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jueves, 31 de marzo de 2011

Judy-Lynn del Rey a costa de Isaac Asimov.


Parte importante del mundo de la Ciencia Ficción en los '70s giró en torno a Judy-Lynn del Rey, una de las más importantes editoras de la época, quién falleció prematuramente a los 43 años de edad, en 1986. Isaac Asimov la recuerda galantemente en sus Memorias... Pero también recuerda su un tanto recargado, por decirlo así, sentido del humor. Y lo campechano de carácter que era Isaac Asimov le hizo blanco de varias bromas.

En una ocasión, Asimov recibió una carta anunciándole el despido desde su puesto de editora de Judy-Lynn del Rey, en una carta firmada por su sustituta, Fritzi Vogelgesang. Isaac Asimov llamó para enterarse y protestar, pero la señorita Vogelgesang se comportó con tanta dulzura y coquetería, que Asimov acabó por ceder. En aquellos años todavía se estilaba el uso de la correspondencia para resolver asuntos de negocios, y entre ambos empezó la misma, la que pronto fue pura amabilidad y encanto... Hasta que Fritzi Vogelgesang desapareció, y en su lugar Asimov recibió una ducha de agua fría por parte de Judy-Lynn: "¡Ay, Asimov! ¡Qué pronto te olvidaste de mi y aceptaste a mi sustituta!". Desde luego que Fritzi Vogelgesang era y había sido siempre la mismísima Judy-Lynn del Rey, jamás despedida de su puesto editorial...

En 1970 le llegó a Asimov la noticia de que Judy-Lynn se fugó para contraer matrimonio con Larry Ashmead, otro editor. Isaac Asimov se gastó llamando por teléfono a quien pudiera saber del asunto, pero la gente, o no contestaba, o decía que la boda estaba en proceso, y estaban a la espera de los detalles. Si hubiera mirado el calendario, Isaac Asimov habría recordado que era 01 de Abril, que en Estados Unidos es el Día de los Inocentes. Y el inocente era él: Judy-Lynn del Rey había convencido a todos los conocidos comunes de hacer llegar la noticia a Asimov para reirse un ratito a sus costillas...

Asimov recuerda que Judy-Lynn le dijo que, en la ceremonia de su matrimonio con Lester del Rey, tuvo la tentación de darse la vuelta y decirle: "Sólo es otra broma pesada, Asimov". El chiste hubiera estado en que Asimov había instado a Judy-Lynn y a Lester a contraer matrimonio. Pero ella se contuvo porque eso habría molestado profundamente a su madre...

domingo, 27 de marzo de 2011

Judy-Lynn del Rey.


Dentro de las Memorias de Isaac Asimov, éste le dedica un breve capítulo (bueh, todos los capítulos de sus Memorias son breves, en todo caso) a Judy-Lynn del Rey. Como fuera de la Ciencia Ficción es difícil que se sepa quién es ella, y dentro no mejora mucho la cosa, digamos que Judy-Lynn Benjamin nació el 26 de Enero de 1943. Era asidua a las convenciones de Ciencia Ficción, y desde allí se abrió paso al mundo editorial, siendo una prominente editora del género.

El detalle particular es que Judy-Lynn era enana. Padecía de acondroplasia, y por lo tanto, medía de adulta apenas 1,20 metros. Lo reseñable es que, al revés de otras personas que se hacen mala sangre por calamidades personales mucho menores, Judy-Lynn vivía la vida perfectamente bien. Asimov relata que, a pesar de una desfavorable primera impresión personal (por decirlo suavemente), como editora de la prestigiosa revista Galaxy, Judy-Lynn se propuso hablar con él, y lo envolvió con una conversación brillante que le hizo olvidar al poco rato la condición de ella. Lester del Rey, dijo en alguna ocasión (según recuerda Asimov): "No creo que sepa que es una enana".

El mencionado Lester del Rey sufrió un duro golpe el 02 de Enero de 1970: su esposa Evelyn, de apenas 44 años, falleció en un accidente automovilístico. Lester del Rey recibió entonces un gran apoyo de parte de sus amigos... Y de Judy-Lynn. Y hubo boda. En Marzo de 1971, Judy-Lynn Benjamin se convirtió oficialmente en Judy-Lynn del Rey, y con ese nombre es mejor conocida por la posteridad. Según recuerda Asimov, Judy-Lynn se transformó en una fuerza benéfica dentro de la vida de él, introduciendo cambios en éste para mejor.

