Páginas

Mostrando las entradas con la etiqueta Mesoamérica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mesoamérica. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de octubre de 2010

Mayas pendencieros.

Durante mucho tiempo, se creyó que los mayas eran la gente más pacífica del mundo, una especie de sabios y tranquilos iluminados que crearon una civilización próspera y pacífica, en la que las guerras y la violencia eran algo desconocido e inexistente. Un poco más, y eran el paraíso terrenal en forma de civilización. Hoy en día sabemos que las cosas no eran tan sencillas, y que los mayas sí conocieron las guerras. Y los sacrificios humanos, dicho sea de paso (para escándalo de los que consideraron a "Apocalypto" como aberrante en ese plano).

A pesar de que los europeos reportaron ruinas mayas desde el siglo XVIII, los mayas tomaron carta de naturaleza en la historiografía recién en el XIX, cuando empezaron a aparecer uno tras otro los grandes centros ceremoniales tragados por la selva. En ese entonces, hubo varias razones para ver a los mayas como un pueblo "ahistórico". En primer lugar, no habían registros históricos suyos porque los españoles habían quemado cuanto códice se les puso a tiro, y además la escritura maya era incomprensible (Champollion, el que descifró los jeroglíficos egipcios, al menos había tenido una paleta multilingüe, uno de cuyos idiomas era el bien conocido griego, lo que le facilitó significativamente el trabajo). Y en segunda, pesaba sobre ellos el mito romántico de ser una civilización "primitiva", y por lo tanto, era poco probable que tuvieran guerras dignas de ese nombre, así como Occidente tiene a un Carlomagno o a un Napoleón. Ha sido con el laborioso proceso de descifrado de la escritura maya, y la reconstrucción de sus listados y genealogías de reyes a través de sus estelas de piedra, que ahora sabemos un poco más sobre el tema, y por supuesto, lo que sabíamos sobre los mayas estaba equivocado en ese punto: al parecer, el estado político natural de los mayas era más la guerra que la paz...

El historiador Jared Diamond adelanta una interesante explicación, que vuestro seguro servidor el General Gato consigna aunque no ha podido cotejarla más allá. Diamond atribuye la razón de esto no sólo a una geografía accidentada, sino también a la alimentación. En efecto, la alimentación maya era terriblemente pobre en proteínas, y fuertemente dependiente del maíz, ambas cualidades más acentuadas que en la dieta de "cereales y carne" clásica del mundo eurasiático. Súmesele que los mayas no tenián grandes bestias de carga, y el cuadro está completo. Porque para alimentar a sus tropas, debían acarrear grandes cantidades de grano a hombros de porteadores. Y los porteadores, desde luego, también comían parte del grano porque no se iban a alimentar con forraje como los caballos. Mientras más lejos fuera la expedición militar maya, o mientras más durara la guerra, más fracción del alimento porteado debía quedar para el porteador, y por lo tanto menos grano quedaba para las tropas. Esta falla fundamental en la logística de la guerra hizo que las campañas militares mayas fueran muy costosas, y por tanto las ocupaciones militares breves y dificultosas, por lo que ninguna gran ciudad maya consiguió consolidar un gran imperio a su alrededor. De ahí que los mayas nunca hayan pasado de ser politicamente un mosaico de principados y ciudades estados, sumidos por lo tanto en una anarquía internacional a la cual nunca pudieron sobreponerse.

domingo, 14 de junio de 2009

¿Dónde está Xibalbá?


Apenas supera cierto margen de complejidad, toda mitología comienza a desarrollar una noción sobre cómo será la morada de los muertos, y de ahí a inventarse un inframundo había tan solo un paso. Los mayas no eran la excepción, y se inventaron a propósito un lugar llamado Xibalbá. Los sacerdotes católicos, siempre dispuestos a demonizar todo lo que no reconociera con humildad y humillación al Dios Cristiano como su Amo y Señor, dijeron que Xibalbá era el Infierno, y así se lo enseñaron a los mayas. Sin embargo, según se desprende del poema épico "Popol Vuh", es claro que Xibalbá no era exactamente el Infierno, o al menos, no con las consonancias malignas que le asigna el Cristianismo: era la morada de los muertos, sí, pero se correspondía más bien con la enfermedad, como parte integrante de la vida.

Una característica sobre Xibalbá que puede quizás ser desconcertante para el lector moderno, es que no era un lugar más o menos abstracto (como el infierno cristiano), sino que poseía una localización bastante específica. De partida, es un lugar claramente subterráneo, porque los habitantes de Xibalbá se mosquean al oir el estruendo en la superficie, de los hermanos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú jugando a la pelota, estruendo que ellos oyen sobre sus cabezas. En segunda, cuando dichos hermanos, engañados por los señores de Xibalbá, son invitados a tales dominios, el "Popol Vuh" describe su ruta (sigo la traducción de Adrián Recinos): "(...) fueron bajando por el camino de Xibalbá, por unas escaleras muy inclinadas. Fueron bajando hasta que llegaron a la orilla de un río que corría rápidamente entre los barrancos llamados Nu Zivan Cul y Cuzivan, y pasaron por ellos. Luego pasaron por el río que corre entre jícaros espinosos".

