Un motif jurídico afirma que "por encima de la Corte Suprema sólo está la Corte Celestial"... Y sin embargo, aún puede sobre la Tierra haber un tribunal más allá del último tribunal. Uno conformado no por la justicia misma, sino por privados que se ponen al servicio de causas perdidas. Esta es la historia del Tribunal de Ultima Instancia ("The Court of Last Resort"), el tribunal privado decidido a revocar errores judiciales en Estados Unidos.
Para el lector de novelas policiales, el nombre de Erle Stanley Gardner (bueno, su nombre o alguno de sus incontables seudónimos) debería ser familiar. Si no por él, al menos por la que probablemente es su creación más famosa: el infatigable abogado criminalista Perry Mason. Una noche, durante la primavera de 1948, Gardner y Henry Steeger (editor de la revista "Argosy", uno de los más importantes pulps de todos los tiempos), conversando sobre el tema de las condenas impuestas por error judicial, tomaron el acuerdo de ver si podían usar su talento para hacer labor detectivesca, pero en el mundo real. "Tan pronto como sepamos de algún caso en que parezca que se ha cometido una injusticia, investigaremos los hechos y los daremos a conocer por medio de la prensa. La opinión pública se encargará de lo demás", dijo Steeger. Gardner después explicó que lo hacían porque "no existe ningún procedimiento sencillo por medio del cual un individuo que haya sido condenado erróneamente pueda lograr la revisión de su causa".
Su primer caso no tardó en caerles. Un asesino llamado Clarence Boggie, convicto a prisión perpetua en la penitenciaría estatal de Washington, los contactó. Gardner se entrevistó con Boggie, creyó en su inocencia, y unió fuerzas con el detective privado Raymond Schindler para investigar el asunto. El juicio había tenido lugar quince años antes. Boggie había sido juzgado por el robo y brutal asesinato de un anciano que vivía solitario en su cabaña. Dos años después del crimen, la policía había dado con el abrigo en poder de Boggie. Además, un prisionero sostenía que el aserrador le había confesado el crimen cuando ambos vivían juntos. Pero Gardner y Schindler probaron que el abrigo había sido comprado en una casa de empeños, y echaron por tierra el falso testimonio incriminatorio, dado por el presidiario para ganarse puntitos en una eventual libertad condicional. Además, apareció un testigo que había visto al asesino salir corriendo de la cabaña de la víctima, y ese testigo declaró que el asesino no era Boggie.
El Tribunal de Ultima Instancia funcionó a la larga con los mencionados Erle Stanley Gardner, Henry Steeger y Raymond Schindler en la nómina. Se sumaron, además, un experto en detectores de mentiras, otro detective, un asesor experto en Medicina Forense, y el antiguo alcaide de una prisión federal de Washington. Todos ellos ad honorem, por amor de la justicia, con la sola excepción del investigador privado, que cobra sus honorarios. En sus primeros cuatro o cinco años, al menos, tuvo una vida muy activa: lograron poner en libertad a cerca de una docena de personas, y revisaron cerca de un millar de casos en busca de potenciales errores judiciales. Muy pocos casos merecieron la investigación completa, naturalmente, pero por los pocos inocentes que puedan aparecer, siguieron adelante durante años con su empresa. Fue cuando su fundador, Erle Stanley Gardner, se retiró en 1960, que el grupo empezó a descender lentamente su actividad, hasta que ésta cesó por completo.
Historias desopilantes, anécdotas curiosas, rarezas antiguas: bienvenidos a los siglos curiosos.
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domingo, 6 de diciembre de 2015
El Tribunal de Ultima Instancia.
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domingo, 26 de enero de 2014
Una conspiración patriota en Quillota.
En la Historia de Chile entre 1814 y 1817, debido a la estatura legendaria de Manuel Rodríguez, los guerrilleros que se batían en la zona de operaciones de Colchagua y entre Chillán y Rancagua en general son los que tienen mayor fama. Pero sin embargo, desde la gobernación de Cuyo en donde se estaba preparando el gran asalto contra el gobierno de los realistas en Chile, San Martín no era partidario de depositar todos los huevos en la misma cesta. Para desesperación del gobernador español Casimiro Marcó del Pont, que pretendía concentrar las fuerzas realistas en Santiago para hacerse más fuerte, San Martín buscaba incendiar el territorio chileno entero para derrocar al Imperio Español. Y una de estas ramificaciones estuvo a punto de fructificar en la ciudad de Quillota, al noroeste de Santiago.
A inicios de 1816, San Martín envió sendas misivas a un vecino de Putaendo llamado José Antonio Salinas, y a uno de San Felipe llamado Juan José Traslaviña. La idea no era mala: si prosperaba una rebelión en tales lugares, el ejército patriota que cruzara la cordillera arribaría a territorio ganado para los patriotas, y estaría en muchas mejores condiciones para batirse con los realistas y marchar sobre Santiago. El mensajero, un tal Manuel Navarro, cruzó la cordillera de ida y vuelta llevando las respectivas cartas, además de entregar instrucciones que quedaron como verbales por obvias razones. Ambos encargados, Salinas y Traslaviña, viajaron a Quillota y enteraron a otros personajes del proyecto: dos modestos vecinos llamados Ramón Arístegui y Pedro Regalado Hernández, además de Ventura Lagunas, un joven maestro de escuela de sólo diecisiete años de edad. La idea parecía factible porque la guarnición de Quillota estaba mandada por Manuel Barañao, un coronel oriundo de Buenos Aires que era realista fanático e intransigente, la clase de sujeto que resulta muy divertido y satisfactorio derrocar y arrastrar por el fango, claro está. De manera que los interesados se movieron a Valparaíso para seguir reclutando gente, y de esta manera derribar a la autoridad realista local.
Pero las cosas se salieron de tiesto cuando Ventura Laguna le confesó los planes a un sargento de apellido La Rosa, que parecía confiable debido a que tenía malquerencias con sus superiores. En mala hora. A propósito de un incidente completamente diverso, La Rosa acabó siendo apresado y sometido a juico por insubordinación, arriesgando un castigo severo. En esta coyuntura, La Rosa decidió congraciarse con sus superiores revelando todo lo que sabía de la conjura. El coronel Barañao reaccionó de manera implacable, y consiguió que una sirvienta revelara la documentación de sus patrones conjurados, entre los cuales por supuesto estaban las cartas de San Martín que habían originado todo el merengue. Arístegui consiguió escaparse, pero los otros no tuvieron tanta suerte: fueron apresados, y cuando fueron confrontados con las cartas incriminadoras, confesaron llanamente y fueron remitidos a Santiago.
El gobernador Marcó del Pont estaba feliz de poder hacer de estos presos buen escarmiento. El proceso fue sumario y la sentencia predecible. El 5 de Diciembre de 1816 se levantó una horca en Santiago. La pena era cruel e inusual, ya que la horca había caído tiempo hacía en desuso, y lo habitual era la ejecución por fusilamiento: se dice que el verdugo de la cárcel de Santiago, para practicar un procedimiento con el que no estaba familiarizado, fue obligado a entrenarse ahorcando carneros. A las once de la mañana de la fecha citada, fueron ahorcados Traslaviña, Salinas y Hernández. Cuando ya tocaba el turno de Lagunas, se supo entonces que este último había sido beneficiado con un indulto, que en atención a su corta edad le conmutaba la horca por diez años en el presidio de Juan Fernández. La Gaceta del Gobierno, el único medio de comunicación en existencia, reportó que los tres ejecutados se habían mostrado pesarosos y arrepentidos, pero si fue verdad, la gente no parece haberlo creído. Lejos de servir como escarmiento, la ejecución incrementó la odiosidad de los patriotas en contra de los realistas. Algo más de medio año después, los días 7 y 18 de Junio de 1817, una vez instalado el gobierno patriota de regreso en Santiago, fueron dictados decretos que favorecieron a las viudas de los ejecutados con una indemnización de doscientos pesos, más un montepío de treinta pesos mensuales. Otros parientes de las víctimas recibieron después otros beneficios económicos con posterioridad.
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jueves, 22 de noviembre de 2012
¡Prohibido plagiar a Superman!
Decir que Superman es el primero y más icónico de los superhéroes, es una obviedad. Fue creado en 1938 por Jerry Siegel y Joe Shuster, y "vuelto a crear" desde entonces un sinfín de veces... O plagiado, mejor dicho, eso quisieran hacernos entender los abogados de DC Comics, empresa editorial que es la titular del copyright sobre el personaje. Ahora bien, el pack de superpoderes de Superman es tan canónico, que cuesta un montón diseñar otro superhéroe que no tenga a lo menos unos pocos atributos de éste, por lo que la posibilidad de escribir una historia de superhéroes y terminar demandado por plagio no es exactamente remota. Que los abogados de DC Comics han justificado su sueldo, para que nos entendamos.
La primera víctima fue Wonder Man. Este fue creado por Will Eisner, que después se haría de fama gracias a The Spirit (sí, ESE "The Spirit"). Wonder Man apareció en la revista "Wonder Comics" en 1939. Bastó un solo número, y ya los tiburones estaban litigando. El caso, llamado "Detective Comics, Inc. v. Bruns Publications, Inc.", fue fallado en 1940. Hablamos de un personaje que tiene gran fuerza y velocidad, que se saca la ropa para revelar su uniforme, que es el "campeón de los oprimidos", capaz de detener balas con su cuerpo, capaz de saltar de edificio a edificio (en una época en donde Superman todavía no volaba), o de romper una puerta de acero de un solo golpe, o ser el hombre más poderoso del mundo... y que no es Superman, es Wonder Man. La defensa argumentó que estaban siguiendo a los héroes de la literatura y la mitología, pero la judicatura no se lo compró: el paquete podía parecerse a Hércules, pero también olía a Superman, y no hubo más publicaciones de Wonder Man por orden judicial. Fue el primer juicio por derechos de autor en materia de cómics. Vendrían más.