Claro que como jefa, parece ser que tenía un carácter endemoniado. Además, su endiablado sentido del humor... No, eso lo dejaremos para un posteo futuro, que hay para cortar ahí. Desgraciadamente, la frágil salud de Judy-Lynn no la acompañó demasiado tiempo. Un derrame cerebral la derribó el 16 de Octubre de 1985. Murió el 22 de Febrero de 1986, con apenas 43 años.

domingo, 30 de enero de 2011

Un computador para el creador de la realidad virtual.


Uno podría buenamente suponer que los escritores de Ciencia Ficción están familiarizados con los últimos chiches de la ciencia. Y sin embargo, así como un escritor de novelas policiales no necesariamente ha sido detective, un escritor de Ciencia Ficción no necesariamente es científico, o utiliza los chismes más avanzados de la ciencia. Incluyendo una herramienta tan sci-fi como lo que la bombástica ciencia ficción antigua llamaba los "cerebros artificiales". Una de las víctimas de este asunto fue, de manera bastante sorprendente, William Gibson.

Para el no enterado, William Gibson es el más importante autor del género en la década de 1980, gracias a su ciclo del Ensanche ("Sprawl"), una serie de novelas y relatos ambientados en un futuro cercano y postapocalíptico dominado por máquinas, corporaciones, realidad virtual... La más famosa de estas novelas es "Neuromante", y con justicia, porque fue aquella en la que cristalizó por completo el concepto de "cyberpunk". La novela salió un poco de chiripa, ya que Gibson venía terminando su libro de cuentos "Quemando cromo" (en realidad el título original, "Burning Chrome", se refiere a un personaje llamado así, de manera que sería más adecuado "Quemando a Cromo" y no "Quemando cromo" a secas... pero saldría menos literario al perderse el juego de palabras en inglés), y no quería embarcarse en una novela. Pero su esposa trabajaba y él cuidaba a los niños en casa (un poco, quién lo diría, como "Quién manda a quién", serie televisiva de los '80s en las antípodas del nihilismo cyberpunk), de manera que tenía mucho tiempo libre para escribir.

En 1984 vio la luz "Neuromante", y un montón de ideas que andaban dando vueltas allá afuera sobre realidad virtual y una sociedad futura hipercapitalizada y darwiniana, acabaron por cristalizar y cobrar carnet de identidad en ella. Una muestra de que el concepto que cuajó en "Neuromante" ya existía de manera imperfecta, es que cuando Gibson en pleno proceso de escritura fue a ver "Blade Runner" de Ridley Scott, se salió del cine a los 30 minutos: lo que estaba viendo en la pantalla era demasiado parecido a lo que quería plantear en "Neuromante", y no quería que su delicado sistema nervioso central se contaminara con esa clase de memes. De hecho, antes de 1984 ya existían pelis que de una manera u otra, adelantaban conceptos relacionados con el ciberespacio y la idea de una realidad mediatizada o directamente generada por una computadora o al menos por la tecnología audiovisual moderna ("Videodrome" de 1981, "TRON" de 1982, "Proyecto Brainstorm" de 1983...).

Y he aquí la ironía suprema: el hombre que consagró en la literatura y el imaginario popular el funcionamiento de las computadoras y la posibilidad de inyectarse en ellas para vivir en universos paralelos de realidad virtual, en realidad no sabía nada de computadoras. "Neuromante" fue escrita en una máquina de escribir mecánica como las de toda la vida, con una tecla rota inclusive. Después del éxito de "Neuromante", se abocó a la tarea de escribir "Conde Cero" (otro juego de palabras intraducible, porque "Count Zero" puede significar tanto "Conde Cero" como "Cuenta cero"), y para ello adquirió (¡al fin!) una computadora. Se llevó entonces una sorpresa mayúscula cuando encendió el aparato, y éste empezó a chicharrear a lo loco. Preocupado, Gibson se comunicó con el local que le había vendido el aparato, y le relató su preocupación. La cara del vendedor debió haber sido el descojone cuando le explicó a Gibson que esos ruidos eran normales, y eran los propios de la computadora cuando arranca. Gibson diría después: "Yo esperaba algo exótico y cristalino, como una consola de ciberespacio o algo parecido, pero lo que recibí fue un aparato con algo de maquinaria victoriana... El ruido que hacía me hizo perder algo de mística, hizo que la computadora fuera menos sexy para mí. Mi ignorancia me había permitido dotarla de algo de romanticismo"...

domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Los Ewoks contra las tropas imperiales...?


