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domingo, 26 de enero de 2014

Una conspiración patriota en Quillota.


En la Historia de Chile entre 1814 y 1817, debido a la estatura legendaria de Manuel Rodríguez, los guerrilleros que se batían en la zona de operaciones de Colchagua y entre Chillán y Rancagua en general son los que tienen mayor fama. Pero sin embargo, desde la gobernación de Cuyo en donde se estaba preparando el gran asalto contra el gobierno de los realistas en Chile, San Martín no era partidario de depositar todos los huevos en la misma cesta. Para desesperación del gobernador español Casimiro Marcó del Pont, que pretendía concentrar las fuerzas realistas en Santiago para hacerse más fuerte, San Martín buscaba incendiar el territorio chileno entero para derrocar al Imperio Español. Y una de estas ramificaciones estuvo a punto de fructificar en la ciudad de Quillota, al noroeste de Santiago.

A inicios de 1816, San Martín envió sendas misivas a un vecino de Putaendo llamado José Antonio Salinas, y a uno de San Felipe llamado Juan José Traslaviña. La idea no era mala: si prosperaba una rebelión en tales lugares, el ejército patriota que cruzara la cordillera arribaría a territorio ganado para los patriotas, y estaría en muchas mejores condiciones para batirse con los realistas y marchar sobre Santiago. El mensajero, un tal Manuel Navarro, cruzó la cordillera de ida y vuelta llevando las respectivas cartas, además de entregar instrucciones que quedaron como verbales por obvias razones. Ambos encargados, Salinas y Traslaviña, viajaron a Quillota y enteraron a otros personajes del proyecto: dos modestos vecinos llamados Ramón Arístegui y Pedro Regalado Hernández, además de Ventura Lagunas, un joven maestro de escuela de sólo diecisiete años de edad. La idea parecía factible porque la guarnición de Quillota estaba mandada por Manuel Barañao, un coronel oriundo de Buenos Aires que era realista fanático e intransigente, la clase de sujeto que resulta muy divertido y satisfactorio derrocar y arrastrar por el fango, claro está. De manera que los interesados se movieron a Valparaíso para seguir reclutando gente, y de esta manera derribar a la autoridad realista local.

Pero las cosas se salieron de tiesto cuando Ventura Laguna le confesó los planes a un sargento de apellido La Rosa, que parecía confiable debido a que tenía malquerencias con sus superiores. En mala hora. A propósito de un incidente completamente diverso, La Rosa acabó siendo apresado y sometido a juico por insubordinación, arriesgando un castigo severo. En esta coyuntura, La Rosa decidió congraciarse con sus superiores revelando todo lo que sabía de la conjura. El coronel Barañao reaccionó de manera implacable, y consiguió que una sirvienta revelara la documentación de sus patrones conjurados, entre los cuales por supuesto estaban las cartas de San Martín que habían originado todo el merengue. Arístegui consiguió escaparse, pero los otros no tuvieron tanta suerte: fueron apresados, y cuando fueron confrontados con las cartas incriminadoras, confesaron llanamente y fueron remitidos a Santiago.

El gobernador Marcó del Pont estaba feliz de poder hacer de estos presos buen escarmiento. El proceso fue sumario y la sentencia predecible. El 5 de Diciembre de 1816 se levantó una horca en Santiago. La pena era cruel e inusual, ya que la horca había caído tiempo hacía en desuso, y lo habitual era la ejecución por fusilamiento: se dice que el verdugo de la cárcel de Santiago, para practicar un procedimiento con el que no estaba familiarizado, fue obligado a entrenarse ahorcando carneros. A las once de la mañana de la fecha citada, fueron ahorcados Traslaviña, Salinas y Hernández. Cuando ya tocaba el turno de Lagunas, se supo entonces que este último había sido beneficiado con un indulto, que en atención a su corta edad le conmutaba la horca por diez años en el presidio de Juan Fernández. La Gaceta del Gobierno, el único medio de comunicación en existencia, reportó que los tres ejecutados se habían mostrado pesarosos y arrepentidos, pero si fue verdad, la gente no parece haberlo creído. Lejos de servir como escarmiento, la ejecución incrementó la odiosidad de los patriotas en contra de los realistas. Algo más de medio año después, los días 7 y 18 de Junio de 1817, una vez instalado el gobierno patriota de regreso en Santiago, fueron dictados decretos que favorecieron a las viudas de los ejecutados con una indemnización de doscientos pesos, más un montepío de treinta pesos mensuales. Otros parientes de las víctimas recibieron después otros beneficios económicos con posterioridad.

domingo, 21 de octubre de 2012

La supertormenta solar de 1859.



Quizás no sea la mayor supertormenta solar de todas, pero sí fue la mayor de cuantas han registrado los astrónomos. Ocurrió en 1859, y ocasionó más de algún serio trastorno en la superficie terrestre, incluso en la vida civilizada. Todo comenzó con una explosión que liberó una gran cantidad de material de la corona solar, la capa superior del Sol, hacia el espacio exterior, esto el 26 de Agosto. El impacto de dicha oleada fue el 28 de Agosto, provocando la visión de una serie de auroras boreales, ya no tan boreales como de costumbre, como que fueron vistas incluso tan al sur como en las cercanías de Cuba... Fueron tan brillantes, que hubo campistas en las Montañas Rocosas que confundieron la aurora boreal con el amanecer, y se levantaron para preparar el desayuno. Otras personas pensaron que había incendios en sus respectivas ciudades. Hasta ahí, lo normal cuando el Sol se pone caprichosito: ahora es donde viene realmente lo bueno.

El Jueves 1 de Septiembre, Richard Carrington, un productor de cerveza que dedicaba las horas muertas a su afición personal que era la Astronomía, se encontraba estudiando el Sol. Para ello poseía un observatorio privado, con un telescopio gracias al cual podía proyectar al Sol como una imagen de 28 centímetros sobre una pantalla. De pronto, trabajando en esto, descubrió la aparición de dos manchas de luz blanca y muy brillante. Al mismo tiempo, los magnetómetros del Observatorio Kew en Londres saltaron como locos. Lo que estaban observando, era el estallido de una SEGUNDA oleada de material procedente desde la corona solar.

Como la primera oleada había arrasado todos los residuos de plasma o viento solar a su paso hacia la Tierra, la segunda oleada sin nada que la frenara o debilitara llegó en apenas 17 horas, además de hacerlo con casi toda su potencia. El segundo impacto ocasionó auroras boreales incluso más potentes, que fueron vistas... ¡en Venezuela! El golpe de la tormenta solar contra el campo magnético de la Tierra rebajó la magnetósfera desde los 60.000 kilómetros a apenas 7.000. Por tanto, muchas más partículas eléctricamente cargadas alcanzaron la superficie. Lo que sobrecargó la atmósfera de electricidad, hasta el punto de colapsar las líneas telegráficas en algunos lugares. En otros, los telegrafistas descubrieron que podían desconectar las baterías y seguir trabajando... Un telegrafista de Boston envió un telegrama a Portland, en Maine: "¿Cómo están recibiendo mi mensaje?". La respuesta: "Mucho mejor que cuando funcionaban las baterías"...

La vida en la Tierra no sufrió mayormente, por supuesto. En realidad, el campo magnético de la Tierra es un escudo más fuerte de lo que las pelis catastrofistas del Sci-Fi Channel quisiera hacernos creer. Pero hoy en día, una sobrecarga generalizada de electricidad en la atmósfera como la que la Tierra sufrió en 1859, resultaría fatal para nuestras redes computacionales. No ha vuelto a haber una supertormenta como aquélla, pero si llegara a producirse una de esa escala (y, tratándose del malhumorado astro rey, más tarde o más temprano HABRÁ una), no se encontrará con redes telegráficas sino con Internet, lo que podría arrojar a buenas porciones de la civilización de regreso a la Edad Media, en lo que a tecnología se refiere a lo menos. Por otra parte, la saturación de partículas solares en la órbita terrestre frena también a los satélites, sacándolos de trayectoria: en el peak de una tormenta solar, un objeto tan masivo como la Estación Espacial Internacional puede perder 300 metros de altura al día. La civilización podría sufrir un apagón que por supuesto no será definitivo, pero que ocasionará unos buenos trastos rotos. ¿Qué tanto? Un informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos cifró el eventual impacto económico de una catástrofe de esas características, en el equivalente a veinte huracanes Katrina. Para temblar.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Una escuadra para Marcó del Pont.


Casimiro Marcó del Pont fue gobernador de Chile nombrado desde el Imperio Español entre 1815 y 1817, y ha sido quizás uno de los más odiados y detestados cabeza de Ejecutivo en toda la Historia de Chile. Aunque antipático por su convicción de que las medidas represivas terminarían por apagar el espíritu chileno (en realidad sucedió lo contrario, que convenció a los indecisos de volcarse en masa a la causa patriota, hasta entonces popular sólo a medias), hay que tenerle alguna simpatía por lo difícil de su misión, que era no sólo administrar a Chile, sino que defenderlo contra la inminente amenaza que representaba el ejército armándose en Cuyo, al otro lado de la cordillera de Los Andes, y que podía pasar por cualquier punto entre Copiapó y Concepción. A lo cual debe sumársele la escasez de recursos que le afligían, no tanto por las devastaciones de una guerra que había sido más o menos breve, apenas el período de 1813 a 1814, como el sangramiento demográfico que suponía reclutar campesinos para alimentar tropas siempre insuficientes para contener a la creciente marea de guerrilleros.

