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domingo, 6 de diciembre de 2015

El Tribunal de Ultima Instancia.

Un motif jurídico afirma que "por encima de la Corte Suprema sólo está la Corte Celestial"... Y sin embargo, aún puede sobre la Tierra haber un tribunal más allá del último tribunal. Uno conformado no por la justicia misma, sino por privados que se ponen al servicio de causas perdidas. Esta es la historia del Tribunal de Ultima Instancia ("The Court of Last Resort"), el tribunal privado decidido a revocar errores judiciales en Estados Unidos.

Para el lector de novelas policiales, el nombre de Erle Stanley Gardner (bueno, su nombre o alguno de sus incontables seudónimos) debería ser familiar. Si no por él, al menos por la que probablemente es su creación más famosa: el infatigable abogado criminalista Perry Mason. Una noche, durante la primavera de 1948, Gardner y Henry Steeger (editor de la revista "Argosy", uno de los más importantes pulps de todos los tiempos), conversando sobre el tema de las condenas impuestas por error judicial, tomaron el acuerdo de ver si podían usar su talento para hacer labor detectivesca, pero en el mundo real. "Tan pronto como sepamos de algún caso en que parezca que se ha cometido una injusticia, investigaremos los hechos y los daremos a conocer por medio de la prensa. La opinión pública se encargará de lo demás", dijo Steeger. Gardner después explicó que lo hacían porque "no existe ningún procedimiento sencillo por medio del cual un individuo que haya sido condenado erróneamente pueda lograr la revisión de su causa".

Su primer caso no tardó en caerles. Un asesino llamado Clarence Boggie, convicto a prisión perpetua en la penitenciaría estatal de Washington, los contactó. Gardner se entrevistó con Boggie, creyó en su inocencia, y unió fuerzas con el detective privado Raymond Schindler para investigar el asunto. El juicio había tenido lugar quince años antes. Boggie había sido juzgado por el robo y brutal asesinato de un anciano que vivía solitario en su cabaña. Dos años después del crimen, la policía había dado con el abrigo en poder de Boggie. Además, un prisionero sostenía que el aserrador le había confesado el crimen cuando ambos vivían juntos. Pero Gardner y Schindler probaron que el abrigo había sido comprado en una casa de empeños, y echaron por tierra el falso testimonio incriminatorio, dado por el presidiario para ganarse puntitos en una eventual libertad condicional. Además, apareció un testigo que había visto al asesino salir corriendo de la cabaña de la víctima, y ese testigo declaró que el asesino no era Boggie.

El Tribunal de Ultima Instancia funcionó a la larga con los mencionados Erle Stanley Gardner, Henry Steeger y Raymond Schindler en la nómina. Se sumaron, además, un experto en detectores de mentiras, otro detective, un asesor experto en Medicina Forense, y el antiguo alcaide de una prisión federal de Washington. Todos ellos ad honorem, por amor de la justicia, con la sola excepción del investigador privado, que cobra sus honorarios. En sus primeros cuatro o cinco años, al menos, tuvo una vida muy activa: lograron poner en libertad a cerca de una docena de personas, y revisaron cerca de un millar de casos en busca de potenciales errores judiciales. Muy pocos casos merecieron la investigación completa, naturalmente, pero por los pocos inocentes que puedan aparecer, siguieron adelante durante años con su empresa. Fue cuando su fundador, Erle Stanley Gardner, se retiró en 1960, que el grupo empezó a descender lentamente su actividad, hasta que ésta cesó por completo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

¿Propaganda sobre Suez...?


A pesar de ser considerado como uno de los más importantes conflictos del Medio Oriente en el siglo XX, debido a ser jugado por dos potencias claves como Inglaterra y Francia en una de las áreas geopolíticas más sensibles del planeta, la operación militar anglofrancesa para tomarse manu militari el Canal de Suez en 1956, en respuesta a la nacionalización del mismo por el Presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, es también una de las más chapuceras operaciones militares de toda la centuria. No todos los errores militares cometidos aquí merecen abrirse paso hasta Siglos Curiosos (algunos son simplemente lamentables, pero no...curiosos, más o menos como entendemos el concepto en este blog), pero no podemos dejar de elaborar una nota respecto a la terrible estrategia comunicacional de Inglaterra y Francia al respecto. Porque desde la Primera Guerra Mundial que se venía entendiendo de manera sistemática la importancia de la propaganda para desmoralizar al enemigo y convertir a los neutrales en aliados, a pesar de lo cual, el manejo propagandístico en la llamada Guerra del Sinaí, Crisis de Suez o Guerra de Suez, se merece de sobra el calificativo de desastroso.

