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jueves, 10 de diciembre de 2015
Nerón tiene un gusto grotesco.
Nerón. Un emperador tan fuera de serie, que fue necesario todo el poderío de Peter Ustinov para que lo interpretara en la pantalla grande, en la memorable "Quo Vadis" de 1952. Y en conjunto con Calígula, el que más leyenda negra ha generado a su alrededor. Ha pasado a la historia como un loco destructivo, etcétera, pero hizo al menos un aporte. O mejor dicho, no lo hizo él, pero sin su concurso, éste hubiera sido imposible. Me refiero a introducir la palabra "grotesco" en nuestro idioma. ¿Y cómo fue que lo hizo? Pues a través de una historia que se extiende nada más y nada menos que por un milenio y medio, desde los tiempos de Nerón hasta el Renacimiento.
Roma, año 64. Un día cualquiera, estalla el fuego. Roma en la época era una especie de gigantesco monobloque al cual de repente se le introducían tajos, porque había que meter unas cosas llamadas calle por donde la gente circule y raye las paredes (sí, leñe, los romanos eran tan modernos, que inventaron la costumbre del graffiti. De hecho, escribieron varios contra el mismo Nerón). El caso es que Roma ardió y Nerón y su lira... no, mentira, lo de la lira es una leyenda. Según el historiador Tácito, Nerón estaba lejos de Roma, y cuando supo del incendio, regresó a toda pastilla y organizó una completa red de ayuda asistencial para los damnificados. Luego le echó la culpa a los cristianos y mandó a unos cuantos a ser bufete de león, pero eso es otra historia.
El caso es que después del incendio, Nerón se encontró con harto terreno libre, y dijo: me voy a hacer una casuchita así como una cosita de ná. Y dicho y hecho, se puso a construir su rancho, un palacio que abarcaba tres cerros de Roma (no, no lo he escrito mal. La ruca en cuestión se extendía por tres de las siete colinas de Roma, chúpense ésa), al que llamó la domus áurea (la "mansión dorada"). Arreciaron los graffitis en los mismísimos muros del nuevo palacio, de tipo: Romanos, vayámonos a Veyes, a no ser que esta casa también llegue hasta Veyes). El caso es que ésta y otras exacciones del bueno de Nerón llevaron a la rebelión de las provincias, y Nerón acabó suicidándose el año 68, profiriendo unas inmortales últimas palabras: "¡Qué gran artista pierde el mundo!". A su muerte, las labores en la domus áurea quedaron detenidas, la mansión nunca se completó, y de hecho, andando los siglos, con las invasiones bárbaras, las invasiones eclesiásticas, y otras plagas semejantes, acabó semienterrada.
Hasta llegar al Renacimiento. El Papado renacentista se vio invadido por la fiebre arquitectónica, y se puso a construir a lo bestia. En una de tantas, descubrieron unas cavernas a las que ingresaron para explorar, y descubrieron... frescos romanos en las paredes. Poco a poco, los investigadores renacentistas (porque no eran un montón de artistas viviendo en la nube, sino que eran eruditos de tomo y lomo a los que no les temblaba la mano ir a ver de primera fuente esas ruinas tan majas) descubrieron que habían dado por accidente con las ruinas de la domus áurea, que con el paso de los siglos había quedado enterrada, como ya hemos dicho. Pero, renacentistas como eran, lo que más les llamó la atención fueron los frescos en las paredes, que, fieles al gusto de Nerón, representaban sátiros y monstruos de toda clase, posiblemente para acompañar con picaresca zoofílica a las orgías que se daba Nerón con su señora Popea la de la leche de burra. Los que bajaron a las cavernas para estudiar ese arte, quedaron impactados porque se alejaba al ciento por ciento de la formalidad, sobriedad y elegancia que ellos consideraban propio del arte griego y romano, y pronto, empezaron a referirse a esos frescos como las pinturas de las grutas, o sea, grutescas. Y por supuesto, la palabra sirvió para bautizar a ese despropósito de arte, que pasó a ser el grotesque en francés, y lo grotesco en español, palabra que ahora sirve para hablar de los reality shows, los tatuajes, y los políticos.
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domingo, 16 de febrero de 2014
Los rusos y el Cid.
Siglos Curiosos tiene una larga tradición de títulos llamativos e incendiarios que después no llevan a ninguna parte, pero de que atraen lectores con sus malas artes publicitarias, los atraen. El ejemplo más egregio es el histórico posteo "¡Carl Sagan arrestado!", que cuando llegó a Menéame (¿es que todavía existe ese sitio?) originó una jugosa nube de comentarios por parte de lectores confundidos porque pensaban que era noticia de actualidad ("Disculpa, pero cuando el envío se titula ¡Carl Sagan arrestado! da una clara sensación de inmediatez. Y cuando lees que ello se produjo hace 24 años, es lógico que muchos pensemos que casi es una broma. Y también considerarla antigua"... hombre, que a la fecha de publicar eso en 2011, Carl Sagan llevaba casi década y media de muerto. Hay que cultivarse un poquito, caramba). Así es que, para no me acusen de publicidad engañosa: este posteo casi no tiene nada que ver con el Cid. Y un poquito más con los rusos. Pero sí hay una conexión entre ambas. Y no porque Napoleón se haya estrellado de bruces contra el Oso Ruso y la testarudez hispánica, sino porque... vamos al posteo, mejor.
A la civilización le costó un poquito entrar en Rusia. Cositas de estar lejos de las rutas comerciales y los centros de civilización del Medio Oriente, y no haber sido nunca conquistados por los romanos. Eso, y el crudo invierno. Aún así, a inicios de la Edad Media, la doble amenaza de los misioneros cristianos y los comerciantes empezaron a adentrarse en las rutas comerciales rusas, conectando al Imperio Bizantino y el Medio Oriente con Escandinavia, y el dinero empezó a fluir en Rusia. Y con él, la posibilidad de, cual Civilización de Sid Meier, construir un pueblito que sea una ciudad, luego un reino... Durante unos siglos, la principal potencia militar de la región fue el reino de los jázaros. Eso, hasta que ya a finales del primer milenio vino una fuerte infiltración desde el norte: los escandinavos, conocidos como vikingos o normandos en Occidente, y varegos en Rusia, empezaban a extender su mano por esas regiones.
Entre estos guerreros varegos ávidos de aprovechar todo su poder militar para crearse nuevos reinos en esos territorios, estaba un caudillo llamado Rurik. En 862, Rurik y sus cuatro gatos se apoderaron de tierras, y crearon su pequeño principado. En la historia patriótica rusa, dicho evento es casi la fundación de su país o poco menos. Desde un punto de vista dinástico lo es, ya que la Casa de Rurik, a través de uno u otro de sus descendientes, se transformó en fundadora de la Rusia moderna y su gobernante hasta finales del siglo XVI. Pero en la época, el reino de Rurik eran cuatro rucas paradas en los linderos mismos de lo que puede llamarse la civilización. Aún así, Rurik dejó tan profunda impresión en la posteridad, que incluso ha hecho pensar a algunos que existe una conexión etimológica entre Rusia y los rus (la tribu de varegos que seguían a Rurik), y los rus con Rurik mismo. Así, Rusia sería, de manera un tanto laxa, "la tierra de Rurik".
Y ahora viene lo bueno. Parece ser que Rurik es la forma eslava o rusa de un nombre escandinavo. ¿Cuál nombre? Probablemente el escandinavo Rørik, que a su vez es equivalente al antiguo alemán Hrodric. Dicho nombre existe también en el antiguo inglés, como Hrēðrīc o Hroðricus, y con tal forma apareció como nombre de un personaje del poema épico anglosajón "Beowulf". ¿Y más al sur? Adivinaron, Hrodric mutó en Rodrigo. Como Rodrigo el último rey de los visigodos. Y como Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid (ya les advertía que el posteo tenía más bien poco que ver con el Cid, ¿no?). De manera que, poniéndose un poco españolicéntricos, y desde un punto de vista etimológico... no es incorrecto decir que Rusia fue fundada por un Rodrigo. Ya pueden todos mis lectores llamados Rodrigos ir inflando el pecho y decir "tu nombre no es ná, el mío es el que bautizó a la Santa Madre Rusia". Claro que la respuesta a eso es obvia: ahora te toca vivir a la altura de tu nombre, baby...
A la civilización le costó un poquito entrar en Rusia. Cositas de estar lejos de las rutas comerciales y los centros de civilización del Medio Oriente, y no haber sido nunca conquistados por los romanos. Eso, y el crudo invierno. Aún así, a inicios de la Edad Media, la doble amenaza de los misioneros cristianos y los comerciantes empezaron a adentrarse en las rutas comerciales rusas, conectando al Imperio Bizantino y el Medio Oriente con Escandinavia, y el dinero empezó a fluir en Rusia. Y con él, la posibilidad de, cual Civilización de Sid Meier, construir un pueblito que sea una ciudad, luego un reino... Durante unos siglos, la principal potencia militar de la región fue el reino de los jázaros. Eso, hasta que ya a finales del primer milenio vino una fuerte infiltración desde el norte: los escandinavos, conocidos como vikingos o normandos en Occidente, y varegos en Rusia, empezaban a extender su mano por esas regiones.