En este clima, en diciembre arribaron las noticias de que San Martín había arreglado que una expedición pirata zarpara desde Buenos Aires para cruzar el Estrecho de Magallanes e invadir Chile. Marcó del Pont estaba alarmado: carecía por completo de naves para defenderse. Había alistado dos naves decomisadas a unos contrabandistas, el Aguila y el Justiniano, las que se sumaban a una nave de guerra llamada Sebastiana, pero este trío de naves no era ni de lejos suficiente para detener una escuadra invasora compuesta por una fragata, tres corbetas, una goleta, dos bergantines armados, y cuatro transportes con cuatrocientos hombres para desembarcar, además de fusiles para armar a los patriotas que estuvieran esperando con qué meterle balas a los realistas. Si a eso se le sumaba una eventual invasión a través de la cordillera, Marcó del Pont estaba perdido: su única esperanza era parar a la flota en alta mar, antes de que sus efectivos pudieran desembarcar en algún punto sensible del territorio (léase Concepción, porque más hacia el sur, salvo por los enclaves de Valdivia y Chiloé, todavía era territorio mapuche).

El 12 de Diciembre de 1816 entró en el puerto de Valparaíso una fragata española armada con 44 cañones, llamada la Venganza. La acompañaba el Potrillo, un bergantín armado por el gobierno patriota en 1813, y que había sido capturada para los españoles después, y armada para guerra por el mismísimo virrey Abascal en Perú. La expedición había salido de Cádiz el 6 de Mayo de 1816, había arribado a Arica el 8 de Septiembre, había desembarcado tropas que iban a la defensa del Virreinato, y luego había sido enviada para patrullar las costas chilenas en busca de naves enemigas y regresar al Perú si es que no encontraba ninguna (lo que efectivamente había sucedido). En esta expedición de regreso fue interceptada por Marcó del Pont, quien le pidió que se quedara en Valparaíso. El capitán de la Venganza, Tomás Blanco Cabrera, al no haber encontrado rastros de ninguna expedición enemiga, vaciló porque quedarse implicaba desobedecer las órdenes directas del virrey del Perú, pero Marcó del Pont le dijo que las noticias de la expedición enemiga eran ciertas, que Blanco Cabrera tenía sus órdenes al respecto, y al último se hizo responsable el Gobernador mismo de la orden, lo que terminó de convencer al escrupuloso capitán.

Comenzó entonces la preparación de la escuadra de Marcó del Pont. Lo que no estuvo exento de problemas: hubo incluso boches entre oficiales por quedarse a cargo de la Sebastiana. Frente a esto, Marcó del Pont le dio a Blanco Cabrera y a su nave la Venganza la supremacía de la expedición, además de carta blanca para obrar. Financiar la expedición fue otro dolor de cabeza, y Marcó del Pont sangró aún más el tesoro para ello. Trató de reclutar a Francisco Parga, el capitán de una nave mercantil llamada la Bretaña, pero éste, quizás advertido de cómo andaban las cosas, pidió condiciones exorbitantes, las que Marcó del Pont declinó, en conjunto con lamentarse acerca de cuán ingratos son los súbditos del Rey que se niegan a servir a Su Majestad en la hora de necesidad, etcétera. Después de todos estos trances, la flotilla finalmente zarpó hacia el sur a mediados de enero de 1817. En mala hora. Un mes después, el ejército patriota que había cruzado la cordillera de los Andes derrotó a los realistas en Chacabuco, y puso a Marcó del Pont en fuga: para esas fechas, las naves realistas estaban bastante al sur, e imposibilitadas de hacer nada útil. ¿Y la escuadra pirata que había zarpado en el Octubre anterior desde Buenos Aires? Nunca había existido: todo no había sido más que una inteligente maniobra de desinformación promovida por San Martín y su diligentísima red de espionaje, y Marcó del Pont se había tragado la carnada con anzuelo, sedal y caña completos...

jueves, 20 de septiembre de 2012

Códigos de los patriotas de Chile.


Entre 1814 en que la expedición del general español Mariano Osorio derrotó a los patriotas chilenos, y 1817 en que el Ejército de Los Andes derrotó al gobierno realista en la Batalla de Chacabuco, un rol esencial en la lucha por la independencia fue jugado por los guerrilleros. Estos fueron la resistencia contra las exacciones de los realistas en contra de los patriotas, y ayudaron a voltear los ánimos de los indecisos hacia la causa patriota, la que durante la llamada Patria Vieja (1810-1814) nunca había sido excesivamente popular más allá de los círculos santiaguinos. El más popular de estos guerrilleros e insurgentes fue Manuel Rodríguez, pero no fue de ninguna manera el único, aunque el más legendario debido a sus métodos.

Pero no hablaremos de éste ahora, sino de los peculiares códigos empleados por los guerrilleros. Parte importante de los guerrilleros era dar golpes selectos en contra de las fuerzas realistas para demostrar que eran gigantes con pies de barro, pero otra parte era propagar noticias favorables a los patriotas, para saltarse los medios de comunicación oficiales del gobierno, en particular un diario santiaguino llamado la Gaceta del Gobierno, fundado por Mariano Osorio durante su período como gobernador (1814-1815). Para esto, los guerrilleros debieron construirse una red de comunicaciones a prueba de realistas. Y eso implicaba, por supuesto, encriptar las comunicaciones. Algo que no podía hacerse de manera demasiado compleja debido a que muchos guerrilleros eran bandidos reclutados para la causa, y por lo tanto apenas manejaban las primeras letras, menos iba a pedírseles que retuvieran códigos criptográficos en la cabeza. Los códigos a utilizar debían ser entonces sencillos.

La solución a la que recurrieron estos guerrilleros fue sencilla. Simplemente, utilizaron palabras claves. De esta manera, quien leyera el mensaje y no estuviera en el secreto, vería solo un texto de interpretación algo rara, pero por otra parte nada que pudiera resultar incriminatorio para el portador. Así, "lluvias" significaba expedición, mientras que "nueces" se refería a soldados de infantería, "pasas" a soldados de caballería, y "uvas", soldados de artillería. "Higos" y "papas" eran victorias peruanas y derrotas españolas, respectivamente. Mientras que "tabaco" significaba eventual protección de ingleses. Sólo cabe preguntarse el cacao que sería cada mensaje al mezclar todos estos elementos... Los códigos parecen haber funcionado bien, empero, y de hecho sólo llegaron a ser descubiertos en años bastante posteriores a la Independencia, gracias al rescate de la correspondencia de gentes involucradas en el ajo, tanto en Cuyo desde donde el general San Martín aprestaba el ejército patriota para el cruce de Los Andes, como en las haciendas mismas de Chile.

domingo, 8 de julio de 2012

Napoleón contra el Danubio.


Hasta los más grandes tienen caídas, y Napoleón Bonaparte no fue una excepción. Estratega excepcional, Napoleón Bonaparte se las arregló para pasearse en persona por campos de batalla desde Francia hasta Rusia durante una década completa. Y sin embargo, hubo momentos en su carrera en donde estuvo en juego no sólo la batalla, sino incluso su libertad y su vida. La Batalla de Aspern-Essling parece haber sido una de éstas. Estamos en el año 1809. Austria (que no había formado la Cuarta Coalición de 1806-1807 contra Francia, aunque sí la Tercera sufriendo la bochornosa derrota de Austerlitz en 1805) unió fuerzas con Inglaterra contra Napoleón en la llamada Quinta Coalición. La venganza de Napoleón fue implacable, y le llevó a una guerre éclair que terminó por poner Viena en sus manos. Sólo que las tropas austríacas del Archiduque Carlos de Austria-Teschen habían cruzado el Danubio en dirección a Bohemia en el norte, y habían destruído los puentes de la ciudad, por lo que Napoleón no podía perseguirle. Y si el Archiduque Carlos conseguía cruzar el Danubio hacia el sur y reunirse con las fuerzas del Archiduque Juan de Austria en Italia, Napoleón iba a estar en una posición muy comprometida. El tiempo apremiaba, y Napoleón debía encontrar cómo cruzar el Danubio de una manera u otra, para acabar con ambos Archiduques por separado en vez de enfrentar a un solo ejército unido.


En realidad la empresa era desesperada. No habiendo puente, Napoleón debería por supuesto construir el suyo propio. Lo que no sería fácil, porque estando río arriba, los austríacos podían enviar troncos y objetos incendiarios río abajo, que destruyeran cualquier obra fluvial que construyeran los ingenieros de Napoleón. Además era primavera en el Hemisferio Norte, y en dicha temporada, el Danubio tiene la desagradable costumbre de soltar aluviones repentinos. El ingeniero jefe del ejército se inclinó por la isla de Lobau, ubicada en el río Danubio entre las localidades de Aspern y Essling, a cuyo alrededor hay algunos bancos de arena que facilitarían el trabajo, y empezó las labores de construcción del doble puente... sin empalizadas protectoras ni flotillas de barcas tripuladas para evitar objetos que enviaran los austríacos desde río arriba, debido a las prisas de Napoleón por su objetivo. Los austríacos por supuesto que hicieron festival pirotécnico de troncos incendiarios río abajo, lo que retrasó su tanto a los sacrificados ingenieros franceses. Los puentes estuvieron listos con rapidez, pero eran endebles, y además el Danubio se las había arreglado para subir de nivel un metro entero en una sola noche. Pero Napoleón, que algo tenía de apostador, no había invertido tantos esfuerzos para arredrarse en la hora final, de manera que siguió adelante con su plan.