Comenta Adrián Recinos (en la edición del "Popol Vuh" del Fondo de Cultura Económica, por más señas) que los topónimos ayudan a conocer la localización más o menos precisa de Xibalbá. Como los protagonistas del "Popol Vuh" son claramente los cakquichel, entonces los barrancos mencionados implican que los protagonistas descendieron a las tierras bajas del Petén. Sumado a ciertas indicaciones geográficas, pareciera ser que los autores consideran que Xibalbá se encuentra en la región poblada por los itzáes, hasta donde los mayas clásicos nunca consiguieron extender su dominio.

Más interesante aún, es que a pesar de ser Xibalbá un ámbito sobrenatural, una verdadera "mansión de los muertos" en todo el sentido de la palabra, sus señores podían ser muertos. Es más, el propio "Popol Vuh" recalca que no son inmortales, y que la muerte les sobreviene como castigo a su orgullo. De esta manera, es bastante probable que el escritor del "Popol Vuh", un maya anónimo de las regiones "clásicas" del mundo maya, se haya tomado una venganza poética contra los sus enemigos seculares los itzáes, poniéndolos como "los malos de la película", y situando el inframundo en sus tierras.

jueves, 11 de junio de 2009

Los mayas no pueden haber sido tan inteligentes.


Hace varios meses atrás comentábamos en Siglos Curiosos como los arqueólogos europeos no se gastaban investigando el Sudán, en la creencia de que esas tierras pobladas por negros no eran dignas de producir ninguna civilización, y siguieron pensando así aunque algunos esforzados pioneros empezaron a obtener evidencia cada vez más contundente de que pueblos de raza no blanca (los kusitas, en este caso) podían erigir una civilización por sí mismos. Otro tanto ocurrió con los mayas en América. Porque se conocía la existencia de sus ruinas desde el siglo XVIII, pero nadie hizo demasiado por investigarlas, en la convicción de que debía tratarse seguramente de alguna clase de monumental malentendido.

Durante el gobierno de Carlos III de España (1759-1788) llegaron a la corte española ciertas noticias de que había ruinas muy curiosas en la región de Palenque. Carlos III era en general un monarca más o menos progresista, tanto como podían serlo los reyes absolutos sin hacer tambalear su trono (estaba de moda el "despotismo ilustrado"), y tenía un razonable interés en la cultura. En la época se estaba poniendo de moda la Arqueología, debido al creciente interés por las ruinas grecorromanas, y Carlos III no fue inmune a la epidemia. De manera que envió al capitán Antonio del Río a sus dominios mexicanos, con la misión de encontrar, explorar, inspeccionar y dar reporte sobre aquellas ruinas.

Antonio del Río llegó a Palenque el 5 de Mayo de 1787. Luego de una breve inspección se marchó, regresando trece días después, con un equipo de 79 trabajadores. No se puede decir que no se esforzaran: despejaron la vegetación, retiraron piedras caídas de las entradas, recogieron cuanta muestra de alfarería estuvo a su alcance, y se aventuraron en los pasadizos subterráneos cuyas entradas pudieron localizar. Lo que apareció entonces hizo enmudecer de asombro a los españoles, no sólo por lo vasto de las ruinas, sino también por las señas de que había existido un complejo sistema de acueductos en la ciudad. Tanta tecnología en medio de una civilización maya, que a Antonio del Río se le antojaban poco menos que un puñado de brutos campesinos, le hizo creer que aquella ciudad era la obra de un grupo de aventureros fenicios, griegos, romanos, o de cualquiera otra nación avanzada de la Antigüedad, que habían enseñado a los lugareños todo lo que ellos mismos, como buenos salvajes que eran, jamás habrían podido inventar por sí mismos.

Recién en 1881, el militar británico Alfred Percival Maudslay afrontó nuevamente el reto de investigar las ruinas mayas con detención. Para esas fechas se habían hecho ya algunos otros hallazgos, incluyendo la fastuosa Chichén Itzá, así como Copán y Tikal; Maudslay añadiría Yaxchilán al listado. El británico se abocó a la complicada misión de descifrar los jeroglíficos mayas, y no pudo conectarlos con las escrituras del Viejo Mundo. Tampoco había en las ruinas mayas nada que sugiriera conexiones culturales con Grecia o Roma. Su conclusión fue atronadora para su tiempo, pero esencialmente correcta: los mayas habían creado en dicha región una civilización prácticamente autógena (hoy en día se acepta que recibieron lo esencial de su legado histórico de un pueblo anterior, los olmecas, si bien los mayas lo mejoraron grandemente). Y defendió sus ideas en un compendio de cinco volúmenes sobre la naturaleza agreste y las ruinas arqueológicas de los mayas, publicado en 1902. Maudslay tuvo entonces el gran mérito de haberles dado a los mayas su más que bien merecido lugar en la Historia Universal, en pie de igualdad con griegos, romanos, egipcios o chinos.

domingo, 25 de mayo de 2008

Hacia el Imperio Azteca.

