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domingo, 5 de febrero de 2012

Palabras mentales.

Ya nos hemos topado antes en este buen blog Siglos Curiosos con palabras y raíces que vienen desde el indoeuropeo. Y por lo tanto, son tan antiguas que han evolucionado y se han ramificado hasta lo indecible en nuestro idioma y varios otros. Acá va una pequeña nueva selección relacionada con la raíz "men", que significa más o menos "pensar" (siendo más exactos, lo que ayudará a explicar un par de cosas de este posteo, implica también la idea de "voluntad" o "conciencia de sí mismo", o ambas). El derivado más obvio en castellano es... ¡"mente"! Por lo tanto, bienvenidos al que probablemente va a ser el posteo más "mental" de toda la historia de Siglos Curiosos.

-- AUTÓMATA. Para empezar, un término griego. La palabra original griega ("αὐτόματος") es un compuesto, ya que la raíz "auto" ("αὐτός") significa "por sí mismo". Un autómata, por lo tanto, es algo que tiene mente o que piensa por sí mismo. Etimológicamente, al menos. Ya sabemos que comúnmente se llama "autómata" al ingenio que se mueve por sí mismo, no al que piensa por sí mismo, pero lo segundo es obviamente una derivación de lo primero. Después de todo, para el no enterado del mecanismo, un artilugio que se mueve por sí mismo podría parecer que tiene mente propia o algo así (al menos en tiempos más antiguos e ingenuos).

-- DEMENCIA. A la luz de lo expuesto, el significado debería ser obvio, considerando que el prefijo "de-" viene a significar privado de algo. En este caso, privado de la mente.

-- MANTRA. ¡La adición sánscrita por completo sorpresiva al listado! Recordemos que el sánscrito, el idioma sagrado de la India, es también una lengua indoeuropea. Un mantra es por supuesto una fórmula ritual. Irónicamente, hoy en día se la utiliza incluso con un dejo de burla, sobre las frases que se repiten sin pensar, cuando la palabra sánscrita original es "manyate", que significa justamente alguien que piensa...

-- MENTIR. Esta palabra ha seguido una etimología más o menos convulsionada, y la raíz latina inicial parecía ser "mentior", que en su origen tenía un significado algo diverso, el de ser inventivo o el de tener segundos pensamientos. Redunda explicar cómo se pasó de uno al otro.

-- TESTAMENTO. La etimología de esta palabra pareciera derivar de un compuesto latino, cuyo significado sale casi obvio si mencionamos que "testis" es de donde derivan nuestras palabras castellanas "testigo" y "atestiguar". Por lo tanto, un testamento sería, en lo etimológico, lo que atestigua los pensamientos de una persona (no diré el escrito mismo por aquello de los testamentos orales, pero la idea sigue siendo la misma).

Y he dejado para el último la que quizás es la más conflictiva de todas, tanto por venir en otro idioma, como por no estarse al cien por ciento seguro de si en realidad deriva desde ahí, por no hablar del profundo disvalor que expresa para la gente actual, si lo tomamos en sentido masculino en vez de como genérico para la especie humana. La palabra inglesa "man" y la alemana "mann" comparten un origen común con la palabra sánscrita "manu", y significan "hombre". Ahora bien, hay quien sostiene que estas palabras también derivarían del original indoeuropeo "men", en el sentido de que el hombre es la criatura que piensa...

domingo, 29 de enero de 2012

Primeros en griego.


Entre las numerosas raíces griegas que se han abierto paso hasta nuestro idioma castellano, tiene su interés el término "πρώτα" ("prota"), que significa "primero". Como de costumbre, el término se ha dispersado hasta los lugares más inesperados del idioma. A continuación, veamos acá en Siglos Curiosos algunos "primeros" en griego:

PROTACTINIO: El protactinio es un elemento químico radioactivo cuyo número atómico es 91, uno de los más elevados dentro de los elementos naturales. Debido a ser radioactivo, se desintegra en otro elemento distinto más liviano llamado actinio, que ya era conocido desde hacía algunos años antes. Incidentalmente, "actinio" significa "descarga" o "rayo" en griego, de manera que "protactinio" vendría a significar "primer rayo", o para ajustarnos más a la era atómica, "primera radiación".