A resultas de los manejos burocráticos británicos, sumada a la previsión (cumplida después) de que la conflagración sería muy impopular en dos países que estaban a apenas una década de distancia de la Segunda Guerra Mundial, los altos mandos británicos, incluyendo al sesentón y muy enfermo Primer Ministro Anthony Eden, estimaron que era necesario emprender una dura ofensiva propagandística para convencer a los egipcios de dejarse invadir. En la mentalidad de Eden y su gente no podía caber que Nasser privilegiara los intereses nacionales egipcios por sobre la tradicional servidumbre a los intereses coloniales británicos, de manera que se figuraban que Nasser era una especie de tirano sediento de sangre al que los egipcios no apoyarían, y recibirían a los ingleses y franceses como libertadores. En la realidad Nasser podía ser autoritario (los Presidente de Egipto desde el derrocamiento de la monarquía en 1952 tienen mucho de faraones contemporáneos, incluyendo a Nasser, Sadat, Mubarak... tres en casi seis décadas), pero a la vez era muy popular como campeón internacional de la causa tercermundista contra la intervención extranjera, cualquier intervención extranjera, fuere occidental o soviética (aunque la hostilidad occidental a su casquivanería lo llevó a dejarse cortejar un tanto por el Oso Ruso). De ahí que ingleses y franceses decidieran lanzar una campaña propagandística en pleno dentro de Egipto, contando con soliviantar a los egipcios contra Nasser (listo: ya pueden carcajearse a destajo).

A diferencia de los políticos, muchos altos mandos militares juzgaban que la guerra sicológica era una pérdida de tiempo: lanzar folletos sobre territorio enemigo no convencía a nadie, y bombardear las ciudades enemigas reforzaba la moral contra el invasor, no la debilitaba. Contaban con la experiencia de la Segunda Guerra Mundial hablando en favor de esta idea. Pero mandos aún más altos decidieron que la guerra sicológica iba, lo que además daba tiempo para organizar un desembarco rápido y sorpresivo (así como suena: según los británicos, los egipcios tenían que creer que la propaganda iba a caer porque sí, y luego dejarse sorprender por lo que venía después). Para la misión fue destacado un tal Bernard Fergusson. Parece ser que Fergusson se comportó como un soldado impecable, y a pesar de tener dudas sobre la utilidad de la operación, se dedicó a la misma en cuerpo y alma. Se le cedió a él y sus ayudantes una radio en Chipre para lanzar proclamas, y una imprenta para editar folletos. Pero los pilotos de la RAF eran reacios a arriesgar sus vidas en lo que esencialmente era infringir el espacio aéreo egipcio para una operación tan inútil como... lanzar folletos. Aún así, ironías del destino, para lanzar los folletos se había previsto una bomba que estallara a trescientos metros de altura sobre los civiles: lo que pasó es que la bomba, así como buena parte del obsoleto material bélico inglés, falló y estalló a ras de calle, causando una buena mortandad entre los civiles egipcios a quienes supuestamente debía convencerse de la bondad de una invasión británica. Se utilizaron también aviones parlantes para sobrevolar territorio egipcio, pero cuando el avión parlante aterrizó en Adén para repostar combustible, el equipo de megafonía se esfumó misteriosamente y nunca nadie supo de su destino. Fergusson también utilizó la radio para crear programas destinados a los palestinos, llenos de material contra Nasser. Pero aunque los programas eran emitidos en árabe, los palestinos no se dejaron convencer: muchos creyeron percibir un sonsonete judío en la voz de los locutores, y con eso dejaron de hacer caso a la propaganda.

Ya en medio de la guerra, que por cierto fue lanzada el 29 de octubre de 1956, la (des)inteligencia británica les jugó otra mala pasada. Debido a que los invasores querían disminuir al máximo las bajas civiles para que su intervención pareciera una operación de policía contra Nasser, no bombardearon la estación de radio El Cairo, evitando así que cualquier edificio colindante o sus residentes terminaran incinerados bajo fuego enemigo. Ni qué decir que a través de dicha radio, Egipto informó al mundo de las horrendas (y exageradas, claro, que en la guerra no hay santos) atrocidades de los invasores, volviendo a la opinión pública internacional aún más contra Inglaterra y Francia, así como fortaleciendo el ánimo egipcio para resistir. Ante este panorama, los aliados de Inglaterra se preguntaron por qué no se bombardeaba dicha radio, y cuando supieron la razón, Chipre informó que la radio El Cairo estaba... a 25 kilómetros de El Cairo, en pleno desierto. Por supuesto que lo muy verdaderamente siguiente fue enviar un escuadrón de aviones y reducirla a cenizas, pero el daño ya estaba hecho, por supuesto. Es lo que tiene haberse montado una operación bélica del siglo XX con una filosofía geopolítica del XIX: que las operaciones propagandísticas tenían un tufillo a sacadas de otro siglo...

