Páginas

Mostrando las entradas con la etiqueta Guerra Antigua. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Guerra Antigua. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de octubre de 2010

Mayas pendencieros.

Durante mucho tiempo, se creyó que los mayas eran la gente más pacífica del mundo, una especie de sabios y tranquilos iluminados que crearon una civilización próspera y pacífica, en la que las guerras y la violencia eran algo desconocido e inexistente. Un poco más, y eran el paraíso terrenal en forma de civilización. Hoy en día sabemos que las cosas no eran tan sencillas, y que los mayas sí conocieron las guerras. Y los sacrificios humanos, dicho sea de paso (para escándalo de los que consideraron a "Apocalypto" como aberrante en ese plano).

A pesar de que los europeos reportaron ruinas mayas desde el siglo XVIII, los mayas tomaron carta de naturaleza en la historiografía recién en el XIX, cuando empezaron a aparecer uno tras otro los grandes centros ceremoniales tragados por la selva. En ese entonces, hubo varias razones para ver a los mayas como un pueblo "ahistórico". En primer lugar, no habían registros históricos suyos porque los españoles habían quemado cuanto códice se les puso a tiro, y además la escritura maya era incomprensible (Champollion, el que descifró los jeroglíficos egipcios, al menos había tenido una paleta multilingüe, uno de cuyos idiomas era el bien conocido griego, lo que le facilitó significativamente el trabajo). Y en segunda, pesaba sobre ellos el mito romántico de ser una civilización "primitiva", y por lo tanto, era poco probable que tuvieran guerras dignas de ese nombre, así como Occidente tiene a un Carlomagno o a un Napoleón. Ha sido con el laborioso proceso de descifrado de la escritura maya, y la reconstrucción de sus listados y genealogías de reyes a través de sus estelas de piedra, que ahora sabemos un poco más sobre el tema, y por supuesto, lo que sabíamos sobre los mayas estaba equivocado en ese punto: al parecer, el estado político natural de los mayas era más la guerra que la paz...

El historiador Jared Diamond adelanta una interesante explicación, que vuestro seguro servidor el General Gato consigna aunque no ha podido cotejarla más allá. Diamond atribuye la razón de esto no sólo a una geografía accidentada, sino también a la alimentación. En efecto, la alimentación maya era terriblemente pobre en proteínas, y fuertemente dependiente del maíz, ambas cualidades más acentuadas que en la dieta de "cereales y carne" clásica del mundo eurasiático. Súmesele que los mayas no tenián grandes bestias de carga, y el cuadro está completo. Porque para alimentar a sus tropas, debían acarrear grandes cantidades de grano a hombros de porteadores. Y los porteadores, desde luego, también comían parte del grano porque no se iban a alimentar con forraje como los caballos. Mientras más lejos fuera la expedición militar maya, o mientras más durara la guerra, más fracción del alimento porteado debía quedar para el porteador, y por lo tanto menos grano quedaba para las tropas. Esta falla fundamental en la logística de la guerra hizo que las campañas militares mayas fueran muy costosas, y por tanto las ocupaciones militares breves y dificultosas, por lo que ninguna gran ciudad maya consiguió consolidar un gran imperio a su alrededor. De ahí que los mayas nunca hayan pasado de ser politicamente un mosaico de principados y ciudades estados, sumidos por lo tanto en una anarquía internacional a la cual nunca pudieron sobreponerse.

domingo, 13 de julio de 2008

Kadesh y el autobombo de Ramsés II.


Quienes creían que distorsionar la Historia para hacerle propaganda al Gobierno era invento de Goebbels, el manipulador ministro de propaganda de Hitler, o de la Rusia Estalinista, que revise otra vez. Porque el primer caso conocido de manipulación de la Historia para hacerle propaganda al Gobierno tiene nada menos que tres mil años de Antigüedad. Es cierto que hay testimonios de victorias militares contadas por sus reyes que son aún más antiguas, como por ejemplo la Estela de los Buitres mandada confeccionar por el mesopotámico Eannatum (hacia 2800 a.C.), pero en este caso no contamos con versiones paralelas que nos ayuden a descubrir cuánto de verdad y cuánto de mito hay en ellas. En el caso que nos ocupa sí. Para colmo, el mentiroso pillado en flagrancia es nada menos que Ramsés II, conocido como el Grande, y que bien mirado, no fue tan grande como se pretende. He aquí la historia...