Napoleón hizo cruzar a las tropas con celeridad, para que estuvieran rápido en condiciones de iniciar la persecusión. Sólo que pronto llegaron los primeros informes de la caballería al otro lado del río: las tropas austríacas en realidad estaban mucho más cerca de lo que Napoleón suponía. El ejército francés a medio cruzar estaba dividido a ambas orillas: si el pontón se rompía, la vanguardia quería atrapada y sería fácilmente masacrada por los austríaco. Napoleón consideró muy seriamente una retirada para enfrentar a Carlos en mejores condiciones... pero Carlos, bien apercibido de los problemas de Napoleón, los aprovechó y atacó primero. Era el día 21 de mayo de 1809, y la refriega subsiguiente resultó tan desesperada, que sólo fue a terminar el día siguiente.


En realidad, Carlos tenía las cartas ganadoras. Su ejército comprendía más o menos 100.000 hombres, unas cuatro veces las tropas francesas. Además, el ejército de Napoleón estaba todavía tratando de cruzar el puente, el cual en el transcurso de la batalla, para hacer peores las cosas, se rompió. Por alguna razón, empero, el Archiduque no se empleó a fondo, y su exceso de prudencia salvó a Napoleón, que viviría libre para seguir su carrera militar durante otros seis años. Malogrado y todo, Napoleón consiguió retirarse y reagruparse. El Archiduque ya no volvería a tener otra oportunidad dorada como la momentánea incompetencia de Napoleón le había proporcionado: al mes siguiente sería derrotado en toda regla en la Batalla de Wragam, y de hecho, una vez terminada la campaña el austríaco no volvería a la vida militar.

jueves, 28 de junio de 2012

¿Liberación de esclavos y de mujeres?


En 1840, la historia de la defensa de la tolerancia y los derechos humanos pasó por un bochornoso incidente, en el seno del Congreso Contra la Esclavitud Mundial (World's Anti-Slavery Convention) celebrado en Londres en el año mencionado, porque los buenos defensores del fin de la esclavitud no les dio tanto la tolerancia como para admitir mujeres en su seno... El asunto sucedió más o menos como sigue.

En 1823 se fundó en Inglaterra la Sociedad Antiesclavista (Anti-Slavery Society), que ha pasado históricamente por varios nombres, siendo mejor conocida por ése. Dicha sociedad obtuvo un resonante triunfo para su causa cuando una década después, Inglaterra aprobó una ley que prohibió la esclavitud, y siguió después en activo para combatir la esclavitud en toda la Tierra. Para 1840 convocó a un congreso mundial en que se debatiera el tema de la esclavitud a nivel planetario, con representantes que vinieran de todas partes del mundo. Pero los bondadosos antiesclavistas ingleses, todos ellos muy pudientes y conservadores, jamás se imaginaron que en la comisión de los semibárbaros y rudos Estados Unidos, vinieran como integrantes... mujeres.

El 12 de Junio se abrió el debate sobre si era procedente que esas mujeres vociferaran igual que los hombres en un congreso de esas características. Un delegado estadounidense apuntó que para ser acreditado según las reglas de la invitación, bastaba con ser enviado por una organización antiesclavista que tuviera representatividad en su lugar de origen, y como en Massachussets se permitía a las mujeres participar en estas actividades (y de hecho, llevaban la batuta muchas de ellas con bastante fiereza), no se cuestionaron que las mujeres podían ir también. Un inglés apuntó entonces que la invitación estaba extendida a quienes se definían como "gentlemen", o sea, "caballeros". Y no damas. Un reverendo de Filadelfia (¡también Estados Unidos!) tronó que aceptar a las mujeres de la delegación era no sólo ir contra la costumbre de Inglaterra, sino también contra el orden de la naturaleza impuesto por el Dios Todopoderoso. George Bradburn, delegado de Massachussets, insistió en el gran aporte de las mujeres a la causa antiesclavista y discurseó sobre ello durante una media hora.

En el debate subsiguiente, la cuestión se concentró en el punto de cómo había sido enviada la invitación, lo que implicaba una interpretación de palabras, así como en el caso de conciencia que implica discriminar a un grupo de personas en el seno de una reunión cuyo objetivo primario era combatir la discriminación en contra de otro grupo de personas diferentes. Resulta interesante observar que varios presentes eran reverendos, o sea hombres de religión, que se basaban en la Biblia para sostener que todos los hombres eran iguales y por lo tanto la esclavitud debía ser abolida, para a renglón seguido esgrimir esa misma Palabra de Dios para negar que esas mujeres delegadas pudieran sentarse y hablar en la convención.

Finalmente en la votación subsiguiente, ganó de manera abrumadora la opción de no aceptar a las mujeres. Los delegados de Massachussets, en protesta, retiraron sus propias credenciales y se negaron a participar de la convención. En el debate se perdió un día entero que habría estado mejor empleado en discutir la materia de fondo que los reunía. Las mujeres en cuestión, por cierto, estaban también en Londres, esperando participar en la convención, y habían cruzado todo el Océano Atlántico en los lentísimos medios de comunicación de la época, sólo para verse rechazadas en la puerta del lugar de destino. Pobres machistas de la convención, porque no sabían qué estaban iniciando: entre las delegadas estaban Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton, quienes en respuesta se pasaron al activismo feminista, y se transformaron en la punta de lanza del movimiento en Estados Unidos...

jueves, 7 de junio de 2012

Las mujeres según Schopenhauer.


El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) fue un hombre desgraciado. Fue menospreciado por su madre, una dama con ínfulas de intelectual que veía muy mal los pasos que el pequeño Arthur daba en la materia (una vez dijo que no consideraba a Arthur un genio porque nunca había escuchado de dos genios dentro de una misma familia), después fue sistemáticamente rechazado por las féminas, sus alumnos se le escapaban para ir a escuchar a su rival Hegel, y en general nadie cotizaba en demasiado sus ideas filosóficas. No es raro que haya desarrollado un carácter misántropo y violento. Pero una de las cosas que han hecho famoso a Schopenhauer, es sin lugar a dudas su rampante misoginia. Aunque ya habíamos escrito sobre la misoginia de Schopenhauer en Siglos Curiosos, ahondaremos un poco más en sus peculiares ideas.

Su obra clave en este punto es un opúsculo que se llama "De las mujeres", y que publicó en 1851. El texto es una explicación calmada y racionalista de por qué las mujeres son inferiores a los hombres (siempre según Schopenhauer, claro), y se ha convertido en un pequeño clásico de la literatura misógina. Escrito en respuesta a un poema de Schiller que enaltece a las mujeres, parte señalando que "Necesitas sólo mirarla de la manera en que está constituida, para ver que la mujer no se supone que haga grandes labores, ni de la mente ni del cuerpo". Luego de señalar que su realización pasa por aceptar el sufrimiento del parto y la sumisión al marido, añade: "Las mujeres encajan directamente como niñeras y profesoras de nuestra temprana infancia por el hecho de que ellas mismas son infantiles, frívolas y cortas de miras; en una palabra, ellas son niños grandes durante toda su vida - un tipo de estadio intermedio entre la niñez y el hombre plenamente crecido, que es el hombre en el sentido estricto de la palabra". Argumenta en la misma línea, que el hombre alcanza su madurez psicológica a los 28 años y la mujer a los 18, razón por la cual (siempre según Schopenhauer, repito, para que no las emprendan contra el mensajero) el hombre llega más lejos en su desarrollo psicológico que la mujer.

Y sigue. Según Schopenhauer, la mujer carece de sentido de la justicia, en primera porque no razona, y en segunda porque al ser más débil que el hombre, la naturaleza las ha provisto con la estrategia del disimulo para defenderse. Es también un sexo no estético (diminutas, hombros delgados, caderas anchas, piernas cortas... Schopenhauer dixit, again). Carecen de sentido para apreciar la música, la poesía o las bellas artes, y cuando lo hacen, es mera afectación (pone como ejemplo el parloteo de las mujeres en los pasajes más sublimes de las óperas... algo que por desgracia, sin estar de acuerdo con el resto de las afirmaciones misóginas de Schopenhauer, en esto da en el clavo, cambiando la ópera por el cine). Casi todo el resto del discurso se centra en torno a la monogamia, y el enorme perjuicio de que ésta le significa a las mujeres que no alcanzan a ser mantenidas por un hombre, y por lo tanto, Schopenhauer defiende la poligamia (la de muchas esposas para un hombre, no al revés, claro está) como beneficiosa para ellas mismas. Y termina con las siguientes palabras: "Que la mujer es por naturaleza obediente al hombre puede verse en el hecho de que cada mujer que es colocada en la no natural posición de completa independencia, inmediatamente se une a un hombre, por quien se permite ella misma ser guiada y gobernada. Esto es porque necesita un señor y amo. Si ella es joven, será un amante; si ella es vieja, un cura".

