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jueves, 23 de junio de 2011

¿De dónde vienen los turcos?

¡De Turquía, por supuesto! ¿Por supuesto? Miren ustedes de nuevo. En realidad la relación es exactamente al revés: no es que los turcos se llamen así porque sean nativos de Turquía, sino que Turquía se llama así debido a que el territorio que ocupa dicho país fue invadido en tiempos históricos por los turcos (así como Francia se llama así porque en la Edad Media fue invadido por los francos). Por eso, acá en Siglos Curiosos trataremos de repasar la historia de cómo los turcos llegaron hasta Turquía. Porque los orígenes de los turcos son otro de esos grandes desconocidos de la Historia Universal. Como buena horda nómada, sus orígenes más remotos sólo podemos rastrearlos a través de la evidencia de la dispersión lingüística, algo de arqueología, y de los siempre salvadores registros de las potencias sedentarias que ocasionalmente se refieren a ellos al tiempo de sufrir sus golpes y azotes. Pero...

Aparentemente los turcos están relacionados con los hunos (los mismos famosos por Atila), y parece ser que los turcos en realidad eran una rama o tribu dentro del más grande grupo de los hunos. Con el resto de los hunos, los turcos (köktürks en esa época) fueron un gran incordio para los chinos (que llamaban "hiung-nu" a los hunos). Hasta que los hunos emigraron al oeste, cayendo sobre la India por un lado, y sobre Europa por el otro. En cuanto a los turcos, prefirieron quedarse.

Hacia el siglo VI, los turcos formaron su propio imperio en Asia Central, que prefiguró en cierta medida las empresas posteriores de los mongoles. El imperio se derrumbó por la guerra civil, y por los golpes que le asestaba China por el este, pero hacia el oeste, los turcos se expandieron por toda Asia Central. La actual república de Turquestán les debe su nombre a una rama de los turcos (que entretanto, por supuesto, ya no eran una simple rama de los hunos, sino un pueblo por derecho propio), en concreto los turcomanos. Algunos turcos llegaron tan lejos hacia el oeste, que cruzaron toda Rusia y se instalaron en Bulgaria: allí, los búlgaros abandonaron su lengua nativa turca y adoptaron el idioma indoeuropeo eslavo llamado búlgaro. Pero el grueso de los turcos en Asia Central fueron batidos después por los mongoles, y su predominio político y demográfico acabó, por más que quedaron repartidos en regiones desde Siberia y China hasta Irán.

Hacia el siglo X, en el Asia Occidental comenzó el declive del Califato Abasida, la gran superpotencia musulmana del Medio Oriente. Los abasidas llamaron a una rama de los turcos, los selyúcidas, para ser sus guardaespaldas, y estos turcos selyúcidas contratados como pretorianos acabaron por secuestrar el gobierno y convirtieron el Califato en un Khanato turco de facto. Lo selyúcidas decayeron y de hecho fueron destruidos por los mongoles, pero en medio de todas estas debacles, una rama de turcos, los otomanos, consiguieron hacerse de un principado en Anatolia. Este principado creció hasta transformarse en el Imperio Otomano, reemplazando las antiguas etnias griegas por turcas en Anatolia, y transformando así a dicha península en lo que actualmente es Turquía, la región turca más famosa de todas.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Pueblos que le dieron nombre a su tierra.


A lo largo de la historia, varios pueblos nómades o seminómades han ido a instalarse en determinadas tierras, identificándose hasta tal punto con ellas, que a tales lugares se los ha conocido históricamente, e incluso hasta el día de hoy, con sus nombres. Así:

-- ESCOCIA. Debe su nombre a los escotos, una tribu que cruzó el Canal de la Mancha y ocupó tales tierras en épocas de los romanos.

-- ALEMANIA, FRANCIA, BORGOÑA: Deben sus nombres a los alamanes, francos y burgundios, tres de las revoltosas tribus germánicas que tomaron por asalto el Imperio Romano en el siglo V. Otro tanto cabe decir de los vándalos, que se asentaron en España durante un breve tiempo antes de saltar al Africa, no sin antes llamar Vandalucía a la que después será la actual Andalucía.

