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domingo, 9 de febrero de 2014

El hombre que importaba guantes sin pagar impuestos.

A comienzos del siglo XX, los guantes eran parte indispensable de la indumentaria de toda dama que se respetara como tal. Y de muchos caballeros también, por supuesto. Después llegó la Primera Guerra Mundial y la industria guantera, así como muchas otras cosas, saltó hecha trizas. A finales del siglo, Estados Unidos tenía una próspera industria guantera, auspiciada por sobre todo gracias a una generosa política de aranceles que impedía la competencia por parte de esos mugrosos extranjeros que tratan de reventar nuestra industria nacional en vez de asumir las políticas de liberalismo arancelario tan queridas por el (entonces todavía inexistente, claro) Fondo Monetario Internacional. Pero claro, siempre hay negocio para los guantes importados así como para la cerveza importada porque el logotipo "importado" llama la atención de todo el mundo. La cuestión entonces era descubrir el truquito de cómo meter guantes importados a Estados Unidos haciendo malabares para rebajar o capear el arancel.

Y un vendedor llamado Samuel Goldfish, que trabajaba como agente de ventas para una empresa llamada Elit Glove Company, descubrió el truco. Uno que para remate era perfectamente legal, si bien aunque sea por un tecnicismo burro (eso, y que nadie le descubriera haciendo la maniobra, claro). La cosa era que el pago del arancel debía efectuarse a la hora de retirar el producto importado. Por lo tanto, ése era el paso que debía evadir. Por suerte para él, eran guantes...

El truco al que recurría Samuel Goldfish, era encargar guantes de Francia de la mejor calidad, en pedidos abundantes para la reventa. Pero a la hora de embarcarlos, pedía que los embarcaran en dos pedidos, que debían ser enviados a direcciones distintas, y a dos puertos distintos. Y aquí viene lo realmente bueno. Un pedido contenía todos los guantes DE LA MANO IZQUIERDA, y el otro pedido contenía todos los guantes DE LA MANO DERECHA. Cuando los pedidos arribaban a los puertos... Samuel Goldfish no los retiraba. En vez de eso, se ponía a esperar. Más tarde o más temprano, los pedidos salían a remate por parte de la aduana, en calidad de mercadería no retirada. Podemos imaginar la cara del martillero al anunciar "un hermoso centenar de guantes de la mano derecha", y empezar la puja. ¿Y quién iba a pujar por guantes de la mano derecha, si no tenía los guantes de la mano izquierda para emparejarlos...? Pues... Samuel Goldfish, que sabía bien a las claras DÓNDE encontrar sus respectivas parejas. Y al no haber puja, se adjudicaba los guantes a precio irrisorio, los emparejaba después, y los revendía como guantes importados y de alta calidad a precios menores que la competencia. Y como puede observarse, todos los pasos del procedimiento son perfectamente legales: la verdadera ilegalidad estaba en la intención, en la totalidad de los pasos combinados para producir como resultado la defraudación del fisco. Si el IRS (la oficina de impuestos de Estados Unidos) no llegaba a enterarse, algo fácil considerando que en esa época no había computadores entrelazando información financiera sensible, la triquiñuela pasaba perfectamente desapercibida.

Quizás a usted el nombre de Samuel Goldfish no le diga absolutamente nada. Por una buena razón. Nació Schmuel Gelbfisz, y era un judío de Varsovia que emigró en busca del American Dream. En 1913, el Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson introdujo una brusca rebaja en los aranceles aduaneros, y el truco de Goldfish perdió sentido. Abandonó entonces la industria guantera, y se marchó a Hollywood. En donde es mejor conocido con el último de los varios nombres que adoptó, Samuel Goldwyn, uno de los fundadores de los Estudios Metro Goldwyn Meyer.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Los negocios de Barrabás.


Ya hemos mencionado en Siglos Curiosos que Chile fue el único país que ha tenido el privilegio de ser gobernado por Barrabás. Bueno, por alguien apodado así, que fue Francisco de Meneses Brito, y que como gobernador fue el azote de Chile entre 1664 y 1667. En realidad, la práctica totalidad de los gobernadores españoles del siglo XVII tuvieron una vena de corrupción, y si no la tenían personalmente ellos, sí que la manifestaban sus numerosos subordinados tanto en lo castrense como en la vida administrativa y civil. Pero ninguno llevó tan lejos el peculado como Francisco de Meneses.

En la época, el principal artículo de comercio de Chile era el sebo. Su principal mercado era, por supuesto, el Perú. Y sin embargo, debido a la enorme producción de sebo en Chile, el precio era bastante barato. Meneses y los suyos se olieron el negocio, y so pretexto de mejorar la balanza comercial de Chile, reglamentaron el comercio estableciendo cuotas de venta y fijando precios. Y para asegurarse de que dicha normativa se cumpliera, no se piense mal de la probidad de Meneses y los suyos, ¡oh, por supuesto que no!, el gobernador y los suyos gentilmente compraban el sebo a los productores locales chilenos, y lo enviaban al Perú en expediciones. Ni qué decir, a los productores se les compraba el sebo a un precio moderado y en bajas cantidades, y luego en Perú este mismo sebo se vendía a precio de oro... y la diferencia entre ambos precios iba a parar al bolsillo de Meneses y los suyos, claro está.

Los resultados fueron cataclísmicos. Júzguese que durante el improvisado estanco de Meneses, el precio del sebo subió de seis a siete pesos el quintal, a veintiocho y treinta la misma cantidad. El sebo tenía muchas aplicaciones en la época, y una de las principales era la elaboración de velas. Hablamos de un tiempo en que no existía iluminación eléctrica, de manera que podrá imaginarse lo que significaba estrangular la provisión de sebo para la vida civil y religiosa de la época. Los productores chilenos, por su parte, empezaron a arruinarse por no tener hacia dónde darle salida a su sebo, y recibir por sus escasas ventas una cantidad demasiado escasa de dinero. Los peruanos enviaron cartas e informes a España quejándose de la situación, mientras que Meneses respondía en sus memoriales que las regulaciones sobre el comercio del sebo era para proteger a los pobrecitos (y expoliados) agropecuarios chilenos, permitiéndoles mejorar sus ganancias obteniendo mejores precios por su sebo.

Por supuesto que Meneses no se detuvo ahí. A los capitanes de puerto comenzó a cobrarles permisos para zarpar, además de obligarlos a transportar su propia carga particular. Que el trigo para el ejército fuera objeto de peculado era costumbre durante la Colonia, pero Meneses fue innovador y emprendedor, y comenzó a intervenir en el negocio de las carnicerías de Santiago. Y para cubrirse las espaldas, vendió cargos en el cabildo de Santiago a los parientes de su esposa chilena, doña Catalina Bravo de Saravia, no por una suma determinada sino pagada en cómodas cuotas. Pero aunque Barrabás se había echado al cabildo de Santiago en el bolsillo, no pudo hacer lo mismo con el Obispo de la ciudad. A la larga, fue este enemigo el que consiguió su caída...

jueves, 12 de abril de 2012

Páguese en latín.


¡Qué felicidad, tener que trabajar y trabajar, y al final, como recompensa por los servicios prestados, recibir una cantidad de dinero! Si ésta es acorde al sacrificio, tanto mejor. Después de todo, trabajar es algo tan malo, que tienen que pagarte para que lo hagas. Acá en Siglos Curiosos, echamos un breve repaso a la etimología de varias palabras relacionadas con el pago por los trabajos o servicios.

-- EMOLUMENTO. Aquí el origen es un poco oscuro. La raíz latina original es "molere", que es la misma de nuestro castellano "moler". El emolumento deriva, en efecto, de la costumbre de pagar con especies, en particular con harina, según las circunstancias.

