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jueves, 12 de abril de 2012

Páguese en latín.


¡Qué felicidad, tener que trabajar y trabajar, y al final, como recompensa por los servicios prestados, recibir una cantidad de dinero! Si ésta es acorde al sacrificio, tanto mejor. Después de todo, trabajar es algo tan malo, que tienen que pagarte para que lo hagas. Acá en Siglos Curiosos, echamos un breve repaso a la etimología de varias palabras relacionadas con el pago por los trabajos o servicios.

-- EMOLUMENTO. Aquí el origen es un poco oscuro. La raíz latina original es "molere", que es la misma de nuestro castellano "moler". El emolumento deriva, en efecto, de la costumbre de pagar con especies, en particular con harina, según las circunstancias.

-- ESTIPENDIO. Esta palabra es algo complicada. La raíz latina "stip" significa precisamente pagar, mientras que "pendo" es la primera persona de "pesar" o "considerar" (yo peso, yo considero). Si recordamos que antiguamente las monedas valían literalmente por su metal o aleación, y su peso, y que por lo tanto los cambistas siempre trabajaban con balanza, podemos entender mejor la idea de por qué debía pesarse el pago de cualquier cosa.

-- HONORARIO. En términos legales, el honorario no es estrictamente una remuneración, ya que no se entrega por trabajo asalariado sino por servicios independientes. Por supuesto que esto le da categoría a la persona que trabaja, por lo que en el fondo, pagarle es hacerle honor: de ahí a "honorario" hay sólo un paso.

-- PAGO. Aunque un salario no es lo único que se paga, a nadie le hará mal saber el origen de la palabra, así es que incluyámosla. Viene del latín "pacare", que significa "pacificar" ("pac" tiene la misma raíz que "pax", o sea, "paz" en castellano). Ni qué hablar acerca de por qué.

-- REMUNERACIÓN. Esta es de etimología sencilla. En latín, la raíz "munus" significa algo que se da. La conexión aquí es obvia.

-- SALARIO. Uno de los bienes más preciados en la Antigüedad era la sal. "Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la podrá salar?", dice el Evangelio. Después de todo, la sal no sólo le da sabor a las comidas, sino que además era un medio de conservar los alimentos en tiempos anteriores al frigorífico. Nada de raro entonces que en la Antigua Roma, en algunos casos, se pagaran los servicios con sal: esto era el salario. Como dato de trivia, una de las más importantes vías romanas era justamente la llamada Via Salaria. Adivinen ustedes qué mercadería circulaba por ella.

-- SUELDO. Otra palabra que deriva del medio de pago. En este caso se trata del solidus, una moneda introducida en fecha ya bastante tardía, a inicios del siglo IV, por el Emperador Diocleciano, como parte de su hercúlea reforma económica para sanear las finanzas imperiales. Como su nombre lo indica, el solidus pretendía ser una moneda sólida, en reemplazo del áureo, la gran moneda de oro romana clásica, que ya para esas fechas estaba terriblemente devaluada por las crisis económicas, políticas y sociales del siglo anterior. Y como los pagos se empezaron a hacer en sólidos, pues...

domingo, 5 de febrero de 2012

Palabras mentales.

Ya nos hemos topado antes en este buen blog Siglos Curiosos con palabras y raíces que vienen desde el indoeuropeo. Y por lo tanto, son tan antiguas que han evolucionado y se han ramificado hasta lo indecible en nuestro idioma y varios otros. Acá va una pequeña nueva selección relacionada con la raíz "men", que significa más o menos "pensar" (siendo más exactos, lo que ayudará a explicar un par de cosas de este posteo, implica también la idea de "voluntad" o "conciencia de sí mismo", o ambas). El derivado más obvio en castellano es... ¡"mente"! Por lo tanto, bienvenidos al que probablemente va a ser el posteo más "mental" de toda la historia de Siglos Curiosos.

