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domingo, 5 de agosto de 2012

El Corán escrito con sangre.

Este posteo podría llamarse con espíritu macabramente festivo, algo así como "la última locura de Sadam Husein". Husein fue ciertamente un líder controvertido por muchas razones, pero algo que parece innegable son sus extraordinarios delirios de grandeza. Esto es lo que parece haberlo llevado a cometer lo que podríamos considerar uno de los sacrilegios más definitivos de la historia: mandar a escribir el Corán con su propia sangre.

La historia es por supuesto bastante confusa. Después de todo, hablamos de un dictador alrededor del cual muchas cosas son rumores. Parece ser que en 1997, para su cumpleaños número 60, Sadam encargó la obra. Hablamos por supuesto de una obra que tiene unas 336.000 palabras, de manera que el monto de sangre debió ser supremo: se calculan unos 24 y 27 litros. Claro que éstos se los extrajeron a Sadam Husein de a poco, que no solo nadie resiste una sangría tal de golpe, sino que el cuerpo humano tiene apenas cinco litritos... Parece que la extracción total duró un par de años (o sea, a razón de litro al mes, aproximadamente). El encargado de la faena fue Abbas Shakir Joodi al-Bagdadi, un experto en caligrafía islámica.

El libro fue presentado oficialmente el año 2001, y que se transformó en la joya de la corona de la Mezquita Madre de Todas las Batallas, el megatérico santuario islámico construido para mayor vanidad de Husein. Lo que por supuesto escandalizó a muchos musulmanes, toda vez que el Corán es sagrado, claro está, de manera que haber utilizado un elemento impuro como es la sangre (y la de Husein, más impura aún) para poner la Revelación en letras de molde (o caligráficas, tratándose del árabe) es lisa y llanamente blasfemia. Pero claro, a ver quién iba a ser el irakí guapo que iba a agarrar a Sadam y apedrearlo en la plaza pública por blasfemar, ¿no?

Después vino la invasión militar del año 2003, y por supuesto, sin la sombra de Sadam sobre el Corán blasfemo, vino el problema de qué hacer con él. Las nuevas autoridades iraquíes y norteamericanas de ocupación se hicieron con el libro y lo guardaron, pero quedaron sometidas a un predicamento. El libro es blasfemo, y por lo tanto no se supone que debiera existir en primer lugar. Pero por otra parte, la Palabra ya está plasmada en él, y por lo tanto es un Corán legítimo, aunque impuro, por lo que tampoco se puede quemar o destruir de otra manera. Para cualquier musulmán devoto que piense detenidamente la situación, no cabe más que la angustia: es blasfemia dejarlo existir, es blasfemia destruirlo...

domingo, 3 de junio de 2012

Mujeres afganas después de los talibanes.


¿Piensan ustedes que las mujeres en Occidente lo pasan mal frente a los resabios de machismo que van quedando atrás? Echenle una mirada a Afganistán. En dicho país, una década después de la caída del régimen talibán en 2001, el rol de la mujer afgana sigue siendo uno de ínfima categoría. La desgracia de las mujeres afganas es el desmedido rol que tienen la etnia de los pashtunes en la política afgana desde la década de 1980 (coletazo desafortunado de la invasión soviética contra Afganistán). Los pashtunes se rigen por el Pashtunwali, un código ético no escrito que le dice a cada pashtún cómo debe comportarse. El pashtún vale tanto como sus tres posesiones más valiosas: zar (oro), zamin (tierra) y zan (mujeres). Un hombre que posee estas tres cosas es un hombre con honor. El honor se incrementa siendo hospitalario con otras personas (y aún más con un enemigo en desgracia, una sutil manera de elevarse insultando a un enemigo mostrándose generoso con él), además de vengándose por cualquier afrenta que se le inflija. Y esto incluye por supuesto tanto a las mujeres que lo afrenten (sus esposas o hijas) como a los hombres con las cuales se las afrente. No es raro que el régimen talibán haya encontrado sus mayores apoyos justamente en los pashtunes.

La historia de Bibi Aisha puede ser más o menos típica. Nacida en 1990, se casó a los doce años con un esposo combatiente talibán que la golpeaba (legítimamente: ella era su propiedad). Ella no lo soportó más, y con la ayuda de un vecino se fugó. El esposo se puso de acuerdo con otros hombres pashtunes, la raptaron, la llevaron a un lugar perdido en las montañas, y allí, con la ayuda de esos otros hombres, le cortó las orejas y la nariz como castigo por su desobediencia. En los hechos, muchas mujeres afganas prefieren el suicidio a la opresión, prendiéndose fuego. Debido a su condición de suicidas, si por casualidad sobreviven quedarán deshonradas de por vida, además del inevitable castigo, así es que en consecuencia, los reportes por "explosiones de gas en la cocina" son de una frecuencia anormalmente alta en Afganistán, a pesar de que los médicos saben distinguir entre una explosión de gas auténtica y un intento de inmolarse en llamas debido a la forma y disposición de las quemaduras.