Uno de los aspectos más criticados de la entera saga Star Wars, es la inclusión de los Ewoks, esos peluchitos cazadores-recolectores que reemplazaron a lo que, se suponía, iba a ser el planeta nativo de los wookies (ya saben: Chewbacca). Nada diremos sobre si fue una decisión acertada desde el punto de vista cinematográfico, o si George Lucas se pasó de pesetero vendiéndole muñequitos tiernos a los niños (ya escribí un comentario sobre "El regreso del Jedi" en Cine 9009, así es que pueden seguir el enlace si les interesa), pero sí le daremos un par de vueltas desde el punto de vista histórico. Porque podemos preguntarnos, ¿es verosímil, más allá de la suspensión de la incredulidad, pensar que esos ositos armados con palos y piedras hubieran podido derrotar a todo un destacamento de entrenadísimas tropas de élite de un Imperio Galáctico, nada menos? En términos del universo narrativo de Star Wars la respuesta puede ser ambigua, pero si lo vemos en términos históricos, la respuesta sí puede ser un sí. En realidad, siempre hablando desde la perspectiva histórica, quizás estemos ante uno de los mejores hallazgos de la saga de Star Wars, si la vemos como una especie de "historia del futuro" (o una historia de una galaxia muy lejana, tanto más da).

La premisa básica es la siguiente. Llegan las tropas imperiales a la luna santuario de Endor, e instalan una base de operaciones. No se toman la molestia (aparentemente) de colonizar dicha luna, sino simplemente se instalan allí. Uno puede preguntarse por qué nadie había emprendido la colonización si con el viaje hiperespacial ningún punto de la galaxia está demasiado lejano, además de verse un planeta rico en recursos naturales, pero bueno, aceptémoslo como una premisa. Resulta que, espoleados por los rebeldes (los protas), los Ewoks se sublevan y aplastan a las tropas imperiales sin remisión. Y con palos, piedras y cuerdas, consiguen batir a todo un destacamento imperial sin mayores complicaciones. Ante la pregunta que nos ocupa (¿hay precedentes históricos de esto?) la respuesta es afirmativa. De hecho, hay numerosos ejemplos en que los "bárbaros", los "brutos" o los "incivilizados" han hecho pedazos a destacamentos enemigos imperiales, que se han enfrentado a ellos en forma temeraria.

Un ejemplo ya lo tuvimos en Siglos Curiosos, en el posteo "El peor hombre posible contra Afganistán", en donde los afganos le dieron a los británicos una paliza de órdago en 1842. En ésa hubo al menos uno o dos supervivientes, y eso es MÁS de los que sobrevivieron a la Batalla de los Bosques de Teutoburgo (9 d.C.), en donde el general romano Varo perdió tres legiones y la vida a manos de los germanos de Arminio. Y si del Imperio Británico y el Romano nos vamos al Imperio Persa, resulta que el muy civilizado Ciro el Grande (el tipo del Cilindro de Ciro, que permitió el regreso de los hebreos a Jerusalén) perdió la vida a manos de una banda de escitas, una tribu semibárbara de las estepas. En la historia moderna, la derrota de la superior potencia tecnológica de Estados Unidos ante los campesinos de Vietnam rememora el mismo fantasma. España tiene su propio ejemplo, cuando los rifeños de Abd El Krim se las arreglaron para hacer pedazos al arrogante General Silvestre en El Anual (1921). Y en Chile, el toqui mapuche Lautaro se las arregló para atraer al español Pedro de Valdivia a una trampa, y batirlo en la Batalla de Tucapel (1553), hasta un punto tal que hasta el día de hoy se ignoran los detalles sobre cómo murió realmente Valdivia (¿en batalla, torturado, ejecutado...?). Los ejemplos suman y siguen, pero lo dejaremos hasta ahí en beneficio de la brevedad.

