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domingo, 3 de octubre de 2010

Mayas pendencieros.

Durante mucho tiempo, se creyó que los mayas eran la gente más pacífica del mundo, una especie de sabios y tranquilos iluminados que crearon una civilización próspera y pacífica, en la que las guerras y la violencia eran algo desconocido e inexistente. Un poco más, y eran el paraíso terrenal en forma de civilización. Hoy en día sabemos que las cosas no eran tan sencillas, y que los mayas sí conocieron las guerras. Y los sacrificios humanos, dicho sea de paso (para escándalo de los que consideraron a "Apocalypto" como aberrante en ese plano).

A pesar de que los europeos reportaron ruinas mayas desde el siglo XVIII, los mayas tomaron carta de naturaleza en la historiografía recién en el XIX, cuando empezaron a aparecer uno tras otro los grandes centros ceremoniales tragados por la selva. En ese entonces, hubo varias razones para ver a los mayas como un pueblo "ahistórico". En primer lugar, no habían registros históricos suyos porque los españoles habían quemado cuanto códice se les puso a tiro, y además la escritura maya era incomprensible (Champollion, el que descifró los jeroglíficos egipcios, al menos había tenido una paleta multilingüe, uno de cuyos idiomas era el bien conocido griego, lo que le facilitó significativamente el trabajo). Y en segunda, pesaba sobre ellos el mito romántico de ser una civilización "primitiva", y por lo tanto, era poco probable que tuvieran guerras dignas de ese nombre, así como Occidente tiene a un Carlomagno o a un Napoleón. Ha sido con el laborioso proceso de descifrado de la escritura maya, y la reconstrucción de sus listados y genealogías de reyes a través de sus estelas de piedra, que ahora sabemos un poco más sobre el tema, y por supuesto, lo que sabíamos sobre los mayas estaba equivocado en ese punto: al parecer, el estado político natural de los mayas era más la guerra que la paz...

El historiador Jared Diamond adelanta una interesante explicación, que vuestro seguro servidor el General Gato consigna aunque no ha podido cotejarla más allá. Diamond atribuye la razón de esto no sólo a una geografía accidentada, sino también a la alimentación. En efecto, la alimentación maya era terriblemente pobre en proteínas, y fuertemente dependiente del maíz, ambas cualidades más acentuadas que en la dieta de "cereales y carne" clásica del mundo eurasiático. Súmesele que los mayas no tenián grandes bestias de carga, y el cuadro está completo. Porque para alimentar a sus tropas, debían acarrear grandes cantidades de grano a hombros de porteadores. Y los porteadores, desde luego, también comían parte del grano porque no se iban a alimentar con forraje como los caballos. Mientras más lejos fuera la expedición militar maya, o mientras más durara la guerra, más fracción del alimento porteado debía quedar para el porteador, y por lo tanto menos grano quedaba para las tropas. Esta falla fundamental en la logística de la guerra hizo que las campañas militares mayas fueran muy costosas, y por tanto las ocupaciones militares breves y dificultosas, por lo que ninguna gran ciudad maya consiguió consolidar un gran imperio a su alrededor. De ahí que los mayas nunca hayan pasado de ser politicamente un mosaico de principados y ciudades estados, sumidos por lo tanto en una anarquía internacional a la cual nunca pudieron sobreponerse.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Ernesto Barros Jarpa y su sandwich.


El "Barros Jarpa" es el nombre que recibe en Chile el sandwich de jamón y queso caliente. Por motivos obvios se le llama también "aliado". Su historia es una especie de segunda parte o secuela del "Barros Luco", cuyo origen ya referimos en Siglos Curiosos.