PROTAGONISTA: Este viene de la tragedia griega. En sus inicios, ésta era una especie de cantata en donde un actor en solitario se enfrentaba al coro. Y como la tragedia griega siempre implica un duelo entre un ser humano y su propio destino, a este personaje solitario se le llamó "πρωταγωνιστής" ("protagonistés"). La palabra "αγωνιστής" ("agonistés") significa "luchador", porque el personaje lucha contra el destino. De ahí que el protagonista sea el "primer luchador", o sea, el luchador principal dentro del conflicto de la trama. (Incidentalmente ya habíamos hablado sobre esto, al referirnos al "antagonista" o luchador oponente al protagonista, en el posteo "El vocabulario del Mal").

PROTEÍNA: Las proteínas fueron reconocidas como un tipo independiente de substancia por primera vez en el siglo XVIII, aunque su rol en la vida no llegó a ser determinado con cierta precisión hasta inicios del XX. En 1838, el químico sueco Jöns Jacob Berzelius propuso que como las proteínas parecían ser la más importante clase de compuestos orgánicos del cuerpo, se las llamara con la palabra griega "πρωτεῖος", que está relacionada con la que nos ocupa, ya que significa más o menos "lo primero", "lo principal", o "lo que encabeza" algo. El nombre quedó, por supuesto.

PROTOCOLO: La relación acá parece un tanto difícil, pero existe, aunque con un eslabón perdido de por medio. La palabra griega original es "πρωτόκολλον", que significa algo así como "primer sello" o "primera pegada". El término alude a la primera hoja pegada a un registro oficial, con las firmas que sirven de autentificación. Por extensión, este libro pasó a llamarse "protocolum" en latín. Y como las normas de ceremonial y cortesía suelen estar contenidos en registros de éstos, de ahí la palabra saltó a nuestro uso habitual. Pero las noticias de perdición del eslabón perdido son un tanto exageradas: en el lenguaje jurídico todavía se usa la palabra "protocolo" para referirse a los registros que mantienen los notarios.

PROTÓN: Ya nos hemos referido a ésta en Siglos Curiosos (ver el posteo "Nombrando los componentes de la materia"), pero recordar no hará mal. El protón no fue la primera partícula subatómica descubierta, pero sí el primer barión (partícula subatómica pesada, en contraste con el electrón, que es un leptón, un tipo más liviano de partícula subatómica). Y como los protones parecían ser el gran componente del átomo, se los llamó con la palabra griega que significa "primero" (después apareció el neutrón, pero eso es otro cuento).

PROTOZOO: Este fue el nombre que se le dio inicialmente a los microorganismos que parecían animalitos microscópicos. Su nombre mismo, como el lector avisado advertirá, significa "primer animal" en griego. Aunque la palabra sigue en uso por aquí y por allá, en realidad pertenece más bien a la época en que se trataba de reproducir la división entre vegetales y animales en el mundo de los microbios. Hoy en día, clasificaciones más precisas han hecho caer el término en desuso, entre la comunidad científica al menos. Aunque todavía en algunos textos antiguos circula la expresión relacionada "protista"...

jueves, 26 de enero de 2012

Sobre el apogeo.


La historia de las palabras está llena de bellezas escondidas. Muchas palabras del léxico castellano en realidad son compuestos de palabras griegas que se han unificado en un solo término. Incluso, de ser términos científicos o técnicos, se han impuesto en el vocabulario general. Todos nosotros por ejemplo hemos escuchado hablar del apogeo de un imperio o de una civilización, o de cómo el poder militar de algún Emperador "llegó a su apogeo" después de tal o cual batalla. Pero la palabra "apogeo" es originalmente astronómica, y tiene una interesante familia de palabras relacionadas.

"Apogeo" viene del griego "ἀπόγειος". A la vez, esto es un compuesto de dos palabras griegas: "apo" ("ἀπό") que significa "lejos de", y "Geos" ("γειος"), que es la Tierra. Por lo tanto, apogeo es "lejos de la Tierra". El apogeo es, en efecto, el punto más lejano que un cuerpo en órbita alrededor de la Tierra puede alcanzar (suponiendo una órbita elíptica y no circular, claro está). Es lógico que la palabra sea usada como metáfora de algo que alcanza su plenitud, lo que es el uso cotidiano, como algo que se eleva al máximo por encima del resto del mundo. Por conocidas no mencionaremos las palabras griegas con la raíz "geo" (geografía, geometría), pero detengámonos en "apo", que aparece en otras palabras más. Por ejemplo "apóstrofe", la figura literaria por la cual el hablante se dirige directamente y de tú a tú, a algo o alguien (apóstrofe viene del griego "ἀποστροφή", que podría ser traducido como "volverse lejos"). Otra palabra con "apo" podría ser "apóstol", que viene del griego "ἀπόστολος" (podría ser traducido como "el que es enviado lejos", o sea, el misionero).