En todos estos casos concurren algunos patrones. En primer lugar, la potencia imperialista cae en el etnocentrismo, el desprecio a los "salvajes" (afganos, germanos, escitas, vietnamitas, rifeños, mapuches, etcétera), y se adentra imprudentemente en territorio enemigo con fuerzas claramente insuficientes y sin demasiada información sobre el lugar y sus habitantes. En segundo lugar, el terreno hostil opera a favor de los nativos, que lo conocen y manejan bien, y con eso consiguen anular la superioridad tecnológica del invasor. En tercer lugar, los nativos suelen tener una estructura social más laxa que el invasor, y eso se traduce en un estilo más guerrillero de lucha, a diferencia de la lucha organizada de los invasores, a veces no muy apta para terrenos hostiles, ya que un terreno accidentado obliga a los guerreros a ser autónomos y valerse por sí mismos en vez de confiar en grandes fuerzas que no son capaces de maniobrar adecuadamente en tales geografías. Si repasamos "El regreso del Jedi", podemos encontrarnos que todos estos elementos están presentes: las tropas imperiales y el Emperador menosprecian a los Ewoks (ni siquiera los consideran en sus planes), luchan en un terreno claramente hostil (un bosque cerrado que no les permite un despliegue pleno de fuerzas), y los Ewoks recurren a la guerrilla frente a las tropas imperiales disciplinadas, pero claramente superadas por su ambiente. ¿Resultado? El mismo que en todos los casos anteriores: una aplastante victoria del nativo sobre la potencia imperialista invasora.

domingo, 17 de octubre de 2010

Una entrevista con Horace Gold.

Uno de los personajes más importantes en la Ciencia Ficción de los '50s fue Horace Leonard Gold, abreviado H.L. Gold. Escribió varias novelas de Ciencia Ficción, pero su mayor aporte al género fue haber sido editor de la revista Galaxy. Hasta los '50s, la principal revista del género, la que marcaba la pauta, era Astounding Stories (después rebautizada Astounding Science Fiction), pero tanto Galaxy como F&SF (The Magazine of Fantasy and Science Fiction) asumieron los cambios de orientación del género y tomaron el relevo. Gold fue entonces un hombre clave dentro de una época clave en el desarrollo del género. Lo que no impide que fuera un personaje curioso. La siguiente anécdota la refiere el sin par Isaac Asimov en sus incontinentes Memorias, de manera que cualquier cargo por inexactitud, ya saben a quién propinárselo.

Acudió Isaac Asimov a entrevistarse con él por primera vez en el salón de la casa de Horace Gold. En aquellos años, Asimov le vendía prácticamente toda su producción a ASF, de manera que abrirse mercado a Galaxy era sacar los huevos de una canasta para repartirlo entre varias. La entrevista iba bien, hasta que intempestivamente, Gold se levantó y se fue. Desconcertado, Asimov trató de averiguar con Evelyn Stein, la esposa de Gold, en qué había ofendido al anfitrión, pero ella le dijo que no era así en lo absoluto. Asimov se levantó, pero cuando llegaba a la puerta, sonó el teléfono. Evelyn tomó el auricular, y le dijo a Asimov: "Es para usted". La sorpresa de Asimov fue mayúscula cuando obtuvo la respuesta a sobre quién podría saber que a esas horas estaba visitando a Gold: era el propio Horace Gold. La conversación subsiguiente fue larguísima, con Asimov en el salón de Gold y éste en su propio dormitorio, siempre por teléfono.

Años antes de esto, Horace Gold había sido combatiente durante la Segunda Guerra Mundial. Y dicha guerra le había dejado serias secuelas mentales, en particular dos: agorafobia y xenofobia. Gold a duras penas salía de su departamento (suponemos que controlaba su trabajo editorial por teléfono), y le tenía un temor morboso a la gente extraña. No era antipatía ni mucho menos: cuando se trataba de hablar por teléfono, Horace Gold podía extenderse por horas y horas, para fastidio de muchos que debían tratar con él y que, seguramente, tendrían en algún minuto u otro que atender otros asuntos de importancia.