-- ESTIPENDIO. Esta palabra es algo complicada. La raíz latina "stip" significa precisamente pagar, mientras que "pendo" es la primera persona de "pesar" o "considerar" (yo peso, yo considero). Si recordamos que antiguamente las monedas valían literalmente por su metal o aleación, y su peso, y que por lo tanto los cambistas siempre trabajaban con balanza, podemos entender mejor la idea de por qué debía pesarse el pago de cualquier cosa.

-- HONORARIO. En términos legales, el honorario no es estrictamente una remuneración, ya que no se entrega por trabajo asalariado sino por servicios independientes. Por supuesto que esto le da categoría a la persona que trabaja, por lo que en el fondo, pagarle es hacerle honor: de ahí a "honorario" hay sólo un paso.

-- PAGO. Aunque un salario no es lo único que se paga, a nadie le hará mal saber el origen de la palabra, así es que incluyámosla. Viene del latín "pacare", que significa "pacificar" ("pac" tiene la misma raíz que "pax", o sea, "paz" en castellano). Ni qué hablar acerca de por qué.

-- REMUNERACIÓN. Esta es de etimología sencilla. En latín, la raíz "munus" significa algo que se da. La conexión aquí es obvia.

-- SALARIO. Uno de los bienes más preciados en la Antigüedad era la sal. "Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la podrá salar?", dice el Evangelio. Después de todo, la sal no sólo le da sabor a las comidas, sino que además era un medio de conservar los alimentos en tiempos anteriores al frigorífico. Nada de raro entonces que en la Antigua Roma, en algunos casos, se pagaran los servicios con sal: esto era el salario. Como dato de trivia, una de las más importantes vías romanas era justamente la llamada Via Salaria. Adivinen ustedes qué mercadería circulaba por ella.

-- SUELDO. Otra palabra que deriva del medio de pago. En este caso se trata del solidus, una moneda introducida en fecha ya bastante tardía, a inicios del siglo IV, por el Emperador Diocleciano, como parte de su hercúlea reforma económica para sanear las finanzas imperiales. Como su nombre lo indica, el solidus pretendía ser una moneda sólida, en reemplazo del áureo, la gran moneda de oro romana clásica, que ya para esas fechas estaba terriblemente devaluada por las crisis económicas, políticas y sociales del siglo anterior. Y como los pagos se empezaron a hacer en sólidos, pues...

domingo, 10 de abril de 2011

El billete de cero rupias.


Si bien India es una de las potencias demográficas y económicas del planeta, está lejos de imponer su supremacía financiera al planeta como podría hacerlo, digamos, China. Y parte importante del problema es la corrupción, tan endémica que es considerada como algo normal y parte de su cultura. Incluso existen frases tragicómicas como ped... er... promover a la merced de soltar dos billetes con la frase "Haz que Gandhi sonría dos veces".

Pero Vijay Anand y su organización 5th Pillar descubrieron una manera muy interesante para combatir a la corrupción. Lo que el grupo empezó a hacer desde el año 2007, es imprimir billetes por el valor exacto de cero rupias (la rupia es, huelga decirlo, la moneda de la India). Como son billetes sin ningún valor nominal, técnicamente no son falsificaciones, ni tampoco pueden ser ilegales porque no irrogan costo para el Estado (cada billete de banco es, técnicamente hablando, un crédito que tiene el particular en contra del Estado, y por esa razón sólo el Estado puede imprimirlos).

Luego, estos billetes se reparten a la gente para que éstos, a su vez, los utilicen a la hora de sobornar a alguien. De esta manera, si un policía o un inspector o un burócrata pide un soborno, el feliz habitante de la India no tiene más que extender el billete de cero rupias, y asunto arreglado. ¿Qué va a hacer el sobornado? ¿Dejar de cumplirle al tipo que ha pasado el billete, a riesgo de que éste lo denuncie? ¿Ir ellos mismos a acusar al tipo de tratar de sobornarlo, cuando la única evidencia es un billete sin valor nominal alguno? ¿Seguir tratando al tipo en forma prepotente amparándose en una autoridad moral que no posee y que la otra persona no le reconoce, y además se lo ha hecho saber claramente...?

La iniciativa en la India ha tenido el éxito suficiente como para que organizaciones anticorrupción hayan pensado en extender la idea a otros países. Una idea que funciona no gracias a la intervención de los Gobiernos o inútiles llamados a la moralidad pública, sino al funcionamiento de miles de ciudadanos que, atomizados a través de la nación, obran como un solo hombre para oponerse a aquello que consideran estar mal dentro del sistema.

jueves, 26 de agosto de 2010

Keynes contra la paz de Versalles.

Sin lugar a dudas, John Maynard Keynes (1883-1946) es la figura más importante en lo que a ciencias y política económica se refiere, durante el siglo XX. Su obra más importante es "La teoría general del empleo, el interés y el dinero", publicada por primera vez en 1936, y que revolucionó la teoría económica para siempre, al señalar que los Gobiernos (contrario a la visión liberal según la cual el mercado lo arreglaba todo) debía intervenir decisivamente para solucionar las crisis económicas del capitalismo. Pero la obra de Keynes no comenzó ni con mucho en los tiempos de la Gran Depresión, y ya venía arrastrando una carrera. De hecho, Keynes fue un profundo crítico de la Paz de Versalles.

John Maynard Keynes viajó como parte de la delegación británica a negociar el Tratado de Versalles (el que puso fin a la Primera Guerra Mundial, y fue celebrado en 1919), representando al Tesoro. Fue lo suficientemente, por decirlo con suavidad, "animal político", para no soltar la lengua durante las negociaciones mismas, pero apenas regresó a Inglaterra, publicó un libro llamado "Las consecuencias económicas de la paz", en las que criticó ácidamente los términos del Tratado de Versalles. Según Keynes, los alemanes jamás podrían hacer frente a las exhorbitantes indemnizaciones económicas que debía pagar por la paz. Respecto de Woodrow Wilson, Presidente de los Estados Unidos y uno de los principales arquitectos de la paz (fue el que propuso los famosos "14 puntos", por más señas, de los cuales sólo se rescató al final el crear la ineficaz Liga de las Naciones), no tuvo empacho en llamarlo un "ciego y sordo Don Quijote". De Georges Clemenceau, el líder francés, dijo directamente que era un xenófobo, con "una ilusión - Francia, y una desilusión - la humanidad". Y sus insultos alcanzan un punto sublime cuando se refiere a Lloyd George, el británico, como "este bardo con pies de cabra, este visitante medio humano a nuestra era desde encantados y mágicamente embrujados bosques de la antigüedad celta".

Pero más allá de los insultos personales, que bajo su tono injurioso en realidad eran bien merecidos, Keynes hizo algunas siniestras profecías que, andando el tiempo, se harían realidad. Entre ellas, que la incapacidad de pagar la deuda de la guerra por parte de Alemania, sería una amenaza permanente para la paz europea. Lo que de verdad ocurrió, porque la crisis económica de postguerra que azotó a Alemania, pavimentó el camino al Nazismo, y el resto es historia conocida. En esto, Keynes fue mucho más visionario (o acaso simplemente más sensato) que los estadistas que en Versalles ganaron la guerra y se las arreglaron para perder la paz.

El libro hizo su buen poco de ruido, y vendió la importante cantidad de 84.000 ejemplares. Keynes viviría hasta después de acabada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto, llegó a ser testigo de que, en la segunda ocasión, los arquitectos de la paz se portaron de manera menos irresponsable y prepotente. De hecho, la idea de que los vencedores llevaran a cabo un abultado plan de inversiones en Europa para fortalecer sus economías e infraestructuras derruidas por la guerra y convertirlos en socios comerciales prósperos y boyantes (el Plan Marshall, precisamente), en el fondo no es más que una aplicación pura y simple de las ideas keynesianas, pero a un nivel internacional.

jueves, 25 de marzo de 2010

Terremoto en las empresas constructoras de Chile.


