Páginas

Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de diciembre de 2015

Adieu Molière.


Para ser un país que presume de estiradete, pero no a la manera espartana inglesa sino con calzas filogays, Francia tiene una buena tradición de payasos. Ahí están Marcel Marceau o Jean-Marie Le Pen para confirmarlo. Pero el más grande y el mejor, parece haber sido Molière, que como el común de los dramaturgos de su época, interpretaba él mismo lo que escribía. Tanto, que se llama al francés la lengua de Molière así como al español la lengua de Cervantes, al inglés la lengua de Shakespeare, al italiano la lengua de Dante, o al neoliberalismo los rebuznos de Hayek. Las comedias que el señor Jean-Baptiste Poquelin escribió, porque Molière era su seudónimo, siguen siendo tan divertidas y vitales como el primer día. El blanco favorito de las pullas de Molière, y lo que ha ayudado a mantenerlo tremendamente actual, eran las costumbres y vicios sociales, y puede que las costumbres hayan cambiado hoy en día, pero los vicios por descontado que no. En "Tartufo", quizás su obra más famosa, el protagonista es un inmundo sinvergüenza que para sus manejos se hace pasar por un hombre pío y devoto... razón por la que la Iglesia Católica consiguió que dicha obra se censurara en vez de, digamos, hacer un poquito de autocrítica sobre sus propios pecados (los de entonces, porque la actual, ésa seguro que no peca, ¿verdad que no...?).

Como sea, resulta que Molière estuvo más bien poquito rato en este valle de los dolientes llamado la vida. Tenía apenas 51 años cuando falleció, una edad joven incluso para esos tiempos. El problema es que Molière desde jovencito había tenido mala salud. En concreto, padecía de tuberculosis, un mal que había contraído probablemente durante su estancia en esos caldos de cultivo de enfermedades que en esos años era la prisión, a donde iban a parar con sus huesos aquellas gentes que, como Molière, no pagaban sus deudas. Ahora somos más civilizados, sólo les quitamos la casa y el colchón, y los dejamos viviendo en la calle, pero no los mandamos a prisión, y menos si son dueños de alguna gran multitienda o un banco demasiado grande para caer. Dice la leyenda negra que Molière se murió sobre el escenario. Lo que realmente no es cierto. O al menos, no es exacto.

Lo que sucedió, es que Molière estaba representando una obra teatral, cuando de pronto le vino un ataque de tos espantoso, de ésos que llegas a expulsar todas las entrañas por la boca, o poco menos. O sangre, como fue el caso de Molière. El caso es que no se murió ahí, sino que lo sacaron del escenario y se lo llevaron a la casa. Estaba tan enfermo, que parecía de rigor la extremaunción, pero dos sacerdotes, con perfecta caridad cristiana, se negaron a confesar a ese hereje. Para cuando consiguieron un tercero que sí aceptó ir, por aquello de ama a tu prójimo como a ti mismo, ya era demasiado tarde: Molière había parado la chala. Con todo, Molière consiguió un honor póstumo. Contra las leyes de la época según las cuales un actor no podía ser enterrado en suelo consagrado, el rey Luis XIV mismo autorizó su sepultación en la sección de los entierros de niños sin bautizar.

Y la ironía negra de todo esto, es la siguiente. ¿Qué obra teatral estaba interpretando Molière cuando cayó enfermo? Pues... "El enfermo imaginario". Que se trata acerca de un hipocondríaco. ¿Y qué rol interpretaba Molière? El del hipocondríaco, justamente. A veces la realidad tiene su propio sentido del humor, y cuando escribimos sentido del humor aquí, pensamos en palabras tales como negro, oscuro, tétrico...

domingo, 19 de enero de 2014

El misterio de Francisco de la Torre.


Salvo los hipsters blogueros made in Spain demasiado pagados de sí mismos que publican sus poemitas online en la actualidad, nadie duda de que la mayor constelación de grandes en las letras españolas se congregó durante el llamado Siglo de Oro Español, que usualmente suele cronometrarse entre la publicación de la Gramática de Nebrija en 1492, y la muerte de Pedro Calderón de la Barca en 1680. Pero en todo ecosistema hay cincuenta enanos por cada titán, y el Siglo de Oro no es la excepción. Por cada Cervantes, Garcilaso, Lope de Vega, Quevedo, el propio Calderón, etcétera, hay varios otros nombres que son conocidos apenas para el lector aficionado o para el erudito en la materia. Algunos de ellos muy buenos, claro está, que no son más conocidos únicamente por estar a la sombra de otros más grandes. Otros de ellos no tanto. Y... Francisco de la Torre, el homínido que nos ocupa.

Llamémosle homínido sólo por si de verdad existió, ya que ni siquiera de eso estamos seguros. La primera referencia segura que se tiene de él, es la publicación de un Greatest Hits por parte de Francisco de Quevedo. El propio Quevedo refiere cómo los textos llegaron a sus manos: encontró el manuscrito en manos de un librero que se lo vendió con desprecio. Parece ser que el manuscrito había sido escondido ahí por alguien más, que había hurtado lo mejor del material y lo había hecho pasar por propio. El manuscrito venía aprobado por Alonso de Ercilla, lo que lo fecha con anterioridad a 1594, año del fallecimiento del autor de "La Araucana". El nombre del poeta figuraba en cinco partes, pero alguna mano misteriosa lo había manchado de tinta, e incluso había tratado de ennegrecer dicha tinta con humo. Quevedo consiguió figurarse el nombre, Francisco de la Torre, aunque podemos preguntarnos cómo lo logró si el malhechor se tomó tantas delicadezas para borrarlo. Da para un capítulo CSI: Madrid, supongo. Por si las dudas, Quevedo se agenció una nueva aprobación, y publicó los poemas en cuestión bajo el nombre de su autor originario. Su supuesto autor originario al menos.

En consecuencia, no se sabe ningún dato biográfico cierto sobre Francisco de la Torre: dónde y cuándo nació, en dónde se educó, en qué trabajó, en qué circunstancias compuso los versos, cuándo y cómo falleció. Algunos eruditos de los siglos XIX y XX se han abocado al estudio minucioso de sus versos para inferir algún dato en concreto del autor, pero en vano: todos los datos que aportan, son conjeturas sin otra base con la cual corroborarlas. Para colmo, por desgraciada coincidencia (aunque a estas alturas uno se pregunta si es coincidencia o hay algo más), hay otro Francisco de la Torre a finales del siglo XV y comienzos del XVI, pero éste era músico, no poeta, hasta donde sabemos a lo menos (además de que no habría podido vivir tanto como para conseguir que Alonso de Ercilla leyera su material en vida). Incluso hay quien dice que el libro mismo habría sido alguna clase de elaborado embuste, sea de Quevedo o sea de alguien más, que por una razón u otra prefirió atribuirle el material a un prestanome o incluso inventándose el poeta desde la nada. El misterio está servido.

¿Y qué tan buen autor era el ínclito? El lector podrá buscar poemas suyos en Internet, caso de que los haya, pero por si no encuentra, aquí le dejamos con un soneto. Es lo menos que podemos hacer por un poeta bastante bueno, que tuvo la desgracia de ser oscurecido por otros mayores, y que además vaya a saber por qué razones no pudo o no quiso publicar con su propio nombre:

Bella es mi ninfa si los lazos de oro
al apacible viento desordena,
bella, si de sus ojos enajena
el altivo desdén que siempre lloro;

bella, si con la luz que sola adoro
la tempestad del viento y mar serena;
bella, si a la dureza de mi pena
vuelve las gracias del celeste coro.

Bella si mansa, bella si terrible,
bella si cruda, bella esquiva y bella,
si vuelve grave aquella luz del cielo.

Cuya beldad humana, y apacible,
ni se puede saber lo que es sin vella, [*]
ni vista entenderá lo que es el suelo.

[*] Sic en el original.

domingo, 12 de enero de 2014

¿Que acaso "Orlando furioso" es una secuela?


A poco de meterse con la literatura épica, es imposible no toparse de bruces con el "Orlando furioso", uno de los más famosos e imitados poemas épicos de todos los tiempos. Al lector no demasiado interesado, el nombre quizás no le diga nada. El "Orlando furioso" no suele editarse mucho en castellano por ser una antigualla, y por ser extraordinariamente largo (38.736 versos, más del doble que la "Ilíada" de Homero, y eso que el aedo griego sentía un entusiasmo casi fetichista por catalogar naves a lo bestia), pero en cuanto a influyente... ¿Ustedes pensaban que el hipogrifo se lo inventó la Rowling para Harry Potter? Nones. Los grifos existían desde antiguo (las bestias míticas llamadas tales, no los grifos de incendio. Ni Peter Griffin, que vendría siendo Pedro Grifo en castellano), pero fue "Orlando furioso" en donde el hipogrifo apareció por primera vez como tal (el engendro de un grifo con un caballo... dejémoslo así, mejor). Lo interesante del caso es que, para todo lo famoso e imitado que llegó a ser (incluso fue salvado de la famosa quema del cura y del barbero en "El Quijote de la Mancha" por Cervantes)... "Orlando furioso" es una secuela. Y ni siquiera es una secuela independiente de su primera parte, porque retoma la historia de la primera parte allí donde ésta quedó inconclusa. En definitiva, uno de los poemas épicos más importantes de todos los tiempos... es el fanfic que un fulano enrabiado porque el autor de la primera parte nunca concluyó la obra original, y se puso a pergueñar su propio final.

El poema original era el "Orlando enamorado" ("Orlando Innamorato"). Fue publicado por primera vez en 1482, y es la obra en ese tiempo todavía no acabada de Matteo Maria Boiardo. En su juventud, Boiardo se había entregado al placer culpable de tanto humanista de la época, de escribir poemitas románticos imitando a Petrarca. Algo más maduro, se decantó por las traducciones, en concreto de Apuleyo, Heródoto y Jenofonte, entre otros. Dejó solamente una gran obra épica, el "Orlando enamorado" precisamente. En realidad no se la recuerda mucho, quizás porque la versión publicada no estaba completa, y él mismo siguió escribiéndola hasta que sucedió lo que los fanáticos de Juego de Tronos temen le pueda suceder a George R.R. Martin: que se murió sin completarla. En inglés, fue redescubierta y publicada apenas en el siglo XIX. La trama es una mezcla de motivos artúricos y carolingios, y refiere como Angélica, la hija del rey de Cathay (como suena) llega al palacio de Carlomagno, organizándose un torneo en que sus pretendientes luchan por su mano, incluyendo a Orlando y Rinaldo y una tonelada de otros personajes. Este Orlando es por supuesto el Rolando de la "Chanson de Roland", con su nombre traducido al italiano, aunque por supuesto que el personaje sea el mismo es apenas anecdótico, porque las aventuras de la "Chanson de Roland" y las de "Orlando enamorado" son tan canónicas entre sí como el Drácula de Bram Stoker y el Conde Pátula. Ah, y no nos olvidemos de la subtrama romántica de otra parejita, el moro Rugiero y la cristiana Bradamante, que de manera sorpresiva para lo que solemos considerar el estándar de la época renacentista, es una guerrera de tomo y lomo y no una princesita de estarse y quedarse en la cocina (o pelotilleando en los pasillos de la corte).