A su advenimiento como Faraón (hacia 1.279 a.C.), Ramsés II había heredado una compleja situación política. Su gran área de expansión (su "hinterland", diríamos geopolíticamente) era la región de Palestina y Siria, pero en esos territorios se había hecho fuerte una potencia rival, el Imperio Hitita. Más tarde o más temprano, ambas potencias iban a chocar, y desde comienzos de su reinado, Ramsés II empezó a preparar la inevitable colisión.

El choque entre el ejército egipcio del joven e impetuoso Ramsés II, y el ejército hitita del más cazurro rey hitita Muwatallis II, se produjo en la ciudad siria de Kadesh. Marchaba Ramsés con cuatro divisiones de 5000 hombres cada una, un ejército considerable para aquellos tiempos. Confiando en la información de desertores hititas, Ramsés ordenó a sus dos divisiones de vanguardia avanzar, sin esperar a las dos restantes... y sin apercibirse de que estos "desertores" habían sido enviados por Muwatallis mismo para desinformar a Ramsés. Muwatallis rodeó la ciudad de Kadesh por el este, mientras Ramsés pasaba por el oeste, y atacó por detrás a sus dos divisiones de vanguardia, mientras las dos divisiones de retaguardia aún no llegaban. El ejército de Muwatallis también se componía de unos 20.000 hombres, pero como peleaba contra la mitad del ejército de Ramsés, la proporción era de 2 a 1, a favor de los hititas. Obviamente, la división de vanguardia fue hecha pedazos y Ramsés completamente acorralado.

Tiempo después, Ramsés mandó escribir un bello poema épico, el "Poema de Pentaur", en donde dice como su fuerte brazo le hizo contraatacar y retroceder a los cobardes hititas, arrinconándolos contra el Río Orontes y ahogándolos. La verdad parece haber sido distinta, si atendemos a las crónicas hititas. El Imperio Hitita era lo que llamaríamos hoy en día "multinacional", y esta diversidad de culturas se reflejaba en un ejército poco disciplinado y cohesionado, por lo que cuando tuvieron el campamento de Ramsés a la mano, lo saquearon sin darse cuenta de que estaban a metros del joven Faraón, que seguía batiéndose con denuedo. La llegada de un contingente de refuerzos salvó a Ramsés, que pudo huir a la desesperada. Y por si esto no fuera suficiente, las propias crónicas egipcias señalan que en Siria, algunos aliados de Ramsés se pasaron al bando hitita, algo perfectamente ilógico y estúpido si Ramsés hubiera sido el vencedor en la jornada (generalmente son los perdedores quienes se pasan al bando ganador, y no al revés).

Lo cierto es que después de una batalla en que ningún bando pudo asestarle un golpe de muerte al otro, hititas y egipcios se sentaron a la mesa de negociaciones y decidieron mantener el status quo fronterizo con un tratado de paz formal. Ramsés no parece haber vuelto a librar guerras de importancia suprema, pero a cambio llenó Egipto de carísimos monumentos que pueden haber ayudado a quebrar el erario nacional egipcio. A cambio de su autobombo y de haberse compensado su fracaso militar con monumentos, a la manera de las mujeres que se compensan la baja autoestima ingiriendo comida en forma compulsiva, la Historia lo recompensó con el título de "Ramsés el Grande"...

jueves, 3 de abril de 2008

Los supervivientes de los 300.

Es famoso, en particular después de la película "300", el sacrificio de los 300 espartanos comandados por Leónidas, el rey de Esparta, quienes pararon en el desfiladero de las Termópilas a un ejército varias veces superior durante varios días, y terminaron siendo doblegados sólo mediante la traición. Menos conocido es el hecho de que algunos de los bravos 300 de Leónidas sobrevivieron a la masacre, aunque tuvieron suertes distintas, y todas ellas desgraciadas.