Como es de dominio público, el pasado 27 de Febrero de 2010 Chile fue sacudido por uno de los más violentos terremotos acaecidos desde que hay registros sismográficos. Lo que originó los previsibles debates acerca de la estabilidad y sismicidad de los edificios. Aunque lo más grave del terremoto se lo llevaron los poblados que fueron azotados por un tsunami, algunos de los cuales fueron literalmente barridos por el agua y sus habitantes piden a gritos que los relocalicen, en cuanto al terremoto mismo (sin incluir el maremoto mencionado), una proporción no demasiado elevada sufrió daños, considerando que el terremoto alcanzó un respetable 8.8 en la Escala Richter. Pero lo significativo del asunto es que mientras la mayor parte de los edificios decenarios y centenarios resistieron casi sin inconvenientes, los edificios más lastimados fueron justamente los construidos en el boom inmobiliario de los '90s y 2000s, que se suponían debían ser más resistentes porque la normativa antisísmica se ha desarrollado más, también la ingeniería necesaria para resistir a los terremotos, y además justamente por ser más recientes tienen menos temblores en el cuerpo. Y se puso peor a la hora de las responsabilidades: según el diario La Nación del Domingo 7 de Marzo de 2010, sólo la constructora Paz Corp respondió públicamente, mientras que las otras guardaron silencio, y algunas demostraron incluso ser simples empresas de papel, sin oficinas y sin páginas web propias...

Las primeras normas modernas sobre edificios antisísmicos en Chile datan de 1939, fecha en que acaeció el Terremoto de Chillán. La normativa vigente para el terremoto de 2010, es la del Decreto 458 de 1975 (Ley General de Urbanismo y Construcción), cuyo artículo 118 bis A (sí, ese adefesio es el número del artículo) le quita las atribuciones de fiscalización a los municipios, y se las traspasa a un revisor externo contratado por la propia empresa constructora. Además de que el contratado tiene un obvio conflicto de intereses (¿le va a decir a la empresa constructora que su edificio es defectuoso, considerando que la empresa le va a pagar?), resulta que sólo se le exige ser Ingeniero Civil. Sergio Contreras, vicepresidente del Colegio de Ingenieros, declaró a La Nación del domingo 7 de marzo de 2010: "Un alumno que viene saliendo, sin ninguna experiencia, puede calcular un edificio. Peor que eso, puede ser un ingeniero químico, un civil industrial que se dedican de (sic) la administración. Eso sí que es un tema complicado, porque en los países anglosajones se le exige a la persona que demuestre hacer ingeniería y recién ahí le dan una licencia para firmar los planos"... Y esto, en uno de los países más sísmicos del mundo.

Otra tormenta se desató cuando en el diario Wall Street Journal, el columnista Bret Stephens escribió que el espíritu del neoliberal Milton Friedman "flotaba protegiendo a Chile en las tempranas horas del sábado". Según Stephens, serían las políticas de libre mercado de Friedman las que lograron que el país "adoptara los códigos de construcción más estrictos". Es reconocido que la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) se inspiró notoriamente en el pensamiento de Milton Friedman para desregularizar extensos sectores de la economía. El economista Paul Krugman salió de inmediato a desmentir a Stephens: es hecho público y notorio que Friedman abominaba de los códigos y las regulaciones que, en su perspectiva, encarecían el costo a las personas. Y después remachó la canadiense Naomi Klein señalando que el grueso de las normas antisísmicas en su versión moderna datan de 1972, es decir, del Gobierno del socialista Salvador Allende, quien al año siguiente fuera derrocado por el Augusto Pinochet que sí trajo a los Chicago Boys al poder...

Y en medio de todo esto, como típica muestra del desprecio de los plutócratas chilenos para con el resto de la población, fue Lorenzo Constans (a la sazón Presidente de la Cámara Chilena de la Construcción) quien se dejó caer con su propia observación chirriante. Cuando se le cuestionó por los edificios inclinados, dijo: "Hay edificios que están inclinados, el ejemplo más claro es la Torre de Pisa que se ha mantenido por siglos en pie". Ante la previsible tormenta de sus no muy sensibles palabras, tuvo que retractarse, mientras que Facebook se llenó de varios grupos de puro sabor folclórico: "LORENZO CONSTANS: METETE LA TORRE DE PISA POR LA RAJA", "NO ENTIENDO CUAL ES SU PROBLEMA.. LA TORRE DE PISA HA ESTADO SIGLOS EN PIE!", "LORENZO CONSTANS: ANDA A VIVIR A TU TORRE INCLINADA PO WEON CHANTA!", "MAS WEON QUE COMPARAR UN EDIFICIO INCLINADO CON LA TORRE DE PISA :O"...

domingo, 21 de junio de 2009

Palabras de empresarios.


Siguiendo el rastro del origen de las palabras, uno puede descubrir que mucho del vocabulario empresarial, partiendo por la misma palabra "empresa", tenían a veces sentidos distintos en su origen, que aquél usado actualmente. Pero como los empresarios no suelen leer Siglos Curiosos, y en verdad no leen más allá de los informes de la Bolsa, podemos desnudar estos orígenes impunemente. Veamos...

-- BANCO Y BANCARROTA. Ya nos referimos a esto latamente en un posteo anterior de Siglos Curiosos, y a él nos remitimos.

-- CAPITAL. También nos referimos a esto precedentemente en Siglos Curiosos, y al posteo respectivo nos remitimos.

-- COMPAÑÍA. El origen de este término puede considerarse como religioso o militar. Compañeros son los que comparten ("com-") el pan. Cuando en el siglo XII empezaron a surgir las primeras empresas mercantiles, los socios estaban haciendo justamente eso, compartiendo sus bienes (arriesgando su "pan") para obtener ganancias de ello.

-- CONTADO. Pagar al contado significa hacerlo de una manera en que se pueda verificar de inmediato lo pagado. Y esto se hace, por supuesto, contando las monedas respectivas. Aunque hoy en día se suele pagar con medios abstractos (cheques u otros documentos), la expresión se conserva.

-- CRÉDITO. Esta palabra no ha cambiado demasiado. Darle crédito a alguien significa simplemente confiar en su palabra. Sin embargo, aunque el sentido antiguo se conserva, hoy en día no mucha gente se fía de la palabra de otros, y prefieren asegurarla haciendo firmar un montón de papeles. Es lo que tiene la evolución de la Economía, que vuelve creativa a la gente...

-- EMPRESA. Originalmente una empresa era simplemente una acción esforzada. Así, por ejemplo, se podía hablar de las empresas de los caballeros medievales, en sus cruzadas de matar dragones e infieles. Cuando surgieron los burgueses, reuniendo capitales para esforzarse en hacerlos fructificar, esto también fue llamado "empresa", por muy prosaica que ésta fuera en relación a otras empresas más idealistas.

-- INSOLVENCIA. Ser insolvente significa literalmente no poder solver (solver, más el prefijo negativo "in-"). Solver, del latín "solvere", y también en castellano como un arcaismo, significa pagar. Solución así es un arcaísmo para designar el pago, y el insolvente es, por lo tanto, quién no puede solucionar sus deudas. Huelga decir que mientras la palabra "insolvente" conserva su sentido original, la palabra "solución" siguió un camino independiente hasta encontrar un sentido relacionado, pero bien diferente, al original.

-- NEGOCIO. Etimológicamente, es un compuesto de la palabra "otium" ("ocio" en latín), y el prefijo "neg-". O sea, hacer un negocio significa literalmente negarse un tiempo de ocio. Esto es muy congruente con la ideología de los burgueses de la Edad Media, quienes inventaron aquello de que "tiempo es dinero".

-- PAGARÉ. Un pagaré es simplemente un reconocimiento de deuda (el deudor afirma "pagaré la cantidad X de dinero en tal fecha"). La ventaja de los pagarés es que son transables: esto es, son deudas que pueden ser traspasadas a terceros para que éstos las cobren, quedándose con una diferencia o "spread" a su favor.

jueves, 18 de junio de 2009

¿Los diamantes son eternos...?