jueves, 14 de enero de 2010

Chile niega el asilo político a un liberal colombiano.


Uno de los más vergonzosos episodios de la por otra parte nunca demasiado lucida historia diplomática chilena, lo protagonizó (a su pesar, todo sea dicho) don Julio Barrenechea en el año 1952. Julio Barrenechea es mejor conocido (es un decir, en realidad, porque hoy en día poquísimos lo leen, si es que alguien) por haber ganado el Premio Nacional de Literatura en 1960. Pero ocho años antes, se desempeñaba como Embajador de Chile en Colombia. Eran años turbulentos en Colombia por aquella época. Era Presidente don Laureano Gómez, de tendencia ultraconservadora, que tenía a gala poseer un retrato afectuosamente firmado y dedicado nada menos que por Francisco Franco. Con un Presidente así, es lógico que los liberales, por mucha mayoría que fuesen por sobre los conservadores, las tenían que pasar muy mal.

En Abril de 1952, ante la Embajada de Chile, el liberal Saúl Buitrago Fajardo pidió asilo político. Había sido jefe del liberalismo en la localidad de Yacopi, había sido diputado, su vida estaba amenazada, y la policía, además de incendiar su farmacia y su casa vecina, había asesinado a su padre y a su hermana. Durante un tiempo había resistido al Gobierno como guerrillero, pero después había depuesto las armas, decepcionado de la lucha armada como método político. Julio Barrenechea hacía memorias (frente al periodista Hernán Millas, que da testimonio de esto en su libro "Habráse visto") de que Buitrago eligió a Chile entre varias opciones debido a que su Himno Nacional dice "Y o la tumba serás de los libres, o el asilo contra la opresión"... El asilo para Buitrago fue pedido por Alfonso López, Eduardo Santos y Carlos Lleras Restrepo, titanes pesados de la República de Colombia: todos ellos habían sido en su turno Presidentes, nada menos. Julio Barrenechea había concedido cinco asilos, y con éste concedió el sexto, en calidad de provisorio mientras consultaba con la Cancillería de Chile.

Laureano Gómez se indignó, dijo que Chile le estaba concediendo asilo a un bandolero, y envió a la policía para cercar la Embajada. Irónicamente, el propio gobierno de Laureano Gómez en aquel tiempo le había dado asilo al peruano Víctor Haya de la Torre, y como la por entonces dictadura peruana había amenazado a Colombia, los colombianos habían recurrido a la Corte Internacional de Justicia de La Haya para que "amparase el sagrado derecho de asilo"... ¡Lo que el colombiano Laureano Gómez consideraba bueno para sí frente a los peruanos, no estaba dispuesto a concedérselo a los chilenos! Julio Barrenechea, como Embajador ante Colombia, conocía esta situación, y sabía que jurídicamente podía darse la pelea. Pero su superior, el Canciller chileno Eduardo Yrarrázabal Concha, que era conservador (derechista, entendámosnos) simpatizaba con Laureano Gómez, o bien simplemente se acobardó, y envió un cable brutal, por el cual ordenaba a Julio Barrenechea echar a Buitrago de la Embajada al día siguiente.

Julio Barrenechea, en un gesto que lo honra, envió entonces su propio cable a Gabriel González Videla, a la sazón Presidente de Chile: "Inhumana actitud vuestro Gobierno al negar asilo concedido por mí, provisionalmente, a un guerrillero colombiano, es incompatible con conciencia pueblo chileno, tradición nuestra Cancillería y mis personales convicciones. En consecuencia, renuncio indeclinablemente a continuar representándolo como Embajador ante Gobierno de Colombia". Para los no enterados en Historia de Chile, es bueno recordar que González Videla había sido elegido Presidente con el apoyo de los comunistas en 1946, y luego los había traicionado indignamente, poniéndolos fuera de la ley y abriendo campos de concentración en su contra a través de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia.