Uno de ellos fue Pantites, un soldado que fue enviado por Leónidas a Tesalia (es decir, al norte de las Termópilas, temerariamente en dirección a las filas enemigas) con una embajada, probablemente para reclutar aliados para la batalla. Pantites no alcanzó a regresar a las Termópilas a tiempo para luchar (y eventualmente morir) junto con los 300, de manera que regresó a Esparta. El estricto código de honor militar espartano no le perdonó esto, y Pantites, incapaz de soportar la deshonra, acabó colgándose.

Los otros dos soldados que sobrevivieron fueron Eurito y Aristodemo. Ambos estaban fuera de las Termópilas, aquejados por una enfermedad ocular. Cuando llegaron las nuevas del desastre de las Termópilas, ambos tomaron decisiones distintas. Eurito, casi por completo ciego, se hizo conducir por un ilota (un esclavo) hacia el campo de batalla, y se paró en éste, dispuesto a ofrendar su vida en combate contra los persas, insensible al hecho de que un soldado solitario nada podía hacer en batalla abierta contra el ejército persa en masa. Al ver la llegada de los persas, el ilota corrió por su vida, pero Eurito se quedó en pie de guerra, y murió combatiendo.

Aristodemo, por su parte, tomó la opción de volverse a Esparta, dando por perdida la causa y por inútil el sacrificio. Apenas llegó a Esparta, cayó sobre él la mancha negra de haberse retirado del combate, la peor deshonra en la que podía incurrir un espartano libre. Ningún espartano estaba dispuesto a compartir con Aristodemo el fuego, ni tampoco a dirigirle la palabra. Tanta fue la humillación, que un año después, cuando los espartanos plantaron cara al ejército persa en Platea, Aristodemo iba de los primeros y se lanzó con furia ciega a lo más denso de las filas persas, muriendo en combate. El triste final es que, aunque se consideró a Aristodemo como redimido por haber caído en combate, esta vez sí, en vez de abandonar el campo de batalla por segunda vez, no se le dieron honras especiales porque los espartanos consideraban la rabia homicida en batalla no como algo gallardo o valiente, sino como una grave muestra de indisciplina. Al menos, de esto Aristodemo no se enteró, porque ya estaba muerto...

jueves, 10 de enero de 2008

El astrológico final de Nicias y Demóstenes.

En el año 413 a.C., en el marco de las Guerras del Peloponeso (que, en Grecia, enfrentaron a sus dos ciudades maestras de Atenas y Esparta, recordemos), los atenienses tuvieron la "brillante" idea de tratar de expandir su imperio marítimo invadiendo Siracusa, ciudad de Sicilia que era aliada tradicional de Esparta. Esta empresa era a todas luces descabellada, debido a que Sicilia estaba demasiado lejos de Grecia, como para montar una expedición militar en toda forma, estando el enemigo tan cerca de casa (los espartanos habían puesto sitio a las mismísimas murallas de Atenas más de una vez). Por supuesto que todo resultó de lo peor para los atenienses, y muchos historiadores, partiendo por el gran Tucídides, responsabilizan a esta chapucera planificación geopolítica el final de la gloria de Atenas. Pero el asunto podría haber mejorado un poquito, de no haber intervenido los astrólogos "a favor" del bando ateniense...

La expedición estaba comandada por Nicias, un general bastante competente, pero que cayó enfermo durante la campaña militar. Atenas le envió refuerzos en la figura del general Demóstenes, a quien no le tomó demasiado darse cuenta de que el asedio de Siracusa era insostenible, y debían retirarse cuanto antes, porque ya no se trataba de obtener la victoria, sino de evacuar mientras aún hubiera tiempo. Pero se topó con la obcecación de Nicias, quien se emperró en que los siracusanos hostiles a Esparta podían todavía prestarle ayuda. Un mes después había sucedido lo obvio: no sólo Siracusa no había caído y el "enemigo interno" no colaboraba de manera eficaz, sino que además los siracusanos habían recibido refuerzos desde Esparta. Demóstenes una vez más urgió la retirada, pero...

