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domingo, 14 de octubre de 2012

La historia de Pasquino.

¿Cómo se las arreglaba la gente para hacer campaña contra los abusos de autoridad y la tiranía, y denuunciar a los poderosos, en la época anterior a Internet? En la actualidad, gobiernos enteros han sido derribados vía Facebook, como a sus costillas lo aprendió Hosni Mubarak en Egipto, pero ¿y antiguamente? Ya hemos mencionado que dentro de la autocracia bizantina existió una tradición satírica, y antes que eso, las murallas de Roma sirvieron como periódicos improvisados para quienes querían dejar su tuiteo contra el mal gobierno. La Roma del Renacimiento no fue distinta, y el héroe máximo del partido popular fue Pasquino.

En realidad, Pasquino en sus orígenes era Menelao, el hermano de Agamenón en la "Ilíada" de Homero. Así como suena. O mejor dicho, una estatua representando a Menelao sosteniendo el cuerpo de Patroclo muerto, eso es. O algo así, porque la estatua no sobrevivió precisamente indemne a los vandalismos de los tiempos. A inicios del siglo XVI, según refiere la rumorología, se instaló en sus cercanías un sastre de apellido Pasquino, reputado por su ingenio. Al mismo tiempo, vaya uno a saber si habiendo conexión o no, en la estatua comenzaron a aparecer libelos con versos satíricos en contra de la Iglesia Católica, que por supuesto era quien mandaba en Roma. (Ni qué decir, éstos fueron los primeros pasquines, a los cuales el mentado Pasquino dio inadvertidamente su nombre).

Los emperadores bizantinos aguantaban la sátira con resignación, pero como no se supone que los Papas cristianos sean tolerantes, amen a su prójimo o sean humildes, estuvieron a punto de arrojar la estatua al agua para eliminar el odiado símbolo de la resistencia popular. Al último, convenciéndose de que harían de la estatua un mártir, se limitaron a prohibir la publicación de libelos sediciosos en la estatua de Pasquino. El efecto fue similar a cerrar Napster y permitir la apertura de millones de otros sitios de descarga en Internet: poemas sediciosos comenzaron a aparecer en numerosas otras estatuas, hasta configurar toda una tradición de las llamadas "statue parlanti" ("estatuas parlantes"). En algunos casos, Pasquino incluso entró en conversaciones con sus compañeros de piedra, siendo los más famosos una estatua del dios de los ríos situada en una fuente del Capitolio y llamada Marforio, y un busto de mujer clásico a quien la creatividad popular rebautizó como Madama Lucrezia por Lucrezia d'Alagno, que en el siglo XV había sido la amante de Alfonso de Aragón y reina de facto en Nápoles.

Y una pasquinada para cerrar el presente posteo. El Papa Inocencio X (1644-1655) inaguró la fuente de los Cuatro Ríos en la Piazza Navona, y el pueblo estaba descontento porque se avecinaba un alza de contribuciones para pagar por estas maravillas arquitectónicas. Y Pasquino, impertérrito, habló: "Lo que nosotros queremos no son ni fuentes ni obeliscos; pan es lo que queremos, pan y más pan"...

domingo, 27 de septiembre de 2009

Santiago Pulgar contra Pedro Montt.


Una de las más sangrantes caricaturas políticas publicadas en Chile, fue obra del dibujante Santiago Pulgar. La víctima era nada menos que Pedro Montt, Presidente de Chile entre 1906 y 1910. Y para colmo, salió en la revista "La comedia humana"... ¡en primera página!

Ya hemos aludido a Pedro Montt en Siglos Curiosos, cuando hablamos de la leyenda del origen del colemono. Ahora conviene señalar que Pedro Montt era un político muy criticado y tachado de demasiado austero y mañoso. Además, era de temperamento tímido y huraño. Un hombre gris, en definitiva, por más que se destacara su inteligencia (hablaba correctamente inglés y francés). Su esposa era Sara del Campo, una mujer alta e imponente, que se atrevía a ser activa en materias políticas (recordemos que era la primera década del siglo XX, y se esperaba que las damas chilenas fueran recatadas y dejaran las cosas políticas a los hombres). En los cenáculos políticos, doña Sara del Campo había conocido a un político joven llamado Guillermo Rivera, a la vez liberal y hombre de mundo. Es decir, todo lo contrario que su apagado marido. Guillermo Rivera tenía una residencia en Valparaíso que estaba adornada con pisos de mármol, cuyo origen estaba en la cantera de una isla que era de propiedad suya. El "correo de las brujas" veía con malicia esta relación, y tachaban (de espaldas al aludido, claro está) al Presidente Montt de cornudo.

