Historias desopilantes, anécdotas curiosas, rarezas antiguas: bienvenidos a los siglos curiosos.
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domingo, 1 de enero de 2017
Suizos versus una catástrofe nuclear.
Los suizos tienen una enorme fama de eficienza, de Wanduhrenhaltung que tira pa'trás. Cuando eran wenos pa' la pelea, los mercenarios suizos eran lo más de lo más. Ahora sólo los recluta el Vaticano, vale, pero aún así. Sí pa' Su Santitá son buenos, supongo que siguen siendo buenos... Luego inventaron el reloj de cuco (o el sur de Alemania. Pero ustedes cuando pensan en reloj de cuco, pensan en Suiza, ¿no?), James Bond usa un reloj suizo, y... ¡¡¡LA SOPA EN CUBITOS!!! ¡¡¡QUE SE JOROBEN!!! (bueno. Lo hizo un francés, un tal Nicolás Appert. Pero no le vamos a arruinar el chiste a Mafalda, ¿eh? Eso sí, lo de la sopa 'n cubitos queda pa' otro posteo. Como por 2032, al ritmo actual de publicazón en Siglos Curiosos). Por too eso, sorprende e incluso duele un poco que en la historia de los nuclear meltdowns (las famosas fusiones ésas de los reactores nucleares que hemos visto en tantos insignes capítulos 'e "Los Simpsons"), Suiza tenga el suyo propio. ¿Cómo a la nación que es el cúlmen de la eficacia europea, como Alemania pero sin perder dos guerras mundiales, le pudo pasar algo así...? Veamos.
En los '60s, la fiebre era lo nuclear. Parezque la gente no había terminao 'e ver musho atompunk de hormigas mutantes por la radiazón, arañas mutantes por la radiazón, iguanas mutantes por la radiazón, o bolcheviques mutantes por la radiazón, o capaz que la cosa vaya de querer tener sus propios Hijos del Atomo, sus versiones locales 'e los X-Men, así es que... a saber. Y Suiza se subió al carro. En 1962 empezó la construcción del reactor nuclear de Lucens, que como ya podrá advertirse, acabará siendo el Chernobyl suizo (bueno... no. El Three Miles Island suizo, más bien. Déjenme seguir). El mismo era un chiche moderado por agua pesá, y enfriado con dióxido de carbono (sí, leñe. El gas invernadero. No me pregunten. No entiendo la lógica, no soy ingeniero nuclear, ¿vale?). El plan era generar 8,3 megavatios de energía eléctrica, y además, si a tanto daba el cariño, transformarse en potencia punta de nuclear tech, y venderla al resto del mundo con pingües benefizos, claro (¿terroristas islámicos incluidos...? Chachaaaaaánnn...). Pero la cosa no llegó hasta ahí.
El reactor estaba listo y entregao, pero estaba en la etapa de afinación, operativo pero aún no en uso, salvo pa' lo ya dicho, pa' emperifollarlo lo último y dejarlo el nuevo chiche del barrio. Pero en éstas, el 21 de enero de 1969, un tubo de presión saltó de su sitio, sobrevino una sobrecarga energética 'e las wenas, y... la cosa no llegó a Three Miles Island o Chernobyl pque los suizos, inteligentes ellos, decidieron apagarlo. El follón fue mayúsculo, claro: la investigazón subsiguiente tomó DIEZ AÑOS. La cosa acabó sin sanciones pque se atribuyó la falla a corrosión por humedad. Pero el fallo en sí... agárrense. ¿Listos? Allá va. Lo que pasó fue que en uno de los canales de combustible hubo una pequeña fuga de agua, que corroyó tal o cual parte del sistema de eliminación de calor, lo que sobrecalentó la carcasa de una barra de combustible (uranio enriquecío con cromo, dentro de una carcasa 'e magnesio con 0,6& de zirconio) hasta el punto en que parte 'e la carcasa se fundió y el metal derretío obstruyó el flujo de refrigerazón 'e bloqueo al combustible, lo que a su vez inició la fusión del uranio, lo que a su vez generó un sobrecalentamiento que reventó el tubo refrigerante en contacto con la columna de grafito, lo que expandió el dióxido de carbono en el tanque moderador, lo que llevó a los discos de moderación a abrir el contenedor... lleno de material nuclear... así de complicaos son los reactores nucleares. De pronto, los chistes a costa de Homero Simpson tienen menos grazia, ¿eh?