-- HUNGRÍA: También le debe su nombre a una tribu contemporánea a las anteriores, la de los terribles hunos, quienes bajo el reinado de Atila asentaron sus reales en dicho territorio y desde allí azotaron en repetidas oportunidades al Imperio Romano de Occidente. Por cierto, el nombre oficial de Hungría es "Magyar Köztársaság", que a su vez se refiere a otra tribu, la de los magiares, que atacó y se apoderó de dicha región en los siglos IX y X.

-- TURQUÍA Y TURQUESTAN: Los turcos no se llaman así, al menos originalmente, por ser habitantes de Turquía, sino al revés, ya que dicha región fue la que recibió nombre de éstos. La región original y nativa de los turcos es el actual Turquestán, en Asia Central, y desde allí emigraron varias tribus, una de las cuales, la de los otomanos, consiguió apoderarse de Turquía y retenerla bajo su dominio durante cinco siglos (XIV al XIX).

-- MAR TIRRENO: Este mar al oeste de Italia le debe su nombre a los tyrrenoi, nombre con el cual los griegos conocían a los etruscos.

-- IBERIA: Recibe su nombre de los íberos, que le dieron también nombre a la Península Ibérica.

-- PALESTINA: En el mundo de la Biblia se llama "pelisitim" a los filisteos, y se piensa que de ahí deriva el topónimo en cuestión.

-- MÉXICO Y EL CARIBE: En tanto, en el Nuevo Mundo, los mexicas dieron nombre a México. Los caribes, por su parte, dieron nombre al Mar Caribe.

Pero quienes batieron alguna clase de récord fueron los celtas, cuyo nombre romano (galos) se ha perpetuado en toda Europa: Galicia en España, Gales en Inglaterra, Galitzia en Polonia, Galacia en Turquía... Por no hablar de la Galia, el antiguo nombre de Francia. Esos fueron recuerdos de su estancia en tales lugares, o sus correrías de pillaje y rapiña (de Galacia, a su vez, vienen los gálatas a quienes San Pablo, según la Biblia, dirigió una de sus cartas).

domingo, 31 de agosto de 2008

La vida marítima de los bajau.


Entre los múltiples pueblos que es posible encontrar sobre la Tierra, los llamados "gitanos del mar", los bajau, que viven dispersos entre Indonesia, Malasia y Filipinas, son seguramente de los más curiosos. Nadie tiene muy en claro desde dónde salieron, y ni siquiera ellos mismos se denominan a sí mismos como tales; los bajau son en realidad varias tribus reunidas por un modo común de vida, a quienes la administración británica rotuló en su tiempo bajo la etiqueta de "bajau" en los documentos oficiales; y ni siquiera ellos mismos se reconocen como tales, porque para aprovechar las franquicias propias de las modernas nacionalidades, se llaman y consideran a sí mismos como "malayos".

Los bajau viven literalmente a bordo de sus embarcaciones. Los más pobres usan las lipias, una especie de embarcación a vela. Otros bajau recurren a unas largas canoas techadas, estabilizadas por unos palos laterales llamados batangas. A bordo de sus naves, los bajau cocinan, comen y duermen. Para no quemar la barca, el fuego deben encenderlo dentro de un recipiente de barro cocido; no sólo la barca misma, sino que también el techo y las paredes, son de madera. Su principal alimento es, por supuesto, el pescado, que ellos mismos pescan, y a veces compran una raíz llamada casava, a los habitantes de las islas que visitan.

Algunos bajaus, con el paso del tiempo, fueron instalándose en las costas, en particular sobre palafitos. Los niños bajaus muchas veces, para ir de casa a casa, usan zancos. Siguen siendo pescadores, aunque debido a la proximidad de la tierra, algunos se han hecho granjeros.

Los bajaus no han permanecido ajenos a los ciclos de la historia, por supuesto. Aunque la principal imagen de ellos es verlos como un pueblo nómade marítimo, hay reportes de bajaus que sirvieron históricamente como guardia del Sultán de Johor, una de las potencias militares que se instaló en el pasado en Malasia. En calidad de tales, tuvieron algunas intervenciones en Borneo, otra de las islas de la región.

En lo religioso son musulmanes, y practican el Shafi'i, una variante de la Sunnah (la religión musulmana mayoritaria, en oposición a la Shi'a minoritaria). Sin embargo, no han echado por la borda sus tradiciones religiosas preislámicas, y así le entregan ofrendas a Omboh Dilaut, el Dios del Mar.

domingo, 29 de junio de 2008

La casa subterránea de Luke Skywalker.