Es bastante conocida la leyenda sobre el origen de los aztecas, o mejor dicho de los tenochas, como se denominaba este pueblo a sí mismo ("azteca" es la denominación española, y aparentemente significa "hombre del país de Aztlán"). Según reza la leyenda, los aztecas abandonaron la mítica tierra de Aztlán, guiados por su dios Huitzilopochtli. La orden de Huitzilopochtli era que los aztecas deberían detener su peregrinación cuando vieran la famosa señal: un águila devorando una serpiente, arriba de un nopal. Este emblema forma hoy en día incluso parte de la bandera de la República de México.

Sin embargo, la verdadera historia parece haber sido menos romántica y más sórdida. Por de pronto, la localización de Aztlán no ha podido ser determinada: para algunos habría estado en el norte del Valle de México, y para otros en una región tan alejada como podría ser el sur de Estados Unidos (quizás la actual California, Nevada o Nuevo México). Incluso hay quienes sostienen que Aztlán realmente no habría existido nunca, y que sería una especie de lugar legendario como la Atlántida o el Jardín del Edén, en otras tradiciones míticas. Sí parece cierto que, a mediados del siglo XIII, los aztecas estaban ya instalados en el Valle de México, y a partir de ahí puede rastrearse su historia, confusamente, a través de algunas crónicas que han conseguido sobrevivir al paso del tiempo (por no hablar de los estragos culturales provocados por los conquistadores españoles).

Lo de "instalados" es relativo, porque en la época, el entero Valle de México era regida por numerosas ciudades independientes. Los aztecas consiguieron hacerse un lugar en Chapultepec, una colina al oeste del Lago Texcoco, en fecha cercana a 1248. Sin embargo, la tribu de los tepanecas, que regía la ciudad de Azcapotzalco, emprendió la guerra contra los aztecas y los desalojó. Cocoxtli, rey de Cuhualcán, les permitió entonces instalarse en unos bancos de arena a orillas del Lago Texcoco. Los aztecas empezaron a asimilarse lentamente a la cultura de Cuhualcán, adoptando en esta fecha el legado cultural que procedía incluso desde épocas tan lejanas como Teotihuacán (ciudad que vivió su gran esplendor entre 250 y 750 después de Cristo, aproximadamente).

En 1323, los aztecas se dirigieron a Achicometl, nuevo rey de Cuhualcán, para pedirle su hija y consagrarla como sacerdotisa. Lo que Achicometl no sabía, es la bárbara manera en que pensaba hacer esto. Los aztecas llevaron a cabo su ritual, y en la cena subsiguiente, en la que apareció Achicometl, el sumo sacerdote azteca apareció vistiendo un traje confeccionado con la piel desollada de la infortunada hija. Por supuesto que, escandalizados y horrorizados, los habitantes de Cuhualcán expulsaron a los salvajes aztecas. A éstos no les quedó más remedio que instalarse en las islas pantanosas del Lago Texcoco, y allí construyeron su propia ciudad, Tenochtitlán.

En 1376, los aztecas consiguieron jugar una complicada carta política. Usando las costumbres aprendidas en Cuhualcán, eligieron a su propio rey en Tenochtitlán. Para que dicho acto no fuera visto como una agresión, acordaron entonces una alianza con Tezozomoc, el poderoso rey de Azcapotzalco (la misma ciudad que un siglo antes los había barrido de Chapultepec), y se hicieron tributarios de dicha ciudad. De esta manera, como tributarios, vasallos y mercenarios al servicio de Azcapotzalco, los aztecas consiguieron acumular suficiente poder; cuando Tezozomoc finalmente falleció y fue reemplazado por su belicoso e ineficiente hijo Maxtla, los aztecas se sublevaron, sometieron a Azcapotzalco, y en alianza con otras dos ciudades (Texcoco y Tlacopán), fundaron finalmente el Imperio Azteca.

¿De dónde surgió entonces la tan bella como falsa leyenda del águila devorando a la serpiente arriba del nopal? Probablemente el responsable sea Tlacaelel, sumo sacerdote de los aztecas entre 1418 y 1487, quien creó la religión nacionalista de los aztecas con motivos puramente políticos. Y como en Siglos Curiosos ya nos hemos referido a él, a ese posteo nos remitimos en lo que a Tlacaelel se refiere.

jueves, 22 de mayo de 2008

La estructura política del Imperio Azteca.

Cuando hablamos de "imperio", nos referimos generalmente a un buen puñado de naciones reunidas férreamente bajo un mismo trono, con un mismo ejército, y con una organización más o menos centralizada, o que pretende serlo al menos. Este modelo de imperio está basado, claro está, en el caso del Imperio Romano, con seguridad el más famoso de todos los imperios (además de ser el que le dio nombre de imperio a todos los demás). Por eso, la estructura interna del mal llamado "Imperio Azteca" es, cuando menos, curiosa.

