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jueves, 30 de agosto de 2012

Marukaite Chikyuu boku Hetalia...


Usualmente no comentamos filmes, series de televisión o cosas similares en Siglos Curiosos (para las pelis, su seguro servidor el General Gato os viene invitando desde siempre a Cine 9009, por supuesto), salvo que en ellos se refiera algún aspecto histórico digno de comentar, en plan comparemos la realidad con la ficción. Así es como repasamos la verdad histórica tras "Gladiador", el episodio piloto de "The Lone Gunmen" que predijo el 9-11, o la secuencia de presidentes en "24", entre otras cosas. Pero no podemos dejar de comentar "Hetalia: Axis Powers" (o Axis Powers Hetalia, en otra versión, que ya se sabe que los japoneses no siguen el mismo orden de palabras que los buenos y decentes castellanohablantes) debido a que es la Historia misma la que conforma el material con que se compone la misma. Nacido como manga en 2006 (¡el mismo año que Siglos Curiosos!), dio el salto al anime en episodios brevísimos de cuatro a cinco minutos de duración cada uno, e incluso en 2010 se estrenó una peli de unos 70 minutitos sobre los personajes.

La premisa de "Hetalia: Axis Powers" es muy sencilla. Cada país del mundo aparece personificado, o si se quiere decir de una manera alternativa, cada personaje es la antropomorfización de un determinado país. Así, aparece un personaje que es Alemania, otro que es Francia, otro que es Estados Unidos, etcétera. Como en el capítulo de "Los Simpsons" en donde los chicos interpretaban a los países de la ONU, o algo así. Claro, no todos los países aparecen (es que son cerca de dos centenares, ¿eh?), pero aparecen algunos que podrían ser o no ser. Especialmente hilarante resulta el capítulo dedicado al personaje de Sealand, que en el mismo no es atendido ni escuchado por nadie, en directa alusión a que Sealand es un micropaís sin reconocimiento internacional alguno. Figuran como personajes el Imperio Romano y el Sacro Imperio Romano Germánico, entre otras potencias históricas, lo que introduce el factor de que los personajes-países también mueren.

El protagonista de la serie es Italia, por quien la serie se llama como se llama ("Hetalia" puede leerse como Italia, pero también como derivación de "hetare", que en japonés vendría a ser "patético" o "inútil"). Italia es básicamente un incapaz y llorón bueno para nada, cuya gran estrategia militar para combatir es confeccionar una bandera blanca y agitarla vivamente para rendirse batalla sí y batalla también... (que los de la colonia italiana no me miren mal, la serie venía así). Incluso la letra de la canción dice algo así como que el mundo es redondo, y yo soy Italia ("Marukaite Chikyuu boku Hetalia"...). Al principio de la serie, Italia es encontrado por Alemania, y ahí forman el Eje, sumándose después Japón (de ahí el "Axis" del título). Lógicamente, este trío debe enfrentar a la alianza conformada por Estados Unidos (un exhibicionista con complejo de héroe), Inglaterra (eternamente resentido por los desplantes de Estados Unidos), Francia (descrito en plan medio rarito y pervertidillo), Rusia ("todos serán uno con Rusia"...) y China (la más sabia por su antigüedad, que también tiene una paciencia infinita con sus socios). ¡Ah! Y Canadá también, pero como es un fantasma, nadie lo ve. Es decir, el escenario de la Segunda Guerra Mundial. Todo esto es complementado con breves flashbacks en donde vemos a Chibitalia (Italia cuando niño) y su creciente tensión romántica con el Sacro Imperio Romano Germánico (sí, ambos son hombres, qué pasa con eso...).

Andando la serie, el protagonismo de Italia se va haciendo cada vez menor, y cada vez más capítulos son dedicados a personajes colaterales, siempre escenificando situaciones y relaciones internacionales que han sido de ocurrencia histórica. De esta manera vemos la relación entre Suiza y su hermano menor Liechtenstein, o la independencia de Estados Unidos de Inglaterra, o de cómo China educó a Japón en su infancia. Todo esto, acompañado de un humor tremendamente surrealista, en donde las referencias históricas pueden a veces llegar a ser bastante esotéricas (pero siempre están ahí, de una manera u otra). El único posible problemilla que el espectador occidental promedio podría ponerle a la serie, es que la abrumadora mayoría de los personajes son de sexo masculino, y si muchas relaciones internacionales son descritas en pantalla en términos de amores no correspondidos y tensiones sexuales no resueltas, entonces, pues bien... ya me entienden. Hablamos de animación japonesa, después de todo, y ya sabemos cómo se las gastan allá. Sin escenas explícitas, eso sí, valga la aclaración por si alguien le ha cogido sustillo a la serie (o por si alguien estaba entusiasmándose por toparse con vaya clase de hentai, y al final termina decepcionado porque no). Así es que, cantad conmigo... Marukaite Chikyuu - Marukaite Chikyuu...

domingo, 6 de mayo de 2012

Kotama Okada la luz que llegó a Japón.


Si algo tuvo el siglo XX con sus grandes convulsiones sociales, es que los mesías e iluminados emergieron como setas. Uno de ellos fue Kotama Okada, fundador de una religión llamada Mahikari, palabra japonesa que vendría a significar algo así como "luz verdadera". Porque por alguna razón, todos los que claman ser la luz de esto o aquello, lo son de verdad, ninguno se proclama como la luz falsa o algo así. En fin.

El caso es que Kotama Okada nació en 1901, y tuvo una carrera variopinta que lo llevó desde la Guardia Imperial hasta el mundo de los negocios, en donde terminaría por arruinarse. O no, porque después, sea que lo creyera de verdad o que todo fuera un timo, se convirtió al negocio más grande de todos: la religión. Porque en 1959 se le aparece nada menos que Dios, que le entrega una serie de nortes acerca de cómo ha creado la Creación, etcétera. Lo de siempre con los mesías, vamos.

Ni corto ni perezoso, Kotama Okada crea una religión llamado Mahikari, que es ante todo un culto de sanación. Un punto importante del culto, por supuesto, es considerar a Kotama Okada como el mesías, o lo que sea su equivalente en una religión oriental. Aunque mezcla elementos shintoístas y chamánicos, no pierde el tiempo en tentar una expansión agresiva por todo el mercado, proclamándose sucesor de Moisés, Jesús y Mahoma, a ver si algún abrahámico cae por ahí. La Humanidad materialista está condenada, y Kotama Okada está a cargo nada menos que de salvar a la misma, transmitiendo la purificación a través de la luz divina de la palma de la mano. Por supuesto que fuera del culto no hay salvación, sólo los purificados serán felices y salvos.

El mesías falleció en 1974, y de inmediato se suscitó el cisma. Kotama Okada había designado a un sucesor, pero apenas el mesías estaba fiambre, su hija Keiju Okada saltó al ruedo y dijo que en realidad ella era la verdadera sucesora del culto. La cuestión fue debatida en un lugar tan poco teológico y mesiánico como un prosaico tribunal de justicia, que le dio la razón al sucesor designado por Kotama Okada, quien siguió adelante con la religión. Keiju Okada, no resignándose a dicha suerte, fundó entonces su propia religión de la luz divina transmisible a través de la palma de la mano, en competencia con el tronco principal de la religión de la luz divina transmisible a través de la palma de la mano. Y así continuó existiendo esta religión o secta, como lo quieran ver, escindida en dos, algo que sin duda Dios no fue capaz de prever cuando se reveló a sí mismo en 1959...

domingo, 11 de diciembre de 2011

Los macacos que lavaban camotes.