Con todo, la occidentalización de Afganistán parece ser un hecho imparable. Aunque los pashtunes en general odian a muerte a Occidente porque transmite valores de tolerancia, humanismo y respeto, el contacto de varias otras etnias (no sólo los pashtunes) y la adquisición de tecnología moderna en otras ciudades, incluyendo la capital Kabul, permiten un relajamiento de las bárbaras costumbres ancestrales. Una mujer como la actriz Trena Amiri, por ejemplo, puede manejar en Kabul con el rostro y el pelo y los brazos al descubierto (sin la burja tradicional), aunque no se libra de que los hombres a su lado toquen la bocina en sus respectivos vehículos para expresarle su desprecio u odio. La policía acoge a las mujeres con agrado porque ellas pueden catear a otras mujeres o buscar en casas donde haya mujeres presentes (ambas actividades prohibidas a los varones por el Islam), aunque 165 dólares al mes de paga no sean un gran salario tampoco, considerando que la policía es blanco corriente de los insurgentes. La Asociación Internacional de Boxeo por su parte permite a las mujeres afganas boxear con el pelo cubierto por un hiyab bajo la careta, en tanto el rostro sea visible. Y la ceremonia de graduación de estudiantes mujeres en el Departamento de Lengua y Literatura del año 2010 en la Universidad de Kabul, debió hacerse en un hotel y bajo seguridad estricta, por el riesgo de ataque terrorista.

Con todo, incluso las mujeres oprimidas que han caído en las garras del tradicionalismo pashtún y no han podido liberarse (fundamentalmente en las áreas rurales, predominantes en un país montañoso como Afganistán) han encontrado un escapismo creativo: la Literatura. Entre tales mujeres existe la tradición de los landays ("cortos"), poemas breves escritos tanto por hombres como por mujeres, y en los cuales, cuando se trata de mujeres, se vierten algunas vitriólicas críticas contra su condición (en secreto, por supuesto). Para muestra, un botón: "Tú con la barba blanca, ¿no tienes vergüenza? / Acaricias mi pelo y yo me río por dentro"...

domingo, 31 de julio de 2011

¿De qué fue creado el hombre del Corán...?


A diferencia de la Biblia, el Corán es más bien parco respecto de acontecimientos históricos o material científico, en particular porque el redactor del Corán tiende a suponer que el lector está bien versado en esas materias (probablemente leyendo la Biblia, que era lectura más o menos corriente, tanto como puede serlo en las épocas semianalfabetas anteriores a la educación primaria obligatoria, en la época de escribirse el texto coránico), y por lo tanto prefiere comentarlas a narrarlas directamente. Sin embargo, esto no lo libra de incurrir en algunas contradicciones de bulto. Una de las insólitas... es que el Corán no se pone de acuerdo consigo mismo respecto del material a partir del cual fue creado el ser humano. Veamos.

El grueso de los pasajes que se refieren al tema, siguen la interpretación bíblica de que el ser humano fue creado a partir de la arcilla o el barro. Hablando de Alá: "Es El quien os creó de arcilla" (6:2), "hemos creado al hombre de barro arcilloso, maleable" (15:26), "ha comenzado la creación del hombre de arcilla" (32:7), "Creó al hombre de arcilla, como la cerámica" (55:14), e incluso el mismísimo Alá dice que "voy a crear a un mortal de arcilla..." (38:71). Pero en otros pasajes... la materia prima no es la arcilla sino el polvo: "(...) Adán, a quien creó de tierra" (3:59), "Y entre Sus signos está el haberos creado de tierra" (30:20), "Dios os ha creado de tierra" (35:11)...

Hasta ahí, la contradicción es venial: después de todo, puede tomarse cambiar arcilla en polvo o viceversa como una figura retórica. Pero se vuelve más complicado gracias a otro pasaje. Resulta que la interpretación de dos pasajes podría aludir a que fueron creados de agua (25:54 y 24:45, este último en relación con 21:30), pero esto puede referirse no al primer ser humano, Adán, sino a los siguientes, que obviamente nacen del semen o esperma, fenómeno que claro está no era desconocido para los pastores de cabras en Arabia. Pero lo que sí no tiene remedio es el pasaje en que se declara que Alá "ha creado al hombre de sangre coagulada" (96:2). Porque resultaría demasiado alucinógeno confundir el esperma blanco con la sangre coagulada que es roja... Pero así ha quedado en el texto coránico, por alguna razón, y sigue siendo Palabra de Alá, el Omnipotente y Misericordioso.

domingo, 23 de mayo de 2010

¿Omnipotente...?