Como decíamos, Matteo Maria Boiardo se murió antes del gran final. Una versión final del poema apareció en 1495. En 1516, después de una década de trabajos, otro poeta llamado Ludovico Ariosto publicó su "Orlando furioso" (no fue la versión definitiva, porque Ariosto después la pulió y corrigió). Retomó la historia allí donde la había dejado Boiardo, casi como si de un "continuará" se tratara. La cosa se abre con una masiva invasión sarracena contra el Imperio Carolingio, y a partir de ahí ya no se detiene. Orlando descubre que la tal Angélica se ha enamorado de un moro, y loco de celos... bueno, enloquece y le baja el arranque de furia celópata asesina, que el propio título lo dice, "Orlando furioso". Como es un poema épico, la furia de Orlando se extiende por Europa y Africa, lo que es casi sinónimo del mundo civilizado de la época (América estaba recién siendo explorada, además de que la viruela se estaba comiendo viva a los nativos, por lo que es posible que el autor no encontrara épica suficiente para inspirarse en el Nuevo Mundo). Después de un montón de peripecias, otro caballero llamado Astolfo razona que todas las cosas perdidas están en la Luna, y que como Orlando ha perdido la razón, pues debe estar en la Luna... De manera que Astolfo se monta en el hipogrifo, con un par, viaja a la Luna, con un par también, encuentra la razón perdida de Orlando, y consigue solucionar el asunto.

Parte importante de por qué la secuela resultó más exitosa que el original, estriba en un cambio de espíritu. El "Orlando enamorado" era un poema de corte clásico, correctito en sus aventuras, respetuoso de las formas. En resumen, entretenido para su época, pero nada del otro mundo. En cambio, Ariosto se lo toma todo mucho más en solfa, e incluye una tonelada de tópicos de las novelas de caballerías para burlarse maliciosamente de ellos (casi un siglo antes que el Quijote de Cervantes, aunque lo de Cervantes es desde el realismo, mientras que Ariosto es fantástico a tope). ¿Creían ustedes que mete un hipogrifo porque es cool? Bueno, sí... y también porque un hipogrifo es una criatura imposible (¿cómo se va a reproducir un caballo con un grifo si se supone que los grifos COMEN caballos?), una elegante manera de cachondearse de los imposibles de las novelas caballerescas. Además, aunque al final más o menos triunfa el amor, en la historia es más "el amor te vuelve loco y acabas arrasándolo todo a tu paso" que un "mira que romántico, cómo se aman y no pueden estar juntos". Para una obra tan olvidada hoy en día, el "Orlando furioso" inspiró montones de otros poemas épicos, óperas completas... y también su buena cuota de obras pictóricas con doncellas desnudas, so pretexto de que lo único que estaban haciendo los pobrecillos artistas, con completa inocencia, era ilustrar ciertos pasajes del poema, y si éstos eran picantes, pues culpa del artista no es, ¿no? En definitiva, el "Orlando furioso", uno de los más importantes poemas caballerescos de todos los tiempos, se hizo famoso por burlarse del material de los poemas caballerescos. Mala leche del escritor, y mala clase de los lectores.

domingo, 25 de noviembre de 2012

El nombre del monstruo de Frankenstein.


Hace algunos meses atrás en Siglos Curiosos dedicábamos un posteo a la partícula alemana "-stein", que está presente en varias palabras de dicho idioma (o idiomas, en realidad, considerando que casi cada valle alemán habla SU propio alemán). Pero a propósito de dicho posteo salió un breve debate sobre el nombre del monstruo de Frankenstein, y quizás es una buena instancia para echarle un vistazo al asunto en un posteo especial a propósito. De manera que aquí tienen... el nombre del monstruo de Frankenstein. Que, aunque no lo sabían, por el título del posteo habrán adivinado que no es Frankenstein.

La historia nació de la fértil imaginación de la escritora inglesa Mary Shelley, quien publicó en 1818 la novela "Frankenstein o el moderno Prometeo". En la misma describe cómo el científico loco de turno, el doctor Frankenstein, le otorga vida a una criatura inanimada, sólo para dejarla abandonada detrás suyo al descubrir que el engendro le ha salido... bueno, un poco horrible (sí, novela de padre modelo aquí). La criatura es rechazada y abandonada por todos los seres humanos por la misma razón, por horrible, y acaba por volverse amarga y vengativa, arruinándole la vida a su padre. Como puede observarse, el doctor Frankenstein es un moderno Prometeo porque insufla vida en paralelo a como el Prometeo griego insufló inteligencia a la Humanidad. Y por volver al tema del posteo... la criatura no tiene nombre. Como el doctor la deja abandonada nada más "nacer", jamás se preocupó de darle un nombre, y por ende, no es Frankenstein. Aunque podría argumentarse que si hereda el apellido de su padre, entonces sí sería Frankenstein como el doctor... supuesto de que el doctor la hubiera pasado por reconocimiento de paternidad alguna vez, el muy desalmado.

Que la criatura carezca de nombre es un punto interesante del denso trasfondo filosófico de la novela. A través de la relación del monstruo con el doctor Frankenstein, la novela hace un extenso análisis de la relación del ser humano con Dios. Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza... ¿por qué entonces somos malvados y Dios no nos ayuda? La respuesta de la novela es escalofriante: porque Dios puede habernos creado para su propia vanidad y nada más. Este símil se refuerza mucho más cuando descubrimos que la criatura aprende a leer y desarrolla su visión del mundo a través de "El paraíso perdido" de Milton, el poema en donde se detalla la rebelión de Satán contra el Creador. La criatura en efecto se identifica con Satán, y por lo tanto, su búsqueda del Creador es metafóricamente una búsqueda satánica. Ahora bien, está implícita la idea de que "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Evangelio de Juan 1:1), de que Dios crea a través de la Palabra, del "hágase" ("hágase la luz", etcétera). Por lo tanto, que la criatura no tenga nombre es significativo: significa que su Creador, su Dios, lo ha dejado abandonado, no ha terminado en verdad de crearlo. (Puede quizás relacionarse y ahondarse incluso más con Génesis 1:19-20, en donde Dios encarga a Adán darle nombre a las criaturas vivientes: el monstruo está vivo, pero no tiene un nombre propio, ¿eh?).

¿Entonces, por qué si la criatura en la novela original carece de nombre, hoy en día la llamamos con el nombre del Creador que rehusó en primera instancia a reconocerla? La culpa la tienen las pelis de monstruos de la Universal. En 1931 rodaron una peli llamada "Frankenstein", que es clásica por darnos la iconografía propia del monstruo (que no es de la novela original, para variar un poco, aunque venga interpretada por el gran Boris Karloff), y les fue tan bien que en 1935 se dejaron caer con una secuela. ¿Título? "La novia de Frankenstein". Al final de la peli (spoiler aquí, claro), el doctor termina por crearle una novia al monstruo. A partir de entonces, todo el mundo salvo los sabidillos de toda la vida se les olvidó que Frankenstein era originalmente el doctor o científico loco, no el monstruo de marras...

domingo, 29 de abril de 2012

La novela que predijo el hundimiento del Titanic.


La anécdota de este posteo es bastante conocida, y por lo mismo no me había tomado en serio la idea de incluirla aquí en Siglos Curiosos. Pero sin embargo hace poco un lector me la recordó y preguntó si podría hablar del tema, de manera que heme aquí, trayendo en vivo y en directo para ustedes... el hundimiento del trasatlántico de lujo Titán. No el hundimiento del trasatlántico de lujo Titanic, sino el hundimiento del Titán, así escrito. Porque este Titán existió, aunque sólo como producto de la imaginación del escritor Morgan Robertson. El cual escribió una novela corta sobre el mismo. Sólo que no estaba aludiendo al hundimiento del Titanic porque el Titanic ni siquiera se había diseñado, menos construido y botado al mar. Por el contrario, la novela corta "Futilidad o el naufragio del Titán" data de 1898... catorce años antes del fatídico hundimiento (aunque republicada en 1912 con un par de detalles cambiados, aprovechando adivinen qué suceso noticioso de aquel año). Esta es la increíble historia de la novela que predijo el desastre del Titanic en varios detalles significativos... y en otros no tanto.

La novela se abre con una descripción de la nave, en la que estuvo envuelto "cada ciencia, profesión y comercio conocido por la civilización". Sus oficiales habían pasado rígidos exámenes sobre "vientos, mareas, corrientes y geografía del mar; no eran sólo marinos, sino científicos". En este punto, como que el escritor le pone un poco mucho, pero sigamos. En el capítulo 2 nos presentan al protagonista no naviero sino humano, que es un tal John Rowland, y que tiene un prontuario de lo peor, ya que no sólo es alcohólico y de carácter demoníaco, sino que además, horror de horrores... ¡es ateo! (no se preocupen, encontrará cómo curarse del alcoholismo y el ateísmo por el camino). De pronto, el Titán va a estrellarse con un iceberg que lo impacta por el costado, y la nave queda condenada al hundimiento. A través de la tragedia, Rowland tendrá la ocasión de probarse a sí mismo, redimirse, etcétera, lo de siempre, vamos. Y para que el camino a la redención sea más entretenido, aprende James Cameron, el protagonista tiene primero que saltar al iceberg, y luego luchar por su vida contra un enorme y fiero oso polar (no me pregunten, la novela venía así). Y después luchar contra una bestia peor, que es la sociedad que lo ha ostracizado por ser bebedor, etcétera. No se preocupen, al final todo termina bien.

El capítulo 1 es el que contiene la descripción de las características técnicas del Titán, y resulta asombroso el parecido con el Titanic, más aún si se piensa que en la época de escribirse la novela, los trasatlánticos de clase Olympic aún no existían ni siquiera en la mesa de dibujos, ya que el primero fue botado en 1910 (se lanzaron tres: el Olympic, el Titanic, y el tercero de nombre algo más humilde en vista de lo sucedido con el anterior, el Britannic). El Titán tenía 800 pies de largo, 82 menos que el Titanic. El Titán tenía 19 compartimentos herméticos, y el Titanic 16, y en ambos, éstos eran la clave de que la nave se considerara insumergible. Los adjetivos para definir al Titán eran insumergible, y la más grande creación humana, los que también se le aplicaron al Titanic. En ambos casos el número de botes salvavidas era inferior al necesario para todas las almas a bordo, 24 en el Titán ("cargaba tan pocos botes como bastara para satisfacer la ley", escribe Robertson, con su estilo encantadoramente pretencioso) y 20 en el Titanic. Además, ambos tenían tres hélices. En cuanto al impacto contra un iceberg, en ambos casos fue poco antes de la medianoche, en ambos casos el iceberg golpeó el costado de la nave, y la velocidad de impacto era parecida, de 25 nudos para el Titán y 22,5 para el Titanic, yendo ambos a toda marcha (se dice del Titán que en su viaje inaugural batió todos los récords de velocidad).