Todos conocemos la batata o camote, ¿no? También todos conocemos los macacos, ¿no? Bien. Así como con otras especies, los naturalistas se fijaron en los macacos del Japón, y comenzaron a estudiarlos. En las décadas de 1960 y 1970, los estudios sobre su comportamiento fueron bastante intensos. Y entonces sucedió el famoso experimento en que los macacos aprendieron a lavar sus tubérculos. Camotes, en este caso.

En realidad el camote es originario de Sudamérica, aunque se encuentra también en la Polinesia. Es decir, no es un tubérculo nativo de Japón, o que los japoneses conocieran, hasta donde llegan las investigaciones de General Gato vuestro seguro servidor. De manera inicial, la idea no era explorar qué harían los macacos con ellos, sino simplemente sacarlos a terreno abierto: los macacos solían esconderse en los bosques, y allí era complicado estudiarlos. De manera que, para observarlos mejor, se limitaron a arrojar camotes a lo largo de toda la playa. Los macacos salieron y comenzaron a engullirlos con fruición.

Entonces fue cuando una joven hembra de un año y medio de edad llamada Imo, descubrió algo significativo. Todos los monos limpiaban los tubérculos simplemente con las manos. Imo por su parte descubrió que los tubérculos en cuestión quedaban más limpios si se sumergían en las aguas de un río. Al principio, la novedad fue acogida por sus hermanos, y luego por su madre. Andando el tiempo, toda la manada comenzó a lavar los camotes en el río. Sólo los más viejos y cenizos, celosos de su rango y posición, se negaron a acceder a la novedad, y siguieron quitando la tierra con las manos. Y cuando los más viejos se murieron y dejaron de estorbar a las nuevas generaciones, la costumbre entre los macacos se hizo universal.

Y no se detuvo ahí. Imo descubrió también el placer de echarle sal a los camotes. La estrategia era simple: agarrar el camote y morderlo. Luego, bañarlo en agua de mar para que la sal se impregnara. Y luego, seguir comiendo. Porque por lo visto, ser un macaco no está reñido con ser un gourmet...

domingo, 6 de noviembre de 2011

Fabricando pianos y cazando cometas.


La historia de Kaoru Ikeya el cazador de cometas nacido en 1943, tiene algo de peregrina. El señor Ikeya, padre de Kaoru, era un vendedor de pescados, y deseaba que su hijo se dedicara a seguir sus pasos: pensaba que la Astronomía no era para la gente de condición humilde. Por su parte Kaoru, que vivía desde los seis años en una casa al lado de un lago, se subía al techo para escapar del alboroto de sus tres hermanas. En esas escapadas a las techumbres se había entusiasmado con el cielo, y había comenzado a revolver la biblioteca de su colegio buscando textos de Astronomía. Acabó aprendiendo los principios de física, en particular los de óptica, para construir su propio telescopio.

Las cosas empeoraron cuando la pescadería empezó a ir mal, y el padre ahogó las penas en sake. El que un padre desatienda a su familia es grave en cualquier cultura, pero en la japonesa posterior a la Segunda Guerra Mundial era peor, debido a que un padre que desatendiera sus obligaciones morales no sólo se deshonraba él, sino que también caía la mancha del deshonor sobre toda la familia. Su madre tuvo que emplearse como camarera de hotel, lo que en la época y lugar era una deshonra horrible: una madre y esposa lavando y cocinando para extraños en vez de para su familia. Kaoru Ikeya se obsesionó entonces con descubrir un cometa: tal cosa podría ayudar a borrar el estigma sobre su familia. Por mientras tanto, apenas culminó su enseñanza media, entró a trabajar en una fábrica de pianos, como operario no calificado y con el salario más bajo de la escala. Corría el año 1959.

Mientras tanto se las arregló para fabricarse su propio telescopio, puliendo su propio lente y consiguiéndose el resto de las piezas en tiendas de segunda mano. Empezó a buscar en el cielo... y nada sucedió. Le escribió a Minoru Honda, otro astrónomo aficionado que ya tenía unos cuantos cometas descubiertos a su haber, pidiéndole consejo. La respuesta no puede ser más japonesa: "Observar el cielo con el único propósito de descubrir un cometa es una labor inútil que exige muchísimo tiempo y muchísimo trabajo, pero observarlo por sí mismo, sin pensar en descubrimientos, podría traer suerte a un buscador de cometas".

El 31 de diciembre de 1962, la madre de Kaoru Ikeya, afligida porque su hijo ya había invertido 16 meses de noches escrutando los cielos, le pidió que descansara. Después de todo, gracias al trabajo de ambos, la familia había salido de deudas, y era hora de empezar el año con otro espíritu. Kaoru obedeció, pasó el Año Nuevo con su familia, y acompañó a su madre a un templo a rezar. A la noche siguiente, el 2 de enero de 1963, Kaoru subió al cielo, y descubrió lo que sin lugar a dudas era un cometa. Pero aún no podía estar seguro, de manera que a la mañana siguiente, envió un telegrama al Observatorio Astronómico de Tokio, dando los datos del mismo para confirmar si era un descubrimiento en verdad, o sólo un cometa ya catalogado. Poco después, revisada la información, era oficial: Kaoru Ikeya había descubierto el primer cometa del año 1963. El cometa de código 1963a pasó a ser llamado Cometa Ikeya en su honor.

El descubrimiento le significó a Kaoru el relacionarse con el resto de la comunidad de astrónomos del mundo. A pesar de ello, no hizo ningún alarde, y siguió trabajando en la fábrica de pianos, en donde nadie supo la nueva hasta que empezaron a aparecer periodistas buscando entrevistar al astrónomo aficionado. La fábrica entonces inició una colecta entre todos los trabajadores, para que Kaoru pudiera seguir sus observaciones celestes. Reunieron la bonita suma de 150 dólares, y le entregaron un diploma por su aplicación y espíritu de estudio. Nada mal para un joven catalogado antes en la fábrica como "constante, cumplidor, callado (...) No participa en los deportes o clubs de la compañía. Le falta ambición e iniciativa". Incluso aprovecharon la historia para hacer una película sobre la vida del chico. Cuando éste la vio, su único comentario fue: "¿Por qué no les basta con la verdad...?".

domingo, 1 de mayo de 2011

La terremoteada historia de Bernardita Yamaguchi.


Si se vive en un país como Chile, que está instalado a horcajadas de la línea de choque de dos placas tectónicas, debes estar preparado para que en cualquier minuto el suelo te haga una broma pesada. Si vives en un país como Japón, sucede lo mismo. Y si además te toca viajar entre un país y otro... puede que te pase como a Bernardita Yamaguchi, que tuvo que bancarse dos de los terremotos Top Ten de la Historia desde que existe registro científico en 1900. Acá en Siglos Curiosos rescatamos la historia desde un artículo publicado en el diario La Tercera del 20 de marzo de 2011.

Bernardita Berríos nació en Santiago de Chile, pero enamorada y después casada con un japonés llamado Tosaku Yamaguchi, tomó su apellido y se fue a vivir a Japón, en los años '80s. De esta manera capeó el terremoto que azotó a Chile en 1985. Un día, estando ella con una severa gripe, comenzó a temblar. El marido empezó a apremiarla para que saliera de la cama y la habitación en el segundo piso, pero ella, enferma y con una temperatura de cero grados en el exterior, se negó. ¿Dónde y cuándo fue esto? Pues en el terremoto de Kobe del 27 de enero de 1995, que se cobró más de 6000 víctimas, dejó unos 300.000 damnificados (ninguno de ellos nuestra pareja protagónica), y convirtió la infraestructura vial en esto.