Quienes hayan visto la primera peli de "La guerra de las galaxias" (o sea, las cuatro quintas partes de la Humanidad), recordarán que la granja de Luke Skywalker estaba bajo tierra. Esto no fue un set de estudio ni un decorado de tramoya. En verdad, la película fue rodada en una casa subterránea. El lugar se llama Matmâta, se encuentra en Tunicia, y tiene su propia historia.

Es bien sabido que Tunicia es parte del Desierto del Sahara. En dichas tierras se instalaron desde antiguo, explotando los oasis, las tribus bereberes. Nadie sabe muy bien cómo empezaron a construir asentamientos subterráneos, pero muchos suponen que desde la época cartaginesa o romana, algunas tribus egipcias habrían sido enviadas allí para exterminar a todo bereber rebelde. Para controlar mejor la región, estas tribus habrían optado por abandonar la tradicional construcción sobre la superficie, y se habrían escondido en macizos de piedra blanda, que podía excavarse.

Las casas de Matmâta son así una especie de grandes socavones subterráneos, abiertos a la superficie, que sirven de patio común para la colectividad, la que se aloja en habitaciones subterráneas con salida a dicho patio común; algunas de esas habitaciones son destinadas a despensa o para el ganado. Las ventajas de vivir así son varias. En primer lugar, no tienen que preocuparse por conseguir materiales de construcción, algo vital en un medio tan poco hospitalario como el desierto, en donde lo único que abunda es arena y mala bilis. En segundo lugar, el patio subterráneo crea un microclima de sombra que hace más soportable el calor del Sahara. Además, tienen protección contra las tormentas de arena. Y militarmente mejora mucho la defensa, porque una construcción de ese tipo no ofrece un perfil definido en el desierto, por lo que no puede ser detectado desde lejos por un invasor casual.

Las comunidades subterráneas de Matmâta permanecieron casi ignoradas para el mundo occidental, hasta que una desafortunada casualidad las reveló. En 1967 un evento climático altamente inusual en el Desierto del Sahara, a saber una lluvia torrencial que duró 22 días, anegó todas las comunidades. El gobierno de Tunicia envió entonces gente para evaluar el daño y construir nuevas construcciones, encontrándose con la sorpresa de que existían pobladores bereberes completamente escondidos, a quienes nadie había encontrado antes, viviendo de esa manera. Inmediatamente les construyeron casas sobre la superficie, pero los bereberes se negaron a abandonar sus cavernas tradicionales. Por lo que siguieron ahí hasta el día de hoy, con el valor añadido del turismo. El cual se vio aún más potenciado cuando, una década después, el cineasta George Lucas eligió dicho sitio como locación para su nueva película de Ciencia Ficción, "La guerra de las galaxias". Y es que para la gente de la época, dichos moradores de las arenas debieron haber parecido casi como alienígenas en medio del siglo XX...

jueves, 8 de mayo de 2008

El Gran Viaje de los voortrekkers.

Es propio de las civilizaciones social y tecnológicamente más avanzadas, utilizar esas fuerzas para colonizar territorios más salvajes, primitivos, despoblados o desorganizados. Los europeos, que durante la Edad Media debieron afrontar una serie de invasiones (sarracenos, magiares, vikingos, mongoles...), pasaron a la ofensiva en el siglo XVI, y desde ahí en adelante ya no pararon de colonizar. Uno de los más rudos grupos de colonos, fueron los bóers.

Los bóers eran descendientes de los holandeses que fundaron Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, en 1652. Resulta insólito pensar que un enclave tan ventajoso para las comunicaciones marítimas entre el Océano Atlántico y el Indico no fuera controlado sino hasta esa fecha, pero así fue. Fueron recibidos por unos nativos de economía pastoral, que se llamaban a sí mismos joijoin, y que por eso los holandeses, en son de burla, los llamaron hotentotes. La viruela hizo el resto, y los hotentotes fueron prontamente subyugados. Los bóers también se las hubieron con los bosquimanos y los zulúes, que tenían el territorio a su favor. Pero los bóers, por su parte, eran protestantes, y muchos venían arrancando de persecusiones religiosas en Europa, y el fanatismo religioso, más las armas de fuego, les dieron la superioridad. Muchos nativos fueron asesinados, y los supervivientes debieron escapar a los Montes Drakensberg o al Desierto del Kalahari, en donde debieron adaptarse a modos de vida que aún conservan. O bien fueron esclavizados.