Interesantemente, y más allá del veneno que destila Schopenhauer sobre el tema (por lo demás, la mala leche era característica de Schopenhauer, así es que esto no debería ser una sorpresa para quienes conozcan al vejete cascarrabias), algunas observaciones schopenhauerianas resultan ser aciertos inesperados, entre ellas las relativas a la poligamia (en las sociedades antiguas, en donde los hombres iban a la guerra, solían haber más mujeres que hombres dando vueltas allá afuera). Aunque claro, el yerro está en darle un estatus natural a circunstancias que tienen más que ver con la forma en que se estructura la sociedad, y que durante el siglo XX, liberación femenina mediante, fue cambiando. Para cualquier interesado, seguir el enlace para leer el texto en inglés de Schopenhauer.

domingo, 13 de mayo de 2012

Los primeros periódicos de Quillota.


No sé cuánto exactamente calce el contenido de este artículo con el resto de Siglos Curiosos, pero el instinto me dice que intente el salto. Después de todo, esta clase de minucias históricas no son conocidas ya no digamos por los extranjeros, sino incluso por los chilenos, de manera que no sobra dar vuelta la tienda entera para encontrarse con esta clase de cosillas. Porque un profesor e investigador llamado Augusto Poblete, según él mismo nativo de Los Angeles pero aparentemente afincado en Quillota, lanzó en 1989 un libro llamado "Quillota: Sus escritores, su pasado y su gente", una interesante compilación de crónicas acerca de dicha ciudad en que menciona entre otras cosas los orígenes de la prensa en tal localidad. ¿Y qué es Quillota?, se preguntarán mis lectores extranjeros. Bien, Quillota es una ciudad de la Quinta Región de Chile (como Valparaíso o Viña del Mar), capital de la provincia de Quillota precisamente, y aunque provinciana, una ciudad que ha ido creciendo hasta irse tragando poco a poco en una miniconurbación a La Calera, La Cruz e Hijuelas.

Pero al asunto. Aunque habitada desde antes de la invasión incaica, el Valle de Quillota no fue oficialmente una ciudad hasta 1717 (desde el siglo XVI los españoles se habían instalado, pero como encomenderos, no como vecinos), y desde entonces, aunque siempre ha tenido importancia administrativa, fue una ciudad relativamente pequeña hasta incluso finales del siglo XX, en comparación a las grandes urbes de Valparaíso, Santiago o Concepción. Por eso, sorprende en cierta medida que la actividad periodística comenzó con enorme fuerza nada menos que el 15 de Abril de 1874, fecha en que José Nicolás Morán publicó el primer número de "El Correo de Quillota". En realidad el diario era más bien un folleto de 51x32 centímetros, y apenas cuatro páginas, pero cuenta como periódico de todas maneras: era un semanario que desde su número 14 aumentó la frecuencia a dos ediciones por semana, los Jueves y Domingos (¡como Siglos Curiosos! ¡Todo se conecta!). Como todo periódico que se precie de tal, El Correo de Quillota proclamó desde el comienzo su independencia política, la que pronto se desvaneció para favorecer al liberalismo de Aníbal Pinto (que va a ser Presidente de Chile entre 1876 y 1881, y al que le tocó declarar la infausta Guerra del Pacífico). Como nota curiosa, digamos que el periódico iba a llamarse "El Pelícano", debido a la asociación de dicha ave con la ciudad (la procesión de Viernes Santo se conoce popularmente como Procesión del Pelícano en dicha ciudad, por la forma de la urna en que se recibe al Crucificado). Y como segunda nota curiosa... el papel del periódico venía desde una fábrica en la cercana localidad de Limache.

El 19 de agosto del mismo 1874 (¡apenas cuatro meses después!) apareció por supuesto un periódico de tendencia política contraria, llamado "El Pueblo de Quillota", que apoyaba a Benjamín Vicuña Mackenna (en esa fecha intendente de Santiago, y protagonista de una fallida candidatura presidencial en 1876). La extensión era la misma: un folleto de cuatro páginas. Duró apenas 227 números, y se acabó en septiembre de 1878 (El Correo, por el contrario, duró hasta 1903). Al poco surgieron "El Cóndor" (1877) y "El Defensor de la Ley" (1879), cuyos pintorescos nombres no les aseguraron más que una corta vida. Para 1891 había una floreciente actividad periodística en la ciudad (bueno, de folletos, diríamos hoy en día), pero en dicho año estalló la guerra civil contra el Presidente constitucional José Manuel Balmaceda, y todos los periódicos se fueron a pique, con la visible excepción del ya mencionado y decano El Correo de Quillota, que fiel a su tendencia liberal, apoyaba a Balmaceda así como antes a Aníbal Pinto. Pero después de los trastornos de la guerra civil, la actividad periodística en Quillota siguió como siempre: cuando El Correo se acabó en 1903, habían ¡siete! en circulación.

Hemos dejado para el último un detalle propio de la prensa del siglo XIX, que se ha perdido en la del XXI: la publicación de obras literarias. Una cantidad de la obra literaria de los poetas locales de la época está recogida en dichos periódicos, esperando la labor de rescate para la posteridad de algún esforzado que se sumerja en ese submundo literario. Y no podía faltar la caza de lectores mediante el recurso del folletín decimonónico con "continuará". A pesar de su escuálida extensión, El Correo se las arregló para incluir "Un drama íntimo" de un tal Moisés Vargas Gómez, mientras que su competencia El Pueblo incluyó uno con un título también pintoresco, que ya abre el apetito para leerlo: "El violín del diablo"...

jueves, 10 de mayo de 2012

Carbón de Inglaterra y carbón de Concepción.


Como país surgido del alzamiento del mar hace millones de años, y con la Cordillera de los Andes a las espaldas, es lógico que Chile esté enormemente surtido de riquezas mineras. Una de éstas es el carbón, y la región productora más grande de éste se encuentra en la zona de Concepción y Lota.

Los indígenas conocían la existencia del carbón y lo utilizaban para cocer sus alimentos, pero los españoles ávidos de plata y oro no prestaron mayor atención. Recién en el siglo XIX, iniciada la Revolución Industrial y expandiéndose la máquina de vapor, la atención de los chilenos empezó a volverse hacia sus depósitos carboníferos. No en balde, a los puertos chilenos empezaban a llegar naves impulsadas por el carbón, que obviamente debían repostar, y además las fundiciones mineras del Norte Chico ya estaban arrasando con todos los bosques y necesitaban una nueva fuente calorífica con urgencia. Pero apunta Mary Graham, viajera inglesa que estuvo en Chile durante la década de 1820, que "el carbón de Concepción, a pesar de su abundancia y buena calidad y estar situado a 300 millas de distancia, cuesta en Valparaíso más caro que el que se trae de Inglaterra"...

La edad dorada del carbón en Lota partió en 1843, comprándose nuevas tierras (a los indios, a precio vil, claro está) y abriéndose nuevos piques y chiflones. Los trabajos se hacían con tecnología bastante rudimentaria, en parte porque los financistas desconfiaban del carbón chileno, y no se arriesgaban a invertir en él. Hacia 1850, para poder darle salida al carbón chileno, había que mezclarlo con el carbón inglés, en proporción de 2 partes de inglés por una de chileno... Los empresarios del carbón incluso debieron recurrir a campañas publicitarias para que el público se atreviera a confiar en el carbón chileno.

En 1851 comenzó la era de los ferrocarriles en Chile, que en esa época eran por supuesto máquinas a vapor, y con esto el consumo de carbón se disparó. Por simple ley de oferta y demanda, los empresarios ferrocarrileros debieron empezar a comprar cantidades crecientes de carbón chileno, y con esto, la paradójica situación de que dos carbones de calidad similar, pero prestigio diferentes, se vendieran a precios y en cantidades también diferentes, terminó corrigiéndose por sí misma.

domingo, 29 de abril de 2012

La novela que predijo el hundimiento del Titanic.


La anécdota de este posteo es bastante conocida, y por lo mismo no me había tomado en serio la idea de incluirla aquí en Siglos Curiosos. Pero sin embargo hace poco un lector me la recordó y preguntó si podría hablar del tema, de manera que heme aquí, trayendo en vivo y en directo para ustedes... el hundimiento del trasatlántico de lujo Titán. No el hundimiento del trasatlántico de lujo Titanic, sino el hundimiento del Titán, así escrito. Porque este Titán existió, aunque sólo como producto de la imaginación del escritor Morgan Robertson. El cual escribió una novela corta sobre el mismo. Sólo que no estaba aludiendo al hundimiento del Titanic porque el Titanic ni siquiera se había diseñado, menos construido y botado al mar. Por el contrario, la novela corta "Futilidad o el naufragio del Titán" data de 1898... catorce años antes del fatídico hundimiento (aunque republicada en 1912 con un par de detalles cambiados, aprovechando adivinen qué suceso noticioso de aquel año). Esta es la increíble historia de la novela que predijo el desastre del Titanic en varios detalles significativos... y en otros no tanto.

