
Hace casi media década atrás, cuando Siglos Curiosos era todavía un blog joven y lleno de vida (bueno, diré lo mismo de Siglos Curiosos ahora cuando sea su medio siglo, si es que sobrevive hasta el año 2056...), publicamos un breve posteo acerca de Cahokia, la misteriosa ciudad prehispánica de Estados Unidos. Pero ahora es tiempo de hablar de uno de los elementos más característicos de su cultura: los túmulos. Nadie tiene mucha idea de qué eran: parece que algunos eran utilizados como plataformas ceremoniales, y otros para inhumar a sus muertos. Como de costumbre, cuando se carece de registros escritos, los arqueólogos deben sentarse a reunir sus escasas evidencias y especular.
Los famosos túmulos en cuestión ingresaron a la historia de la Arqueología en 1811, con las exploraciones de Henry Brackenridge: recordemos que, en esos años, la mayor parte de lo que en la actualidad es el territorio de Estados Unidos, eran vastedades sin explorar y sin reclamar por ninguna potencia occidental. Irónicamente, ya en el siglo XVIII se había instalado un monasterio francés en uno de los túmulos: el que en la actualidad es conocido precisamente como el Túmulo de los Monjes. Volviendo a 1811, Brackenridge se quedó anonadado con la enorme cantidad de túmulos que encontró, y le escribió a Thomas Jefferson (prócer de la independencia y en ese entonces ex Presidente de Estados Unidos) acerca de su hallazgo. Pero nadie hizo demasiado caso. Los estadounidenses en esa época, así como los occidentales en general, se sentían muy cómodos considerándose la punta de lanza de la civilización por sobre esos brutos salvajes no occidentalizados, no sólo por un caso grave de autoestima, sino también porque eso daba pretexto para repartir las tierras indígenas y enviar colonos a masacrar pieles rojas. En 1830, el Presidente Andrew Jackson firmó una ley por la cual todos los indígenas debían ser asentados al occidente del río Mississipi, en atención a que eran brutos salvajes que estorbaban a la civilización: si se probaba que los condenados túmulos habían sido fabricados por esos brutos salvajes, entonces quizás hubiera que reconsiderar esta calificación y tal vez no podrían instalarse buenos colonos cristianos en esas tierras paganas abandonadas de Dios. Las universidades, fieles al dogma de que nada bueno puede salir de la cultura de los nativos de Estados Unidos, destacaron a sus arqueólogos en donde de verdad existieron civilizaciones antiguas, o sea, el mundo grecorromano (del cual Estados Unidos se sentía sucesor, porque no en balde, se sentían perfeccionando la democracia inventada en Grecia y Roma).
Y así comenzó uno de los grandes crímenes en la historia de la Arqueología: la demolición de los túmulos. Después de todo, eran montoncitos de tierra bien apilada, y por qué no aprovecharlos, ¿eh? El Gran Túmulo alcanzaba nueve metros de altura, y fue demolido para ser utilizado como tierra de relleno en la construcción de un ferrocarril cerca de San Luis, en 1869. En 1931, los agricultures de rúcula se llevaron otro para obtener material de relleno. El sitio mismo en donde estuvo Cahokia contempló de todo, desde un salón de apuestas hasta un aeródromo e incluso un autocinema porno.
Las cosas cambiaron en la década de 1950. En ese tiempo el Presidente Dwight Eisenhower llevó a cabo su gigantesco proyecto para llenar Estados Unidos de autopistas interestatales. Pero dicho programa contemplaba además una serie de disposiciones que favorecían la actividad arqueológica, allí donde se descubrieran restos. Y como dos de las autopistas (la I-55 y la 70) cruzan justo donde hace cientos de años estuvo la plaza de Cahokia, hubo que investigar. Terminó entonces la masacre de túmulos, sobreviviendo sólo uno completamente intacto: el Túmulo 72, en donde se hicieron importantísimos hallazgos funerarios. Por cierto, el Túmulo de los Monjes (algo al norte del Túmulo 72) es considerada la estructura más grande de toda la arquitectura precolombina: es prácticamente igual de grande que la Gran Pirámide de Keops, y su circunferencia de base es más grande que la Pirámide del Sol en Teotihuacán.