-- AUTÓMATA. Para empezar, un término griego. La palabra original griega ("αὐτόματος") es un compuesto, ya que la raíz "auto" ("αὐτός") significa "por sí mismo". Un autómata, por lo tanto, es algo que tiene mente o que piensa por sí mismo. Etimológicamente, al menos. Ya sabemos que comúnmente se llama "autómata" al ingenio que se mueve por sí mismo, no al que piensa por sí mismo, pero lo segundo es obviamente una derivación de lo primero. Después de todo, para el no enterado del mecanismo, un artilugio que se mueve por sí mismo podría parecer que tiene mente propia o algo así (al menos en tiempos más antiguos e ingenuos).

-- DEMENCIA. A la luz de lo expuesto, el significado debería ser obvio, considerando que el prefijo "de-" viene a significar privado de algo. En este caso, privado de la mente.

-- MANTRA. ¡La adición sánscrita por completo sorpresiva al listado! Recordemos que el sánscrito, el idioma sagrado de la India, es también una lengua indoeuropea. Un mantra es por supuesto una fórmula ritual. Irónicamente, hoy en día se la utiliza incluso con un dejo de burla, sobre las frases que se repiten sin pensar, cuando la palabra sánscrita original es "manyate", que significa justamente alguien que piensa...

-- MENTIR. Esta palabra ha seguido una etimología más o menos convulsionada, y la raíz latina inicial parecía ser "mentior", que en su origen tenía un significado algo diverso, el de ser inventivo o el de tener segundos pensamientos. Redunda explicar cómo se pasó de uno al otro.

-- TESTAMENTO. La etimología de esta palabra pareciera derivar de un compuesto latino, cuyo significado sale casi obvio si mencionamos que "testis" es de donde derivan nuestras palabras castellanas "testigo" y "atestiguar". Por lo tanto, un testamento sería, en lo etimológico, lo que atestigua los pensamientos de una persona (no diré el escrito mismo por aquello de los testamentos orales, pero la idea sigue siendo la misma).

Y he dejado para el último la que quizás es la más conflictiva de todas, tanto por venir en otro idioma, como por no estarse al cien por ciento seguro de si en realidad deriva desde ahí, por no hablar del profundo disvalor que expresa para la gente actual, si lo tomamos en sentido masculino en vez de como genérico para la especie humana. La palabra inglesa "man" y la alemana "mann" comparten un origen común con la palabra sánscrita "manu", y significan "hombre". Ahora bien, hay quien sostiene que estas palabras también derivarían del original indoeuropeo "men", en el sentido de que el hombre es la criatura que piensa...

jueves, 10 de febrero de 2011

Ministerio y magisterio.


He aquí dos palabras que suenan parecidas entre sí, pero cuyos sentidos son inesperadamente antagónicos: ministerio y magisterio. Ambas tienen la misma terminación, y eso no es casualidad, porque comparten la misma raíz etimológica. La terminación en ambas es "terio", que viene de "ter", que a su vez significa "tercero". Veamos.

"Ministerio" y "ministro" vienen del latín "minis ter". Todos sabemos lo que es un ministro de Estado, por ejemplo. Y sin embargo, a pesar de ser su acepción popular, el Diccionario de la RAE recoge otra acepción más amplia, que en buena medida engloba la primera: "Cargo, empleo, oficio u ocupación". Y existe aún otra acepción, todavía más rara, y que debe ser un cultismo: "Uso o destino que tiene algo". En la Iglesia Católica por su parte se habla de ministerio para referirse a la labor de los sacerdotes. Porque "minis ter", ya lo habrán adivinado, significa literalmente "menos que un tercero". O sea, el ministro es una persona que no obra para sí misma, sino en interés de otra persona, o sea, es un sirviente. Así, el ministro episcopaliano sirve a la Iglesia, y el ministro de Estado sirve al Estado (aunque a veces, a según qué país, como que entrara la duda, pero en fin, la raíz etimológica está ahí, y a eso nos atenemos). Ahora, si usted invierte los términos obtiene precisamente eso, o sea, "término" ("ter minis"). Y en efecto, las fronteras de algo, el término, es allí donde acaba lo nuestro y comienza lo de un tercero, así es que todo encaja...