Finalmente, debido al enorme sufrimiento que le ocasionaba el tener que salir de casa para trabajar (no el trabajo, que eso lo sufre todo el mundo, sino el tener que abandonar la seguridad del hogar para ir a ese dantesco mundo exterior), en 1961 Horace Gold debió abandonar su trabajo editorial para siempre. El matrimonio con Evelyn Stein acabó en divorcio en 1957, pero de manera curiosa para su condición que le impedía toda vida social, Gold se las apañó para casarse de nuevo. Cargando su agorafobia a cuestas, falleció más de un tercio de siglo después, en 1996, a la provecta edad de 81 años.

jueves, 14 de octubre de 2010

Toda la Humanidad resucitada al mismo tiempo.


Probablemente no sea la más grande saga de novelas de Ciencia Ficción de todos los tiempos, pero la propuesta del Mundo del Río, escrita por Philip Jose Farmer, es bastante interesante por sí misma, y tiene un filón histórico que se puede explotar. La saga se compone de cinco novelas ("A vuestros cuerpos dispersos" en 1971, "El fabuloso barco fluvial" en 1971, "El oscuro designio" en 1977, "El laberinto mágico" en 1980 y "Dioses del Mundo del Río" en 1983), además de algunos libros de cuentos, no todos ellos escritos por Farmer. La premisa es simple, pero rendidora: una misteriosa raza de seres alienígenas, conocidas únicamente como "los Eticos", resucitan a los 36 mil millones de seres humanos que han vivido desde la Prehistoria hasta el siglo XX, en las orillas de un único río. Este se encuentra en un planeta completamente transformado para esos efectos. El propósito para el cual son resucitados es desconocido, y el eje vertebral de las cinco novelas es como una serie de personajes se lanza a la búsqueda de las respuestas respectivas.

No cabe duda de que la idea es una profunda metáfora de la existencia humana. El río ha sido desde siempre un poderoso símbolo literario de la vida. El español Jorge Manrique en el siglo XV escribía sus famosos versos: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir" (Coplas por la muerte de su padre, 3). De manera relacionada, en Madame Bovary un personaje reflexiona: "Por ejemplo, nosotros decía él, ¿por qué nos hemos conocido?, ¿qué azar lo ha querido? Es que a través del alejamiento, sin duda, como dos ríos que corren para reunirse, nuestras inclinaciones particulares nos habían empujado el uno hacia el otro" (segunda parte, Capítulo VIII). El chileno Baldomero Lillo, por su parte, recrea el ciclo del agua en su cuento "Las nieves eternas", la historia de una gotita que "nace" en la montaña y viaja río abajo. Volviendo a la obra de Philip Jose Farmer, resulta que el protagonista principal es Richard Francis Burton, un personaje histórico real, que en la Tierra del siglo XIX se embarcó a la búsqueda de las fuentes del Nilo, el Santo Grial de los exploradores africanos de la época, y que en el Mundo del Río, ya resucitado, parte a la búsqueda de las respuestas en el nacimiento mismo del gigantesco río que recorre a toda la civilización ultraterrena.

Interesantemente, Farmer no cree demasiado en la bondad de la naturaleza humana. Aunque la novela está escrita como un folletín, hasta el punto que puede llegar a pensarse que Farmer en realidad inventó la premisa argumental para darse el gusto de mezclar personajes históricos que de otra manera no hubiera podido juntar unos con otros, en el trasfondo puede olerse un poco la vieja necesidad humana de adquirir poder y riquezas a costa de otros. Los misteriosos alienígenas han dispuesto las cosas de manera tal, que los seres humanos están encajonados en el río, y además no pueden crear tecnología de un estadio superior al Paleolítico. Además, la agricultura no sólo es imposible, sino también innecesaria, porque cada habitante del Mundo del Río tiene un cilindro que, gracias a unos pilones ubicados a porfía en las riberas del río, se recargan diariamente con toda la comida que necesitan. Además, los cuerpos de los resucitados carecen de defectos físicos. ¿Creen ustedes que eso detiene a los habitantes para crearse pequeños feudos e imperios? A la vuelta de algunos años, el entero Mundo del Río de principio a fin está balcanizado en una multitud de micronaciones, e incluso se ha inventado la llamada "esclavitud de los cilindros", en los cuales los más fuertes capturan los cilindros de los más débiles para atiborrarse de comida (manteniendo vivos a los esclavos, eso sí, porque los cilindros vienen "personalizados", y si su dueño o usuario muere, el cilindro se vuelve inútil). Así vemos a personajes como el vikingo Haroldo Dienteazul repitiendo sus saqueos de "su otra vida", o al británico Juan Sin Tierra siempre sediento de poder...