Lo que hasta el minuto era un mero chismorreo, Santiago Pulgar lo recogió en una incendiaria caricatura. En ella, mostraba a Pedro Montt sentado y tocando el piano, con su pelo blanco y su tez intensamente morena, mientras a su lado Sara del Campo bailaba con Guillermo Rivera. El diálogo acompañante decía: "PEDRO MONTT.- Yo... Yo te pago la piezaaaa, y tú, tú la gozas...". (Es la imagen superior, la que ilustra este posteo).

La respuesta fue inmediata y fulminante. La edición de "La comedia humana" fue requisada y la revista misma terminó clausurada después de apenas 56 números (entre 1904 y 1906). En cuanto a Santiago Pulgar, recibió una paliza lo suficientemente contundente como para que, cuando fue puesto en la frontera de Chile con Perú para expulsarlo del país, tuvieran que llevarlo en camilla. Años después, terminaría radicándose en Nueva York...

jueves, 24 de septiembre de 2009

¿No es tan bravo el león como lo pintan...?


Uno de los incidentes más sonados en la historia periodística de Chile, se produjo con la publicación del número 285 de la revista "Topaze". Esta revista, que se rotuló a sí misma como "el barómetro de la política chilena", nació en el año 1931, fue publicada hasta 1970, y se transformó en la más importante publicación de su ramo en Chile. Tuvo un revival entre 1989 y 1996, ahora vinculado al diario La Tercera, pero en su segunda vida, ya sin la dirección del gran dibujante chileno Coke (Jorge Délano), y perdida la imparcialidad política que la había hecho tan respetable en primer lugar, pasó con más pena que gloria.

Debido a que la revista Topaze las emprendía sin distinciones contra el Gobierno o contra la oposición, no pocas veces debió pasar algunos tragos amargos con la censura. Sin embargo, el momento más complicado de su historia se dio en la segunda semana de Enero de 1938. En aquellos años, la política chilena estaba algo complicada. Arturo Alessandri Palma había sido Presidente de Chile desde 1932, tocaban elecciones en 1938, y era el primero que estaba casi por acabar su período presidencial desde... él mismo, porque entre 1925 (en que el mismo Alessandri había abandonado el mando supremo) y 1932, Chile había estado sumido en una fuerte anarquía y un estado cercano a la falta de Constitución, si no en la teoría, sí en la práctica. Para esa elección, uno de los favoritos era el General Carlos Ibáñez del Campo, quién había sido Presidente de Chile por la vía del golpe de estado, entre 1927 y 1931, hasta que los efectos económicos de la Gran Depresión habían terminado por obligarle a renunciar. Ahora, Ibáñez del Campo aspiraba a llegar otra vez a Presidente por la vía electoral, apoyado por grupos de derecha, incluyendo a grupos simpatizantes nazis (en la época no estallaba aún la Segunda Guerra Mundial, y los nazis no estaban tan desprestigiados como después de ésta).

Aunque Alessandri en su segundo período había gobernado con la derecha, no simpatizaba con Ibáñez del Campo, y de hecho, le había atacado con un duro discurso. En respuesta, Ibáñez del Campo no se achicó, y lanzó una carta pública de desafío al mandatario. Todo el mundo esperaba que el Presidente de la República salvara la dignidad del sillón presidencial y pusiera en su lugar a Ibáñez del Campo, pero esto no sucedió. Coke entonces dibujó una caricatura (y "Topaze" la publicó, claro) titulada "se chupó", en que un pintor dibujaba a un león rugiendo, mientras que delante suyo tenía el modelo de un león en el suelo, con el pie encima de un domador, que tenía la cara de Carlos Ibáñez del Campo (es la imagen que ilustra este posteo, por más señas). El Profesor Topaze, protagonista de la revista, le decía al pintor: "¿Sabe, mi general, que no es tan bravo el león como lo pintan?". El puñetazo era bien visible, porque Arturo Alessandri Palma no en vano era conocido como "el León de Tarapacá" (sobre "el León de Tarapacá" ya posteamos en Siglos Curiosos)... Con todo, Coke le había encargado la caricatura a Pekén, otro dibujante, con la prevención de que no lo fisonomizara con los rasgos del Presidente.