Pero volvamos a la Astronomía. Si el apogeo es el punto más lejano a la Tierra, el más cercano es el "perigeo" ("περίγειος"), que en griego vendría a significar "cerca de la Tierra". La raíz griega "peri" ("περί") es un poco engañosa, porque puede aparecer en más de un sentido diferente, aunque relacionados entre sí. De esta manera, puede aparecer como "alrededor", como es el caso de "perímetro".

Pero eso está bien para la Tierra. ¿Y el resto de los cuerpos celestes? Tratándose del Sol, reemplazamos "Geo" por "Helios" ("ἥλιος"), que es el nombre griego del Sol, y tenemos el perihelio y el afelio. Los científicos se han inventado después varios otros nombres para otros cuerpos celestes. Los nombres generales en castellano serían "apoastro" y "periastro", aunque en términos de etimología estricta, "astro" ("ἄστρον") en griego significa "estrella", y por lo tanto, sólo cabría para tales cuerpos celestes, no para planetas, planetoides, asteroides o satélites. Pero como eso nos llevaría demasiado lejos en nuestro propósito de rastrear la historia de las palabras, lo dejaremos hasta aquí.

domingo, 13 de febrero de 2011

Demiurgos.


"Demiurgo" es una de esas palabras que tiene una historia interesante por detrás. En la actualidad concebimos a un demiurgo como un Dios Creador. Como las religiones judeocristianas conciben al Creador como el Dios a secas, el calificativo de "demiurgo" no suele aplicársele: éste aparece en concepciones que implican varios espíritus, grados de jerarquía, etcétera. Quienes más desarrollaron el concepto de "demiurgo" son los gnósticos, esa batahola de filósofos orientalizantes de fines del Imperio Romano que crearon complejas (y a menudo abstrusas) cosmogonías de un elevado grado de abstracción. El sello de todas las escuelas gnósticas es la creencia de que el universo está traspasado por alguna clase de espíritu universal, desde el cual emana la materia. El principio primero viene a ser el demiurgo. Interesantemente, en algunos sistemas no es Dios mismo quien es el demiurgo, sino que a veces otra clase de ente inferior al principio supremo: depende de quién emane la materia. En algunas escuelas, este rol le corresponde a Satán (a veces identificado con el Dios fiero y vengativo del Antiguo Testamento, que en estas concepciones es opuesto al Dios amoroso y bondadoso del Nuevo Testamento).

Pero yendo más atrás que la panda de revoltosos que eran los gnósticos, la palabra "demiurgo" designaba otra cosa más terrena. Etimológicamente, "demiurgo" viene del griego "δημιουργός" ("demiourgos"). La raíz "demi-" es bien conocida: significa "pueblo" e integra palabras castellanas actuales como "democracia" o "epidemia". La otra palabra significa "trabajador". Entonces, el demiurgo era alguien que trabajaba para el pueblo, o sea, para los demás (no para sí mismo). Dicho en otros términos, el demiurgo es el artesano, el que vive de la creación de cosas materiales en vez de cultivar la tierra, apacentar el ganado o pescar en el mar (todas actividades que en una economía primitiva, anterior al comercio, se desarrollan "para uno mismo", por así decirlo, porque lo cultivado, lo apacentado o lo pescado se come, y lo manufacturado no). Platón se toma la molestia de incluir y considerar a los demiurgos dentro del proyecto de Ciudad Ideal que promueve en la "República" (quizás de ahí haya saltado el concepto al Neoplatonismo y al Gnosticismo).