¿Por qué si fue tan grave la cosa, ustedes jamás habían oído hablar de esta joda? Pque... suizos. No, no censuraron la informazón ni ná' (son una democrazia, que se creen). Es pque los suizos son tan jodíamente efizentes, que construyeron su reactor nuclear... EN UNA CAVERNA. Tal cual. ¿Paranoico? Sí, pero nunca se es lo sufizentemente paranoico cuando estás tratando con la más devastadora 'e las formas de produxón energética conocida por el ser humano. Así es que sí hubo contaminazón radioactiva... dentro de una caverna, y eso es too. Igual, la radiazón dañó el resto del material radioactivo, y reemplazar el núcleo era demasiado caro (hablamos de una industria cuyos estándares deben ser literalmente un fallo estimado por reactor nuclear cada DIEZ MIL AÑOS). En 1992, le echaron un poquito 'e concreto pa' asegurarse. Y se la pasaron unos cuantos añicos haciendo limpieza, hasta que en 2003, ¡listo, como nueva! Lo ya dicho: suizos. Sólo a los suizos podía írsele de madre el núcleo de un reactor atómico hasta el punto de fusión a una escala Three Miles Island, y NO PASA ABSOLUTAMENTE NADA. Cuando pienso en esos planes que salen 'e tarde en tarde para instalar reactores nucleares energéticos en Chile (no experimentales, d'ésos ya hay, pero están a cargo 'e científicos, no empresarios pirañas ávidos de lucrarse a costa del riesgo de dejar a Chile convertío en un páramo termonuclear), y pienso en esos técnicos que sacaron el cartón flojeando a lo beztia en el instituto, y que dezpué salen con un "¿esa lucecita? No, si le das un golpecito al tablero se apaga, y... ¿esa filtrazón? Na, masho, que le pones una huincha d'embalaje y listoco, y... ¿una cervecita? Tengo enfriando las chelitas en el tubo de refrigeración"...
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jueves, 23 de agosto de 2012
Donde los molinos van a descansar.
...en el sentido de disfrutar un tranquilo retiro, entiéndase. Todos sabemos que la estampa viva de Holanda son los campos de tulipanes y los molinos, ¿verdad? Bueno, estuvo a punto de no ser así. Aunque acá en el Tercer... er... el Segundo Mundo y medio nos quejemos de falta de conservación y etcétera, en Europa durante una época tampoco lo hicieron mucho mejor (dejar Europa hecha unos zorros a punta de dos guerras mundiales no es la gran ayuda tampoco). Retrocedamos en el tiempo hasta la Edad de Oro de la República Holandesa. Entre 1568 y 1648 los holandeses libraron una guerra a brazo partido por su independencia respecto del Imperio Español (aquello de poner una pica en Flandes, etcétera), y el impulso y energía que sacaron de ello los llevó a convertirse en la gran potencia industrial y científica del siglo XVII. En la época, en la ribera del río Zaan comenzaron a surgir molinos como setas: puede considerarse esta región como el primer "barrio industrial" del mundo, ya que se aglutinaron nada menos que un millar de molinos de viento. Me imagino a esos adustos puritanos calvinistas discutiendo acerca de la crisis energética, con la salvedad de que un molino es "energía renovable"...
Pero el progreso siguió... bueno, siguió progresando, y los molinos como fuente energética quedaron obsoletos: además, conservarlos era oneroso, y estaban en el camino de las ciudades cada vez más crecientes, y en Holanda muy crecientes por la falta de espacio (Holanda, hoy en día, con sus 496 habitantes por kilómetro cuadrado, es la nación número 24 en densidad poblacional del planeta). De manera que comenzó la demolición maratónica de molinos. Finalmente, en la década de 1920 los vecinos de Zaanstreek se organizaron para rescatar la última veintena de ellos que malamente se las arreglaban para sobrevivir. La asociación que nació de esta iniciativa se encargó de reubicar a varios molinos a orillas del río Zaan. En 1925 nació Zaanse Schans, un museo al aire libre en donde pueden ser visitados estos molinos.