Entre estos guerreros varegos ávidos de aprovechar todo su poder militar para crearse nuevos reinos en esos territorios, estaba un caudillo llamado Rurik. En 862, Rurik y sus cuatro gatos se apoderaron de tierras, y crearon su pequeño principado. En la historia patriótica rusa, dicho evento es casi la fundación de su país o poco menos. Desde un punto de vista dinástico lo es, ya que la Casa de Rurik, a través de uno u otro de sus descendientes, se transformó en fundadora de la Rusia moderna y su gobernante hasta finales del siglo XVI. Pero en la época, el reino de Rurik eran cuatro rucas paradas en los linderos mismos de lo que puede llamarse la civilización. Aún así, Rurik dejó tan profunda impresión en la posteridad, que incluso ha hecho pensar a algunos que existe una conexión etimológica entre Rusia y los rus (la tribu de varegos que seguían a Rurik), y los rus con Rurik mismo. Así, Rusia sería, de manera un tanto laxa, "la tierra de Rurik".
Y ahora viene lo bueno. Parece ser que Rurik es la forma eslava o rusa de un nombre escandinavo. ¿Cuál nombre? Probablemente el escandinavo Rørik, que a su vez es equivalente al antiguo alemán Hrodric. Dicho nombre existe también en el antiguo inglés, como Hrēðrīc o Hroðricus, y con tal forma apareció como nombre de un personaje del poema épico anglosajón "Beowulf". ¿Y más al sur? Adivinaron, Hrodric mutó en Rodrigo. Como Rodrigo el último rey de los visigodos. Y como Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid (ya les advertía que el posteo tenía más bien poco que ver con el Cid, ¿no?). De manera que, poniéndose un poco españolicéntricos, y desde un punto de vista etimológico... no es incorrecto decir que Rusia fue fundada por un Rodrigo. Ya pueden todos mis lectores llamados Rodrigos ir inflando el pecho y decir "tu nombre no es ná, el mío es el que bautizó a la Santa Madre Rusia". Claro que la respuesta a eso es obvia: ahora te toca vivir a la altura de tu nombre, baby...
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domingo, 1 de diciembre de 2013
Historia del romance.
La historia de las palabras está llena de sorpresas. "Romance" es una de ellas. Hoy en día, cuando decimos que algo es romántico, nos referimos a ese horrible gusto a diabetes que nos queda cuando vemos a una pareja muy aparejada ella haciendo muchi-muchi-rurru-rurru-tequellomushomushomusho. Pero esto es una derivación lejana del origen de la palabra "romance", que originalmente tenía otro sentido. Uno más literario, si se quiere. En francés, todavía la palabra "roman" significa "novela". ¿Cómo es entonces que se produjo el paso de un sentido a otro? ¿En qué minuto la pobre palabra sufrió una crisis de insulina y acabó en lo que acabó? La respuesta, una vez más, estriba en retroceder a lo largo de los tiempos.
Hubo una época, recordemos, en que la mitad inferior de Europa estaba bajo el dominio de la bota rom... er... de las sandalias romanas. De las legiones romanas. Hasta que llegaron los invasores germanos, e hicieron lo que saben hacer todos los invasores: saquear y destruir, y sobre todo, apoderarse después de lo que queda y explotarlo sin misericordia. Por supuesto que chocaron dos pueblos distintos, dos costumbres distintas, y dos idiomas distintos (en realidad dos grupos de pueblos, costumbres e idiomas distintos, los apaciguados bajo el yugo de la Pax Romana, y los libres, salvajes y rebeldes bárbaros germánicos). En términos idiomáticos, el lenguaje de los germanos y el de los latinos tendió a unificarse, y el latín común o vulgar que se hablaba en el Imperio Romano (cada vez más irreconocible de su alma mater) empezó a difuminarse cada vez más, hasta dejar paso a nuevos dialectos que evolucionaron hasta transformarse en idiomas. Como eran las lenguas habladas por los antiguos romanos, fueron llamadas "romances". Es posible que hayan oído hablar de algunos de esos idiomas romances: el español, el catalán, el francés, el portugués, el italiano...
Comenzó a avanzar la Edad Media. El latín sobrevivió gracias a la Iglesia Católica y sus esfuerzos por preservar la erudición del mundo grecorromano (en particular la porción del mundo grecorromano que estaba de acuerdo con la voluntad del Papado, la Tradición y las Santas Escrituras, en ese orden). Y por supuesto, era el idioma de la gente que escribía. Pero el latín era cada vez más ininteligible para el bajo pueblo, de manera que empezaron a escribir su primera literatura en lengua vernacular... en romance. Incluso hoy en día, aunque como un arcaísmo, aún hay quienes usan la expresión "hablar en romance" como sinónimo de "hablar en claro"... y como opuesto a "como si me hablaran en latín", por supuesto.
¿Y de qué versaba esa primera literatura romance? De asuntos sacros por lo general no, claro que no, para eso estaban los curas con su latín. La literatura romance, los llamados "romances" precisamente, ("roman" en francés, ¿recuerdan?), narraban cosas a gusto populachero: aventuras, héroes versus villanos, caballeros... y el ingrediente esencial para cualquier historia populachera que se precie de tal: el amor. Elemento tan prominente éste, entonces en los llamados "romances de caballería" y hoy en día en las películas con subtrama romántica (o sea, todas), que al final hablar de un asunto romántico era prácticamente sinónimo de... ya lo dije más arriba... muchi-muchi-rurru-rurru-tequeyomushomushomusho. Porque los idiomas evolucionan, eso es una verdad... y a veces involucionan cosa mala también.
Hubo una época, recordemos, en que la mitad inferior de Europa estaba bajo el dominio de la bota rom... er... de las sandalias romanas. De las legiones romanas. Hasta que llegaron los invasores germanos, e hicieron lo que saben hacer todos los invasores: saquear y destruir, y sobre todo, apoderarse después de lo que queda y explotarlo sin misericordia. Por supuesto que chocaron dos pueblos distintos, dos costumbres distintas, y dos idiomas distintos (en realidad dos grupos de pueblos, costumbres e idiomas distintos, los apaciguados bajo el yugo de la Pax Romana, y los libres, salvajes y rebeldes bárbaros germánicos). En términos idiomáticos, el lenguaje de los germanos y el de los latinos tendió a unificarse, y el latín común o vulgar que se hablaba en el Imperio Romano (cada vez más irreconocible de su alma mater) empezó a difuminarse cada vez más, hasta dejar paso a nuevos dialectos que evolucionaron hasta transformarse en idiomas. Como eran las lenguas habladas por los antiguos romanos, fueron llamadas "romances". Es posible que hayan oído hablar de algunos de esos idiomas romances: el español, el catalán, el francés, el portugués, el italiano...
Comenzó a avanzar la Edad Media. El latín sobrevivió gracias a la Iglesia Católica y sus esfuerzos por preservar la erudición del mundo grecorromano (en particular la porción del mundo grecorromano que estaba de acuerdo con la voluntad del Papado, la Tradición y las Santas Escrituras, en ese orden). Y por supuesto, era el idioma de la gente que escribía. Pero el latín era cada vez más ininteligible para el bajo pueblo, de manera que empezaron a escribir su primera literatura en lengua vernacular... en romance. Incluso hoy en día, aunque como un arcaísmo, aún hay quienes usan la expresión "hablar en romance" como sinónimo de "hablar en claro"... y como opuesto a "como si me hablaran en latín", por supuesto.
¿Y de qué versaba esa primera literatura romance? De asuntos sacros por lo general no, claro que no, para eso estaban los curas con su latín. La literatura romance, los llamados "romances" precisamente, ("roman" en francés, ¿recuerdan?), narraban cosas a gusto populachero: aventuras, héroes versus villanos, caballeros... y el ingrediente esencial para cualquier historia populachera que se precie de tal: el amor. Elemento tan prominente éste, entonces en los llamados "romances de caballería" y hoy en día en las películas con subtrama romántica (o sea, todas), que al final hablar de un asunto romántico era prácticamente sinónimo de... ya lo dije más arriba... muchi-muchi-rurru-rurru-tequeyomushomushomusho. Porque los idiomas evolucionan, eso es una verdad... y a veces involucionan cosa mala también.
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jueves, 15 de noviembre de 2012
Para hacer florecer Pica.