En el siglo XIX, declinando ya el poder holandés y gobernándose los bóers por sí mismos, llegaron los británicos. Y ahí se produjo la gran reversión de fortuna. Porque los británicos impusieron sus leyes en Ciudad del Cabo, incluyendo la prohibición de la esclavitud, algo que disgustó a los bóers, que usaban esclavos negros para mantener sus plantaciones. Incapaces de resistir, fueron ahora los bóers quienes emprendieron la emigración en masa, hacia el interior del Africa, en la década de 1830. A esto se le llamó el Gran Viaje, y estos emigrantes fueron llamados voortrekkers (literalmente, "quienes viajan hacia adelante"). Se abrieron paso hasta el espacio entre los ríos Orange y Limpopo, y fundaron dos repúblicas, Transvaal y el Estado Libre de Orange. Allí consiguieron mantener el modo de vida que habían ejercido durante dos centurias, hasta que en los albores del siglo XX, en las llamadas Guerras de los Bóers, las tropas británicas conquistaron dichos territorios y los redujeron a colonias de su gigantesco imperio mundial. Hoy en día, tanto Ciudad del Cabo como los territorios de Orange y Transvaal pertenecen a Sudáfrica, después de que esta república se independizara del Imperio Británico.

jueves, 18 de octubre de 2007

La religión de los papúes.

Los papúes, habitantes de la isla de Nueva Guinea (al norte de Australia), tienen algunas ideas religiosas que, encuadrándose dentro de lo que podemos llamar "animismo", presentan algunas características peculiares.

Los papúes consideran que en el mundo existen innumerables espíritus invisibles. Lo novedoso es que dichos espíritus son antepasados, y éstos se corresponden con una humanidad más antigua que la nuestra, y por ende, diferente. Adoran también a distintos dioses que, curiosamente, suponen que estuvieron vivos en los tiempos antiguos, pero que en la actualidad estarían muertos. Puede ser que estos dioses integren por tanto la tierra de los difuntos, pero también pueden rondar por el mundo actual, ayudando a los distintos seres humanos.

Otro detalle peculiar de la religión de los papúes son los monumentos de piedra. Estos son de pequeño tamaño, casi como menhires en miniatura. Lo curioso es que los propios papúes no tienen mucha idea o conciencia acerca de su procedencia. Quizás esto apoye, en la conciencia propia de los papúes, la idea de una cultura anterior a la suya propia. Por su parte, los arqueólogos tampoco pueden proporcionar respuestas ciertas sobre estos primeros estadios culturales de los papúes, de momento al menos.

domingo, 19 de noviembre de 2006

El reino de los jázaros.


Contraviniendo al menos en parte la fama de ser una religión oprimida y perseguida, lo cierto es que en forma regular e intermitente, el Judaísmo ha aparecido en la Historia como la religión oficial de varios estados, que a veces no tienen sino una conexión muy remota con los hebreos o con Palestina.
El más importante de estos pueblos judíos fue, probablemente, el Imperio Jázaro. Es poco conocido el hecho de que Crimea y Ucrania, es decir, las regiones al sur de Rusia, fueron dominadas en la temprana Edad Media por un pueblo guerrero altamente organizado de procedencia turca, quienes eran los jázaros, precisamente. En la época, los turcos habían conseguido construir una gran confederación semiimperial que iba desde China hasta el Imperio Bizantino, y que era la pesadilla de los pueblos ubicados en terreno sedentario (en esa época los turcos aún no alcanzaban Turquía, sino que tenían su base de operaciones en lo que entonces y ahora se llama, por ellos, el Turkestán, en el Asia Central). Cuando esta confederación turca se deshizo, la horda de los jázaros consiguió hacerse con el control del sur de Rusia, creando un imperio enorme y vasto en la estepa.
Las razones por las cuales los jázaros se convirtieron al Judaísmo son desconocidas. Una posible explicación es que los jázaros podrían haber querido salirse de las querellas religiosas que por ese tiempo (el siglo VII) envolvían al Imperio Bizantino: una buena opción para no tomar partido por alguna facción cristiana, y a la vez no ser tildados de paganos, era hacerse judíos. También podrían haberse hecho musulmanes, pero las guerras que jázaros y musulmanes libraron en el Cáucaso abortaron para siempre tal posibilidad.
Los jázaros desaparecieron tan neblinosamente en la Historia como surgieron. Hacia el siglo X, desde el norte de Rusia y por los ríos, llegaron los vikingos, quienes fundaron una serie de ciudades, la más importante de las cuales fue Kiev. El destino final de los jázaros es absolutamente desconocido: quizás fueron asimilados por la cultura vikinga, aunque se sostiene muy en serio que los judíos azkenazíes podrían ser descendientes de los jázaros.