Por supuesto que apenas salió de la Embajada, Buitrago fue arrestado por la policía colombiana. Murió semanas después, asesinado en prisión, por el clásico expediente de montar en escena una fuga. En cuanto a Julio Barrenechea, cargó hasta el último con el dolor de haberle fallado a alguien que había confiado en él. Refiere el mismo Hernán Millas haberle escuchado decir: "Pudo escoger cualquiera otra embajada. Buscó la chilena, porque la creyó la más humana, la de mejor fianza. Resultó antesala de la muerte"...

domingo, 28 de junio de 2009

La historia del símbolo de la paz.


Los movimientos pacifistas no eran cosa del pasado reciente, y desde siempre ha habido gente opuesta a las guerras, aunque fue recién en el siglo XIX que estos movimientos se expandieron desde la élite intelectual y sus panfletos filosóficos hasta los peatones de todos los días, quienes empezaron a movilizarse contra la creciente carrera armamentista del mundo. Pero después de 1945, disponible ya el arma atómica (al menos en potencia) para todos los arsenales del mundo, las marchas pacifistas se tornaron incluso más angustiosas. Después de todo, ya no eran pueblos arrasados ni sembradíos quemados los que estaban en juego, sino la supervivencia de la Humanidad como un todo.

En medio de aquel ambiente, en el año 1958, se convocó una marcha de cuatro días en Londres, a favor del desarme nuclear. El diseñador y artista Gerald Hortom decidió diseñar un símbolo que fuera simple, apropiado para ser reproducido muchas veces, y que representara la paz. Tomó entonces las iniciales de "Nuclear Disarmament" ("Desarme Nuclear"), y empleando el sistema de banderas del semáforo, unió la N (un hombre con los dos brazos abiertos hacia abajo en 45°) y la D (un hombre con un brazo extendido hacia abajo y otro hacia arriba), inscribiéndolos dentro de un círculo. El propio Hortom dijo también, en otra ocasión, que el dibujo representa a un hombre con los brazos abiertos en desesperación.

El nuevo logotipo fue dejado intencionadamente sin derechos de autor, para que así pudiera ser reproducido sin problemas por los manifestantes contra la guerra y las armas. Y ha sido reproducido también en propaganda comercial, pero no se puede evitar que las acciones altruistas sean explotadas a veces... Con todo, el dibujo ha pasado a ser el símbolo de paz por antonomasia, al nivel de la paloma con la rama de olivo o similar.

jueves, 12 de marzo de 2009

El despiadado Tucho Caldera.

Uno de los criminales más despiadados que ha conocido la Historia de Chile, es sin lugar a dudas el Tucho Caldera. Su verdadero nombre era Alberto Caldera García. Desde niño se hizo conocido como matón, y ya de mayor, utilizaba la violencia para intimidar a los opositores políticos en tiempo de elecciones. Se le conocía también su extraordinario sadismo con los animales. Le gustaba arrojar perros al fuego para que se quemaran vivos, y mantenía un ejército de perros en su casa a los cuales arrojaba gatos vivos (y, según se dice, un caballo enfermo, una vez) para deleitarse viendo cómo los devoraban. Dichos perros engulleron también a una sirvienta del Tucho, en lo que fue calificado como un "extraño accidente", después de que dicha sirvienta le hubiera desobedecido una orden... Otras personas alrededor del Tucho fallecieron o desaparecieron también en extrañas circunstancias, pero sólo pudieron probársele dos homicidios, por los que cumplió sentencia en la Ex Penitenciaría de Santiago.

Si hubiera sido sólo por eso, hubiera quedado como una anormalidad, pero el Tucho Caldera se superó a sí mismo cuando trampeó y luego asesinó a Demetrio Amar Abedrapo, un empresario palestino radicado en Chile. Corría el año 1947, y viendo que Demetrio Amar no sabía ni leer ni escribir en castellano, lo convenció de que firmara un documento notarial en el que supuestamente le vendía unas tierras. El documento en realidad era un poder amplio de administración de todos los bienes de Demetrio Amar al Tucho Caldera, además de un poder para contraer matrimonio con la hijastra de éste.