Si nos fijamos en la Mitología Griega, podemos darnos una pista de la importancia de los demiurgos en la sociedad griega. Muchas actividades tenían dioses relacionados con la misma de una manera u otra, pero un dios tutelar que se preocupara de ellas, éstas eran más bien pocas. Podemos recordar apenas tres: Hermes (Mercurio), Hefestos (Vulcano) y Prometeo. Hermes era el dios de los mercaderes y de los ladrones (¿habrán querido decir algo los griegos con esto...?). Pero los otros eran dioses tutelares de actividades propias de los demiurgos: Hefestos de la herrería y el trabajo con los metales, y Prometeo (aparte de ser un dios asociado al fuego, claro) era el dios tutelar de los alfareros en el Atica. Herreros y alfareros eran justamente demiurgos. En la Grecia primitiva no existían dioses que se preocuparan de los zapateros, que parece ser aparecieron mucho más tarde en la vida económica griega, o de los agricultores por ejemplo (sí existen deidades protectoras de la agricultura, como Ceres por ejemplo, pero no de los agricultores... ése es el matiz). Y ya que hemos mencionado a los comerciantes, éstos también surgieron mucho después de que la Grecia empezara su evolución histórica (y por tanto, el culto a Hefestos y Prometeo como dios tutelar de una actividad humana es anterior al culto de Hermes). O sea, esto refleja la idea de que en la sociedad griega primitiva, que apenas comenzaba a desarrollar una industria, los demiurgos eran casi genios profesionales, en un mundo en donde casi todos los ciudadanos debían bastarse a sí mismos para sobrevivir porque no había dónde comprar, ni dinero con qué pagar.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Antropos y andros.

En el mundo moderno existe una clara tendencia feminista, a que después de toda expresión "hombre" venga la expresión "mujer" para que no suene sexista. Así, las feministas consiguieron que en Chile, la Constitución de 1980 cambiara su primer inciso de su primer artículo, que decía "los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos", para que ahora diga "las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos". Esta adición no era necesaria, por supuesto, desde que el Código Civil de Chile establece como regla de interpretación, en su artículo 25, que cada vez en que la ley use la palabra masculina en su sentido general, debe entenderse comprendida también su contraparte femenina, a menos que del contexto se desprenda claramente que se refiere sólo al sexo masculino (y abunda: cuando las palabras de la ley están en género femenino, sólo se refieren a las mujeres).

Este mal es propio de numerosas lenguas romances, y se debe a que la palabra para designar a los seres humanos en general, es la misma que designa a los miembros masculinos de la especie. Así, "hombre" tiene esa ambigüedad en castellano, "homme" en francés, "uomo" en italiano, "man" en inglés, "mann" en alemán... Existe la palabra "persona", como la usa la Constitución chilena, pero es una palabra un tanto fría para referirse a algo tan cálido como es el ser partícipe de la condición humana. Y ya que estamos, claro que siempre se puede usar la palabra "humano" en su reemplazo, como abreviación de "ser humano", pero "humano" sigue siendo un adjetivo, o en el mejor caso un adjetivo sustantivizado, no un sustantivo propiamente tal. Y, admitámoslo, resulta un poco cansino hablar de "ser humano" o de "human being" a cada rato, a según el idioma.

Por eso, resulta cuando menos un poco curioso para nuestra mentalidad, que los griegos no tenían ese problema, o al menos lo tenían más atenuado. Porque ellos sí que disponían de palabras separadas para designar al ser humano en general, y al ser humano de sexo masculino en particular. Las palabras respectivas eran "antropos" (ἄνθρωπος) para el género humano, "andros" (ἀνδρός) para el humano masculino, y "giné" (γυνή) para la humana femenina.

La mala noticia para los machos, es que esta separación ha condenado a la raíz "andros" a un lugar muy secundario en el idioma. Todos saben, o poseen a lo menos una noción intuitiva, de lo que es la "antropología", o qué se llama un "antropoide", o qué clase de cosa es la "misantropía". Pero en cambio, ¿cuántos de ustedes han escuchado hablar de la "Andrología" (ciencia que estudia la salud y las enfermedades de los seres humanos masculinos) o de la poliandria (forma de matrimonio en que una mujer se casa o tiene relaciones sexuales o sentimentales con varios hombres)? Lo dicho: la raíz "antropos" ha tenido éxito en nuestro idioma y en otros, pero la raíz "andros" no lo ha tenido, o al menos no en el mismo grado, ni de lejos. En cuanto a la forma "giné", todos saben lo que es la Ginecología o la misoginia. Quizás la única palabra popular con la raíz "andros" sea "androginia", que combina ambas ("andros" o masculino y "giné" o femenino) para referirse a... bueno, explicaciones sobran.