Después siguió el más sonado y uno de los más largos, el infame "National Comics Publications v. Fawcett Publications", mejor conocido como... el caso del Capitán Marvel. El Capitán Marvel era un niño que al gritar la palabra mágica "SHAZAM!" se convertía en el Capitán Marvel, que incluía... vamos, sé que se la saben, díganlo conmigo... superfuerza, supervelocidad, invulnerabilidad, mallas ajustadas... además de un archienemigo que es un científico loco y calvo... El problema es que la franquicia era la más redituable de Fawcett Publications, incluyendo a una entera familia Marvel, figúrense (fue la primera superfamilia de los cómics), por lo que la pelea fue con uñas y dientes (basándose en que el alter ego no era un adulto sino un niño, y que la fuente de superpoderes era mágica y no científica). El juicio se alargó aún más cuando se descubrió que bajo la antigua ley de copyright en Estados Unidos, los derechos por ciertas tiras de Superman para los periódicos no habían sido renovados... Al final, después de doce años de batalla, en 1951 se alcanzó un acuerdo extrajudicial, y Fawcett Publications dejó de publicar al Capitán Marvel, en parte debido a que en la época el boom de los superhéroes estaba a la baja, y ya no era rentable seguir peleando por él. Irónicamente, Fawcett Publications fue comprado después por sus antiguos rivales de litigio... quienes pudieron usar al Capitán Marvel, pero ya no publicar una revista de ese título, que entretanto había sido pasada por copyright por Marvel Comics... Pero al menos, el Capitán Marvel y Superman pudieron vivir aventuras juntos en paz y armonía. Aún más irónico, casi sarcástico, cuando Superman fue asesinado por Doomsday en el famoso evento de la muerte de Superman en 1992, uno de los que portaron su féretro fue precisamente el Capitán Marvel... Me pregunto si alguno de los guionistas habrá reparado en la metalectura respectiva. Digo yo.
Y dejamos para casi el final la ida de olla definitiva de DC Comics. En 1981 se estrenó la comedia "El gran héroe americano". Por si no la recuerdan o eran demasiado jóvenes: la serie en que a un profesor pringao, unos extraterrestres le regalaban un traje que le daba superpoderes, sólo para que el tipejo perdiera el manual de instrucciones (un dato para la trivia, el prota William Katt había aparecido media década antes como el galán que invitaba a la prota en la peli "Carrie"...). Volviendo a lo nuestro, los abogados de DC Comics batieron un récord de velocidad que ni los de Alyssa Milano, fíjense: ya estaban preparando la demanda cuando salió la promoción publicitaria en televisión. No importaba que fuera una comedia, no importaba que fuera una parodia. La justicia, por una vez y sin que sirva de precedente, obró con sensatez. Dijo lo obvio, que el parecido no sólo debe ser a nivel de ideas, sino también el tratamiento de las mismas, y que aunque el copyright funciona como estímulo a la creatividad concediéndole al autor la posibilidad de lucrarse con su obra, esto no significa cerrarle la creatividad a otros que puedan usar los mismos temas de maneras diferentes a la original.
Decíamos para "casi el final" porque el verdadero y triste final de este posteo... es que Jerry Siegel y Joe Shuster litigaron durante años contra DC Comics (bueno, contra el nombre que tuviera la editorial según el tiempo) para que ésta compartiera los beneficios de la franquicia de Superman con ellos como creadores. Pero la venta de los derechos había sido hecha sin condiciones, y por lo tanto, Siegel y Shuster no vieron un solo centavo durante años. Hasta que en los tiempos de la peli de "Superman", a punta de campaña negativa contra la editorial, ella se congració con los creadores y les ofreció una pensión vitalicia más beneficios médicos. Dicho de otra manera, durante años los abogados de DC Comics demandaron cuanta cosa oliera a plagio de Superman para seguir lucrándose con el personaje, mientras por otra parte no hicieron nada por ayudar económicamente a los creadores del mismo. No es que no sea legal, por supuesto, pero es otra muestrita de las fronteras siempre difusas entre el arte y el negocio...
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domingo, 9 de septiembre de 2012
El juicio de residencia de Barrabás.
Ya hemos mencionado anteriormente en Siglos Curiosos que Chile tuvo el privilegio increíble de ser gobernado por... Barrabás. Bueno, no el Barrabás bíblico, por supuesto, sino por el ínclito Francisco de Meneses, cuyas tropelías y desmanes en su breve período como gobernador (1664 a 1668, aunque destituido de derecho a fines de 1667) hicieron bueno su sobrenombre. Ya hemos referido la trifulca que armó el susodicho nada más en su llegada a Chile, y para no desteñir, con trifulca también salió del cargo (cuando llegó el nuevo gobernador, Meneses básicamente intentó fugarse de Santiago a Concepción para usar el ejército de Arauco en un autogolpe de estado). Meneses fue apresado, y entonces comenzó el tema del juicio de residencia. Por si el amable lector no conoce o no recuerda el dato, el juicio de residencia era el procedimiento por el cual los altos funcionarios hispánicos debían entregar cuentas de su administración, y en donde por supuesto se exponían a que los perjudicados con la misma le demandaran, incluyendo la posibilidad de recobrar bienes que el gobernador hubiere confiscado para sí. Figúrense lo que significó el juicio de residencia para Barrabás... bueno, no se lo figuren, acá lo escribiremos con algún detalle.
En realidad, el juicio se complicó debido a que Meneses había creado un buen grupo de parciales durante sus tres años, con los consabidos métodos del que defrauda a tutiplén la hacienda pública, claro está. Y estos partidarios estaban muy interesados en que Meneses saliera bien librado, porque de lo contrario ellos mismos deberían restituir lo mal habido. Pero los perjudicados por Meneses eran tantos, que durante los siguientes tres años el caso Meneses ocupó toda la atención de los notables chilenos. Para evitar males mayores, el visitador Lope Antonio de Munive dispuso que Meneses fuera trasladado a Córdoba, en la región de Tucumán (entonces, recordemos, dependiente de la gobernación de Chile). Un fraile de la época nos deja esta perla sobre el alcance de la corrupción de Meneses y sus acólitos: "Hallábase con un millón de hacienda: no había en todo el reino de Chile, oro, plata, alhajas ni cosa preciosa que ya no parase en su poder. Su caballeriza se valoraba en cincuenta mil ducados: los frenos y estribos de plata los despreciaba por comunes y los mandaba labrar de oro: sus vajillas eran inestimables por lo rico y abundante". Exagerado, sin duda, pero da una buena idea de la impresión que el pillaje de Meneses dejó en sus sufridos gobernados.
En paralelo al juicio de residencia de Meneses, se le siguió otro a don Angel de Peredo, quien había desempeñado la gobernación de Chile de manera interina ANTES que Meneses, pero que aún no había sido sometido a residencia porque Meneses se había ensañado persiguiéndole con desprecio de toda legalidad. Peredo había sido un gobernador intachable y su juicio de residencia, que duró un año, terminó también ANTES que el de Meneses: fue recompensado con la gobernación de Tucumán, en donde fallecería algunos años más tarde, muy querido de sus gobernados. Camino a Tucumán, la expedición de Peredo debía cruzarse con la de Meneses, que el intertanto era llevado desde Córdoba a Santiago: consiguió Meneses a última hora que su ruta se desviara, para no sufrir la humillación de pasar en cadenas frente a su antiguo perseguido. Mientras tanto, Munive hacía lo imposible por embargar cuanto bien mal habido estuviera en poder de los partidarios de Meneses: se afirma que a tanto llegaban las exacciones, que el monto de estos embargos casi paralizó la vida económica nacional de Chile. El rigor de la persecusión fue morigerado por las influencias de los amigos de Meneses, y en particular de la familia de su esposa, doña Catalina Bravo de Saravia, que podía mover muchas influencias en Santiago. Meneses por su parte fue enviado a Arica primero, a Lima después, y a Trujillo al último, lugar en donde se le permitió a su esposa reunirse con él. Meneses falleció en esta última ciudad en 1672, el mismo año en que su causa judicial llegó al Consejo de Indias: pasaría aún otra década antes de que el Consejo de Indias terminara de procesar el expediente de Meneses (que estuviera muerto y por lo tanto fuera un tanto inoficioso aplicarle pena de cárcel, no significa que no debiera seguirse el juicio en atención al destino de los bienes e indemnizaciones que correspondieran al respecto).
Digamos para terminar algunas palabras sobre la familia de Meneses. Doña Catalina Bravo de Saravia era mucho más joven que Meneses, y le sobrevivió incluso hasta ver el cambio de siglo, viviendo con sus hijos de manera bastante desahogada en Lima. Uno de sus hijos salió astilla del mismo palo: Francisco de Meneses y Saravia. Nacido en Chile en 1666 o 1667, fue nombrado corregidor de Riobamba en la provincia de Quito. Para tapar sus exacciones y defraudaciones huyó a España, en donde valiéndose de sus relaciones y encanto personal obtuvo el cargo de Presidente de la Real Audiencia en Bogotá, lo que motivó nuevas acusaciones de corrupción. Sus dos hermanos, Fernando de Meneses y Bravo de Saravia y Alonso de Meneses y Bravo de Saravia, por su parte, ya bajo la administración de los Borbones, llegaron a ser gobernadores de Yucatán...
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domingo, 19 de agosto de 2012
La mujer de César...