Antes de que la revista fuera lanzada, de alguna manera, Alessandri se enteró. Coke fue inmediatamente puesto bajo arresto. El ministro instructor preguntó:

-¿Ha sido su intención personificar al Presidente de la República en la figura de este león?

-Me sorprende que S.S. suponga que S.E. pueda ser representado por un animal- fue la respuesta maliciosamente "ingenua" de Coke, quien ganó así la batalla legal.

Con todo, cuando volvieron a la editorial, Coke se encontró con la noticia de que la Policía de Investigaciones había entrado al edificio y retirado en camiones la tirada completa. Después de investigar varias horas, descubrieron finalmente el lugar en el cual la tirada completa había sido incinerada. De inmediato buscaron al juez, el cual acudió al lugar denunciado junto a un actuario. Obtuvieron las pruebas entre los restos calcinados, y con ello hubo un nuevo proceso, ahora contra la Policía de Investigaciones. En unas cuantas horas, el prefecto Peluchonneau estaba renunciado, y el propio Presidente Alessandri debía confesarse por radio como responsable de dar la orden...

Ni qué decir de cómo Topaze se festinó por semanas a costa de Alessandri, quien tuvo que mantenerse callado. En una de las tantas, lo dibujó amenazando al Profesor Topaze, diciéndole "Amigo Topaze, hay que odiarme menos y quererme más"... Muchos años después, Alessandri diría de su acerba relación con Topaze: "No le guardo rencor a Topaze. Es cierto que ha sido injusto y violento conmigo, pero no me quejo. Siempre he pensado que los hombres tienen su sino, y el mío ha sido que, como a las pelotas de fútbol, mis adversarios me han levantado a puntapiés"...

domingo, 26 de abril de 2009

Los quemalibros.


Quemar libros es, qué duda cabe, uno de los placeres psicóticos predilectos de toda clase de fundamentalistas religiosos, nacionalistas o de cualquier índole, como paladear el más delicioso caviar para un gourmet. Para dichas mentes estrechas en su visión del mundo, la aniquilación por el fuego de aquellas obras transgresoras no es sólo una labor pía o necesaria para hacer predominar sus concepciones inherentemente justas y virtuosas (según ellos, claro, miren qué casualidad), sino además les proporciona el placer moral de ver arder simbólicamente a sus enemigos (cuando no hacen arder a los escritores o lectores de esos libros también, por supuesto). En Siglos Curiosos, hacemos un brevísimo repaso de quienes han pretendido iluminar al mundo con la vibrante luz de sus hogueras alimentadas por los libros que pecan en la indelicadeza de... no ser de su egregio e inspirado gusto.

Hacia 429 a.C. En la civilizadísima Atenas, la obra del agnóstico Protágoras de Abdera es condenada por impiedad, y una sentencia judicial ordena quemarla. En la actualidad no se conserva ninguna de estas obras, salvo por citas y referencias de segunda mano.

Hacia el año 213 a.C. Tsin Shi Huangti, Primer Emperador de China, decide que la cultura china va a recomenzar entera desde cero. Y ordena quemar todos los libros antiguos. Sólo se salvan los de Medicina y Astrología, por ser conocimientos útiles para la nueva sociedad. El libro chino de Historia más antiguo conocido, es posterior en casi tres cuartos de siglo.

Hacia 168 a.C. El monarca seléucida Antíoco IV, como parte de su persecusión contra los judíos, ordena quemar libros rabínicos (fundamentalmente la Torá).

Hacia 390 d.C. El Emperador romano Teodosio, fanático cristiano y acérrimo perseguidor de paganos, en convenio con el Obispo Teófilo de Alejandría, ordena el asalto de la Biblioteca de Alejandría, quemándose los libros que pudieran contribuir a la perpetuación de la cultura pagana.