jueves, 26 de octubre de 2006

Navegando con los changos.

El pueblo de los changos, que habitó la costa del norte de Chile, parece en principio ser el prototípico grupo indígena precolombino no demasiado urbanizado ni civilizado. En realidad, en términos bastante estrictos, jamás abandonaron una economía de subsistencia y seminómade, y no parecen haber desarrollado la agricultura. Sin embargo, en lo suyo resultaron ser maestros perfectamente adaptados a su entorno.
La arqueología de los pueblos de la región es todavía demasiado vacilante como para arrojar conclusiones definitivas, pero se piensa que la cultura de los changos se desarrolló con posterioridad a la llamada Cultura Chinchorro. O sea, la carrera de los changos habría partido quizás unos tres o cuatro milenios antes de Cristo, y habría subsistido hasta la época de la dominación incaica, e incluso hasta el tiempo de los primeros españoles.
Como dijimos, los changos no tenían rasgos culturales demasiado característicos o propios, ni tampoco una cierta forma artística. Sin embargo, son conocidos debido a una peculiar adaptación tecnológica, muy suya. Puede decirse que los changos inventaron el más antiguo bote inflable del mundo.
Para construir éstos, los changos utilizaban las pieles de los lobos marinos, en esa época relativamente abundantes en la región. Con ellos construían flotadores, que les servían para elaborar balsas que podían sostener hasta unos cuatro tripulantes. De esta manera, los changos salían a recorrer las costas y pescar o cazar las presas que les permitirían subsistir. Este rasgo de ingenio demuestra lo bien adaptados que estaban a su forma de vida, a la vez que es una técnica muy rara a nivel mundial. Ni siquiera los esquimales, con sus ingeniosísimas mañas para doblarle la mano al medio ambiente, discurrieron algo así.

domingo, 8 de octubre de 2006

Los jíbaros.

Uno de los pueblos más famosos de América son los jíbaros. A pesar de esta circunstancia, son bastante poco conocidos, en términos de que la mitología sobre ellos ha terminado por comerse a la realidad. Para empezar, debido a residir en la Amazonia, son considerados vulgarmente como brasileños, pero en realidad viven en el curso superior del Río Marañón, lo que los hace no brasileños sino peruanos o ecuatorianos.
Los jíbaros pasaron a la historia por su famosísimo método de reducción de cabezas. Se han hecho múltiples chistes (incluyendo la película "Beetlejuice", de Tim Burton) sobre exploradores o misioneros que sufren el proceso y deben vivir en lo sucesivo con cabezas más chicas. Se hacen también cábalas sobre el proceso de reducción, incluyendo polvos mágicos o caldos misteriosos.
La realidad es que no se puede reducir la cabeza de un ser humano vivo. Para conseguir esas cabezas reducidas, los jíbaros las cortan (matando de paso a su propietario, o al menos, decapitando su cadáver), y luego las ahuecan, sacando toda la materia interna (léase cerebro y el resto del encéfalo). A continuación, para secarlas, las rellenan de arena sumamente caliente, y las dejan al sol. De este modo, al perder agua, van disminuyendo de tamaño. Por supuesto que, como la arena es mucha y además se enfría, en este proceso los jíbaros recambian continuamente la arena.
Aparte de esto, el pueblo de los jíbaros no presenta ninguna otra peculiaridad relevante, por lo que bien puede decirse que, de no ser por el asuntillo de las cabezas, no tendrían lugar alguno en la Historia Universal.

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