
Las primeras normas antisísmicas en Japón datan de 1919, y la nación nipona ha invertido ingentes recursos en sistemas de detección de terremotos. Aún así, Kobe era considerada como segura porque estaba a unos 200 kilómetros del borde de placa continental más cercano (es en dichos bordes, donde las placas friccionan unas con otras, donde se sitúan los epicentros de los terremotos). El último gran terremoto se había vivido en 1595, y no habían movimientos sísmicos de importancia desde hacía unos 40 años. Sin embargo, otro cuento eran los tifones, que suelen azotar con regularidad periódica a la ciudad, a razón de unos tres por año. Aún así, Kobe tenía 160 kilómetros construidos de autopistas en altura, además del puerto artificial más grande de todo Japón.
En la madrugada del 17 de Enero de 1995, se detectaron cuatro temblores en menos de cinco horas. Bajo el canal de Hacachi, frente a Kobe, había una falla geológica desconocida, y dicha falla fue activada. Para colmo, la ciudad había sido reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial, para soportar tifones y no terremotos. Esto significaba que casi todas las edificaciones eran de maderas flexibles... y pesados techos de tejas, que como es de comprender, se desplomaron sin problemas. La mayor parte de las víctimas, y no por casualidad, murieron por aplastamiento, y eran personas mayores de 60 años de edad: los desvalidos que no pudieron arrancar en dichas horas de la madrugada de sus casas viniéndose abajo... Las casas precarias de estudiantes y trabajadores ilegales, por su parte, también ardieron, cobrándose su propia cuota de muertos. El gobierno no tenía planes de contingencia para responder a un terremoto en Kobe (fenómeno que, repetimos, se consideraba imposible), y tardó cerca de 48 horas en enviar brigadas de ayuda. Eso sí, aunque el caos reinaba, no hubo saqueos ni violencia: la población estaba demasiado traumatizada para reaccionar (se incrementaron enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, tales como trastornos estomacales y problemas cardíacos, y a las pocas semanas, el gobierno abrió un centro de estudios sobre estrés postraumático).
El gobierno japonés se aplicó a la tarea de rediseñar sus planes de emergencia. Se creó un nuevo Plan Nacional de Desastres, se potenció las redes de ayuda ciudadana para casos de emergencia, se crearon protocolos para que el gobierno pudiera responder, y se mejoraron las normas relativas a sismos y terremotos. En general, puede decirse que los planes resultaron exitosos. El 26 de Febrero, Japón debió afrontar un nuevo terremoto, en las temibles Islas Ryukyu, sin mayores consecuencias: de hecho, nadie murió a consecuencias del terremoto, a pesar de que su magnitud alcanzó los 7,0 grados en la Escala Richter.
5 comentarios:
No había visto nunca la fotografía. Es impresionante. Un saludo.
No me acordaba de esto, pero una vez leído sí.
Entiendo que el de Kobe fue un terremoto superficial y éstos son particularmente dañinos en grandes concentraciones población, pues ocurren por encima de la roca madre y por ende, es como si alguien lo suficientemente fuerte estuviera moviendo los mismos cimientos de las construcciones. En Chile dichos sismos causan poco daño porque acontecen en la precordillera, y además -ésta es una característica general de ellos- no se expanden.
A DESDELATERRAZA-VIAJARALAHISTORIA: Sí, la foto ésa como que da un poco de susto. La miro y se me erizan los pelos. Saludos igualmente.
A NEGREVERNIS: Ahora, con el chiste 9.1 en Japón, hemos tenido todo el tiempo del mundo de acordarnos. O no, con la crisis nuclear en que están metidos los japoneses...
A GALO NOMEZ: De terror. Aunque ahora el tema Japón-Chile está de moda con eso de querer instalar un reactor nuclear en Chile y todo eso...
Yo naci el 17 de enero en la madrugada en mexico
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