Pero lo anterior fue sólo el prólogo. Muchos años después, a comienzos del 2010, ella regresó a Chile sin su marido. Su padre había fallecido en noviembre, su madre estaba en una casa de reposo en Ñuñoa, y Bernardita decidió cuidarla unas semanas mientras su hermana se iba de vacaciones. Tenía pasajes para regresar a Japón el 27 de febrero... pero la porfiada naturaleza, la madrugada precisamente de ese día, hizo lo suyo. Los objetos en el interior de la casa empezaron a derrumbarse frente a un terremoto que con sus 8,8 grados en el epicentro, iba a catapultarse instantáneamente al séptimo lugar de los más violentos terremotos registrados desde 1900 en adelante. Además de evidenciar las falencias de la construcción en Chile, poner en aprietos a los viñateros chilenos, y proporcionar una réplica que aguó el cambio de mando de Sebastián Piñera.

Volviendo a la historia de Bernardita Yamaguchi: ella regresó a Japón. A Kobe. Ciudad que está a unas cuatro horas de Fukushima, vayan sacando cuentas. Pasó más o menos un año. Estaba ella trabajando en su oficina, cuando de pronto viene el terremoto. Pero empezó a tomar recién el peso a la situación cuando recibió una llamada telefónica de un sobrino desde Nueva Zelanda, porque allá también el suelo se había movido... Al menos, en esta pasada no le tocó lidiar con el maremoto que azotó a las costas de Japón. Aunque el terremoto fue otro Top Ten como el que había vivido un año antes en Chile, tanto que ese séptimo lugar pasó al octavo: el nuevo terremoto se empinó al quinto. ¿Y ella?: "No puedo creer que pasen estas cosas. Los orientales dicen que son de la naturaleza, que nadie lo puede controlar y dicen, ¡qué se le va a hacer!"...

domingo, 20 de febrero de 2011

El desastre de Kobe en 1995.

Japón y Chile son probablemente dos de las naciones más sísmicas sobre el planeta. Después de todo, ambas están emplazadas encima del Cinturón de Fuego del Pacífico, un conjunto de fallas que circunvalan al Océano Pacífico y que la convierten en la región más volcánica y sísmica del globo. Podría esperarse que Japón reaccionara y hubiera aprendido a defenderse de los terremotos, pero a veces hasta las más delicadas previsiones humanas fallan, y eso ocurrió con el Terremoto de 1995, que azotó la ciudad de Kobe. Duró apenas 20 segundos, pero se empinó a los 7,2 grados en la Escala Richter, y dejó tras suyo a 6.000 muertos, 42.000 heridos, 320.000 damnificados, y cerca de 100 mil millones de dólares en pérdidas materiales. Y se suponía que en Kobe no habían terremotos...

Las primeras normas antisísmicas en Japón datan de 1919, y la nación nipona ha invertido ingentes recursos en sistemas de detección de terremotos. Aún así, Kobe era considerada como segura porque estaba a unos 200 kilómetros del borde de placa continental más cercano (es en dichos bordes, donde las placas friccionan unas con otras, donde se sitúan los epicentros de los terremotos). El último gran terremoto se había vivido en 1595, y no habían movimientos sísmicos de importancia desde hacía unos 40 años. Sin embargo, otro cuento eran los tifones, que suelen azotar con regularidad periódica a la ciudad, a razón de unos tres por año. Aún así, Kobe tenía 160 kilómetros construidos de autopistas en altura, además del puerto artificial más grande de todo Japón.

En la madrugada del 17 de Enero de 1995, se detectaron cuatro temblores en menos de cinco horas. Bajo el canal de Hacachi, frente a Kobe, había una falla geológica desconocida, y dicha falla fue activada. Para colmo, la ciudad había sido reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial, para soportar tifones y no terremotos. Esto significaba que casi todas las edificaciones eran de maderas flexibles... y pesados techos de tejas, que como es de comprender, se desplomaron sin problemas. La mayor parte de las víctimas, y no por casualidad, murieron por aplastamiento, y eran personas mayores de 60 años de edad: los desvalidos que no pudieron arrancar en dichas horas de la madrugada de sus casas viniéndose abajo... Las casas precarias de estudiantes y trabajadores ilegales, por su parte, también ardieron, cobrándose su propia cuota de muertos. El gobierno no tenía planes de contingencia para responder a un terremoto en Kobe (fenómeno que, repetimos, se consideraba imposible), y tardó cerca de 48 horas en enviar brigadas de ayuda. Eso sí, aunque el caos reinaba, no hubo saqueos ni violencia: la población estaba demasiado traumatizada para reaccionar (se incrementaron enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, tales como trastornos estomacales y problemas cardíacos, y a las pocas semanas, el gobierno abrió un centro de estudios sobre estrés postraumático).

El gobierno japonés se aplicó a la tarea de rediseñar sus planes de emergencia. Se creó un nuevo Plan Nacional de Desastres, se potenció las redes de ayuda ciudadana para casos de emergencia, se crearon protocolos para que el gobierno pudiera responder, y se mejoraron las normas relativas a sismos y terremotos. En general, puede decirse que los planes resultaron exitosos. El 26 de Febrero, Japón debió afrontar un nuevo terremoto, en las temibles Islas Ryukyu, sin mayores consecuencias: de hecho, nadie murió a consecuencias del terremoto, a pesar de que su magnitud alcanzó los 7,0 grados en la Escala Richter.

jueves, 7 de agosto de 2008

De cómo los japoneses se inventaron un pasado a medida.


Los orígenes de Japón son algo nebuloso hasta el día de hoy, pero las investigaciones arqueológicas y algunas crónicas de la época, tanto chinas como japonesas, han permitido desentrañar en parte el misterio de su origen. Lo más probable es que los japoneses llegaran a la civilización un poco de refilón, después de la caída del Imperio Han en China, gracias a la esforzada labor de una horda de misioneros budistas que se lanzaron a evangelizar (o "budizar", mejor dicho) el país. Hacia el siglo VII aparecen así los primeros rastros de una corona imperial japonesa, el Mikado, a partir del Yamato, un reino japonés que consiguió imponerse a sus vecinos y unificar el territorio (la parte meridional, por lo menos, porque en el norte, los bárbaros ainos siguieron en activo); parece ser que el Mikado imitó, tanto en el ceremonial como en lo que podríamos llamar "espíritu constitucional", a la corte del Imperio Tang que emergía en China.

Pero para el orgullo y arrogancia de una corte única, debió parecer este origen semibárbaro como muy poca cosa, así es que se dieron activamente a la tarea de reconstruir su propio pasado nacional. Especial empeño mostró en esto el Mikado Temmu, quien gobernó al Yamato entre 672 y 686, y que intervino activamente en cuestiones religiosas, utilizando a la fe como una palanca para asegurar el poder imperial. Uno de los golpes maestros de Temmu fue encargar la redacción del "Koji Ki", cuyo significado literal es "Crónica de las cosas antiguas". La versión definitiva del Koji Ki, que ha llegado hasta nosotros, data del año 712, y es una frondosa historia que, al igual que la Biblia como crónica de la monarquía hebrea, se remonta nada menos que al comienzo del mundo. Describe el Koji Ki una serie de aventuras de los dioses creadores, dándole especial protagonismo y relevancia a Amaterasu, la diosa del Sol, a la que se elevó a la categoría de antepasada del Mikado. Esta falsificación fue tan hábil, que consiguió engarzar los hechos legendarios de la primera parte con un final extraído de distintas crónicas históricas, puesto que acaba con la muerte de la Mikado Suiko en 628, personaje que efectivamente existió en la realidad. De este modo, el Koji Ki contribuyó a crear un aura de legitimidad alrededor del Yamato, enmascarando sus orígenes humildes y confiriéndole estatus divino. Tan efectiva fue esta receta, que debieron pasar doce siglos, hasta el Emperador Hirohito en 1945, para que el Mikado reconociera carecer de origen divino.