¿Es Dios omnipotente? La respuesta obvia para cualquier creyente es que sí. Si Dios lo es todo, Dios es el Absoluto, Dios creó todas las cosas, ¿cómo es posible que no pueda hacerlo todo? Y sin embargo, la respuesta no es tan sencilla como eso. Porque como apuntó Homero Simpson en alguna ocasión: ¿puede Dios calentar un panecillo en el microondas tanto que ni él mismo pueda tocarlo? Piénsenlo. Si no puede calentar el panecillo hasta ese punto, no es omnipotente. Y si puede, entonces no podrá tomar el panecillo, por lo tanto habrá algo que no pueda hacer, y por lo tanto vuelta a no ser omnipotente. Formulada en términos más abstractos, la cuestión es la siguiente: ¿puede un ser omnipotente, abdicar su propia omnipotencia? Si no puede, entonces no es omnipotente. Y si puede, entonces después de abdicar su propia omnipotencia ya no es omnipotente después de haberlo sido, y omnipotencia significa ser todopoderoso en cualquier tiempo y lugar, no sólo en cierto tiempo (por ejemplo: un ser omnipotente podría desdoblarse a sí mismo y viajar en el tiempo, y con eso burlaría su propia abdicación). Se ha tratado de burlar todo lo anterior, argumentando que todo depende de cómo entendamos la omnipotencia, pero si nos atenemos al sentido etimológico del término, la respuesta es clara: ser omnipotente significa poder hacerlo TODO ("omni" significa "todo", por lo que ser omnipotente es sinónimo a ser todopoderoso, y si hay algo que se puede hacer, se podrá ser "muy poderoso", pero no "todo-poderoso").

El tema ha mosqueado a los teólogos por varias razones, aunque no tanto en abstracto, como en relación a otros problemas. Uno de ellos es el de la bondad divina. Si suponemos que Dios es bondadoso, entonces no debería ser capaz de maldad porque su propio estatus moral lo limitaría, y por lo tanto no es omnipotente. Si por el contrario lo suponemos capaz de hacer el mal, entonces no es necesariamente bondadoso. Escalofriante, si lo piensan bien. Otra cuestión relacionada es el libre albeldrío. Si el Ser Omnipotente que creó a los seres humanos los dotó de libre albeldrío, entonces estaría abdicando su propia omnipotencia para darle poder a los seres humanos sobre su propio destino, y reproducimos la paradoja del panecillo de Homero Simpson. En un universo con un ser omnipotente (llámese Dios o de cualquiera otra manera), el libre albeldrío carece de sentido. También en un universo con un ser omnipotente, carecen de sentido las leyes naturales, entendidas como regularidades y conexiones causales que estructuran la realidad, porque ese ser omnipotente podría saltarse tales leyes a capricho (haciendo milagros, por ejemplo), y por lo tanto el conocimiento científico en tanto capacidad para pronosticar el futuro y manejar la naturaleza (por ejemplo, usando las leyes naturales para fabricar tecnología, como la conexión a Internet que Ud. está usando para leer este posteo de Siglos Curiosos por ejemplo) también carecerían de sentido.

Aunque la Biblia se hace eco de estas cuestiones, no lo plantea directamente. Sin embargo, como en otras materias, el texto bíblico se traiciona a sí mismo. En varios lugares se dice que Dios lo puede hacer todo, o al menos, tal cosa no le requiere el gran esfuerzo (no citaré aquí, pero si tienen interés, consulten Génesis 18:14, Job 42:1-2, Mateo 19:26, Marcos 10:27 y Apocalipsis 19:6). Y sin embargo... hay versículos en contrario. Es llamativo el texto de Hebreos 6:13-20 (léanlo ustedes, por favor). En éste, el escritor exhorta implícitamente a creer en la Palabra de Dios, argumentando sobre la base del juramento que Dios le hizo a Abraham. Y el versículo 18 es revelador: según éste, debemos confiar en la Palabra de Dios porque Dios no puede mentir ni romper su propio juramento. Vale decir, Dios no es omnipotente porque hay algo que no puede hacer. Pero mi favorito está en el Antiguo Testamento, concretamente en Jueces 1:19, que sí lo transcribiré porque tiene chicha: "Y aunque el Señor acompañaba a los de Judá, y ellos pudieron conquistar las montañas, no pudieron echar de los llanos a los que allí vivían, porque éstos tenían carros de hierro". ¡Menudo omnipotente este Señor, que no se la puede auxiliando a sus protegidos contra unos vulgares carros de hierro, y ya no hablemos si le toca defender a los verdaderos creyentes contra una buena piña atómica! (Por si me quieren decir cualquier cosa, usé la traducción de las Sociedades Bíblicas Unidas).