Todos conocen el famoso dicho que encabeza el presente posteo de Siglos Curiosos, pero si por ventura el amable lector llegase a ignorarlo, no lo completaré sino hasta el final lleno de suspenso y emoción culebronesca que tiene esta historia (en realidad no es tanto, pero si Julio César era maestro del autobombo, ¿por qué no puedo serlo yo...?). El caso es que el dicho de "La mujer de César..." se basa en una anécdota histórica real. Bueno, tan real como suelen ser estas anécdotas, que ya conocemos la tendencia de los historiadores antiguos a seguir el adagio de que nunca dejes que la realidad te arruine un buen cuento. Pero volviendo a Julio César. Este se casó tres veces. Viudo de su primera esposa, contrajo matrimonio algo más de un año después con Pompeya. En la época, a resultas de las prolijas intrigas políticas de la decadente República Romana, Julio César consiguió ser nombrado Pontífice Máximo, el más importante cargo religioso romano (en la época y dentro de la religión y política romanas, el Pontífice Máximo no necesitaba ser un hombre consagrado expresamente a la religión, aunque sí existiera sacerdocio profesional, como en todas las civilizaciones más o menos desarrolladas).
El caso es que a Pompeya, como esposa del Pontífice Máximo, le correspondía celebrar en calidad de anfitriona la fiesta de la Bona Dea ("Diosa Bondadosa"). Dicha fiesta era sólo para mujeres: los hombres tenían prohibida la entrada bajo pena de sacrilegio. Pero resulta que la joven Pompeya tenía un pretendiente llamado Clodio, y parece que a ella los halagos del jovenzuelo patricio de marras no le eran indiferentes. El caso es que Clodio se las arregló para pasar como imberbe, se disfrazó de mujer, y ayudado por una sirvienta que estaba en el ajo, se metió a la casa. Disfrazado de mujer, obviamente. La sirvienta fue a buscar a Pompeya, pero por alguna razón se tardó demasiado, y Clodio, con la impaciencia de la juventud, decidió aventurarse por la casa él mismo. Craso error.
Obviamente Clodio se topó entonces con el resto de las chicas, y obviamente Clodio siendo hombre y desconociendo el ritual, cometió la torpeza de rechazar la invitación de una de ellas a participar en el mismo. Cuando le preguntaron entonces quién era y qué hacía allí, Clodio replicó que esperaba a Pompeya. Famosas últimas palabras, porque la voz masculina lo traicionó. La turba de mujeres comenzó a buscarlo, y Clodio consiguió apenas salir con vida del bacalao. Sin embargo, fue reportado, arrestado, y se le siguió juicio por sacrilegio. La aventura podía haberle significado la muerte, pero Clodio era un personaje querido por el pueblo de Roma, y los jueces, temiendo acabar linchados, acabaron por absolverle de los cargos, aunque se esmeraron en escribir el fallo de la manera más ilegible posible, para que la gente al leerlo lo interpretara como mejor se le diera la gana.
Por su parte, Julio César se divorció de Pompeya. Sin embargo, cuando se le preguntó por el incidente, respondió que él nada sabía. Lo que era razonable, considerando que no estaba en el lugar de los hechos. Los jueces, extrañados, le preguntaron entonces por qué se divorciaba, si no le constaba que su esposa le hubiera hecho crecer cornamenta, a lo que Julio César dio su inmortal respuesta: "Porque pienso que mi esposa debe estar por encima de toda sospecha". De ahí entonces que viene el célebre dicho de que "la mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo". Claro, con sus bemoles y todo, Julio César era un político de alturas. Otros, en cambio...
El caso es que a Pompeya, como esposa del Pontífice Máximo, le correspondía celebrar en calidad de anfitriona la fiesta de la Bona Dea ("Diosa Bondadosa"). Dicha fiesta era sólo para mujeres: los hombres tenían prohibida la entrada bajo pena de sacrilegio. Pero resulta que la joven Pompeya tenía un pretendiente llamado Clodio, y parece que a ella los halagos del jovenzuelo patricio de marras no le eran indiferentes. El caso es que Clodio se las arregló para pasar como imberbe, se disfrazó de mujer, y ayudado por una sirvienta que estaba en el ajo, se metió a la casa. Disfrazado de mujer, obviamente. La sirvienta fue a buscar a Pompeya, pero por alguna razón se tardó demasiado, y Clodio, con la impaciencia de la juventud, decidió aventurarse por la casa él mismo. Craso error.
Obviamente Clodio se topó entonces con el resto de las chicas, y obviamente Clodio siendo hombre y desconociendo el ritual, cometió la torpeza de rechazar la invitación de una de ellas a participar en el mismo. Cuando le preguntaron entonces quién era y qué hacía allí, Clodio replicó que esperaba a Pompeya. Famosas últimas palabras, porque la voz masculina lo traicionó. La turba de mujeres comenzó a buscarlo, y Clodio consiguió apenas salir con vida del bacalao. Sin embargo, fue reportado, arrestado, y se le siguió juicio por sacrilegio. La aventura podía haberle significado la muerte, pero Clodio era un personaje querido por el pueblo de Roma, y los jueces, temiendo acabar linchados, acabaron por absolverle de los cargos, aunque se esmeraron en escribir el fallo de la manera más ilegible posible, para que la gente al leerlo lo interpretara como mejor se le diera la gana.
Por su parte, Julio César se divorció de Pompeya. Sin embargo, cuando se le preguntó por el incidente, respondió que él nada sabía. Lo que era razonable, considerando que no estaba en el lugar de los hechos. Los jueces, extrañados, le preguntaron entonces por qué se divorciaba, si no le constaba que su esposa le hubiera hecho crecer cornamenta, a lo que Julio César dio su inmortal respuesta: "Porque pienso que mi esposa debe estar por encima de toda sospecha". De ahí entonces que viene el célebre dicho de que "la mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo". Claro, con sus bemoles y todo, Julio César era un político de alturas. Otros, en cambio...
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jueves, 16 de agosto de 2012
Claudio y la censura.
Hemos explicado en otro posteo de Siglos Curiosos lo que era la censura en la antigua Roma. Que no era la actual censura de libros o películas (bueno, esto último es anacrónico, ehm...), sino la censura de costumbres. El censor en este sentido era un funcionario encargado de hacer valer la moral. En realidad, la censura tuvo su época dorada en la República Romana, pero la depravación generalizada del Imperio, sumado a que tachar a un ciudadano por malas costumbres tenía cada vez menos consecuencias (se perdían los derechos políticos, pero éstos bajo la férula de los Emperadores no tenían ningún valor de todos modos), hizo que la censura fuera cada vez menos aplicada. Lo que no quita que el Emperador Claudio (41 a 54 d.C.) se abocara a ejercerla. Con resultados pintorescos, como todo lo que rodea a este Emperador no especialmente brillante, pero tampoco tan malo como la triste reputación de tontorrón que se ha ganado para la posteridad.
En una ocasión, se le expuso el caso de un joven al que se le conocían montones de oprobios. Sin embargo, su padre lo declaraba intachable. Claudio, suspirando, despidió entonces al joven sin proclamar tacha. Cuando se le preguntó por qué había hecho eso, considerando que lo del joven era de escándalo público, replicó: "Tiene su censor".
En otra ocasión le pusieron por delante un joven famoso por sus adulterios y sus orgías, actividades que por supuesto no son excluyentes entre sí. Claudio le dio como admonición que se entregara "a los placeres propios de su edad, o al menos con más cautela", y luego añadió: "¿Qué necesidad hay que de que conozca yo el nombre de tu amante...?".
En otra ocasión, los amigos de un caballero tachado de infamia le urgieron a que eliminara la nota de infamia sobre el ciudadano (debido al carácter un tanto lábil de Claudio, era frecuente que la gente "se le subiera arriba del piano", por decirlo en buen chileno, faltándole el respeto a la dignidad imperial). Claudio, seguramente para librarse de esas pestes, ordenó que en efecto se suprimiera la nota de infamia, pero... "Quiero, sin embargo, que subsista la tacha". Chan-chán.
Parece ser que, con todo, Claudio tenía un entusiasmo supremo en tachar ciudadanos. Para efectos, ordenó que los ciudadanos llamados a rendir cuentas lo hicieran por sí mismos, o sea, sin abogados, seguramente para evitar los trucos habituales de la práctica forense. Con todo, los comisarios que tenía a cargo de buscar ciudadanos para tachar no parecieron demasiado eficientes, ya que muchos caballeros a quienes se llamó a comparecer ante el Emperador por celibato se presentaron con pruebas de ser casados, a quienes se llamó por falta de hijos se presentaron como padres, y los llamados por falta de caudal aparecieron después con riquezas. El caso más extremo fue el de una persona a la que se quiso censurar porque se le acusaba de haberse atravesado con una espada para quitarse la vida: el acusado, por toda defensa, se abrió la ropa para demostrar que no tenía ninguna herida...
En una ocasión, se le expuso el caso de un joven al que se le conocían montones de oprobios. Sin embargo, su padre lo declaraba intachable. Claudio, suspirando, despidió entonces al joven sin proclamar tacha. Cuando se le preguntó por qué había hecho eso, considerando que lo del joven era de escándalo público, replicó: "Tiene su censor".
En otra ocasión le pusieron por delante un joven famoso por sus adulterios y sus orgías, actividades que por supuesto no son excluyentes entre sí. Claudio le dio como admonición que se entregara "a los placeres propios de su edad, o al menos con más cautela", y luego añadió: "¿Qué necesidad hay que de que conozca yo el nombre de tu amante...?".
En otra ocasión, los amigos de un caballero tachado de infamia le urgieron a que eliminara la nota de infamia sobre el ciudadano (debido al carácter un tanto lábil de Claudio, era frecuente que la gente "se le subiera arriba del piano", por decirlo en buen chileno, faltándole el respeto a la dignidad imperial). Claudio, seguramente para librarse de esas pestes, ordenó que en efecto se suprimiera la nota de infamia, pero... "Quiero, sin embargo, que subsista la tacha". Chan-chán.