Sin duda le resultaría curioso a don Ernesto Barros Jarpa ser mejor conocido por un sandwich, que como el diplomático de alturas que fue en el Chile del siglo XX. No sólo era un ameno profesor de Derecho Internacional, sino además pertenecía a la Academia Chilena de Historia. Siendo Ministro de Relaciones Exteriores y contando con apenas 26 años, envió en 1921 un cable al Perú sobre el problema de Tacna y Arica (en manos de Chile desde el Tratado de Ancón, que puso fin a la Guerra del Pacífico en 1884, aunque el Tratado estipulaba que se debería haber celebrado un plebiscito diez años después para decidir el destino de ambas ciudades). Las relaciones estaban rotas desde la llamada Guerra de Ladislao, un incidente político que devino en internacional. Barros Jarpa simplemente preguntó si no sería lo mejor celebrar el plebiscito desde luego. Los peruanos se quedaron de una pieza: ¿dónde estaba la trampa de los chilenos? Consultaron a Estados Unidos, que había sido nombrado como árbitro en el Tratado. Y los estadounidenses respondieron que Barros Jarpa estaba en lo correcto (aún así el plebiscito no se celebró, y el asunto se zanjó después por el Tratado de Lima de 1929, dejando Tacna para Perú y Arica para Chile).

A pesar de éstas y otras anécdotas que hacen de Ernesto Barros Jarpa un nombre ilustre, en la cultura popular se lo asocia al sandwich, como dijimos, y también al traje "barros jarpa". En la década de 1920, la moda era el chaqué, calificado por Barros Jarpa como "una prenda con faldones". En una tertulia con Carlos Noel, a la sazón Embajador de Argentina en Chile, idearon su propia rebelión estilística. Y entre varios se pusieron de acuerdo para llegar a una cena, vestidos todos los varones con chaqueta negra y pantalón rayado. Esta prenda, muy rebelde para la moda de la época y muy anticuada para la nuestra, se impuso fácilmente, y llevó el nombre de quien la impulsó en primer lugar.

Respecto del sandwich, su historia es peregrina. Ya existía el Barros Luco, que consiste en queso caliente con carne, cuando de pronto, en el Club de la Unión, debieron habérselas con una veda de carne. De manera que reemplazaron la carne por el jamón, y siendo Barros Jarpa un político conocido, cambiaron el nombre de "Barros Luco" a "Barros Jarpa"... (El alcance de apellidos no es casual: Ernesto Barros Jarpa y el Presidente Ramón Barros Luco eran efectivamente parientes). Pero Ernesto Barros Jarpa, según testimonia el periodista Hernán Millas, le confesó: "yo prefiero el Barros Luco"...

jueves, 29 de julio de 2010

Los siete peces medio fritos de Constantinopla.


Cuando Constantinopla cayó en manos de los otomanos en 1453, el evento no tuvo mayor trascendencia política, ya que hacía rato que el Imperio Bizantino estaba reducido a los intramuros de dicha ciudad, y los otomanos ya eran en los hechos y desde hacía medio siglo antes, señores casi absolutos de los Balcanes y de Turquía, y en cualquier caso los otomanos fueron harto respetuosos con las instituciones bizantinas preexistentes (incluso conservaron el Patriarcado de Constantinopla, aunque ahora bajo su conveniente jurisdicción, claro está). Pero otro cuento fue la significación espiritual que tuvo para Occidente el que la ciudad del Emperador de Oriente terminara en manos del "infiel", por no hablar de los lamentos de los griegos por haber perdido la "Ciudad" por excelencia. El impacto psicológico que tuvo esta conquista se refleja muy bien en una curiosa leyenda que sobrevivió a la caída de la ciudad (conjuntamente con aquella sobre el debate del sexo de los ángeles), y que pasaremos a referir.

A grandes rasgos (porque como buen cuento del folclor, esta historia posee varias versiones), la leyenda refiere que un monje estaba friendo siete pescados en una sartén, en vísperas de la caída de Constantinopla. Estos peces ya estaban fritos de un lado, y el monje se disponía a freirlos por el otro, cuando alguien llega y le dice que los turcos habían conseguido superar las defensas y penetrar a saco en la ciudad. Enfadado, el monje jura que "Nunca creeré que los turcos pusieron el pie en la ciudad, hasta que no vea que estos pescados fritos vuelvan a la vida". Y de inmediato sucedió el milagro: los dichosos peces medio fritos saltaron de la sartén y fueron a hundirse en la fuente de la cual fueron pescados, alejándose vivos y nadando... y aún fritos por un lado.