Cuando Demetrio Amar se descubrió casado con la hijastra del Tucho Caldera, y por supuesto que privado de su fortuna, encaró al estafador. Este no encontró entonces mejor salida que matarlo. El Tucho tenía experiencia como carnicero, y usó esta experiencia para descuartizar, a golpe de hacha, sierra y serrucho, el cadáver en 19 piezas (la cabeza, 6 piezas para el tronco, y tres por cada extremidad en las articulaciones), y esconderlas en cajas de sombreros. Corría el 10 de Mayo de 1947. Un mes después lo arrestaron y sometieron a juicio. Curiosamente, su abogado defensor tenía una tía, que era hacendada, y que había sufrido ella misma las bellaquerías del Tucho, ya que éste había sido condenado anteriormente a 10 años de prisión por robarle el ganado (cumplió siete en la cárcel de San Felipe, y por cierto, fue recordado por su mala conducta carcelaria, promoviendo incansablemente motines contra los gendarmes)...

En la época aún existía en Chile la pena de muerte, y el Tucho Caldera fue condenado a ella. Corría el año 1951 cuando por fin lo llevaron al paredón de fusilamiento. De manera desafiante, y con el carácter que le había acompañado toda la vida, gritó la siguiente bravata: "¡Aquí verán morir a un valiente!". Sin embargo, al poco, los esfínteres del valiente se relajaron, y el último acto en vida del Tucho Caldera, el psicópata mataanimales y descuartizapersonas, fue cagarse en sus pantalones.

domingo, 25 de enero de 2009

Víctima del Meteorito Hodges.

La llegada de métodos cada vez más precisos para estudiar el espacio exterior nos reveló que la Tierra marcha a través de una verdadera ruleta rusa de impactos meteoríticos, y que más tarde o más temprano, alguna de esas rocas espaciales podría estrellarse y barrer con la especie humana. Hace 65 millones de años, casi todos los científicos están de acuerdo, uno de ellos aniquiló tranquilamente a los dinosaurios. En 2004 se descubrió un peligroso martillo meteorítico llamado Apofis, que podría estellarse contra la Tierra en alguna de sus dos futuras pasadas por la órbita terrestre, en 2029 o en 2036 (¿existirá Siglos Curiosos aún para esa fecha...?). En 1972, un meteorito de 150 toneladas pasó rozando la atmósfera terrestre, y la fricción con el aire dejó una estela luminosa que fue vista incluso a pleno día. Y el 30 de Junio de 1908 aconteció el Incidente de Tunguska, en el que un núcleo cometario se habría estrellado contra Siberia y ocasionado una destrucción que no fue mayor, debido al hecho de que el sitio de impacto estaba muy deshabitado.

Pero la persona que mayor peligro ha corrido víctima de un meteorito, es una dueña de casa llamada Ann Hodges. Porque ella fue víctima del único impacto de meteorito contra un ser humano que se haya registrado (hasta comienzos del 2009, al menos), lo cual no es un récord para celebrar, que digamos. Nacida en 1923, en el año 1954 (superada la treintena, por ende) vivía en la ciudad de Sylacauga, en Alabama, en una casa arrendada. Cerca de la una de la tarde del 30 de Noviembre, una roca espacial de unos 30 centímetros de diámetro y unos 3 kilos de peso, perteneciente al tipo Condrita H (alta concentración de hierro, un tipo "vulgar" de meteorito porque cerca del 40% de los meteoritos lo son), perforó limpiamente el techo de la casa. Se estrelló contra un aparato de radio de madera, haciéndola lógicamente pedazos, y rebotó en dirección a la infortunada Ann Hodges, que en ese minuto estaba tomando una tranquila siesta en el sofá. Anne Hodges libró con vida del incidente, pero naturalmente que debió ser hospitalizada, en parte por las imaginables lesiones, y en parte por el shock de ser bombardeada de una manera tan poco usual (caso único en la Historia Universal, hasta donde se ha registrado, repetimos). Por supuesto que al ser un caso único, el doctor Moody Jacobs (en la foto), que trató a la paciente, se transformó así en el único médico en la historia humana (o el primero registrado, al menos) cuyo cometido ha sido curar a un paciente de una herida ocasionada por meteorito... Aún así, Ann Hodges nunca se recuperó totalmente de las secuelas psicológicas que le dejó el incidente.

El meteorito originó después una curiosa batalla legal por su pertenencia. La USAF (United States Air Force) envió un helicóptero a apoderársela. Eugene Hodges, marido de Ann Hodges, contrató un abogado para recuperarla. El arrendador de la casa, por su parte, también litigó para obtener el meteorito, y así ayudarse a pagar las reparaciones de la vivienda. Después de varios pleitos legales, Ann Hodges consiguió finalmente el meteorito y, contra lo que quería su marido, lo donó a un museo. En cuanto a Ann Hodges, ella falleció en 1972, de una falla renal, manera un tanto vulgar de morirse para alguien que salvó con vida de ser golpeada por los cielos...