...ocurrió un eclipse total de luna. Los astrólogos lo consideraron un mal presagio, y dijeron que debían esperarse "tres veces nueve días" para proceder a la evacuación. Tres veces nueve días después, los felices siracusanos habían ubicado trirremes en la bahía que era el punto de acceso de los atenienses a la isla, y los encadenaron entre sí para que ninguna nave ateniense pudiera pasar. La única alternativa era romper el cerco por tierra, pero todos los intentos atenienses por zafarse del cerco fracasaron. De 50.000 tropas de élite atenienses, sólo 7.500 sobrevivieron, sólo para terminar sus días en las canteras (una de las peores maneras de ser condenado a muerte en vida, en el mundo antiguo). El valiente pero demasiado crédulo Nicias, por su parte, así como el bravo y prudente Demóstenes, y podemos suponer que la cohorte de adivinos y astrólogos de Nicias también, terminaron todos ellos en el patíbulo.

miércoles, 26 de abril de 2006

Palabras sobre el Rubicón.

Julio César era, aparte de un destacado militar y un político más o menos eficiente, un increíble hombre de relaciones públicas, especialmente de sí mismo. Gran parte de su fama deviene también de los escritos que él mismo legó a la posteridad, además de varios gestos hechos para la pose y la retórica. No es raro entonces que, a la par de realizar actos grandiosos con los cuales realizar su eterna y llorada ambición de compararse con Alejandro Magno, también se le ocurriera decir frases que lo hicieran pasar como inmortal a la Historia.

En el año 49 a.C., el Senado de Roma, con Pompeyo a la cabeza, estaba enormemente celoso de las victorias obtenidas por César en la Galia, que le hacían muy popular. Hay que tener en cuenta que César era del "partido popular", y Pompeyo y los senadores del "partido aristocrático". Por lo que le llamaron a Roma como simple ciudadano, o sea, después de darle la orden de licenciarse a sus tropas. Lo que le esperaba era que sus enemigos políticos intentasen llevarle a juicio (político, claro), con o sin motivos jurídicos para ello. Con tal orden, Julio César podría caminar con tropas hasta el Río Rubicón sin problemas, porque era el límite de su jurisdicción, pero cruzarlo implicaba violentar la autoridad del Senado, y desatar la guerra civil.

Según el historiador romano Suetonio, César hizo avanzar sus tropas hasta el mismísimo Rubicón, pero en secreto, mientras él se demoraba en planes para espectáculos de gladiadores. Luego, en la noche, emprendió el viaje hasta el Rubicón, siempre en secreto, para reunirse con sus tropas. Allí habría dicho, siempre según Suetonio: "Todavía podemos retroceder, pero si cruzarmos este puentecillo, todo habrán de decidirlo las armas". Palabras llenas de retórica hueca, si se piensa bien, porque si Julio César no hubiera estado decidido, difícilmente hubiera dado la orden a sus tropas de que le esperaran en el Rubicón. Dice Suetonio entonces que un pastor se puso a tocar la flauta, y al ver la trompeta de un soldado, se la arrebató y, tocándola de manera vibrante, cruzó el Rubicón. Esto, César se lo tomó como un prodigio (o al menos fingió, para tranquilizar a sus tropas), y dijo entonces sus famosas palabras: "Marchemos hacia donde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos. Jacta alea est" ("la suerte está echada"). Lo que siguió fueron cuatro años de cruenta guerra civil, la dictadura de César, su asesinato, y más guerras civiles hasta la imposición del Imperio, dieciocho años después, por Octavio Augusto, sobrino de César.

Por cierto, el dichoso Rubicón es en realidad un minúsculo esterillo que se seca casi por completo en verano, bien poco apto para frontera militar entre dos jurisdicciones de importancia...

jueves, 2 de febrero de 2006

Triple juego.

Que un político o un general defeccione y se pase al bando contrario, es algo que se ha visto muchas veces en la historia. Pero que alguien traicione a tres bandos distintos en una misma guerra y vuelva a su propia nación como héroe, ésa es una hazaña singular.