Una de las novelas de James Bond, medio adaptada para el cine en 1971, "Diamonds are Forever" ("Los diamantes son eternos" en Latinoamérica, "Diamantes para la eternidad" en España) jugaba con el concepto de que estos pedruscos de carbono son para siempre. Poco antes, en 1961, Blake Edwards unía a los diamantes con el encanto eterno de Audrey Hepburn en su clásico "Desayuno con diamantes" ("Breakfast at Tiffany's"). Estas son pruebas de lo instalada que está en la cultura popular, la noción de que los diamantes son para siempre. Y sin embargo...

A comienzos del siglo XX, los diamantes eran asociados con la aristocracia, y en particular con la realeza. En Estados Unidos, se había empezado a imponer la costumbre de que los anillos de compromiso debían tener diamantes engarzados, pero esto quedó bruscamente interrumpido con la Gran Depresión. Los productores de diamantes se vieron en la boca de la catástrofe, porque a la demanda decreciente se sumó una oferta creciente, ya que se descubrieron nuevas minas en Sudáfrica, y el resultado de todo eso sólo podía ser el desplome brutal de los precios.

Los financistas británicos respondieron creando De Beers Consolidates Mines, la mayor firma de diamantes de todo el siglo XX. En Septiembre de 1938, Harry Oppenheimer, hijo del fundador de De Beers, viajó a Nueva York para encontrarse con Gerold M. Lauck, el presidente de la importante agencia publicitaria N. W. Ayer. La cita había sido arreglada nada menos que por el Morgan Bank, que como buen banco inversor, estaba preocupado por el hundimiento de los precios de los diamantes. La relación resultó fructífera, y se realizaron varios estudios sobre cómo llevar a cabo la campaña publicitaria. Finalmente se decidió que debía crearse demanda entre los jóvenes, inculcando la idea de que un anillo de compromiso con diamantes era para siempre, y que mientras más grande y más fino fuera el diamante, más grande sería el amor expresado a través del anillo. Se aconsejó explotar a la industria del cine como medio, ofreciendo modelos cinematográficos de romance con diamantes de por medio. También se ofrecerían historias y fotografías de sociedad a periódicos seleccionados. Se hicieron reproducciones de artistas como Picasso y Dalí, inculcando la noción de que cada diamante era como una obra de arte, una pieza única e irrepetible.

La campaña fue todo un éxito. La venta de diamantes se incrementó en un 55% en Estados Unidos desde 1938, y consiguió mantenerse constante a través de numerosos vaivenes económicos. También hubo una internacionalización: en Japón, en 1967, apenas un 5% de mujeres recibían un anillo de compromiso con diamantes, mientras que en 1981, ese porcentaje había subido al 60%... Incluso durante la Crisis del 2008 y 2009, en que los precios de numerosos recursos naturales se han venido catastróficamente abajo, en Febrero del 2009 el precio mundial de los diamantes apenas había descendido un 12%, uno de los mercados de commodities más firmes a nivel mundial...

jueves, 11 de diciembre de 2008

El Complejo Industrial Militar.


Parte importante de la política del siglo XXI gira en torno al concepto de Complejo Industrial Militar ("Military-industrial complex", en su original inglés). La idea básica gira en torno a la existencia de una poderosa industria armamentística trabajando en connubio con vastos cuerpos militares, retroalimentándose mutuamente en sus objetivos propios (hacer dinero los industriales, ganar prestigio y poder los militares), todo ello no sólo utilizando el dinero de los contribuyentes, sino además financiando "más cañones con menos mantequilla", como decía Adolfo Hitler, o también por decirlo de otra manera, con menos escuelas, hospitales, centros de rehabilitación y otras instalaciones de utilidad social.

El concepto fue acuñado por Dwight Eisenhower, Presidente de los Estados Unidos entre 1953 y 1961. En su discurso de despedida, antes de entregarle el mando a John Fitzgerald Kennedy (quién, según la peli "JFK", fue por cierto una víctima cuyo asesinato fue ordenado por el Complejo Industrial Militar para impedir que detuviera Vietnam), Eisenhower proclamó que la conjunción "de un inmenso poder militar y una gran industria de armamentos es nueva en la experiencia americana. La total influencia -económica, política, incluso espiritual- se siente en cada ciudad, en cada legislatura, en cada oficina del gobierno federal. (...) Debemos ponernos en guardia contra la adquisición de influencia injustificada, sea deseada o no, por el Complejo Industrial Militar. El potencial por este desastroso ascenso de poder fuera de lugar existe y aún continúa". Y Eisenhower debía saber de qué hablaba, no en balde era General Cinco Estrellas del U.S. Army, y durante la Segunda Guerra Mundial había sido el comandante supremo a cargo de la Operación Overlord, la célebre operación del Desembarco en Normandía, en 1944...

La filosofía del Complejo Industrial Militar es fácil. Los militares se benefician con mejores armas y cuadros cada vez más grandes. Y a la vez, la industria armamentística se beneficia vendiendo armas cada vez más caras y eficaces. Todo esto, aunque la sociedad no necesite otro soldado ni su correspondiente rifle. Un tercer ángulo (muy bien explicado en la peli "Las razones de la guerra", por cierto) del Complejo Industrial Militar, pasa a ser la clase política, en particular los congresistas para quienes la industria de armamentos implica por un lado puestos de trabajo en sus propios distritos electorales, y por el otro implica empleo (en forma de reclutamiento militar) para los desempleados, por lo que pocos congresistas tendrían así el valor de hacerle un alto al crecimiento del Complejo Industrial Militar, y serían proclives a pasar leyes que favorezcan al Complejo.

El problema del Complejo Industrial Militar, además de consumir parte substancial del presupuesto de la Nación, es que llega un minuto en que no se pueden reclutar más soldados ni implementar más el stock de armamentos. ¿Cómo vaciar plazas y quemar armas? Yendo a la guerra, por supuesto. Y el Complejo Industrial Militar, nacido para fortalecer la capacidad de defensa de un país, la transforma así en una potencia imperialista. Y naturalmente que, como mostró gráficamente Michael Moore en "Fahrenheit 9-11", no son los hijos de quienes están dentro del Complejo Industrial Militar quienes van a la guerra, sino los hijos de alguien más...

Por otra parte Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en su estupendo libro "Los felices 90" comenta que la idea de que las guerras son buenas para la Economía es un mito. Durante la Segunda Guerra Mundial podía ser, considerando que en esos tiempos, una guerra implicaba movilización total, algo que en la economía del siglo XXI ya no ocurre. Y el empujón que se le da a la Economía por la vía de la guerra, se ve neutralizado por el frenazo que provoca la incertidumbre de la guerra misma, lo que se refleja en la baja de precios de los recursos (commodities) en las bolsas mundiales. Comenta al respecto que la Primera Guerra del Golfo (1990-1991), lejos de solucionar la crisis económica de los '80s, probablemente la exacerbó... Y ya sabemos que dicha crisis le costó la reelección de George Bush padre en 1992, además de acuñar un nuevo gran lema político sobre el fracaso de su campaña electoral: "¡Es la Economía, estúpido!"...

domingo, 26 de octubre de 2008

La exuberancia irracional de Alan Greenspan.