Una ironía para rematar la anécdota. La casa estaba ubicada frente a un autocinema. ¿Su nombre? Comet Drive-in Theatre.

domingo, 21 de diciembre de 2008

¿Juan XXIII...?


Durante cerca de medio milenio, el nombre "Juan" fue maldito entre los Papas, y ninguno quiso llamarse así. Y eso que Juan era uno de los predilectos de los Papas para darse nombre a sí mismos. Hasta el siglo XIV, la lista oficial de Papas incluye a 22 Juanes. Juan XXII gobernó a la Iglesia Católica entre 1316 y 1334, y por lo tanto ejerció su Papado no desde Roma, sino desde la ciudad de Avignon (el Papado tuvo dicha ciudad por sede entre 1309 y 1377, por razones políticas, fundamentalmente la presión de la entonces poderosa corona francesa).

Todo cambió después de 1378. En esa fecha se produjo un gran cisma, con dos Papas peleándose por la legitimidad, uno desde Roma y el otro desde Avignon (más tarde, desde el Concilio de Pisa de 1409, hubo incluso un tercer pretendiente). El historiador Edward Gibbon, en su voluminosa "Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano", en el apartado reservado a la Edad Media (la caída del Imperio Bizantino o Romano de Oriente), dice sobre el carácter inicuo y violento de este Papa ("antipapa", según la Iglesia Católica), que se le acusó de piratería, asesinato, violación, sodomía e incesto, y que se suprimieron contra él las acusaciones más graves (¿las había peores...?). El caso es que en el Concilio de Constanza se le obligó a renunciar junto con los otros dos pretendientes (1417). Y la reputación del nombre Juan quedó tan manchada, que ningún Papa quiso llamarse así en los próximos 500 años (como la Iglesia Católica lo considera antipapa, cualquier Papa Juan debería darse el número XXIII, y no el XXIV, para mayor bochorno).

Hasta la llegada de Angelo Roncalli, un cardenal cuya carrera diplomática al servicio del Vaticano le había entrenado bien en el arte de los mensajes sibilinos. En 1958, próximo a cumplir los 77 años, fue elegido Papa. Para sorpresa general, tomó el nombre de Juan XXIII. Cuando le preguntaron el por qué había adoptado el nombre de un antipapa como el suyo propio, repuso con notable sabiduría que antes del "antipapa" Juan XXIII del siglo XV, habían existido 22 Papas legítimos de nombre Juan... Además de que el nombre Juan está por todas partes, incluida la Iglesia de San Juan Lateranense (esto es, San Juan de Letrán, una ciudad actualmente en la órbita de la megaciudad de Roma). Y si el Juan XXIII renacentista había sido un bribón de marca mayor, y seguramente uno de los hombres más despreciables que han pasado por el solio pontificio, el Juan XXIII del siglo XX resultó ser tan asombrosamente carismático y abierto al mundo de su tiempo, que fue honrado universalmente después de morir (cáncer, en 1963) con el apodo de "el Papa bueno".

Para hacer más compleja la cuestión de la numeración de los Papas Juan, resulta que posiblemente Juan XXIII sea efectivamente el N° 23, y el "antipapa" Juan XXIII en realidad sea "Juan XXII". En la Edad Media hubo notables confusiones por una inscripción malinterpretada en el Liber Pontificalis (aquel libro oficial en que se registran los Papas). De hecho, formalmente nunca ha habido un Papa Juan XX, por lo que el "antipapa" Juan XXIII vendría siendo en realidad Juan XXII, y así Angelo Roncalli, en el siglo XX, efectivamente habría sido Juan XXIII (sin considerar como antipapa al Juan XXIII del siglo XV...).

jueves, 13 de noviembre de 2008

Van Turco el gato del Lago Van.


Todavía en pleno siglo XX, aunque explorada prácticamente toda la Tierra, el mundo de los felinos seguía dando sorpresas. Una de ellas fue el hallazgo del Van Turco. Su historia es la siguiente.