Pica es una localidad ubicada al norte de Chile, en medio de la Pampa del Tamarugal. Es un oasis famoso por los limones de Pica que se utilizan para la elaboración del pisco sour chileno. De hecho, su nombre viene del quechua y significa "flor en la arena". Y como todos los recovecos de Chile, existen leyendas asociadas a su historia. La siguiente es una que recoge el insigne folclorista chileno Oreste Plath, pero no he podido cotejarla con otras fuentes, de manera que queda a medio camino entre la historia y la leyenda. El lector que sepa algún antecedente más, se agradece el aporte.
Pero al grano. En el siglo XVI, a la llegada de los españoles, Pica era otro de esos cacicazgos sometidos al Imperio Inca. Andando el tiempo, Pica caería bajo la esfera del Virreinato del Perú (Pica, al igual que todo el resto del territorio de Tarapacá, permanecería peruano hasta su conquista militar por parte de Chile durante la Guerra del Pacífico, a finales del siglo XIX). Pero por el minuto, ante la debacle del Imperio Inca, la tribu de Pica puede decirse que alcanzaron la independencia, y la defendieron con armas en la mano contra Diego de Almagro, cuando éste regresaba al Perú después de su malograda expedición por la zona central de Chile. Pero más tarde o más temprano, piquetes de españoles vinieron a establecerse a la región: dadas las circunstancias, era inevitable. Los españoles se apostaron en el vecino oasis de Matilla, con los de Pica observando con suspicacia a los recién llegados.
Uno de esos españoles, llamado Dámaso Morales, se enamoró de la hija del cacique de Pica. A éste, maldita la gracia que le hacía darle su hija a un ezpañó, así es que se fue de negativas. Pero tanto insistió el peninsular, que para sacárselo de encima, el cacique le dijo que le cedería la mano de su hija si hacía florecer el oasis entre Pica y Matilla. Hablamos de la región norte del desierto de Atacama, el más árido del mundo, así es que ya se pueden figurar más o menos lo que significaba el mensaje.
Pero nuestro recio ezpañó, haciendo honor a los machos ibéricos, no iba a dejarse por esa nadería. Había observado que los indios juntaban aguas en unas represas que llamaban cochas. Lo que hizo fue seguir las vetas de agua, y excavarlas hasta crear socavones: la ingeniería europea se anotaba un punto sobre la prehispánica aquí. Con estos trabajos, el español consiguió encauzar una mayor cantidad de agua en el valle, y hacerlo florecer. Al cacique indígena no le quedó más que cumplir su promesa, aunque claro, ahora tenía un valle lleno de vida vegetal en vez de un pedazo de desierto, así es que no se la sacó tan mal. Y de este florecer, Pica habría obtenido su nombre.
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jueves, 9 de agosto de 2012
Olimpíadas y Juegos Olímpicos no son lo mismo.
Ahora que por los días de escribir este posteo están de moda los Juegos Olímpicos de Londres 2012, con James Bond rescatando a la mismísima Reina Isabel a falta de Judi Dench, dediquémosle un posteo a este tópico entre histórico y etimológico. Porque usualmente suelen usarse los términos "olimpíada" y "juegos olímpicos" de manera sinónima. Y esto no es exactamente así. Bueno, en cierto sentido sí. Pero en cierto sentido no. Bien, mejor me aclaro... Allá vamos.
Todo el mundo sabe que los Juegos Olímpicos arrancaron en Grecia. Concretamente en la ciudad de Olimpia, de la cual los Juegos tomaron el nombre. Los griegos ya habían inventado eso de follow the leader, de manera que alrededor, quien sabe en qué orden, surgieron otros juegos: los Juegos Istmicos (del istmo de Corinto), los Juegos Píticos (por Apolo, dios de sobrenombre "pítico", y que se celebraban en su santuario de Delfos), y los Juegos Nemeos (en Nemea, en honor a Heracles por haberse cargado al llamado león de Nemea, justamente). Los griegos ya habían inventado eso que el negocio del deporte moderno conoce tan bien, que es escalonar los encuentros de manera que no se topen, y cada año tenga el suyo (igualito que hoy en día en cualquier año par hay o Juegos Olímpicos o Mundial de Fútbol), de manera que cada juego se celebraba cada cuatro años, y todos los años había un juego distinto.
El caso es que, a pesar de su reputación como temibles hombres de intelecto, hubo escritores griegos que no sólo se dedicaron a la tragedia, los poemas épicos o la filosofía, sino que además recolectaban trivia barata de almanaque como por ejemplo, la lista de los vencedores de los Juegos Olímpicos. Y como en esa época no había un sistema unificado de cronología como en la actualidad, que contamos los años como "antes de Cristo" o "después de Cristo", hubo historiadores que encontraron cómodo fechar los eventos utilizando estas listas como referencia. De manera que cada período de cuatro años entre Juegos Olímpicos pasaron a ser conocidos como "olimpíadas", con su debido numeral. Como la fecha tradicional de los primeros Juegos Olimpícos es 776 antes de Cristo, entonces la primera olimpíada sería la que va desde 776 a 772, la segunda la que va desde 772 a 768, y así sucesivamente. Por ejemplo, San Jerónimo dató el nacimiento de Cristo en el año tercero dentro de la Olimpíada número 194, lo que dicho sea de paso coincide con nuestro actual y gregoriano año 2 antes de Cristo (en la época del mencionado, todavía no se contaban los años desde la Era Cristiana).
De manera que, en sentido estricto, los Juegos Olímpicos y las olimpíadas no son lo mismo: los Juegos son la celebración en sí, mientras que las olimpíadas son el cuatrienio que va desde unos Juegos Olímpicos hasta los siguientes. Aunque por supuesto, en el uso popular ambos se han ido identificando, hasta el punto que la mismísima RAE acepta olimpíada como sinónimo de "juegos olímpicos". Y es que a pesar de estos puntillismos etimológicos, el idioma está en constante evolución, y lo que alguna vez hubiera sido incorrecto, después pasa a legitimarse por el uso y la costumbre.
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domingo, 15 de julio de 2012
Los nombres de los cinco boroughs de Nueva York.
Ya hemos dedicado algún que otro posteo a Nueva York en Siglos Curiosos, con más relevancia aquel en que mencionamos que Nueva York no es la capital de Nueva York. Uno de los puntos de interés de Nueva York, en lo que al pasado histórico se refiere, es el origen de los nombres de sus boroughs. Debido a la evolución histórica de Nueva York, y su hambruna metropolitana en tragarse pueblos y localidades cercanas, la ciudad entera fue sometida a una reorganización administrativa en 1898: cinco condados fueron subsumidos dentro de la autoridad municipal de Nueva York, y los boroughs respectivos a los que hacemos mención adquirieron una función que podríamos llamar de distrito municipal, un tipo de organización que es propio y exclusivo de Nueva York, debido a las peculiares características de geografía social y política de la ciudad. Dicho sea de paso, la palabra "borough" tiene un origen similar a la palabra castellana "burgo", y se relaciona con un antiguo término germánico que puede traducirse como "pueblo fortificado". Lo interesante del origen del nombre de los cinco boroughs de Nueva York, es que a través de ellos se delata el origen holandés de la ciudad, ya que en 1626 fue fundada como Nueva Amsterdam, y recién en 1664 fue conq... er... adquirida por los británicos, que la rebautizaron con su nombre actual. Y ahora sí, por orden alfabético...
-- BRONX. Deriva su nombre del holandés Jonas Bronck, quien en 1639 fundó el asentamiento de dicho nombre más al norte de Manhattan (sí, en esa época el Bronx era un poblacho independiente del resto de Nueva Amsterdam).
-- BROOKLYN: Como el caso anterior, es una corrupción de su antiguo nombre holandés, que es Breuckelen. A su vez, este nombre holandés deriva de Breukelen en Holanda, que en la actualidad no tiene ni el reflejo de la fama de su descendiente de nombre, pero que en el siglo XVII eran los extrarradios semirrurales en donde los potentados comerciantes holandeses construían sus mansiones.
-- MANHATTAN. Vendría de la trasliteración al holandés de la palabra "manna-hata", que en el idioma lenape significaría "isla de muchas colinas". Bueno, por algo Manhattan es el borough de la isla de Manhattan. Sigamos con las conexiones: los indios lenape son también conocidos como indios delaware, los que le dieron nombre por supuesto al actual estado de Delaware (que es un estado distinto al estado de Nueva York, claro).
-- QUEENS. Existe poca claridad sobre el origen del nombre, aunque para romper un poco la costumbre, éste sí tiene raigambre inglesa. Se supone que habría sido bautizado con este nombre en homenaje a Catalina de Braganza, que era reina de Inglaterra en 1683, cuando se creó el condado de Queens.
-- STATEN ISLAND. El único borough de Nueva York que ocupa una isla entera para sí vuelve a la costumbre de los antecedentes holandeses. En este caso, el nombre deriva de Staaten Eylandt ("Isla de los Estados", literalmente), en homenaje a los Estados Generales, el Parlamento de Holanda que existía y existe hasta el día de hoy.
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jueves, 12 de julio de 2012
Germanstein.