El Corán reproduce en algún punto la misma paradoja. En un pasaje dice: "El dominio de los cielos y de la tierra pertenece a Dios. Dios es omnipotente" (3:189). Y en otro dice: "(...) Añade a la creación lo que Él quiere. Dios es omnipotente" (35:1). Pero en otro señala implícitamente algo que Alá no puede hacer: "Creador de los cielos y de la tierra. ¿Cómo iba a tener un hijo si no tiene compañera, si lo ha creado todo y lo sabe todo?" (6:101). Aunque, admitámoslo, descarta esta posibilidad no por imposible para Alá, sino como algo falto de lógica (la sura respectiva forma parte de una parrafada en contra de quienes sostienen que Dios tiene hijos, como los cristianos por ejemplo). Aunque puede contraargumentarse que para alguien omnipotente también sería posible saltarse las leyes de la lógica, porque un ser omnipotente lo puede todo, incluso darse el lujo de ser ilógico. De seguro que los teólogos musulmanes tienen alguna respuesta para esto, pero para no alargar todavía más este posteo, dejaremos hasta aquí el asunto (bueno, al menos hasta que aparezca algún tipo autollamado para iluminar sus almas y etcétera, como los que de cuando en cuando dejan comentarios en los posteos religiosos de Siglos Curiosos).

domingo, 20 de diciembre de 2009

Nicolás de Cusa y las religiones abrahámicas.


Uno de los pensadores más exóticos que produjo el siglo XV, fue el filósofo alemán Nicolás de Cusa. Si hemos de ser justo, era alemán por nacimiento y cultura, pero su obra llegó a sus más altas cumbres en Italia. Tuvo una participación destacada en el Concilio de Florencia de 1438, en el cual se mostró activo a favor de una fórmula que permitiera unificar a la Iglesia de Roma con la de Constantinopla. Sus esfuerzos fracasaron por la intransigencia de los griegos, que con esto se cegaron cualquier posibilidad de auxilio de Occidente frente a la creciente amenaza de los otomanos, que quince años después, en 1453, tomaron Constantinopla y le pusieron fin al Imperio Bizantino (después se crearía una frase destinada a tener éxito en la historiografía dieciochesca: prefirieron "el turbante del Profeta a la tiara del Papa"...). Años después, debido a su amistad con el sacerdote humanista Eneas Silvio Piccolomini, cuando éste devino en el Papa Pío II (1458-1464), Nicolás de Cusa se convirtió en uno de sus principales consejeros y asesores.

Resulta interesante observar que a pesar de desarrollar su labor en el seno mismo de la intransigente Iglesia Católica medieval, las dos tendencias espirituales de Nicolás de Cusa hacia el misticismo por un lado y hacia el humanismo por el otro, le llevaron a tratar de comprender las diferencias religiosas como meros baches en la búsqueda de la unidad humana. En la época de Nicolás de Cusa era aún reciente el problema del Imperio con los husitas, una secta herética checa que había llegado hasta la guerra civil (en muchos sentidos, como tantas otras veces en la Historia, la herejía husita era un pretexto religioso para enmascarar otras motivaciones un poco más terrenales). Nicolás de Cusa promovió el entendimiento amable con los husitas, así como con los ortodoxos de Constantinopla.

Pero no se detuvo ahí. A contrapelo de las corrientes predominantes en el pensamiento católico, Nicolás de Cusa era también partidario de entenderse con los judíos y aún con los musulmanes. Nicolás de Cusa creía en un dios casi inmanente a la Creación (es sintomático que describa al universo como teniendo "un centro en todas partes y su circunferencia en ninguna", frase clásicamente usada por los teólogos medievales para definir a Dios), y ante eso, era más importante la fe que los usos exteriores de cada culto. Basándose en la Biblia, Nicolás de Cusa consideraba aceptable que los cristianos retomaran el antiguo uso de la circuncisión (no parece claro, de todos modos, que el propio Nicolás quisiera someterse a la misma...), mientras que los judíos y los musulmanes podrían transformar o adaptar sus abluciones rituales para transformarlas en el equivalente del bautismo cristiano. El Cusano considera, de manera un tanto ingenua, que el Islam es una especie de simplificación hecha por Mahoma de la Ley de Moisés, para adaptarla a los pueblos árabes, y que por lo tanto, tratar a los musulmanes y a los judíos sería para los cristianos casi la misma cosa.

