
Los idiomas no son estáticos ni fijos. Estos cambian y evolucionan con el paso del tiempo. No sólo adquieren o pierden peculiaridades gramaticales, o enriquecen o empobrecen su vocabulario, sino que además, las propias palabras se transforman a según cómo las vaya pronunciando la gente. ¿Quién podría decir que en un futuro, la palabra "tillible" que utilizan hoy en día los "cumas" o "flaites" (patipelados sin educación ni modales) chilenos no terminará por reemplazar al castizo y ortodoxo "terrible", por ejemplo, en Chile al menos? Uno de estos casos es la evolución de muchas palabras que en Latín eran con F, y en el castellano han pasado a ser con H muda (no todas, claro, o si no la F habría desaparecido de nuestro abecedario). Sin embargo, mientras que en algunos casos esta victoria de la H ha sido aplastante, como en el caso de "hacer" ("facer" hoy día suena a los tiempos del Quijote), o en palabras tales como "heno" (del latín "fenum"), harina (del latín "farina"), o hedor (del latín "foetor"), en otros casos la F siguió sobreviviendo contra fierro y fueg... perdón, contra hierro y fuego. Veamos.
-- HAMBRE. La palabra latina original es "famen". Y sin embargo, aunque la H se impuso en "hambre" y "hambruna", la palabra "hambriento" no es tan dramática como "famélico"... que sí conserva la F inicial.
-- HASTÍO. Este es un caso de virtual empate. Porque aunque la H tiene presencia aquí, su palabra original con F ("fastidio") sigue teniendo presencia en nuestro idioma, aunque con sentidos relacionados pero un tanto distintos.
-- HAZ. He aquí un caso curioso. Porque dependiendo del sentido, viene de dos palabras distintas... ambas con F. Eso es matar dos pájaros de un tiro. Cuando se refiere a un haz de plantas o un haz de luz, deriva de la palabra latina "fascies" (exacto, el mismo origen de "Fascismo"... pero eso es otra historia). Y cuando se trata del anverso de algo (el rostro o cara, podríamos decir, aunque este uso es mucho menos frecuente, casi un cultismo), viene de "facies", que significa rostro en latín.
-- HIERRO. La palabra original latina es "ferrum". Pero la F se ha defendido como gato de espaldas, porque aunque sea un tanto arcaica, todavía se puede usar la forma "fierro". Y si en el sustantivo la batalla es reñida, en los adjetivos "férrico" y "ferroso" la F ha sido una superviviente nata. Y también en las palabras "ferroviario" y "ferrocarril"...
-- HILO. Aquí no se puede hablar de victoria, sino de un incómodo empate, porque la palabra nueva ("hilo") ha suplantado a la antigua en todo lo que se refiere a los asuntos textiles, y también para referirse al esquema conductor de un discurso (el famoso "hilo argumental", vamos). Pero en otro sentido muy relacionado (piénsenlo bien), el de un ángulo aguzado o de línea divisoria, "filo" sigue tan campante por sus fueros. Incluso en Taxonomía, otra disciplina un tanto arcaísta, "filo" o "filum" es uno de los niveles de organización de las especies. Los seres humanos, por ejemplo, pertenecemos al filo o filum de los cordados (los vertebrados son un subfilo de los cordados... aunque justo es decirlo, el más bullangueramente numeroso de ellos).
-- HOGAR y HOGUERA. En este caso tenemos una clara bifurcación idiomática. Porque en ambas palabras vemos un triunfo indiscutible de la H. Pero por otra parte, en las palabras "fuego" y "foco" se conserva la F inicial. El origen común de todas estas palabras es la palabra latina "focus" ("fuego"), lo que explica la hoguera, y también el hogar si se detiene uno a pensar en expresiones tales como "calor de hogar" y similares.
-- HOJA. Aquí, la antigua palabra latina "folia" o "folium" ha sido derrotada en toda regla. ¿Quién podría ser tan pedante, arcaico y conservador para usar la palabra "foja" en vez de la más moderna "hoja"? Pues... un abogado. O un notario. O un conservador. O un juez. Porque tratándose de las hojas de los expedientes judiciales, aún se usa citarlos "a fs..." o "a fs... vta." (o sea, "en la hoja...", o "en la hoja... en su reverso"). Y "fs" es la abreviación de "fojas". Aunque con la computación invadiéndolo todo y usándose ahora los expedientes llevados por computadora, incluso esta última escaramuza de la F en este frente de batalla podría estar perdida.
-- HORCA. La palabra latina original era "furca". Incluso ése era el nombre de la horquilla del labrador para trabajar con el heno, aunque ahora es "horca" como cualquiera otra. Y sin embargo, contra todo pronóstico, la palabra "furca" aún sobrevive... en el campo de la Odontología. Una "furca", tratándose de tus preciosos dientes, es uno lo suficientemente corroído por la periodontitis, como para que se le vean las raíces a la pieza dental. Como la base del diente deja de ser una para ser las dos raíces, y se forma un hueco en medio, se le sigue dando el nombre antiguo de "furca". O sea, en este caso tenemos una victoria casi total de la H, con una F que se niega a salir del mapa.