La novela se abre con una descripción de la nave, en la que estuvo envuelto "cada ciencia, profesión y comercio conocido por la civilización". Sus oficiales habían pasado rígidos exámenes sobre "vientos, mareas, corrientes y geografía del mar; no eran sólo marinos, sino científicos". En este punto, como que el escritor le pone un poco mucho, pero sigamos. En el capítulo 2 nos presentan al protagonista no naviero sino humano, que es un tal John Rowland, y que tiene un prontuario de lo peor, ya que no sólo es alcohólico y de carácter demoníaco, sino que además, horror de horrores... ¡es ateo! (no se preocupen, encontrará cómo curarse del alcoholismo y el ateísmo por el camino). De pronto, el Titán va a estrellarse con un iceberg que lo impacta por el costado, y la nave queda condenada al hundimiento. A través de la tragedia, Rowland tendrá la ocasión de probarse a sí mismo, redimirse, etcétera, lo de siempre, vamos. Y para que el camino a la redención sea más entretenido, aprende James Cameron, el protagonista tiene primero que saltar al iceberg, y luego luchar por su vida contra un enorme y fiero oso polar (no me pregunten, la novela venía así). Y después luchar contra una bestia peor, que es la sociedad que lo ha ostracizado por ser bebedor, etcétera. No se preocupen, al final todo termina bien.

El capítulo 1 es el que contiene la descripción de las características técnicas del Titán, y resulta asombroso el parecido con el Titanic, más aún si se piensa que en la época de escribirse la novela, los trasatlánticos de clase Olympic aún no existían ni siquiera en la mesa de dibujos, ya que el primero fue botado en 1910 (se lanzaron tres: el Olympic, el Titanic, y el tercero de nombre algo más humilde en vista de lo sucedido con el anterior, el Britannic). El Titán tenía 800 pies de largo, 82 menos que el Titanic. El Titán tenía 19 compartimentos herméticos, y el Titanic 16, y en ambos, éstos eran la clave de que la nave se considerara insumergible. Los adjetivos para definir al Titán eran insumergible, y la más grande creación humana, los que también se le aplicaron al Titanic. En ambos casos el número de botes salvavidas era inferior al necesario para todas las almas a bordo, 24 en el Titán ("cargaba tan pocos botes como bastara para satisfacer la ley", escribe Robertson, con su estilo encantadoramente pretencioso) y 20 en el Titanic. Además, ambos tenían tres hélices. En cuanto al impacto contra un iceberg, en ambos casos fue poco antes de la medianoche, en ambos casos el iceberg golpeó el costado de la nave, y la velocidad de impacto era parecida, de 25 nudos para el Titán y 22,5 para el Titanic, yendo ambos a toda marcha (se dice del Titán que en su viaje inaugural batió todos los récords de velocidad).

Con todo, como la mayor parte de la información se centra en los parecidos razonables, veamos un poco las diferencias. El Titán se menciona explícitamente que va en su tercer viaje, mientras que el Titanic estaba en su crucero inaugural. El impacto contra el iceberg, que en el Titanic fue tan suave que el grueso de los pasajeros ni siquiera alcanzaron a sentirlo, los del Titán sí que lo sufrieron con gritos e histeria. Y una diferencia trivial en lo que al drama narrativo mismo se refiere, pero que es una exacta inversión en ambos casos: el Titanic viajaba desde Inglaterra hacia Estados Unidos (Southampton a Nueva York, con escala previa en Cherburgo), mientras que el Titán lo hacía en dirección opuesta, desde Estados Unidos hacia Inglaterra (Nueva York a Liverpool).

jueves, 5 de enero de 2012

Estampida de elefantes en Münich.


Los elefantes son criaturas muy racionales, cuidadosas e inteligentes. Se ha demostrado que el famoso dicho "elefante en cristalería", para calificar a alguien que donde va deja catástrofes en su camino, es falso. Pero de cuando en cuando ocurren ataques de pánico entre ellos. Y en ese minuto, no quieres estar en su camino. Esta es la historia del ataque de pánico de seis elefantes de circo en la ciudad de Münich, el 31 de Julio de 1888. En dicha ocasión, se celebrara un desfile en la ciudad, y la misma estaba abarrotada de gente, turistas, curiosos... Y seis elefantes amaestrados caminando calmadamente como parte del desfile.

Por desgracia, un error en la planificación hizo que el desfile se cruzara con otro grupo de personas en dirección contraria con un dragón de cartón. Por descuido o estupidez, los operarios del dragón de cartón dejaron escapar una salva de fuegos artificiales precisamente en ese instante. Los elefantes, al sentirse atacados, se lanzaron en estampida trompeteando furiosamente en dirección al centro de la ciudad. La gente entró en pánico, y ocurrió el desastre: no sólo centenares de personas heridas, sino también siete muertos. Un soldado decidió embestir y clavó la bayoneta de su fusil en la trompa de uno de los elefantes. Mala idea: el paquidermo agarró al soldado y lo proyectó limpiamente sobre la multitud. Quizás ella amortiguó la caída, porque salvó con apenas unos magullones.

Aún en medio del pánico, uno de los elefantes tuvo la inteligencia para no cargar directamente contra la gente, y seguir corriendo para ponerse a salvo del dragón de cartón (recordemos) apegándose al muro. Para su desgracia, pasó frente a una lechería, resbaló en el suelo húmedo, y acabó en el sótano del edificio. El pobre elefante terminó saliéndose de todos sus cabales, y la única manera de reducir su furia fue abatirlo a tiros.

Otro elefante acabó en su fuga rematando directamente en una de las más concurridas cervecerías de la ciudad. Los clientes se quedaron tan paralojizados, que ninguno se atrevió a moverse de su asiento. El elefante, algo más tranquilizado, comenzó a pasearse por medio de los transeuntes, ahora con mayor calma, y salió por el otro lado del local. Aunque saliendo de un ataque de pánico, el elefante no tropezó con ninguna silla ni tiró ninguna jarra de cerveza. Al salir estaba tan manso, que su cuidador lo cogió con cariño y se lo llevó sin complicaciones de regreso a su carro...

jueves, 29 de diciembre de 2011

La accidentada coronación de la Reina Victoria.


La coronación de Victoria como reina de Inglaterra el 28 de Junio de 1838 (aunque constitucionalmente era reina desde la muerte de su predecesor, su padre Guillermo IV, el 20 de Junio de 1837) estuvo llena de contratiempos que amenizaron bastante el protocolo. Para empezar, digamos que Lord Melbourne, Primer Ministro de Inglaterra a la sazón, decidió no ofrecerle a la Reina Victoria el banquete tradicional por motivos presupuestarios, lo que hizo surgir el mote de "coronación centavera" ("Penny Crowning").

La ceremonia misma tuvo también sus baches. El Arzobispo de Canterbury a la sazón era William Howley, que a sus 72 años cumplidos acumulaba su segunda coronación (había coronado a Guillermo IV en 1820). La edad le había cobrado factura, en forma de sordera. Por lo tanto, no podía escuchar las palabras claves que debían servirle como señal, lo que no ayudó demasiado a la fluidez de la ceremonia.

Además, el anillo de coronación resultó ser demasiado pequeño. Por su parte, uno de los pares que debían hacer reverencias a la Reina, se enredó en su toga y cayó en las gradas del trono...

Con típico humor inglés, alguien anotó en su programa: "En el caso de otra coronación, creo realmente que debemos hacer un ensayo"...

domingo, 18 de diciembre de 2011

De cómo fue culminada la fachada de la Catedral de Milán.


Que la construcción de una catedral gótica era algo lento y laborioso, debido a la grandiosidad del objetivo y lo más o menos rudimentario de los medios técnicos, es algo de todos sabido. Pero además estaban los problemas administrativos varios vinculados a la logística del proyecto. La construcción de la Catedral de Milán principió durante la mejor época de la ciudad, a finales del siglo XIV, cuando la città alcanzó su apogeo político bajo los Visconti. En esa época, las obras marcharon a un ritmo más o menos prudencial, espoleado por la ayuda económica de los burgueses de Milán que la veían como una obra patriótica, y retrasado por el otro con las constantes reducciones presupuestarias ordenadas por el duque de turno (Visconti primero o Sforza después), sacando dinero de la caja de la Fábrica de la Catedral como si de una alcancía para financiar otra clase de necesidades políticas se tratara.

Luego, en el siglo XVI, Milán cayó en manos del Imperio Español, y la Fábrica pasó a ser regida por la burocracia española, que era bienintencionada y empeñosa por un lado, pero lenta, escribánica e inoperante por el otro. Nada de raro que entre los siglos XVII y XVIII, las obras hayan avanzado a paso de caracol. Se trataba de una catedral gótica que seguía edificándose pasado el Renacimiento y luego el Barroco, y entrando en el Neoclasicismo. La fachada misma tardó cerca de 200 años en ser proyectada y construida, entre diversas autorizaciones, marchas y contramarchas, incluyendo el pintoresco incidente con las columnas de Pellegrini que hemos comentado en otro posteo. Entretanto, en 1774, se remató el cimborio, la aguja principal, con una estatua de la Virgen Maria (la "Madonnina"). Con una altura de 108 metros, se prohibió edificar en Milán cualquier edificio que fuera más alto, hasta tiempos bien recientes.

Llegó el siglo XIX, y la cuestión de la fachada aún no estaba resuelta. En el intertanto, Napoleón Bonaparte se paseó más de alguna vez por territorio italiano, anexando el norte del mismo a su imperio. En 1805, Napoleón Bonaparte aspiró a coronarse como rey de Italia, y para ceñir la corona de hierro respectiva, dispuso que la Catedral de Milán sería el escenario. Con su estilo característico, ordenó que la fachada fuera completada de prisa y con un proyecto que costara poco. Con eficacia inusitada, surgió un proyecto de unos proyectistas neoclásicos de apellidos Pollak y Amati, y las obras fueron completadas. El francés consiguió así en poquísimos meses, lo que siglos de administración italiana y española no habían podido.