El Lago Van, una cuenca endorreica (es decir, sin salida acuática, lo que le confiere una gran salinidad) a 1600 metros de altitud, y ubicada en una zona altamente inhóspita, es bien conocido por los historiadores de la Antigüedad, debido a que en sus cercanías surgió el poderoso reino de Urartu (el de los hurritas, por más señas), bien custodiado por los contrafuertes montañosos de Armenia. Por ello, en siglos posteriores fue peleado por varios imperios distintos. En la actualidad, el Lago Van está en manos de Turquía.

A orillas del Lago Van surgió una raza de gatos salvajes llamada Van Kesidi. En 1955, la viajera Laura Lushington, conocida también como especialista en gatos, viajó por sus orillas, y en un pueblo descubrió una raza desconocida de gatos. Le obsequiaron dos cachorros, que se llevó prestamente a su país. Después, parece ser que se identificó la raza en estado salvaje, en otras regiones de Turquía, pero el nombre de Van, debido al hallazgo original, quedó. Los gatos descendientes de las dos crías transportadas por Laura Lushington, se transformaron después en la raza Van Turco.

El Van Turco, un gato de manto (pelaje) blanco con apenas un par de manchas en la cabeza, suele ser considerado como cariñoso e inteligente. Pero el rasgo que le aseguró fama inmediata entre los criadores de gato, es que, haciendo honor a sus orígenes a orillas de un lago como el Lago Van, y a diferencia de otros gatos, el Van Turco sabe nadar, y además de eso, disfruta de bañarse en lagos, piscinas, piletas...

ESTE POSTEO ESTÁ DEDICADO A LA MEMORIA DEL GATO JAMES (n. cerca 1-I-2004, f. 9-XI-2008).

domingo, 25 de noviembre de 2007

"Separados pero iguales".

Una de las más oscuras páginas de la segregación racial en Estados Unidos, es aquella de la doctrina "separados pero iguales". La historia es la siguiente.

Después de 1865, acabada la Guerra Civil de Estados Unidos, se proclamó legalmente que la esclavitud quedaba abolida (13a Enmienda), y que de hecho, los negros y los blancos eran iguales, y con igual derecho a ser protegidos por la ley y el Estado (14a Enmienda). Por supuesto que esto disgustó a los blancos, en particular a los blancos del Sur, quienes apenas las tropas del Norte se retiraron, pasaron una serie de leyes de segregación racial. Frente a ellas, el Estado no hizo nada, porque se estimó que la 14a Enmienda se aplicaba sólo al Estado, y no a los particulares que aplicaran la segregación en sus propios servicios.

No tardaron en aparecer los rebeldes a las leyes, y con ellos, los juicios sobre el particular. En Mayo de 1896, en el caso "Plessy vs. Ferguson", la Corte Suprema de Estados Unidos falló con siete votos a favor y sólo un disidente, que las leyes de segregación racial no vulneraban la igualdad de derechos entre blancos y negros, en tanto ambos grupos segregados recibieran un trato igual. Con lo que se impuso la doctrina de "separados pero iguales".

En la práctica, naturalmente, los negros recibían peores servicios que los blancos, incluyendo menos subvenciones educacionales por parte del Estado, lo que llevaría a nuevas revueltas sociales. Cuando el movimiento por los derechos civiles entró en efervescencia, en los '50s, se ventiló un nuevo juicio, el caso "Brown vs. Board of Education", en la que un grupo de padres demandó el fin de la segregación racial en Kansas. La Corte Suprema señaló, esta vez por la unanimidad de los nueve votos, que toda segregación era, de hecho, una situación de desigualdad. No fue el fin de la segregación, por supuesto, ya que aún quedaba por luchar contra ella en el uso de los bares y de los medios de locomoción, pero al menos destruyó para siempre la doctrina del "separados pero iguales", en cuyo nombre los segregacionistas pudieron durante tanto tiempo reirse en la cara de sus compañeros estadounidenses.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La isla que vivió durante cinco días.

Aunque la Tierra flota sobre un mosaico de placas tectónicas que se deslizan como cabareteras sobre un escenario, este movimiento es tan desesperantemente lento que se mide no por tiempos históricos sino geológicos. Por lo tanto, se puede afirmar que la geografía terrestre ha permanecido fundamentalmente invariable desde que se retiraron los glaciares y comenzó el Holoceno, hace unos diez o doce mil años atrás, y que durante todo ese tiempo la geografía terrestre ha permanecido más o menos igual. Por eso, la historia de la brevísima isla Myojin es peculiar. Porque esta isla surgió durante una erupción volcánica marina, sólo para hundirse cinco días después.