Parece ser que, con todo, Claudio tenía un entusiasmo supremo en tachar ciudadanos. Para efectos, ordenó que los ciudadanos llamados a rendir cuentas lo hicieran por sí mismos, o sea, sin abogados, seguramente para evitar los trucos habituales de la práctica forense. Con todo, los comisarios que tenía a cargo de buscar ciudadanos para tachar no parecieron demasiado eficientes, ya que muchos caballeros a quienes se llamó a comparecer ante el Emperador por celibato se presentaron con pruebas de ser casados, a quienes se llamó por falta de hijos se presentaron como padres, y los llamados por falta de caudal aparecieron después con riquezas. El caso más extremo fue el de una persona a la que se quiso censurar porque se le acusaba de haberse atravesado con una espada para quitarse la vida: el acusado, por toda defensa, se abrió la ropa para demostrar que no tenía ninguna herida...
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jueves, 2 de agosto de 2012
La asombrosa tribulación final de Giles Corey.
Salem, 1692. Apuesto a que ya saben de qué hablo, ¿no? Me refiero por supuesto a la célebre histeria colectiva que hizo devenir una caza de brujas en un brutal baño de sangre judicial. Arthur Miller se hizo sus pinitos escribiendo una obra teatral al respecto, y Winona Ryder se lució en una adaptación de la misma interpretando a una viborilla sociópata que arrastra a un pueblo entero junto con su condenación. Pero volvamos a Salem en 1692. Giles Corey y su esposa Martha, los protas de nuestra historia, no estaban inicialmente metidos en el lío, pero Martha Corey no era una mujer simpática para el pueblo, entre otras cosas por haber dado a luz a un hijo ilegítimo. Además, para colmo, Martha Corey fue extraordinariamente vocal en su repudio contra el procedimiento por brujería, poniendo en evidencia tanto a los jueces como a la histeria colectiva. Y ya se sabe cómo la gente fundamentalista se toma las cosas cuando se cuestiona su convicción íntima de que son lindas personas y Dios aprueba todo lo que están haciendo. Martha Corey terminó sometida a proceso.
Por alguna razón que ignoramos, Giles Corey hizo una deposición en la que incriminaba a Martha Corey, algo que pudo ser producto de un malentendido si consideramos que se trataba de un hombre ya octogenario. Dándose cuenta de su error, intentó retractarse, pero no se lo permitieron: una orden de arresto fue emitida en contra suya, y terminó implicado como otro de los sujetos sometidos a proceso. Una vez arrestado se le preguntó conforme a la ley, cómo es que se declaraba, si culpable o inocente. Pero Giles Corey se negó a lo uno o lo otro.
Una situación de esta naturaleza creaba un problema, ya que legalmente no se podía iniciar un proceso judicial contra alguien que no se declaraba culpable o inocente. El remedio para ello era una viejísima institución llamada "peine forte e dure" ("pena fuerte y dura"), cuyo nombre denuncia su origen medieval francés. La persona a la que debía arrancársele una declaración de inocencia o culpabilidad, era desnudada y tendida en el suelo boca arriba, poniéndosele después una plancha de madera con rocas encima. Después de unos cuantos kilos de escoria, era altamente probable que el tipo terminara declarándose lo uno o lo otro, abriendo camino para la vía judicial. Podemos imaginar el sufrimiento por el que pasó el octogenario a medida que las rocas se iban apilando, y él se negaba a dar una definición. Pasaron nada menos que dos días en los cuales sólo gritaba: "¡Más peso!". Finalmente, el 19 de Septiembre de 1692, terminó por fallecer asfixiado. Es la única persona en la historia judicial de Estados Unidos que ha terminado falleciendo luego de ser sometida a la tortura de aplastamiento hasta la muerte. Algo después, su esposa Martha fue una de las ejecutadas bajo condena de brujería.
La clave del misterio parece estar en el estatus legal de Corey frente a su propio proceso. Si se declaraba culpable de brujería, técnicamente dejaba de ser cristiano, y por lo tanto sus bienes podían ser confiscados. Por el contrario, si se declaraba inocente, era muy posible que terminara siendo condenado igual, debido a que para cualquiera que tuviera ojos para ver, los procesos estaban flagrantemente amañados. No en balde, así como en otras cacerías de brujas literales o metafóricas, muchas veces entre los culpables caían inocentes que eran denunciados por gentes envidiosas o simplemente ávidas de apoderarse de sus bienes. La única posibilidad de terminar libre de condena era no declarándose ni inocente ni culpable, y de ahí su homérica resistencia hasta las últimas consecuencias del suplicio. Su recompensa: el hecho de que sus bienes salvados de la confiscación terminarían pasando a manos de sus hijos como herederos suyos.
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jueves, 11 de agosto de 2011
Abogado con las manos deformes.

Durante su prolongada estancia investigando la lepra en la India, uno de los casos más curiosos que debió atender Paul Brand, no desde el punto de vista médico sino social, es el relacionado a un abogado de Calcuta. A mediados del siglo XX la lepra ya no era una condena segura desde el punto de vista médico, ya que existían tratamientos contra ella (siendo una enfermedad provocada por una bacteria, basta con diseñar buenos antibióticos, y la enfermedad puede ser contenida... un gran "basta", por supuesto). Pero en la India, país tradicionalmente pobre debido a su gran población, no todas las personas podían permitirse el costo del tratamiento, y los leprosarios eran por lo tanto casi parte del paisaje.
Pero este abogado de Calcuta, de quien por supuesto no llegó a saberse el nombre, tenía recursos como para pagarse un tratamiento particular contra la lepra. De hecho, se sometió a dicho tratamiento, y la enfermedad remitió. Pero aunque curado por completo de la lepra, quedaban las secuelas. La lepra no sólo ataca la piel, generando unas cicatrices características, sino que las emprende con los músculos y nervios de las extremidades, y como buena enfermedad degenerativa, el resultado es la atrofia progresiva. Aunque curado de la lepra, sus manos seguían atrofiadas, por supuesto, y esto era bien visible para cualquiera que tratara con él... o que litigara con él en un juicio.
Pronto otros abogados, con la petulancia característica en muchos de su oficio, alegaron que era ignominioso para la profesión que un hombre con las manos hechas pedazos defendiera una causa. El hombre incluso fue llevado ante tribunales, para obligarle a abandonar la profesión. Desesperado, éste escribió a Paul Brand, el mayor especialista del mundo en tratamiento de las deformaciones traumatológicas producto de la lepra. Debido a la urgencia del motivo, Paul Brand tomó el riesgo de operar las dos manos simultáneamente en un solo día (por protocolo, las operaciones solía efectuarlas en días consecutivos). Los resultados fueron espectaculares, y de hecho el abogado regresó para defenderse él mismo en la vista de la causa. Cuando se enumeraron los cargos, se puso en pie, y soltó un...
-- ¿Qué deformidades...? --, al tiempo que exhibía triunfante las manos que podían moverse sin problemas. Por supuesto que los cargos fueron levantados.
domingo, 24 de octubre de 2010
El curioso procedimiento formulario romano.

Hoy en día estamos tan acostumbrados a nuestro modelo de juicios, que cuesta pensar en otros sistemas que no sean el clásico anglosajón a lo Perry Mason, o quizás en ese siniestro proceso inquisitorial de tan honda raigambre hispanoamericana. Pero los romanos, padres fundadores de nuestro sistema jurídico gracias a su Derecho Romano, inventaron su sistema propio, que se llama el procedimiento formulario ("per formulas", en Latín). Irónicamente, nació como un procedimiento "de segunda clase", y poco a poco se fue instaurando como el procedimiento civil por excelencia.
El Derecho Romano arcaico (quiritario) se caracterizaba por un enorme ritualismo, ya que era literalmente sagrado (no se distinguía conceptualmente entre la ley de los hombres y las leyes divinas). Pero cuando el Imperio Romano empezó a crecer, hubo dos problemas. En primer lugar, tanto ritualismo sacramental más o menos inteligible para los romanos, lo hacía muy poco apropiado para culturas y pueblos extraños ahora sometidos a la férula romana. En segundo lugar, los que no eran ciudadanos romanos no podían acogerse a la justicia romana. Pero los romanos eran muy creativos, y los pretores (los magistrados encargados de las labores judiciales) se inventaron sobre la marcha un procedimiento nuevo, que en puridad no violaba el principio de que un magistrado romano sólo podía hacer justicia sobre leyes romanas y a los ciudadanos romanos, y que a la vez más sencillo para los litigantes no romanos. Se lo llamó "procedimiento formulario" porque las antiguas invocaciones rituales que debían hacerse de viva voz y en forma literal, fueron reemplazadas por "fórmulas", que no eran otra cosa sino documentos escritos por parte del pretor.
El procedimiento se dividía en dos fases, llamadas "in iure" ("en derecho") e "in iudicium" ("en justicia"). La cosa era así. Si había un pleito, las partes debían acudir ante el pretor. Este trataba de dilucidar cuál era el punto en que las partes estaban en desacuerdo, y en base a eso escribía la famosa fórmula. Y como su nombre lo dicen, estas fórmulas eran literalmente de fórmulas, un poco a la manera de los documentos actuales con formato previo en que se rellenan los espacios en blanco. He aquí un ejemplo de fórmula, más concretamente una "intentio in rem" (es decir, que el demandante tiene la intención de litigar para recuperar una cosa suya): "si paret hominem Sthicum ex iure Quiritium Auli Ageri esse" (es decir, "si resulta que el esclavo Stico es de propiedad civil de Aulio Agerio", recuérdese que los esclavos no eran personas sino cosas susceptibles de propiedad en el Derecho Romano).
