también en los Balcanes, como lo prueba cierto siniestro empalador del siglo XV conocido como Vlad Tepes, alias Drácula... De hecho, Caupolicán es probablemente el único caso registrado de empalamiento en toda la Historia de Chile. Por cierto, terminemos diciendo que corría el año 1558.

jueves, 26 de octubre de 2006

Navegando con los changos.

El pueblo de los changos, que habitó la costa del norte de Chile, parece en principio ser el prototípico grupo indígena precolombino no demasiado urbanizado ni civilizado. En realidad, en términos bastante estrictos, jamás abandonaron una economía de subsistencia y seminómade, y no parecen haber desarrollado la agricultura. Sin embargo, en lo suyo resultaron ser maestros perfectamente adaptados a su entorno.
La arqueología de los pueblos de la región es todavía demasiado vacilante como para arrojar conclusiones definitivas, pero se piensa que la cultura de los changos se desarrolló con posterioridad a la llamada Cultura Chinchorro. O sea, la carrera de los changos habría partido quizás unos tres o cuatro milenios antes de Cristo, y habría subsistido hasta la época de la dominación incaica, e incluso hasta el tiempo de los primeros españoles.
Como dijimos, los changos no tenían rasgos culturales demasiado característicos o propios, ni tampoco una cierta forma artística. Sin embargo, son conocidos debido a una peculiar adaptación tecnológica, muy suya. Puede decirse que los changos inventaron el más antiguo bote inflable del mundo.
Para construir éstos, los changos utilizaban las pieles de los lobos marinos, en esa época relativamente abundantes en la región. Con ellos construían flotadores, que les servían para elaborar balsas que podían sostener hasta unos cuatro tripulantes. De esta manera, los changos salían a recorrer las costas y pescar o cazar las presas que les permitirían subsistir. Este rasgo de ingenio demuestra lo bien adaptados que estaban a su forma de vida, a la vez que es una técnica muy rara a nivel mundial. Ni siquiera los esquimales, con sus ingeniosísimas mañas para doblarle la mano al medio ambiente, discurrieron algo así.

miércoles, 11 de octubre de 2006

Cahokia.


Cuando uno piensa en culturas precolombinas, la primera idea que se hace es el Imperio Azteca, las ciudades mayas o el Imperio Inca. Sin embargo, en otros lugares se desarrollaron culturas urbanas bastante avanzadas, aunque en relación a las eurasiáticas luzcan un poco más atrasadas por no conocer la rueda ni los metales. Es el caso de los diaguitas del norte de Chile, los chibchas de Colombia, o las tradiciones culturales de Estados Unidos.
Una de las más importantes y emblemáticas ciudades que crecieron en Estados Unidos, antes de la llegada de los europeos, fue Cahokia. Esta fue fundada hacia el año 650, en la cuenca del Río Mississipi, pero fue recién después del año 1000, que experimentó un gran despegue. Su casco urbano llegó a tener una población bastante descomunal para la época: unos 40.000 habitantes, con toda probabilidad. Su cultura tenía una poderosa influencia de Mesoamérica, probablemente de la lejana Teotihuacán, que hacía siglos había desaparecido.
Casi todo sobre la historia de Cahokia es desconocido, puesto que no dejaron registros escritos, y todo ha tenido que ser reconstruido trabajosamente sobre la base de la labor arqueológica. Por ende, sabemos bien poco sobre las razones de su extinción. Parece ser que tuvo algo que ver el cambio climático que el mundo sufrió en el siglo XIII, y que trajo consigo también el final de los viajes vikingos a Groenlandia. También puede que el crecimiento de la población haya llevado a la tala de bosques y a la desertificación, por lo que su población habría sucumbido ante las guerras civiles y la hamrbuna. Todo esto es, hoy por hoy, puras especulaciones.

domingo, 8 de octubre de 2006

Los jíbaros.

Uno de los pueblos más famosos de América son los jíbaros. A pesar de esta circunstancia, son bastante poco conocidos, en términos de que la mitología sobre ellos ha terminado por comerse a la realidad. Para empezar, debido a residir en la Amazonia, son considerados vulgarmente como brasileños, pero en realidad viven en el curso superior del Río Marañón, lo que los hace no brasileños sino peruanos o ecuatorianos.
Los jíbaros pasaron a la historia por su famosísimo método de reducción de cabezas. Se han hecho múltiples chistes (incluyendo la película "Beetlejuice", de Tim Burton) sobre exploradores o misioneros que sufren el proceso y deben vivir en lo sucesivo con cabezas más chicas. Se hacen también cábalas sobre el proceso de reducción, incluyendo polvos mágicos o caldos misteriosos.
La realidad es que no se puede reducir la cabeza de un ser humano vivo. Para conseguir esas cabezas reducidas, los jíbaros las cortan (matando de paso a su propietario, o al menos, decapitando su cadáver), y luego las ahuecan, sacando toda la materia interna (léase cerebro y el resto del encéfalo). A continuación, para secarlas, las rellenan de arena sumamente caliente, y las dejan al sol. De este modo, al perder agua, van disminuyendo de tamaño. Por supuesto que, como la arena es mucha y además se enfría, en este proceso los jíbaros recambian continuamente la arena.
Aparte de esto, el pueblo de los jíbaros no presenta ninguna otra peculiaridad relevante, por lo que bien puede decirse que, de no ser por el asuntillo de las cabezas, no tendrían lugar alguno en la Historia Universal.