640 d.C. El Califa Omar conquista Alejandría. Consultado sobre qué hacer con los libros que quedaban de la celebérrima Biblioteca de Alejandría, dice: "si están en contra del Corán son heréticos, y si están a favor del Corán son superfluos". Los rollos que son herencia cultural de más de un milenio de civilización, son utilizados como combustible para calentar el agua en las calderas de los baños públicos de la ciudad.

1210 d.C. y después. Los católicos ordenan diversas quemas de libros que hacen apología del Catarismo. Y como parece poca diversión ver turros de páginas arriscándose por el fuego, asan a los cátaros mismos también, combo doble por el mismo precio.

1497 d.C. Girolamo Savonarola, fraile dominico y a la sazón amo de facto de Florencia, decide purificar la ciudad quemando todo lo que pueda ser considerado como pecaminoso, incluyendo libros. El incinerador acabará incinerado a su vez, un año después, por emprenderlas contra el Papa.

1553 d.C. Calvino, el rigorista teólogo devenido en déspota de Ginebra, ordena la quema de los libros del católico Miguel Servet, por herejía. Y en sabia prevención de que quizás siguiera escribiendo en el futuro, ordena quemarle a él también.

1563 d.C. El piadoso Obispo de Yucatán, Diego de Landa, ordena quemar todos los códices de la cultura maya, como resabios de la barbarie y el paganismo que no tienen cabida en una civilización cristiana como Dios manda. Pero no sin antes utilizar mucho de este material para escribir su propio libro, la "Relación de las cosas del Yucatán"...

1793 d.C. Durante la Revolución Francesa, el abogado Maximiliano Robespierre considera que el mejor expediente para defender la Razón y los ideales ilustrados, es ordenando la quema de libros que defiendan el Catolicismo, el clericalismo o el Absolutismo. Por alguna razón, no hay réplica en el muy racional debate.

1933 d.C. Una serie de obras literarias, científicas y artísticas son quemadas por el Tercer Reich. Se incluyen las obras del "degenerado" de Sigmund Freud, y muchas obras judías.

1966 d.C. En el seno de la Revolución Cultural ordenada por Mao Tsé Tung en China, se llevan a cabo varias quemas de libros. Se reporta que en la región de Xinjiang, donde existen comunidades musulmanas, se queman los Coranes que se encuentran.

Y no olvidemos las quemas de textos literarios varios, organizadas de manera más o menos espontánea por comunidades de todo tipo: los musulmanes quemando los "Versos satánicos" de Salman Rushdie, los cristianos integristas quemando ejemplares de Harry Potter... Tiene su ironía que, suponemos, viviendo en una moderna civilización como la nuestra, tuvieron que haberlo comprado (y enriquecido a la editorial y al escritor con ello) antes de quemarlos...

jueves, 23 de abril de 2009

El juicio contra Protágoras.


Protágoras de Abdera fue sin lugar a dudas uno de los filósofos más importantes de la Antigua Grecia. Sin embargo, para nuestra desgracia, a pesar de haber escrito varias obras (Diógenes Laercio, importante biógrafo de la Antigüedad, menciona al menos once), ninguna de ellas se conserva. Y es que Protágoras no pretendía enseñar grandes doctrinas filosóficas (a pesar de que las tenía), sino que tendía a la enseñanza práctica, fundamentalmente de la Oratoria, y por lo tanto, fue presa fácil para los místicos disfrazados de filósofos como Platón y otros (el propio Platón se dignó, de todas maneras, escribir un diálogo sobre Protágoras). Por su parte, Protágoras tuvo un final un tanto desgraciado, a resultas de un juicio que se le siguió por impiedad.

Protágoras llegó a Atenas y vivió en dicha ciudad en el siglo V a.C., un período excepcional como pocos en la Historia, por el cúmulo de genios que allí se reunieron y desarrollaron sus talentos artísticos, científicos, históricos, literarios y filosóficos. Protágoras llegó a ser amigo de Pericles el Olímpico, el principal líder ateniense, y esto pudo haberle valido la desgracia, ya que el juicio contra Protágoras coincidió con una ola general en contra de este líder.