Con todo, como la mayor parte de la información se centra en los parecidos razonables, veamos un poco las diferencias. El Titán se menciona explícitamente que va en su tercer viaje, mientras que el Titanic estaba en su crucero inaugural. El impacto contra el iceberg, que en el Titanic fue tan suave que el grueso de los pasajeros ni siquiera alcanzaron a sentirlo, los del Titán sí que lo sufrieron con gritos e histeria. Y una diferencia trivial en lo que al drama narrativo mismo se refiere, pero que es una exacta inversión en ambos casos: el Titanic viajaba desde Inglaterra hacia Estados Unidos (Southampton a Nueva York, con escala previa en Cherburgo), mientras que el Titán lo hacía en dirección opuesta, desde Estados Unidos hacia Inglaterra (Nueva York a Liverpool).

domingo, 4 de diciembre de 2011

La primera novela gótica.


Ya hemos hablado previamente en Siglos Curiosos acerca de que la historia de lo gótico ha tenido varias vueltas y revueltas. Pero quizás el momento decisivo, las columnas de Hércules en lo que al desarrollo del género se refiere, sea la publicación de la novela "El castillo de Otranto". Dicha novela tiene también su propia historia, que quizás sea curiosa o quizás no, pero que de todas maneras vale la pena reseñar, debido a que salió mayormente sin intención de revolucionar nada, sólo como un divertimento que se le escapó de las manos a su creador, en lo que a influencia se refiere.

El autor de la novela es Horace Walpole. El hombre venía de familia ilustre: su padre Robert Walpole había sido nada menos que el primer Primer Ministro de Inglaterra, además de uno de los más duraderos en el cargo, completando nada menos que dos décadas entre su asunción en 1721, y su salida en 1742. Horace Walpole emprendió en su juventud el "Gran Viaje", como se llamaba a la excursión que todos los dandys con pretensiones artísticas en su tiempo hacían a Italia, para empaparse de clasicismo. Walpole quedó prendado de Italia, en particular de Florencia, y nunca olvidó el ambiente de carnaval y juerga que encontró allí. No en balde, la novela "El castillo de Otranto" se ambientará en dicho país, precisamente.

En 1747, Robert Walpole compró una casa en Londres que pasó a llamarse Strawberry Hill. Con cierto gusto excéntrico, comenzó a decorarla con un estilo de anticuario, como buen coleccionista de antigüedades que era. En definitiva, Strawberry Hill acabó transformada en un castillo gótico en miniatura, a gusto de su dueño. Años después, en 1764, apremiado por varios problemas personales, tuvo una extraña pesadilla, de la cual dijo: "lo único que recordé fue que me encontraba en un antiguo castillo y que al final de una gran escalinata vi una enorme mano enfundada en su armadura. Empecé de inmediato a escribir sin tener ni la más remota idea de lo que pensaba decir o relatar". Esto último es notorio si se lee la obra original, bastante deshilachada de argumento... pero que incluye una escena con una enorme mano enfundada en su armadura, etcétera, por supuetso.

La obra era tan extraña para lo común en la Inglaterra de la época, que Horace Walpole no se atrevió a publicarla como propia, y en su primera edición, la hizo pasar como la traducción de un manuscrito italiano. En el prólogo escribe: "La obra (...) se encontró en el norte de Inglaterra, en la biblioteca de una antigua familia católica. Fue impresa en Nápoles en caracteres góticos en el año 1529, sin que se especifique cuándo fue escrita. (...) Si la historia se escribió alrededor de la época en que se cree que pudo ocurrir, debió ser entre 1095, época de la primera Cruzada, y 1243, fecha de la última, o poco después" (copiado textual de Walpole, ya que sí hubo cruzadas después de 1243, para que mis estimados lectores no maten al mensajero). Para sorpresa general, la obra tuvo tanto éxito, que en la segunda edición se atrevió a publicarla ya como propia, con un segundo prólogo: "(...) conviene que se excuse ante sus lectores por haberles ofrecido su obra bajo la personalidad prestada de un traductor. Como fueron la poca fe en su propia capacidad y la novedad del intento lo que le indujeron a adoptar ese disfraz, confío en que será perdonado"... La novela puede ser quizás un poco simplona, e incluso bastante cliché para el gusto moderno, pero en su tiempo desató una revolución, ya que fue la primera que aunó elementos típicos de lo que después va a ser la imaginería gótica: Edad Media, castillos, fantasmas, cadenas, doncellas en apuros, un violento usurpador, ambientación latina (entiéndase, no anglosajona)... Piénsese en lo que Scooby Doo hace de broma, pero hecho en serio y por verdadera y muy primera vez, y se tendrá alguna idea de lo que es "El castillo de Otranto" y lo que representó para la historia de la literatura.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El Loco Eustaquio versus el Loco Eustaquio.


Una de las personalidades más coloridas de Quillota es probablemente el Loco Eustaquio, un personaje que merodeó la ciudad chilena a mediados del siglo XIX. En esa época Quillota no era todavía una ciudad extendida hacia La Calera y Nogales como en la actualidad, sino casi un caserío cuya importancia devenía de centralizar la actividad comercial en torno a la agricultura del Valle de Aconcagua, río que cruza la ciudad. En ese tiempo, para viajar entre Santiago y Valparaíso era prácticamente obligatorio pasar por Quillota, y cuando se inauguró la línea férrea que conectaba ambas ciudades, el derrotero pasaba por la ciudad.

Pero volviendo al Loco Eustaquio que en este posteo nos ocupa. Este es mencionado por el periodista Benjamín Vicuña Mackenna en su libro "De Valparaíso a Santiago", de 1877 (así lo cita el investigador don Augusto Poblete Solar). Según refiere, dicho loco se aposentó en una de las bocaminas abandonadas del Cerro Mayaca (en cuyo lugar, dicho sea de paso, los incas edificaron un pucará), bocamina que aparentemente daba a un faldeo que caía hacia el río Aconcagua. Dice Vicuña Mackenna: "Habiendo muerto de calentura (tisis) un clérigo Cuestas, arrojaron sus hábitos en el cerro de la Moyaca (sic) y el loco Eustaquio pasó muchos años vestido con ellos". El fin de este pobre individuo fue triste: "Le arrastró con su lazo un huaso brutal, en una chanza de ebrio, de lo cual murió".

Sólo que no murió. En la literatura, al menos. Porque el intelectual y político chileno Zorobabel Rodríguez, quillotano él, escribió una novela titulada nada menos que "La cueva del Loco Eustaquio". En esta obra costumbrista acerca de la vida en la Quillota del siglo XIX, el autor se inventa toda una historieta romántica para darle relleno a su personaje, hasta hacerlo quizás casi irreconocible respecto del original. El personaje, siempre dentro de la ficción, cuando estaba cuerdo era requerido de amores por dos damas, una de las cuales (una "celosa harpía") le metió una bala a la otra a orillas del Aconcagua, perdiendo de ello el pobre hombre la razón. La ficción también le cambió el final: acaba ahogado en el río...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Los decretos poéticos del gobernador Mariano Osorio.

¿Quién dice que la poesía y la política no combinan? Mariano Osorio es la viva prueba de lo contrario. Osorio fue un militar español que participó en varias acciones bélicas contra los franceses, después de la invasión napoleónica de 1808 (dicho porque, según tengo entendido, hay otro Mariano Osorio que es mexicano y locutor, con el que nuestro personaje no tiene nada que ver más allá del alcance de nombre). El historiador Leopoldo Castedo describe a Osorio con estas palabras: "si bien no iba a revelar grandes dotes de general, era en cambio hombre culto, de inteligencia rápida, un tanto zumbón y de maneras afables, cualidades más de orden diplomático que militar". Diego Barros Arana es de opinión ligeramente distinta: "Osorio, sin poseer una inteligencia rápida y perspicaz, demostraba cierta solidez de juicio, y a veces rasgos ingeniosos y agudos que le celebraban mucho las personas de su séquito". Mariano Osorio reconquistó Chile para la corona española luego de haber quebrado de manera definitiva la resistencia militar en la Batalla de Rancagua del 1 y 2 de Octubre de 1814, y siguiendo instrucciones del Virrey Abascal, se instaló como Gobernador de Chile. Siempre considerando las circunstancias, puede decirse que su gobernación fue bastante suave. Hubo tribunales de vindicación que fueron más o menos severos en lo suyo, pero la represión no fue tan grave como la que hubo después de Osorio, bajo la infausta gobernación de Casimiro Marcó del Pont.

Toda la parrafada anterior en realidad fue para enmarcar la curiosa tendencia que tenía Mariano Osorio, de entregar respuestas y emitir decretos o providencias no en la seca prosa legal característica de estos documentos, sino... véanlo ustedes mismos. A una consulta sobre si unos dineros fiscales eran para pagar a las tropas o para una fiesta pública: "Lo primero es lo primero, Osorio". A un patriota preso que pedía residir en su casa bajo fianza: "No quiero, Osorio". A un oficial que pedía permiso para pasar a Lima: "Buen viaje, Osorio".

Pero las resoluciones más célebres de Osorio, fueron las que pasó en verso. Un caso fue el del militar español Raimundo Sesé, realista que sirvió bajo armas patriotas y que, no pudiendo escapar después de la Reconquista, tuvo que justificarse ante el tribunal de vindicación. Sesé fue absuelto, pero la resolución tenía ciertas consideraciones que dadas las circunstancias, Sesé consideraba infamantes, por lo que éste, ni corto ni perezoso, apeló a Osorio. La respuesta fue:

Se encarga al interesado
que no revuelva lo que está tapado

Mejor aún fue la respuesta que se llevó don Juan Martínez de Luco y Aragón, un realista que como era moneda corriente entre los partidarios del antiguo régimen ahora restaurado, estaba a favor de los privilegios, en particular de los suyos propios. Resulta que cuando se intentaron imponer contribuciones a los bienes raíces, este hombre le pidió a Mariano Osorio una exención, basada en un antiguo privilegio. Mariano Osorio, seguramente tapado con varias otras solicitudes similares, le respondió, para regocijo de los vecinos de Santiago cuando se enteraron:

Como Luco y Aragón,
libre de contribución.
Como vecino y pudiente,
pagará al día siguiente... Osorio.

jueves, 5 de mayo de 2011

Corín Tellado.