Y como bonus track, ya que salieron al ruedo las dos palabras que mencionaré, terminemos con este dato de remate. En griego, "misein" es odiar. Entonces, el odio a las mujeres es la "misoginia". Y odio a la especie humana en su conjunto, es la "misantropía". Pero la palabra "misandria", que siguiendo el mismo principio podríamos inventar para definir a quienes odian a los seres humanos de sexo masculino, no existe, o al menos, no es reconocida por la RAE...

domingo, 2 de agosto de 2009

Los dioses griegos y romanos en nuestro idioma.


Siguiendo el hilo del posteo sobre lugares griegos que han devenido en palabras comunes, o el sobre personajes históricos que se transformaron en palabras comunes, o el de otros personajes transformados en adjetivos, ahora echaremos un repaso a los dioses griegos y romanos cuyos nombres se conservan en palabras de uso cotidiano hoy en día... muchas veces sin que nos demos cuenta. Dejaremos fuera, por supuesto, a los dioses que en realidad son personificaciones de fenómenos naturales y que por tanto no tienen un nombre propio sino que adoptan la palabra griega respectiva (por ejemplo Hipnos el dios del sueño, o Eros el dios del amor). La lista, sin pretensiones de exhaustividad, nos queda entonces así:

-- AFRODISÍACO: Las substancias que mejoran el deseo o la potencia sexual, reconocen su ligazón con Afrodita, la diosa griega del amor, que contrario al concepto casto y puro del amor cristiano, no era para nada una mojigata (no sólo promovía el amor por ahí como una descocada, sino que también le ponía los cuernos al dios del fuego con el dios de la guerra, miren qué zor...).

-- APOLÍNEO: La tendencia a la perfección y a lo sublime, fue ensalzada por Friedrich Nietzsche, asignándole el nombre del dios griego Apolo, que lo era del Sol, de la luz, y del conocimiento y la razón ("logos").

-- ATENEO: Aunque esta palabra huele a naftalina, digamos que ateneo es simplemente una agrupación científica o literaria. Y derivan, por supuesto, de la diosa griega Atenea, que lo era del conocimiento y la sabiduría.

-- ATLAS: El pobre gigante que debía sostener sobre sus hombros la bóveda celeste, ganó así para su nombre dos sentidos. El primero y más obvio, es el de los libros de mapas. El segundo, bastante lógico si uno piensa que atlas era prácticamente una columna viviente, es la primera vértebra vertical, también llamada "atlas", y que debe sostener el cráneo sobre sí...

-- BÁQUICO: Baco, el dios romano del vino, quedó así eternamente ligado al dulce jugo de la vid, como lo hubieran llamados los poetas del Siglo de Oro Español.

-- DIONISÍACO: Seguimos con Friedrich Nietzsche, que como contrapunto a lo "apolíneo", llamó la tendencia a lo vulgar, lo profano e irracional, con el alegre y siempre festivo dios griego del vino, Dionisos.

-- EÓLICO: La energía eólica, tan de moda hoy en día, le debe su nombre a Eolo, el dios griego de los vientos.

-- HERMÉTICO: Durante mucho tiempo, se consideró al dios griego Hermes (el Mercurio romano, que lo era del comercio y de los ladrones, quizás no por coincidencia...) como depositario de la sabiduría antigua, equiparándoselo a Toth, el dios de la sabiduría egipcia. De ahí que el conocimiento esotérico, el que sólo estaba disponible para los iniciados y no para todo el mundo, fuera "hermético". Es ciertamente una degradación del lenguaje que antaño "hermético" se refiriera a conocimientos iniciáticos de una secta semifilosófica, mientras que hoy en día se suele usar en prosaica referencia a las conservas con fruta en almíbar, o a los frascos de mayonesa...

-- MARCIAL: Debo confesar que en este caso ignoro si fue antes el dios que la palabra, o la palabra que el dios. Pero lo "marcial", o sea, lo relativo a la guerra, se relaciona con Marte, el dios romano de la guerra. Claro que, por alguna razón, tratándose del planeta Marte, el adjetivo respectivo fue reemplazado por "marciano".