De entrada, el Imperio Azteca era cualquier cosa, menos centralizado. Esto se entiende mejor si se considera que los aztecas no eran sino una tribu más de las varias chichimecas que pasaron desde algún punto en los actuales Estados Unidos, hasta el Valle de México. Las tribus chichimecas nunca abandonaron del todo su vieja organización tribal, hasta el punto que las políticas públicas se confundían con el patrimonio y los asuntos privados de la familia real; la monarquía era, por cierto, electiva, rasgo éste reminiscente de organizaciones tribales en las que el líder no sólo debe tener derecho al trono, sino imponerse en él.

Durante mucho tiempo, las tribus aztecas vivieron sometidas al poder de la tribu de los tepanecas, que se habían hecho fuertes en Azcapotzalco, y para quienes trabajaron durante mucho tiempo como mercenarios. Sin embargo, cuando consiguieron rebelarse y doblegar a Azcapotzalco en 1428, fueron tres ciudades las que tomaron el control: Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán. Esta es la génesis de la llamada Triple Alianza. Porque en verdad el Imperio Azteca no era un imperio, sino una confederación. Y el control que Tenochtitlán, la gran capital azteca, ejercía sobre otros territorios, no era administrativo ni militar: en muchos casos, después de conquistar las ciudades, en vez de someterlas a gobierno directo reinstalaban a los reyes que ellos mismos derrocaban, a cambio de que éstos en adelante fueran sumisos y pagaran un tributo anual a Tenochtitlán. Y ésa es toda la magnífica organización imperial azteca.

A lo largo del tiempo, Tenochtitlán fue prosperando sobre sus dos congéneres. En 1502 se produjo un cambio radical, cuando en vez de elegirse como tatloani a un jefe militar, fue elegido un sacerdote: Moctezuma II. ¿Habría devenido este proceso en una reorganización administrativa? ¿Habría llegado con él, el Imperio Azteca, a ser de verdad una organización imperial centralizada como las de toda la vida? Eso jamás lo sabremos. En 1519, Moctezuma II recibió la visita de un puñado de conquistadores españoles que a sangre y fuego (y pólvora) se impusieron sobre los aztecas, y anexaron su federación al más vasto Imperio Español. Mesoamérica recibió entonces una organización imperial en forma, pero ésta vino de manos extranjeras, españolas, y no de parte de los propios aztecas.

jueves, 11 de octubre de 2007

La sanguinaria religión de Tlacaelel.


Uno de los más interesantes y oscuros personajes de la América Precolombina es, seguramente, el sumo sacerdote azteca Tlacaelel, verdadero arquitecto de la grandeza del Imperio Azteca. Porque como pocos personajes en la Historia, Tlacaelel explotó la religión como palanca para conseguir sus objetivos políticos, con un éxito como muy pocos otros en la Historia han conseguido.

Según los cronistas, y muy en particular según el relato de Diego Durán, cronista del siglo XVI, Tlacaelel alcanzó la prodigiosa edad, incluso para los cánones actuales, de 90 años, pues vivió entre 1397 y 1487. Nunca reinó sobre los aztecas, pero estuvo emparentado con la familia real, puesto que Huitzilíhuitl (el tercer rey de los aztecas) era su padre, Chimalpopoca (el cuarto) era su medio hermano, Izcoatl (el quinto) era su tío, y Moctezuma I (el sexto) era otro de sus hermanastros. Tlacaelel fue coronado sumo sacerdote de los aztecas ("cihuacoatl", literalmente "serpiente hembra") el mismo día en que su medio hermano Chimalpopoca fue hecho rey, y esto fue muy significativo, porque era la primera vez en toda la historia azteca, que ambas funciones fueron separadas en dos personas diferentes. En los hechos, Tlacaelel se transformaría en un verdadero poder en las sombras, tanto para Chimalpopoca como para sus restantes sucesores.

Antes de Tlacaelel, la religión azteca no parece haber diferido grandemente de aquella predominante en el Valle de México. Sin embargo, Tlacaelel descubrió que la religión podía ser muy funcional para los fines políticos de independizar a los aztecas de los tepanecas de Azcapotzalco primero, y de engrandecer a los aztecas después. De manera que tomó a Huitzilopochtli, un dios tribal menor de los aztecas, y predicó de él que era el verdadero señor del universo y jefe de los dioses. Con esto consiguió darle a los aztecas el estatus de "Pueblo Elegido", reescribiendo para esto la completa historia azteca, inventando así la leyenda del águila que devora una serpiente arriba de un nopal... También, para justificar religiosamente la expansión militarista azteca, inventó el concepto de "guerra florida". Para Tlacaelel, la guerra florida no buscaba sólo el engrandecimiento de los aztecas (aunque una consecuencia colateral era convertir a ciudades rivales en tributarias de los aztecas), sino también obtener prisioneros que se pudieran sacrificar a los dioses, porque en el concepto de Tlacaelel, sólo la sangre era alimento bueno para los dioses. De este modo, según Tlacaelel, si los aztecas no estaban en guerra permanente, los dioses morirían de hambre, y el mismísimo universo se acabaría. Cuesta pensar en alguna religión que haya justificado de manera tan agresiva y brutal el expansionismo político de una potencia imperial cualquiera.