Supongamos que eres escritor de ficción, o simplemente quieres cachondearte un rato a cuenta de los alemanes de bigote prusiano y afanes militaristas por conquistar el mundo con música para invadir Polonia. ¿Cómo consigues darle un toque alemán a tu creación? Una posibilidad larga y aguerrida es aprender el idioma alemán, por supuesto, lo que garantiza al atrevido de turno una más que temprana visita al otorrinolaringólogo por daños varios en la garganta. Pero otro recurso más fácil es recurrir a la terminación "-stein", y listo. Cualquier palabra terminada en "-stein" ya suena a alemán, truco al que recurrió el insigne Chespirito cuando en un capítulo del Chapulín Colorado que parodiaba al monstruo de Frankenstein, el villano era el doctor Panchostein. Cuando el Chapulín Colorado preguntó por él, obtuvo la siguiente histórica respuesta: "Es como Frankenstein, pero en versión zacateca"...
Lo interesante del caso es que "stein" no significa nada del otro mundo en alemán. "Stein" es simplemente "piedra", afín a la palabra similar "stone" del idioma inglés (el alemán y el inglés están plagados de palabras parecidas, lo que no debería sorprender a nadie que sepa que ambas son lenguas germánicas). Por cierto, la pronunciación más correcta no es "stein" como se suele pronunciar en castellano, sino "shtain", con una "sh" muy cerrada (podría anotarlo en lenguaje fonético, pero ando demasiado flojo hoy día, y además creo que la mayor parte de ustedes no podría leerlo). Lo que nos lleva a la peli "El joven Frankenstein" de Mel Brooks, que si ustedes ven en versión original con subtítulos, podrán ver como el personaje de Gene Wilder interpreta a un descendiente del mítico doctor, que vive en Estados Unidos, y que enseña en la universidad. Cuando un alumno se dirige a él como "profesor Frankenshtain", él le corrige diciéndole "profesor Frankenstiin", usando la fonética inglesa...
Y claro, el doctor Frankenstein es probablemente el más importante ofensor en la materia. Aunque parodiado hasta el cliché, todavía "Frankenstein" es un nombre que inspira ese terror al fascismo alemán por la terminación "-stein". Pero una traducción literal del apellido vendría a significar simplemente "Piedra Franca" o "Piedra de los Francos". Con lo que parte del miedito se pierde. O no, a según. Ignoro si el apellido tendrá alguna otra concomitancia escondida (no sería la primera vez que me encuentro con un "falso amigo" en la materia), pero a falta de mayores referencias, así es que como habremos de tomárnoslo. Quizás Mary Shelley, la autora de la novela original, quería hacer alguna clase de chiste.
Uno de los juegos de computadores más famosos es probablemente "Castle Wolfenstein". Por supuesto que siendo un juego bélico con apellido alemán, el asunto va de la Segunda Guerra Mundial, de qué otra cosa podía ser. En este caso el nombre es algo más tenebroso: significaría "Piedra del Lobo". En cuanto a la banda alemana Rammstein, cuyo nombre casi es sinónimo de invadir Polonia, su nombre deriva de la localidad de Ramstein (con una M adicional por parte de la banda), en donde con el característico sentido retorcido del humor de la banda, existe una base aérea de la OTAN. Y quién dice OTAN, dice Estados Unidos, claro. No he podido encontrar la referencia exacta a qué podría significar "ram", pero se me ocurre (estamos especulando aquí, así es que toménse lo que sigue con beneficio de inventario) que la palabra original podría ser "raum", que significa "área" o "región" (un poco equivalente al "room" inglés). Así, Ramstein sería "Area de Piedra" o algo así... (La otra alternativa es "rahm", que significa "crema", pero "Piedra de Crema" no suena muy imponente para nombre de lugar).
El que si tiene crimen respecto de lo que comentamos, es el director de ópera Peter Stein, alemán nacido el 1 de Octubre de 1937. Si recordamos que Peter o Pedro vienen del griego πέτρος que significa "piedra", por aquello de que al apóstol homónimo le dijeron "y sobre esta piedra construiré mi iglesia", entonces resulta que traduciendo al castellano el nombre de este señor, se llamaría... ¡Piedra Piedra! Eso es hacer doblete, sí señor...
Y terminemos con el más grande genio alemán de todos los tiempos. El mismo que decía algo así como "si la Teoría de la Relatividad es correcta, los alemanes dirán que soy alemán, y los franceses que soy ciudadano del mundo, y si no es correcta, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío". Este imponente científico judío alemán tenía en su apellido la palabra alemana "ein", que significa... uno (similar a "one" en inglés), antes del "stein" que nos ocupa en este posteo. Por lo tanto, su nombre vendría a significar literalmente "Alberto Una Piedra"...
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domingo, 15 de abril de 2012
Nombrando a los países de Sudamérica.

A continuación, como parte de los servicios multiculturales de Siglos Curiosos, un breve repaso de la etimología de cada una de las naciones de Sudamérica:
-- ARGENTINA. Este nombre tiene más de ilusión que de certezas. Los conquistadores españoles habían oído que existía plata en la región. Y como "plata" se dice "argentum" en latín... En nuestro idioma castellano, de hecho, "argentino" es el adjetivo de algo hecho con plata, por muy arcaico que suene.
-- BOLIVIA. En 1825, Bolivia estaba ante la disyuntiva de unirse a Perú, o seguir su camino de manera independiente. Optaron por lo segundo, y para reforzarse, se entregaron al espíritu del por entonces aún vivo Simón Bolívar.
-- BRASIL. Deriva de un árbol costero llamado "palo brasil", del cual se extrae un tinte rojo. El nombre mismo se relaciona con la palabra latina "brasa", que como se sabe, son de color rojo. Por alguna razón que acá en Siglos Curiosos no hemos podido averiguar, la bandera de Brasil no tiene nada de rojo en su superficie.
-- CHILE. Existen muchas teorías sobre qué significa "chile" originalmente (y no, el ají chile no es una opción en este caso). En cualquier caso, todas ellas enfatizan que el vocablo es de origen indígena. Quizás algún día le dediquemos acá en Siglos Curiosos un posteo especial al tema.
-- COLOMBIA. En 1819, cuando esta nación se independizó, aún existían proyectos de crear una gran federación latinoamericana. No sólo no ocurrió, sino que la Gran Colombia terminaría fraccionándose en varios otros países. Pero en homenaje a dichos sueños, en ese 1819 se le dio el nombre del navegante que fue el primer europeo en comandar una expedición hasta América.
-- ECUADOR. El nombre deriva por estar encima de la línea del Ecuador. Como si la dichosa línea fuera monopolio de ellos, vaya.
-- GUYANA. Según el diccionario de Oxford, deriva de una palabra indígena que significa "tierra de aguas".
-- PARAGUAY. Este es un caso extraño, porque se conoce la etimología, pero no se entiende qué significa exactamente. En el idioma guaraní, "gua" es río, y "para" es "variedades". Cómo se asocian las dos palabras, es algo por lo cual los eruditos se arrojan los tinteros por la cabeza, así es que no nos meteremos al fuego cruzado.
-- PERÚ. Irónicamente, el "Pirú" se llamaba originalmente a una zona de Panamá. Pero dentro de la imprecisión geográfica de la época, "pirú" pasó a ser sinónimo de la tierra hacia el sur. De ahí que Francisco Pizarro, cuando efectivamente marchó hacia el sur y conquistó el Imperio Inca, le aplicó el nombre al territorio conquistado.
-- SURINAM. Las antiguas Guayanas Holandesas le deben su nombre a la tribu de los surinen, que por supuesto habitaban el territorio antes de la llegada de los europeos.
-- URUGUAY. La etimología de este nombre es incierta, aunque en guaraní, "gua" significa "río". Oficialmente se asume que significa "río de aves pintadas", o algo así.
-- VENEZUELA. Los primeros navegantes europeos en sus costas descubrieron palafitos, y la llamaron con una palabra que fuera el diminutivo de Venecia, comparándola con los canales de dicha ciudad italiana.
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jueves, 12 de abril de 2012
Páguese en latín.
¡Qué felicidad, tener que trabajar y trabajar, y al final, como recompensa por los servicios prestados, recibir una cantidad de dinero! Si ésta es acorde al sacrificio, tanto mejor. Después de todo, trabajar es algo tan malo, que tienen que pagarte para que lo hagas. Acá en Siglos Curiosos, echamos un breve repaso a la etimología de varias palabras relacionadas con el pago por los trabajos o servicios.
-- EMOLUMENTO. Aquí el origen es un poco oscuro. La raíz latina original es "molere", que es la misma de nuestro castellano "moler". El emolumento deriva, en efecto, de la costumbre de pagar con especies, en particular con harina, según las circunstancias.