Luego, se nombraba un "iudex" (un "juez"). He aquí el elemento interesante. El iudex no era un funcionario público, como nuestros actuales jueces, sino un ciudadano particular a quien la ley reconocía calidad moral suficiente para decidir asuntos judiciales ajenos (un poco como los actuales árbitros). El nombre de los ciudadanos idóneos estaba contenido en un texto llamado "album iudiciorum". Las partes podían ponerse de acuerdo sobre el iudex, y si no, se leían los nombres del album iudiciorum a viva voz, pudiendo rechazar los nombres que no les parecían aceptables (con algunas reglas adicionales para evitar trampas, claro). La fórmula aquí era escueta en grado sumo, muy romana en esto. Por ejemplo: "Marco iudex esto" ("sea juez Marco"). Decidida la cuestión y el juez, el asunto abandonaba las manos del pretor, y el iudex pasaba a hacerse cargo del problema, y resolverlo. Esto era la fase "in iudicium". De esta manera, el pretor en realidad no administraba justicia, sino que se limitaba a encauzarla hacia una solución haciendo uso de lo que podríamos llamar su "autoridad policial", y con esto evitaba violar el principio según el cual la ley romana sólo se le aplicaba a los ciudadanos romanos.
Irónicamente, este procedimiento bastante mecánico y expedito, como resultó mucho más flexible y práctico que los rígidos procedimientos antiguos, hizo caer en progresivo desuso al vetusto procedimiento quiritario. En el Imperio Romano se consideraba la ciudadanía romana como un privilegio, pero los ciudadanos romanos estaban felices de poder sustraerse al engorroso procedimiento propiamente romano, y resolver sus asuntos de la manera más sencilla que era el procedimiento formulario inventado para los "ciudadanos de segunda clase" que eran los no ciudadanos.
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jueves, 30 de julio de 2009
Los brujos de la Recta Provincia de Chiloé.

La lejanía de Chiloé respecto del centro de Chile, sumado a su carácter insular, la han convertido en un verdadero mundillo cerrado en lo que respecta a mitos, leyendas y tradiciones. La isla de Chiloé, de fama entre los chilenos por el carácter amable de sus habitantes, es también hogar de monstruos impensados y de brujos con aterradores poderes. Todo eso se une en la historia de la Recta Provincia, la más poderosa asociación de brujos chilotes, en abierta rebelión contra la autoridad central de Santiago.
Chiloé siempre fue una especie de suburbio en los dominios coloniales hispánicos de Chile. Tan alejado estaba y tan poco gravitaba en la vida nacional chilena, que fue el último bastión español en Chile que cayó en manos patriotas, en fecha tan tardía como 1826 (Santiago había sido asegurado en 1818). No es raro entonces que el gobierno español, y el chileno después, semiaislados de todo apoyo exterior, haya tenido que mantenerse en incómoda convivencia con las lealtades locales. Con todo, por la fuerza de las armas y con el apoyo de la Iglesia Católica, impusieron el sistema de haciendas y el inquilinaje como medio de explotación rural, tal y como lo hicieron en otras partes de Chile y América, sistema que pervivió en Chile hasta la Reforma Agraria de 1964-1973. ¿A quiénes iban a volverse los chilotes asustados por un sistema que favorecía ampliamente a los afuerinos? Pues, a sus brujos.
Los brujos chilotes se congregaban en la Cueva de Quícavi. Andando el tiempo formaron la Recta Provincia, una asociación secreta que era una verdadera especie de gobierno en las sombras, dentro de Chiloé. Un brujo oficiaba como monarca absoluto, y habían siete reyes por cada una de las siete provincias de Chiloé, designadas en clave con topónimos afuerinos: Buenos Aires (Achao), Salamanca (Rauco), Perú (Caucahue), Villarrica (Dalcahue), Lima (Quicaví), Santiago (Tenaún) y España (Payos, Queilen y Compu). Para ingresar a la sociedad secreta y hacerse brujos, los candidatos debían sumergirse bajo una pequeña cascada, cuya localización actual no es completamente segura: en dicha cascada se lavaban de las aguas bautismales y renegaban así del Cristianismo (debe recordarse que en la época se aplicaba el sacramento bautismal a la gente siendo bebés casi recién nacidos, hasta el punto que las actas parroquiales de bautismo eran el equivalente del actual certificado de nacimiento ante el Registro Civil). La rebelión política y religiosa se fusionaban así en una sola, en lo que muchos han querido ver como un muy autóctono movimiento independentista chilote en los siglos XVIII y XIX. Porque se suponía que los brujos usaban sus temibles poderes para causar daño, enfermar y aún matar a los hacendados que fueran abusivos con sus peones, o a quienes fueran autoridades civiles y religiosas que les apoyaran en sus exacciones.
En 1880 se abrió el expediente criminal "Contra Mateo Coñuecar y otros por asociaciones ilícitas y envenenamientos". De esta manera, los juzgados de la República de Chile se lanzaron a investigar esta sociedad secreta. Muchos sospechosos de profesar la brujería fueron apresados e interrogados. Se sospecha que se les aplicó la tortura para arrancarles confesiones. De lo que consta en dicho expediente, sale mucho de lo que se sabe sobre la Recta Provincia actualmente. Aún así, la mayor parte de los brujos fueron después liberados, porque no pudo acreditárseles que, aparte de practicar algunos rituales de magia negra, en efecto hayan causado daño material a otras personas (ni siquiera por medio de la magia a distancia), ni tampoco pudo determinarse que la asociación por ellos creada fuera realmente ilícita. Se supone que en esas fechas, por el acoso judicial, acaso ayudado por rencillas internas entre los propios brujos, la Recta Provincia desapareció. Aunque, con el secretismo de los brujos chilotes, eso es algo que sigue envuelto en el misterio, y quizás durante mucho tiempo más siga así...
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jueves, 23 de abril de 2009
El juicio contra Protágoras.

Protágoras de Abdera fue sin lugar a dudas uno de los filósofos más importantes de la Antigua Grecia. Sin embargo, para nuestra desgracia, a pesar de haber escrito varias obras (Diógenes Laercio, importante biógrafo de la Antigüedad, menciona al menos once), ninguna de ellas se conserva. Y es que Protágoras no pretendía enseñar grandes doctrinas filosóficas (a pesar de que las tenía), sino que tendía a la enseñanza práctica, fundamentalmente de la Oratoria, y por lo tanto, fue presa fácil para los místicos disfrazados de filósofos como Platón y otros (el propio Platón se dignó, de todas maneras, escribir un diálogo sobre Protágoras). Por su parte, Protágoras tuvo un final un tanto desgraciado, a resultas de un juicio que se le siguió por impiedad.
Protágoras llegó a Atenas y vivió en dicha ciudad en el siglo V a.C., un período excepcional como pocos en la Historia, por el cúmulo de genios que allí se reunieron y desarrollaron sus talentos artísticos, científicos, históricos, literarios y filosóficos. Protágoras llegó a ser amigo de Pericles el Olímpico, el principal líder ateniense, y esto pudo haberle valido la desgracia, ya que el juicio contra Protágoras coincidió con una ola general en contra de este líder.
El pretexto que encontraron para enjuiciar a Protágoras fue que éste habría escrito un tratado ("Sobre los dioses") que ponía en duda a los dioses, y que leyó a algún grupo de amigos. Diógenes Laercio cita así sus primeras palabras: "Con respecto a los dioses no puedo conocer ni si existen ni si no existen, ni cuál sea su naturaleza, porque se oponen a este conocimiento muchas cosas: la oscuridad del problema y la brevedad de la vida humana". Es obvio que con estas palabras está haciendo profesión de agnosticismo y no de ateísmo, porque cuestionaba a los dioses, pero no los negaba de raíz, pero esto bastó para que sus enemigos le acusaran (como puede verse, la famosa Ciudad Luz de la Antigüedad y la que muchos consideran "cuna del pensamiento racional", a veces podía también ser harto irracional). Diógenes Laercio menciona a un tal Pitidoro como su acusador, pero Aristóteles menciona a un tal Evatlo, lo que tendría mucho sentido porque según Diógenes Laercio, Evatlo era discípulo de Protágoras y le debía unos honorarios... que jamás tendría que pagar si Protágoras terminaba condenado.
Parece ser que Protágoras terminó siendo condenado al destierro, bajo la acusación de "asebia" o impiedad (la misma con la que Sócrates fue condenado a muerte, unos treinta años después). Según refieren varias fuentes, la nave en que viajaba naufragó, y Protágoras habría muerto ahogado. Esto sucedió probablemente hacia 429 a.C., pero las fuentes no concuerdan en su edad (70 o 90 años). Así terminó la breve y triste aventura agnóstica y de libertad de pensamiento de Protágoras, ahogada por el falso puritanismo y su buen poco de mezquindad política...
NOTA DE SIGLOS CURIOSOS: Este posteo sobre libros, libertad de pensamiento, agnosticismo y censura religiosa, es una publicación especial de Siglos Curiosos en el Día Internacional del Libro. Que los lectores de Siglos Curiosos encuentren buen solaz en nuestros viejos compañeros los libros, son los deseos de su seguro servidor el General Gato.
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jueves, 26 de marzo de 2009
De cómo Evatlo trampeó a Protágoras.

Protágoras de Abdera, el filósofo griego que prosperó en la Atenas del siglo V a.C., es conocido en la Historia de la Filosofía por sus ideas fuertemente relativistas ("el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son") y su espíritu más bien pragmático. Pero también es famoso por el desdén que le inspiraba a Platón, no sólo por sus ideas (Platón era un fundamentalista místico, y no podía ver con buenos ojos el relativismo protagórico), sino también porque Protágoras cobraba por sus lecciones, mientras que Platón las impartía gratis.
Platón obvia, por supuesto, el hecho de que él mismo pertenecía a una familia aristocrática ateniense y podía dedicarse a la Filosofía ad honorem, mientras que Protágoras era extranjero (de Abdera probablemente) y alguien que podríamos llamar de "clase media", porque las fuentes antiguas informan que trabajó en su juventud como mozo de cuerda, y por ende, era lógico que cobrara por las lecciones que impartía. Al respecto, Platón pone en boca de Protágoras las siguientes palabras: "He establecido para el pago de mis honorarios este criterio: Cuando alguien ha terminado de recibir mis enseñanzas, me paga el precio que le pido, si le parece bien; en caso contrario, yendo a un templo y bajo juramento, manifiesta en cuánto evalúa mis enseñanzas, entregándome sólo esa cantidad".