Por ironía del destino, este espíritu que en su misticismo hacía planes para unificar todas las religiones bajo la férula de un Cristianismo purgado de su intolerancia, falleció en medio de los preparativos que el Papa Pío II hacía para emprender una enésima Cruzada contra los musulmanes, Cruzada en la que el mismo Nicolás Cusano, como colaborador cercano del Papa, debía participar. Apenas tres días después, también falleció el propio Pío II, y la proyectada Cruzada no llegó así a materializarse...

jueves, 17 de diciembre de 2009

El mito de la rebelión de Iblis.

Como posteamos en Siglos Curiosos tiempo atrás, no se colige del texto bíblico que la Serpiente del Génesis sea el Demonio, esto a despecho de interpretaciones posteriores, como el "Paraíso perdido" de Milton, por ejemplo. Por lo tanto, la caída de Adán no debe atribuírsele al Demonio. Sin embargo, muy distinta es la situación en la religión musulmana. El Corán lo tiene claro: no menciona a la Serpiente en absoluto, y en cambio, le carga todo el muerto a Satán.

El relato de la caída está contenido en la sura 7 del Corán, aleyas 11 a 25. Hay también una segunda versión, en la sura 15, aleyas 26 a 50. Ambos relatos son mucho más parcos en la Tentación y Caída mismos, pero a cambio son mucho más coloridos en lo que al mito de la rebelión de Satán se refiere. Combinando ambos, tenemos que Alá creó a los djinns (los genios, como por ejemplo los famosos genios de la botella), y al crearlos, los hizo de fuego. Luego, Alá creó a Adán del barro. Y ordenó a los djinns prosternarse ante Adán (la razón por la que ordena esto, de manera aparentemente arbitraria, la verdad se me escapa). Todos se prosternaron, excepto Iblis. Este Iblis se llama también Shaitán, y más o menos equivale al Satán cristiano (aunque con modificaciones, como referiré). Alá se mosquea mucho y le pregunta a Iblis por qué se ha negado a prosternarse delante de Adán cuando su Creador se lo ha ordenado, y acontece el siguiente diálogo (me he basado aquí la traducción del Corán efectuada por Julio Cortés, aunque con algunas modificaciones para hacer el texto más legible):

- ¿Qué es lo que te ha impedido prosternarte cuando Yo te lo he ordenado?

- Es que yo soy mejor que él. A mí me creaste de fuego, mientras que a él lo creaste de arcilla.

- ¡Desciende entonces del Paraíso! ¡Sal, porque eres uno de los despreciables!

- ¡Déjame al menos esperar hasta el día de la Resurrección!

- ¡Cuéntate entre a quienes es dado esperar!

- Como me has descarriado, he de acecharles en tu vía recta. He de atacarles por delante y por detrás, por la derecha y por la izquierda. Y verás que la mayoría no son agradecidos- repone entonces Iblis, con muy poco agradecimiento porque al menos le dejaron escaparse con su barba, por así decirlo.

Alá entonces instruye a Adán que no coma del árbol de la inmortalidad, etcétera. ¿Qué hace Iblis? Va y le sugiere a Adán que lo haga, y Adán, el muy capirote, va y hace caso, y ya la tenemos liada hasta el día de hoy, Corán dixit. Lo interesante del caso es que Iblis cumple de lleno el papel de la Serpiente en el Génesis, y nada se dice sobre ninguna Serpiente. Otro punto de interés es el limitado poder de Iblis: sólo puede susurrarle cosas al oído de la gente, meterles ideas en la cabeza en buen romance, pero no tiene ningún otro poder. Si te fuiste por el mal camino, es tu culpa por haberle prestado oídos a quien no debías, que Iblis no podía forzarte de ninguna manera (así es que, suponemos, Iblis no podría hacer ninguna de las cosas que se nos presenta en "El exorcista" y otros relatos similares). En cualquier caso, no deja de ser literariamente evocador el ver a una criatura hecha de fuego en rebelión contra una criatura hecha de arcilla...

jueves, 21 de agosto de 2008

Los Reyes Esclavos y el Califa espectral.