No se crea que los molinos allí relocalizados son solamente para fabricar harina. De Zoeke ("El Buscador"), erigido en 1672, y el primero en ser rescatado (una grúa y un barco movieron sus orondas 18 toneladas, en lo que ciertamente es un prodigio de ingeniería) muele nueces y semillas para fabricar aceite. No es el único: tiene otro compañero aceitero llamado De Bonte Hen ("El grupo variopinto"), construido en 1693 y restaurado en la década de 1970. De Huisman se llama así ("El Especiero") porque muele diversas semillas de especias, y más en concreto, mostaza (hubo una época en que molía... tabaco). De Kat ("El Gato") es el único molino del mundo dedicado a la producción de tinturas y pigmentos, y por alguna razón es el que más me simpatiza del lote. Het Jonge Schaap ("La Joven Oveja") por su parte es un aserradero, aunque como su nombre revela, no es un original: fue construido entre 2005 y 2007, a imitación de uno más antiguo erigido en 1680 y demolido en 1942 (ayudó que antes de ser demolido, un ingeniero tomó algunas medidas y levantó algunos planos, parece ser que por amateurismo y sin que nadie se lo pidiera... por suerte para los restauradores y la posteridad).
Estos vetustos testigos de otros tiempos para Holanda, ya no sólo trabajan sino que además son atracciones turísticas. Alguno que otro es de entrada liberada, y el valor para entrar a los otros es de 3 euros (a cada molino, entiéndase). Y la atracción es potente: cerca de un millón de turistas al año se pasean entre estos supervivientes de la Historia.
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domingo, 3 de julio de 2011
El triste destino de los túmulos de Cahokia.

Hace casi media década atrás, cuando Siglos Curiosos era todavía un blog joven y lleno de vida (bueno, diré lo mismo de Siglos Curiosos ahora cuando sea su medio siglo, si es que sobrevive hasta el año 2056...), publicamos un breve posteo acerca de Cahokia, la misteriosa ciudad prehispánica de Estados Unidos. Pero ahora es tiempo de hablar de uno de los elementos más característicos de su cultura: los túmulos. Nadie tiene mucha idea de qué eran: parece que algunos eran utilizados como plataformas ceremoniales, y otros para inhumar a sus muertos. Como de costumbre, cuando se carece de registros escritos, los arqueólogos deben sentarse a reunir sus escasas evidencias y especular.
Los famosos túmulos en cuestión ingresaron a la historia de la Arqueología en 1811, con las exploraciones de Henry Brackenridge: recordemos que, en esos años, la mayor parte de lo que en la actualidad es el territorio de Estados Unidos, eran vastedades sin explorar y sin reclamar por ninguna potencia occidental. Irónicamente, ya en el siglo XVIII se había instalado un monasterio francés en uno de los túmulos: el que en la actualidad es conocido precisamente como el Túmulo de los Monjes. Volviendo a 1811, Brackenridge se quedó anonadado con la enorme cantidad de túmulos que encontró, y le escribió a Thomas Jefferson (prócer de la independencia y en ese entonces ex Presidente de Estados Unidos) acerca de su hallazgo. Pero nadie hizo demasiado caso. Los estadounidenses en esa época, así como los occidentales en general, se sentían muy cómodos considerándose la punta de lanza de la civilización por sobre esos brutos salvajes no occidentalizados, no sólo por un caso grave de autoestima, sino también porque eso daba pretexto para repartir las tierras indígenas y enviar colonos a masacrar pieles rojas. En 1830, el Presidente Andrew Jackson firmó una ley por la cual todos los indígenas debían ser asentados al occidente del río Mississipi, en atención a que eran brutos salvajes que estorbaban a la civilización: si se probaba que los condenados túmulos habían sido fabricados por esos brutos salvajes, entonces quizás hubiera que reconsiderar esta calificación y tal vez no podrían instalarse buenos colonos cristianos en esas tierras paganas abandonadas de Dios. Las universidades, fieles al dogma de que nada bueno puede salir de la cultura de los nativos de Estados Unidos, destacaron a sus arqueólogos en donde de verdad existieron civilizaciones antiguas, o sea, el mundo grecorromano (del cual Estados Unidos se sentía sucesor, porque no en balde, se sentían perfeccionando la democracia inventada en Grecia y Roma).
Y así comenzó uno de los grandes crímenes en la historia de la Arqueología: la demolición de los túmulos. Después de todo, eran montoncitos de tierra bien apilada, y por qué no aprovecharlos, ¿eh? El Gran Túmulo alcanzaba nueve metros de altura, y fue demolido para ser utilizado como tierra de relleno en la construcción de un ferrocarril cerca de San Luis, en 1869. En 1931, los agricultures de rúcula se llevaron otro para obtener material de relleno. El sitio mismo en donde estuvo Cahokia contempló de todo, desde un salón de apuestas hasta un aeródromo e incluso un autocinema porno.