Por simple lógica, el lector ya habrá adivinado que "magisterio" y "magíster" vienen a significar lo opuesto, y no se equivoca. Porque estas palabras derivan del latín "magis ter", o sea, "más que un tercero". ¿Y cómo se puede ser más que un tercero? En el castellano se ha perdido el sentido original de la palabra, pero en inglés se ha conservado en la palabra "master": el AMO. A cambio, tanto el inglés como el castellano han conservado el sentido de autoridad moral o intelectual de la palabra magíster. Así tenemos el magíster como grado académico, e incluso el simple maestro como sinónimo de profesor. También relacionada está la palabra "magistrado", que se le aplica por regla general a los jueces, y a los que ningún guapo les va a discutir autoridad.

Más nebuloso me resulta, y lo confieso abiertamente por si algún lector conoce la respuesta, una curiosa definición de "magisterio" según la Real Academia Española: "En la química antigua, materia que se posa en las reacciones químicas, precipitado". Un precipitado en Química es una substancia sólida que se forma en una reacción química, usualmente en el seno de un líquido, bien sea porque no hay suficiente solvente para disolver el soluto, bien sea porque se genera en la misma reacción y es insoluble en sí. Dicho precipitado flota, se mantiene en suspensión, o bien se hunde, a según su densidad relativa respecto del líquido que lo contiene. Pero de qué manera ese inoportuno tercero puede ser más que el resto de la solución, para merecer el nombre de "magisterio", es algo que se me escapa.

domingo, 6 de junio de 2010

La buena suerte de algunos idiomas.

La historia de los idiomas va estrechamente vinculada a las circunstancias políticas y demográficas que los hacen aceptables o deseables para sus súbditos o no. Las conquistas militares y la penetración cultural a veces conducen a que de un racimo de idiomas de un mismo tronco, algunos terminen en la semioscuridad, o peor aún, acaben extintos, mientras que otros florezcan hasta transformarse literalmente en lenguas planetarias.

Es el caso por ejemplo del inglés sobre el alemán. Siendo ambas lenguas germánicas (aunque el inglés presenta una fuerte infusión de francés, producto de la conquista normanda del año 1066), el alemán no era más que un conjunto de dialectos sin mucha personalidad hasta el esplendor literario iniciado por la traducción al alemán de la Biblia por Martín Lutero. Y aún así, recién a finales del siglo XIX alcanzó una relativa estandarización. El inglés, mientras tanto, impulsado por las conquistas del Imperio Británico primero, y por la hegemonía de Estados Unidos después, acabó transformándose en el idioma mundial por excelencia del siglo XX.

Con las llamadas "lenguas itálicas" pasó algo similar. Una rama de éstas, conformada por el osco y el umbro y una serie de dialectos menores como el sabino, el ecuo, el vestino, acabaron sus carreras cuando la expansión de la República Romana sepultó bajo su peso a los hablantes de dichos idiomas, hasta el punto que los nombres y la existencia misma de tales idiomas son más carne de ratón de biblioteca que dominio público (¿cuántos de ustedes habían oído sobre ellos, antes de leerlo acá en Siglos Curiosos?). Pero otro de sus idiomas hermanos, el Latín, a lomos de esa misma República Romana, devenida después en Imperio Romano, progresó hasta transformarse en una poderosa lengua literaria, en la lingua franca de la ciencia hasta el siglo XVIII, en el idioma oficial de la Iglesia Católica hasta el día de hoy, y cuando se extinguió en el habla popular, dio origen a una tonelada de lenguajes distintos, dos de los cuales (el francés y el español) son reconocidos como idiomas oficiales por la ONU.