De todas maneras, aunque la religión de estado que preconizó Tlacaelel se ha hecho famosa por su ferocidad, ésta no parece haber permeado excesivamente en el bajo pueblo, a pesar de todo el fasto y la organización que Tlacaelel impuso al ritual. Sobreviven algunos poemas aztecas destinados a ser recitados en los recitales poéticos que los aztecas organizaban, y en ellos queda en evidencia que dicha religión oficial era obedecida más bien de los dientes para afuera, pero que en la vida íntima de los aztecas, despertaba más bien indiferencia... si es que la indiferencia es algo que puede "ser despertado".

domingo, 7 de octubre de 2007

Tezozomoc de Azcapotzalco.

Uno de los más grandes políticos de Mesoamérica fue sin lugar a dudas el rey Tezozomoc, señor de la ciudad de Azcapotzalco. Su historia es digna de ser referida.

Los tepanecas eran una tribu chichimeca que se dejó caer sobre el Valle de México durante el siglo XII, o quizás el XIII (al igual que sus parientes tenochas, que nosotros llamamos "aztecas"). Los tepanecas conquistaron militarmente y se enseñorearon en la ciudad de Azcapotzalco, transformándose en los principales líderes de la región.

Según las crónicas de Fernando de Alva Cortés Ixtlilxochitl, historiador mestizo del siglo XVII, Tezozomoc asumió el poder en Azcapotzalco hacia el año 1367 o 1370. Para extender su influencia, llevó a cabo varias guerras contra otras ciudades vecinas. Una vez conquistadas, para mantenerlas bajo control, envió a sus propios hijos como señores de éstas, bajo su vigilancia directa por supuesto. De esta manera su hijo Acunalhuacatl, por ejemplo, llegó a ser señor de la importante ciudad de Tlacopán, mientras que Quaquapitzahuac llegó a ser señor de Tlatelolco, y Maxtla lo fue de Coyoacán. La política de Tezozomoc se parece mucho a la de Luis XIV, que envió a un pariente suyo a gobernar España después de la Guerra de Sucesión Española, o a la de Napoleón Bonaparte, que nombró a sus hermanos y parientes como reyes de media Europa. El poder de Azcapotzalco rebasó el Valle de México, y alcanzó a regiones tan alejadas como Toluca y Morelos.

Desgraciadamente para los tepanecas, los días de gloria de Azcapotzalco estaban contados. Una ciudad mexica en particular, el asentamiento de Tenochtitlán, ubicado en el medio del Lago Texcoco, estaba floreciendo. A finales del siglo XIV, Tenochtitlán se había hecho fuerte gracias a su industria algodonera, convirtiéndose en el principal productor de ropa de algodón, la que enviaba incluso a Azcapotzalco. Tezozomoc decidió tratar a Tenochtitlán con prudencia; desde hacía decenios que los mexicas pagaban un tributo elevado a Azcapotzalco, pero cuando éstos amenazaron con rebelarse, Tezozomoc accedió a rebajar esta suma a una cantidad meramente simbólica, al tiempo que entregó a una de sus hijas en matrimonio al rey de Tenochtitlán.

Hacia el año 1415, la ciudad de Texcoco se rebeló contra Tezozomoc, y pidió ayuda a Tenochtitlán en su guerra contra los tepanecas. En este difícil trance, el rey de Tenochtitlán honró su pacto con Azcapotzalco y se volvió contra Texcoco. La guerra duró algunos años, y el rey de Texcoco fue finalmente muerto en batalla. Tezozomoc consiguió sortear así el evento más difícil de su reinado, en el cual su propia ciudad capital estuvo a punto de caer. Pero fue su último gran éxito, y el de los tepanecas.

Tezozomoc murió en 1426, y con él desapareció su gran visión política. Su heredero fue derrocado por otro hijo suyo, Maxtla (a quien hemos mencionado como gobernador de Coyoacán), quien decidió emprender las hostilidades contra Tenochtitlán, seguramente creyendo que había crecido mucho su poder. Desgraciadamente para él, tenía razón. Los tenochas de Tenochtitlán se aliaron con Texcoco y con Tlacopán, y después de un par de años de guerra acabaron con el poderío de Azcapotzalco para siempre. La victoriosa Triple Alianza entre Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán se transformó entonces en el embrión del naciente Imperio Azteca.

jueves, 4 de octubre de 2007

Chinampas.