Las cosas cambiaron en la década de 1950. En ese tiempo el Presidente Dwight Eisenhower llevó a cabo su gigantesco proyecto para llenar Estados Unidos de autopistas interestatales. Pero dicho programa contemplaba además una serie de disposiciones que favorecían la actividad arqueológica, allí donde se descubrieran restos. Y como dos de las autopistas (la I-55 y la 70) cruzan justo donde hace cientos de años estuvo la plaza de Cahokia, hubo que investigar. Terminó entonces la masacre de túmulos, sobreviviendo sólo uno completamente intacto: el Túmulo 72, en donde se hicieron importantísimos hallazgos funerarios. Por cierto, el Túmulo de los Monjes (algo al norte del Túmulo 72) es considerada la estructura más grande de toda la arquitectura precolombina: es prácticamente igual de grande que la Gran Pirámide de Keops, y su circunferencia de base es más grande que la Pirámide del Sol en Teotihuacán.
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jueves, 30 de junio de 2011
Al rescate de Seutópolis.

La historia de Seutópolis es otra muestra de las complicaciones políticas y económicas contra las cuales choca la investigación arqueológica. Cuando las ruinas están en pleno desierto, excavarlas suele ser algo sencillo, más allá de la logística, como no sea el desierto de Israel por supuesto. Pero cuando la arqueología interfiere con "el progreso"...
Seutópolis es la capital que fundó en Tracia, actualmente Bulgaria, el monarca Seutes III. Los odrisios, una tribu de tracios, son otro de esos pueblos históricos más o menos poderosos de los que poco se sabe porque o no tuvieron historiadores de su partido, o si los tuvieron, sus crónicas no han sobrevivido para la posteridad. En tiempos de Alejandro Magno y sus inmediatos sucesores, Seutes III se rebeló contra los macedonios, e instaló su capital en Seutópolis. Parece ser que Seutópolis no era tanto una ciudad sino una especie de palacio gigantesco que sirviera como sede de gobierno, un poco como lo fue el Palacio de Versalles para Luis XIV (recordemos que en la época, Versalles estaba FUERA de París, y ahora está en su interior por el crecimiento urbano). En cualquier caso Seutópolis no resultó tan longevo como Versalles: los celtas atacaron y saquearon el palacio en 281 antes de Cristo, y aparentemente no fue reconstruido.
En 1948, las ruinas de Seutópolis fueron redescubiertas. El hallazgo fue incidental: el real objetivo de las excavaciones era preparar el terreno para una gigantesca represa. En esa época, recordemos, Bulgaria estaba detrás de la Cortina de Hierro y bajo la férula soviética, y como los comunistas son nuestros villanos post-nazis favoritos, decidieron seguir adelante con el proyecto. Es lo que tienen los reyes antiguos, que construían sus edificios sin prever que los valles en cuestión eran potenciales futuras áreas inundables. Las ruinas acabaron por ser inundadas en 1954, y así han permanecido hasta comienzos del siglo XXI.
En 2005 fue propuesto un proyecto monumental para rescatar Seutópolis: construir un anillo a su alrededor, y secar el pozo subsiguiente. En otros términos, la idea es crear un muro de contención de las aguas alrededor de Seutópolis. Naturalmente que no sólo la arqueología incide en el interés por el proyecto, sino que los dólares que se dejarían los turistas visitando unas ruinas que están por debajo del nivel de las aguas circundantes. Porque nadie duda que, de ser ejecutado, el proyecto de rescate de Seutópolis, más que algo tracio, sería faraónico.
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domingo, 29 de mayo de 2011
¿Volcar el océano al Mar Muerto?

A más de 400 metros por DEBAJO del nivel del mar, el llamado Mar Muerto (en realidad un lago interior salino) es el punto más bajo en toda la superficie terrestre. El lago se mantiene fundamentalmente gracias al aporte del Río Jordán, famoso por figurar varias veces en la Biblia (el río que Moisés no iba a poder cruzar, el río donde fue bautizado Jesús...), y que por supuesto no desemboca en mar abierto sino en este lago. A su vez, debido al intenso calor, buena parte del agua se evapora: al ir quedando las sales detrás, alcanza a cerca de un 33% de salinidad, con lo que es también el cuerpo de agua más salino de la Tierra, excluidos aquellos vasos de agua con sal mezclada a mansalva en dosis superiores por malvados enemigos del General Gato para desprestigiar al blog Siglos Curiosos llevándole la contra. Pero, bromas aparte, el delicado equilibrio del lago está siendo perturbado por la explotación de las río Jordán: al sacar aguas del mismo para la agricultura, llega menos al Mar Muerto... pero la tasa de evaporación sigue siendo la misma.