Pero uno de los estudiantes de Protágoras, un tal Evatlo, salió más astuto que el maestro. Protágoras era conocido por su afirmación de que sobre todas las cosas podía haber dos tesis opuestas. Parece que con ello quiso decir sólo que con buenos argumentos siempre era posible sostener opiniones en controversia, pero esto fue caricaturizado diciendo que Protágoras enseñaba a sostener el argumento más débil y convertirlo en el más fuerte, a base de puras piruetas dialécticas, y que no pueden haber dos ideas opuestas sobre la realidad (olvidando que Protágoras hablaba de opiniones y no de hechos, por supuesto). Por eso la anécdota de Evatlo ha sido repetida con cierto regocijo, por ser la derrota de Protágoras en su propio juego.
Evatlo quería dedicarse a la práctica forense, y para ello acudió a estudiar Oratoria con el mejor, o sea, con Protágoras. Alegó Evatlo que no tenía dinero para pagar la enseñanza, y Protágoras aceptó enseñarle, siempre que Evatlo le abonara sus honorarios después de ganar su primer juicio. Terminó la enseñanza, pero Evatlo se negó a tomar ningún juicio, para así no pagarle a Protágoras. Encontró entonces Protágoras a Evatlo y le dijo:
- Evatlo, te voy a demandar a los jueces por lo que me adeudas. Si pierdes el juicio tendrás que pagarme porque a eso te habrán condenado los jueces y deberás acatar la sentencia. Si lo ganas, habrás ganado tu primer juicio y por lo tanto igualmente tendrás que pagarme, porque así lo acordamos.
Pero Evatlo, tan frescamente, habría respondido:
- Aunque me demandes no te pagaré, porque si gano, entonces deberé acatar la sentencia y no tendré que pagarte, y si pierdo, entonces no habré ganado mi primer juicio y por lo tanto no tendré obligación de pagarte...
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domingo, 15 de marzo de 2009
La violación de Artemisia Gentileschi.
Artemisia Gentileschi fue una gran pintora del Barroco italiano. Sin embargo, presumiblemente por ser mujer, no ha recibido a lo largo del tiempo tanta atención o veneración por parte de los estudiosos o críticos del arte, por no hablar del público en general. Su historia personal estuvo marcada por la tragedia, muy en particular por aquella vivida en 1612, en que fue violada por un pretendiente, y que marcó toda su trayectoria pictórica posterior.Artemisia Gentileschi nació en 1593, y era hija de Orazio Gentileschi, otro pintor. Tanto ella como su padre eran adeptos al Tenebrismo, la escuela pictórica desarrollada por Caravaggio, y que ponía un énfasis supremo en los efectos violentos de iluminación. A pesar del talento de la Gentileschi, no fue admitida en ninguna academia pictórica debido a ser mujer. Orazio Gentileschi se puso a trabajar con un tal Agostino Tassi, quien se fijó en su hija. Pero Artemisia Gentileschi se negó a aceptar los requerimientos de Agostino Tassi, por lo que éste simplemente, un día, la encerró en su habitación y la violó. Luego, Tassi le prometió a Artemisia que se casaría con ella para lavar su deshonor, y bajo esta promesa (falsa, por cierto), Artemisia accedió a seguir teniendo relaciones sexuales con él.
Orazio Gentileschi fue quien promovió la querella contra Tassi. En el juicio, Artemisia Gentileschi fue sometida a aparatos de tortura que laceraban los dedos, algo especialmente grave para un pintor, pero ella repitió punto por punto su historia y fue creída. Agostino Tassi, por contraste, mintió tan desaforadamente que los propios jueces le conminaron repetidas veces a no seguir mintiendo. Acusó a Artemisia de haber escrito cartas eróticas a otros hombres (sin embargo, ella no sabía escribir...), de que tanto ella como su hermana y su madre muerta recibían continuamente amantes en su casa, e incluso que Artemisia había cometido incesto con su padre. Pesó contra Agostino Tassi, el ser hombre de carácter violento y pendenciero, además de haber estado casado (hecho que, por supuesto, le había ocultado a Artemisia al prometerle matrimonio). Finalmente fue condenado a prisión, aunque unos meses después obtuvo perdón y fue liberado.
Las pinturas más famosas de Artemisia Gentileschi son de tema bíblico, como "Judit degollando a Holofernes", "Susana y los viejos" y "David y Betsabé". En todas ellas, y en varias otras, está presente la idea de las mujeres vulnerables y desnudas frente a hombres violentos y depravados. Esta temática, sumada a su talento y a sus infortunios, convirtieron a la postre a Artemisia Gentileschi en un icono para la rama más culta del feminismo, ya en pleno siglo XX. Posiciones ideológicas aparte, el arte de la Gentileschi ha sido también revalorizado, y ha ido ocupando el lugar que merecidamente le corresponde entre las grandes figuras del Barroco italiano.
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jueves, 19 de febrero de 2009
El primer juicio por derechos de autor en el cine.

El Cine podrá ser un arte reciente, nacido apenas en 1895 (la Literatura, en cambio, data de la Antigüedad, y la Pintura del Paleolítico), pero aún así se las arregló para evolucionar con rapidez. Apenas una docena de años después de su nacimiento, ya el cine veía su primer litigio por derechos de autor. Para entender esto, debemos retroceder hasta el siglo XIX. En el mundo anglosajón, y especialmente en América, los productores teatrales habían descubierto el extraordinario filón que representaban las novelas para adaptarlas como obras escenográficas. El asunto era: si se adaptaba una novela de éxito, o muy bien recomendada, pero a menudo gruesa y por lo tanto larga de leer, el público iría a verla porque siempre era mejor perder una noche en una velada teatral, que varias bajando gruesos novelones victorianos. Particular éxito tuvieron los toga plays, que podríamos definir como "obras teatrales de romanos", porque permitían a las compañías más exitosas y adineradas, ciertos alardes escenográficos que aumentaban la espectacularidad.
En 1907, la productora cinematográfica Kalem Studios (una de las tantas que existió en la época del cine mudo, y que cerca de una década después fue absorbida por otro estudio mayor) intentó adaptar la novela "Ben Hur", de Lew Wallace, en un filme de aproximadamente 15 minutos. Quienes hayan leído la novela, o visto el "Ben Hur" de 1959 con Charlton Heston, saben que la obra se ambienta en la época de Cristo, y se trata de un judío injustamente condenado a galeras, que años después regresa a vengarse de su antiguo amigo Mesala, quien lo ha arruinado a él y a su familia. Kalem Studios hizo su adaptación no sobre la novela misma (publicada por Lew Wallace en 1880, y desde entonces y por varias décadas un gran éxito editorial como literatura "juvenil" y "edificante"), sino sobre un toga play de 1899. Ya el toga play en cuestión había sido un exitazo, por varios alardes técnicos, incluyendo el montar la carrera de cuadrigas en escena con caballos de verdad.
De inmediato, sobre Kalem Studios cayeron sendas demandas, de parte de los herederos de Lew Wallace, así como de los productores Klaw & Erlanger (los de la obra teatral de 1899), por infracción a los derechos de autor. En la época se consideraba que el cine era poco menos que una atracción de feria, o una especie de "teatro filmado", y por lo tanto, Klaw & Erlanger alegaron que sus derechos para adaptar "Ben Hur" al teatro, comprendían también los derechos para hacer adaptaciones cinematográficas. Es de considerar que Marcus Klaw y Abraham L. Erlanger no eran precisamente mansos corderos: eran conocidos por sus despiadadas tácticas de mercado, habían formado un verdadero holding de productores teatrales, y dominaron el mercado entre 1890 y 1910 aproximadamente construyendo un verdadero monopolio de salas de teatro (en la época primigenia del cine, el teatro era todavía un negocio substancioso). Kalen Studios se defendió alegando que el copyright sobre la novela alcanzaba sólo a las palabras escritas, y la descripción visual escapaba de su protección, que la pantomima de la película (era cine mudo aún, recordemos) no alcanzaba al discurso escrito ni los diálogos de los personajes en la novela, y que la exhibición de películas no podía considerarse como "pública difusión", al requerir de medios técnicos mucho más complejos que el teatro.
En 1911, los tribunales fallaron que Klaw & Erlanger tenían razón, y que Kalem Studios habían infringido los derechos autorales al hacer su película. En consecuencia, se ordenó su destrucción. Lo único que sobrevive hoy en día del "Ben Hur" de 1907, son algunos fragmentos con la famosa carrera de cuadrigas. En 1922, algo más de cuarenta años después de publicada la novela, cuando MGM decidió realizar una nueva adaptación, prefirió llegar a un acuerdo con Klaw & Erlanger antes de hacer cualquier otra cosa. Se rodó entonces la versión de 1922, y luego una nueva versión (la famosa con Charlton Heston en 1959) que marcó un récord al llevarse 11 Premios Oscar, marca imbatida hasta el "Titanic" de James Cameron en 1997.
Pero volviendo al "Ben Hur" de 1907, después de dicho juicio, los productores cinematográficos se anduvieron con más cuidado a la hora de hacer adaptaciones libremente. Con todo, las adaptaciones de obras teatrales al cine no desaparecieron. El celebérrimo "Drácula" de 1931 (el con Bela Lugosi), por ejemplo, no intentaba adaptar la novela original de Bram Stoker, sino la adaptación teatral de John Balderston y Hamilton Deane (pagando los correspondientes derechos de autor, claro está), que a su vez sí estaba basada en la novela original. Por cierto, dicha novela ya había sido adaptada en Alemania, no siendo otra sino la famosa "Nosferatu" de Murnau de 1922, con el nombre del vampiro cambiado para no pagarle derechos de autor a la viuda de Bram Stoker...
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jueves, 1 de enero de 2009
La Guerra del Paranal.