-- ESTIPENDIO. Esta palabra es algo complicada. La raíz latina "stip" significa precisamente pagar, mientras que "pendo" es la primera persona de "pesar" o "considerar" (yo peso, yo considero). Si recordamos que antiguamente las monedas valían literalmente por su metal o aleación, y su peso, y que por lo tanto los cambistas siempre trabajaban con balanza, podemos entender mejor la idea de por qué debía pesarse el pago de cualquier cosa.
-- HONORARIO. En términos legales, el honorario no es estrictamente una remuneración, ya que no se entrega por trabajo asalariado sino por servicios independientes. Por supuesto que esto le da categoría a la persona que trabaja, por lo que en el fondo, pagarle es hacerle honor: de ahí a "honorario" hay sólo un paso.
-- PAGO. Aunque un salario no es lo único que se paga, a nadie le hará mal saber el origen de la palabra, así es que incluyámosla. Viene del latín "pacare", que significa "pacificar" ("pac" tiene la misma raíz que "pax", o sea, "paz" en castellano). Ni qué hablar acerca de por qué.
-- REMUNERACIÓN. Esta es de etimología sencilla. En latín, la raíz "munus" significa algo que se da. La conexión aquí es obvia.
-- SALARIO. Uno de los bienes más preciados en la Antigüedad era la sal. "Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la podrá salar?", dice el Evangelio. Después de todo, la sal no sólo le da sabor a las comidas, sino que además era un medio de conservar los alimentos en tiempos anteriores al frigorífico. Nada de raro entonces que en la Antigua Roma, en algunos casos, se pagaran los servicios con sal: esto era el salario. Como dato de trivia, una de las más importantes vías romanas era justamente la llamada Via Salaria. Adivinen ustedes qué mercadería circulaba por ella.
-- SUELDO. Otra palabra que deriva del medio de pago. En este caso se trata del solidus, una moneda introducida en fecha ya bastante tardía, a inicios del siglo IV, por el Emperador Diocleciano, como parte de su hercúlea reforma económica para sanear las finanzas imperiales. Como su nombre lo indica, el solidus pretendía ser una moneda sólida, en reemplazo del áureo, la gran moneda de oro romana clásica, que ya para esas fechas estaba terriblemente devaluada por las crisis económicas, políticas y sociales del siglo anterior. Y como los pagos se empezaron a hacer en sólidos, pues...
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jueves, 22 de marzo de 2012
En torno al cero.

Contrario a lo que se piensa, la noción del número cero no es exactamente un invento de los matemáticos de la India. En realidad, tanto los babilonios como los griegos se habían aproximado al concepto de cero. Después de todo, si usted está trabajando con números, puede preguntarse qué clase de número es lo que resulta cuando usted resta cinco de cinco, por ejemplo. Los babilonios se las trataban de ingeniar para usar un sistema numérico que podríamos considerar semiposicional, pero no llegaron a desarrollar un número cero propiamente tal, de manera que su notación dejaba huecos y vacíos. Leer eso debe haber sido un horror. Los griegos por su parte se hacían la pregunta bastante lógica de que cómo puede la nada ser algo, y de ahí que representar a la nada con un signo se les antojara algo extraño.
Los matemáticos índicos, en cambio, no le temieron a dar literalmente el salto al vacío. Quizás se trate de la filosofía de fondo. El mundo indostánico estaba impregnado de la filosofía de la eternidad, de los incontables ciclos históricos y cosmológicos de esto o aquello, y de ahí que, de tanto llenar el universo con millones de años y millones de mundos, se hayan planteado la alternativa opuesta, es decir, la nada. Para ellos, el cero partió siendo un concepto religioso o filosófico. Brahma, el dios que es casi coesencial al universo mismo, es lo más sagrado, pero también es el vacío absoluto, en una típica voltereta paradojafílica de los pensadores de la India. A este vacío lo llamaron "shunya".
Sólo que la palabra "shunya" prosperó más allá. Cuando los árabes se construyeron su gigantesco imperio desde Asia Central hasta España, en el siglo VII y comienzos del VIII, importaron los números que desde entonces por error llamamos "arábigos". Estos números eran nueve dígitos, más un extraño décimo dígito que representaba el vacío. A este signo lo llamaron con el nombre índico "shunya" que ya mencionamos, ahora traducido al árabe: "sifr". De ahí, los eruditos europeos medievales lo tradujeron al latín como "zephirum", y de ahí pasó al castellano como "cero".
Sólo que la historia no acaba ahí. El famoso "sifr" se transformó en el misterio más misterioso de todo el sistema numérico extraño ése que algunos enteradillos querían utilizar en sustitución de los números romanos, en la Edad Media. A esos números, en una traducción de fonética bruta, los llamaron "cifras". Pero a su vez, como unos pocos sabían manejar esas condenadas cifras, pronto nació un segundo uso para la palabra, que es poner algo en código. Nacieron así las palabras "cifrar" y "cifrado". Y a las operaciones inversas bastó con añadirles el prefijo "de-": así el idioma castellano pasó a crecer con las palabras "descifrar" y "descifrado". El idioma y las matemáticas a veces tienen relaciones muy extrañas entre sí.
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domingo, 5 de febrero de 2012
Palabras mentales.
Ya nos hemos topado antes en este buen blog Siglos Curiosos con palabras y raíces que vienen desde el indoeuropeo. Y por lo tanto, son tan antiguas que han evolucionado y se han ramificado hasta lo indecible en nuestro idioma y varios otros. Acá va una pequeña nueva selección relacionada con la raíz "men", que significa más o menos "pensar" (siendo más exactos, lo que ayudará a explicar un par de cosas de este posteo, implica también la idea de "voluntad" o "conciencia de sí mismo", o ambas). El derivado más obvio en castellano es... ¡"mente"! Por lo tanto, bienvenidos al que probablemente va a ser el posteo más "mental" de toda la historia de Siglos Curiosos.-- AUTÓMATA. Para empezar, un término griego. La palabra original griega ("αὐτόματος") es un compuesto, ya que la raíz "auto" ("αὐτός") significa "por sí mismo". Un autómata, por lo tanto, es algo que tiene mente o que piensa por sí mismo. Etimológicamente, al menos. Ya sabemos que comúnmente se llama "autómata" al ingenio que se mueve por sí mismo, no al que piensa por sí mismo, pero lo segundo es obviamente una derivación de lo primero. Después de todo, para el no enterado del mecanismo, un artilugio que se mueve por sí mismo podría parecer que tiene mente propia o algo así (al menos en tiempos más antiguos e ingenuos).
-- DEMENCIA. A la luz de lo expuesto, el significado debería ser obvio, considerando que el prefijo "de-" viene a significar privado de algo. En este caso, privado de la mente.
-- MANTRA. ¡La adición sánscrita por completo sorpresiva al listado! Recordemos que el sánscrito, el idioma sagrado de la India, es también una lengua indoeuropea. Un mantra es por supuesto una fórmula ritual. Irónicamente, hoy en día se la utiliza incluso con un dejo de burla, sobre las frases que se repiten sin pensar, cuando la palabra sánscrita original es "manyate", que significa justamente alguien que piensa...
-- MENTIR. Esta palabra ha seguido una etimología más o menos convulsionada, y la raíz latina inicial parecía ser "mentior", que en su origen tenía un significado algo diverso, el de ser inventivo o el de tener segundos pensamientos. Redunda explicar cómo se pasó de uno al otro.
-- TESTAMENTO. La etimología de esta palabra pareciera derivar de un compuesto latino, cuyo significado sale casi obvio si mencionamos que "testis" es de donde derivan nuestras palabras castellanas "testigo" y "atestiguar". Por lo tanto, un testamento sería, en lo etimológico, lo que atestigua los pensamientos de una persona (no diré el escrito mismo por aquello de los testamentos orales, pero la idea sigue siendo la misma).
Y he dejado para el último la que quizás es la más conflictiva de todas, tanto por venir en otro idioma, como por no estarse al cien por ciento seguro de si en realidad deriva desde ahí, por no hablar del profundo disvalor que expresa para la gente actual, si lo tomamos en sentido masculino en vez de como genérico para la especie humana. La palabra inglesa "man" y la alemana "mann" comparten un origen común con la palabra sánscrita "manu", y significan "hombre". Ahora bien, hay quien sostiene que estas palabras también derivarían del original indoeuropeo "men", en el sentido de que el hombre es la criatura que piensa...
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jueves, 2 de febrero de 2012
Musas en el idioma.

No se puede afirmar que las musas en hayan tenido una gran proyección en la etimología. Nos referimos por supuesto a las diosas griegas de las distintas artes y ciencias. Salvo Terpsícore la musa de la danza, todas ellas tenían en común ser actividades para mantener ocupada la mente. Pero sin embargo, hay un par de palabras en el idioma castellano que se pueden rastrear hasta estas pizpiretas diosas griegas. La más obvia de ellas es "música". La palabra griega original es "μουσική", que es un adjetivo: significa justamente "relativo a las musas". Esto, a pesar de que en sentido estricto, sólo algunas de ellas pueden asociarse con la música (¿qué tendrá Urania, la musa de la Astronomía, con la música?).