Hay una obra ligeramente posterior, el "Nihonshoki", que reelabora los acontecimientos del "Koji Ki" filtrando un poco más los mitos y proponiendo por tanto un enfoque algo más científico, aunque se vicia por su pretensión de ser una historia alternativa a la real, en la que Japón antecede históricamente a China (como hemos visto, fue justamente al revés, algo que golpeaba el orgullo de la corte nipona). Ambas obras, el "Koji Ki" y el "Nihonshoki", y en particular la primera, fueron consideradas antes de la Segunda Guerra Mundial con un valor religioso sagrado, casi a la manera de los cristianos que leen la Biblia literalmente, y proporcionaron la base intelectual para el nacionalismo japonés de preguerra.

domingo, 8 de junio de 2008

Los accidentes de la expedición Rozhestvensky.

Ya hemos hablado del desastre anunciado que fue la expedición liderada heroicamente por el Almirante Zinovy Petrovitch Rozhestvensky (1848-1909), en su viaje desde el Mar Báltico hasta el Mar de Japón con buques completamente inútiles para el combate, durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 a 1905, y de su desastroso final. Pero no hemos hablado aún de su tripulación, todos ellos bisoños incompetentes, y por ende, serios candidatos a ser masacrados en batalla (como de hecho, al final, sucedió).

Rozhestvensky era un veterano de la guerra de Rusia contra Turquía, y era bien conocido por su carácter de hierro. Pero esto no bastó para levantar la moral de sus hombres; sus vigías, por ejemplo, veían torpederos japoneses por todas partes. Sobre el famoso incidente de Dogger Bank, que casi precipitó una guerra entre Rusia e Inglaterra, nos referiremos en una próxima ocasión, así es que repasaremos algunas perlas del resto de la expedición.

Uno de los problemas logísticos más recurrentes se relacionaba con los códigos, al punto que por no repartirse los nuevos libros de códigos, un ejercicio para alinear buques en una sola línea de fondo fracasó y la escuadra terminó dispersa en todas direcciones. Peor aún eran las prácticas de artillería. Cuando joven, Rozhestvensky había ganado fama por su puntería, pero ahora sus hombres no fueron capaces de acertar a ningún blanco estacionario; al final del ejercicio, la bandera de señales marcaba un solo impacto... no en el blanco mismo, sino en el barco que lo remolcaba. En otra ocasión, los ejercicios con torpedos no sólo fueron un fracaso, sino que además, de siete, uno de ellos se atascó, sólo dos mantuvieron un rumbo estable (pero no dieron en el blanco), y el último empezó a dar vueltas en círculos, asomando la nariz y sumergiéndose alternativamente en las aguas, sembrando por supuesto de terror a la flota completa.

Frente a todo esto, desde San Petersburgo, la capital de Rusia, le enviaron refuerzos a Rozhestvensky; si los barcos de Rozhestvensky, con todos sus problemas, eran lo más granado de la flota rusa, entonces qué quedaba para aquellas naves de refuerzo que éste había calificado como "viejas bañeras" y una "colección arqueológica de arquitectura naval". De manera que en vez de esperar, Rozhestvensky ordenó acelerar el rumbo de la flota completa, escapando de sus propios refuerzos, para que las viejas bañeras no se sumaran a su escuadra... En medio de la fuga, inadvertidamente cortaron el cable de comunicaciones telegráficas entre Tánger y Europa, incomunicando a ambas regiones por cuatro días, y creando de paso un nuevo incidente internacional.

Cuando llegaron al Mar del Japón, ya Rozhestvensky estaba completamente baldado, con ataques de neuralgia que lo enviaban inmovilizado al camarote. Le llegó entonces la orden de vencer, enfilar luego a Vladivostok, y entregar el mando a un petimetre que había ganado reputación de gran guerrero más con dotes cortesanas que verdaderamente militares, porque el tal Biriloff nunca había estado en acción. Encontró a la flota japonesa en el Estrecho de Tsushima, dio dos órdenes completamente descabelladas, y luego fue puesto fuera de combate por los cascotes de una granada que impactaron en su cabeza. Capturado por los japoneses, y liberado tiempo después, debió afrontar la corte marcial. Aunque se probó que no había rendido la flota por haber estado inconsciente, Rozhestvensky consiguió sacar un último gesto de heroísmo, y se negó a excusarse de la responsabilidad que le cabía como superior al mando, pidiendo en vez de ello clemencia al Zar. Este se la concedió, y le conmutó la pena de muerte por un corto período de prisión. El pobre y esforzado Rozhestvensky, cuya última gran misión militar había terminado tan mal, falleció poco después, en 1909: había cumplido recientemente los 60 años.

jueves, 5 de junio de 2008

La fracasada expedición naval de Rozhestvensky.

Uno de los mayores fiascos en la historia militar del completo siglo XX, fue la expedición que emprendió el fiero Almirante ruso Zinovy Petrovitch Rozhestvensky para derrotar al Japón. La misión estaba condenada al fracaso desde el primer día, pero Rozhestvensky fue fiel a su deber hasta el último. Para desgracia de su memoria, esta misión no fue tanto una tragedia épica como una comedia negra, a lo menos la mayor parte de su derrotero hasta su (previsible) final.

A finales del siglo XIX, Rusia se había extendido por Siberia, y en 1869 había habilitado el puerto de Vladivostok, lista para saltar al dominio del Océano Pacífico. La idea era buena, pero la inepcia de los altos mandos de la corte zarista olvidó el pequeño detalle de que las instalaciones rusas en el Pacífico debían ser protegidas convenientemente con una escuadra de guerra, si es que querían crearse una esfera de influencia en la región. Además, los rusos despreciaban a los japoneses, la otra gran potencia en la región, por ser asiáticos, siguiendo el racismo común europeo del siglo XIX; el propio Zar Nicolás II compartía esta animosidad, desde que en una visita a Japón, un fanático había perpetrado un atentado en su contra, que le había dejado una fea cicatriz en el rostro.

Por eso, cuando en 1904 estallaron las hostilidades entre Rusia y Japón, por la hegemonía naval en el Océano Pacífico, los rusos estaban cualquier cosa, menos preparados. Rozhestvensky era Almirante, pero en la flota del Mar Báltico, y ésta era la única que tenía alguna oportunidad contra los modernos acorazados japoneses. Como el Canal de Suez estaba en manos británicas (y los británicos no iban a prestar dicho Canal para el paso no precisamente inocente de una escuadra enemiga), se le pedía a Rozhestvensky que navegara con su flota nada menos que 18.000 millas desde el Mar Báltico hacia el Atlántico, lo recorriera entero hasta el sur de Africa, y desde ahí torciera hacia el Océano Indico para enfilar a Japón. Todo esto, al mando de la mayor escuadra en la Historia Universal que se ha puesto en movimiento con calderas alimentadas por carbón... sin que hubiera una sola miserable base de suministros en todo el camino, por lo que el alto mando ruso debió concertar de emergencia una serie de reuniones en alta mar con barcos de abastecimientos de la compañía Hamburg-Amerika, para dotar a las naves del carbón sin el cual hubieran acabado convertidas en cacharros inútiles y a la deriva. Para colmo, para muchos de estos buques de clase Bodorino, era su viaje de pruebas. En cuanto a la clase Suvaroff, las condiciones eran peores; las ocurrencias y modificaciones tardías de los diseñadores rusos hicieron que estos buques fueran tan pesados, que el armamento secundario inferior no podía usarse en ningún tipo de mar. La situación en los Suvaroff fue tan crítica, que a los pocos días de marcha, Rozhestvensky les envió orden de que no enarbolaran ningún banderín o estandarte que no fuera esencial, para que el peso de éstos no desestabilizara las naves y las llevara a volcar...