El pretexto que encontraron para enjuiciar a Protágoras fue que éste habría escrito un tratado ("Sobre los dioses") que ponía en duda a los dioses, y que leyó a algún grupo de amigos. Diógenes Laercio cita así sus primeras palabras: "Con respecto a los dioses no puedo conocer ni si existen ni si no existen, ni cuál sea su naturaleza, porque se oponen a este conocimiento muchas cosas: la oscuridad del problema y la brevedad de la vida humana". Es obvio que con estas palabras está haciendo profesión de agnosticismo y no de ateísmo, porque cuestionaba a los dioses, pero no los negaba de raíz, pero esto bastó para que sus enemigos le acusaran (como puede verse, la famosa Ciudad Luz de la Antigüedad y la que muchos consideran "cuna del pensamiento racional", a veces podía también ser harto irracional). Diógenes Laercio menciona a un tal Pitidoro como su acusador, pero Aristóteles menciona a un tal Evatlo, lo que tendría mucho sentido porque según Diógenes Laercio, Evatlo era discípulo de Protágoras y le debía unos honorarios... que jamás tendría que pagar si Protágoras terminaba condenado.

Parece ser que Protágoras terminó siendo condenado al destierro, bajo la acusación de "asebia" o impiedad (la misma con la que Sócrates fue condenado a muerte, unos treinta años después). Según refieren varias fuentes, la nave en que viajaba naufragó, y Protágoras habría muerto ahogado. Esto sucedió probablemente hacia 429 a.C., pero las fuentes no concuerdan en su edad (70 o 90 años). Así terminó la breve y triste aventura agnóstica y de libertad de pensamiento de Protágoras, ahogada por el falso puritanismo y su buen poco de mezquindad política...

NOTA DE SIGLOS CURIOSOS: Este posteo sobre libros, libertad de pensamiento, agnosticismo y censura religiosa, es una publicación especial de Siglos Curiosos en el Día Internacional del Libro. Que los lectores de Siglos Curiosos encuentren buen solaz en nuestros viejos compañeros los libros, son los deseos de su seguro servidor el General Gato.

jueves, 29 de mayo de 2008

Un poco de autocracia a la bizantina.

Los Emperadores bizantinos, autócratas que gobernaban nada menos que en el nombre de Cristo, a veces llegaban a los máximos caprichos y exacciones. Los insultos más simples podían costarle caro a los ofensores, incluso aquellos lanzados sin conciencia. Le sucedió a una criada que, en un acto perfectamente estúpido, escupió inadvertidamente por la ventana. Cayó sin querer sobre el ataúd de la Emperatriz Eudoxia (no sobre la Emperatriz misma, repito, sino sobre su ataúd, en su cortejo fúnebre), y la infeliz sirvienta acabó condenada a muerte.

En vida del Emperador, las cosas podían ser peores. El Emperador Miguel VI Estratiota (1056-1057), por ejemplo, que había alcanzado una provecta ancianidad, decidió un día que estaba aburrido de los peinados de su tiempo, así es que ordenó que todo el mundo se cortara el pelo como en su lejana juventud. Teófilo (829-842), por su parte, siendo calvo, no soportaba el pelo de los demás, y ordenó a todo el mundo raparse. León VI (866-912), por su parte, tenía una digestión endeble, de manera que al no poder disfrutar él de la sangre de los animales, prohibió que nadie la consumiera.

Pero el pueblo se vengaba cumplidamente, no de manera directa por supuesto, pero sí por medio del remoquete y la sátira más despiadada. Se decía que la pasión urbanística de Miguel Estratiota (el mismo de los cortes de pelo) se debía a que trataba de encontrar una taba (un hueso del pie de la cabra utilizado para apostar como hoy en día al "cara y sello") que había perdido siendo niño. Alejo I Comneno (1081-1118) era representado en las tabernas como un tullido que se arrastraba y gemía de placer bajo los masajes de una marimacho, puesto que, en efecto, tenía gota y era bien dócil a su esposa, Irene Ducaena, que le aplicaba masajes durante sus campañas militares (nótese que este Alejo I debió combatir dos formidables amenazas, la invasión de los normandos a Grecia en 1081-1085 y la presencia militar de los caballeros cruzados en la propia Constantinopla, en 1099). La Emperatriz Zoe, virgen a los 65 años, era representada en medio de dolores de parto (fue brevemente Emperatriz por sí en 1042, pero lo había sido también a través de varios maridos que lo eran sólo de nombre). Teodora, la esposa de Justiniano, había sido la hija de un domador de osos y se había dedicado en su juventud a la venta de servicios femeninos poco honorables, y en el bajo pueblo circulaban incontables corridos burlándose de Justiniano por esto.