El escritor más leído en español... ¿Miguel de Cervantes? Probablemente no, y eso que Cervantes cuenta con la gran ayuda de ser "lectura obligatoria" en todos los colegios hispanohablantes desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego, además de los peninsulares. El puesto se lo pelea mano a mano... ¿el Arcipreste, Fernández de Moratín, Pío Baroja...? ¡No! Nada menos que una escritora de folletines romanticones, la incombustible Corín Tellado (1926-2009).

Esta escritora nació con el nombre muy cristiano y pechoño de María del Socorro Tellado López, de donde pasó a ser conocida como Socorrín, y de ahí a Corín había sólo que adelantarse al lenguaje chat en eso de comerse letras. Para completar la figura, Corín estudió en un colegio de monjas de Cádiz. Empezó a escribir a muy temprana edad, y acabó publicada un poco empujada por las circunstancias: su padre había fallecido, la familia tenía problemas económicos, y un poco por buscarse la vida, vendió a la editorial Bruguera (hoy tristemente extinta) su novela "Atrevida apuesta". Un año después, la editorial la contrató para escribir una novela corta por semana. A partir de ahí empezó. La revista Vanidades hizo el negocio del siglo contratándola para escribir dos novelas cortas inéditas al mes: las ventas se elevaron de 16.000 a 68.000 ejemplares quincenales.

¿El secreto del éxito? La simplicidad. Al revés que muchos escritorzuelos con ínfulas en lengua castellana, Corín Tellado privilegió siempre la sencillez. Sus historias eran simples y directas: dramones románticos con final feliz. Todo, escrito en un estilo plano y llano, sin darle demasiadas vueltas. Además, cosa rara dentro del género, sus historias no estaban ambientadas en parajes exóticos con atrevidas princesas o apuestos piratas, sino que eran personajes del aquí y del ahora: en muchos sentidos, Corín Tellado resultó ser a la larga una cronista de las transformaciones sociales y los cambios de mentalidad contemporáneos a su carrera literaria, que se extendió por toda la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI, porque escribió como una máquina sin parar (en una ocasión, afectada por una enfermedad renal, aunque no podía escribir, se las ingenió para dictarle sus textos a una nuera, que los pasó en limpio y llevó a la editorial). Un día dijo de manera bien clara: "Escribo para entretener al lector y no me avergüenzo por ello".

Pero la maestra de la literatura romántica en español, curiosamente fracasó en su propia historia de amor. En 1959, con 33 años, se casó con un tan Domingo Egusquizaga. Aunque tuvieron dos hijos, el matrimonio fue desgraciado, y se acabó a la vuelta de tres años. Según Corín Tellado, se separaron porque él, vasco macho tradicional ezpañóh, no soportaba que ella ganara más que él. Y a partir de entonces, según dijo, debió escribir "más con la imaginación que con la experiencia"...

domingo, 30 de enero de 2011

Un computador para el creador de la realidad virtual.


Uno podría buenamente suponer que los escritores de Ciencia Ficción están familiarizados con los últimos chiches de la ciencia. Y sin embargo, así como un escritor de novelas policiales no necesariamente ha sido detective, un escritor de Ciencia Ficción no necesariamente es científico, o utiliza los chismes más avanzados de la ciencia. Incluyendo una herramienta tan sci-fi como lo que la bombástica ciencia ficción antigua llamaba los "cerebros artificiales". Una de las víctimas de este asunto fue, de manera bastante sorprendente, William Gibson.

Para el no enterado, William Gibson es el más importante autor del género en la década de 1980, gracias a su ciclo del Ensanche ("Sprawl"), una serie de novelas y relatos ambientados en un futuro cercano y postapocalíptico dominado por máquinas, corporaciones, realidad virtual... La más famosa de estas novelas es "Neuromante", y con justicia, porque fue aquella en la que cristalizó por completo el concepto de "cyberpunk". La novela salió un poco de chiripa, ya que Gibson venía terminando su libro de cuentos "Quemando cromo" (en realidad el título original, "Burning Chrome", se refiere a un personaje llamado así, de manera que sería más adecuado "Quemando a Cromo" y no "Quemando cromo" a secas... pero saldría menos literario al perderse el juego de palabras en inglés), y no quería embarcarse en una novela. Pero su esposa trabajaba y él cuidaba a los niños en casa (un poco, quién lo diría, como "Quién manda a quién", serie televisiva de los '80s en las antípodas del nihilismo cyberpunk), de manera que tenía mucho tiempo libre para escribir.

En 1984 vio la luz "Neuromante", y un montón de ideas que andaban dando vueltas allá afuera sobre realidad virtual y una sociedad futura hipercapitalizada y darwiniana, acabaron por cristalizar y cobrar carnet de identidad en ella. Una muestra de que el concepto que cuajó en "Neuromante" ya existía de manera imperfecta, es que cuando Gibson en pleno proceso de escritura fue a ver "Blade Runner" de Ridley Scott, se salió del cine a los 30 minutos: lo que estaba viendo en la pantalla era demasiado parecido a lo que quería plantear en "Neuromante", y no quería que su delicado sistema nervioso central se contaminara con esa clase de memes. De hecho, antes de 1984 ya existían pelis que de una manera u otra, adelantaban conceptos relacionados con el ciberespacio y la idea de una realidad mediatizada o directamente generada por una computadora o al menos por la tecnología audiovisual moderna ("Videodrome" de 1981, "TRON" de 1982, "Proyecto Brainstorm" de 1983...).

Y he aquí la ironía suprema: el hombre que consagró en la literatura y el imaginario popular el funcionamiento de las computadoras y la posibilidad de inyectarse en ellas para vivir en universos paralelos de realidad virtual, en realidad no sabía nada de computadoras. "Neuromante" fue escrita en una máquina de escribir mecánica como las de toda la vida, con una tecla rota inclusive. Después del éxito de "Neuromante", se abocó a la tarea de escribir "Conde Cero" (otro juego de palabras intraducible, porque "Count Zero" puede significar tanto "Conde Cero" como "Cuenta cero"), y para ello adquirió (¡al fin!) una computadora. Se llevó entonces una sorpresa mayúscula cuando encendió el aparato, y éste empezó a chicharrear a lo loco. Preocupado, Gibson se comunicó con el local que le había vendido el aparato, y le relató su preocupación. La cara del vendedor debió haber sido el descojone cuando le explicó a Gibson que esos ruidos eran normales, y eran los propios de la computadora cuando arranca. Gibson diría después: "Yo esperaba algo exótico y cristalino, como una consola de ciberespacio o algo parecido, pero lo que recibí fue un aparato con algo de maquinaria victoriana... El ruido que hacía me hizo perder algo de mística, hizo que la computadora fuera menos sexy para mí. Mi ignorancia me había permitido dotarla de algo de romanticismo"...

jueves, 9 de diciembre de 2010

La verdadera Arcadia.


La palabra "Arcadia" forma parte de la cultura popular. Son incontables las referencias a este nombre, incluyendo desde pueblos de Estados Unidos hasta navíos, pasando por la fantasía y la Ciencia Ficción (¿alguien recuerda la Arcadia de "Espartaco y el sol bajo el mar"?). Y sin embargo, la más olvidada de todas las Arcadias es probablemente la Arcadia misma, la región que lo comenzó todo.

La chifladura por la "Arcadia" comenzó con Virgilio (el mismo de la "Eneida"), que ambientó en dichas regiones un conjunto de poemas, que son las "Eglogas". Como los renacentistas estaban cucufatos con Virgilio, los humanistas restauraron el mito de la Arcadia. Un poeta llamado Jacopo Sannazzaro le dio finalmente carta de naturaleza, escribiendo un poema llamado precisamente la "Arcadia", que apareció publicado por primera vez en 1504. El poema refiere la historia de un poeta desengañado de amores, que se marcha a la región de Arcadia justamente, y descubre un mundo idílico, pastoril, etcétera, en donde unos afectados pastores se lanzan bonitos poemas sobre la naturaleza bucólica y soñolienta los unos a los otros. Se abrió así la compuerta para toda la mitología pastoril, tan cara a los soñadores renacentistas y sus continuadores.

Pero como decíamos, la Arcadia de verdad fue bastante más bruta. En la geografía griega antigua, Arcadia era la región central de la península del Peloponeso, la única que carecía de acceso al mar (el Peloponeso es famosa por ser el emplazamiento de Esparta, pero esta ciudad estaba más hacia el sureste, en la región de Laconia, no en Arcadia). La región que nos ocupa era pobre y mugrienta, agreste y llena de montañas, y por lo tanto muy poco productiva. Sus habitantes eran terriblemente rústicos, con apenas un barniz de civilización encima, y parece ser que en épocas tan avanzadas para la Hélade como el Siglo de Pericles, ellos aún conservaban la costumbre de hacer sacrificios humanos en ciertos rituales religiosos. En lo político ni siquiera adoptaron el sistema de la pólis o ciudad estado, porque no tenían ciudades de importancia: se organizaban como en una especie de confederación de cantones o de clanes, un poco como Suiza o Escocia, pero a lo bestia. Tan pobre era su suelo y tan salvaje sus habitantes, que ningún conquistador, ni siquiera los fieros espartanos, se sentían tentados a invadirlos. Los árcades (habitantes de Arcadia) se salvaron así de numerosas invasiones, lo que creó la leyenda de que los arcadios era uno de los dos pueblos originarios de Grecia anteriores a todas las invasiones (incluyendo los antiquísimos aqueos y dorios), y que poseían dicho territorio desde antes de la creación de la Luna (el otro pueblo es el de Atenas, pero ellos por otras razones). El estudio de la toponimia, los nombres de lugares geográficos, parece darles la razón, porque muchos nombres árcades ni siquiera pertenecen al idioma griego.

¿En qué minuto se produjo entonces la transformación literaria? Los culpables fueron los poetas alejandrinos. En la Grecia Helenística, dentro de una cultura sofisticada y artificiosa, los poetas sintieron la pulsión de "regresar a la naturaleza" dándole un puntapié a la ciudad, demasiado grande y opresiva para su gusto. En este escapismo, dieron con referencias de esa región montañosa y salvaje, y en vez de imaginársela sucia y miserable, la creyeron una especie de refugio natural intocado por la "civilización". Estos poetas dieron nacimiento a la novela y la poesía pastoril, aunque como se ha observado varias veces, y el caso de los árcades parece confirmar, en realidad estos pastores son más nobles disfrazados que otra cosa. Milagros que produce la literatura de ficción...

jueves, 28 de octubre de 2010

Lucrecio y el ciclo del agua.

