
Una de sus posibles vinculaciones, es con el "rocotín rocotán" (que no es difícil de pensarlo devenido en "aserrín aserrán"). El rocotín rocotán es un antiguo juego de adivinación, que ya era mencionado por el tratadista español Antonio Paz y Meliá, en el siglo XVI. Antonio Machado apoya esta opinión, aunque se ha criticado que esta canción es un arrullo y no un juego de adivinación. Aunque, por otra parte, no sería raro que hubiera evolucionado de tal manera, en particular considerando la actitud entre displiscente y francamente persecutoria que ha tenido la Iglesia Católica respecto de toda forma de adivinación, a las que considera manifestaciones demoníacas.
Otra posibilidad, no reñida con la anterior (más bien podrían reforzarse mutuamente) es que la referencia a "los maderos de San Juan" se vinculen con las celebraciones de dicha fiesta. Como ocurre con otras fiestas católicas, la Iglesia Católica prefirió contemporizar a combatir, y en vez de abolir las celebraciones paganas preexistentes, impuso sus propias fiestas en la misma fecha, aprovechándose del brazo secular para favorecer a las cristianas por sobre las paganas. En el Hemisferio Norte se asociaban las fiestas de finales de Junio al solsticio de verano: en Roma se celebraba a la diosa agrícola Ceres, en Grecia al dios vitivinícola Dionisios... En el Hemisferio Sur se celebraba el Inti Raymi, con ocasión del solsticio de invierno, para pedirle al Sol que no se marchara y empezara a alargar otra vez los días para crear un nuevo verano. La Iglesia Católica impuso, tanto en el Viejo Mundo como en el Nuevo, la fiesta de San Juan, aunque se conservaron muchas tradiciones paganas, ahora dándoles un significado cristiano.
Una de las creencias tradicionales acerca de la fiesta de San Juan, es que sería una ocasión propicia para la adivinación. De esta manera, se enlazarían la canción del "aserrín aserrán" ("ricotín ricotán") con las más antiguas mancias paganas. Una variante argentina de la canción, de hecho, hace más que implícita la conexión: "Aserrín, aserrán / las campanas de San Juan / unas vienen y otras van / las que no tienen badajo / van abajo, abajo, abajo"... En 24 de Junio, en efecto, como parte de la tradición católica, se echan (o se solían echar, al menos) las campanas de las iglesias al vuelo. Y así, el antiguo misterio ancestral de la adivinación y el contacto con la esfera supranatural, ha podido devenir en inofensiva canción de cuna...