No es que la Catedral como un todo estuviera lista (la última etapa, que fue la colocación de la puerta principal definitiva, ocurriría recién en... ¡1965! No, no es error de tipografía, no quise escribir 1865, sino mil NOVECIENTOS sesenta y cinco). En el intertanto, milaneses se sintieron un poco insatisfechos de que SU catedral le debiera el remate de la fachada y algunos conceptos arquitectónicos relacionados a dos arquitectos neoclásicos contratados por un francés, de manera que en 1866 convocaron a un concurso para una NUEVA fachada. Cinco siglos después de iniciada la construcción, todavía estaban planificando. Hubo nada menos que 120 proyectos propuestos, y aunque hubo un claro ganador (un tal Giusseppe Brentano, del que no volvió a saberse), triunfó el sentido común, y se dejó la fachada tal y como estaba (aunque no sin conflicto por parte de los buscapleitos de siempre). Pero aún así, los milaneses estuvieron lo suficientemente agradecidos de que Napoleón Bonaparte "apurara los caracoles", por decirlo de manera vulgar, como para colocar en medio del bosque de estatuas rematando las agujas de la catedral, una dedicada al conquistador francés...

jueves, 3 de noviembre de 2011

No cree tener un alma.


Esta anécdota es de ésas que no he podido cotejar a ciencia cierta, pero la respuesta me pareció demasiado buena para dejarla escapar (si alguien puede confirmármela o refutármela, se agradecería). El involucrado en ella es Francis Wayland, que era a un tiempo educador universitario, pastor bautista y ensayista filosófico. El caso es que Francis Wayland daba clases y era rector de la Universidad de Brown, cargo este último en el cual estuvo entre 1827 y 1855.

Va un estudiante de filosofía, probablemente uno de esos horribles materialistas...

-- Doctor, no creo tener un alma.

-- Quizás no, muchacho. Usted lo sabrá mejor que nadie. Yo sí la tengo... Buenas tardes, señor mío.

Mencioné que el doctor Wayland era bautista, ¿cierto...?

domingo, 18 de septiembre de 2011

El escándalo de la fragata Scorpion.


Uno de los más sonados escándalos en la historia chilena que involucran abuso de autoridad (y de ésos hay una tonelada), es probablemente el relacionado con el de la fragata Scorpion, en los años inmediatamente anteriores a la independencia. De hecho, este escándalo ayudó en gran medida a catalizar los sentimientos patrióticos en la gente, debido a que en medio del ajo estaba nada menos que el Gobernador de Chile, a la sazón Francisco Antonio García Carrasco. En la época, el contrabando era una actividad muy lucrativa en las costas del Imperio Español debido a las restricciones comerciales impuestas por la metrópoli, sumadas a la pujanza del comercio francés e inglés, buscando abrirse nuevos mercados, aunque fueran un mercado negro. Por otra parte, parece ser que más allá de sus actividades ilegales, Tristán Bunker el capitán de la Scorpio era un hombre de honrar sus compromisos. La fragata Sorpion navegó varias veces los mares australes como ballenero, pero a la larga terminó abandonando debido a que habían mayores beneficios en el contrabando. El contacto en Chile era Enrique o Henry Faulkner, un médico afincado en Quillota, de origen inglés o estadounidense a según la fuente. Bunker y sus armadores ingleses arreglaron entonces el envío de un contrabando por ochenta mil libras esterlinas en paños y telas de hilo (sí, ésas cosas se contrabandeaban en aquellos años). En 1808, la nave emprendió un viaje de tres meses desde Plymouth en Inglaterra hasta Topocalma, en la costa de Colchagua en Chile. Una vez arribado, Bunker mandó llamar a Faulkner desde Quillota a Topocalma, para concretar la transferencia del contrabando. El correo fue un hacendado local llamado José Fuenzalida Villela, quien jugó a dos bandas: mandó avisar a Faulkner, en efecto, pero también avisó a un funcionario español llamado Francisco Antonio Carrera.

Resultó entonces que entre los tres (Faulkner el comprador, Fuenzalida el hacendado y correo, y Carrera el funcionario) se coaligaron para hacerle una quitada a Bunker. El pretexto era que, estando la Scorpio en actividades de contrabando, podía hacerse presa de la nave y su contenido... sin pagar por el mismo, claro. Para ganar tiempo mientras sus compinches se movilizaban a Colchagua, Fuenzalida le dijo a Bunker que sacara la Scorpio a mar abierto y navegara un poco más, e incluso le ofreció algunas vacas para que los marinos se alimentaran por un tiempo. Bunker, sin sospechar lo que se le venía encima, aceptó de buena fe. En paralelo, para asegurar el golpe, Carrera envió a Fuenzalida con cartas oficiales para entrevistarse nada menos que con el Gobernador de Chile, Francisco Antonio García Carrasco, quien de esta manera también quedó metido en el complot. García Carrasco debió apurarse en echar a andar la quitada porque en el intertanto la autoridad aduanera a cargo de Manuel Manso se había dado cuenta de que andaba una fragata sospechosa dando vueltas. Si la aduana intervenía, era obvio que la quitada se iba al diablo. A tanto llegó el doblez, que cuando Fuenzalida empezó a experimentar algunos escrúpulos de conciencia, sin querer retirarse del proyecto pero al menos dejarle algo a Bunker por su corrección en los tratos, entre los otros conjurados empezaron a darle pistas falsas para dejarlo fuera de la operación, a pesar de que el propio Fuenzalida la había financiado en su mayor parte de su propio peculio.

El golpe finalmente se concretó el 13 de Octubre, fecha en que la Scorpion arribó a Quilimarí para concretar finalmente la entrega del contrabando, contra el cual se cargaría la fragata con plata y cobre. Los metidos en la conjura consiguieron convencer a Bunker, que algo sospechaba, de que todo marchaba perfectamente, lo hicieron bajar a tierra, y le ofrecieron una opípara cena. Una vez allí se suscitó un griterío. Un testigo presencial citado por el historiador Diego Barros Arana dijo: "El capitán se levantó de su asiento, pero inmediatamente recibió una puñalada por la espalda. (...) Bunker, aunque herido, alcanzó a salir afuera para ganar los botes, pero fue alcanzado y asesinado. Entonces fue desnudado, y amarrándole un lazo a una de sus piernas fue arrastrado a corta distancia y arrojado a un hoyo que parecía hecho a propósito para él. A mí me parecía que todavía daba señales de vida, y quise acercarme a él, pero no me lo permitieron. Yo pude ver esto a la luz de cuatro faroles y del fuego de una fogata". Varios marineros de la Scorpion fueron masacrados, y la nave remitida a Inglaterra.

La cosa se puso fea cuando Manuel Manso, como encargado de la aduana, determinó que estando España e Inglaterra bajo armisticio, no correspondía la presa de la Scorpion como nave enemiga sino apenas su comiso. Con esto, se iba al traste la maniobra de los conjurados para apoderarse del contrabando. García Carrasco hizo entonces valer su condición de Gobernador de Chile y dando un golpe de autoridad, sin consultar a administración o tribunal alguno, declaro por sí la presa, y se repartió la misma entre los apresadores. El escándalo fue mayúsculo: mientras que los hechores materiales estuvieron en un tris de ser linchados en las calles de Valparaíso a los gritos de "¡Asesinos!", en Santiago los notables empezaron a moverse para que los tribunales aclararan el enredo y establecieran responsabilidades. Cuando la noticia llegó a España, el gobierno estaba radicado en la Junta de Cádiz, que apoyó las acciones de García Carrasco, basadas en un oficio del propio Gobernador... hasta que llegaron informaciones paralelas por parte de los vecinos de Santiago e incluso desde el mismísimo gobierno de Inglaterra. Por desgracia, cuando la Junta de Cádiz dio la orden de restituir los bienes mal habidos, ya era el 23 de Abril de 1811, y el Gobierno de España ya no tenía injerencia en los asuntos de Chile, que a la sazón estaba en manos de la Junta de Gobierno. Para cuando los españoles reconquistaron Chile en 1814, muchos de los involucrados ya se habían puesto a buen recaudo tanto ellos como el botín. Menciona don Augusto Poblete Solar en su obra sobre Quillota ("Quillota: Sus escritores, su pasado y su gente"), que Faulkner llegó a ocupar la Gobernación de Quillota en 1823, y que en 1844 se compró un fundo llamado Santa Teresa...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Los decretos poéticos del gobernador Mariano Osorio.

¿Quién dice que la poesía y la política no combinan? Mariano Osorio es la viva prueba de lo contrario. Osorio fue un militar español que participó en varias acciones bélicas contra los franceses, después de la invasión napoleónica de 1808 (dicho porque, según tengo entendido, hay otro Mariano Osorio que es mexicano y locutor, con el que nuestro personaje no tiene nada que ver más allá del alcance de nombre). El historiador Leopoldo Castedo describe a Osorio con estas palabras: "si bien no iba a revelar grandes dotes de general, era en cambio hombre culto, de inteligencia rápida, un tanto zumbón y de maneras afables, cualidades más de orden diplomático que militar". Diego Barros Arana es de opinión ligeramente distinta: "Osorio, sin poseer una inteligencia rápida y perspicaz, demostraba cierta solidez de juicio, y a veces rasgos ingeniosos y agudos que le celebraban mucho las personas de su séquito". Mariano Osorio reconquistó Chile para la corona española luego de haber quebrado de manera definitiva la resistencia militar en la Batalla de Rancagua del 1 y 2 de Octubre de 1814, y siguiendo instrucciones del Virrey Abascal, se instaló como Gobernador de Chile. Siempre considerando las circunstancias, puede decirse que su gobernación fue bastante suave. Hubo tribunales de vindicación que fueron más o menos severos en lo suyo, pero la represión no fue tan grave como la que hubo después de Osorio, bajo la infausta gobernación de Casimiro Marcó del Pont.