La localización geográfica de la fuente, por su parte, es imprecisa (el nombre turco sería Balykly, pero "balyk" es una palabra turca para designar a los peces fritos, secos o ahumados, por lo que el nombre no es demasiado informativo). Una versión de la leyenda la emplaza en una fuente sagrada cerca de la Puerta de Silimbria (el actual distrito turco de Silivri), y en efecto, después de que Constantinopla acabara en manos turcas, la pesca fue uno de las actividades económicas del distrito (junto con los vinos, la seda y la elaboración de yogurt). Y esto es creíble porque Silimbria fue una de las zonas que más resistió a la invasión otomana, incluso cuando ésta se tornó más desesperada, y sólo se rindió al invasor una vez que la capital Constantinopla hubo caído.

Por supuesto que a la leyenda original se le metieron nuevos añadidos, por partes interesadas en contar mejor el cuento, y si con tintes nacionalistas, tanto mejor. De esta manera, en versiones posteriores de la historia (por parte de los griegos, claro está) se añade que cuando los griegos recapturen Constantinopla de las manos de los infieles, entonces otro monje vendrá a la fuente, capturará los peces y terminará de freirlos. Evento para el cual habrá que seguir esperando, porque de momento Constantinopla (la actual Estambul) está en manos turcas, y es poco probable que Grecia vaya a tomarla en un futuro cercano (como no suceda algún evento inesperado, tal y como algún líder griego que busque resolver la bancarrota de 2010 con una guerra nacionalista, como se ha hecho en otras ocasiones y contextos históricos). El añadido turco, por su parte, le quita fiereza al relato, señalando que de los siete pescados que saltaron a la fuente en 1453, ya sólo quedan cinco...

domingo, 28 de marzo de 2010

El terremoto y el vino chileno.


En un terremoto se pierden vidas, se vienen abajo construcciones y se sufren pérdidas materiales varias, aparte de la comprensible alteración en los sistemas nerviosos de hombres y gatos. Y también se derraman bebidas alcohólicas. Después de todo, el envase más socorrido para éstas son las botellas de vidrio, y con un movimiento que las arroje estantería abajo, ya pueden suponer la cantidad de bebestible cruelmente desperdiciado. Y si además le sumamos el vino contenido en cubas, en pleno proceso de fermentación, en particular tratándose de un país vitivinícola como lo es Chile... El diario La Nación del Domingo 7 de Marzo de 2010 se hizo cargo del tema, preocupante para todos los amigos de lo etílico.

El domingo después del terremoto comenzaron a salir los primeros informes respecto de las pérdidas en lo vitivinícola. La viña Concha y Toro reportó cinco millones de litros perdidos. Lo escribiré de nuevo. Cinco millones. De litros. Perdidos. El grueso de las cubas quebradas, en cualquier caso, son "algunas del Maule, donde hay mucho vino, pero no de las líneas mejores ni más costosas de la viña". Ni las cubas de La Pintana o de Puente Alto sufrieron mayormente, así es que de los vinos finos como Don Melchor o Almaviva no hubo pérdidas. Peor se lo llevó un pequeño viñedo, Viña Las Niñas, cuyas cubas de acero inoxidable, nuevas, fueron remecidas por el terremoto.

Al poco tiempo don René Merino, presidente de la agrupación gremial Vinos de Chile, que reune a los viñateros, hace algunas declaraciones. Entre ellas: "Nos alegra poder decir que no tenemos información de pérdidas de vidas entre nuestros trabajadores". La pérdida de vino se cuantificó oficialmente en 125 millones de litros (sí, lo voy a repetir: 125 millones de litros. Y lo voy a anotar en números: 125.000.000 de litros), considerando el vino a granel, el embotellado y el de guarda. La nada de 250 millones de dólares. Pero no es demasiado: la cosecha del año 2009 alcanzó los 1.010 millones de litros (lo pondré en números: 1.010.000.000 de litros), de manera que los 125 millones perdidos en realidad fueron apenas algo más que la décima parte de todo el vino en Chile.