Para quien les interese, digamos que la saga ha sido adaptada en un par de ocasiones a la televisión. En el año 2003 se hizo una peli llamada "El Mundo del Río", que en realidad era el episodio piloto de una serie televisiva que nunca llegó a rodarse. Y en 2009 se rodó una miniserie de cuatro horas de duración. Eso, por si les da flojera bancarse los cinco tomos completos (que en castellano, para terminar la sección informativa, fueron publicados por Editorial Ultramar).

jueves, 16 de septiembre de 2010

¡La primera Presidenta de Chile es mapuche!


Bueno, en la ficción al menos. Porque en la realidad, sabemos que la primera Presidenta de Chile era aria caucásica de raza blanca. Repasemos. En Marzo de 2006 asumió doña Michelle Bachelet Jeria como Presidenta de Chile, y gobernó hasta el terremoteado cambio de mando de Marzo de 2010. Como su apellido la denuncia, su ancestro por línea paterna no es hispano de pura cepa sino un inmigrante francés, como es la tónica de varios Presidentes de Chile. Bachelet no es por supuesto la primera mandataria a nivel mundial de sexo femenino, pero eligiéndola, Chile tuvo el honor de ganársela a Estados Unidos, país que suele dárselas de liberal y de avanzada, y que en 2008, entre preferir a la mujer o al negro, se quedó con el negro (saliera quien saliera, el chiste de humor políticamente incorrecto estaba servido).

Ahora sí entrando en la materia de este posteo en Siglos Curiosos, lo cierto es que en la novelística chilena ya había aparecido al una Presidenta mujer. Hablamos de la novela "La Luna para el que la trabaja" de Carlos Ruiz-Tagle. La obra fue publicada por Pineda Libros en agosto de 1973 (¡un mes antes del golpe de estado!), y es una especie de sátira del gobierno de la Unidad Popular (el capítulo "Venceremos" refiere el lanzamiento de un cohete con dicho nombre, que fue el eslogan de la Unidad Popular, lanzamiento que acaba fracasado, por no hablar del mismo título, paráfrasis del clásico lema socialista "la tierra para el que la trabaja"). Puede ser considerada como una novela, aunque en estricto rigor son una serie de relatos independientes, escritos en distintos estilos (cuento propiamente tal, cartas, partes policiales, etcétera), con un hilo conductor central, que son los esfuerzos de Chile por lanzar su propia carrera espacial. No existe por lo tanto un personaje central, aunque la mencionada Presidenta se acerque a dicho rol por protagonizar, o al menos ser mencionada, en varios relatos.

El personaje en cuestión no tiene apellido francés como Bachelet, sino mapuche: se llama Pastora Catrileo. Al comienzo vive en medio del mundo campesino mapuche, lugar en el que se instalan los laboratorios de la carrera espacial. Como el propósito del novelista es hacer sátira y no exégesis mitológica, no proporciona mayores datos sobre la carrera de Pastora Catrileo. Sin embargo, puede inferirse que, después de trabajar en la parte técnica de la carrera espacial chilena (que entre tanto lanza satélites artificiales e incluso coloca astronautas en órbita), deriva hacia la política, y acaba siendo elegida Presidenta de la República. El último capítulo es dedicado a los funerales de Pastora Catrileo, más o menos infiriéndose que habría fallecido en funciones.

Por supuesto que no debe tomarse esta novela como profética porque no era su intención predecir cómo iba a ser el futuro, pero tiene enjundia que en la ficción haya sido una castiza Pastora Catrileo, y en la realidad una extranjerizante Michelle Bachelet, la primera Presidenta de Chile. Sin embargo, en algo sí acertó la novela: se mencionan los funerales de Pastora Catrileo como apoteósicos, y se la llega a denominar Madre de la Patria Nueva, lo que es reminiscente de la alta popularidad que tuvo Michelle Bachelet como mandataria, en particular al dejar el cargo.

domingo, 10 de enero de 2010

Los orígenes de la Ciencia Ficción en Chile.