Todo esto hace que el nivel del Mar Muerto haya descendido dramáticamente, haciendo bueno el chiste de que el Mar Muerto se está muriendo. Desde 1970 en adelante, el nivel de descenso es de cerca de un metro al año. El Mar Muerto es por supuesto una gran fuente de sal, pero en términos de pesca no pareciera una gran idea esforzarse por preservarlo: después de todo se llama así porque ningún bicho puede vivir en un medio ambiente que sea un tercio de sal (salvo alguna que otra alga con gustos extremófilos). Pero sigue estando ahí la cuenca, y por lo tanto, más de alguien se ha preguntado... ¿por qué no utilizarla?
El concepto emergió quizás por primera vez en una novela sionista de Theodor Herzl, el fundador del Sionismo moderno. En su novela "Altneuland" ("Vieja Nueva Tierra", aunque ignoro si hay traducción al castellano), publicada en 1902, describía una Palestina en que, veinte años después, los hebreos habían fundado una sociedad utópica. Dicha sociedad había excavado nada menos que un canal subterráneo, conectando el Mar Mediterráneo con el Mar Muerto. La caída del agua oceánica volcándose al lago interior no afectaría la salinidad, y lo más importante... un desnivel de más o menos 400 metros generaría una potencia hidroeléctrica incluso superior a las cataratas del Niágara.
En 1944, dicha idea literaria fue propuesta ahora de manera científica por el ingeniero y conservacionista estadounidense Walter C. Lowdermilk. Lowdermilk incluso diseñó mapas sobre el derrotero que debería seguir el canal subterráneo, e hizo los cálculos necesarios acerca de cuánta energía hidroeléctrica podría producirse. El concepto ha sido revisado desde entonces, y se han diseñado otras dos posibles rutas directas desde el Mar Mediterráneo, así como otro proyecto para inyectar aguas del Mediterráneo en el río Jordán. Otro proyecto más prefiere la alternativa del Mar de Akaba, al este de la Península del Sinaí. Aunque a la fecha, el enorme costo del proyecto, y quizás también la inestabilidad política de la región, han impedido que semejante obra se concrete. Obra que, de ser construida en los próximos años, acabaría por ser una de las maravillas ingenieriles del siglo XXI.
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domingo, 7 de febrero de 2010
El puente de Guido Bartoloni.

Tiene algo de pintoresca, y a las últimas también su punto de tragedia, la gesta de Guido Bartoloni, en la Italia posterior a la Segunda Guerra Mundial. Porque su historia es, literalmente, la de un humilde barquero que construyó un puente él solito. Guido Bartoloni era hijo de barquero, y heredó de su padre una barca de pasaje impulsada por remos, llamada "Napoleón". Desempeñaba su trabajo en Anchetta, un pueblo en las cercanías de Florencia, lugar en donde el Río Arno (que cruza esa ciudad) mide cerca de 90 metros de ancho. En 1947, Guido Bartoloni había peleado las dos guerras mundiales (ambas desastrosas para Italia), y envejecía sin tener descendencia. De manera que, probablemente por orgullo personal, se decidió a dejar como legado un puente que conectara a Anchetta con Vallina, pueblo ubicado en la orilla opuesta.
Guido Bartoloni viajó a Florencia y preguntó a un ingeniero sobre cuánto saldría construir un puente. La respuesta: 10 millones de liras (de 1947, recordemos). Su fortuna personal ascendía a 500.000 liras. De manera que Bartoloni se resolvió a hacerlo él mismo. Para obtener el permiso, dibujó un croquis que presentó en la oficina del ingeniero del distrito, desatando por supuesto la hilaridad general en el departamento. Pero Guido Bartoloni permaneció con humildad, y casi como broma, quizás tratando de deshacerse de un loquito, le concedieron su permiso. Luego vino recolectar los materiales: Guido Bartoloni pedaleó varias veces en bicicleta a Florencia y recorrió los depósitos de chatarra, entonces rebosantes de desperdicios (la guerra había terminado dos años antes). Encontró postes de acero, y los clavó en dos zanjas de tres metros de profundidad, por cuatro de ancho: eran los futuros postes de anclaje para los cables, porque el suyo iba a ser un puente colgante. Los viajes a Florencia siguieron, para recolectar pernos, tuercas, clavos, cemento... Los cables salieron de los restos de un ferrocarril de cremallera, destruido en la guerra: eran nueve, y Guido Bartoloni debió pasarlos todos él mismo por el río, uno a uno.