No puede decirse que la industria vitivinícola esté en grandes aprietos, con cifras como éstas. Y se avecinan buenos tiempos: nada mejor para los temblores de tierra, que darse unos pequeños temblores etílicos y olvidar los pesares...

jueves, 3 de septiembre de 2009

Chirimoyas y chirimoyos.


Clásica fruta chilena es la chirimoya, que se cría en el árbol del chirimoyo. La "chirimoya alegre" (chirimoya cortada en pedazos, y bañada en abundante jugo de naranja) es uno de los más clásicos postres de la Gastronomía chilena. La zona clásica de las chirimoyas es el Valle de Quillota, aunque con el crecimiento de la competencia en el sector agrario, vamos a ver si aún quedan chirimoyos por ahí... Su nombre científico es Anona Cherimolia, pero su nombre común viene no del Latín, sino del Quechua. "Chiri" significa "frío", y "moyu" se refiere al círculo, circunferencia o rueda. La interpretación más obvia es que la chirimoya en efecto es una fruta redonda y de carne blanca (aunque de cáscara verde), aunque la picaresca chilena ha querido asociarla, a la fruta y al nombre, con los pechos de la mujer...

Pero la chirimoya tuvo también una proyección económica. Como fruta, la chirimoya debe cortarse muy temprano del árbol, cuando aún está verde. Luego, debe envolverse en papel, para que ahí madure. El ingenio popular chileno comenzó a llamar entonces "chirimoyos" a los cheques que no tienen fondos al ser extendidos, pero que eventualmente pueden llegar a tenerlos para el día del cobro: la idea, obviamente, es que el cheque se emite verde, por así decirlo, y va a madurar cuando se cobre. (Por otra parte, aunque en Chile cotidianamente se extienden "cheques a fecha", la ley es clara: todo cheque puede ser cobrado legalmente desde el día de su emisión). Claro está que si el firmante del cheque no tenía fondos en el día de emitirlo, bien puede ser que le guste arriesgarse y se despreocupe de enterar los fondos después en la cuenta corriente, o simplemente se haga el desentendido y desaparezca con lo pagado con el cheque, entonces el chirimoyo nunca va a madurar. Por lo tanto, la expresión "chirimoyo" pasó a designar, del cheque a fecha y probablemente sin fondos, a toda clase de cheques sin fondos, y aún a los cheques falsos... Y siguiendo con la extensión, pasó a llamarse "chirimoyero" al estafador que usa cheques falsos o "chirimoyos" como medio de comisión del delito ("chirimoyero" es inicialmente, el vendedor de chirimoyas).

Hay quienes afirman, quién sabe si con base o no, que la relación fue hecha en Quillota, en donde alguna vez se habría hecho tal estafa comprando chirimoyas. Tales historias, por supuesto, pertenecen a la rumorología popular.

domingo, 30 de agosto de 2009

Productos típicos.


En la actualidad, en un supermercado cualquiera, aparecen a veces "productos exóticos" o "productos típicos" de otros países, como hortalizas o carnes de determinados animales o mariscos, en contraposición a los productos corrientes de todos los días. Pocos se detienen a pensar que determinados productos en realidad proceden de una región única del planeta, y que después el cultivo de la planta o la importación del animal respectivo, los hizo mundiales (eso, y la invención de los frigoríficos también). Así:

El tomate, la papa, el maíz, la quinoa, el chocolate, la vainilla, y el pavo, ninguno de ellos era conocido fuera de América antes del siglo XVI. Lo mismo ocurre con la práctica de mascar chicle o "goma de mascar", que es propia de Mesoamérica. O el fumar tabaco (tiene su gracia que Tolkien, medievalista profundo, pinte a sus hobbits como buenos fumadores de tabaco en pipa, cuando esto no existía en la Edad Media europea...).