Una frase común en el mundo económico habla de la "exuberancia irracional", para referirse a la tendencia de los mercados a crear burbujas bursátiles que después revientan de la manera en que revientan, como la Burbuja Punto Com de 2001-2002 o la Crisis Subprime de 2007-2008. Esta frase, la "exuberancia irracional", fue inventada por Alan Greenspan en 1996, en un discurso que dio mientras era el Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Alan Greenspan, habiendo sido Presidente de la Reserva Federal durante casi 20 años (1987-2006), se transformó en una leyenda viviente dentro del mundo económico, para bien o para mal. Greenspan asentó parte de su prestigio ubicándose en una posición inalcanzable, casi oracular, desarrollando lo que se ha llamado en inglés la "fedspeak", traducible como "la jerga de la Reserva". En 1996, el Indice Dow Jones, que mide el valor de las acciones en la Bolsa de Nueva York, se había empinado espectacularmente desde cerca de 5000 a cerca de 6000 puntos en sólo un año, síntoma claro de que el mundo bursátil estaba jugando a la Bolsa a lo loco. Se estaba incubando una burbuja financiera (que de hecho decantó después en la Burbuja Punto Com que reventó en 2002), y a sabiendas como buen economista que es Greenspan de que dichos reventones tienen dramáticas consecuencias, trató de desinflarla poco a poco.

El medio elegido fue hablar abiertamente del tema. En un discurso pronunciado en Diciembre de 1996 ante una organización económica de talante conservador, dio un largo discurso analizando la por entonces reciente crisis en el sector inmobiliario de Japón, y lanzó las siguientes sibilinas palabras: "¿Cómo descubrir cuando la exuberancia irracional ha dilatado el valor de los activos de manera inapropiada?". Se refería a Japón, pero tenía la esperanza de que su estatus como Presidente de la Reserva Federal hiciera ver que en realidad se refería oblicuamente a los propios Estados Unidos. En los siguientes días el mercado bajó, y se atribuyó (quién sabe si con razón o no) dicha baja a que los agentes de Wall Street interpretaron sus palabras como una predicción casi oracular sobre un mercado accionario claramente sobrevalorizado... y que por ende era bueno ir vendiendo. El Indice Dow Jones, por algunos días, estuvo entonces a la baja... Hasta que las palabras se olvidaron y Wall Street se arrojó otra vez a la orgía de seguir especulando con las acciones y alimentando la burbuja (que finalmente fue a reventar con el quiebre de las empresas Punto Com, en 2001-2002).

Probablemente el problema de fondo es el talante quizás excesivamente liberal de Alan Greenspan, no demasiado amigo de intervenir la economía debido a su confianza quizás excesiva en la capacidad de los mercados para regularse solos, y que por eso fue más bien tímido en desacelerar el mercado, sobrevalorando su propia posición como Presidente de la Reserva Federal para influir en la marcha de los mercados sólo con palabras. Por supuesto que en Wall Street, en donde se vive el día a día, las palabras son datos que duran un instante, y después son barridas por nuevos datos que llegan a continuación. ¿Qué quedó entonces del discurso de Alan Greenspan para la posteridad...? Una bonita frase, que describe de manera muy poética lo que en verdad es la negra realidad de las burbujas financieras.

jueves, 23 de octubre de 2008

La Burbuja Punto Com.

Uno de los más penosos episodios de la historia económica de finales del XX y comienzos del siglo XXI, se corresponde con el pinchazo brutal de la Burbuja Punto Com. En su tiempo se publicitó abiertamente la creación de una "Nueva Economía", la Economía del Tercer Milenio que iba a dejar obsoletas todas las teorías económicas basadas en la Revolución Industrial. La clave eran las nuevas tecnologías de la computación, y en particular la Internet, la "autopista de la información", que iba a convertir la sociedad industrial en una sociedad de la información, justamente. Al final sucedió, con la irrupción de la blogósfera y con ella de Siglos Curiosos, pero las uvas estaban aún un poco verdes en el paso al 2000. Y quienes apostaron antes de tiempo, se estrellaron.

Como cualquier burbuja financiera, la Burbuja Punto Com es de historial complicado. Pero varios factores incidieron. Por una parte, la caída de la Cortina de Hierro permitió que los capitales pudieran movilizarse como nunca por el mundo. Los inversionistas, alejado el riesgo del holocausto nuclear, miraron también el futuro con mayor confianza. Las economías emergentes (Asia, Latinoamérica) de pronto, al liberalizarse, se transformaron en destinatarios naturales de las inversiones del Primer Mundo, particularmente de Estados Unidos. Y el corazón de todos estos movimientos financieros internacionales era la Nueva Economía, la Internet, que entre otras cosas, modificaba la manera de hacer negocios en el mundo.

Pero claro, la liberalización de los mercados hizo muy ricos a los inversores de Estados Unidos, y mantuvo en la pobreza a muchas otras naciones (incluso creó varios desplomes, como el Tequilazo en 1995, la Crisis Asiática en 1997-98, el Hundimiento con Bife Chorizo de Argentina en el 2000...). En Diciembre de 1999, durante una reunión de la Organización Mundial de Comercio, en Seattle, estallaron disturbios por parte de los grupos antiglobalización, ridiculizados como "globalizados para organizarse por la antiglobalización", sin parar mientes en que no protestaban contra la globalización per se, sino contra ciertos desagradables efectos de la globalización liberal a ultranza. Claro, protestaban porque liberalización a ultranza significaba explotación de los recursos del Tercer Mundo en favor de los inversionistas del Primero, que entretanto tenían más dinero, y lo usaron en especular en las tecnologías de la información. Surgieron así numerosas empresas "punto com", que emitieron acciones a la Bolsa, y los inversionistas, ahora con más dinero para invertir, compraron ávidamente, creyéndose la propaganda de que una Nueva Economía permitiría que (¡por fin!) todo el mundo pudiera ser rico, o tener un aroma a riqueza al menos.

El índice NASDAQ (que agrupa a valores bursátiles relacionados con la tecnología) había subido de 500 puntos en Abril de 1992, a 1.000 puntos en Julio de 1995, a 2.000 puntos en Julio de 1998, y a una cifra récord de 5.132 en Abril de 2000. Para cualquier enterado en cuestiones económicas, era claro que semejantes alzas no podían reflejar un aumento de valor en la Economía real, y que las empresas punto com estaban fuertemente sobrevaloradas. Cuando la gente terminó por darse cuenta y dejó de especular con las empresas punto com, sobrevino el desastre. En el año 2000, America Online y Time Warner se habían fusionado para crear la empresa absoluta de la Nueva Economía (AOL Time Warner), mientras que en los dos años siguientes, tuvo que admitir pérdidas en sus balances de... ¡100.000 MILLONES de dólares! Por supuesto que diez años antes no había ninguna empresa que valiera tantos millones, y menos que pudiera aguantar una pérdida de tamaño semejante sin declararse en bancarrota... Pero AOL Time Warner sobrevivió. La pérdida de capital obligó a las empresas a hacer despidos, y el paro subió del 3,8% al 6,0% en apenas el año 2001. Curiosamente, muchas empresas dot com (cerca de la mitad, según estadísticas) se las apañaron para sobrevivir: eran tan pequeñas, que tenían pocos valores en juego, y por ende sus pérdidas no fueron tan grandes, mientras que los grandes tiburones fueron los que más arriesgaron y murieron. Por supuesto que en ese tiempo ya era Presidente de Estados Unidos el señor George W. Bush, hombre más ávido de dar lecciones que de aprenderlas, y empezó de inmediato a gestarse la siguiente burbuja, la Crisis Subprime 2007-2008...

domingo, 5 de octubre de 2008

La novela que remeció la industria de la carne.

Upton Sinclair (1878-1968) no era novelista que se anduviera con chicas. Su prosa tiene un hondo contenido social, y es uno de los grandes estandartes del Socialismo en los Estados Unidos del siglo XX. Incluso, aunque la Literatura de denuncia social tiende a envejecer rápidamente conforme las propias condiciones sociales cambian, fue adaptado más o menos libremente, en fecha reciente, en la peli "Petróleo sangriento". Pero no fue su única novela: en su larga vida, Sinclair fue enormemente prolífico, y dejó cerca de noventa volúmenes (prácticamente uno por año de vida) al fallecer.