El siglo XIX fue el siglo del aceleramiento tecnológico. Hasta la centuria anterior, todo marchaba a paso de caracol, mientras que a partir de la Revolución Industrial, cambios técnicos (¡y los sociales relacionados!) que antaño tomaban generaciones, ahora se daban en el curso de una sola vida. Y como la Literatura se empapa de la vida, no es raro que los ecos de este fenómeno alcanzaran a los literatos, y empezara una embrionaria Ciencia Ficción. Y Chile, aunque país provinciano en el contexto mundial, no se mantuvo al margen de la tendencia.

Como había sucedido en la Europa del siglo XVIII (por ejemplo, el "Micromegas" de Voltaire), durante la mayor parte del siglo XIX la ficción científica chilena en realidad sólo servía de vehículo para hacer planteamientos filosóficos o políticos proporcionándoles a los autores la excusa de que "es una fantasía escapista y nada más" para no responsabilizarse por sus dichos. En este contexto encontramos un texto de Juan Egaña (¡el redactor de la Constitución de 1823!), que en Londres, en 1829, publicó "Ocios filosóficos y poéticos en la Quinta de las Delicias", siguiendo un poco la tradición volteriana, y más lejanamente, la de Luciano de Samósata, de crear a través de diálogos un mundo imaginario... un mundo de Ciencia Ficción.

En 1842, el político Victorino Lastarria publica "Don Guillermo", novela en la que su protagonista, el inglés Guillermo Livingston, termina por motivos varios en la Cueva del Espelunco y accede a otro universo paralelo (nótese que "espelunco" es un anagrama de "pelucones", el sobrenombre "de cariño" que tenían los conservadores... a quienes Lastarria, como buen liberal, fustiga con saña). El reino que el héroe encuentra, está subyugado por cuatro bestias, a las que debe por supuesto enfrentar: Mentira, Ignorancia, Fanatismo y Ambición. La alegoría política sigue porque se oponen el tétrico y satánico Espelunco (es decir, el pasado colonial chileno alegorizado, claro está) con la Patria Transparente, llena de luz y calor. Esta novela es varios años ANTERIOR a "Martín Rivas" de Alberto Blest Gana... considerada unánimemente por la crítica local como la "primera novela chilena".

En la década de 1870, Chile vivió un despegue económico y un aperturismo internacional que quizás influyó en que surgieran algunas obras más por el estilo. Liborio Brieba, escritor de relatos históricos, se atrevió con un folletín fantástico llamado "Los anteojos de Satanás" en 1871. En 1875, un inglés avecindado en Valparaíso llamado Benjamin Tallman había escrito "¡Una visión del porvenir! O el Espejo del Mundo en el año 1975". Y en 1878, David Miralles publica "Desde Júpiter", que inspirándose en Julio Verne (a quién había leído entre noche y noche de bohemia parisina, todo sea dicho), escribe las visitas hacia otros mundos de un "santiaguino magnetizado" (sic).

Pero no es sino en la década de 1920 que comienza una producción cienciaficcionística ininterrumpida en Chile, aunque con altas y bajas, ya que la crítica chilena se ha tendido a cuadrar en masa con la literatura realista y criollista. Ahí surgen "Tierra Firme" de R.O. Land (1927), "El dueño de los astros" de Ernesto Silva Román (1929), "Ovalle, el 21 de Abril del año 2034" de David Perry (1933), "El secreto del Doctor Baloux" (1936), "Mundo y supermundo" de Antonio Villanelo (1937)... y cerramos con el gran poeta creacionista chileno Vicente Huidobro, que sensible al ritmo de los tiempos, ahondó en la Ciencia Ficción con "La próxima (historia de guerra futura)" (1934) y "Caglistro (novela-film)" de 1942. El resto es historia.

domingo, 3 de enero de 2010

El primer visitante extraterrestre en la Tierra.


Muchas veces se ha insistido que nuestras actuales sagas épicas del cine, la televisión y las novelas (Star Wars, Star Trek, Mátrix, El Señor de los Anillos, etcétera) son la continuación de las viejas historias mitológicas por otros medios. En muchos sentidos, esto es cierto. Las historias de robots, por ejemplo, fueron preludiadas por las historias mitológicas sobre seres humanos artificiales, forjados en metal como el caso de los asistentes mecánicos de Hefaistos (el dios griego de la metalurgia), o construidos a partir del barro, como es el caso del golem. Por eso, puede resultar un tanto sorprendente que las historias de visitantes extraterrestres a la Tierra sean mucho más recientes. Tanto, que el primer visitante extraterrestre en la Tierra es un jovencito de apenas dos siglos y medio, una nada frente a la venerable edad de la Biblia, la Ilíada o el Ramayana.