En Europa, por su parte, frutas como las naranjas y los damascos eran originalmente desconocidos. El damasco llegó desde Oriente por la Ruta de la Seda, en la época helenística o romana, y se cultivó en Turquía. Las naranjas, por su parte, eran originarias de la India, y todavía en algunos idiomas (el alemán, por ejemplo) la etimología del nombre recuerda su origen oriental: y no entraron a Europa sino hasta que arribaron por el comercio marítimo con los musulmanes en el siglo XI. El té, cultivado inicialmente en China y Japón, y en la actualidad verdadera bebida nacional inglesa, fue desconocido en Europa hasta el siglo XVII, y sus primeros cargamentos se vendieron a precio de oro.

Las gallinas y los cerdos son chinos, y pasaron hacia Occidente con bastante dificultad (con todo, ya la Biblia prohibía la ingesta de cerdos a los hebreos, en el otro extremo de Asia). Todavía existen en algunas regiones de la jungla asiática, gallinas salvajes llamadas "bankivas".

Los caballos, por su parte, eran desconocidos en el Antiguo Egipto hasta la invasión de los hicsos, en el año 1.600 a.C. aproximadamente. Los hicsos eran indoeuropeos, procedentes de Asia Central, y allí fue donde se domesticó el caballo por primera vez.

El dromedario, animal tan identificado con el Desierto del Sahara, fue introducido allí recién en la época romana. Antes de eso, sólo existía en el Desierto de Arabia.

Todo eso, para que usted aprecie lo desabastecido que hubiera estado un supermercado romano, en relación a uno moderno, si es que en esa época hubieran existido éstos...

jueves, 27 de agosto de 2009

Anecdotario de la pizza.


La pizza tiene una larga y colorida historia. Como otros productos culinarios, es difícil rastrear sus orígenes, en particular porque la simplicidad de su fórmula básica (una base de masa con ingredientes horneados encima) permiten que pueda haber sido descubierta o redescubierta varias veces en forma independiente a lo largo de la Historia. Se ha dicho que los ejércitos de Darío el Grande, por ejemplo, la consumían. Pero la primera mención a la pizza como tal parece ser la de un manuscrito en la ciudad de Gaeta, en el sur de Italia, que data del año 997. La palabra pizza parece derivar del Latín "pinsere", que significa "presionar", pero otras teorías señalan conexiones de la misma con el Griego, con el Italiano Antiguo, e incluso con el Antiguo Alemán o el Arameo (algunos la relacionan así con el pan "pita").

La verdadera pizza es, por supuesto, la napolitana. La Unión Europea, en fecha reciente, decidió estipular una serie de condiciones para establecer que una pizza es "napolitana auténtica": no debe tener más de 35 centímetros de diámetro, la corteza no debe tener más de dos centímetros de grosor, debe incluir no cualquier tomate sino el de la variedad marzano, éste debe ser aplicado en forma espiral sobre la pizza... Pero eso no impidió que los inmigrantes italianos en Estados Unidos, a finales del siglo XIX, además de llevar la Mafia, importaran la pizza al país del Tío Sam, y los estadounidenses, siempre ávidos de hacer negocio, crearon sus propias variedades, y de paso inventaron el negocio de las cadenas de comida rápida en forma de pizzerías.

Pero la pizza napolitana no ha perdido un ápice de su prestigio. En 1997, un grupo de separatistas militantes del norte de Italia intentaron, como una manera de reivindicarse, lanzar un boicot contra la pizza. La respuesta del sur fue despreciativa en grado sumo: "Déjenlos comer polenta". En el norte de Italia es enormemente apreciada la polenta, una papilla de maíz que es considerada generalmente como pobre desde un punto de vista culinario. La paradoja es que Nápoles, la patria de la pizza, que es considerada la más famosa especialidad gastronómica italiana al lado de las pastas, es también una de las regiones más pobres de Italia, y en general el sur es más pobre que el industrializado (y empolentado) norte...

domingo, 28 de diciembre de 2008

De dónde salió el "colemono".