Las dificultades fueron innumerables. Sus vecinos le miraban trabajar, pero poco le colaboraban, creyéndole loco. En sus idas y venidas a Florencia, una noche cualquiera, cayó en una zanja y se quebró dos costillas. Otro día, tuvo que habérselas con el propietario de la orilla en el lado de Vallina, un marqués que le pidió 5000 liras mensuales de arrendamiento. Guido Bartoloni terminó convenciéndole de que le cediera el derecho de paso, a cambio de que el marqués, su familia, y sus descendientes, quedarían exentos del pago de pontazgo. La señora Bartoloni, que ayudaba a Guido conduciendo la barca, se aburrió de pasar vergüenzas y renunció a aquello, por lo que Guido Bartoloni hubo de crear un sistema de cabestrante, jalando así la barca de una orilla a otra cuando algún viandante quisiera cruzar el río. Para financiarse, no le bastaba con los derechos de la barca, así es que debió vender las joyas de su esposa, los abrigos de ambos, sus gallinas (muy valiosas en el entorno campesino de su tiempo y lugar), y parte de los muebles. También en el proyecto se fue la indemnización que el Estado le pagó por los daños de guerra. La casa acabó hipotecada. La señora Bartoloni le preguntó al párroco del lugar si sería bueno internar a su marido en un manicomio, pero el cura la exhortó a tener paciencia y confiar en la prudencia de éste. El propio Guido Bartoloni, cuya dieta por razones presupuestarias estaba reducida a sopas, y que trabajaba a veces 18 horas diarias, bajó nueve kilos.
Finalmente, después de tantos sacrificios, el 10 de Julio de 1949 la obra completa fue bendecida por el sacerdote, y el alcalde de Vallina se encontró con el alcalde de Anchetta en la mitad del puente. Era el puente colgante más grande del mundo, que hubiera sido construido por un solo hombre. Y por los derechos de pontazgo (una tarifa de 10 liras), Guido Bartoloni cobró lo suficiente como para cubrir todas sus deudas, e incluso comprarse un automóvil. Sería una bonita historia, pero desgraciadamente, como decíamos, su final es trágico. Década y media después, en las grandes inundaciones del Río Arno de Noviembre de 1966, las peores que Florencia había afrontado desde 1557, el río las emprendió contra el puente y acabó derribándolo. Los restos de la estructura del mismo permanecieron allí durante años, pero a la fecha, éste nunca fue reconstruido.
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jueves, 31 de enero de 2008
El Emperador que volaba.

El traje habitual del Emperador era el propio de un icono sagrado. Así, usaba una túnica rígida como una capa. En la cabeza, su corona estaba rematada por una cruz. Y el domingo de Pascua, se hacía rodear de doce personas, que representaban a los doce Apóstoles, en medio de los cuales el Emperador es un verdadero Cristo. El rito mismo era de índole religiosa. El papias, el portero del palacio, sin ir más lejos, era un eclesiástico.
El rito de recepción a los visitantes, por parte del Emperador, no podía ser más grandilocuente. La habitación tenía forma octogonal, y estaba rematada por una gran cúpula. En el mobiliario había toda clase de bestias confeccionadas en oro: leones, pájaros, quimeras... Cuando el visitante llegaba, todo aquel grupo de esculturas se activaba de improviso por mecanismos ocultos, llenando la habitación de estruendo, al tiempo que las bestias de oro parecían animadas por medios que debían seguramente parecer magia, para el inculto visitante de aquellos tiempos. No podía menos que prosternarse ante el trono, pero cuando levantaba la vista, el trono ya no estaba. Un mecanismo de poleas alzaba en las alturas, tanto al trono como al Emperador, haciéndolo virtualmente inaccesible ante cualquiera que quisiera llegar hasta él. ¡Magnífica manera ésta, para endiosar al Emperador...!
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