Ciertas novelas pasan a la Historia por ser catalizadoras de situaciones sociales críticas, como por ejemplo lo fue "La cabaña del Tío Tom" sobre la esclavitud de los negros en el Sur de Estados Unidos. Sinclair, en "La Jungla", publicada en 1906, hizo lo propio con los mataderos de Chicago. En su novela, Sinclair se dedica a contar todo lo que pasa con la carne, desde que la ternera está viva en el matadero, hasta que llega a la mesa del consumidor estadounidense. Los lectores estadounidenses reaccionaron con repulsión, no sólo por la descripción del trabajo de las mujeres y de los niños en los mataderos de la ciudad, sino también al darse cuenta de que al comer carne de ternera, muchas veces también comían la carne de los operarios que se caían vivos a las trituradoras, y por los cuales, por cierto, nadie se preocupaba en demasía.

El escándalo llegó a tales proporciones, que la propia industria carnicera decidió pedir ayuda al Gobierno, para que ellos los inspeccionaran, y así reestablecer la confianza del público. El entonces Presidente Theodore Roosevelt entró entonces a legislar con fuerza en el tema. Los empresarios cambiaron entonces de idea, probablemente porque pensaban que el asunto se iba a limitar a un espaldarazo del Gobierno y no se esperaban una oleada reguladora encima, que le pudiera cortar las ganancias (por cierto, ¿cuántos de ellos habrán sido vegetarianos...?). Se envió también un ejército de inspectores a los mataderos, que confirmaron casi todas las denuncias de Sinclair. Finalmente, barajando los costos de un programa permanente de inspección, el Gobierno rebajó sus pretensiones, y si bien salió una legislación que regulara con mayor firmeza a los mataderos, ésta fue más liviana que la inicialmente presentada. Sinclair comentó sarcásticamente al respecto: "Yo apunté hacia el corazón del público, y por accidente le di al estómago"...

jueves, 25 de septiembre de 2008

El dos por ciento constitucional.


En Chile, el llamado "dos por ciento constitucional" es una atribución que posee el Presidente de la República, para saltarse la obligación de conformarse a la ley a la hora de decretar pagos. Esto sólo lo puede hacer en casos de catástrofe, calamidad pública, amenazas a la seguridad nacional, etcétera (o sea, es para afrontar contingencias de carácter extraordinario), requiere la firma de todos sus ministros (que en caso de problemas, léase "fundirse con el dinero" y similares, deben responder con su patrimonio), y se lo llama informalmente el "dos por ciento" porque la propia Constitución Política de 1980 establece que el monto máximo para el ejercicio de esta facultad, es el dos por ciento del Presupuesto Nacional. De lo explicado, debería quedar claro que el "dos por ciento constitucional" no es una partida del Presupuesto de la Nación, sino que es una facultad para gastar dinero en casos de emergencia, creando de paso un déficit que repercutirá en una merma del patrimonio del Fisco (de ahí que su régimen sea tan estricto, y haya un tope fijado constitucionalmente).

El tema del Presupuesto de la Nación siempre había sido un tanto espinoso. En Chile, se suponía que el Presidente de la República debía enviar una Ley de Presupuestos al Congreso Nacional (todavía debe hacerlo), pero en 1891, cuando el Congreso quiso arrinconar al Presidente José Manuel Balmaceda (1886-1891), simplemente no aprobó ningún presupuesto. Como la Constitución de 1833 nada decía al respecto, y ante el apuro de tener que financiar de alguna manera al Fisco, Balmaceda ordenó entonces por decreto que regía el presupuesto del año inmediatamente anterior (esta situación fue el detonante de la Guerra Civil de 1891, ya que el Congreso consideró esto como un acto de tiranía de Balmaceda). En lo sucesivo, la Constitución de Chile establece que de ser enviada y no aprobarse una Ley de Presupuestos, rige automáticamente la del año anterior, y así el Gobierno puede seguir financiándose.

Pero el Gobierno conseguía a veces saltarse el Presupuesto de la Nación, mediante los decretos de insistencia. Concebidos para superar conflictos entre el Gobierno y la Contraloría General de la República, es una orden del Gobierno para que una resolución administrativa siga curso, aunque Contraloría la objete por ilegalidad. Varios gobiernos usaron entonces la triquiñuela de los decretos de insistencia para el no muy saludable objetivo de pasar adelante gastos públicos no autorizados por ley. Para terminar con este abuso, se institucionalizó el "decreto de emergencia económica" en 1943, para situaciones imprevistas en las cuales era imposible suponer de antemano que dichos gastos iban a tener que efectuarse (terremotos, erupciones volcánicas, siniestros, etcétera... es lo que tiene vivir en un país como Chile, montado a horcajadas del Cinturón de Fuego del Pacífico).

Probablemente el más importante uso dado al dos por ciento constitucional, sean las medidas extraordinarias tomadas después del Terremoto de 1960, que asoló a Valdivia y es considerado hasta el día de hoy como el más poderoso en toda la Historia de la Civilización. En 1963 se utilizó para reconstruir el leprosario de Isla de Pascua, que había sido destruido por un incendio. En 1968, la reducción de actividades mineras en la Provincia de Arauco disparó los niveles de cesantía, y considerando esto como un estado de calamidad pública, el Gobierno echó mano del mencionado dos por ciento constitucional. En Junio de 1973, el problema del aseo en la Municipalidad de Santiago alcanzaba niveles críticos, que atentaban contra la salubridad pública, y el Gobierno de Salvador Allende destinó otra vez fondos de dicho ítem. Y el mismo mes, se utilizó para solucionar los problemas con los gremios de transporte, que amenazaban con cortar un servicio público, el de la movilización de las personas. El gobierno de Pinochet, en sus 17 años, recurrió cuatro veces al dos por ciento constitucional, mientras que sus tres sucesores (Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos, 1990-2006) no lo hicieron en ninguna oportunidad. Y en 2008, después de año y medio de implementado el Transantiago y aún no plenamente operacional, el Gobierno decidió una vez más aplicar el dos por ciento constitucional al problema del transporte. La última vez anterior había sido para el Terremoto de 1985...

jueves, 27 de marzo de 2008

Asunto de cabeza.


A veces, la evolución idiomática puede llevar a rumbos casi inesperados. El idioma castellano, como buena lengua romance, ha evolucionado desde el latín, pero a veces, ciertas raíces lingüísticas han tenido aplicaciones un tanto extrañas a su sentido original. Es el caso, por ejemplo, de la palabra latina "caput", que significa "cabeza", que hoy en día puede reconocerse como antecedente de varias palabras.

La más obvia es, por supuesto, "cabeza". Sin embargo, también se usa el derivado latino "capita" (se lee "cápita"). Así, por ejemplo, en Economía se habla de "ingreso per capita" o "renta per capita", lo que es una medida de la riqueza general de la sociedad, ya que mide el ingreso bruto total de una sociedad, dividido por la cantidad de personas en la misma, sacando así la cantidad de riqueza promedio de éstas. "Ingreso per capita" significa literalmente "ingreso por cabeza", o sea, por persona.

Otro uso es la palabra "capital". La capital de un Estado es la cabeza del mismo, y "capital" viene de "capita". Pero no es el único uso. En Economía, una vez más, capital tiene al menos un par de usos (en realidad son más, pero esto es por simplificar). Cuando se hace un préstamo, se cobra no sólo el préstamo mismo, sino también una cantidad de dinero adicional, que compensa el riesgo de que el deudor en definitiva no devuelva lo prestado; lo primero es el "capital" (otra vez de "cabeza", porque metafóricamente es la cantidad de dinero que "encabeza", por así decirlo, el listado de dineros que deben pagarse en una deuda), y lo segundo es el "interés" (interés porque es la cantidad de dinero que el deudor está dispuesto a sacrificar en aras de sus ansias por obtener el préstamo, mientras más alto, más "interesado" se supone al deudor en el préstamo). El segundo uso de "capital" es como más o menos sinónimo de patrimonio (no son exactamente lo mismo, pero para efectos didácticos los asimilaremos), y así decimos que una persona acaudalada tiene un gran capital.