Por lo general, y a pesar de todo su poder, los Emperadores no eran tan estúpidos para no permitir este inocente desahogo a la multitud descontenta. Por lo que se veía en Constantinopla el curioso espectáculo de que estas sátiras contra el poder más absoluto que conociera la temprana Edad Media, se daban incluso en el mismísimo pórtico real, sin que nadie se escandalizara en demasía. Era una autocracia bastante estrambótica, claro está, pero si le funcionó a un Imperio que, bien o mal, pudo sostenerse con altibajos unos mil años...

domingo, 24 de febrero de 2008

Swift el satírico.

Entre los escritores de sátiras, el irlandés Jonathan Swift es sin lugar a dudas uno de los más duros. Esto se debía en parte a un temperamento demoníaco, que atropellaba a todo y a todos, sin respeto alguno por las convenciones sociales, y sin temor tampoco a las consecuencias que pudiera traerle su falta de tacto. Hoy en día se le recuerda por su gran novela "Los viajes de Gulliver", pero en ese tiempo se le conocía también por otras anécdotas que le retratan de una manera bastante poco amable.

En uno de sus primeros escritos satíricos, publicado en 1708, las emprendió contra los astrólogos, a quienes persiguió como embusteros en un libelo llamado "Los escritos de Bickerstaff", en el cual se atrevía nada menos que a profetizar la muerte de Patridge, un popular hacedor de almanaques de la época; cuando éste mordió el anzuelo y replicó en su propio tono, Swift escribió otra diatriba en el cual probaba más allá de toda duda que Patridge estaba muerto, porque "ningún ser viviente había escrito jamás tonterías tan detestables"...

Entre 1724 y 1725 publicó siete panfletos, los cuales prefirió firmar con el seudónimo de "Pañero", por lo cual se los conoce como las "Cartas del Pañero". A tanto llegó su difusión, que los ánimos de los irlandeses contra los ingleses se enardecieron, y éstos, en represalia, ofrecieron 300 libras esterlinas a la persona que denunciara la identidad del Pañero. Al día siguiente, con la cara hinchada por la rabia, Swift ingresó al salón de recepción del gobernador, y se atrevió a increparle personalmente por querer ponerle precio a un hombre "cuyo gran delito es haber querido salvar al país". La benevolencia del gobernador salvó a Swift en esa ocasión; en los hechos, nunca se le formularon cargos o puso bajo arresto.

Era hombre soberbio y altanero, que en palabras de Hipólito Taine "no pedía, exigía". Apoyó a los Whig (los liberales) durante años, pero andando el tiempo, éstos no cumplieron con las promesas hechas a Swift. Enervado no tanto por las malas condiciones de vida como por la traición y por el orgullo acumulado, se pasó al bando opuesto, al de los Tories (los conservadores), y escribió la vertiginosa cantidad de cuatro mil panfletos en tres años, para vengarse de sus enemigos. Eso es espíritu de venganza, y no el de los superhéroes de historieta...

domingo, 18 de noviembre de 2007

Pifias contra tres Presidentes.