La Guerra del Paranal no fue librada en el campo de batalla, por supuesto, sino en los tribunales. Pero es una de las anécdotas más curiosas relacionadas con la Astronomía en Chile (¡y con la ESO, la European Southern Observatory!), y merece su reseña en Siglos Curiosos. El Observatorio del Cerro Paranal está ubicado en la Segunda Región de Chile, una de las más excepcionales del mundo para la observación astronómica, con sus 350 noches de cielo completamente despejado y sin nubes (por otra parte, una de cal y una de arena, el Desierto de Atacama es el más seco del mundo...).
El asunto partió nada menos que durante la Guerra del Pacífico. Conquistado militarmente a los bolivianos el territorio que después iba a ser la Región de Antofagasta en 1880, el Almirante Juan José Latorre (uno de los líderes militares chilenos de la guerra) fue recompensado con vastas tierras en la región, que por cierto en esa época carecían por completo de valor. Un siglo después, la European Southern Observatory, que ya poseía el Observatorio del Cerro La Silla desde los '60s, consiguió que el gobierno militar les regalara 72.000 hectáreas de terreno en la Segunda Región, por decreto supremo de Octubre de 1988. En dichas tierras empezó en 1992 la construcción del VLT ("Very Large Telescopy", "Telescopio Muy Grande" en español). La medida fue muy resentida por los astrónomos chilenos, quienes alegaban que no se les garantizaba tiempos de observación tan amplios como lo hacían los observatorios de Estados Unidos, como el de Cerro Tololo. Tampoco el ESO aplicaba las leyes laborales chilenas, tema altamente sensible considerando que acabada la dictadura militar, el tema de los derechos laborales estaba en plena oleada creciente.
Pero lo peor vendría después. En 1993 los herederos de Juan José Latorre, que nunca se habían preocupado mayormente de esas tierras, presentaron una demanda judicial. En Febrero de 1995, la Corte Suprema ordenó detener la construcción del telescopio. El receptor judicial encargado de notificar la resolución, entró escoltado con Carabineros de Chile a cumplir su tarea. Los embajadores de los estados miembros de la ESO protestaron formalmente, y el embajador de Alemania dio a entender claramente que el incidente podría afectar las relaciones bilaterales germanochilenas.
El nudo se desató gracias a los buenos oficios del físico Claudio Teitelboim, quien se reunió con Riccardo Giacconi (director del ESO por aquellos años) y José Miguel Insulza (en aquellos años Ministro de Relaciones Exteriores). Después de una delicada ronda de conversaciones, Giacconi se comprometió a respetar los derechos laborales que garantizaba la ley chilena, y a asegurar a los astrónomos chilenos un 10% de las noches para uso de éstos. A la vez, el gobierno chileno le pagó seis millones de dólares a los herederos de Juan José Latorre, por esos terrenos, a fin de que no prosiguieran adelante con sus reclamaciones. Y el telescopio pudo finalmente ser construido...
¡¡¡POSTEO ANIVERSARIO!!! Hoy día, 01 de Enero de 2009, Siglos Curiosos cumple tres años en línea. Han sido tres años estupendos de repasar los más impensados rincones de la Historia Universal, tratando de convertir una disciplina considerada por muchos como tediosa o árida, en algo vivo y presente. Un millón de gracias a los lectores de Siglos Curiosos por seguir este blog y comentarlo, y ahora vamos a por nuestro cuarto año. Nos vemos el próximo Domingo.
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domingo, 17 de febrero de 2008
La ensalada por los derechos de James Bond.
La historia de los derechos sobre la franquicia fílmica de James Bond es bastante enredada, y dice mucho sobre como funciona el sistema de propiedad intelectual... O como malfunciona, mejor dicho. Porque siendo la franquicia Bond, como lo era, una mina de oro cinematográfica, las garras de varios ambiciosos se precipitaron encima, incluyendo un largo litigio judicial al respecto. Y todo por la imprevisión de su creador, Ian Fleming... En apretado resumen, es más o menos como sigue.La primera novela de Ian Fleming fue "Casino Royale", sentando en ella las bases de lo que iba a ser el personaje. Después siguió escribiendo una cada año. La novela llamó la atención de los productores de una serie televisiva de suspenso británica de los '50s, llamada "Climax!", que solía comprar novelas policiales y de espías para adaptarlas como capítulos autoconclusivos e independientes entre sí (un poco al estilo de la "Dimensión Desconocida" con historias de terror y ciencia ficción). La televisión de la época vio entonces el potencial de Bond, e incluso llegaron a encargar una serie televisiva entera sobre el personaje, la que de todos modos no llegó a producirse. Pero quedaron los guiones dando vueltas, entre ellos uno que Ian Fleming después redujo a novela: "Operación Trueno". Ahí empezaban los problemas...
Dos avispados productores, Harry Salzmann y Albert Broccoli, decidieron explotar el potencial de James Bond para el cine. Para eso, compraron a Ian Fleming los derechos sobre la franquicia entera, salvo "Casino Royale", cuyos derechos estaban en manos de la BBC. De ahí que, cuando la franquicia Bond estaba en su apogeo, otro grupo de avispados productores compró los derechos sobre "Casino Royale" a la BBC, y produjo la peli "Casino Royale" de 1967, que era una parodia a las pelis propiamente Bond. Para la trivia, digamos que el James Bond de esta parodia fue David Niven, y que el "otro Bond", el "impostor" (léase entre líneas, el interpretado por Sean Connery), desapareció misteriosamente en acción...
En 1965, por su parte, adaptaron "Operación Trueno" para el cine; Harry Salzmann y Albert Broccoli unieron para ello fuerzas con Kevin McClory, coproductor de la abortada serie televisiva de Bond. Pero McClory ya estaba embarcado en un juicio contra Ian Fleming, acusándolo de plagio por publicar la novela de "Operación Trueno" como propia, en vez de basarse en una idea del propio McClory... El juicio se dilató por años, y terminó en un fallo recién en 1977, cuando ya el propio Ian Fleming había muerto. En el fallo, la franquicia Bond quedó en manos de los herederos de Ian Fleming (que siguieron sacando novelas como churros, contratando a escritores mercenarios para la faena), pero unos once elementos de "Operación Trueno", incluyendo su supervillano Blofeld (el tipo sentado en su sillón con un gato blanco) y su organización SPECTRA pasaron a manos de McClory. Con los años, éste aprovechó dichos derechos para sacar una peli Bond alternativa, "Nunca digas nunca jamás", en 1983, recontratando para ello al Bond original, Sean Connery... (en esos años el James Bond oficial era Roger Moore, y esta peli compitió contra la oficial "Octopussy", en lo que los mass media llamadon "la batalla de los Bond").
Todo esto terminó a finales de los '90s, cuando una serie de arreglos contractuales permitieron que los derechos de "Casino Royale" y "Operación Trueno" (y su remake "Nunca digas nunca jamás") pasaran definitivamente a manos de EON, la productora de las pelis Bond "oficiales", con los sucesores de un ahora fallecido Albert Broccoli (la productora actual es Barbara Broccoli, su hija). Así es como en 2006 se pudo por fin filmar un "Casino Royale" oficial, la tercera después de la versión televisiva de 1954 y la paródica de 1967...
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domingo, 9 de diciembre de 2007
El primer juicio por tráfico de marihuana en Chile.
El primer juicio que se siguió en Chile contra el consumo de marihuana, es de fecha tan reciente como 1969. Y es que hasta hace no mucho tiempo atrás, el consumo de drogas estaba, en realidad, más o menos despenalizado. Pero en Julio de 1969, la ley chilena acababa de declarar ilegal el consumo de marihuana (sí, hubo una época en que consumir no estaba penado por la ley). Todo el mundo sabía, y no había por qué ocultarlo demasiado, que el consumo de marihuana se centraba en una galería llamada Drugstore, mejor conocida como "Drógatestore". Por lo que efectivos de la Brigada Contra el Vicio se dirigieron allá, apenas promulgada la ley, para organizar una redada. Cinco chicos de clase alta que paseaban por ahí, consumiendo de paso, fueron limpiamente agarrados, y en el registro subsiguiente se les encontró paquetes y cigarrillos con marihuana, ganándose con ello el dudoso honor de ser los primeros en ser llevados a juicio por consumo de marihuana en Chile. Era el Sábado 06 de Julio de 1969.En el transcurso del proceso, las declaraciones fueron envolviendo a más gente. También la prensa se festinó con los detalles mórbidos de la historia, incluyendo notas de prensa y reportajes sobre orgías de sexo y droga que habrían montado los procesados (eran los liberales '60s, de todas maneras). Hasta a un agricultor del por entonces pueblo campesino de Los Andes fueron a buscar, por haber proporcionado la marihuana, pero éste se defendió diciendo que no tenía idea de los efectos perjudiciales de la hierba.
El primero en salir libre, a los tres días, fue Rafael Edwards. Este era sobrino del director del diario derechista "El Mercurio", lo que alimentó la hoguera para que la prensa de izquierda las emprendiera contra los grupos de poder político y económico, los "hijos de la burguesía". El caso adquirió un sesgo político: no en balde, los detenidos eran todos hijos de burgueses y no proletarios del pueblo. Empezaron también las redadas contra los colegios "jaibones" (acomodados), y la paranoia en ellos prendió. Pasaron unos dos meses, y el asunto fue muriendo de muerte natural, en particular cuando los últimos tres inculpados salieron en libertad, sin que se les pudiera probar el delito de tráfico de drogas.
Para la trivia, mencionemos que en el punto más álgido del proceso, la Corte Suprema nombró a un ministro en visita, y éste no fue otro sino Hernán Cereceda, tristemente célebre porque en 1993 se transformó en el primer ministro de la Corte Suprema en toda la historia de Chile, que fue destituido mediante una acusación constitucional, acusado de venalidad (no por el caso de la marihuana, por supuesto).
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domingo, 25 de noviembre de 2007
"Separados pero iguales".