En Arquitectura tenemos otro uso, cuando nos referimos al "capitel", que es la parte de la columna que encabeza ésta.

Por otra parte, la pena de muerte es la "pena capital", bien sea porque en muchas culturas (incluyendo la romana) una forma de ejercerla era haciendo perder la cabeza de la persona (lo que hace surgir la palabra "decapitación", que también deriva de "caput"), como también por ser la más importante de las penas posibles. Igual cosa pasa con los "pecados capitales", llamados así por ser los más importantes, y por ende, ir encabezando a los restantes.

domingo, 12 de agosto de 2007

Wu y los billetes de piel de ciervo blanco.


Desde antiguo, los pueblos observaron que las transacciones económicas mejoraban si es que, en vez de recurrir al trueque, usaban un medio monetario común. La primera moneda fue el metal precioso (oro y plata) que se pesaba como cualquier mercancía para determinar su valor, hasta que algunos pueblos inventaron el método de ponerle a piezas de esos metales, un sello que garantizara su auténtico valor. Pero sólo los chinos parecen haber dado un salto más allá, al darse cuenta de manera más o menos intuitiva, de que el verdadero valor de la moneda no está asociado a su ser, de oro o plata o lo que fuera, sino a su escasez. De este modo, inventaron el papel moneda, que subsiste actualmente bajo la forma de billete de banco. La historia del primer papel moneda es bastante curiosa, y por qué no decirlo, penosa.

China había sido unificada por obra de Han Liu Pang, fundador de la Dinastía Han, en el año 206 a.C. Su sucesor, Hsiao Wen (180 a 157 a.C.), había entregado a los príncipes locales la facultad de emitir su propia moneda, y el resultado había sido, como era de prever, una inflación galopante. Su segundo sucesor, llamado Wu o Wuti según el cronista de turno, gobernó entre 156 y 87 a.C., y emprendió una violenta campaña de expansión militar que duró todo su gobierno. Por supuesto que para financiar estas guerras, requería de una moneda saneada. Para esto, urdió lo que bien puede ser considerado como el primer billete de banco... aunque no fue hecho de papel moneda, sino de un material un poco más siniestro.

En su capital de Changan, en su palacio, Wu tenía un ciervo blanco, una pieza absolutamente única en todo el Imperio Han (que en ese tiempo, recordemos, controlaba toda China y regía aproximadamente a un cuarto de la población mundial). Uno de sus consejeros le recomendó matar al ciervo para desollarle, y fabricar con la piel resultante una pieza intercambiable por oro y plata, que debido a su rareza no podría falsificarse. Wu siguió el consejo, y de esta manera el bello animal fue sacrificado por la avaricia del Emperador (¿qué esperaban, por otra parte, del más bárbaro y sanguinario de los Emperadores Han, que masacraba bárbaros en la frontera y ejecutaba funcionarios por alta traición casi como deporte?). Corría el año 119 a.C.

Una vez obtenida la piel del desollado ciervo blanco, ordenó hacer con ella billetes de tesorería, con un pie cuadrado y una orla con un dibujo especial. Cada pieza fue valorada, de manera completamente arbitraria, en la exhorbitante suma de 400.000 monedas de cobre. Luego, cuando los príncipes fueron a presentarle sus respetos, Wu les obligó (bajo amenaza de procesarlos por traición, claro está) a "comprarles" dichas piezas, poniéndolas así en circulación; es el mismo principio actual por el cual se rigen las economías nacionales, que emiten billetes de banco como un crédito contra el Estado (por eso van con la firma del Director del Banco Central, en el caso chileno). Naturalmente que la piel del ciervo blanco era escasa, por lo que este expediente para buscar financiamiento duró muy poco. Y el ciervo blanco siguió muerto, por supuesto.

Yan Yi, el ministro de agricultura de Wu, se atrevió a criticar el plan de su Emperador, calificándolo de extorsión contra los príncipes (lo que era, en efecto). Wu no olvidó. A la primera oportunidad lo procesó por un crimen del que era inocente, y cuando Yan Yi se atrevió a mover los labios sin decir nada, en medio del proceso, Wu lo acusó de difamarlo en público, y mandó ejecutarlo sin más.

El año 113 a.C., Wu recobró para el Estado el derecho monopólico de emitir moneda, y con ello saneó en parte la economía. Pero tuvo que dictar, a cambio, una amnistía contra los antiguos acuñadores de moneda.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

El viaje de Mansa Musa.


La clásica visión eurocéntrica de la Historia Universal hace ignorar a muchos que algunos de los más poderosos reyes de la Edad Media no eran europeos. En el siglo XIV, una de las más grandes potencias económicas del planeta era el Imperio de Mali, ubicado en el país actual de tal nombre, y que desde su capital Timbuctú controlaba la totalidad del comercio en el Desierto del Sahara, desde las junglas del Africa Central hasta el Mar Mediterráneo. Además, sus yacimientos auríferos eran la principal fuente de oro para toda Europa, y no es exagerado decir que buena parte del oro empleado por orfebres y artistas del Renacimiento venía de aquellas minas africanas.
Uno de los reyes más poderosos de Mali fue Mansa Musa, quien gobernó en el siglo XIV. Entre sus obras se cuenta el apoyo constante a los artistas y a la cultura en general, siendo un gran benefactor de la Universidad de Timbuctú (o lo que en el mundo musulmán era lo equivalente a una universidad europea). Los eruditos estudiosos del Islam podían hacerlo en dicha Universidad, y esto de manera completamente gratuita.
Sin embargo, la anécdota más famosa de Mansa Musa es la siguiente: como todos los reyes de Mali, Mansa Musa era musulmán, y por lo tanto, estaba obligado a cumplir con el mandamiento del Corán, según el cual todo buen musulmán debe visitar La Meca al menos una vez en la vida. Mansa Musa lo hizo, ¡y de qué manera! Emprendió una expedición repleta de esclavos y soldados, y con una enorme cantidad de oro; se reporta que viajó con un centenar de camellos, repletos de dicho metal. El peregrinaje fue probablemente motivado no sólo por la piedad, sino también por hacer una exhibición de poderío. Y lo consiguió. En el trayecto entre Timbuctú y La Meca, y en particular en El Cairo, gastó tanto oro, que desató una gran inflación en todo el Norte de Africa, y aún entre los musulmanes de Asia. Los precios tardaron más de una década en regresar a sus niveles más o menos normales, después de la incursión de Mansa Musa.

domingo, 17 de septiembre de 2006

La rebelión de los acuñadores de moneda.