Pero hay otra palabra que deriva de las musas. Hagamos historia. Después de que Alejandro Magno conquistara Egipto y fundara Alejandría, al disgregarse su imperio dicha tierra cayó en manos de la dinastía de los Tolomeos. Estos se preocuparon de embellecer su ciudad como un importante centro cultural. Sucedió que los académicos y eruditos de la Biblioteca de Alejandría consagraron por orden imperial un edificio para el culto de las musas. Estos no eran desconocidos en la Antigua Grecia, pero éste en particular se transformó pronto en un compendio de rarezas y curiosidades extraídas de todas partes del mundo, para que los pudieran examinar los estudiosos de Alejandría. Tan grande fue la colección, que el nombre de esta institución, el Museum, pasó a designar todos los lugares similares en adelante, en el resto del mundo: los museos.
Y un bonus bilingüe, para que no digan que con Siglos Curiosos no se aprenden idiomas. Una posible traducción al inglés del verbo castellano "entretener" o "distraer" es "to amuse". Por ejemplo, "you can amuse the kid with a story" ("usted puede entretener al chico con una historia"). Pero aunque al deletreo parece obvia la relación entre "amuse" y las musas, en el significado hay un eslabón escondido intermedio. Resulta que hay un significado arcaico u obsoleto, que es rescatado por el siempre agradecido Diccionario Webster, y éste es el de ocupar la atención de una persona. En términos estrictos, si las musas tutelan el pensamiento, es lógico que "to amuse" a alguien es hacerle ocupar la mente con las actividades de las musas, y de ahí al actual significado de "entretener" hay sólo un paso.
Y ahora vamos más lejos aún. Parece ser que el nombre de las Musas deriva de una raíz indoeuropea aún más antigua, que sería "men". El derivado castellano más obvio de "men" es, ¡sorpresa!, la palabra "mente". ¿Ya mencioné que las musas patrocinan actividades preferentemente mentales? Sí, incluso Erato la tutora de la poesía amorosa...
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domingo, 29 de enero de 2012
Primeros en griego.

Entre las numerosas raíces griegas que se han abierto paso hasta nuestro idioma castellano, tiene su interés el término "πρώτα" ("prota"), que significa "primero". Como de costumbre, el término se ha dispersado hasta los lugares más inesperados del idioma. A continuación, veamos acá en Siglos Curiosos algunos "primeros" en griego:
PROTACTINIO: El protactinio es un elemento químico radioactivo cuyo número atómico es 91, uno de los más elevados dentro de los elementos naturales. Debido a ser radioactivo, se desintegra en otro elemento distinto más liviano llamado actinio, que ya era conocido desde hacía algunos años antes. Incidentalmente, "actinio" significa "descarga" o "rayo" en griego, de manera que "protactinio" vendría a significar "primer rayo", o para ajustarnos más a la era atómica, "primera radiación".
PROTAGONISTA: Este viene de la tragedia griega. En sus inicios, ésta era una especie de cantata en donde un actor en solitario se enfrentaba al coro. Y como la tragedia griega siempre implica un duelo entre un ser humano y su propio destino, a este personaje solitario se le llamó "πρωταγωνιστής" ("protagonistés"). La palabra "αγωνιστής" ("agonistés") significa "luchador", porque el personaje lucha contra el destino. De ahí que el protagonista sea el "primer luchador", o sea, el luchador principal dentro del conflicto de la trama. (Incidentalmente ya habíamos hablado sobre esto, al referirnos al "antagonista" o luchador oponente al protagonista, en el posteo "El vocabulario del Mal").
PROTEÍNA: Las proteínas fueron reconocidas como un tipo independiente de substancia por primera vez en el siglo XVIII, aunque su rol en la vida no llegó a ser determinado con cierta precisión hasta inicios del XX. En 1838, el químico sueco Jöns Jacob Berzelius propuso que como las proteínas parecían ser la más importante clase de compuestos orgánicos del cuerpo, se las llamara con la palabra griega "πρωτεῖος", que está relacionada con la que nos ocupa, ya que significa más o menos "lo primero", "lo principal", o "lo que encabeza" algo. El nombre quedó, por supuesto.
PROTOCOLO: La relación acá parece un tanto difícil, pero existe, aunque con un eslabón perdido de por medio. La palabra griega original es "πρωτόκολλον", que significa algo así como "primer sello" o "primera pegada". El término alude a la primera hoja pegada a un registro oficial, con las firmas que sirven de autentificación. Por extensión, este libro pasó a llamarse "protocolum" en latín. Y como las normas de ceremonial y cortesía suelen estar contenidos en registros de éstos, de ahí la palabra saltó a nuestro uso habitual. Pero las noticias de perdición del eslabón perdido son un tanto exageradas: en el lenguaje jurídico todavía se usa la palabra "protocolo" para referirse a los registros que mantienen los notarios.
PROTÓN: Ya nos hemos referido a ésta en Siglos Curiosos (ver el posteo "Nombrando los componentes de la materia"), pero recordar no hará mal. El protón no fue la primera partícula subatómica descubierta, pero sí el primer barión (partícula subatómica pesada, en contraste con el electrón, que es un leptón, un tipo más liviano de partícula subatómica). Y como los protones parecían ser el gran componente del átomo, se los llamó con la palabra griega que significa "primero" (después apareció el neutrón, pero eso es otro cuento).
PROTOZOO: Este fue el nombre que se le dio inicialmente a los microorganismos que parecían animalitos microscópicos. Su nombre mismo, como el lector avisado advertirá, significa "primer animal" en griego. Aunque la palabra sigue en uso por aquí y por allá, en realidad pertenece más bien a la época en que se trataba de reproducir la división entre vegetales y animales en el mundo de los microbios. Hoy en día, clasificaciones más precisas han hecho caer el término en desuso, entre la comunidad científica al menos. Aunque todavía en algunos textos antiguos circula la expresión relacionada "protista"...
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jueves, 26 de enero de 2012
Sobre el apogeo.

La historia de las palabras está llena de bellezas escondidas. Muchas palabras del léxico castellano en realidad son compuestos de palabras griegas que se han unificado en un solo término. Incluso, de ser términos científicos o técnicos, se han impuesto en el vocabulario general. Todos nosotros por ejemplo hemos escuchado hablar del apogeo de un imperio o de una civilización, o de cómo el poder militar de algún Emperador "llegó a su apogeo" después de tal o cual batalla. Pero la palabra "apogeo" es originalmente astronómica, y tiene una interesante familia de palabras relacionadas.
"Apogeo" viene del griego "ἀπόγειος". A la vez, esto es un compuesto de dos palabras griegas: "apo" ("ἀπό") que significa "lejos de", y "Geos" ("γειος"), que es la Tierra. Por lo tanto, apogeo es "lejos de la Tierra". El apogeo es, en efecto, el punto más lejano que un cuerpo en órbita alrededor de la Tierra puede alcanzar (suponiendo una órbita elíptica y no circular, claro está). Es lógico que la palabra sea usada como metáfora de algo que alcanza su plenitud, lo que es el uso cotidiano, como algo que se eleva al máximo por encima del resto del mundo. Por conocidas no mencionaremos las palabras griegas con la raíz "geo" (geografía, geometría), pero detengámonos en "apo", que aparece en otras palabras más. Por ejemplo "apóstrofe", la figura literaria por la cual el hablante se dirige directamente y de tú a tú, a algo o alguien (apóstrofe viene del griego "ἀποστροφή", que podría ser traducido como "volverse lejos"). Otra palabra con "apo" podría ser "apóstol", que viene del griego "ἀπόστολος" (podría ser traducido como "el que es enviado lejos", o sea, el misionero).
Pero volvamos a la Astronomía. Si el apogeo es el punto más lejano a la Tierra, el más cercano es el "perigeo" ("περίγειος"), que en griego vendría a significar "cerca de la Tierra". La raíz griega "peri" ("περί") es un poco engañosa, porque puede aparecer en más de un sentido diferente, aunque relacionados entre sí. De esta manera, puede aparecer como "alrededor", como es el caso de "perímetro".
Pero eso está bien para la Tierra. ¿Y el resto de los cuerpos celestes? Tratándose del Sol, reemplazamos "Geo" por "Helios" ("ἥλιος"), que es el nombre griego del Sol, y tenemos el perihelio y el afelio. Los científicos se han inventado después varios otros nombres para otros cuerpos celestes. Los nombres generales en castellano serían "apoastro" y "periastro", aunque en términos de etimología estricta, "astro" ("ἄστρον") en griego significa "estrella", y por lo tanto, sólo cabría para tales cuerpos celestes, no para planetas, planetoides, asteroides o satélites. Pero como eso nos llevaría demasiado lejos en nuestro propósito de rastrear la historia de las palabras, lo dejaremos hasta aquí.