El cola de mono o "colemono" es un trago típico chileno que, si bien se puede consumir todo el año, suele ser tradicionalmente asociado a la Navidad y el Año Nuevo. Es un combinado de café, leche, azúcar y aguardiente, y generalmente se le añaden especias (canela, por lo regular, aunque también a veces cascaritas secas de naranja) para darle un toque. El origen del trago, así como el de su denominación, es uno de los misterios sumergidos en la Historia Profunda de Chile, y circulan varias versiones sobre ella.

Según don Manuel Antonio Román, en su diccionario de chilenismos, el nombre vendría simplemente del color café oscuro del trago, semejante a la cola de un mono. Otros le achacan la responsabilidad a que el trago se comercializaba artesanalmente en sus buenos tiempos, reutilizando las botellas de un popular anís español, el Anís del Mono, cuya característica era el dibujo de un mono con una larga cola. Pero las versiones más populares relacionan al colemono con don Pedro Montt, quien fuera Presidente de Chile entre 1906 y 1910 (ya nos referimos incidentalmente a Pedro Montt en un posteo anterior de Siglos Curiosos).

Según una versión, en 1901 los partidarios de Pedro Montt habrían ido a consolar la derrota electoral sufrida frente a Germán Riesco, a una heladería cuya especialidad de la casa era justamente un trago de aguardiente con helados de café con leche derretidos. El trago no tenía nombre, pero hubo quienes asociaron a Pedro Montt (a quien, por lo bajo, y comprensiblemente de espaldas al aludido, llamaban el Mono Montt por su cara más bien morena) y el que hubiera salido "a la cola" o "coleado" en las elecciones, con el trago. Empezó así a hablarse de la "cola de Montt", y más aún, con su picardía, de la "cola de mon... o", para aludir a Montt sin referirse directamente a él.

Pero la versión más popular es la siguiente. En la casa de doña Filomena Cortés viuda de Bascuñán, que tenía cuatro hijas casaderas que cantaban, tocaban la guitarra y el arpa, se organizó una fiesta que tenía como invitado de honor nada menos que al ahora sí Presidente don Pedro Montt. En la madrugada empezó a llover, e inquieto, Pedro Montt quiso retirarse, y pidió que le devolvieran un revólver Colt que había entregado para que lo custodiaran. Los invitados trataron de disuadir a Montt de que no se retirara, en parte por la lluvia y en parte para seguir la fiesta, y de manera muy conveniente para los contertulios, nadie recordaba dónde había quedado el dichoso revólver. Y como el vino y los licores se habían terminado, y descubrieron sólo una jarra de café con leche, los parroquianos le echaron aguardiente y azúcar, y siguieron la fiesta. Y como el trago no hubiera nacido, según esta versión, si el revólver del Presidente no se hubiera perdido, se lo llamó en su honor el "Colt de Montt", que después por corrupción idiomática habría pasado a ser el "colemono"...

jueves, 4 de octubre de 2007

Chinampas.

Que todas las economías históricas del mundo se han sustentado en la agricultura, no es un secreto para nadie. Después de todo, todas las grandes civilizaciones han tenido que alimentar a sus habitantes. Lo que es menos conocido, es que muchas civilizaciones han encontrado salidas bastante ingeniosas al problema de cómo obtener abundantes cosechas a partir de suelos difíciles, que van más allá del sembrar y arar la tierra. Pero quienes deberían haberse llevado alguna clase de trofeo, incluso por encima de las técnicas israelíes para el cultivo del desierto, fueron los pueblos del Valle de México, cuya última civilización prehispánica fue el Imperio Azteca, y su sistema de chinampas.

La chinampa fue inventada por los pueblos mesoamericanos en fecha imprecisa, quizás hacia el siglo XII o XIII, y alcanzaron su culminación técnica en los días del Imperio Azteca. La filosofía era la siguiente: si toda la tierra está cultivada o potencialmente explotada, o bien es selva difícil de arrasar, entonces siempre queda la opción de cultivar el lago. Para ello, en las áreas poco profundas del Valle de México, los mesoamericanos cercaban porciones del mismo, de forma rectangular, con troncos directamente clavados al fondo, y después rellenaban este cerco con tierra y fango. Luego, cultivaban encima. Naturalmente que el agua del lago se infiltraba por la tierra, y mantenía adecuadamente irrigada la chinampa.