E incluso un ejemplo muy cercano a Siglos Curiosos: el idioma castellano. Si bien el castellano inicialmente no era más que el dialecto hablado en la región española de Castilla (así como el gallego lo es de Galicia, el catalán de Cataluña y el portugués de Portugal), el hecho de que la Corona de Castilla le conquistara todo el Nuevo Mundo desde el Río Grande hasta la Patagonia le aseguró una superioridad tan aplastante sobre sus hermanos, que mientras ellos sobreviven encajonados en sus respectivos territorios natales, el castellano se ha transformado prácticamente en el "español" por antonomasia, aunque si fuera por prurito geográfico, bien deberíamos decir que "españoles" son también el catalán y el gallego...

domingo, 30 de mayo de 2010

Una palabra blanca.


Este es otro de esos posteos a que nos hemos habituado en Siglos Curiosos, en que rastreamos las ramificaciones de una misma raíz, y su distinta evolución a lo largo de los tiempos. En este caso le toca a la palabra "albus", que en latín significa "blanco" (y que se conserva en castellano craso como "albo"). Y sí, si castellanizáramos el nombre de pila del personaje de Harry Potter, sería Blanco Dumbledore...

-- ALBA. Aunque la palabra más recurrente es "amanecer", el transformarse el negro (o azul oscuro) de la noche en el blanco (o celeste) del día ha creado esta asociación. Por cierto, aunque sea pedante, quizás no sea fuera de lugar mencionar que Homero no pensaba en el blanco respecto del amanecer, cuando escribe "la aurora de rosados dedos"...

-- ALBEDO. El albedo es el porcentaje de luz que refleja un objeto. El concepto tiene importancia en Astronomía, para determinar la cantidad de luz que refleja un cuerpo celeste. Mientras más alto el albedo, más claro se verá el cuerpo porque más luz reflejará, que será captada con mayor facilidad por el ojo o la cámara, a según. Por ejemplo, el albedo de la Tierra está en un rango entre 0,35 y 0,4. Esto quiere decir que la superficie de la Tierra refleja aproximadamente entre el 35% y el 40% de la luz que recibe desde el exterior.

-- ALBINISMO. Esta es fácil. Un albino es una persona que, por un defecto genético, tiene una piel incapaz de fabricar melanina, el pigmento que le da la coloración oscura a la misma. La asociación es bastante evidente.

-- ÁLBUM. La palabra "álbum" ha encontrado numerosas ramificaciones hoy en día, que van desde los álbumes de música hasta los libros llenos de laminitas coleccionables con los cuales las editoriales toman por asalto los bolsillos paternos vía el capricho de los niños. Y sin embargo, también hay una conexión con el blanco. En la Antigua Roma, los pretores (magistrados encargados de las labores judiciales) publicaban sus decretos para que cualquiera los pudiera leer (cualquiera que fuera alfabeto, se entiende). Y esta publicación se hacía en unas tablas que se blanqueaban para que su texto fuera más visible. La palabra fue recuperada en la temprana Modernidad, para llamar a los libros que se publicaban con las páginas en blanco (antepasados remotos de los actuales cuadernos). Y de ahí al álbum fotográfico del siglo XIX, no había demasiada distancia...

-- ALBÚMINA. La albúmina es un tipo o clase de proteínas, que son moderadamente solubles, y además son capaces de coagulación. A pesar de que las albúminas están presentes por ejemplo en el plasma sanguíneo de las personas, la conexión está en otra parte: la albúmina es también el componente individual más importante del albumen. Y ésta no es otra cosa sino la vieja y conocida clara de huevo, blanca en relación al amarillo de la yema, en particular si el huevo está cocido o frito...

Irónicamente, a pesar de haber tantas palabras castellanas que derivan del Latín que significa "blanco", la palabra misma "blanco" no viene del Latín sino de la antigua raíz germánica "blank". Aunque tanto los idiomas germánicos como los latinos con indoeuropeos, así es que todo al final queda en familia... lingüística, en este caso.

domingo, 21 de febrero de 2010

La F sobrevive contra la H.