Seguidores

Busca temas históricos en Siglos Curiosos

Absolutismo (4) Administración Política (14) Africa (14) Alemania (16) Alimentación (13) América Colonial (6) América Independiente (1) América Precolombina (9) Animales (15) Antártica (1) Anticipación del Futuro (15) Argentina (2) Arqueología (11) Arquitectura (13) Arquitectura y Urbanismo (7) Astrología (4) Astronomía (28) Australasia (4) Australia (1) Austria (2) Automóviles (1) Aviación (2) Biblia (27) Bibliotecas (1) Biología (9) Bolivia (1) Botánica (1) Brujería (1) Bulgaria (1) Caballería (2) Calendarios (7) Caricaturas y Cómics (4) Celebraciones (1) Chile (97) China (9) Ciencia Ficción (12) Cine (42) Civilización Andina (5) Civilización Arábiga (1) Colombia (1) Colonizaciones (2) Comunicaciones (3) Construcciones (1) Cosmovisiones (3) Crímenes y Criminales (27) Cristianismo (20) Cristianismo y Cristianos (9) Croacia (1) Década de 1900 (13) Década de 1910 (17) Década de 1920 (8) Década de 1930 (15) Década de 1940 (20) Década de 1950 (12) Década de 1960 (7) Década de 1970 (12) Década de 1980 (18) Década de 1990 (11) Década de 2000 (24) Década de 2010 (13) Delfines y Ballenas (1) Democracia (17) Demografía (2) Deportes (7) Derechos de Autor (4) Diplomacia (3) Discriminación (1) Drogas (1) Economía (19) Edad Media (20) Educación (3) Egipto (2) Egipto Antiguo (12) Electrónica (1) Enfermedades Mentales (6) Eras Geológicas (6) Errores Científicos (5) Erupciones Volcánicas (2) Escandinavia (1) Esclavitud (4) Escultura (10) Esoterismo y Ocultismo (6) España (22) Espionaje (1) Espiritismo (1) Estados Unidos (39) Etimología (55) Europeocentrismo (3) Evolucionismo (8) Existencia de Dios (7) Expresiones (24) Fanatismo Religioso (3) Feminismo (3) Filosofía (23) Física (2) Francia (37) Frases para el Bronce (15) Fraternidad Universal (8) Fútbol (1) Gatos (6) Genética (7) Genocidios (1) Geografía (7) Geología (9) Grecia (1) Grecia Arcaica (8) Grecia Clásica (18) Grecia Helenística (6) Grecia Medieval (1) Guerra (9) Guerra Antigua (6) Guerra Medieval (10) Guerra Moderna (7) Guerra Naval (4) Guerra Reciente (7) Hebreos (3) Heroísmo (2) Historia Alternativa (4) Historiadores (13) Historieta y Cómic (7) Holanda (2) Humanismo (1) Idioma Castellano (2) Idioma Griego (9) Idioma Inglés (2) Idioma Latín (7) Idioma Sánscrito (1) Idiomas Artificiales (1) Iglesia Católica (8) Ilustración (2) Imperio Bizantino (12) Imperio Británico (2) Imperio Español (17) Imperio Inca (1) Imperio Napoleónico (6) Imperio Otomano (4) Imperio Persa (2) Incompetencia Militar (14) India (17) Informática (6) Ingeniería (7) Inglaterra (53) Intrigas (9) Islam (10) Italia (22) Japón (20) Joyas (2) Judaísmo (16) Judaísmo y Judíos (10) Juegos y Pasatiempos (4) Juicios (21) Leyenda Negra (2) Leyendas (7) Leyes (20) Libertad de Expresión (8) Libertad de Religión (4) Lingüística (1) Listas de Gobernantes (2) Literatura (50) Mar Mediterráneo (2) Más Allá (3) Matemáticas (16) Matrimonio (7) Medicina (15) Medio Oriente (6) Mesianismo (6) Mesoamérica (11) Mesopotamia (3) México (2) Minería (4) Mitología Latinoamericana (2) Mitos de la Creación (5) Moda (2) Monarquía (26) Mongoles (4) Monumentos (1) Muertes Remarcables (10) Mujeres (30) Mundo Bíblico (12) Música (10) Música Popular (6) Música Selecta (5) Nacionalismo (4) Navegación (23) Negociados (2) New Age (1) Occidentalización (1) Océano Atlántico (5) Oceanografía (2) Origen de la Humanidad (2) Paleolítico (1) Paleontología (11) Palestina (4) Periodismo (2) Persia (3) Personajes (43) Perú (1) Pintura (9) Polinesia (2) Premio Nobel (4) Primera Guerra Mundial (6) Profetas (5) Propaganda (3) Pueblos del Antiguo Testamento (4) Pueblos y Tribus (9) Química (4) Racismo (7) Radiodifusión (1) Regiones Geográficas (5) Reinos Helenísticos (1) Religión Grecorromana (9) Religiones Antiguas (3) Renacimiento (14) Robótica (2) Roma Antigua (42) Romanticismo (1) Rusia (12) Sacerdotes (1) Sacro Imperio Romano Germánico (2) Satanismo (5) Segunda Guerra Mundial (6) Sexismo (7) Sexualidad (20) Siglo 05 (1) Siglo 11 (1) Siglo 14 (1) Siglo 15 (2) Siglo 16 (6) Siglo 17 (32) Siglo 18 (26) Siglo 19 (56) Siglo 20 (24) Siglo 21 (1) Sincretismo Religioso (2) Sudáfrica (1) Suiza (2) Supersticiones (1) Teatro (5) Tecnología Militar (7) Tecnología Nuclear (3) Televisión (5) Teología Cristiana (5) Terremotos (9) Tíbet (1) Universidades (3) Urbanismo (14) Vampiros (3) Vestimenta (4) Viajes y Viajeros (13) Zoología (9)