La historia medieval del Islam y de la India están íntimamente ligadas, en particular desde que el caudillo musulmán Mahmud de Gazna cruzó el Hindu Kush desde Asia Central y se creó un efímero imperio en dichas regiones, hacia el año 1000. Los musulmanes habían ingresado a la India desde a lo menos dos o tres siglos antes, pero era la primera vez que el Islam jugaba un papel político relevante en la península. Aún así, la mayor potencia musulmana de la India estaba por venir. A comienzos del siglo XIII surgió el Sultanato de Delhi, gobernado por una casta muy particular de sultanes: los llamados Reyes Esclavos.

La India había caído, a finales del siglo XII, en el caos político más absoluto. En medio de este vacío de poder, una serie de hordas invasoras persas, afganas y turcas se dejaron caer desde el noroeste (la ruta tradicional de invasión a la India, desde los arios en el siglo XVI a.C. y Alejandro Magno en el siglo IV a.C. hasta Babur en el XVI d.C.). Como era de esperarse, tratándose de meznadas dirigidas por líderes ambiciosos, éstos entraron en guerra civil, sin que ninguno pudiera estabilizarse en el poder. Muchos de éstos líderes guerreros musulmanes eran antiguos esclavos elevados hasta lo más alto del generalato o el Sultanato, algo que era natural para los musulmanes, pero que seguramente hería en lo profundo el sentimiento de casta de los hindúes. De ahí que pasaran a la historia como los "Reyes Esclavos".

Hacia 1210, por los expedientes habituales de la traición y la fuerza, el Sultán Iltutmish llegó a ser el líder supremo. Este tuvo el buen tino de buscarse una fuente de legitimidad ajena, y para ello se volvió hacia Bagdad. En 1229 consiguió que el Califa de Bagdad, a la sazón completamente inoperante en lo político, prisionero y secuestrado como lo estaba en manos de su guardia personal turca, pero con mucho prestigio en el exterior (lo bastante lejos como para que no pudieran verle lo debilitado que estaba como símbolo de la unidad de los musulmanes), reconociera oficialmente sus credenciales. Iltutmish no perdió tiempo en convocar a una vasta asamblea en Delhi, y dio solemne lectura al diploma de investidura, que desde entonces lo legitimaba como monarca, quizás no ante todos, pero sí ante la gran fracción de musulmanes que se contaban entre sus súbditos. Luego dio paso a dos gestos simbólicos trascendentales: la jutba (oración) en la Mezquita de Delhi pasó a rezarse en nombre del Califa, y se acuñaron monedas con el rostro de Mustansir, el Califa de Bagdad.

Esto creó una situación bastante paradójica, porque en el Sultanato de Delhi había pasado a ser costumbre política que el mando no se transmitía por herencia, como en otras dinastías, sino de esclavo a esclavo. Por ende, el único factor de legitimidad al cual podían aferrarse los Sultanes sucesivos, era el reconocimiento que se hiciera de su sumisión al lejanísimo Califa de Bagdad, como comendador de todos los creyentes musulmanes. Lo que originó una crisis de proporciones, cuando en 1258 los mongoles tomaron, saquearon y arrasaron Bagdad, el último Califa murió, y el Califato simplemente desapareció. Los posteriores Sultanes de Delhi, entrampados en su propia estructura de legitimidad política, se vieron obligados entonces a seguir acuñando monedas y a seguir recitando la jutba en nombre del Califa Mustasim, el último Califa de Bagdad, como si éste no hubiera sido asesinado por los mongoles, simplemente porque de no hacerlo así, se acababa la legitimidad de su propio poder. Esta situación macabra y fantasmal en la que los Reyes Esclavos seguían reconociendo oficialmente a un Califato que ya no existía, se prolongó más de treinta años, hasta que Aladino Muhammad Shah I (1295-1315) recurrió al expediente de renunciar a la acuñación de monedas con el rostro del Califa, y tomar el título de Yamin-al-Jilafat Nasir Amiril-Muminim ("La mano derecha del Califato, el sostenedor del jefe de los fieles"), aunque en realidad el Sultanato nunca había sostenido al Califato, y menos ahora que el Califato llevaba casi cuatro décadas extinguido. Pero esto bastó para tranquilizar las conciencias culpables de los musulmanes, y los Sultanes de Delhi pudieron seguir gobernando de manera más o menos tranquila en lo sucesivo. Esto, hasta que una invasión mongola terminó en la conquista de Delhi, en 1526.

domingo, 17 de agosto de 2008

El Califa convertido en máquina de aprobar.