Los idiomas no son estáticos ni fijos. Estos cambian y evolucionan con el paso del tiempo. No sólo adquieren o pierden peculiaridades gramaticales, o enriquecen o empobrecen su vocabulario, sino que además, las propias palabras se transforman a según cómo las vaya pronunciando la gente. ¿Quién podría decir que en un futuro, la palabra "tillible" que utilizan hoy en día los "cumas" o "flaites" (patipelados sin educación ni modales) chilenos no terminará por reemplazar al castizo y ortodoxo "terrible", por ejemplo, en Chile al menos? Uno de estos casos es la evolución de muchas palabras que en Latín eran con F, y en el castellano han pasado a ser con H muda (no todas, claro, o si no la F habría desaparecido de nuestro abecedario). Sin embargo, mientras que en algunos casos esta victoria de la H ha sido aplastante, como en el caso de "hacer" ("facer" hoy día suena a los tiempos del Quijote), o en palabras tales como "heno" (del latín "fenum"), harina (del latín "farina"), o hedor (del latín "foetor"), en otros casos la F siguió sobreviviendo contra fierro y fueg... perdón, contra hierro y fuego. Veamos.

-- HAMBRE. La palabra latina original es "famen". Y sin embargo, aunque la H se impuso en "hambre" y "hambruna", la palabra "hambriento" no es tan dramática como "famélico"... que sí conserva la F inicial.

-- HASTÍO. Este es un caso de virtual empate. Porque aunque la H tiene presencia aquí, su palabra original con F ("fastidio") sigue teniendo presencia en nuestro idioma, aunque con sentidos relacionados pero un tanto distintos.

-- HAZ. He aquí un caso curioso. Porque dependiendo del sentido, viene de dos palabras distintas... ambas con F. Eso es matar dos pájaros de un tiro. Cuando se refiere a un haz de plantas o un haz de luz, deriva de la palabra latina "fascies" (exacto, el mismo origen de "Fascismo"... pero eso es otra historia). Y cuando se trata del anverso de algo (el rostro o cara, podríamos decir, aunque este uso es mucho menos frecuente, casi un cultismo), viene de "facies", que significa rostro en latín.

-- HIERRO. La palabra original latina es "ferrum". Pero la F se ha defendido como gato de espaldas, porque aunque sea un tanto arcaica, todavía se puede usar la forma "fierro". Y si en el sustantivo la batalla es reñida, en los adjetivos "férrico" y "ferroso" la F ha sido una superviviente nata. Y también en las palabras "ferroviario" y "ferrocarril"...

-- HILO. Aquí no se puede hablar de victoria, sino de un incómodo empate, porque la palabra nueva ("hilo") ha suplantado a la antigua en todo lo que se refiere a los asuntos textiles, y también para referirse al esquema conductor de un discurso (el famoso "hilo argumental", vamos). Pero en otro sentido muy relacionado (piénsenlo bien), el de un ángulo aguzado o de línea divisoria, "filo" sigue tan campante por sus fueros. Incluso en Taxonomía, otra disciplina un tanto arcaísta, "filo" o "filum" es uno de los niveles de organización de las especies. Los seres humanos, por ejemplo, pertenecemos al filo o filum de los cordados (los vertebrados son un subfilo de los cordados... aunque justo es decirlo, el más bullangueramente numeroso de ellos).

-- HOGAR y HOGUERA. En este caso tenemos una clara bifurcación idiomática. Porque en ambas palabras vemos un triunfo indiscutible de la H. Pero por otra parte, en las palabras "fuego" y "foco" se conserva la F inicial. El origen común de todas estas palabras es la palabra latina "focus" ("fuego"), lo que explica la hoguera, y también el hogar si se detiene uno a pensar en expresiones tales como "calor de hogar" y similares.