En la antigua Grecia, uno de los políticos más influyentes posteriores a Pericles fue Alcibíades. Este se las arregló para que en el año 413 a.C., se dirigiera una empresa militar para atacar Siracusa, ciudad de Sicilia que era aliada de Esparta, enemiga de Atenas. La idea de atravesar medio Mar Mediterráneo con los precarios medios tecnológicos de la época era a todas luces una locura, aunque Atenas fuera el más poderoso imperio marítimo de su tiempo, y por eso las cosas salieron como salieron, es decir, mal.

Como los atenienses querían la cabeza de Alcibíades para hacerle pagar (como si ellos no hubieran sido tan insensatos de aprobar en asamblea el proyecto), éste decidió salvar el cuello cambiando de bando, pasándose a los espartanos.

Alcibíades era un hombre vividor y amante de los placeres, pero como los espartanos eran frugales y sencillos, Alcibíades tuvo que cambiar. Su mimetización fue tan prodigiosa, que le reccibieron con los brazos abiertos, y aún más cuando el traidor reveló todos los puntos débiles de Atenas que conocía.

Empero, Alcibíades terminó por meterse con la mujer que no debía (la esposa de uno de los dos reyes que regían Esparta), así es que tuvo que salir arrancando. ¿A dónde? Al Imperio Persa, enemigo tradicional de los griegos, que contemplaba complacido como atenienses y espartanos se aniquilaban en su cruenta guerra (y le daba algún financiamiento a Esparta, de paso). Alcibíades se vendió a los persas como un buen conocedor de las debilidades griegas, y pronto manejó a su amaño la política financiera persa para, ejem, "aceitar" a los agentes griegos que trabajaban para el Rey de Reyes persa.

Pero la nostalgia le invadió, así es que una vez más traicionó, ahora a los persas, y regresó a Atenas. Los convenció de que había estado trabajando de incógnito para sabotear la relación entre espartanos y persas, y le recibieron como un héroe. Y para colmo ¡los atenienses le dieron otra vez mando militar! Fue la ocasión en que Alcibíades confirmó lo que ya se sabía: era un pésimo militar, y su jefatura sólo significó derrotas a los atenienses.

No teniendo donde huir, Alcibíades se escondió en el exilio, pero ya se había suscitado demasiados enemigos, y pronto una banda de sicarios le cercó y dio buena cuenta de él a puñaladas. El más grande, único y mejor triple jugador de la Historia tenía 46 años...