Sobre la incompetencia de la tripulación y la corrupción de los superiores de Rozhestvensky cómodamente sentados en sus escritorios de la corte zarista hay tanto material, que quedará para un posteo posterior de Siglos Curiosos. Sólo digamos, por el momento, que con semejantes buques y falta de apoyo logístico, la expedición militar de Rozhestvensky estaba literalmente condenada al fracaso. Que fue, por último, su triste destino final, cuando por fin consiguieron llegar a aguas japonesas, sólo para ser hundidos por los frescos y superiores marinos y acorazados japoneses, que luchaban además en su propio territorio.

jueves, 15 de noviembre de 2007

John Rabe el héroe de Nanking.

Durante la salvaje ocupación de Nanking, en que 50.000 soldados japoneses masacraron a 300.000 civiles chinos en el año 1937, hubo héroes que se opusieron a la brutalidad del ejército japonés. Su labor desinteresada consiguió dar refugio a unos 250.000 chinos, en un área de un par de millas cuadradas. Estos héroes fueron la colonia de occidentales que por ese entonces vivían en Nanking, y que conformaban una veintena de personas, entre ellas misioneros, empresarios, médicos y profesores, sin distinción de nacionalidad, puesto que hubo estadounidenses de un país democrático, y alemanes procedentes de la dictadura nazi, trabajando de común acuerdo para impedir uno de los más salvajes holocaustos de todo el siglo XX.

Uno de ellos fue John Rabe, el "Oskar Schindler de Nanking" (1882-1949). Trabajaba para Siemens en China, y era el líder del Partido Nazi local. Fue él quien organizó la zona internacional de seguridad, usando para eso las embajadas, la Universidad de Nanking, y también las propiedades de las cuales era dueño. Asimismo, haciendo valer su calidad de prominente miembro nazi (Alemania y Japón ya eran aliados por ese entonces), se encaró con las autoridades japonesas, pidiéndoles que detuvieran la masacre, aunque sin resultados. Dejó un testimonio de primera mano, en un diario que llevó en aquellos tiempos, y que tiene unas 1.200 páginas.

Su destino posterior fue inmerecido. Regresó a Alemania en 1938 e intentó denunciar las atrocidades que había presenciado en Nanking. Pero la Gestapo lo detuvo, porque Japón y Alemania eran aliados, y por lo tanto, Rabe había ayudado a un país enemigo. Después de la Segunda Guerra Mundial no le fue mejor; rusos y británicos lo interrogaron, y John Rabe pidió ser desnazificado. Obtuvo lo que pedía, pero el juicio respectivo lo dejó en quiebra. Pero entonces, al enterarse de su apretadísima situación económica, los sobrevivientes de Nanking tuvieron un extraordinario gesto humanitario: organizaron la recolección de dinero y comida para su salvador, y le enviaron una pensión cada mes. Esto duró hasta que en 1949 los comunistas llegaron al poder. De todas maneras, Rabe ya no necesitó más ayuda: falleció un mes después, de un ataque al corazón. John Rabe, uno de los más grandes héroes humanitarios de todo el siglo XX, tenía 66 años.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Iris Chang contra la verdad oficial sobre Nanking.

La masacre de Nanking había sido uno de los episodios más oscuros de la Segunda Guerra Mundial. Hubiera quedado así quizás, de no ser por la paciente labor de la historiadora Iris Chang, quien arrojó nueva luz sobre el tema. Pero el precio a pagar por ello fue el más alto posible: la investigadora sobrevivió apenas por un tiempo a su propia investigación.

Iris Chang nació en Estados Unidos en el año 1968. Sus padres eran inmigrantes taiwaneses, y sus abuelos maternos escaparon por los pelos de la masacre de Nanking. De ahí su curiosidad por el tema, encontrándose con que de dicha masacre, no parecía haber registro alguno, en comparación por ejemplo con el genocidio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. De manera que, titulada como periodista, inició su propia investigación. Lo que encontró en el transcurso de ella, fue una serie de horrores que nada tienen que envidiarle a las atrocidades perpetradas por los asirios o los nazis. La propia Chang empezó a verse afectada por la investigación.

El libro fue publicado en 1997, y desató una tormenta. Porque los chinos querían normalizar sus relaciones con los japoneses, y los japoneses olvidar sus propios crímenes de guerra. Además, Iris Chang hace la sugestión de que Estados Unidos contribuyó a crear un manto de impunidad sobre estos crímenes de guerra, a cambio de la información que Japón pudiera proporcionar sobre sus experimentos realizados en el campo de la guerra bacteriológica, con prisioneros de guerra chinos precisamente. Numerosos nacionalistas japoneses agresivos se lanzaron contra el libro de Iris Chang, negando todos aquellos eventos. Particularmente críticas resultaron las sugestiones abiertas de Iris Chang, de que Japón debía pedir públicamente perdón por sus crímenes contra la Humanidad. Iris Chang se vio envuelta en una vorágine de supervivientes y verdades oficiales que la llevó lentamente a la depresión. El 09 de Noviembre de 2004, Iris Chang salió de su casa conduciendo su automóvil, y a poca distancia se pegó un tiro de pistola en la cabeza. Tenía 36 años, y fue llamada "la última víctima de Nanking".

jueves, 8 de noviembre de 2007

La Masacre de Nanking.

Cuando uno piensa en las atrocidades de las guerras desde una perspectiva histórica, uno tiende a recordar pueblos como los aztecas o los asirios. Y sin embargo, en el mundo moderno siguen haciéndolo bastante bien. Aparte de los horrores de los campos de concentración, uno de los más espantosos episodios del siglo XX se vivió en lo que suele llamarse la Masacre de Nanking, o también la Violación de Nanking (Rape of Nanking, en inglés). La historia es la siguiente.

El 13 de Diciembre de 1937, las tropas japonesas ingresaron en la ciudad de Nanking (actual Nanjing), en el curso de la invasión que el Imperio Japonés lanzó contra China antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante ocho semanas, 50.000 soldados japoneses masacraron a 300.000 civiles en la ciudad, con métodos de la peor brutalidad. Los niños eran lanzados al aire para que se ensartaran en las bayonetas. Algunas personas fueron enterradas en el suelo hasta la cintura, para después ser aplastadas por los tanques. Hubo prisioneros que fueron utilizados para que los soldados japoneses practicaran en ellos el uso de las bayonetas. Uno de los episodios más controvertidos (aunque hay quien pone en duda su historicidad) es un concurso organizado para determinar quién decapitaba primero a espada limpia a 100 prisioneros. Mujeres desde lactantes a abuelas, más de 80.000 en total, fueron sometidas a violaciones masivas; y les cortaban los senos, a la par que los hombres eran castrados. En el caso de las mujeres embarazadas, las desmembraban y arrancaban el feto; en algunos casos eran violadas después, y asesinadas a continuación, a bayonetazos. Los padres fueron forzados a violar a sus hijas, bajo amenaza de matar a otros miembros de la familia, y lo mismo los hijos a sus madres. Los monjes con voto de celibato fueron obligados a violar mujeres, tan solo para diversión de los japoneses. Algunos pocos "afortunados" consiguieron salvarse simulando estar muertos, algo más o menos simple entre las montañas de cadáveres.