-- MUSEO: Los museos derivan su nombre del Museum de Alejandría, un establecimiento fundado para las investigaciones científicas de la época, que a su vez derivó su nombre de las Musas, las protectoras griegas de la actividad científica y artística.

-- NEPTÚNICO: En Geología, un terreno neptúnico es el que tiene formación sedimentaria. Como el nombre lo dice, estos tipos de terreno o de rocas se forman por la sedimentación del material en un medio acuático, por lo que aplicarles el nombre de Neptuno, el dios romano del mar, suena bastante razonable.

-- PLUTONISMO: La escuela de pensamiento geológico según la cual la Tierra le debe su forma primordialmente a los volcanes y la actividad ígnea interna de la Tierra, le debe su nombre al dios romano Plutón, que lo era de los infiernos y el inframundo. Debemos recordar que en la Mitología Grecorromana, los infiernos estaban literalmente por debajo de la Tierra, lo que explica esta conexión.

-- SATURNINO: Una palabreja de ratón de biblioteca, vale, pero la RAE la acepta, y a ella nos atenemos. Saturnino es "dicho de una persona: triste y taciturna". Características bien asociables a Saturno, el dios romano del Tiempo, el que generalmente se lo representa de manera muy melancólica (cuando no está comiéndose a su progenie, el muy caníbal).

-- VENÉREO: Una enfermedad venérea es la que se transmite por vía sexual, y este nombre no es casual, porque venéreo se refiere a Venus, la diosa romana del amor y plagi... perdón, contraparte de la diosa griega Afrodita. Por alguna razón que se me escapa, y un poco a la manera de lo ocurrido con Marte, a la hora de referirse al planeta Venus, la palabra "venéreo" fue reemplazada por "venusino".

-- VULCANIZACIÓN: El caucho era una substancia básicamente intratable, hasta que Charles Goodyear desarrolló un procedimiento práctico para tratarlo, mediante el fuego y el uso de sulfuros. Debido a esto, le dio al procedimiento el nombre del dios romano del fuego, que era Vulcano (éste dio también nombre, antes de al famoso planeta ficticio de Star Trek, a un hipotético planeta intramercuriano, historia ya posteamos en Siglos Curiosos).

jueves, 2 de abril de 2009

¿En qué se parece un obispo y un telescopio?


Preguntarse en qué parece un obispo y un telescopio podría parecer una pregunta ociosa o un chiste, pero hablando bien en serio, sí que existe una conexión entre ambos. Bueno, dos conexiones, si contamos la resistencia de los prelados de la Iglesia Católica a la novísima invención del telescopio, a comienzos del siglo XVII (y es que el telescopio mostraba cosas del cielo que contradecían la Física Aristotélica defendida por la Iglesia, por lo que según ellos no debían cambiar sus conocimientos de Física sino suprimir el telescopio...).

Pero la conexión entre ambos es fundamentalmente etimológica. Todo el mundo más o menos instruido sabe que la palabra "telescopio" viene del griego "tele" (τῆλε), que significa "lejos", y "skopios" (σκοπέω), que significa "mirar". Por tanto, "telescopio" significa "mirar lejos". El punto aquí, es que la palabra "obispo" comparte la misma raíz etimológica de "mirar"...

Obispo, en efecto, es una corrupción idiomática de la palabra griega "episkopos" (επισκοπος). En este caso reemplazamos el prefijo "tele-" por el prefijo "epi-", que significa "por encima", como en epidermis ("por encima de la piel") o epicentro ("por encima del centro", en este caso el centro del terremoto). Por tanto, el episkopos era el que echaba una mirada por encima de las cosas, o sea, en otros términos, el vigilante. Hoy en día, el castellano recoge (aunque con sentidos ligeramente distintos) tanto las palabras "obispado" como "episcopado", siendo la segunda más fiel a su origen etimológico.