Aunque la política oficial de Siglos Curiosos no es postear eventos de actualidad, porque este blog se llama "Siglos Curiosos" y no "Actualidad Curiosa" o "Farándula Curiosa", la verdad es que a veces debemos hacerlo. Porque los eventos que hoy día mismo se están produciendo, mañana serán históricos. Y lo serán en su dimensión épica o transhistórica, o bien, como lo que narraremos a continuación, en una simplemente anecdótica. Porque las pifias y abucheos contra altas autoridades son cosa de todos los días. Pero cuando esas autoridades son el Presidente de la República, el asunto se pone más serio. Y cuando se trata de TRES Presidentes de la República (bueno, en realidad una Presidenta en ejercicio y dos ex Presidentes), congregados en el mismo lugar y pifiados por igual, el asunto se transforma en algo claramente inusual. Quizás nunca en la Historia de Chile ha ocurrido una coincidencia semejante. Las fuentes para lo que narraremos, son el diario Las Ultimas Noticias, y secundariamente La Nación.

Sucedió el Lunes 05 de Noviembre de 2007. Se inaguraban las nuevas instalaciones de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Esta es, para noticia de nuestros lectores extranjeros, la más antigua de Chile (fundada en 1842), y su primer rector, don Andrés Bello, quien era de nacionalidad venezolana, fue también el redactor casi único del Código Civil de Chile, todavía en vigencia. Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, fue invitada como patrona de la casa de estudios. Y dos ex Presidentes, Ricardo Lagos (2000-2006) y Patricio Aylwin (1990-1994) fueron invitados, en su calidad de antiguos estudiantes de la Escuela (no es la única conexión: tanto Lagos como Bachelet tienen relaciones conocidas con la Masonería, mientras que el escudo de la Universidad de Chile tiene la escuadra y el compás propios de las logias masónicas).

El primero en ingresar fue Ricardo Lagos. Fiel a su estilo apoteósico y cuasi monárquico, ingresó con la mano izquierda levantada y extendida, en un estilo muy mussoliniano. Hubo aplausos, pero éstos fueron contundentemente aplastados por la rechifla posterior. Los varios estudiantes, además, alzaron el dedo índice en contra de Lagos, gesto reminiscente de otro famoso del propio Lagos, que a finales de la dictadura militar apuntó de esa manera a Augusto Pinochet, encarándolo para preguntarle dónde estaban los detenidos desaparecidos de la dictadura militar. Lagos bajó el brazo, se quedó paralojizado un par de segundos, y luego marchó hacia su asiento, siguiendo a su guardaespaldas.

Para ahondar más en su desprecio contra Lagos, los universitarios aplaudieron rabiosamente a un funcionario cualquiera que pasó por ahí. Pero luego llegó Patricio Aylwin, y comenzaron gritos más fuertes: "¡Golpista! ¡Golpista!" (Aylwin fue el Presidente de la Democracia Cristiana en vísperas del golpe de estado de 1973). Luego llegó Michelle Bachelet, y el grito cambió: "¡Concertación, vergüenza nacional, hay plata para coimas, pero no para estudiar!" ("coima", en Chile, significa soborno). Y de ese modo, en un mismo día y un mismo lugar, tres personajes que han desfilado por la Presidencia de la República de Chile, fueron unánimemente abucheados. Eso debe marcar alguna clase de récord.

Entre las pancartas hubo varias ingeniosas. Una de ellas rezaba "Lagos, gracias. Atentamente, los empresarios", todo un insulto si se considera que Ricardo Lagos pertenece al Partido Socialista. Otra decía "¿Y la alegría, cuándo?", en alusión al eslogan "Chile, la alegría ya viene" de la campaña presidencial de Patricio Aylwin contra la dictadura militar, en 1989. Y otra decía "¿Recuerdan que estudiaron gratis?", lo que es efectivo porque antes de la dictadura militar, la universidad pública era gratuita, mientras que en 2007, el arancel para Primer Año de Derecho se empinó a cerca de 2.200.000 pesos anuales... (como comparación: un computador de 80 GB en una multitienda sale aproximadamente 400.000 pesos).

Por su parte, en su discurso, Michelle Bachelet se refirió al aporte de la Universidad de Chile al país, incluyendo a varios otros ex mandatarios como Domingo Santa María (1881-1886) o Pedro Aguirre Cerda (1939-1942), así como a la recuperación de la democracia en 1990, y dio algunos tácitos espaldarazos tanto a Aylwin como a Lagos, los abucheados en la ceremonia. O sea, hubiera sido otra ceremonia estándar de discursos aburridos, de no ser por esta curiosa casualidad histórica...

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