Toda la parrafada anterior en realidad fue para enmarcar la curiosa tendencia que tenía Mariano Osorio, de entregar respuestas y emitir decretos o providencias no en la seca prosa legal característica de estos documentos, sino... véanlo ustedes mismos. A una consulta sobre si unos dineros fiscales eran para pagar a las tropas o para una fiesta pública: "Lo primero es lo primero, Osorio". A un patriota preso que pedía residir en su casa bajo fianza: "No quiero, Osorio". A un oficial que pedía permiso para pasar a Lima: "Buen viaje, Osorio".

Pero las resoluciones más célebres de Osorio, fueron las que pasó en verso. Un caso fue el del militar español Raimundo Sesé, realista que sirvió bajo armas patriotas y que, no pudiendo escapar después de la Reconquista, tuvo que justificarse ante el tribunal de vindicación. Sesé fue absuelto, pero la resolución tenía ciertas consideraciones que dadas las circunstancias, Sesé consideraba infamantes, por lo que éste, ni corto ni perezoso, apeló a Osorio. La respuesta fue:

Se encarga al interesado
que no revuelva lo que está tapado

Mejor aún fue la respuesta que se llevó don Juan Martínez de Luco y Aragón, un realista que como era moneda corriente entre los partidarios del antiguo régimen ahora restaurado, estaba a favor de los privilegios, en particular de los suyos propios. Resulta que cuando se intentaron imponer contribuciones a los bienes raíces, este hombre le pidió a Mariano Osorio una exención, basada en un antiguo privilegio. Mariano Osorio, seguramente tapado con varias otras solicitudes similares, le respondió, para regocijo de los vecinos de Santiago cuando se enteraron:

Como Luco y Aragón,
libre de contribución.
Como vecino y pudiente,
pagará al día siguiente... Osorio.

domingo, 21 de agosto de 2011

Cadáveres en óptimas condiciones.

A comienzos del siglo XIX, las Escuelas de Medicina habían desarrollado una siniestra reputación. Nadie dudaba de que el estudio "en terreno", con cuerpos humanos verdaderos, era y es necesario para la formación de un futuro médico. Pero la ley británica exigía enterrar a todos los cadáveres. Los únicos que "escapaban" a este destino eran los cuerpos de los ejecutados, y aún éstos comenzaban a escasear debido a la aplicación más humanitaria de las leyes que se comenzó a hacer en dicha época. Ironía suprema: la humana actividad de darle salud y años de vida a las personas se vio resentida por la humana compasión de ir eliminando progresivamente la pena de muerte. No es raro que en el siglo XIX, los estudiantes de Medicina cobraran fama de rondadores (y cavadores) de tumbas y perturbadores de la paz de los gusanos del cementerio. Y como cualquier actividad humana en que la demanda es alta y la oferta es baja, surgen aquellos avispados que se encargan de crear un mercado negro al respecto. En este caso, los inteligentes fueron dos William: William Burke y William Hare. No fueron los únicos, pero sí fueron los más prominentes, con toda probabilidad.

El descubrimiento fue accidental. Resulta que William Hare se había casado con una viuda que poseía una pensión, y por lo tanto como marido decimonónico que era, se encargaba de regentarla. En esos negocios estaba cuando un pensionista cualquiera se le murió, y recibió entonces una oferta de siete libras por el cuerpo. Entonces, en un rapto de inspiración capitalista y libremercadista, decidió meterse en el novísimo filón del tráfico de cadáveres a la Escuela de Medicina. Pero para ello, lógicamente, debía obtenerlos, y como la gente no suele querer morirse con facilidad, y menos para donar su cuerpo a la ciencia, decidió transformarlos en donantes involuntarios por el expediente de matarlos.

La Escuela de Medicina exigía por supuesto que los cadáveres debían estar en óptimas condiciones, y esto significaba sin heridas ni lesiones de ningún tipo, claro está. Entonces la banda compuesta por William Hare, su esposa, William Burke, y la amante de este último, perfeccionaron un modus operandi destinado a tales efectos. Primero, las mujeres se encargaban de atraer machos recios con sus armas de mujer, y los emborrachaban. A continuación, cuando ya estaban dormidos, entraban los hombres en el asunto: entre los dos inmovilizaban a la víctima, y luego uno se le subía al pecho oprimiéndoselo con la rodilla, luego de lo cual el otro le tapaba la nariz y boca para que no volviera a respirar.

El asunto se destapó cuando accidentalmente una persona descubrió uno de los cuerpos. Interrogados Burke y Hare, ambos cayeron en contradicciones, y fueron llevados a proceso junto con las mujeres involucradas. Las pruebas no eran concluyentes, de manera que el fiscal le ofreció inmunidad a Hare a cambio de traicionar a Burke: de esta manera el primero escapó sin problemas a la justicia (si bien tuvo que exiliarse debido al peligro de linchamiento), mientras que Burke acabó colgado, ejecutado... y diseccionado en una Escuela de Medicina, siguiendo la ley de que estos cuerpos sí que podían ser llevados para los estudiantes, y conservándose su cuerpo para la posteridad y las lecciones de los futuros estudiantes de dicha ciencia, en una irónica volte face del destino. En 1832 se aprobó en Inglaterra una ley que permitió a quien tuviera la posesión legal de un cuerpo humano muerto, entregarlo para su disección, así como prohibiendo el comercio de cadáveres (lucrativo: de las siete libras iniciales, Burke y Hare habían ascendido hasta catorce, el doble, en su última venta) y estableciendo vigilantes en los cementerios. El caso inspiró también varias pelis, incluyendo una con Boris Karloff ("El profanador de tumbas", de 1945). Además, hubo una repercusión en el idioma: el método de matar a una persona por sofocación, presionando la rodilla contra su pecho, en inglés pasó a ser conocida precisamente como "burking".

jueves, 12 de mayo de 2011

Compre usted su Legión de Honor.



La Legión de Honor es probablemente una de las más preciadas condecoraciones del mundo, inflada de paso por ese sentido de la pomposidad que sólo los franceses parecen ser capaces de conseguir. Su lema "Honneur et Patrie" ("Honor y Patria") recuerda subliminalmente que la Legión de Honor fue creada por Napoleón Bonaparte no para recompensar a la nobleza, sino como una condecoración democrática que pudiera en principio dársele a todo el mundo en premio a sus méritos. Por ello, el escándalo del tráfico de esta condecoración a finales del siglo XIX conmocionó tanto a una sociedad francesa tan dada a dar una imagen autosuficiente y pagada de sí misma.

Francia vivía por ese entonces los cálidos días de la Tercera República, instaurada después de la caída de Napoleón III en la Guerra Franco-Prusiana, y caracterizada por un cierto estancamiento social, en donde los políticos se dedicaban a destrozarse mutuamente con saña sin que la sociedad francesa sufriera eventos tan radicales como la revolución de 1789 o la guerra de 1870. Jules Grévy era Presidente de Francia desde 1879, el primero más o menos republicano (sus antecesores habían sido monarquistas tratando de derribar la república, aunque sin éxito), y fue a la relección y obtuvo un segundo período en 1885. Para su desgracia, eso lo puso en la línea de fuego de lo que se iba a venir. Porque pronto llegó a la prensa la noticia de un posible tráfico de condecoraciones.

Resulta que el principal involucrado en el tráfico era un tal Daniel Wilson, que era sobrino de Jules Grévy precisamente, y que a la sazón era diputado. Grévy fue sometido a desafuero y de hecho se le privó de su inmunidad parlamentaria el 17 de noviembre de 1887, aunque la cosa por el minuto no llegó a mayores. Peor le fue al Jefe del Estado Mayor de Francia, que debió pagar 3000 francos de multa. El conde D'Andlau, un senador, fue condenado por contumacia a tres años de prisión y 3000 francos de multa. Los enemigos políticos de Jules Grévy aprovecharon la ocasión para ir a por el tío a cuenta de la conducta del sobrino, y lo presionaron de tal manera que éste acabó por renunciar el 2 de diciembre de 1887 (fallecería en 1891, a los 84 años). En cuanto a Wilson, parecía salvarse por el minuto, pero no le duraría demasiado.

El 16 de Febrero de 1888 comenzó el juicio contra Daniel Wilson, que duró hasta el 1 de Marzo, acusado de ofrecer a un industrial la Cruz de la Legión de Honor por 25.000 francos. Fue condenado por estafa (ya que no estaba en posición de ofrecer tal distinción, a pesar de lo cual había obtenido pago por ella) a dos años de prisión y 3000 francos de multa, además de la privación de derechos civiles por cinco años. Wilson apeló, y a finales de marzo había conseguido ser absuelto por un tecnicismo: existía un vacío legal sobre la materia, por lo que en sentido legal no había delito, y por tanto no cabía condena. En 1889 se remedió esto: el artículo 177 del Código Penal de Francia pasó a incorporar como delito el recibir dinero por condecoraciones, distinciones, recompensas o funciones. En cuanto a Wilson mismo... fue reelegido para su cargo parlamentario. Pareciera que estos franceses no tienen remedio...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Espectros de los ordovicos y los silures.