Con esta técnica (y usando, ejem, deyecciones humanas como abono), los aztecas conseguían cultivos extraordinariamente fértiles, alimentando a una gran población. La isla en la que se asentaba Tenochtitlán, que creció geográficamente gracias a las chinampas, sostenía con una tecnología que apenas superaba la Edad de Piedra, a una población de varias centenas de miles de personas, quizás 200.000 habitantes en una estimación bastante conservadora, cifra igual e incluso superior a otras grandes ciudades de la época, bastante más avanzadas técnicamente, como Florencia o Pekín. Además, el paisaje de chinampas debió haber sido impresionante en su tiempo, porque éstas no estaban pegadas unas con otras, sino que dejaban canales, entre medio de los cuales circulaban los habitantes mediante canoas.

Después de la conquista española, el Lago Texcoco fue desecado, y sobre él se construyó la Ciudad de México. La técnica de las chinampas fue entonces en retroceso, aunque todavía se utiliza en algunos lugares de México.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Ramón Barros Luco y su sandwich.


Ramón Barros Luco, Presidente de Chile entre 1910 y 1915, ha pasado a la Historia como el más inoperante en su cargo. Para su fortuna le tocaron buenos tiempos: el precio del salitre estaba por las nubes, y Chile era el único exportador mundial, máxime cuando estalló la Primera Guerra Mundial y era necesario abastecer de pólvora a Inglaterra y Francia. El país estaba tranquilo, y el movimiento obrero no se atrevía a levantar cabeza, después de las bárbaras masacres que la oligarquía y el ejército hicieron contra ellos en 1906 y 1907.

Por lo tanto, Ramón Barros Luco fue el Presidente de la inercia administrativa absoluta. Se dice que le recomendó a uno de sus subordinados, que estaba preocupado por un problema cualquiera:

- No se preocupe. El 90% de los problemas se resuelven solos, y el resto no tiene solución...

En otra ocasión dijo:

- Lo único definitivo en Chile son los puentes provisorios.

En una oportunidad en que se le dijo que los obreros y la policía se batían a tiros, preguntó:

- ¿Y quién va ganando?

Removió a un gobernador cualquiera, y éste envió un cable presionando: "El pueblo y las personas más importantes piden que me quede". La respuesta del Presidente:

- No les haga caso.

Su gran legado a la historia chilena fue gastronómico. Le gustaba muy en particular un sandwich de carne y queso caliente, y los lamebotas de rigor comenzaron a pedir "uno igual al de Barros Luco", razón por la que hasta el día de hoy se pide esta combinación en cualquier fuente de soda chilena como un "barros luco"...

domingo, 25 de febrero de 2007

Vomitar en los banquetes.


Es famosa la vieja costumbre romana de vomitar en los banquetes. La teoría era comer hasta reventar, y después de eso, devolver lo comido para seguir engullendo viandas y cosas ricas. Menciona Suetonio, por ejemplo, que el Emperador Claudio (41 a 54 d.C.), cuando estaba ahíto de comida, se tendía panza arriba y se hacía meter una pluma en la garganta para aligerar el estómago (Vida de Claudio, XXXIII).
Menos conocido es el hecho de que esta costumbre apareció en el siglo I a.C., cuando los romanos eran ya dueños de un extenso imperio que iba desde España y el Norte de Africa hasta Turquía. Parece ser que fue Lúculo, un general romano que hizo una victoriosa campaña militar por Asia, quien introdujo la costumbre, por lo que bien puede uno preguntarse si no la habrá imitado de alguno de los pueblos orientales. Al respecto, es bien conocido el fasto con el cual vivían los reyes de la región, como que Lúculo, cuando introdujo en Roma el botín que había rapiñado a esos pueblos, hizo descender la tasa de interés de los préstamos bruscamente a un tercio, tanto abundaba el dinero. Como sea, la costumbre de vomitar en los banquetes prosiguió a lo largo de la época de los Césares, aunque por supuesto, sólo la clase alta podía darse tales lujos. El pueblo llano dependía para su sustento muchas veces de las ollas comunes pagadas por los Emperadores, de manera que difícilmente podían tener para hacer lo mismo que los ostentosos aristócratas romanos...

miércoles, 6 de septiembre de 2006

Endulzando la Historia.


