
Es frecuente afirmar que el Pecado Original es producto de la rebelión del Demonio contra Dios, y que por lo tanto, fue el Demonio quien se disfrazó de Serpiente para tentar a Adán y Eva, o al menos, fue el instigador de que la Serpiente obrara de tal modo. El poeta John Milton lo tenía bien claro, cuando en su "Paraíso Perdido" declaró explícitamente que Satán se encarnó en la Serpiente por su astucia: "Y con inspección profunda consideró a cada criatura, por cual sería la más oportuna que serviría a sus tretas, y encontró a la Serpiente la de mayor capacidad en todo el Campo" ("and with inspection deep / Consider'd every Creature, which of all / Most opportune might serve his Wiles, and found / The Serpent suttlest Beast of all the Field.", Libro IX, versos 83-86, la traducción es muy libre, por cortesía de su servidor el General Gato). La Iglesia Católica, por su parte, afirma también que la Tentación y la Caída son obra de Satán: "El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador" (Catecismo de la Iglesia Católica, Canon 397, citado en lo pertinente; ver también cánones 385 a 421 que tratan extensivamente el tema). Y sin embargo, ¿es esto así? Asumiendo que el relato bíblico fuera cierto (y sabemos actualmente que no lo es, pero aún así, para efectos de análisis literario, digamos que sí), ¿realmente es la Serpiente el Demonio? Veamos.
El Génesis relata la historia de la tentación y la caída en su capítulo 3. En su primer versículo, dicho capítulo afirma que la Serpiente era el animal más astuto de todos. Pero en ninguna parte del Génesis menciona que la Serpiente fuera el Demonio. Después de que Dios pilla en falta a los compungidos Adán y Eva, viene la invención de la política: cada uno le echa la culpa al otro (Adán a Eva, y Eva a la Serpiente), y Dios toma la actitud de parvulario en Kindergarten, mandando a todos a castigo. En cuanto a la Serpiente, la obliga a caminar sobre su vientre y la obliga a comer polvo (Génesis 3:14). De esto podemos deducir que antes de la Tentación y Caída, la Serpiente tenía patas y gozaba de una dieta normal, y así lo han interpretado algunos pintores renacentistas, que han pintado a Adán, a Eva y a la Serpiente, esta última con patas de tipo salamandra (ahora se sabe que la serpiente, como animal de sangre fría, con un par de bocados al mes se basta, porque los animales de sangre caliente debemos comer cerca de veinte veces más de lo que deberíamos si fuéramos de sangre fría, y ese exceso se va en quemarlo para mantener una temperatura corporal constante, pero esto, para los autores del Génesis, era seguramente algo desconocido, y de ahí que pudieran ingenuamente atribuirle a la Serpiente su frugalidad al hecho de comer polvo). Como vemos, en ninguna parte se dice que la Serpiente fuera el Demonio.
La conexión entre ambos la hace sospechosamente un solo escritor de todos los que escribieron la Biblia, y que sintomáticamente no fue el autor del Génesis. Se trata de Juan Evangelista, quien es también el escritor del Apocalipsis. En dos fragmentos quiere dejar bien en claro que la Serpiente es en realidad el Diablo: "Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo" (Apocalipsis 12:9), y además "Y vi un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano. Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años (Apocalipsis 20:1-2). Por tanto, no es el grueso de la Biblia, y no entre ellos el autor del Génesis en primer lugar, quien dice que la Serpiente es Satanás, sino apenas uno de tantos autores, y para colmo, el que escribió al último de todos ellos. Por contraste, en el Libro de Job se menciona a Satán, pero no da luces de emparentarlo con la Serpiente (se menciona las serpientes a la pasada en Job 26:13, y en un contexto muy diferente al de Satán), ni tampoco el importantísimo teólogo San Pablo, quien en su Segunda Epístola a los Corintios menciona explícitamente a la Serpiente sin decir que es Satán (2-Corintios 11:3). Por lo tanto, según el Génesis, no fue el Demonio quién tentó a Adán y Eva, sino una mera criatura. Es un absurdo tan grande como si en "El hobbit" de Tolkien se dijera que no era Gollum a quien Bilbo le robó el Anillo, sino a Sauron que para la ocasión se había metamorfoseado en Gollum. Y esto es congruente con otras muchas leyendas, en las cuales se toma a tales o cuales animales y se les achaca la pérdida de la mortalidad (
en Siglos Curiosos ya referimos que los zulúes las emprenden con el camaleón y el lagarto, por ejemplo).
Frente a esto, la Iglesia Católica es prudente, y trata de desmarcarse del texto bíblico. En su Catecismo explica: "El relato de la caída (Gn 3) utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre (...). La Revelación nos da la certeza de fe de que toda la historia humana está marcada por el pecado original libremente cometido por nuestros primeros padres" (canon 390). O sea, a pesar de considerar a la Biblia como la Palabra de Dios, se dan el lujo de considerarlo un relato apenas metafórico, y seguir insistiendo en que, a pesar de ser Satán el Mal Supremo según ellos, y no haber pruebas de que la Serpiente fuera el Demonio, e incluso que fuera maligna (después de todo, le dio a Adán y Eva el derecho a elegir, algo que Dios no les había dado), aún así la actitud de Adán y Eva fue de alinearse con el mal. Para pensarlo.