El poeta romano Tito Lucrecio Caro (hacia 99-55 a.C.) escribió uno de los poemas más singulares de todos los tiempos, que es "De Rerum Natura" ("De la naturaleza de las cosas"). El poema generalmente es citado por los científicos debido a defender abiertamente la existencia de los átomos (no es que Lucrecio fuera un científico, sino que tomó las ideas filosóficas de Demócrito al respecto), y por los ateos y agnósticos por criticar la existencia de los dioses y el miedo a la muerte. En el fondo, el poema de Lucrecio iba en la vena de hacer una vasta descripción en verso acerca de la naturaleza (bueno, del conocimiento que de la naturaleza se tenía en esa época), desde un ángulo crítico y sin aceptar las supersticiones ni la religión. Fórmula ideal para adormecer al lector de hoy en día (la ciencia de Lucrecio está vastamente superada), pero que aún así contiene algunas interesantes perlas para el lector moderno.

Una de las cosas que Lucrecio trata, es el ciclo del agua. En la actualidad cuando le enseñamos ciencias naturales a nuestros párvulos, hacemos preguntas similares a las que Lucrecio en un lenguaje más alambicado: "Admíranse de que la mar no aumenta / su volumen jamás con tantas aguas / como corren en ellas y los ríos / como por todas partes desembocan". Intuitivamente describe la evaporación: "Roba el calor del sol una gran parte / pues vemos secan sus ardientes rayos / en un instante la mojada ropa". Y añade: "aunque el sol tome una porción muy corta / de cada sitio de por sí, no obstante / debe robar en extensión tan grande / cúmulo inmenso de marinas aguas". Y por si alguien pensara que esto no es exactamente describir el ciclo del agua, que lea esto: "Además, te enseñé que los nublados / atraen a sí las aguas de los mares / y por la haz de la tierra las esparcen / cuando llueve sobre ella, y cuando llevan / los vientos por la atmósfera las nubes". ¡Y esto fue escrito en el siglo primero ANTES de Cristo!

Con todo, no se libra Lucrecio de incurrir en algunos comprensibles errores. Por ejemplo, atribuye a las rachas de viento y temporales mayor poder del que tienen, para llevar agua desde el mar a la tierra. Y el que resulta de bulto es describir a la tierra como un cuerpo poroso por el cual las aguas fluyen desde el mar hacia el nacimiento. En realidad el flujo de aguas subterráneas existe, pero funciona exactamente al revés, yendo del nacimiento a los ríos a los mares por cauces subterráneos, no al revés, por obra de la ley de gravedad. Pero debemos perdonárselo, porque después de todo la idea de la gravedad no era conocida aún en los tiempos de Lucrecio, así como la entendemos desde Newton en adelante. De esta manera, en Lucrecio se reunieron un raro talento literario con una asombrosa concepción racionalista de la naturaleza.

domingo, 10 de octubre de 2010

¿Qué tamaño tiene la Biblioteca de Babel?

Todo aficionado a la Literatura se topa más tarde o más temprano con la larga y adusta sombra del escritor Jorge Luis Borges, conocido también de cariño como "el che ése que mareaba la cachimba escribiendo esas cositas raras de laberintos y tigres y espejos y bibliotecas". Uno de sus cuentos más representativos en cuanto a temática es probablemente "La biblioteca de Babel", que se encuentra en su libro "Ficciones", publicada por primera vez en versión definitiva en 1944, y que desde ya recomiendo vivamente a todo quien no lo haya leído (el cuento y el libro: ambos recomendados). Advierto desde ya que este posteo destripa los detalles del argumento, aunque esto tampoco puede considerarse como un delito capital, porque después de todo, lo que está revestido acá de cuento en realidad es un ensayo filosófico sobre el infinito, sobre la cultura humana, y sobre la naturaleza de nuestro conocimiento sobre el universo y las posibilidades y límites de investigar el mismo, todos temas típicamente borgianos. Pero desde un punto de vista más histórico, nos importa una preocupación algo más terrenal: ¿cuántos libros tiene la dichosa Biblioteca de Babel? ¿De qué tamaño es? ¿Es en verdad tan impresionante como la pinta Borges?

Para quienes no hayan leído el cuento y no le temen a los spoilers: éste trata sobre un universo que es una gigantesca biblioteca. De hecho, éstas son sus palabras iniciales: "El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas". La peculiaridad es que cada galería posee anaqueles en cuatro de sus seis paredes (suponemos que el suelo y el techo no, por razones obvias). En estos anaqueles hay libros. Sus habitantes, después de paciente investigación, arriban a la conjetura (nunca desmentida, eso sí) de que allí están TODOS los libros que pueden ser escritos, ya que están todas las posibles permutaciones entre las distintas letras (22), el punto y la coma, y el espacio en blanco entre palabra y palabra que se cuenta como un signo de puntuación adicional, todas las permutaciones (repito) que es posible imprimir sobre una secuencia de hojas de papel. La situación es desesperante porque la mayor parte de esos libros son galimatías sin sentido (una biblioteca así tendría textos como "ahgfasdfjksdgfgjhsd", por ejemplo, así como cualquier otra combinación absurda pero posible de signos de escritura), mientras que unos poquísimos, por puro azar, deben tener texto inteligible y aprovechable (un poco como la teoría de los mil monos golpeando mil máquinas de escribir). Piénsenlo: en esa Biblioteca existen todos los libros religiosos, existen todas las novelas (sin que importe su longitud, porque si es demasiado larga, existe su Tomo I, su Tomo II, su Tomo III, etcétera), existen todas las Enciclopedias, existe un libro en el cual se cuenta toda la historia de tu vida hasta el día de tu muerte que está por venir y eso sin ningún error (y en realidad más de uno, si consideramos las distintas redacciones posibles), existe un único libro con todas sus páginas en blanco (el espacio es también una "letra", y debe haber un libro en que coincidan todas las letras "espacio"), existe un libro que es el texto exacto de todos los posteos de este blog Siglos Curiosos, existen todos los libros anteriores con todas las erratas de imprenta que sea posible escribir, y además todo eso existe en cualquier idioma que sea posible reducir al alfabeto de veinticinco símbolos que usa la Biblioteca... y existe por supuesto un catálogo de todos los libros de la Biblioteca debidamente indexados, que a su vez es inencontrable porque sería indistinguible de los millones de catálogos falsos que TAMBIÉN deben estar en la Biblioteca... algunos de ellos con apenas una o dos letras erróneas... Y claro, quizás haya un libro de instrucciones para encontrar ese dichoso catálogo, sepultado entre miles de libros de instrucciones ERRÓNEAS para dar con dicho catálogo...

La cuestión es, ¿qué tamaño debería tener una Biblioteca de esas características? Borges nos da algunos datos: "a cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro". Considerando que Borges nos dice que "el número de símbolos ortográficos es veinticinco", y haciendo unas simples multiplicaciones, podemos averiguarlo. Supongamos que trabajamos con los tipos móviles de la imprenta de Gütemberg. Cada renglón acepta 80 de esos tipos de metal. Para el primer hueco tenemos 25 opciones. Para el segundo tenemos otros 25, lo que nos da 625 posibles combinaciones ("aa", "ab", "ac", "ad", etcétera, y luego "ba", "bb"...). Para el tercero tenemos otras 25 posibilidades, que en combinación con las 625 precedentes dan (625 x 25) 15.625 combinaciones (y llevamos apenas los tres primeros signos). O sea, para calcular la cantidad de libros posibles sólo tenemos que averiguar cuántos "25" debemos incluir en nuestra multiplicación. Y eso nos lo da la cantidad de letras totales que puede cobijar un libro. ¿Cuánto es eso? Simple: debemos multiplicar las 80 letras de cada renglón, por los 40 renglones de cada página, por las 410 páginas. Eso nos da la "miseria" de 1.312.000 "huecos", que deberíamos rellenar con los tipos móviles de Gütemberg. Deberíamos tener entonces 1.312.000 tipos móviles de cada signo, sólo para el libro que estadísticamente los debe reunir todos. Entonces, la cantidad de combinaciones posibles es de 25 x 25 x 25 x 25 x 25 ... repitiendo "25" 1.312.000 veces. Ni siquiera voy a intentar poner en números una cifra tan astronómica, no creo que me quepa dentro de los márgenes de un posteo de este blog, y además probablemente sea algo que carezca de sentido.

¿De qué tamaño es la Biblioteca? Si 32 libros llenan un anaquel, y cinco anaqueles llenan un muro, y cuatro muros llenan una galería, entonces debemos calcular que una galería va a estar llena por el resultado de multiplicar 32 x 5 x 4, lo que arroja 640 libros en total por cada galería. O sea, para calcular el tamaño total de la Biblioteca de Babel, "basta simplemente" con tomar la cantidad anterior (los 25 multiplicados por sí mismos 1.312.000 veces) y dividirlos por 640. Aunque va a ser una cifra sensiblemente menor a la otra, aún así tengo el presentimiento de que va a ser monstruosa, y como blog de Historia y no de Matemáticas que es Siglos Curiosos, renuncio siquiera a intentarlo.

Hagamos algunas comparaciones. Según la sección FAQ de la webpage de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, la misma posee "más de 32 millones de libros y material impreso" (traducción del inglés cortesía de su seguro servidor el General Gato). No todo seguramente son libros (deben haber folletos, mapas, etcétera). También hay que considerar otros ¡110 MILLONES! de otros ítemes varios. Todo eso cabe en tres edificios completos, además de otros almacenes y depósitos (siempre según el FAQ de la propia Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos). Sobreestimemos un poco el total y digamos que la Biblioteca del Congreso posee 140 millones de ejemplares entre libros, colecciones, ítemes, etcétera. ¿Qué porción de la Biblioteca de Babel cabría en ese espacio? Para eso basta con calcular cuántas veces debemos multiplicar 25 por sí mismo para sobrepasar la cantidad de 140 millones, y descontar eso de las 1.312.000 veces que debemos multiplicar 25 por sí mismo. Para eso sólo se requiere multiplicar seis veces 25 por sí mismo (el resultado es 244.140.625, no me pidan matemáticas más precisas). Aún nos queda multiplicar 25 por sí mismo nada menos que 1.311.994 veces más. Ni siquiera necesito decir lo aberrantes que son estas cantidades para la imaginación humana.

No por nada, el narrador de la Biblioteca de Babel dice en tono lastimero: "Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací". Modernamente, uno podría decir lo mismo de esa moderna Biblioteca de Babel que es Internet, en la cual, aunque se pase uno la vida entera navegando, no llegará más que a cubrir un porcentaje insignificante de todas las páginas y sitios que son posibles de visitar...

jueves, 16 de septiembre de 2010

¡La primera Presidenta de Chile es mapuche!