Que todas las economías históricas del mundo se han sustentado en la agricultura, no es un secreto para nadie. Después de todo, todas las grandes civilizaciones han tenido que alimentar a sus habitantes. Lo que es menos conocido, es que muchas civilizaciones han encontrado salidas bastante ingeniosas al problema de cómo obtener abundantes cosechas a partir de suelos difíciles, que van más allá del sembrar y arar la tierra. Pero quienes deberían haberse llevado alguna clase de trofeo, incluso por encima de las técnicas israelíes para el cultivo del desierto, fueron los pueblos del Valle de México, cuya última civilización prehispánica fue el Imperio Azteca, y su sistema de chinampas.

La chinampa fue inventada por los pueblos mesoamericanos en fecha imprecisa, quizás hacia el siglo XII o XIII, y alcanzaron su culminación técnica en los días del Imperio Azteca. La filosofía era la siguiente: si toda la tierra está cultivada o potencialmente explotada, o bien es selva difícil de arrasar, entonces siempre queda la opción de cultivar el lago. Para ello, en las áreas poco profundas del Valle de México, los mesoamericanos cercaban porciones del mismo, de forma rectangular, con troncos directamente clavados al fondo, y después rellenaban este cerco con tierra y fango. Luego, cultivaban encima. Naturalmente que el agua del lago se infiltraba por la tierra, y mantenía adecuadamente irrigada la chinampa.

Con esta técnica (y usando, ejem, deyecciones humanas como abono), los aztecas conseguían cultivos extraordinariamente fértiles, alimentando a una gran población. La isla en la que se asentaba Tenochtitlán, que creció geográficamente gracias a las chinampas, sostenía con una tecnología que apenas superaba la Edad de Piedra, a una población de varias centenas de miles de personas, quizás 200.000 habitantes en una estimación bastante conservadora, cifra igual e incluso superior a otras grandes ciudades de la época, bastante más avanzadas técnicamente, como Florencia o Pekín. Además, el paisaje de chinampas debió haber sido impresionante en su tiempo, porque éstas no estaban pegadas unas con otras, sino que dejaban canales, entre medio de los cuales circulaban los habitantes mediante canoas.

Después de la conquista española, el Lago Texcoco fue desecado, y sobre él se construyó la Ciudad de México. La técnica de las chinampas fue entonces en retroceso, aunque todavía se utiliza en algunos lugares de México.

domingo, 22 de octubre de 2006

Las cabezas gigantes de los olmecas.


La más característica de las creaciones de la cultura olmeca, que floreció en las costas del Golfo de México en el primer milenio aC, es sin lugar a dudas sus esculturas de cabezas gigantes. Lo que éstas representan es un misterio, aunque se piensa que su aspecto responde a ciertas idealizaciones relacionadas con el culto del jaguar, el que está bien documentado en esa cultura.
Las cabezas gigantes olmecas llegan a medir hasta dos metros de altura, y están hechos de piedra basáltica. El detalle es que las grandes ciudades olmecas no estaban cerca de ningún depósito de basalto: el más próximo a San Lorenzo, una de las más importantes ciudades olmecas y rectora en la primera fase de su historia, estaba en los Montes Tuxtlas, distantes a 80 kilómetros. Podrá no parecer nada, pero debe considerarse que esa distancia debía ser recorrida con esos grandes bloques, en medio de una jungla infernal. Después, las cabezas debían ser talladas con herramientas de piedra, porque los olmecas desconocían el uso de los metales. En ese sentido, las cabezas olmecas son, además de una de las más bellas esculturas creadas por el genio humano, una imponente muestra de la ingeniería que llegaron a alcanzar estos pueblos, lo más antiguos entre los que podemos contar en la América civilizada.

miércoles, 18 de octubre de 2006

Los cenotes.


Una de las peculiaridades, quizás no más espectaculares, pero sí más raras de la geografía terrestre, la representan los cenotes, gigantescos pozos que horadan la Península del Yucatán, en México, como si ésta fuera un enorme trozo de queso suizo. Y merecen una mención en Siglos Curiosos, debido al papel que desempeñaron en el desarrollo de la fase final de la civilización de los mayas.
La civilización maya floreció a comienzos de la Era Cristiana, en la jungla de lo que actualmente es Guatemala. Por razones más o menos desconocidas, pero que quizás estén asociados con una catástrofe ecológica, emigraron al norte, a la Península del Yucatán, entre los siglos IX y X, aproximadamente. Allí el ambiente es muy distinto: el Yucatán es una planicie semiárida en donde casi es imposible la agricultura. Pero en ella existen los pozos cenotes, y éstos pasaron a ser tan importantes para la agricultura y la economía yucateca, que pasaron a ser sagrados: el mismo nombre "cenote" deriva de la palabra maya "ts'onot", que significa precisamente "sagrado".
La península del Yucatán es un gigantesco macizo de piedra caliza. Con el paso de los milenios, las escasas lluvias han ido horadando la roca. Andando el tiempo se produjeron derrumbes, creciendo así el pozo. El agua de mar se filtra por el interior de los pozos, y la diferencia de densidad entre el agua de mar y el agua dulce hace que esta última se instale como una capa sobre la otra, sin mezclarse; en algunos cenotes, los buzos incluso pueden agitar la mezcla con el brazo, como si de agua y aceite se tratara.
La economía yucateca llegó a depender tanto de estos cenotes, que no hubo ciudad yucateca que no floreciera alrededor de uno: la más importante fue Chichén Itzá, alrededor justamente de dos cenotes. Uno de ellos lo usaban para abastecerse de agua. Otro lo usaban con el propósito más siniestro de realizar sacrificios humanos, arrojando a las víctimas al interior de los mismos. En todas las ciudades yucatecas, habían estrictas medidas para impedir que el cenote se contaminara con basura procedente de arriba, y sus alrededores se mantenían despejados para evitar derrumbes.
En la actualidad, desaparecido el antiguo mundo maya, los cenotes, esta configuración geológica única en toda la Tierra, es utilizada para fines tan pedestres como el turismo de los ricos y ociosos. A eso han ido a parar los lugares que antaño los yucatecas consideraban sagrados...