Aunque intuitivamente no es demasiado difícil entender la conexión entre obispos y vigilantes, en particular en países como Chile en donde hemos tenido que sufrir la arrogante y autoatribuida censura moral de megalómanos morales con sotana, es preciso considerar que primitivamente el obispo carecía de autoridad alguna. Muchas veces se consideraba episkopos simplemente a los presbíteros, que a su vez eran los ancianos de la comunidad cristiana. Estos carecían de toda autoridad jerárquica, como no fuera la que obtuvieran por la sabiduría acumulada por los años, y se respetaba sus palabras como las de personas con experiencia en asuntos cotidianos, pero no se los obedecía a rajatabla como los obispos modernos esperan que se haga. Recién en el siglo II empezó la mutación de los obispos, de simples asesores de las comunidades, en directores de las mismas, sustrayendo autoridad a la asamblea democrática para concentrarla en sus manos. El paso final se dio en el Concilio de Nicea, del año 325, en que Constantino el Grande organizó la Iglesia Católica, y se apoyó en la autoridad de los obispos para crear una estructura jerárquica que hiciera más manejable a los cristianos dentro de sus dominios. Así, el antiguo episkopos que gobernaba por influencia moral, terminó de mutar en el actual obispo que manda por sujección jerárquica de la grey a su cargo...

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ser como un topónimo griego...


La Etimología, la disciplina que estudia el origen de las palabras, está repleta de curiosidades. Y así como hay personajes históricos asociados a adjetivos, u otros personajes asociados a palabras comunes, también hay palabras, adjetivos o sustantivos, que derivan de lugares geográficos. Es decir, se asocia una cualidad a los habitantes de una comarca, y después ya no se usa la palabra sólo como topónimo, sino como esa cualidad. Ahí tienen a los pobres gallegos, que de ser los habitantes de Galicia, pasaron a ser sinónimo de mensos o tontos... Y como nuestra cultura tiene fuertes raíces grecorromanas, era imposible que algunos topónimos griegos no pasaran a nuestro lenguaje común. He aquí los que he conseguido rastrear:

-- ALEJANDRINO. Aunque la RAE no registra este sentido, a veces aparece en algunos textos como sinónimo de refinamiento formal (en particular en textos traducidos del inglés). Alejandría fue fundada en 331 aC por Alejandro Magno, y en ella floreció la cultura helenística. Desgraciadamente, reemplazaron en muchos casos la inspiración y la creatividad por la erudición y el formalismo. Ya mencionamos la guerrilla literaria que sostuvieron en su tiempo Calímaco y Apolonio... El verso alejandrino (el de catorce sílabas), por su parte, no tiene nada que ver con Alejandría, sino con el "Romance de Alejandro", del siglo XII, que usa este tipo de estructura compositiva.

-- BEOCIO: "adj. Ignorante, estúpido, tonto" (RAE). Ya hemos comentado en Siglos Curiosos la mala fama que tenían los habitantes de Beocia en la antigua Grecia, y el término persistió hasta el día de hoy, aunque bien podríamos considerarlo un arcaísmo. Ahora, se prefiere llamar "gallego" a lo que antiguamente era un "beocio". En fin, el idioma siempre va cambiando...

-- CARIÁTIDE: "f. Arq. Estatua de mujer con traje talar, que hace oficio de columna o pilastra" (RAE). La relación aquí es un poco oscura, pero existe. Cariátides significa literalmente "doncella de Caria", y por tanto, eran las habitantes de la ciudad de Caria, que a resultas de ser esclavizadas, pasaron a ser representadas como columnas, siendo así figuras humanas que sostenían el peso de los templos y edificios.

-- ESPARTANO: "adj. Austero, sobrio, firme, severo" (RAE). Los espartanos, dicen los historiadores, eran de esa naturaleza.

-- LACÓNICO: "adj. Breve, conciso, compendioso" (RAE). Ser lacónico es ser hombre (o mujer, claro está) de pocas palabras. Laconia era la región griega en que se emplazaba Esparta, por más señas, y eso debería explicarlo todo.

-- LESBIANA: "f. Mujer homosexual" (RAE). Los lesbios o lesbianos eran simplemente los habitantes de la isla de Lesbos. Pero como en dicha isla floreció la poetisa Safo, cuyos escritos claramente homoeróticos dieron paso a la posterior literatura sáfica, y de quien ya hablamos en Siglos Curiosos, el nombre quedó...

-- OLÍMPICO: "adj. Altanero, soberbio". Sentir un desdén olímpico por algo o alguien es mirar desde las alturas como un dios a un insecto. El Monte Olimpo era, en la Mitología Griega por supuesto, el lugar en que se asentaba el trono de los dioses. El nombre de las Olimpíadas o Juegos Olímpicos deriva también porque los antiguos, los griegos, auténticos y originales, se celebraban en la ciudad de Olimpia.