Hacia inicios del siglo IX, el Califa de Bagdad era con toda probabilidad el más importante de todos los monarcas de la Tierra. Su poder era mayor que el Emperador bizantino de Constantinopla, siempre en guerra civil contra sus propios súbditos caídos en la herejía, que el Emperador de Occidente (apenas falleció Carlomagno en 814, su Imperio Carolingio entró en guerra civil), que el Emperador del Imperio Tang (que entraría en una devastadora crisis a mitad de centuria) o que el Mikado del Japón. Por eso, la historia de su largo declive hasta la supresión (temporal, eso sí) del título califal en 1258 tiene algo de penoso. Pero más asombroso aún es que los gobernadores que iban minando el dominio del Califa... ¡No sólo pretendían gobernar en su nombre, sino que se peleaban por obtener reconocimiento de éste!

El Califato nació en 632, cuando murió el profeta Mahoma y se planteó la cuestión de quien preservaría su legado. Los Califas Omeyas (661-750) crearon un gran imperio que iba desde la India hasta el Mar Mediterráneo, y los Califas Abasidas (750-1258) lo consolidaron. El Califato era así la expresión máxima de la unidad de todos los musulmanes, más aún que el Papado para los cristianos, toda vez que el dominio del Califa se entendía indistintamente tanto civil como político. Por eso, cuando falleció el gran Califa Harún al-Raschid (786-809) y el poder efectivo de los califas se vio minado por sucesivas guerras civiles posteriores a su muerte, la reputación del Califa permaneció intacta. En la práctica, empero, el Califa vivía recluido en su palacio, se lo había sacado de la vista pública, y su primer ministro, el visir, hablaba por él. Se dio entonces que el visir empezó a hablar más inclinado hacia los intereses de la guardia turca de los Califas, que de los Califas mismos, con lo que éste, aunque formalmente seguía siendo el amo absoluto del Islam, en la práctica era prisionero de su propio cuerpo de guardaespaldas.

Pero como conservar esta pantomima era necesario para que el pueblo ignorante atribuyera legitimidad a los líderes que intentaban independizarse de Bagdad, éstos tomaron la costumbre de pedir reconocimiento oficial al Califa de Bagdad. Esto siguió incluso aunque la crisis política llevó a la creación de dos califatos paralelos al "oficial", el Califato Fatimida de Egipto (910-1171) y el Califato de Córdoba (929-1031).

Así, el conquistador turco Mahmud de Gazna, que manu militari entre 998 y 1030 se creó un gran imperio en la India, pidió reconocimiento del Califa Al-Qadir (991-1031), y lo obtuvo. En 1055, los turcos selyúcidas se tomaron Bagdad con el permiso oficial del Califa de Bagdad, con el pretexto oficial de liberar a los abasidas del dominio de los buyíes, sólo para transformarse ellos mismos en los nuevos carceleros del Califato. Yusuf, el señor de la guerra almorávide que controlaba toda la mitad occidental del Desierto del Sahara, consiguió hacia 1086 que Bagdad reconociera su dominio. Un siglo después, en 1175, el conquistador kurdo Saladino y su ejército de turcos, que habían conseguido destruir el poderío de los Fatimitas en El Cairo y se había entronizado él mismo sobre ellos, se volvió humildemente hacia Bagdad y pidió reconocimiento para sus pretensiones (por más señas, este Saladino después será el guerrero musulmán contra el que lidiará la Tercera Cruzada, retratada en la película "Cruzada" del 2005). El Califa, orgulloso de que Saladino reconociera al "verdadero Califato" y no a los herejes fatimitas, se apuró a concederle su bendición.

De esta fantasmal manera, a pesar de que el Califa ya no tenía poder efectivo alguno, seguía cumpliendo una importante función social: legitimaba a los soldados de fortuna que se labraban imperios, asegurando así la tranquilidad de conciencia de los musulmanes. El Califato de Bagdad desapareció en 1258, cuando los mongoles arrasaron con el dominio de los turcos selyúcidas, y no se molestaron en tomar para sí las insignias califales. Los reyes mamelucos que gobernaban desde El Cairo se apresuraron entonces a crear su propio Califato (en 1261, tres años después del saqueo mongol de Bagdad), y alegaron que era el mismo Califato "oficial" de Bagdad, que ahora continuaba en tierras egipcias... Esta impostura destinada a asegurar la supremacía del gobierno mameluco duró hasta que los mismos mamelucos fueron abatidos por los otomanos en 1517, pasando el título "oficial" de Califa ahora a los Sultanes Otomanos, quienes por diversas circunstancias políticas recién vinieron a darle valor en el siglo XVIII. En tierras otomanas persistió hasta que el Imperio Otomano fue abolido, y sus territorios remanentes fueron reconvertidos en la República de Turquía. Una larga vida espectral para los califas, si se consideran que su poder efectivo no valía casi de nada, durante el más de un milenio que se extendió entre 809 y 1923...

domingo, 2 de diciembre de 2007

El primero que regresó vivo desde Timbuctú.