Bueno, en la ficción al menos. Porque en la realidad, sabemos que la primera Presidenta de Chile era aria caucásica de raza blanca. Repasemos. En Marzo de 2006 asumió doña Michelle Bachelet Jeria como Presidenta de Chile, y gobernó hasta el terremoteado cambio de mando de Marzo de 2010. Como su apellido la denuncia, su ancestro por línea paterna no es hispano de pura cepa sino un inmigrante francés, como es la tónica de varios Presidentes de Chile. Bachelet no es por supuesto la primera mandataria a nivel mundial de sexo femenino, pero eligiéndola, Chile tuvo el honor de ganársela a Estados Unidos, país que suele dárselas de liberal y de avanzada, y que en 2008, entre preferir a la mujer o al negro, se quedó con el negro (saliera quien saliera, el chiste de humor políticamente incorrecto estaba servido).

Ahora sí entrando en la materia de este posteo en Siglos Curiosos, lo cierto es que en la novelística chilena ya había aparecido al una Presidenta mujer. Hablamos de la novela "La Luna para el que la trabaja" de Carlos Ruiz-Tagle. La obra fue publicada por Pineda Libros en agosto de 1973 (¡un mes antes del golpe de estado!), y es una especie de sátira del gobierno de la Unidad Popular (el capítulo "Venceremos" refiere el lanzamiento de un cohete con dicho nombre, que fue el eslogan de la Unidad Popular, lanzamiento que acaba fracasado, por no hablar del mismo título, paráfrasis del clásico lema socialista "la tierra para el que la trabaja"). Puede ser considerada como una novela, aunque en estricto rigor son una serie de relatos independientes, escritos en distintos estilos (cuento propiamente tal, cartas, partes policiales, etcétera), con un hilo conductor central, que son los esfuerzos de Chile por lanzar su propia carrera espacial. No existe por lo tanto un personaje central, aunque la mencionada Presidenta se acerque a dicho rol por protagonizar, o al menos ser mencionada, en varios relatos.

El personaje en cuestión no tiene apellido francés como Bachelet, sino mapuche: se llama Pastora Catrileo. Al comienzo vive en medio del mundo campesino mapuche, lugar en el que se instalan los laboratorios de la carrera espacial. Como el propósito del novelista es hacer sátira y no exégesis mitológica, no proporciona mayores datos sobre la carrera de Pastora Catrileo. Sin embargo, puede inferirse que, después de trabajar en la parte técnica de la carrera espacial chilena (que entre tanto lanza satélites artificiales e incluso coloca astronautas en órbita), deriva hacia la política, y acaba siendo elegida Presidenta de la República. El último capítulo es dedicado a los funerales de Pastora Catrileo, más o menos infiriéndose que habría fallecido en funciones.

Por supuesto que no debe tomarse esta novela como profética porque no era su intención predecir cómo iba a ser el futuro, pero tiene enjundia que en la ficción haya sido una castiza Pastora Catrileo, y en la realidad una extranjerizante Michelle Bachelet, la primera Presidenta de Chile. Sin embargo, en algo sí acertó la novela: se mencionan los funerales de Pastora Catrileo como apoteósicos, y se la llega a denominar Madre de la Patria Nueva, lo que es reminiscente de la alta popularidad que tuvo Michelle Bachelet como mandataria, en particular al dejar el cargo.

jueves, 13 de mayo de 2010

¡Denos la respuesta, señor Carroll!

Cuando uno abre un libro, espera encontrar un universo ordenado y coherente. La vida de por sí suele estar frustrantemente desprovista de respuestas, y por lo tanto, tendemos a esperar que en los libros si haya alguna. Así es como los lectores suelen defraudarse si el jovencito no consigue sobrevivir a todos los peligros para casarse con la princesa, a pesar de que en la vida real una aventura de ésas difícilmente podría tener lugar (y de hecho, suelen ser más recurrentes en la ficción que en la realidad). Es indudable que los lectores de "Alicia en el País de las Maravillas" también esperaban que el universo de Alicia fuera una especie de "caos ordenado", un universo distinto al nuestro, pero en el cual, en definitiva, existieran todas las respuestas a las cuestiones planteadas dentro de ese universo. Y sin embargo...

En la escena de la merienda de los locos, quizás una de las escenas más famosas de la novela (si no la más famosa a secas), Alicia acaba sentándose a tomar el muy británico five o'clock tea con tres contertulios, uno de los cuales casi no participa porque está completamente dormido (el Lirón, de manera no demasiado sorprendente), y los otros dos están locos de remate (el Sombrerero por un lado, y la Liebre de Marzo por la otra). Y de pronto, el Sombrerero se deja caer con la siguiente adivinanza: "¿En qué se parece un cuervo a una mesa de escribir?".

¿¿¿YA ADIVINARON EN QUÉ SE PARECEN...???

¿¿¿NO...???

Pues sigan leyendo...

En un minuto Alicia decide que sabe la solución, y la anuncia. La Liebre de Marzo pregunta con sorpresa, y le espeta que la comparta. Pero Alicia le da vuelta a todo lo que sabe sobre cuervos y sobre mesas de escribir, y finalmente, cuando le preguntan por la respuesta, dice: "¿Has encontrado ya la solución a la adivinanza?". Alicia replica: "Pues no, me doy por vencida. ¿Cuál es la respuesta?". El Sombrerero (el que la había planteado en primer lugar) responde: "No tengo ni la menor idea". Y la Liebre de Marzo remata: "Ni yo".

Y eso sería todo... De no ser por el visible fastidio de los lectores. Que pronto le hicieron llegar a Carroll varias cartas preguntándole por la solución a la adivinanza. Finalmente éste, hastiado, en el prefacio a una reedición de 1896 (¡31 años después de la publicación original!), escribió: "Se me han dirigido tantas preguntas sobre si puede imaginarse alguna solución a la adivinanza del Sombrerero que he decidido dejar constancia de una que me parece bastante apropiada; a saber: 'en que ambos producen algunas notas, aunque sean muy planas; y que nunca se los coloca mirando para atrás'. Sin embargo esto no se más que algo que se me ha ocurrido luego; la adivinanza, tal y como la inventé originalmente, no tenía solución"...

domingo, 9 de mayo de 2010

Alicia y la paradojas de las seis de la tarde.

En el célebre episodio de la merienda de los locos, en "Alicia en el País de las Maravillas", Lewis Carroll aprovecha de darle rienda suelta a sus descacharrantes juegos lógicos. Debe recordarse que Carroll era matemático, y escribió una serie de tratados sobre Geometría y Lógica, y hubiera sido raro que Alicia en el País de las Maravillas no contuviera algunos juegos y paradojas lógicas. El lector de Siglos Curiosos quizás ya haya leído sobre el tema en el posteo ya publicado "Alicia y la Relatividad". Pero ahora nos abocaremos a la delirante manera en que Lewis Carroll trata el tiempo en la obra.

En el capítulo 7 de la novela, Alicia arriba a una mesa repleta de servicios de té, en la que tres personajes están tomando, precisamente, el té: el Lirón (que casi no participa, porque se la pasa durmiendo), el Sombrerero Loco, y la Liebre de Marzo (ambos locos de atar, como detallamos en "La merienda de locos de Alicia"). Después de una adivinanza completamente sin patas ni cabeza, Alicia los reprende por matar el tiempo malgastándolo en tonterías. A lo que el Sombrerero replica: "Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo no hablarías del malgastarlo, y mucho menos de matarlo". El Sombrerero explica entonces que si te llevas bien con el Tiempo, entonces podrías hacer tu completo antojo con el reloj: puedes pedir que avance rápido por las horas de las lecciones hasta la hora de almuerzo, y si aún no tienes apetito, entonces ¡no hay problema!, simplemente lo detienes en la hora de almuerzo hasta que tengas apetito. Pero en marzo... (antes de que se volviera loca la Liebre de Marzo, ejem...).

La Reina de Corazones dio un gran concierto, y en él, al Sombrerero le toca cantar una canción. La canción resulta mal, y la Reina acaba tan fastidiada que grita: "¡Se está cargando al Tiempo! ¡Que le corten la cabeza!". Y sigue refiriendo el Sombrerero: "El Tiempo no quiere saber nada conmigo y ¡para mí son siempre las seis de la tarde!". Lo que tiene consecuencias catastróficas, porque como para el Sombrerero es siempre la hora del té, tiene una mesa entera dispuesta con vajilla, y apenas acaba de tomar el té, no tiene tiempo para lavar, así es que pasan a la siguiente vajilla limpia. Y cuando dan vuelta la mesa y ya no queda vajilla limpia...

Otra consecuencia es que el reloj de la Liebre de Marzo no marca las horas del día, sino los días del mes. Y cuando pregunta, el Sombrerero masculla malhumorado: "¡Y por qué no había de hacerlo! ¿Acaso tu reloj señala los años?". Alicia responde: "¡Claro que no! Pero eso es porque se está tanto tiempo dentro del mismo año". Y el Sombrerero, atrapado siempre en las seis de la tarde, responde: "Que es precisamente lo que le pasa al mío"...

Lewis Carroll estaba bien consciente de que, según la Física de su tiempo (inspirada en la Mecánica Newtoniana), el espacio y el tiempo eran absolutos. En la actualidad y desde los tiempos de Albert Einstein sabemos que no es así, porque tanto el espacio como el tiempo dependen del punto de vista del observador, son relativos a éste (de ahí que a la Mecánica Einsteniana se la llame "Teoría de la Relatividad"). Pero eso era para Carroll el futuro. Aún así, se las arregló brillantemente para descojonar al personal con las paradojas mostradas...

jueves, 6 de mayo de 2010

Los locos en la merienda de Alicia.


Una de las escenas más célebres de "Alicia en el País de las Maravillas", la novela de Lewis Carroll que todo el mundo ha "leído" gracias a tragarse la adaptación cinematográfica de Walt Disney (además de la "Alicia en el País de las Maravillas" de Tim Burton), es la merienda de locos que se produce con el Lirón, el Sombrerero y la Liebre de Marzo. Sintomáticamente, este capítulo fue añadido por Lewis Carroll con posterioridad al borrador de su escrito ("Las aventuras de Alicia bajo Tierra", que le regaló a Alice Liddell en la Navidad de 1861, según referimos en "La verdadera historia de Alicia"). Casi todo el peso de la reunión se lo llevan los dos segundos, porque el Lirón, por supuesto, como buen lirón, se la pasa durmiendo. En cuanto a los otros dos... Hay muy buenas razones para que ambos personajes sean justamente un Sombrerero y una Liebre de Marzo.

En la Inglaterra de Lewis Carroll, eran corrientes las frases "loco como un sombrerero", y "loco como una liebre de marzo". Lo segundo es fácilmente entendible. Marzo es la época en la cual, en el Hemisferio Norte, las liebres entran en celo. Si una liebre es inquieta en temporada normal, ya se la podrán imaginar con todas las hormonas cargadas al máximo. El espectáculo era fácilmente observable por la gente en una Inglaterra en vías de industrialización, pero ni de cerca tan urbana como hoy en día (cabe preguntarse, por cierto, si Lewis Carroll se habrá percatado del alcance sexual del dicho, en la Inglaterra puritana del siglo XIX, y en un libro dirigido a los niños, pero nadie parece haber puesto el grito en el cielo por eso).