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domingo, 13 de marzo de 2011
La historia del chape.
Entre los indígenas existía la costumbre de que el ostentador de un cargo de autoridad, debía dejarse una larga y única cola de pelo atrás. Coincidió que los españoles, cuando conquistaron Chile, venían de Europa (los conquistadores no, se entiende, sino sus sucesores, en particular los gobernadores) usando un copete. Por lo tanto, la expresión "gente de chape" pasó a significar ser alguien de respeto, alguien encumbrado en la sociedad colonial (naturalmente, esta expresión hoy en día es pura arqueología lingüística).
Como de costumbre, el respeto de la expresión se trocó en ironía: "chapetón" pasó a llamarse a los soldaditos españoles recién llegados al territorio chileno, y que por lo tanto pasaba sus buenos pesares adaptándose al territorio, al clima, y en particular a los nativos. Y con el cambio de clima venía también la primera enfermedad, que pasó a ser la "chapetonada". También chapetonadas eran las metidas de pata propias de la inexperiencia: así el chapetón acababa "haciendo chapetonadas" o "pagando chapetonadas".
Aunque todos estos usos lingüísticos alrededor del chape hoy en día son arcaísmos, y quien se atreviera a usarlos haría hoy en día el más pavoroso de los ridículos, aún el chape sigue existiendo. Entre chilenos, una manera de decir a alguien que tiene ideas francamente erróneas sobre algo, o bien de frentón ser tonto, es decirle que "está enfermo del chape". Por supuesto que desde este blog Siglos Curiosos responsablemente advertimos a los foráneos que no intenten probar esto en terreno: su interlocutor chileno bien podría sentirse muy ofendido, y sentir una súbita inclinación a reaccionar de la manera violenta conocida cordialmente como "combo 'nel hocico". No digan que su seguro servidor el General Gato no les ha advertido...
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jueves, 17 de febrero de 2011
Griegos sembrando nombres.

Los siglos VIII y VII antes de Cristo vieron un enorme tráfago de gentes a través del Mar Mediterráneo: eran los griegos, que saliendo de su Edad Oscura, y espoleados por el crecimiento de la población, se lanzaron a fundar colonias por todas partes de dicho mar. Lo interesante del caso es que muchas de las ciudades que fundaron los griegos siguen existiendo hasta el día de hoy. Sus nombres hoy en día han sido desfigurados por el paso del tiempo, pero no es difícil rastrear sus significados originales, en algunos casos bastante sorprendentes. Siglos Curiosos ofrece aquí un breve repaso de los topónimos que los griegos nos legaron a la posteridad, en dicha expansión:
-- AGDÉ. Esta ciudad del sur de Francia deriva de "Agathé Tyche" (literalmente, "buena fortuna").
-- AMPURIAS. La españolísima o catalanísima (a según) ciudad de Ampurias es también otra fundación griega, bajo el nombre de Εμπόριον ("Emporion", que significa "mercado"). La prosperidad de Ampurias procedía justamente de ser un punto intermedio en la ruta marítima conectando las riquísimas ciudades de Massilia (la actual Marsella) y Tartessos (cerca de lo que en la actualidad es Cádiz).
-- ANTIBES. Viene del griego "Ἀντίπολις" ("Antípolis"), que si lo miran bien y saben algo de griego, se darán cuenta de que significa "Ciudad opuesta" o "Ciudad contraria". En efecto, si ustedes miran un mapa de la actual Francia, verán que Antibes y Marsella están separadas ambas por un cabo de tierra. Las dos ciudades, por más señas, fueron fundadas por habitantes de la ciudad griega de Focea, lo que justificaría pensar en un nombre que relacionara a ambas.
-- MÓNACO. El nombre arranca de un templo dedicado a Hércules Monoikos ("μόνοικος", "la casa solitaria"), que se construyó en dicho lugar.
-- NÁPOLES. Este nombre es una deformación de "Neápolis", que en griego significa "Ciudad Nueva".
-- NIZA. Esta ciudad francesa deriva su nombre de la palabra Νίκη ("victoria").
-- REGGIO. Esta ciudad en la Italia continental está separada de Sicilia por el Estrecho de Messina. "Ῥήγιον" es la palabra griega original, y significa "grieta", aludiendo precisamente a dicho estrecho.
La ciudad con la que quedamos en deuda es Marsella, que viene del antiguo griego "Massilia", pero que no hemos conseguido determinar la etimología de la misma. Si algún lector puede rastrear el dato, se agradece el complemento en los comentarios.
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domingo, 13 de febrero de 2011
Demiurgos.

"Demiurgo" es una de esas palabras que tiene una historia interesante por detrás. En la actualidad concebimos a un demiurgo como un Dios Creador. Como las religiones judeocristianas conciben al Creador como el Dios a secas, el calificativo de "demiurgo" no suele aplicársele: éste aparece en concepciones que implican varios espíritus, grados de jerarquía, etcétera. Quienes más desarrollaron el concepto de "demiurgo" son los gnósticos, esa batahola de filósofos orientalizantes de fines del Imperio Romano que crearon complejas (y a menudo abstrusas) cosmogonías de un elevado grado de abstracción. El sello de todas las escuelas gnósticas es la creencia de que el universo está traspasado por alguna clase de espíritu universal, desde el cual emana la materia. El principio primero viene a ser el demiurgo. Interesantemente, en algunos sistemas no es Dios mismo quien es el demiurgo, sino que a veces otra clase de ente inferior al principio supremo: depende de quién emane la materia. En algunas escuelas, este rol le corresponde a Satán (a veces identificado con el Dios fiero y vengativo del Antiguo Testamento, que en estas concepciones es opuesto al Dios amoroso y bondadoso del Nuevo Testamento).
Pero yendo más atrás que la panda de revoltosos que eran los gnósticos, la palabra "demiurgo" designaba otra cosa más terrena. Etimológicamente, "demiurgo" viene del griego "δημιουργός" ("demiourgos"). La raíz "demi-" es bien conocida: significa "pueblo" e integra palabras castellanas actuales como "democracia" o "epidemia". La otra palabra significa "trabajador". Entonces, el demiurgo era alguien que trabajaba para el pueblo, o sea, para los demás (no para sí mismo). Dicho en otros términos, el demiurgo es el artesano, el que vive de la creación de cosas materiales en vez de cultivar la tierra, apacentar el ganado o pescar en el mar (todas actividades que en una economía primitiva, anterior al comercio, se desarrollan "para uno mismo", por así decirlo, porque lo cultivado, lo apacentado o lo pescado se come, y lo manufacturado no). Platón se toma la molestia de incluir y considerar a los demiurgos dentro del proyecto de Ciudad Ideal que promueve en la "República" (quizás de ahí haya saltado el concepto al Neoplatonismo y al Gnosticismo).
Si nos fijamos en la Mitología Griega, podemos darnos una pista de la importancia de los demiurgos en la sociedad griega. Muchas actividades tenían dioses relacionados con la misma de una manera u otra, pero un dios tutelar que se preocupara de ellas, éstas eran más bien pocas. Podemos recordar apenas tres: Hermes (Mercurio), Hefestos (Vulcano) y Prometeo. Hermes era el dios de los mercaderes y de los ladrones (¿habrán querido decir algo los griegos con esto...?). Pero los otros eran dioses tutelares de actividades propias de los demiurgos: Hefestos de la herrería y el trabajo con los metales, y Prometeo (aparte de ser un dios asociado al fuego, claro) era el dios tutelar de los alfareros en el Atica. Herreros y alfareros eran justamente demiurgos. En la Grecia primitiva no existían dioses que se preocuparan de los zapateros, que parece ser aparecieron mucho más tarde en la vida económica griega, o de los agricultores por ejemplo (sí existen deidades protectoras de la agricultura, como Ceres por ejemplo, pero no de los agricultores... ése es el matiz). Y ya que hemos mencionado a los comerciantes, éstos también surgieron mucho después de que la Grecia empezara su evolución histórica (y por tanto, el culto a Hefestos y Prometeo como dios tutelar de una actividad humana es anterior al culto de Hermes). O sea, esto refleja la idea de que en la sociedad griega primitiva, que apenas comenzaba a desarrollar una industria, los demiurgos eran casi genios profesionales, en un mundo en donde casi todos los ciudadanos debían bastarse a sí mismos para sobrevivir porque no había dónde comprar, ni dinero con qué pagar.
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jueves, 10 de febrero de 2011
Ministerio y magisterio.

He aquí dos palabras que suenan parecidas entre sí, pero cuyos sentidos son inesperadamente antagónicos: ministerio y magisterio. Ambas tienen la misma terminación, y eso no es casualidad, porque comparten la misma raíz etimológica. La terminación en ambas es "terio", que viene de "ter", que a su vez significa "tercero". Veamos.