Uno de los más dramáticos eventos en la Historia de la Tierra, no demasiado conocido porque no intervienen dinosaurios, pero no por ello menos dantesco en cantidad bruta de muertos, es la llamada Extinción Masiva del Ordovícico-Silúrico, que se produjo aproximadamente hace 450 millones de años. No es la peor de todas, pero en cantidad de especies extintas no tiene nada que envidiarle a la extinción masiva más conocida, que es la KT (Cretácico-Terciario, la clásica de los dinosaurios, vamos). De hecho, es la segunda extinción masiva de especies marinas conocida, cerca de un 60% del total, lo que es bastante si se considera que en la época, TODA la vida animal o vegetal estaba confinada en los mares (el récord absoluto lo tiene la Extinción del Pérmico-Triásico, hace unos 250 millones de años, aunque en esa época la vida ya se había abierto camino hacia la superficie terrestre).

Desde un punto de vista etimológico, tiene su gracia que una de las cinco mayores extinciones masivas en la historia terrestre reciba su nombre de los dos períodos geológicos mencionados (el Ordovícico y el Silúrico, ambos partes del Paleozoico, conocido en los manuales antiguos como Era Primaria). Resulta que la Paleontología de la primera mitad del siglo XIX, cada vez más dispuesta a aceptar que la Tierra debía ser más vieja que los 6000 años bíblicos, comenzaba la dificultosa labor de periodizar la historia terrestre. Como la investigación científica estaba confinada en la época a los fósiles y sedimentos de Europa, las rocas mejor investigadas del período Primario (actual Paleozoico) eran las de Gales, en Inglaterra. De esta manera, cuando quisieron buscar nombres, se volvieron al nombre antiguo de Gales (Cambria), para bautizar lo que actualmente es el Período Cámbrico.

Ahora bien, pronto hubo que inventarse más nombres para los períodos, y como parecía cómodo el sistema adoptado, los dos períodos siguientes al Cámbrico recibieron su nombre de dos tribus galesas, precisamente: el Ordovícico de los ordovicos, y el Silúrico de los silures. Los ordovicos vivían en el norte de Gales y los siluros en el sur, y los historiadores romanos refieren el apetito de ambas tribus por la guerra. En los hechos, durante el siglo I después de Cristo, los romanos trataron de entrar a Gales por la fuerza, y si bien lograron conquistar y pacificar la región (más o menos), esto les costó lo suyo, y los ordovicos y siluros nunca aceptaron la romanización sino de mala gana, sólo para sacudírsela a la primera ocasión. Cuando cayó el Imperio Romano, Gales recayó en la barbarie como si nunca los romanos hubieran estado allí.

Yendo un poco más lejos en la etimología, nos encontramos con que la palabra "ordo-wik" puede estar emparentada con el irlandés "ord" y el galés "gordd", que significa martillo. "Silo", por su parte, vendría significando "semilla" en galés. Quizás ambas tribus, conocidas por la fiereza de sus guerrillas contra los romanos, se habrían sentido más que satisfechas de saber que por un capricho de la Historia de la Ciencia, los nombres de ambas acabarían insertas nada menos que en uno de los más importantes eventos de extinción masiva en la Historia de la Tierra completa...

domingo, 16 de mayo de 2010

Wallace y Darwin en el problema del intelecto humano.


La Teoría de la Evolución de las Especies, tal y como la enunció Charles Darwin, sirvió para despejar una serie de misterios sobre la naturaleza y fue revolucionaria por eso. Sin embargo, precisamente por hacer saltar por los aires un montón de ideas ilógicas que antaño se daban por sentadas, abrió la compuerta a un aluvión de nuevas preguntas sobre el mundo. Es lo que tienen las revoluciones, incluso las científicas, que después de destrozarlo todo, hay que volver a construir con calma y laboriosidad. Uno de los problemas más complejos al respecto, se dieron en el viejo problema del intelecto humano. Antes de Darwin, la situación estaba clara: el intelecto era una manifestación del alma, y el alma era un don de Dios. Después de Darwin, empero, cabía la siguiente pregunta: ¿puede haber surgido el intelecto humano meramente por evolución? Charles Darwin y Alfred Russell Wallace, que por vías separadas habían los dos arribado a una Teoría de la Evolución consistente, y que estaban de acuerdo en muchas cosas, se enfrentaron aquí: mientras que Darwin, cristiano por salvar las apariencias y en el fondo agnóstico convencido, se inclinaba por una respuesta positiva (el intelecto humano es producto de la evolución), Wallace, irónicamente evolucionista a ultranza... se inclinaba por la negativa (¡el intelecto humano es creación de una potencia superior!). ¿Qué había ocurrido allí?

Lo que pasaba era un desafortunado cruce de dos ideas distintas. En primer lugar, se enfrentaban dos concepciones distintas de la evolución. Resulta irónico que se asocie a Darwin tanto con la selección natural, y en realidad sea Wallace el más fundamentalista en la materia. Para Wallace, la selección natural lo era todo, mientras que Darwin admitía la posibilidad de que existieran otros mecanismos evolutivos aparte de la selección natural (de hecho, el tiempo le dio la razón, aunque la selección natural sigue siendo probablemente el mecanismo evolutivo más importante de todos). En el fondo, había también una línea de fisura más profunda: Wallace entendía que cada adaptación tendía a producir una mejora, y el resultado era siempre, por lo tanto, una criatura "mejor". Esta idea estaba muy en consonancia con el optimismo decimonónico según el cual el mundo siempre "marchaba hacia adelante", por decirlo así, pero Darwin estaba en desacuerdo. Para Darwin, una adaptación no necesariamente implicaba una "mejora" de la criatura como un todo, sino que simplemente mejoraba sus oportunidades de reproducirse y propagar sus propios cambios (quizás esta idea repugnara profundamente a Wallace y los suyos, prisioneros del puritanismo sexual del victorianismo decimonónico).

Por otra parte, estaba el racismo decimonónico. Alfred Russell Wallace había pasado muchos años de su vida viviendo en Indonesia (desarrolló su propia Teoría de la Evolución independiente basándose en sus observaciones de la flora y fauna de Indonesia, así como Darwin hizo lo propio a bordo del Beagle y en sus observaciones posteriores en su invernadero de Inglaterra), y estaba convencido de que todos los seres humanos eran iguales. Se requería de valor para afirmar esto en una época en que muchas personas respetables opinaban que la raza europea era biológicamente superior a todas las demás, pero esto le jugó a Wallace una mala pasada. Porque Wallace observaba, eso sí, que la cultura europea era con mucho, muy superior a la de muchos nativos. Wallace señala, con la encantadora jerga racialmente condescendiente del siglo XIX: "La selección natural sólo podría haber dotado al hombre salvaje de un cerebro en mínimo grado superior al de un mono, mientras que por el contrario posee uno que es poco inferior al de un filósofo". ¿Para qué diablos querían los "salvajes" un cerebro tan grande y voluminoso como el que tenían, equiparable a los sesos de un europeo caucásico de toda la vida, si es que su cultura era tan ínfima, su horizonte de vida tan reducido, y su arte tan primitivo? La conclusión de Wallace era obvia: habían recibido cerebros grandes y capaces en previsión de que, en un futuro, aquellos nativos deberían llegar a usarlo. Pero entonces, la selección natural no tendría absolutamente nada que ver en aquello, porque ésta sólo produce adaptaciones útiles para responder a las presiones del medio ambiente, según la visión de Wallace. ¿Cómo salir de semejante callejón sin salida?

La solución de Wallace: "La inferencia que yo haría a partir de esta clase de fenómenos es que una inteligencia superior ha dirigido el desarrollo del hombre en una dirección específica y con un propósito específico". Listo: Alfred Russell Wallace había llegado a la conclusión de que Dios mismo había creado el intelecto humano, apenas disfrazada por la expresión "inteligencia superior". Y sin embargo, estaba equivocado en un punto de su razonamiento. Porque olvidaba algo que Darwin tenía muy claro: las adaptaciones no surgen para atender a una determinada función. En vez de ello, las adaptaciones surgen al azar, y las que mejor se presten para la supervivencia son las que prevalecen... sin que dicha adaptación se ajuste necesariamente como un guante a la necesidad que resuelven. Así, una adaptación que resulta útil para una determinada función, puede más adelante resultar útil para otra función diferente. El cerebro humano resultó útil para que los primitivos humanos pudieran cazar mamuts y osos cavernarios, pero no surgió exclusivamente para eso, sino que quienes desarrollaron tales cerebros quedaron en mejor posición para dicha caza, sobrevivieron... y sus descendientes descubrieron que ese mismo cerebro podía servir, además, para otras nobles funciones, tales como componer sinfonías, inventar la penicilina, o publicar posteos en Siglos Curiosos. He aquí el error elemental de Wallace, error nacido, eso sí, de su propia honestidad científica y de sostener ideas que eran valientes para su época.

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