Con el Sombrerero, en cambio, la cosa es más difícil, pero existe una relación. Apunta Martin Gardner, en una edición anotada de Alicia, que en la época de Carroll se solía tratar la felpa de los sombreros con mercurio. Huelga decir para cualquiera con conocimientos elementales de Medicina o Química, que el mercurio es un metal altamente tóxico para la salud, y de hecho, tales métodos para tratar la ropa ya no se utilizan por razones obvias. Pero en esa época, sea por ignorancia de los efectos del mercurio, sea por desidia con los temas de salubridad (¿algún lector especialista en Historia de la Química que nos apuntale en esto?), la prolongada exposición al mercurio provocaba que efectivamente los que practicaban la ocupación de sombrereros acabaran envenenados, y consecuentemente, con trastornos mentales que terminaron haciéndose proverbiales.

Con todo, cuando Tenniel dibujó los célebres dibujos de Alicia para la primera edición de 1865, parece que éste (a sugerencias de Carroll) lo hizo inspirándose en un conocido personajes del Londres decimonónico, un tal Theophilus Carter, dueño de una tienda de muebles, y conocido como el "Sombrerero Chiflado" debido a que usaba un enorme sombrero, y también por sus delirantes ideas. Era conocido entre otras cosas, porque en la Exposición Universal de 1851, Carter presentó una "cama despertador" que tenía un método infalible para despertar a su dueño: simplemente lo arrojaba al suelo...

domingo, 14 de marzo de 2010

Unos mapuches muy europeos.

Como nunca en la vida he tenido ocasión de tener el "Arauco domado" entre las manos (ni lo he bajado de Internet), confieso que lo siguiente está sacado de un estudio sobre esta obra que fue escrito por don Eduardo Solar Correa. Cualquier problema con la información de fondo, ya saben a quién acusar... Pero por lo que pueda servir, lo consigno lealmente en Siglos Curiosos, por lo que pudiera servir a mis lectores.

Pedro de Oña vivió entre 1570 y 1643. Es considerado el primer poeta chileno (Alonso de Ercilla es anterior, pero no cuenta porque es español, y estuvo apenas 17 meses en Chile antes de partir de regreso a España y no volver jamás). Se conservan varias obras suyas, pero sin duda, la capital entre todas es su "Arauco domado". El título le viene porque describe las andanzas de García Hurtado de Mendoza y su guerra contra los mapuches (éste fue Gobernador de Chile entre 1557 y 1561, y Virrey de Perú entre 1590 y 1596). En una escena, los mapuches llevan a cabo una especie de gran orgía, y después de que se dedican a sus ritos paganos, los agoreros profetizan la próxima llegada de García Hurtado de Mendoza, quien conseguirá que el Arauco sea domado (de ahí el título de la obra, claro está).

Lo irónico del caso es que, siendo Pedro de Oña un escritor chileno, su obra no es exactamente reflejo de la realidad histórica chilena, ni mucho menos. Pedro de Oña viajó a Perú, y viniendo desde un lugar remoto y provinciano del Imperio Español como era Chile, la majestad y esplendor del Virreinato del Perú, o más bien de Lima y la vida limeña, por no hablar de la fama de encantadoras de sus mujeres, lo encandiló. En Lima entró en contacto más fuerte con la cultura europea, y ahí descubrió la obra del poeta Luis de Góngora. Y como una cosa lleva a la otra, el apego a Góngora (poeta que, por cuestiones cronológicas, el Alonso de Ercilla de "La Araucana" no podía conocer) lo llevó hasta el Culteranismo, y con ello, a recargar toda su obra literaria con especulaciones mitológicas y eruditas, que funcionaban muy bien para la literatura europea, pero que poco favor le hacían para describir la vida rústica de los mapuches. Así, en el "Arauco domado" hay guerreros mapuches que son mitad sabios y mitad místicos, y según Solar Correa, "asombra, en efecto, ver cuán enterados están de cosas de filosofía y cuán disertos se muestran en conocimientos históricos, mitológicos, cosmográficos... Los de Ercilla, a su lado, resultan casi unos analfabetos".

Este pintar a Chile según cánones europeos también alcanza a la naturaleza. A diferencia de Ercilla, parco en describir ambientaciones naturales, Pedro de Oña sí le concede importancia a la naturaleza para darle salida a la vena lírica, que en él parece predominar sobre la épica. Con todo... Le cedemos otra vez la palabra a Solar Correa: "Inútil sería buscar en sus páginas ulmos de balsámicas flores, esbeltos coigües, mañíos regordetes y espesos. Ni el pellín ni aún la soberbia araucaria han logrado imponerse. El poeta, en vez de todo eso, con espíritu muy moderno, ha plantado álamos, sauces, fresnos, cipreses -árboles de España o de Italia". En cuanto a la fauna... misma fuente: "Allí vemos entreverarse los 'dulces ruiseñores' con el 'jabalí cerdoso y feroz', el 'gamo tímido' con la 'feroz y rábida leona', la corcilla y el venado con los 'manchados tigres, pardos y panteras'". Uno puede hacer un esfuercillo con la imaginación y la credulidad, y convencerse de que los pudúes chilenos pueden pasar por gamos, o los pumas por leones americanos, pero lo que sí son idas absolutas de olla, es haber poblado a la selva del sur de Chile con jabalíes (que son europeos) o tigres (¡que son asiáticos!).

Hoy en día, dicha literatura primitiva chilena, la verdad sea dicha, apenas recibe atención en el sistema escolar chileno. Con suerte se leen algunas estrofas de "La Araucana", y en cuanto al "Arauco domado", es completamente ignorado. Dejo el juicio sobre esto último a la discreción y cultura del lector.

jueves, 11 de marzo de 2010

Alicia y la Relatividad.

Lewis Carroll, autor de "Alicia en el País de las Maravillas", era de profesión matemático. Se cuenta que cuando la Reina Victoria leyó el libro, quedó tan fascinada por su fantasía y espíritu, que mandó traer todas las obras del autor... sólo para encontrarse con textos de títulos tales como "Syllabus de álgebra geométrica elemental", "Euclides y sus rivales modernos", "Curiosa matemática" (bueno, seamos justos, los dos últimos son posteriores a "Alicia en el País de las Maravillas", pero dan una idea). Y como "Alicia en el País de las Maravillas" es un despiporre de imaginación, pero guiada por una lógica estricta, no es coincidencia que la idea de "lo relativo" esté muy incrustada dentro de la obra. Al fin y al cabo, como todo buen lógico sabe, el valor de las afirmaciones depende en mucho de las premisas a partir de las cuales se parte, y éstas son... relativas, justamente.

Ya de entrada, la novela parte con Alicia cayendo en un profundo pozo. ¿Y qué escribe Carroll acá? "Sea porque el pozo era en verdad muy profundo, sea porque en realidad estaba cayendo muy despacio"... La caída de Alicia es larguísima, e interesantemente, Carroll pone en entredicho el por qué de ello. En la época de Carroll, la ciencia basada en la Mecánica Newtoniana afirmaba que existía un espacio y un tiempo absolutos, y por lo tanto, hubiera sido posible determinar una cosa u otra (el pozo es muy largo, o Alicia caía a baja velocidad). El escenario que describe Carroll, en que una caída libre es equivalente a una situación de ingravidez, en términos de percepción del espectador, se anticipa así en nada menos que cuatro décadas al brillante descubrimiento de Albert Einstein: toda magnitud es relativa al punto de vista del observador. Desde la perspectiva de Alicia, en efecto, es imposible distinguir si el pozo es demasiado largo o la velocidad de caída es demasiado lenta, ya que Alicia carece de un punto de referencia al que amarrarse, exactamente igual como en la Teoría de la Relatividad debes siempre decir que un objeto se mueve a tal o cual velocidad, a partir de otro sistema de referencia adicional.

Más adelante, Alicia experimenta una serie de cambios de tamaño. Mientras es una gigante, la desesperación la lleva a llorar, pero después, a consecuencias de comer lo que no debe, Alicia acaba reducida de tamaño, y termina sumergida en un charco de agua salada. Y entonces...: "pronto dedujo que donde estaba en realidad era en el charco de lágrimas que se había formado con tantos lagrimones como había vertido cuando tenía nueve pies de altura". Y se dice a sí misma: "Supongo que ahora sufriré el castigo que me merezco por haberlo dicho ¡ahogándome en mis propias lágrmias! ¡Eso sí que será una paradoja!".

Dejaremos para otra ocasión cómo en el País de las Maravillas el tiempo corre como se le pega la regalada gana, y terminaremos con otro ejemplo de relatividad, en la conversación entre Alicia y la Oruga. Luego de una conversación sin sentido que no conduce a ninguna parte (seguro que la Oruga fue a la Escuela Lingüística Martin Heidegger), se produce el siguiente diálogo:

-- ¿Estás satisfecha con tu tamaño actual?-- preguntó la Oruga.

-- Pues, verá usted, señor-- respondió Alicia --si no le importa, me gustaría ser un poco más alta, porque sólo con tres pugadas ¡cualquiera se siente tan desgraciada...!

-- ¡Pues yo diría que es una estatura muy afortunada!-- dijo la Oruga furiosa, irguiéndose cuan larga era (tenía exactamente tres pulgadas de altura)...

-- ¡Pero es que yo no acostumbro a tener tres pulgadas! (...)

-- Ya te irás acostumbrando-- sentenció la Oruga...

domingo, 7 de marzo de 2010

La verdadera historia de Alicia.

Si hubiera que redactar un listado con los 100 libros más influyentes de todos los tiempos, no es improbable que, de manera subrepticia, casi como el condenado Conejo Blanco, "Alicia en el País de las Maravillas" escalara puestos hasta una rescatable posición. En general, el público anglosajón adora las aventuras de Alicia, y el propio Lewis Carroll no desdeñó escribir una secuela, que es "Alicia a través del espejo". Para el público hispánico, quizás Alicia sea una obra algo menor, y no debe ser casualidad, ya que por un lado está la admirada pero resistida presencia de Disney, que hizo su propia adaptación en 1951, además de que en la traducción se pierde una de las más firmes bazas de la obra: la innumerable cantidad de juegos de palabras, así como de parodias a poemas escolares ingleses, imposibles de ser paladeadas a discreción por cualquiera que no tenga acceso al texto original en inglés. Aún así, "Alicia en el País de las Maravillas" puede considerarse popular e influyente. Tanto, que un poco a la manera de como Sherlock Holmes opacó a Arthur Conan Doyle, también la Alicia literaria opacó un tanto a Alice Liddell, la verdadera Alicia, que sirvió de modelo para la creación de Carroll.