Uno de los episodios más sórdidos de la historia del Imperio Romano, lo vivió el emperador Aureliano hacia el año 274. En aquel tiempo, el Imperio Romano vivía un estado prácticamente crónico de guerra civil. El año 235, el emperador Alejandro Severo había sido asesinado, y desde entonces, todos los emperadores subsiguientes habían perecido a manos de algún pretendiente que volvía a ser asesinado por otro pretendiente más, y así sucesivamente.
Este caos había llevado, ente otras cosas, a una devaluación crónica de la moneda. En aquella época, una moneda valía lo que el metal acuñado. Por tanto, para hacer economía y ahorrar, se emitió moneda con porcentajes cada vez menores de oro y plata en la aleación. Esta devaluación llegó hasta a comerse hasta el 98% de la moneda. Galieno, un predecesor cercano de Aureliano, había llevado esta política hasta el ridículo. El resultado es que, en numerosas regiones del Imperio Romano, la economía monetaria se había desplomado, y había regresado al trueque.
El advenimiento de Aureliano en 270 marcó el inicio de la recuperación imperial romana. Este reunificó al Imperio Romano, y emprendió numerosas reformas para sanear las finanzas. Entre ellas estuvo la reforma monetaria, intentando darle una vez más solidez a la moneda, como única manera de salvar la economía imperial.
Pero experimentó una inesperada resistencia: los monetarios, nombre que recibían los acuñadores de moneda. Sucede que en las guerras civiles anteriores, y en el caos subsiguiente, estos desvergonzados habían adoptado la pésima costumbre de trampear aún más la moneda, tomando simplemente el oro y la plata destinados a la acuñación, y llevándoselo para la casa (la plata más que el oro: las monedas de oro debían ser tan puras como se pudiera, porque con ellas se pagaba el impuesto al fisco). Cuando Aureliano prohibió sus exacciones a los monetarios, los acuñadores de moneda, lejos de someterse, se sublevaron. El asunto degeneró incluso en una rebelión armada, con los acuñadores amotinados en el Monte Celio, una de las siete colinas de Roma. Aureliano tuvo que ponerle sitio a dicha colina como si se tratara de un ejército enemigo en toda regla, y cuando los acuñadores cayeron por fin en sus manos, no tuvo piedad: los exterminó sin contemplaciones. O a la inmensa mayoría, al menos. Pero este triunfo le costó cerca de 7000 bajas.
Aureliano triunfó, como en casi todo lo que emprendió, pero no pudo sustraerse al destino de los Emperadores de su época: fue asesinado en 275. Y a pesar de su reforma monetaria, el problema de la moneda depreciada continuaría adelante. Recién Diocleciano, a comienzos del siglo IV, consiguió poner en circulación buena moneda de plata otra vez, y esto al costo de depreciar ahora la moneda de cobre, por lo que el problema siguió sin resolverse...

miércoles, 15 de febrero de 2006

¿Una cuenta corriente a interés compuesto por miles de años?

No es una anécdota ni un hecho histórico sino un problema matemático, pero como tiene algunos ribetes en que interviene el paso del tiempo histórico, lo incluiremos en este blog. Con cierta frecuencia se ha dicho que si en una época antigua (digamos, en la Atenas de Pericles o en el Imperio Romano en tiempos de Cristo) se hubiera depositado un centavo a interés compuesto, en la actualidad el banco tendría que pagar una cantidad de dinero tan sidérea, que no bastaría todo el dinero ni el oro del mundo para saldar la deuda. Puede ser, en términos matemáticos, pero entonces la gran duda es... ¿por qué nadie lo ha hecho? Seguro que pueden obtenerse pingües beneficios, quizás no tan elevados, si se deja una suma de dinero algo más crecida, por 100 o 200 años...

Hay algunas buenas razones para esto. En primer lugar, el ejemplo funciona a interés compuesto. Esto es, cobrando un porcentaje sobre el capital inicial más los intereses precedentes. Si el interés es simple (sólo sobre el capital inicial), la operación rinde frutos ridículos. Digamos que tenemos un dólar depositado durante 10 años a un interés compuesto de un 10% anual, y otro a un interés simple de un 10% anual. El primero (el a interés compuesto) habría acumulado en total 2 dólares y 59 centavos. El segundo, en cambio, sólo 2 dólares redondos (estos cálculos, si mis matemáticas no me fallan). Esto es porque a interés compuesto, el primer año se calcula el interés sobre un dólar (el capital) y rinde 10 centavos de interés, pero al segundo se calcula sobre 1 dólar y 10 centavos (el capital y el interés precedente), obteniéndose no 10, sino 11 centavos de interés, que a su vez se sumarán al tercer año... mientras que en el otro caso el interés será todos los años de 10 centavos. Multiplíquese esa diferencia de 1 dólar con 59 centavos por cientos y miles de años, y se amplifica enormemente. Por esta razón, ningún banco da intereses compuestos a una cuenta, sino sólo intereses simples.

En segundo lugar, no existe en el mundo ninguna institución financiera que se dedique a las operaciones de captación y préstamo de dinero, que haya podido durar 2000 años. Y aquí sí que entramos en materia histórica. En términos económicos el interés, o más precisamente hablando, la "tasa de interés" (esto es, cuánto interés se paga por un determinado capital en préstamo), es un "precio" o un "valor". ¿Y qué mide ese valor? Pues simplemente el intercambio de bienes presentes por bienes futuros. Dicho en términos más simples: si usted tiene una cantidad apreciable de dinero, puede optar por comprarse cosas de inmediato, o ahorrar para el futuro. Y una vez que usted ha ahorrado para su retiro en la tercera edad y para salud, ¿para qué más iba a querer ahorrar? Mejor gastárselo de inmediato, ¿no? Por eso, las instituciones financieras pagan un interés, para disuadirlo de que gaste de inmediato y ahorre (con ellos, por supuesto). El señuelo es: si usted me da su dinero, yo le pago un interés, que a la vuelta de un tiempo (meses o años) le permitirá una ganancia mayor que la que obtendría cambiando el dinero ahora por productos y servicios. Por eso es intercambio de bienes presentes por bienes futuros: el interés me permite sacrificar pocos bienes presentes para comprar muchos bienes futuros (teóricamente, si el interés es alto).

¿Y qué tiene que ver con la historia? Simplemente, que esto funciona sólo cuando hay ciclos económicos al alza. Desde la Revolución Industrial en adelante, la economía humana se ha acelerado y expandido a tal magnitud, que salvo algún gran cataclismo (efecto invernadero, quiebre de la biósfera, invasión marciana, guerra nuclear o algo así), es altamente probable que mañana haya disponibles muchos más bienes que hoy para invertir, y que por tanto el ahorro valga la pena. Pero si hacia adelante hay lo contrario, hay menores perspectivas de comprar bienes, entonces más vale gastarse el dinero de inmediato, en una filosofía de "comamos y bebamos, que mañana moriremos". Una de las más importantes contracciones económicas de la historia, para buscar un ejemplo bien gráfico, fue la caída del Imperio Romano. La bien organizada economía comercial del Imperio Romano cedió así paso a la economía agraria de la Edad Media, en donde no había nada en que valiera la pena invertir el dinero, durante muchos siglos... y en donde la política más sensata era, de lejos, sacar los centavos y dólares puestos en las instituciones financieras a interés compuesto, para gastárselos antes de que llegaran a rapiñarlos los bárbaros.

domingo, 29 de enero de 2006

El nombre de los bancos.

Como en la Edad Media, la primera región europea en inventar de nuevo el comercio fue Italia, varios términos e invenciones comerciales proceden de allá. Entre ellos está la etimología de la palabra "banco".

Los primeros bancos italianos eran precisamente eso, bancos o mesas que se instalaban en las plazas de las ciudades, muchas veces frente a la catedral. De ahí que se habla también de "la banca", porque claro, los bancos de mesas también pueden ser "bancas". Los primeros banqueros eran avispados burgueses que se instalaban en sus bancos para captar dinero de la gente, a cambio de un boleto o billete en el cual el banquero reconocía su deuda. Estos fueron los primeros "billetes de banco", y debido a que eran "al portador", podían transferirse de mano en mano, por lo que se transformaron en una forma de dinero. En la actualidad, los billetes de banco son emitidos por un banco especial, el Banco Central de cada país, pero en esos tiempos de rudimentaria actividad bancaria, cada banco emitía los suyos. Claro que si un banco no tenía suficiente respaldo, el valor de sus billetes se iba a pique, y ya se imaginan ustedes la que se armaba entonces...

Cuando esto ocurría (que un banco no podía responder a sus obligaciones), estos primeros banqueros tenían que manifestarlo públicamente de una manera muy gráfica, para que todos se enteraran: agarraban a hachazos la banca en que habían estado efectuando sus operaciones y romperla. De ahí que el cese de operaciones financieras haya pasado a ser la "bancarrota" (banca rota a hachazos, se entiende), tanto en italiano como en español.

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