-- SIBARITA: "adj. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento" (RAE). Los sibaritas eran los habitantes de la ciudad de Síbaris, en la Magna Grecia, conocidos por gustarles la vida buena, regalada y con lujos y placeres. Hedonistas, que los llaman. Síbaris fue arrasada hacia 510 aC por los austeros místicos pitagóricos, hastiados de que los sibaritas la pasaran tan bien, mientras que ellos se negaran a comer habas.

jueves, 9 de octubre de 2008

Calímaco contra Apolonio.


Siendo la Literatura un Arte, y el Arte una cuestión de apreciaciones en buena medida, es natural que hayan ciertas polémicas literarias sobre cómo debe ser la Literatura, que están condenadas a no ser resueltas jamás. Bien conocidas en lengua castellana son las guerras entre Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, o entre Vicente Huidobro y Pablo Neruda, que si bien tuvieron su buena proporción de egotismo y vanidad, eran también concepciones diferentes sobre cómo debe hacerse la buena Literatura. Una de las polémicas más antiguas de esta naturaleza, tal y como la conocemos, es la que enfrentó a Calímaco con Apolonio de Rodas, en la Alejandría de los Tolomeos.

En el siglo III a.C., gracias a la riqueza del Egipto de los Tolomeos, Alejandría se convirtió en el centro de la cultura griega, desplazando a la ya vetusta Atenas. Es natural que los más selectos e importantes escritores fueran a dicha ciudad a hacer su arte. Mientras que la cultura ateniense había tenido un sesgo más popular y creativo, la cultura alejandrina respondía a una sociedad más rica, sí, pero también más aristocrática y orientalizante. La cuestión que enfrentaba a los escritores era entonces, ¿cómo plasmar esta nueva sociedad griega, en un nuevo estilo de arte?

Para Calímaco (hacia 310-240 a.C.), la cuestión estaba clara. La antigua cultura se había nutrido fundamentalmente de la épica homérica, pero esa cultura estaba muerta. La épica homérica era indudablemente grandiosa, claro está, pero ya no podía cultivarse en la enrarecida atmósfera cultural alejandrina. Por ende, se dedicó a la escritura de epigramas e himnos de extensión relativamente breve (las piezas más largas tendrán apenas unos centenares de versos). Su esfuerzo máximo no estaba en recrear largas historias épicas, sino en tomar episodios mitológicos para explotar la atmósfera erótica, épica o terrorífica que de ellos pudiera emerger.

El oponente de Calímaco era Apolonio de Rodas, quién sí pensaba que la épica aún estaba de moda. Para ello escribió su propio poema épico, la "Argonáutica". Para su desgracia, su obra no tenía la vida ni pasión de Homero, su modelo, y pierde el hilo mientras despliega toda su portentosa erudición, volcándola sobre el poema hasta convertirlo en pesado y pedantesco. No muy apreciado hoy en día, su pedantería simpatizó mucho entre algunos romanos (lo imitaron no sólo Varrón de Atax y Valerio Flaco, dos poetas romanos de segunda fila, sino que el propio Virgilio lo homenajeó en el Canto IV de la "Eneida"), y después entre los renacentistas, tan entregados ellos al cultivo de la erudición grecorromana (Pierre de Ronsard le imitó en el siglo XVI con un poema llamado "La Franciada").

¿Por qué Calímaco y Apolonio eran rivales tan enconados? Las diferencias de percepción sobre la Literatura y su estado actual (el de esa época, claro) son una razón fundamental, pero probablemente haya otras. Apolonio fue discípulo de Calímaco, y quizás el vasto trabajo de Apolonio (7000 versos, más o menos la mitad de "La Ilíada") despertó los celos del maestro. Calímaco, por otra parte, sabemos que era hombre de temperamento difícil, como lo revela su propia obra literaria, en la que es posible encontrar a un hombre muchas veces rencoroso y amargo. A su manera, por otra parte, Calímaco tenía razón en considerar que el espíritu épico no se avenía bien con la adocenada vida de la corte de los poltrones eruditos y aristócratas de Alejandría. Como no tenemos demasiada información sobre la vida de ambos, y los datos al respecto son contradictorios, tenemos que conformarnos con lo poco que se sabe al respecto, y especular.

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