Alice Liddell, conocida también como Alice Hargreaves (su nombre de casada) nació en 1852. Puede decirse que su vida es prototípica de la Inglaterra victoriana, ya que creció para contraer matrimonio, tuvo hijos, y falleció a provecta edad, ya bien entrado el siglo XX (considerando que es de fama decimonónica), en 1934. Pero cuando era una chica de diez años apenas cumplidos, su vida se había cruzado con la de Lewis Carroll, un individuo bastante peculiar, sobre cuya psicología los autores no terminan de ponerse de acuerdo. La madre de Carroll había fallecido cuando éste era muy joven, y esto perturbó profundamente el espíritu del futuro escritor. Hace un vivo contraste en Carroll, el hecho de dedicarse a la lógica y las matemáticas, por un lado, y por el otro seguir la carrera eclesiástica, aunque una ligera tartamudez le impedía predicar, y por tanto, jamás pasó de diácono (aunque con todo se le llama impropiamente "reverendo"). Esta tensión nunca resuelta en Carroll es probablemente la fuerza motriz detrás del País de las Maravillas, universo tanto lógico como desquiciado, todo ello a un tiempo. En cuanto al sexo, su pacatería encajó estupendamente en la puritana moral victoriana, y por ende, no llamó la atención que nunca se casara. Ni que prefiriera la compañía de las niñas pequeñas (en particular de ocho a catorce años) a la de las mujeres adultas. Sobre si Carroll tenía tendencias pederastas o no, han corrido ríos de tinta, pero no puede decirse que haya nada de comprobado al respecto.

El caso es que, el 4 de Julio de 1862 (el día de la independencia de Estados Unidos, aunque probablemente esto sea una coincidencia, porque todo esto transcurre en Inglaterra), Carroll y las revoltosas hermanas Liddell (Lorine de trece, Alice de diez, y Edith de ocho) salieron a un paseo en barca por el río Támesis, cerca de Oxford. A ellos los acompañaba el reverendo Robinson Duckworth. Resulta que las tres chicas insistieron en que Carroll les contara un cuento, y éste, pillado de sorpresa, empezó a contar la historia de una chica llamada Alicia, a la que le sucedían mil peripecias bajo tierra, y que el pobre hombre tenía que ir improvisando por el camino, por razones obvias (de ahí el carácter un tanto episódico y destartalado de la futura "Alicia en el País de las Maravillas"). De esto, tanto Carroll como Alice como Duckworth dejaron testimonio. Alice quedó tan entusiasmada con el cuento, que prácticamente obligó a Lewis Carroll a ponerlo por escrito. Este, obediente a los caprichos de su amiguita, lo transcribió de su propio puño y letra, lo acompañó con ilustraciones propias, y se lo ofreció como regalo en la siguiente Navidad. Carroll no tenía intenciones de publicar estas primitivas "Aventuras de Alicia bajo Tierra", pero ante la insistencia de todos quienes lo leían, y a quienes tanto le gustaban, Carroll optó por reformatear la obra original, quitando los pasajes que en realidad eran chistes privados (y que consecuentemente el lector casual no pescaría), y añadiendo algunos otros capítulos, hasta construir la actual "Alicia en el País de las Maravillas", que fue publicada en 1865, e incluso tuvo su secuela en "Alicia a través del espejo", en 1871. Para la primera versión impresa, fueron descartados los dibujos de Carroll, y en reemplazo entraron los de Tenniel, que le dieron a Alice una personalidad única desde el punto de vista gráfico.

Se pueden escribir toneladas de cosas sobre los significados lógicos, políticos o teológicos de Alicia, pero todo esto oscurece el detalle de cómo Alicia es percibida por Carroll. Ya dijimos que la Alice Liddell adulta era una muy compuesta señora victoriana, pero si la niñita se parecía a la Alice literaria, entonces debe haber sido un auténtico terremoto. Parte de la diversión es que en el País de las Maravillas se pueden reconocer muchos motivos y comportamientos victorianos (y ya puestos, comportamientos también propios de nuestra sociedad), pero desde una óptica distorsionada en una lógica bizarra que todos sus habitantes asumen como "la correcta". Y Alice, lejos de ser una chica compuestita, llega a cuestionarlo todo y ponerlo patas arriba: es el triunfo de la rebeldía y la espontaneidad de la juventud, con su curiosidad y su afán de no aceptar las cosas porque sí, por encima del conformismo idiotizante del resto de los personajes, que son felices viviendo en un mundo literalmente patas arriba. Se ha observado que el País de las Maravillas es tan absurdo como los mundos kafkianos, pero mientras que en Kafka los protagonistas siempre son aplastados por el absurdo, en vez de ello Alice se rebela y consigue defenderse, y aún consigue triunfar sobre su alrededor. Quizás aquí está el meollo, más allá de la enorme creatividad de la obra, de por qué Alice Liddell valoró mucho más este cuento que los pedantes relatos moralizantes victorianos a los que se le obligaba a leer en la escuela.

Seguidores

Busca temas históricos en Siglos Curiosos

Absolutismo (4) Administración Política (14) Africa (14) Alemania (16) Alimentación (13) América Colonial (6) América Independiente (1) América Precolombina (9) Animales (15) Antártica (1) Anticipación del Futuro (15) Argentina (2) Arqueología (11) Arquitectura (13) Arquitectura y Urbanismo (7) Astrología (4) Astronomía (28) Australasia (4) Australia (1) Austria (2) Automóviles (1) Aviación (2) Biblia (27) Bibliotecas (1) Biología (9) Bolivia (1) Botánica (1) Brujería (1) Bulgaria (1) Caballería (2) Calendarios (7) Caricaturas y Cómics (4) Celebraciones (1) Chile (97) China (9) Ciencia Ficción (12) Cine (42) Civilización Andina (5) Civilización Arábiga (1) Colombia (1) Colonizaciones (2) Comunicaciones (3) Construcciones (1) Cosmovisiones (3) Crímenes y Criminales (27) Cristianismo (20) Cristianismo y Cristianos (9) Croacia (1) Década de 1900 (13) Década de 1910 (17) Década de 1920 (8) Década de 1930 (15) Década de 1940 (20) Década de 1950 (12) Década de 1960 (7) Década de 1970 (12) Década de 1980 (18) Década de 1990 (11) Década de 2000 (24) Década de 2010 (13) Delfines y Ballenas (1) Democracia (17) Demografía (2) Deportes (7) Derechos de Autor (4) Diplomacia (3) Discriminación (1) Drogas (1) Economía (19) Edad Media (20) Educación (3) Egipto (2) Egipto Antiguo (12) Electrónica (1) Enfermedades Mentales (6) Eras Geológicas (6) Errores Científicos (5) Erupciones Volcánicas (2) Escandinavia (1) Esclavitud (4) Escultura (10) Esoterismo y Ocultismo (6) España (22) Espionaje (1) Espiritismo (1) Estados Unidos (39) Etimología (55) Europeocentrismo (3) Evolucionismo (8) Existencia de Dios (7) Expresiones (24) Fanatismo Religioso (3) Feminismo (3) Filosofía (23) Física (2) Francia (37) Frases para el Bronce (15) Fraternidad Universal (8) Fútbol (1) Gatos (6) Genética (7) Genocidios (1) Geografía (7) Geología (9) Grecia (1) Grecia Arcaica (8) Grecia Clásica (18) Grecia Helenística (6) Grecia Medieval (1) Guerra (9) Guerra Antigua (6) Guerra Medieval (10) Guerra Moderna (7) Guerra Naval (4) Guerra Reciente (7) Hebreos (3) Heroísmo (2) Historia Alternativa (4) Historiadores (13) Historieta y Cómic (7) Holanda (2) Humanismo (1) Idioma Castellano (2) Idioma Griego (9) Idioma Inglés (2) Idioma Latín (7) Idioma Sánscrito (1) Idiomas Artificiales (1) Iglesia Católica (8) Ilustración (2) Imperio Bizantino (12) Imperio Británico (2) Imperio Español (17) Imperio Inca (1) Imperio Napoleónico (6) Imperio Otomano (4) Imperio Persa (2) Incompetencia Militar (14) India (17) Informática (6) Ingeniería (7) Inglaterra (53) Intrigas (9) Islam (10) Italia (22) Japón (20) Joyas (2) Judaísmo (16) Judaísmo y Judíos (10) Juegos y Pasatiempos (4) Juicios (21) Leyenda Negra (2) Leyendas (7) Leyes (20) Libertad de Expresión (8) Libertad de Religión (4) Lingüística (1) Listas de Gobernantes (2) Literatura (50) Mar Mediterráneo (2) Más Allá (3) Matemáticas (16) Matrimonio (7) Medicina (15) Medio Oriente (6) Mesianismo (6) Mesoamérica (11) Mesopotamia (3) México (2) Minería (4) Mitología Latinoamericana (2) Mitos de la Creación (5) Moda (2) Monarquía (26) Mongoles (4) Monumentos (1) Muertes Remarcables (10) Mujeres (30) Mundo Bíblico (12) Música (10) Música Popular (6) Música Selecta (5) Nacionalismo (4) Navegación (23) Negociados (2) New Age (1) Occidentalización (1) Océano Atlántico (5) Oceanografía (2) Origen de la Humanidad (2) Paleolítico (1) Paleontología (11) Palestina (4) Periodismo (2) Persia (3) Personajes (43) Perú (1) Pintura (9) Polinesia (2) Premio Nobel (4) Primera Guerra Mundial (6) Profetas (5) Propaganda (3) Pueblos del Antiguo Testamento (4) Pueblos y Tribus (9) Química (4) Racismo (7) Radiodifusión (1) Regiones Geográficas (5) Reinos Helenísticos (1) Religión Grecorromana (9) Religiones Antiguas (3) Renacimiento (14) Robótica (2) Roma Antigua (42) Romanticismo (1) Rusia (12) Sacerdotes (1) Sacro Imperio Romano Germánico (2) Satanismo (5) Segunda Guerra Mundial (6) Sexismo (7) Sexualidad (20) Siglo 05 (1) Siglo 11 (1) Siglo 14 (1) Siglo 15 (2) Siglo 16 (6) Siglo 17 (32) Siglo 18 (26) Siglo 19 (56) Siglo 20 (24) Siglo 21 (1) Sincretismo Religioso (2) Sudáfrica (1) Suiza (2) Supersticiones (1) Teatro (5) Tecnología Militar (7) Tecnología Nuclear (3) Televisión (5) Teología Cristiana (5) Terremotos (9) Tíbet (1) Universidades (3) Urbanismo (14) Vampiros (3) Vestimenta (4) Viajes y Viajeros (13) Zoología (9)