Aunque había una gruesa colonia occidental en Nanking, al empezar los bombardeos casi todos ellos abandonaron la ciudad, excepto 22. Unidos en un improvisado Comité Internacional para la Zona de Seguridad de Nanking, la colonia occidental contribuyó a salvar las vidas de al menos 50.000 chinos que allí encontraron refugio (quizás fueron más, y hay estimaciones de hasta 250.000). Más remarcable aún, en un hito que los honra como seres humanos, es que no hubo distinción de ideologías: sacerdotes estadounidenses trabajaron mano a mano con altos jerarcas nazis en el objetivo mancomunado de combatir los horrores que se vivían en las calles de Nanking.

¿Por qué tanto ensañamiento contra la población china? La historiadora Iris Chang señala varias razones. Por un lado, apunta que Nanking habría sido un laboratorio en donde habrían preparado a los soldados japoneses para sentir odio contra los pueblos no japoneses, y así incrementar su brutalidad durante la guerra. También habría influido el trato brutal que los superiores del ejército japonés aplicaban a la tropa, y que permitieron a éstos hacer aflorar toda su rabia contenida durante años, en contra de víctimas civiles indefensas. Y también apunta al rol de la propaganda nacionalista: ésta afirmaba que los chinos eran inferiores a los japoneses, incluso subhumanos, que el destino manifiesto de Japón era controlar toda Asia, y que por lo tanto, los actos de brutalidad contra la población china estaban legitimados, porque después de todo, los chinos no eran seres humanos con los cuales hubiera una obligación moral de respeto.

Después de la guerra, el Tribunal de Tokio juzgó al general Iwane Matsui bajo el cargo de crímenes contra la Humanidad, por los hechos de la Masacre de Tokio. Fue condenado, y ahorcado en 1948. Sin embargo, revisando antiguos archivos, la historiadora Iris Chang ha destacado que Matsui estaba enfermo en aquellos días, y que probablemente fuera el Príncipe Asaka, de la Casa Imperial japonesa, quien estuviera a cargo, y por lo tanto fuera el responsable directo. Sin embargo Asaka sólo prestó testimonio ante el Tribunal, y nada más, y eso tan solo para negar los hechos; había un pacto previo entre Hirohito y Douglas McArthur, de que ningún miembro de la Familia Real iba a ser llevado a juicio. El precio de la impunidad, según Iris Chang: Japón debería entregar a Estados Unidos el resultado de todas sus investigaciones realizadas sobre la guerra biológica, efectuadas en prisioneros en los campos de concentración de China durante la guerra.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La isla que vivió durante cinco días.

Aunque la Tierra flota sobre un mosaico de placas tectónicas que se deslizan como cabareteras sobre un escenario, este movimiento es tan desesperantemente lento que se mide no por tiempos históricos sino geológicos. Por lo tanto, se puede afirmar que la geografía terrestre ha permanecido fundamentalmente invariable desde que se retiraron los glaciares y comenzó el Holoceno, hace unos diez o doce mil años atrás, y que durante todo ese tiempo la geografía terrestre ha permanecido más o menos igual. Por eso, la historia de la brevísima isla Myojin es peculiar. Porque esta isla surgió durante una erupción volcánica marina, sólo para hundirse cinco días después.

Existe un archipiélago llamado las "Islas Izu", al sur de la Península de Honshu, o sea, al sur de Tokio, en Japón. Resulta que estas islas son sumamente volcánicas porque están cerca de una confluencia de placas tectónicas; de hecho, la cadena de islas se detiene justo en el punto donde confluyen nada menos que tres placas tectónicas, creando una enorme zona de inestabilidad vulcánica.

El 18 de Septiembre de 1952, mientras navegaba por una zona de las Islas Izu conocida como las Rocas Bayonesas, el navío japonés Shikine Maru fue testigo de un evento impresionante. A las 09:20 horas, a unos 1500 metros de profundidad, empezó una violenta erupción volcánica submarina; por cierto, la existencia del Myōjin-shō, el volcán submarino en cuestión, era conocida desde al menos 1869. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando horas después, en el transcurso de la tarde del mismo día, la lava solidificada alcanzó la superficie, sin que el volcán dejara de tronar, al tiempo que nubes de azufre empezaron a esparcirse por la atmósfera. Una columna de vapor se abrió pasó así entre bolas de fuego, rayos y truenos.

Tras varios días escupiendo lava alegremente, y después de alcanzar más o menos los 10 metros por sobre el nivel del mar, la isla en cuestión terminó de hundirse en el transcurso del día 23 de Septiembre del mismo año. Sin embargo, no se marchó sin un acto final. Porque en la zona, y exactamente sobre la ubicación de la isla hundida, se instaló el Kaiyo Maru, una nave japonesa de investigación científica. El volcán decidió entonces, con un negro sentido del humor, lanzar su andanada final, y se tragó la nave. El saldo de la tragedia ascendió a 31 muertos, incluyendo a los nueve científicos destacados a bordo de la nave para investigar la erupción.

jueves, 30 de agosto de 2007

Los cangrejos de Heike.


Una de las curiosidades zoológicas del mundo son los cangrejos samurai, o cangrejos de Heike. Su nombre lo han obtenido porque los dibujos en su caparazón recuerdan el casco de un guerrero samurai. La ironía suprema es que estos diseños... son por obra y gracia del propio ser humano, en un proceso de selección no natural que ha durado casi un milenio completo...
La historia principia en 1185. El Mikado (Emperador) era Antoku, quien era un niño de siete años, y había sido coronado hacía siete años... cuando tenía un mes de vida, exactamente (por supuesto que no gobernaba Antoku personalmente). En los últimos decenios, la casta militar había prosperado grandemente, y ahora amenazaba la estabilidad del trono imperial; el resultado final había sido una dantesca guerra civil que tenía en vilo a todo Japón.
En una gran batalla naval, librada en Dan-no-ura (cerca del Estrecho de Shimonoseki), se decidió todo. El clan Taira, al que pertenecía el Emperador, sufrió la defección de uno de sus más importantes generales, que reveló al enemigo el clan Minamoto, cuál barco era el que portaba al Mikado Antoku. Aprovechando esta ventaja, los Minamoto obtuvieron una victoria tan contundente, que arrasaron con el clan Taira y se apoderaron del trono japonés, si bien no se atrevieron a gobernar ellos mismos como Mikado, y se conformaron con el título de shogunes, gobernando (nominalmente) en nombre del Mikado.
En cuanto a Antoku, la leyenda dice que murió ahogado por iniciativa de su abuela, quien prefirió sacrificarse ella misma y a su nieto, antes que caer en manos del enemigo. Sólo 43 mujeres, damas de honor de la corte, sobrevivieron a la matanza generalizada del clan Taira. Estas mujeres se radicaron en los alrededores de Shimonoseki. Con el tiempo, el santuario en el cual está el mausoleo de Antoku se volvió centro de un festival ceremonial, y creció la leyenda de que los espectros de los samurais muertos a su servicio rondaban todavía por las aguas del lugar.
Aquí es donde entran a tallar los cangrejos. Porque los pescadores, presa de escrúpulos supersticiosos, cada vez que pescaban un cangrejo cuya caparazón tuviera un dibujo que tuviera una vaga resemblanza con un samurai, lo dejaban ir. De manera que estos cangrejos, libres de su principal depredador, el ser humano, se reprodujeron a discreción, mientras que quienes carecían de tal fortuna, eran limpiamente devorados. Con el tiempo, todos los cangrejos de la zona heredaron esos dibujos, que son característicos del cangrejo Heike.
Una última nota: Heike es un nombre alternativo a "Taira", lo que explica la conexión entre el "Cangrejo de Heike" y el clan Taira, al que pertenecía el malogrado Mikado Antoku.

domingo, 26 de agosto de 2007

¿Qué es un ronin?