Existe un archipiélago llamado las "Islas Izu", al sur de la Península de Honshu, o sea, al sur de Tokio, en Japón. Resulta que estas islas son sumamente volcánicas porque están cerca de una confluencia de placas tectónicas; de hecho, la cadena de islas se detiene justo en el punto donde confluyen nada menos que tres placas tectónicas, creando una enorme zona de inestabilidad vulcánica.

El 18 de Septiembre de 1952, mientras navegaba por una zona de las Islas Izu conocida como las Rocas Bayonesas, el navío japonés Shikine Maru fue testigo de un evento impresionante. A las 09:20 horas, a unos 1500 metros de profundidad, empezó una violenta erupción volcánica submarina; por cierto, la existencia del Myōjin-shō, el volcán submarino en cuestión, era conocida desde al menos 1869. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando horas después, en el transcurso de la tarde del mismo día, la lava solidificada alcanzó la superficie, sin que el volcán dejara de tronar, al tiempo que nubes de azufre empezaron a esparcirse por la atmósfera. Una columna de vapor se abrió pasó así entre bolas de fuego, rayos y truenos.

Tras varios días escupiendo lava alegremente, y después de alcanzar más o menos los 10 metros por sobre el nivel del mar, la isla en cuestión terminó de hundirse en el transcurso del día 23 de Septiembre del mismo año. Sin embargo, no se marchó sin un acto final. Porque en la zona, y exactamente sobre la ubicación de la isla hundida, se instaló el Kaiyo Maru, una nave japonesa de investigación científica. El volcán decidió entonces, con un negro sentido del humor, lanzar su andanada final, y se tragó la nave. El saldo de la tragedia ascendió a 31 muertos, incluyendo a los nueve científicos destacados a bordo de la nave para investigar la erupción.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Cuando Sophia Loren fue la Aída de Verdi.

Sí, sí sucedió... La neumática sex symbol italiana Sophia Loren fue, en los comienzos de su carrera, nada menos que la Aída de Verdi. O al menos, la mitad de ella, aquella encargada de prestar el físico, porque en lo que respecta a la voz... Sucedió de la siguiente manera.

A comienzos de la década de 1950, quizás como una reacción contra el exceso de neorrealismo que había inundado la pantalla italiana después de la Segunda Guerra Mundial, se pusieron de moda en el cine italiano las "óperas filmadas". Esto es, se tomaba una ópera que fuera más o menos popular (en esa época este género lo era más que ahora), y se la escenificaba. Ayudaba mucho la vieja práctica italiana de grabar por separado las escenas visuales y los diálogos de los personajes, lo que permitía mezclar el cuerpo de un actor y la voz de otro (años después lo haría Passolini con su "Evangelio según San Mateo").

Uno de los éxitos más resonantes de esta moda, que resultaría efímera, fue la "Aída" de 1953. En esa película, realizada como de costumbre (o sea, escenarios amplios y ampulosos, como "videoclip" de la ópera de Giuseppe Verdi), Aída fue interpretada por Sophia Loren, por entonces no muy conocida, pero voluptuosa como siempre, y la voz le fue proporcionada por Renata Tebaldi, una de las más reputadas sopranos de todos los tiempos; una película con pretensiones, como se dice.

Como dato de trivia, la hija del faraón fue interpretada por una jovencita Lois Maxwell, quien una década después interpretaría a Moneypenny en la saga de películas de James Bond.

Y como trivia final, en ese mismo año Sophia Loren hizo otra peli de ambientación egipcia, nada menos que interpretando a Cleopatra, en "Noches de Cleopatra"; para esta película se tomó una serie de lindas y picarescas fotitos promocionales que nada tenían que ver con la trama del filme...

miércoles, 22 de febrero de 2006

Una salida de Ibáñez del Campo.


Carlos Ibáñez del Campo, Presidente de Chile por la vía del "pronunciamiento" a finales de los 20s, y por la electoral en los 50s del siglo XX, era hombre de reconocido poco ingenio y humor. Una de las pocas salidas que se recuerdan de él, fue a costa de los bolivianos.

A finales de su período como Presidente democrático emprendió un viaje a Arica, el puerto que Bolivia pretendía y pretende como salida al mar. Aprovechando la presencia del augusto visitante, se reunió una manifestación de residentes bolivianos, que al unísono empezaron a reclamar:

-¡Queremos puerto, Presidente! ¡Queremos puerto, Presidente!

A lo que Ibáñez del Campo habría respondido:

-¿Y para qué quieren puerto, si no tienen mar...?


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