Seguidores

Busca temas históricos en Siglos Curiosos

Absolutismo (4) Administración Política (14) Africa (14) Alemania (16) Alimentación (13) América Colonial (6) América Independiente (1) América Precolombina (9) Animales (15) Antártica (1) Anticipación del Futuro (15) Argentina (2) Arqueología (11) Arquitectura (13) Arquitectura y Urbanismo (7) Astrología (4) Astronomía (28) Australasia (4) Australia (1) Austria (2) Automóviles (1) Aviación (2) Biblia (27) Bibliotecas (1) Biología (9) Bolivia (1) Botánica (1) Brujería (1) Bulgaria (1) Caballería (2) Calendarios (7) Caricaturas y Cómics (4) Celebraciones (1) Chile (97) China (9) Ciencia Ficción (12) Cine (42) Civilización Andina (5) Civilización Arábiga (1) Colombia (1) Colonizaciones (2) Comunicaciones (3) Construcciones (1) Cosmovisiones (3) Crímenes y Criminales (27) Cristianismo (20) Cristianismo y Cristianos (9) Croacia (1) Década de 1900 (13) Década de 1910 (17) Década de 1920 (8) Década de 1930 (15) Década de 1940 (20) Década de 1950 (12) Década de 1960 (7) Década de 1970 (12) Década de 1980 (18) Década de 1990 (11) Década de 2000 (24) Década de 2010 (13) Delfines y Ballenas (1) Democracia (17) Demografía (2) Deportes (7) Derechos de Autor (4) Diplomacia (3) Discriminación (1) Drogas (1) Economía (19) Edad Media (20) Educación (3) Egipto (2) Egipto Antiguo (12) Electrónica (1) Enfermedades Mentales (6) Eras Geológicas (6) Errores Científicos (5) Erupciones Volcánicas (2) Escandinavia (1) Esclavitud (4) Escultura (10) Esoterismo y Ocultismo (6) España (22) Espionaje (1) Espiritismo (1) Estados Unidos (39) Etimología (55) Europeocentrismo (3) Evolucionismo (8) Existencia de Dios (7) Expresiones (24) Fanatismo Religioso (3) Feminismo (3) Filosofía (23) Física (2) Francia (37) Frases para el Bronce (15) Fraternidad Universal (8) Fútbol (1) Gatos (6) Genética (7) Genocidios (1) Geografía (7) Geología (9) Grecia (1) Grecia Arcaica (8) Grecia Clásica (18) Grecia Helenística (6) Grecia Medieval (1) Guerra (9) Guerra Antigua (6) Guerra Medieval (10) Guerra Moderna (7) Guerra Naval (4) Guerra Reciente (7) Hebreos (3) Heroísmo (2) Historia Alternativa (4) Historiadores (13) Historieta y Cómic (7) Holanda (2) Humanismo (1) Idioma Castellano (2) Idioma Griego (9) Idioma Inglés (2) Idioma Latín (7) Idioma Sánscrito (1) Idiomas Artificiales (1) Iglesia Católica (8) Ilustración (2) Imperio Bizantino (12) Imperio Británico (2) Imperio Español (17) Imperio Inca (1) Imperio Napoleónico (6) Imperio Otomano (4) Imperio Persa (2) Incompetencia Militar (14) India (17) Informática (6) Ingeniería (7) Inglaterra (53) Intrigas (9) Islam (10) Italia (22) Japón (20) Joyas (2) Judaísmo (16) Judaísmo y Judíos (10) Juegos y Pasatiempos (4) Juicios (21) Leyenda Negra (2) Leyendas (7) Leyes (20) Libertad de Expresión (8) Libertad de Religión (4) Lingüística (1) Listas de Gobernantes (2) Literatura (50) Mar Mediterráneo (2) Más Allá (3) Matemáticas (16) Matrimonio (7) Medicina (15) Medio Oriente (6) Mesianismo (6) Mesoamérica (11) Mesopotamia (3) México (2) Minería (4) Mitología Latinoamericana (2) Mitos de la Creación (5) Moda (2) Monarquía (26) Mongoles (4) Monumentos (1) Muertes Remarcables (10) Mujeres (30) Mundo Bíblico (12) Música (10) Música Popular (6) Música Selecta (5) Nacionalismo (4) Navegación (23) Negociados (2) New Age (1) Occidentalización (1) Océano Atlántico (5) Oceanografía (2) Origen de la Humanidad (2) Paleolítico (1) Paleontología (11) Palestina (4) Periodismo (2) Persia (3) Personajes (43) Perú (1) Pintura (9) Polinesia (2) Premio Nobel (4) Primera Guerra Mundial (6) Profetas (5) Propaganda (3) Pueblos del Antiguo Testamento (4) Pueblos y Tribus (9) Química (4) Racismo (7) Radiodifusión (1) Regiones Geográficas (5) Reinos Helenísticos (1) Religión Grecorromana (9) Religiones Antiguas (3) Renacimiento (14) Robótica (2) Roma Antigua (42) Romanticismo (1) Rusia (12) Sacerdotes (1) Sacro Imperio Romano Germánico (2) Satanismo (5) Segunda Guerra Mundial (6) Sexismo (7) Sexualidad (20) Siglo 05 (1) Siglo 11 (1) Siglo 14 (1) Siglo 15 (2) Siglo 16 (6) Siglo 17 (32) Siglo 18 (26) Siglo 19 (56) Siglo 20 (24) Siglo 21 (1) Sincretismo Religioso (2) Sudáfrica (1) Suiza (2) Supersticiones (1) Teatro (5) Tecnología Militar (7) Tecnología Nuclear (3) Televisión (5) Teología Cristiana (5) Terremotos (9) Tíbet (1) Universidades (3) Urbanismo (14) Vampiros (3) Vestimenta (4) Viajes y Viajeros (13) Zoología (9)