Básicamente, un ronin es un samurai sin amo. Se supone que el valor supremo de un samurai es la lealtad, y no se puede ser leal si no hay alguien a quien serlo. Por lo tanto, un samurai sin amo se quedaba sin alguien a quien depositar su lealtad. Peor aún: si el amo moría o caía política y militarmente, el samurai se deshonraba, porque no había excusas para el cumplimiento del deber, y el samurai que hubiera permitido eso era indigno no sólo de seguir siendo samurai, sino de la vida propia. De ahí que el Bushido, el código samurai, obligara al ronin, al samurai deshonrado por la muerte o caída de su amo, al suicidio.
Como suele suceder, las cosas no son tan simples como en el papel. Si bien muchos samurai que caían en la categoría de ronin seguían el código hasta el último y se hacían el sepukku (el suicidio ritual, mejor conocido como "hara kiri"), otros preferían vivir como guerreros errantes, contratándose para quienes no fueran nobles (villanos, templos, o bien gente adinerada). Después de la guerra civil de 1185, y las convulsiones intestinas que azotaron a Japón hasta la imposición del Shogunato Tokugawa en 1603, la incertidumbre social y el clima militar abrió un amplio campo para estos guerreros desempleados que quisieran conservar la vida en vez de suicidarse. De manera que un ronin podía contratarse como yojimbo (guardaespaldas o mercenarios) y seguir peleando.
Los nobles, por su parte, disgustados ante estos samurais que se negaban a suicidarse, y que en el fondo seguían siendo un estorbo, puesto que ahora se volvían en su contra para defender a las víctimas de sus exacciones, propagaron la negra ideología por la cual el ronin era un deshonrado, por ser un descastado fuera de toda clase social. A esto, los ronin respondieron convirtiendo su profesión en emblema de la libertad romántica. Hasta el día de hoy en Japón, la figura del ronin como espíritu amante de la libertad tiene una importancia comparable en Occidente sólo a la romántica figura del guerrero germano que lucha siempre por su libertad.
Durante el Shogunato Tokugawa (1603-1867), los shogunes quebraron el poder de los daimyos, los nobles guerreros, de manera que el número de ronin creció espectacularmente. Como eran un problema para los shogunes, así como antes para los señores feudales, la ridiculización contra ellos prosiguió, y mucho de la literatura de la época los usa como tipos cómicos o ridículos. Durante la Era Meiji (1868-1912), los samurais fueron finalmente abolidos, y con eso, se secó la principal fuente de abastecimiento para los ronin, por lo que éstos salieron de la historia para entrar en la leyenda.

jueves, 23 de agosto de 2007

¿Qué es un monogatari?

Un monogatari es simplemente una novela clásica y tradicional japonesa. Claro que, por razones históricas, el monogatari tiene algunas grandes diferencias con la novelística occidental, algo explicable si se considera que se desarrollaron sin contacto una con otra, y en medio de contextos culturales diferentes.
El monogatari aparece en Japón más o menos durante el siglo X, lo que cronológicamente coincide, de manera quizás no casual, con las primeras grietas que resquebrajaron el poderío imperial, al final del Período Heian (el período de esplendor empieza en 794, con el traslado de la capital a Nara, y culmina con la gran guerra civil de 1185). Como ha sucedido en otras culturas, contextos y lugares, la literatura japonesa se había desarrollado predominantemente en clave poética, y la prosa había aparecido de manera algo tardía. Pero cuando lo hizo, fue a lo grande: algunas crónicas mencionan hasta unos treinta monogatari en el siglo X, aunque sólo se conserven actualmente dos (por afán completista mencionemos sus títulos: "Ochikubo Monogatari" y "Utsuho Monogatari").
"Monogatari" significa en japonés simplemente "relato" o "historia" (más literalmente, "aquello que se declara" o "aquello que se cuenta"). Por ejemplo el Genji Monogatari, el más famoso de su género, significa simplemente "La historia del genji" (genji es genéricamente un descendiente de emperador, privado de las prerrogativas imperiales). Formalmente son relatos en prosa, muchas veces con un argumento conductor débil, en el cual se van engarzando diversas anécdotas, un poco como los novelones o folletines del siglo XIX, con los cuales comparten más de un punto en común, puesto que su pretensión básica, más que reflexionar o construir "alta literatura", es simplemente divertir a la audiencia, apelando a los recursos clásicos de toda la vida: lo maravilloso y lo mágico, las coincidencias milagrosas, lo truculento, etcétera. En algunos casos, los universos narrados suelen ser larguísimos, abarcando ya no años completos, sino décadas (lo dicho, son novelones), y algunas de sus tramas llevan bien lejos del argumento principal.
Terminemos diciendo que un rasgo característico de muchos monogatari es la inclusión exacerbada de poemas, en particular con el formato del waka (muy prestigioso en la época, más o menos como el soneto en la España del Siglo de Oro), lo que se debe a un intento por los escritores masculinos por prestigiar sus obras, ya que el monogatari nació como un matarratos de escritoras mujeres, y por ende, era considerado como una forma literaria poco prestigiosa, e incluso banal. Resulta irónico que en la actualidad se aprecien mucho más la soltura y espontaneidad de los monogatari, que mucha de la literatura artificiosa que solían escribir los escritores varones... Tanto, que varios mangas y animés utilizan la expresión "monogatari" en su título, para resaltar su carácter épico.

domingo, 19 de agosto de 2007

Las mujeres literatas de Heian.