Una de las más oscuras páginas de la segregación racial en Estados Unidos, es aquella de la doctrina "separados pero iguales". La historia es la siguiente.Después de 1865, acabada la Guerra Civil de Estados Unidos, se proclamó legalmente que la esclavitud quedaba abolida (13a Enmienda), y que de hecho, los negros y los blancos eran iguales, y con igual derecho a ser protegidos por la ley y el Estado (14a Enmienda). Por supuesto que esto disgustó a los blancos, en particular a los blancos del Sur, quienes apenas las tropas del Norte se retiraron, pasaron una serie de leyes de segregación racial. Frente a ellas, el Estado no hizo nada, porque se estimó que la 14a Enmienda se aplicaba sólo al Estado, y no a los particulares que aplicaran la segregación en sus propios servicios.
No tardaron en aparecer los rebeldes a las leyes, y con ellos, los juicios sobre el particular. En Mayo de 1896, en el caso "Plessy vs. Ferguson", la Corte Suprema de Estados Unidos falló con siete votos a favor y sólo un disidente, que las leyes de segregación racial no vulneraban la igualdad de derechos entre blancos y negros, en tanto ambos grupos segregados recibieran un trato igual. Con lo que se impuso la doctrina de "separados pero iguales".
En la práctica, naturalmente, los negros recibían peores servicios que los blancos, incluyendo menos subvenciones educacionales por parte del Estado, lo que llevaría a nuevas revueltas sociales. Cuando el movimiento por los derechos civiles entró en efervescencia, en los '50s, se ventiló un nuevo juicio, el caso "Brown vs. Board of Education", en la que un grupo de padres demandó el fin de la segregación racial en Kansas. La Corte Suprema señaló, esta vez por la unanimidad de los nueve votos, que toda segregación era, de hecho, una situación de desigualdad. No fue el fin de la segregación, por supuesto, ya que aún quedaba por luchar contra ella en el uso de los bares y de los medios de locomoción, pero al menos destruyó para siempre la doctrina del "separados pero iguales", en cuyo nombre los segregacionistas pudieron durante tanto tiempo reirse en la cara de sus compañeros estadounidenses.
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jueves, 8 de noviembre de 2007
La Masacre de Nanking.
Cuando uno piensa en las atrocidades de las guerras desde una perspectiva histórica, uno tiende a recordar pueblos como los aztecas o los asirios. Y sin embargo, en el mundo moderno siguen haciéndolo bastante bien. Aparte de los horrores de los campos de concentración, uno de los más espantosos episodios del siglo XX se vivió en lo que suele llamarse la Masacre de Nanking, o también la Violación de Nanking (Rape of Nanking, en inglés). La historia es la siguiente.El 13 de Diciembre de 1937, las tropas japonesas ingresaron en la ciudad de Nanking (actual Nanjing), en el curso de la invasión que el Imperio Japonés lanzó contra China antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante ocho semanas, 50.000 soldados japoneses masacraron a 300.000 civiles en la ciudad, con métodos de la peor brutalidad. Los niños eran lanzados al aire para que se ensartaran en las bayonetas. Algunas personas fueron enterradas en el suelo hasta la cintura, para después ser aplastadas por los tanques. Hubo prisioneros que fueron utilizados para que los soldados japoneses practicaran en ellos el uso de las bayonetas. Uno de los episodios más controvertidos (aunque hay quien pone en duda su historicidad) es un concurso organizado para determinar quién decapitaba primero a espada limpia a 100 prisioneros. Mujeres desde lactantes a abuelas, más de 80.000 en total, fueron sometidas a violaciones masivas; y les cortaban los senos, a la par que los hombres eran castrados. En el caso de las mujeres embarazadas, las desmembraban y arrancaban el feto; en algunos casos eran violadas después, y asesinadas a continuación, a bayonetazos. Los padres fueron forzados a violar a sus hijas, bajo amenaza de matar a otros miembros de la familia, y lo mismo los hijos a sus madres. Los monjes con voto de celibato fueron obligados a violar mujeres, tan solo para diversión de los japoneses. Algunos pocos "afortunados" consiguieron salvarse simulando estar muertos, algo más o menos simple entre las montañas de cadáveres.
Aunque había una gruesa colonia occidental en Nanking, al empezar los bombardeos casi todos ellos abandonaron la ciudad, excepto 22. Unidos en un improvisado Comité Internacional para la Zona de Seguridad de Nanking, la colonia occidental contribuyó a salvar las vidas de al menos 50.000 chinos que allí encontraron refugio (quizás fueron más, y hay estimaciones de hasta 250.000). Más remarcable aún, en un hito que los honra como seres humanos, es que no hubo distinción de ideologías: sacerdotes estadounidenses trabajaron mano a mano con altos jerarcas nazis en el objetivo mancomunado de combatir los horrores que se vivían en las calles de Nanking.
¿Por qué tanto ensañamiento contra la población china? La historiadora Iris Chang señala varias razones. Por un lado, apunta que Nanking habría sido un laboratorio en donde habrían preparado a los soldados japoneses para sentir odio contra los pueblos no japoneses, y así incrementar su brutalidad durante la guerra. También habría influido el trato brutal que los superiores del ejército japonés aplicaban a la tropa, y que permitieron a éstos hacer aflorar toda su rabia contenida durante años, en contra de víctimas civiles indefensas. Y también apunta al rol de la propaganda nacionalista: ésta afirmaba que los chinos eran inferiores a los japoneses, incluso subhumanos, que el destino manifiesto de Japón era controlar toda Asia, y que por lo tanto, los actos de brutalidad contra la población china estaban legitimados, porque después de todo, los chinos no eran seres humanos con los cuales hubiera una obligación moral de respeto.
Después de la guerra, el Tribunal de Tokio juzgó al general Iwane Matsui bajo el cargo de crímenes contra la Humanidad, por los hechos de la Masacre de Tokio. Fue condenado, y ahorcado en 1948. Sin embargo, revisando antiguos archivos, la historiadora Iris Chang ha destacado que Matsui estaba enfermo en aquellos días, y que probablemente fuera el Príncipe Asaka, de la Casa Imperial japonesa, quien estuviera a cargo, y por lo tanto fuera el responsable directo. Sin embargo Asaka sólo prestó testimonio ante el Tribunal, y nada más, y eso tan solo para negar los hechos; había un pacto previo entre Hirohito y Douglas McArthur, de que ningún miembro de la Familia Real iba a ser llevado a juicio. El precio de la impunidad, según Iris Chang: Japón debería entregar a Estados Unidos el resultado de todas sus investigaciones realizadas sobre la guerra biológica, efectuadas en prisioneros en los campos de concentración de China durante la guerra.
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miércoles, 7 de febrero de 2007
¿Era Leonardo da Vinci un sodomita...?
Leonardo da Vinci es considerado, con justicia, como uno de los mayores genios en la Historia Universal. Aunque su obra científica no tuvo mayor repercusión, y sus manuscritos fueron redescubiertos y valorados cuando toda esa ciencia estaba virtualmente superada, su proyección pictórica es insuperable.Uno de los rumores más persistentes en torno a Leonardo da Vinci es el problema de si era o no homosexual. Usualmente se considera que fue Sigmund Freud quien lanzó la hipótesis al mundo. Es cierto que Freud defendió la tesis de la homosexualidad de Leonardo, pero de manera alguna fue el primero.
Para ser concretos, en realidad fueron los propios florentinos los primeros en sospechar. Corría el año 1477, Leonardo tenía 24 años, y fue llevado a juicio bajo la acusación de sodomía, algo sumamente grave en aquellos tiempos, ya que un sodomita podía ser castigado con la hoguera, como hereje. Leonardo salió absuelto de los cargos, pero la duda quedó siempre flotando en el ambiente. ¿Cuánto de auténtica tenía la persecusión judicial, y cuánto había en ella de envidia por parte de sus contemporáneos menos talentosos? Es difícil saberlo. Como fuere, es probable que el juicio seguido a Leonardo por sodomía haya sido el más poderoso aliciente para empujarle a emigrar: entre 1482 y 1498 prestó sus servicios a Ludovico el Moro, el poderoso señor de Milán, bien lejos de Florencia.
Nunca se le conocieron a Leonardo romances con chicas. Además, solía rodearse de bellos efebos, aunque eso pasaba por labores de modelaje. Por otra parte se ha remarcado varias veces la androginia que rodea a sus personajes masculinos y femeninos. Se ha dicho, incluso, que la Mona Lisa podría ser un autorretrato, con él mismo disfrazado de mujer. Todo esto no son más que especulaciones, por supuesto, pero alimentan la leyenda del misterioso genio florentino.
Para ser concretos, en realidad fueron los propios florentinos los primeros en sospechar. Corría el año 1477, Leonardo tenía 24 años, y fue llevado a juicio bajo la acusación de sodomía, algo sumamente grave en aquellos tiempos, ya que un sodomita podía ser castigado con la hoguera, como hereje. Leonardo salió absuelto de los cargos, pero la duda quedó siempre flotando en el ambiente. ¿Cuánto de auténtica tenía la persecusión judicial, y cuánto había en ella de envidia por parte de sus contemporáneos menos talentosos? Es difícil saberlo. Como fuere, es probable que el juicio seguido a Leonardo por sodomía haya sido el más poderoso aliciente para empujarle a emigrar: entre 1482 y 1498 prestó sus servicios a Ludovico el Moro, el poderoso señor de Milán, bien lejos de Florencia.
Nunca se le conocieron a Leonardo romances con chicas. Además, solía rodearse de bellos efebos, aunque eso pasaba por labores de modelaje. Por otra parte se ha remarcado varias veces la androginia que rodea a sus personajes masculinos y femeninos. Se ha dicho, incluso, que la Mona Lisa podría ser un autorretrato, con él mismo disfrazado de mujer. Todo esto no son más que especulaciones, por supuesto, pero alimentan la leyenda del misterioso genio florentino.
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