En la actualidad existe una amplia gama de endulzantes y edulcorantes que hacen más brillante y bonita la vida. Pocos se detienen a pensar que, hasta hace relativamente pocos siglos atrás, el darle dulzor a un postre o a un pastel era algo bastante más complicado.
El endulzante mejor conocido por los pueblos antiguos era la miel, el producto de la abeja. A tanto llegaba su valor, que la Tierra Prometida que Dios reservó a los hebreos según la Biblia era llamada "la tierra en donde mana la leche y la miel", como una manera de alabar sus bondades naturales.
Los antiguos germanos, por su parte, eran ávidos devoradores de la llamada hidromiel. Esta no era sino vino normal y corriente, convenientemente mezclado con miel. Según los germanos, los propios dioses, con Odín a la cabeza, ingerían este brebaje.
Fue en el siglo XII, más o menos, cuando se esparció desde Oriente el secreto del azúcar. La propia palabra "azúcar" es de procedencia árabe, lo que es indiciario de su origen. En aquella época, el azúcar era un lujo destinado a los más nobles: el pueblo bajo y campesino debía seguir recurriendo a la miel. El método clásico de procesamiento era el prensado de las mismas (la imagen corresponde a una de estas prensas, en la Sicilia de 1600).
Pero el azúcar comenzó a ganar la partida una vez que las carabelas ampliaron los mercados mundiales, y enormes extensiones de terreno fueron destinadas en los trópicos al cultivo de la caña de azúcar. Y más modernamente, la industria química desarrolló el mercado de los edulcorantes artificiales. En medio de todo este panorama, cuesta recordar que durante aproximadamente cinco milenios y más, la miel reinó sin contrapeso posible para llevar dulzura a la vida de las personas.

miércoles, 19 de abril de 2006

La dieta de los griegos.


En los primeros tiempos, los griegos comían carne a destajo. Como buenos pastores que eran, el asado era parte primordial de su dieta, como lo testimonia Homero. No en balde, los héroes homéricos se la pasan de barbacoa en barbacoa, entre medio de los combates...

Pero más tarde, cuando la población griega creció, las tierras tuvieron que ser usadas para la agricultura, y la carne, por consiguiente, se volvió muy cara. A la vez, los griegos, como pueblo con muchas costas, se volcaron al mar. Por eso en la época clásica (la de la construcción del Partenón, más o menos por ahí), el principal producto de consumo griego no era la carne roja, sino el pescado.

Lo acompañaban con el trigo, por supuesto, además de otra especialidad de lo que se ha dado en llamar la dieta mediterránea: las olivas o aceitunas. De los olivos, los griegos no sólo sacaban su fruto, sino también aceite con el que encendían sus lámparas.

En cuanto al vino griego, era bastante espeso, por lo que solían beberlo mezclado con agua. Los héroes griegos antiguos, para pasar el olor a carne de los asados, solían también echar resina de pino al vino, para que su sudor oliera después más agradable, costumbre que siguió persistiendo entre los griegos con posterioridad.

En cuanto a los espartanos, su dieta era algo aparte. El "plato nacional de Esparta", por llamarlo de alguna manera, era tan frugal y funcional como todo en la vida espartana. Se la llamaba la "sopa negra", y estaba hecha de (agárrense) tocino, sangre, vinagre y sal. Se la comían disciplinadamente en los cuarteles, sin queja alguna. Se cuenta que un ateniense, después de probar semejante brebaje, comentó: "Ahora sé por qué los espartanos no le temen a la muerte"...

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