Una queja generalizada entre los defensores de los derechos de la mujer, es el escaso papel que se les otorga en la mayor parte de las crónicas históricas, a las que acusan de ser androcéntricas (centradas en el macho humano), y despreciando el rol de las mujeres. A despecho de cuánto haya de realidad y cuánto de victimización en esto, bien podemos decir que en Literatura hay muchas mujeres que han conseguido destacarse. Sin embargo, para encontrar una nube de escritoras mujeres de categoría, en vez de figuras aisladas, quizás haya que volverse a una de las sociedades más conservadoras y tradicionalistas conocidas: el Japón. Y para colmo, no al Japón moderno, sino al Japón de la Era Heian, la época cultural más brillante de toda la historia japonesa...
A pesar de que sus mitos nacionales hacen remontar el origen de la civilización japonesa nada menos que a la diosa Amaterasu, en realidad las bases de ésta parecen haber tenido una procedencia más prosaica, ya que en los siglos precedentes, el Japón había sido civilizado desde China por los monjes budistas, y por lo tanto, la élite cultural japonesa tenía a bien escribir y filosofar en chino, despreciando el japonés como un idioma rudo y estéril.
En la época, las mujeres de palacio vivían recluidas en gineceos especialmente construidos para ellas, e incluso las emperatrices no eran sino dóciles marionetas en manos de sus parientes masculinos. Las mujeres no podían elegir a su marido, y debían aceptar la poligamia (aunque, por otra parte, podían heredar, tener propiedades, y recibir cierta educación). Por la condición social inferior de la mujer, ningún varón letrado perdía el tiempo enseñándoles las lindezas y filigranas del chino, idioma oficial de la filosofía y la "buena literatura" en el Japón de la época. Abandonadas culturalmente a su suerte, estas mujeres empezaron a escribir no en chino sino en japonés, como divertimento o matarratos, sin otra técnica literaria que la inventada por ellas mismas en el camino, y a cambio con un sentimiento y espontaneidad que los eruditos escribientes en chino no eran capaces de emular, asfixiados por el peso de una tradición cultural china que les caía impuesta y como un producto acabado desde el exterior.
A la larga, sucedió por eso mismo que las mujeres de la corte de Heian fundaron el grueso de la tradición literaria nacional japonesa, y sus inocentes obritas destinadas a pasar el rato entre ellas se transformaron en las más antiguas joyas literarias conservadas en el idioma japonés, y aquellas que permitieron alcanzar a dicho idioma un estatus y rango de lengua apta para la literatura. Sólo en el campo de la poesía, los varones se dignaron a hacer algunos aportes, pero en el campo de la narrativa japonesa, las mujeres Heian son sin duda las campeonas absolutas... aunque sea por deserción del rival masculino.

jueves, 16 de agosto de 2007

El Edgar Allan Poe japonés.

Que un escritor o poeta decida utilizar el nombre de otro como seudónimo, a manera de homenaje, es un fenómeno de cierta frecuencia. En Chile tenemos el caso de Pablo Neruda, seudónimo de Neftalí Reyes Basoaldo, que homenajea al poeta checo Jan Neruda, y el de Gabriela Mistral, seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, que homenajea al poeta francés Fréderic Mistral. Sin embargo, el caso más curioso es probablemente el de Edgar Allan Poe, homenajeado de esta manera... ¡En Japón!
El individuo en cuestión se llamaba Taro Hirai, pero tomó el nombre de Edogawa Rampo como homenaje a Edgar Allan Poe (como pueden ver, "Edogawa Rampo" suena fonéticamente similar, pero japonizado). Nació en 1894, y estuvo activo especialmente durante la primera mitad del siglo XX. Su primera obra fue publicada en 1923, y no por casualidad, en una revista japonesa especializada en publicar relatos policiales, de Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle y Gilbert Keith Chesterton entre otros. A partir de ahí desarrolló una carrera literaria dentro del terreno policial, poniendo como protagónico de varias historias al detective Kogoro Akeshi, cuya primera aparición fue en 1925, y que intervino en varios otros relatos durante un cuarto de siglo. El personaje está fuertemente inspirado en Sherlock Holmes, y es considerado como el pionero del relato policial japonés; sin embargo, detalle éste muy japonés, aparte de ser maestro del disfraz como Holmes, es experto en judo.
Aunque influido por Edgar Allan Poe, Edogawa Rampo dejó también una fuerte estela posterior. Quizás la más visible sea el caso del manga y animé "Detective Conan: Caso cerrado". El nombre del protagonista en japonés es Conan Edogawa, como homenaje precisamente a Arthur Conan Doyle y Edogawa Rampo. Asimismo, la estructura y feeling de los relatos tienen bastante similtud con el estilo de Edogawa Rampo.

domingo, 2 de abril de 2006

La dinastía más antigua del mundo.

Hasta donde se sabe, la dinastía más antigua del mundo todavía en funciones, es la de Japón. Los Emperadores de Japón han regido ininterrumpidamente al archipiélago nipón desde las tinieblas de la historia, al menos desde el siglo VII d.C., sino antes.

Tómese nota de que escribimos "regido" y no "gobernado", porque a lo largo de todo ese descomunal tiempo, no siempre los Emperadores han mandado en Japón. En los primeros siglos eran los amos supremos, pero después de una descomunal rebelión en el año 1159, que terminó en guerra civil, el poder fue suplantado por los shogunes. Ahora bien, los shogunes, a sabiendas de que eran usurpadores, tomaron por costumbre gobernar no en nombre propio, sino en el del Emperador (nominalmente, claro, porque la mayor parte de las veces, maldita sea si le hacían algún caso, como no fuera para asuntos de protocolo y ceremonial). Este estado de cosas duró por siglos, hasta que en 1868, el Emperador Mutsuhito, enfrentado a la incompetencia de los por entonces gobernantes shogunes Tokugawa, los derrocó y asumió el mando supremo. Este nuevo período de esplendor duró hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Emperador Hirohito no tuvo más remedio que permitir una constitución democrática de corte occidental, y quedarse recluido en su condición de símbolo supremo nacional japonés...

A propósito, el uso de la palabra "Emperador" para definir al señor supremo japonés, es inexacto, ya que la fuente de legitimación del poder de éste no arranca de reclamar la herencia de los Emperadores romanos, como es el caso de los emperadores franceses, alemanes, bizantinos, rusos, y otros más. El término correcto para referirse al trono japonés es "Mikado". Claro que por costumbre, todos prefieren usar el otro, que suena más imponente a los oídos occidentales.

jueves, 9 de marzo de 2006

Así miraban los rusos a los japoneses.


Que los buenos informes por parte de los servicios de espionaje son esenciales para triunfar sobre los enemigos de la Patria, nadie lo pone en duda. Pero la contraparte, el daño que hacen los informes inexactos, es algo sobre lo que no se insiste mucho, en parte porque ningún servicio de inteligencia está dispuesto a ventilar sus propios errores.

Uno de los peores patinazos en ese sentido lo constituye la inteligencia del Estado Mayor ruso en la época de Nicolás II, frente a los japoneses. Los agregados militares rusos en Tokio enviaban informes como el siguiente:

"El ejército japonés dista mucho de haber salido del estado de desorganización que forzosamente ha de atravesar todo ejército. Han de transcurrir muchos años y tal vez siglos hasta que el ejército japonés asimile las bases morales sobre las que descansa la organización de todo ejército europeo".

Este comentario que el coronel Wannowski escribía en 1900, fue confirmado por él mismo al año siguiente, después de contemplar algunas maniobras militares japonesas:

"La escasa movilidad de las baterías se acerca algunas veces a lo cómico. El mando es débil y carece de toda iniciativa. Contra tal ejército, un destacamento de caballería provisto de artillería, procediendo con alguna resolución y rapidez, alcanzaría un éxito decisivo".

Sin embargo en 1904 (es decir, bastante antes que los "muchos años y tal vez siglos" profetizados por Wannowski) los japoneses lanzaron una ofensiva en toda regla sobre Rusia. La escuadra rusa fue hundida, los japoneses pusieron sitio a Port Arthur, se apoderaron por el tratado subsiguiente de este valiosísimo enclave militar y naval, impusieron un protectorado sobre Corea... y la humillante derrota a manos de un mando que "es débil y carece de toda iniciativa" gatilló nada menos que la Revolución de 1905, ya dentro de la propia Rusia Zarista...

La imagen que ilustra este posteo, es una caricatura yanki sobre lo que en ese minuto parecían condiciones exhorbitantes de paz por parte de los "japis"... pero que los rusos tuvieron que aceptar, no en balde habían sido batidos en toda regla.

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