-- HOJA. Aquí, la antigua palabra latina "folia" o "folium" ha sido derrotada en toda regla. ¿Quién podría ser tan pedante, arcaico y conservador para usar la palabra "foja" en vez de la más moderna "hoja"? Pues... un abogado. O un notario. O un conservador. O un juez. Porque tratándose de las hojas de los expedientes judiciales, aún se usa citarlos "a fs..." o "a fs... vta." (o sea, "en la hoja...", o "en la hoja... en su reverso"). Y "fs" es la abreviación de "fojas". Aunque con la computación invadiéndolo todo y usándose ahora los expedientes llevados por computadora, incluso esta última escaramuza de la F en este frente de batalla podría estar perdida.

-- HORCA. La palabra latina original era "furca". Incluso ése era el nombre de la horquilla del labrador para trabajar con el heno, aunque ahora es "horca" como cualquiera otra. Y sin embargo, contra todo pronóstico, la palabra "furca" aún sobrevive... en el campo de la Odontología. Una "furca", tratándose de tus preciosos dientes, es uno lo suficientemente corroído por la periodontitis, como para que se le vean las raíces a la pieza dental. Como la base del diente deja de ser una para ser las dos raíces, y se forma un hueco en medio, se le sigue dando el nombre antiguo de "furca". O sea, en este caso tenemos una victoria casi total de la H, con una F que se niega a salir del mapa.

jueves, 27 de marzo de 2008

Asunto de cabeza.


A veces, la evolución idiomática puede llevar a rumbos casi inesperados. El idioma castellano, como buena lengua romance, ha evolucionado desde el latín, pero a veces, ciertas raíces lingüísticas han tenido aplicaciones un tanto extrañas a su sentido original. Es el caso, por ejemplo, de la palabra latina "caput", que significa "cabeza", que hoy en día puede reconocerse como antecedente de varias palabras.

La más obvia es, por supuesto, "cabeza". Sin embargo, también se usa el derivado latino "capita" (se lee "cápita"). Así, por ejemplo, en Economía se habla de "ingreso per capita" o "renta per capita", lo que es una medida de la riqueza general de la sociedad, ya que mide el ingreso bruto total de una sociedad, dividido por la cantidad de personas en la misma, sacando así la cantidad de riqueza promedio de éstas. "Ingreso per capita" significa literalmente "ingreso por cabeza", o sea, por persona.

Otro uso es la palabra "capital". La capital de un Estado es la cabeza del mismo, y "capital" viene de "capita". Pero no es el único uso. En Economía, una vez más, capital tiene al menos un par de usos (en realidad son más, pero esto es por simplificar). Cuando se hace un préstamo, se cobra no sólo el préstamo mismo, sino también una cantidad de dinero adicional, que compensa el riesgo de que el deudor en definitiva no devuelva lo prestado; lo primero es el "capital" (otra vez de "cabeza", porque metafóricamente es la cantidad de dinero que "encabeza", por así decirlo, el listado de dineros que deben pagarse en una deuda), y lo segundo es el "interés" (interés porque es la cantidad de dinero que el deudor está dispuesto a sacrificar en aras de sus ansias por obtener el préstamo, mientras más alto, más "interesado" se supone al deudor en el préstamo). El segundo uso de "capital" es como más o menos sinónimo de patrimonio (no son exactamente lo mismo, pero para efectos didácticos los asimilaremos), y así decimos que una persona acaudalada tiene un gran capital.

En Arquitectura tenemos otro uso, cuando nos referimos al "capitel", que es la parte de la columna que encabeza ésta.

Por otra parte, la pena de muerte es la "pena capital", bien sea porque en muchas culturas (incluyendo la romana) una forma de ejercerla era haciendo perder la cabeza de la persona (lo que hace surgir la palabra "decapitación", que también deriva de "caput"), como también por ser la más importante de las penas posibles. Igual cosa pasa con los "pecados capitales", llamados así por ser los más importantes, y por ende, ir encabezando a los restantes.

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