El primer europeo que consiguió alcanzar Timbuctú y regresar vivo para contar la historia, fue un francés llamado René Caillié. Su viaje marcó unos cuantos precedentes, y por eso merece ser recordado.

Caillié nació en 1799, y se crió entre la escoria de la sociedad. La lectura de "Robinson Crusoe" le redimió de un posible futuro criminal, ya que le metió el bicho de la aventura. Por aquellos años Africa era en su mayor parte un continente inexplorado para los europeos, y el Desierto del Sahara era una tierra prohibida no sólo por la aridez misma, sino también porque los musulmanes mataban a cualquier infiel que se introdujera allí, temiendo que les robara sus secretos (rutas comerciales, oasis, lugares de abastecimiento, etcétera). La Société de Géographie ofrecía por esas fechas una recompensa de 10.000 francos al primer europeo que alcanzara la legendaria ciudad de Timbuctú, en el Africa Central, y volviera vivo para contar su historia.

Caillié aceptó el reto. A contrapelo de las tendencias en materia de exploración africana, no recurrió a contingentes de hombres ni soldados. Por el contrario, decidió él mismo asimilarse en la población, aprendió árabe, estudió las costumbres bereberes, se convirtió al Islam, y haciéndose pasar por egipcio, consiguió infiltrarse en el norte de Africa. Partió desde Senegal con una caravana, diciéndole a sus compañeros que buscaba regresar a su patria en Egipto, y gracias a esto, consiguió llegar hasta Timbuctú, saliendo después desde allí hacia Marruecos, en donde se embarcó hacia Europa. Había alcanzado Timbuctú en 1827, pero ignoraba que el año anterior, un tal Alexander Gordon Laing, británico, había realizado la mitad de la hazaña (llegar a Timbuctú), pero había sido asesinado a la salida de la ciudad. Por lo que Caillié cobró el premio, recibió enormes honores, e inclusive fue condecorado con la Legión de Honor.

Pero por otra parte, el resultado de su expedición fue decepcionante. En Europa se creía que Timbuctú era una ciudad grande y opulenta, algo que en la Edad Media verdaderamente había sido, pero que a comienzos del siglo XIX había degenerado en un villorrio pobre y semiabandonado. Por otra parte, como resultado de sus peripecias africanas, Caillié había contraído la malaria, que lo llevó prematuramente al sepulcro cerca de una década después de su hazaña, y faltándole poco para alcanzar la cuarentena.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

El viaje de Mansa Musa.


La clásica visión eurocéntrica de la Historia Universal hace ignorar a muchos que algunos de los más poderosos reyes de la Edad Media no eran europeos. En el siglo XIV, una de las más grandes potencias económicas del planeta era el Imperio de Mali, ubicado en el país actual de tal nombre, y que desde su capital Timbuctú controlaba la totalidad del comercio en el Desierto del Sahara, desde las junglas del Africa Central hasta el Mar Mediterráneo. Además, sus yacimientos auríferos eran la principal fuente de oro para toda Europa, y no es exagerado decir que buena parte del oro empleado por orfebres y artistas del Renacimiento venía de aquellas minas africanas.
Uno de los reyes más poderosos de Mali fue Mansa Musa, quien gobernó en el siglo XIV. Entre sus obras se cuenta el apoyo constante a los artistas y a la cultura en general, siendo un gran benefactor de la Universidad de Timbuctú (o lo que en el mundo musulmán era lo equivalente a una universidad europea). Los eruditos estudiosos del Islam podían hacerlo en dicha Universidad, y esto de manera completamente gratuita.
Sin embargo, la anécdota más famosa de Mansa Musa es la siguiente: como todos los reyes de Mali, Mansa Musa era musulmán, y por lo tanto, estaba obligado a cumplir con el mandamiento del Corán, según el cual todo buen musulmán debe visitar La Meca al menos una vez en la vida. Mansa Musa lo hizo, ¡y de qué manera! Emprendió una expedición repleta de esclavos y soldados, y con una enorme cantidad de oro; se reporta que viajó con un centenar de camellos, repletos de dicho metal. El peregrinaje fue probablemente motivado no sólo por la piedad, sino también por hacer una exhibición de poderío. Y lo consiguió. En el trayecto entre Timbuctú y La Meca, y en particular en El Cairo, gastó tanto oro, que desató una gran inflación en todo el Norte de Africa, y aún entre los musulmanes de Asia. Los precios tardaron más de una década en regresar a sus niveles más o menos normales, después de la incursión de Mansa Musa.

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