domingo, 1 de octubre de 2006

La populosa Teotihuacán.


En los libros de Historia, la América anterior a la llegada de los españoles aparece muchas veces como una especie de apéndice a la Gran Historia de los Europeos y los Asiáticos. Por eso, las civilizaciones anteriores a los españoles en América suelen ser consideradas vulgarmente como curiosidades históricas, o cuando mucho, como imperios poderosos para su entorno, pero aún así, de un cierto primitivismo encantador y naif. Por eso, Teotihuacán es una ciudad tan sorprendente.
El origen de Teotihuacán es incierto. Por supuesto que esta ciudad comenzó su carrera como la mayor parte de las restantes, a partir de un poblado campesino que empezó a crecer imparablemente. ¿Qué tan imparable fue este crecimiento? Pues bien, hay quienes estiman que su población debió superar las 250.000 personas. Parece poco impresionante para los estándares de hoy día, ya que esa cantidad de gente existe en una ciudad mediana actual, pero se debe considerar que en ese tiempo la Humanidad se empinaba apenas entre los 300 a 500 millones de personas en total, y que de esa cifra, más del 90% eran campesinos que no vivían en ciudades. Sólo grandes ciudades, como la Atenas antigua o la Florencia renacentista, pudieron elevarse a cifras tan altas. Entre las ciudades medievales contemporáneas a Teotihuacán, sólo Changan en China, Constantinopla en el Imperio Bizantino, y Bagdad en el Califato Abasida podían compararse a Teotihuacán, tanto en cantidad bruta de habitantes, como en su condición de ser un centro mundial del comercio, la cultura, la política y la civilización (y Bagdad fue fundada cuando ya Teotihuacán estaba en plena decadencia).
No insistiremos en los grandes monumentos de Teotihuacán, incluyendo una enorme cantidad de pirámides, templos y palacios, pero sí hablaremos sobre una peculiaridad de la habilidosísima ingeniería social de sus líderes. El principal problema de ese exceso de población era controlar los disturbios y estallidos sociales. La solución fue simple: para los barrios obreros y artesanos, construyeron edificios de varios pisos, en cada una de cuyas habitaciones alojaron a una familia. Estos edificios carecían de ventanas, y daban sólo a un patio interior. A su vez, este patio interior tenía una sola puerta de acceso. De manera que en caso de rebelión, bastaba un piquete de soldados apostado en la puerta de cada edificio, para contener a cualquier sedicioso.
Y todo esto, los teotihuacanos lo hicieron con medios bastante precarios. A diferencia de los pueblos eurasiáticos, que conocían la rueda, el caballo y los metales, la tecnología en Teotihuacán nunca superó el nivel de la Edad de Piedra...

NOTA DE SIGLOS CURIOSOS: La historia de América ha sido un ámbito hasta el momento bien poco tocado en Siglos Curiosos. Y ya que en Octubre se recuerda el primer contacto entre americanos y europeos, en el año 1492, hemos decidido subsanar esa importante omisión dedicando los posteos de Octubre a la América Precolombina. Este es el primero de ellos.