"Ministerio" y "ministro" vienen del latín "minis ter". Todos sabemos lo que es un ministro de Estado, por ejemplo. Y sin embargo, a pesar de ser su acepción popular, el Diccionario de la RAE recoge otra acepción más amplia, que en buena medida engloba la primera: "Cargo, empleo, oficio u ocupación". Y existe aún otra acepción, todavía más rara, y que debe ser un cultismo: "Uso o destino que tiene algo". En la Iglesia Católica por su parte se habla de ministerio para referirse a la labor de los sacerdotes. Porque "minis ter", ya lo habrán adivinado, significa literalmente "menos que un tercero". O sea, el ministro es una persona que no obra para sí misma, sino en interés de otra persona, o sea, es un sirviente. Así, el ministro episcopaliano sirve a la Iglesia, y el ministro de Estado sirve al Estado (aunque a veces, a según qué país, como que entrara la duda, pero en fin, la raíz etimológica está ahí, y a eso nos atenemos). Ahora, si usted invierte los términos obtiene precisamente eso, o sea, "término" ("ter minis"). Y en efecto, las fronteras de algo, el término, es allí donde acaba lo nuestro y comienza lo de un tercero, así es que todo encaja...
Por simple lógica, el lector ya habrá adivinado que "magisterio" y "magíster" vienen a significar lo opuesto, y no se equivoca. Porque estas palabras derivan del latín "magis ter", o sea, "más que un tercero". ¿Y cómo se puede ser más que un tercero? En el castellano se ha perdido el sentido original de la palabra, pero en inglés se ha conservado en la palabra "master": el AMO. A cambio, tanto el inglés como el castellano han conservado el sentido de autoridad moral o intelectual de la palabra magíster. Así tenemos el magíster como grado académico, e incluso el simple maestro como sinónimo de profesor. También relacionada está la palabra "magistrado", que se le aplica por regla general a los jueces, y a los que ningún guapo les va a discutir autoridad.
Más nebuloso me resulta, y lo confieso abiertamente por si algún lector conoce la respuesta, una curiosa definición de "magisterio" según la Real Academia Española: "En la química antigua, materia que se posa en las reacciones químicas, precipitado". Un precipitado en Química es una substancia sólida que se forma en una reacción química, usualmente en el seno de un líquido, bien sea porque no hay suficiente solvente para disolver el soluto, bien sea porque se genera en la misma reacción y es insoluble en sí. Dicho precipitado flota, se mantiene en suspensión, o bien se hunde, a según su densidad relativa respecto del líquido que lo contiene. Pero de qué manera ese inoportuno tercero puede ser más que el resto de la solución, para merecer el nombre de "magisterio", es algo que se me escapa.
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jueves, 4 de noviembre de 2010
Espectros de los ordovicos y los silures.
Uno de los más dramáticos eventos en la Historia de la Tierra, no demasiado conocido porque no intervienen dinosaurios, pero no por ello menos dantesco en cantidad bruta de muertos, es la llamada Extinción Masiva del Ordovícico-Silúrico, que se produjo aproximadamente hace 450 millones de años. No es la peor de todas, pero en cantidad de especies extintas no tiene nada que envidiarle a la extinción masiva más conocida, que es la KT (Cretácico-Terciario, la clásica de los dinosaurios, vamos). De hecho, es la segunda extinción masiva de especies marinas conocida, cerca de un 60% del total, lo que es bastante si se considera que en la época, TODA la vida animal o vegetal estaba confinada en los mares (el récord absoluto lo tiene la Extinción del Pérmico-Triásico, hace unos 250 millones de años, aunque en esa época la vida ya se había abierto camino hacia la superficie terrestre).Desde un punto de vista etimológico, tiene su gracia que una de las cinco mayores extinciones masivas en la historia terrestre reciba su nombre de los dos períodos geológicos mencionados (el Ordovícico y el Silúrico, ambos partes del Paleozoico, conocido en los manuales antiguos como Era Primaria). Resulta que la Paleontología de la primera mitad del siglo XIX, cada vez más dispuesta a aceptar que la Tierra debía ser más vieja que los 6000 años bíblicos, comenzaba la dificultosa labor de periodizar la historia terrestre. Como la investigación científica estaba confinada en la época a los fósiles y sedimentos de Europa, las rocas mejor investigadas del período Primario (actual Paleozoico) eran las de Gales, en Inglaterra. De esta manera, cuando quisieron buscar nombres, se volvieron al nombre antiguo de Gales (Cambria), para bautizar lo que actualmente es el Período Cámbrico.
Ahora bien, pronto hubo que inventarse más nombres para los períodos, y como parecía cómodo el sistema adoptado, los dos períodos siguientes al Cámbrico recibieron su nombre de dos tribus galesas, precisamente: el Ordovícico de los ordovicos, y el Silúrico de los silures. Los ordovicos vivían en el norte de Gales y los siluros en el sur, y los historiadores romanos refieren el apetito de ambas tribus por la guerra. En los hechos, durante el siglo I después de Cristo, los romanos trataron de entrar a Gales por la fuerza, y si bien lograron conquistar y pacificar la región (más o menos), esto les costó lo suyo, y los ordovicos y siluros nunca aceptaron la romanización sino de mala gana, sólo para sacudírsela a la primera ocasión. Cuando cayó el Imperio Romano, Gales recayó en la barbarie como si nunca los romanos hubieran estado allí.
Yendo un poco más lejos en la etimología, nos encontramos con que la palabra "ordo-wik" puede estar emparentada con el irlandés "ord" y el galés "gordd", que significa martillo. "Silo", por su parte, vendría significando "semilla" en galés. Quizás ambas tribus, conocidas por la fiereza de sus guerrillas contra los romanos, se habrían sentido más que satisfechas de saber que por un capricho de la Historia de la Ciencia, los nombres de ambas acabarían insertas nada menos que en uno de los más importantes eventos de extinción masiva en la Historia de la Tierra completa...
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domingo, 31 de octubre de 2010
Palabras alrededor de la bilis.
La bilis o hiel, es una secreción del hígado. Es bien conocido su carácter amargo, hasta el punto de utilizársele como el ejemplo clásico de amargura ("se le rompió la hiel", "tiene un temperamento bilioso", etcétera). La palabra bilis deriva del latín bilis, que a su vez deriva del griego χολή ("colé"). Y aquí es donde empieza lo bueno. Partamos con suavidad diciendo que la raíz griega ha seguido en pie dentro del vocabulario médico castellano. Así, el conducto que lleva la bilis al intestino se llama colédoco, la substancia secretada por el intestino delgado que ayuda a verter bilis en la digestión se llama colecistoquinina, los cálculos biliares son colelitiasis, la inflamación de la vesícula producto de esos cálculos es la colecistitis, y la ulterior extirpación quirúrgica de la misma es la colecistectomía.Pero si se acabara el asunto ahí, éste sería un posteo probablemente aburrido. Sin embargo, si nos volvemos a la Medicina del pasado, a la tenebrosa era de los "Cuatro Humores", nos encontramos con otras sorpresas. Los antiguos creían que existían cuatro humores en equilibrio dentro del cuerpo, y cuando tales humores se salían de dicho equilibrio, sobrevenían las enfermedades (o buena parte de ellas, al menos). Esos fluidos eran la sangre, la flema (el famoso esputo viscoso que acompaña a la tos de las inflamaciones respiratorias), la bilis y la atrabilis o "bilis negra". ¿A qué estado de ánimo asociaban el exceso de bilis? Como la bilis es amarga, les pareció natural asociarlo al temperamento amargo, y así es como la palabra griega "colé" se vertió en el castellano "cólera". Así es que de ahí viene el actual temperamento o carácter colérico, o sea, amargado e irritable.
También con esta raíz etimológica se vincula la enfermedad del cólera. Uno de los síntomas del cólera es la diarrea: de hecho, el cólera mata fundamentalmente por la deshidratación del paciente, por lo que un tratamiento con suero intravenoso salino suele ayudar a la recuperación del paciente. Y este flujo diarreico que es producto del cólera, fue calificado de flujo bilioso, y de ahí el nombre.
Los más avezados que entiendan un poco de griego quizás hayan descubierto el paso siguiente. Mencioné una bilis amarilla y una bilis negra. La bilis amarilla es responsable del temperamento colérico. ¿Y la bilis negra...? Ya que en griego la palabra negro es "μέλας" ("melas"), como en melanina por ejemplo (el pigmento que le da un tono oscuro a la piel), ya pueden ir sumando: μελαγχολία ("bilis negra") se traduce al castellano como "melancolía". Es decir, el exceso de bilis amarilla ocasionaba desagrado, irritación y amargura, y el exceso de bilis negra originaba depresión, desánimo y apatía. Pensándolo bien, es una suerte que la Medicina haya salido de esos tiempos cavernarios, y las depresiones se traten con métodos un poco más ajustados a la etiología del mal.
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