Seguidores

Busca temas históricos en Siglos Curiosos

Absolutismo (4) Administración Política (14) Africa (14) Alemania (16) Alimentación (13) América Colonial (6) América Independiente (1) América Precolombina (9) Animales (15) Antártica (1) Anticipación del Futuro (15) Argentina (2) Arqueología (11) Arquitectura (13) Arquitectura y Urbanismo (7) Astrología (4) Astronomía (28) Australasia (4) Australia (1) Austria (2) Automóviles (1) Aviación (2) Biblia (27) Bibliotecas (1) Biología (9) Bolivia (1) Botánica (1) Brujería (1) Bulgaria (1) Caballería (2) Calendarios (7) Caricaturas y Cómics (4) Celebraciones (1) Chile (97) China (9) Ciencia Ficción (12) Cine (42) Civilización Andina (5) Civilización Arábiga (1) Colombia (1) Colonizaciones (2) Comunicaciones (3) Construcciones (1) Cosmovisiones (3) Crímenes y Criminales (27) Cristianismo (20) Cristianismo y Cristianos (9) Croacia (1) Década de 1900 (13) Década de 1910 (17) Década de 1920 (8) Década de 1930 (15) Década de 1940 (20) Década de 1950 (12) Década de 1960 (7) Década de 1970 (12) Década de 1980 (18) Década de 1990 (11) Década de 2000 (24) Década de 2010 (13) Delfines y Ballenas (1) Democracia (17) Demografía (2) Deportes (7) Derechos de Autor (4) Diplomacia (3) Discriminación (1) Drogas (1) Economía (19) Edad Media (20) Educación (3) Egipto (2) Egipto Antiguo (12) Electrónica (1) Enfermedades Mentales (6) Eras Geológicas (6) Errores Científicos (5) Erupciones Volcánicas (2) Escandinavia (1) Esclavitud (4) Escultura (10) Esoterismo y Ocultismo (6) España (22) Espionaje (1) Espiritismo (1) Estados Unidos (39) Etimología (55) Europeocentrismo (3) Evolucionismo (8) Existencia de Dios (7) Expresiones (24) Fanatismo Religioso (3) Feminismo (3) Filosofía (23) Física (2) Francia (37) Frases para el Bronce (15) Fraternidad Universal (8) Fútbol (1) Gatos (6) Genética (7) Genocidios (1) Geografía (7) Geología (9) Grecia (1) Grecia Arcaica (8) Grecia Clásica (18) Grecia Helenística (6) Grecia Medieval (1) Guerra (9) Guerra Antigua (6) Guerra Medieval (10) Guerra Moderna (7) Guerra Naval (4) Guerra Reciente (7) Hebreos (3) Heroísmo (2) Historia Alternativa (4) Historiadores (13) Historieta y Cómic (7) Holanda (2) Humanismo (1) Idioma Castellano (2) Idioma Griego (9) Idioma Inglés (2) Idioma Latín (7) Idioma Sánscrito (1) Idiomas Artificiales (1) Iglesia Católica (8) Ilustración (2) Imperio Bizantino (12) Imperio Británico (2) Imperio Español (17) Imperio Inca (1) Imperio Napoleónico (6) Imperio Otomano (4) Imperio Persa (2) Incompetencia Militar (14) India (17) Informática (6) Ingeniería (7) Inglaterra (53) Intrigas (9) Islam (10) Italia (22) Japón (20) Joyas (2) Judaísmo (16) Judaísmo y Judíos (10) Juegos y Pasatiempos (4) Juicios (21) Leyenda Negra (2) Leyendas (7) Leyes (20) Libertad de Expresión (8) Libertad de Religión (4) Lingüística (1) Listas de Gobernantes (2) Literatura (50) Mar Mediterráneo (2) Más Allá (3) Matemáticas (16) Matrimonio (7) Medicina (15) Medio Oriente (6) Mesianismo (6) Mesoamérica (11) Mesopotamia (3) México (2) Minería (4) Mitología Latinoamericana (2) Mitos de la Creación (5) Moda (2) Monarquía (26) Mongoles (4) Monumentos (1) Muertes Remarcables (10) Mujeres (30) Mundo Bíblico (12) Música (10) Música Popular (6) Música Selecta (5) Nacionalismo (4) Navegación (23) Negociados (2) New Age (1) Occidentalización (1) Océano Atlántico (5) Oceanografía (2) Origen de la Humanidad (2) Paleolítico (1) Paleontología (11) Palestina (4) Periodismo (2) Persia (3) Personajes (43) Perú (1) Pintura (9) Polinesia (2) Premio Nobel (4) Primera Guerra Mundial (6) Profetas (5) Propaganda (3) Pueblos del Antiguo Testamento (4) Pueblos y Tribus (9) Química (4) Racismo (7) Radiodifusión (1) Regiones Geográficas (5) Reinos Helenísticos (1) Religión Grecorromana (9) Religiones Antiguas (3) Renacimiento (14) Robótica (2) Roma Antigua (42) Romanticismo (1) Rusia (12) Sacerdotes (1) Sacro Imperio Romano Germánico (2) Satanismo (5) Segunda Guerra Mundial (6) Sexismo (7) Sexualidad (20) Siglo 05 (1) Siglo 11 (1) Siglo 14 (1) Siglo 15 (2) Siglo 16 (6) Siglo 17 (32) Siglo 18 (26) Siglo 19 (56) Siglo 20 (24) Siglo 21 (1) Sincretismo Religioso (2) Sudáfrica (1) Suiza (2) Supersticiones (1) Teatro (5) Tecnología Militar (7) Tecnología Nuclear (3) Televisión (5) Teología Cristiana (5) Terremotos (9) Tíbet (1) Universidades (3) Urbanismo (14) Vampiros (3) Vestimenta (4) Viajes y Viajeros (13) Zoología (9)