En efecto, el primer visitante extraterrestre en la Tierra, el ancestro más lejano de E.T., del Depredador o de Klaatu y Gort, se llama Micromegas, y es el protagonista de un relato del escritor francés Voltaire. Este era, recordemos, uno de los decididos defensores de la Ilustración, en el siglo XVIII, y compartía su tiempo entre sus jugueteos con la Filosofía, y unos escritos satíricos en donde les descargaba fieros martillazos a los poderosos de su tiempo. De hecho, Voltaire se hizo tan indeseable a la Iglesia Católica, que obtuvo el raro privilegio de que su obra entera, tanto presente como futura, fuera condenada de una a caer en el Index (lo usual era que la condena fuera obra por obra, no al corpus literario de un escritor como un todo). En su "Micromegas", Voltaire crea a un personaje que es un nativo de la estrella de Sirio, y que siendo un gigante de enorme tamaño, viaja a la Tierra, espoleado por su afán de saber sobre el universo. Luego de trabar amistad con un nativo de Saturno, juntos llegan a la Tierra. "Micromegas" no es excesivamente largo, y termina con el héroe (cuyo nombre es un compuesto de las palabras griegas para "pequeño" y "grande") teniendo una muy erudita conversación con un grupo de filosófos que, como de costumbre en la obra volteriana, acaban por hacer el ridículo más absoluto cuando pomposamente buscan defender rebuscados e imposibles sistemas filosóficos.

Más allá del elemento satírico, Voltaire parece no advertir que acaba de crear una nueva especie de turista: el visitante extraterrestre de paseo por la Tierra. Había literatos antiguos que habían escrito antes sobre extraterrestres, en particular sobre la especie más próxima a la de nosotros, la de los selenitas (después se probó que en la Luna no había vida, y los selenitas desaparecieron de la Literatura). Estos fueron descritos por el griego Luciano de Samosata en el siglo II, por Kepler a comienzos del XVII, y en años algo posteriores por Cyrano de Bergerac, antes que Voltaire creara a su Micromegas. Pero en todos ellos, eran los humanos quienes viajaban a la Luna y se encontraban con los selenitas, no al revés. Por alguna razón, en algunos de estos relatos los selenitas se encontraban en guerra con los solarianos (los habitantes del Sol), sin que se explique cómo es que ellos tenían la tecnología para surcar el éter, y jamás hayan pensado en poner un pie en la Tierra antes, utilizando esa misma tecnología.

Por otra parte, las historias de criaturas no humanas descendiendo a la Tierra no son nuevas, como lo prueba el conocido eslogan New Age de "ángeles ayer, extraterrestres hoy". Se encuentran incluso en la Biblia, en el célebre capítulo de los nefilim, los hijos de Dios que descienden para aparearse con las hijas de los hombres y engendran a los héroes, los "hombres famosos de la Antigüedad". Pero lo que falta en este caso es el elemento, podríamos decir, extraplanetario. En las cosmovisiones antiguas, no existían otros planetas, o éstos eran apenas puntos de luz o fogatas en el cielo. No se esperara que albergaran vida. Incluso en tiempos tan recientes como el Renacimiento, decir que los planetas podían ser cuerpos celestes semejantes a la Tierra podía llevarte a la hoguera (como de hecho le pasó a Giordano Bruno en 1600, por estas y otras afirmaciones que la Iglesia Católica consideró como intelectualmente terroristas). Aunque parezca de perogrullo decirlo, no podía pensarse en visitantes extraterrestres a la Tierra, antes de que se pensara en planetas fuera de la Tierra que pudieran albergar esa vida extraterrestre. Y por eso, es Micromegas quien debe adjudicarse el honor de ser la primera criatura extraterrestre que visita nuestro planeta.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Evolución y Ciencia Ficción.


Siendo la Ciencia Ficción, valga por una vez la redundancia (y van...) ficción sobre ciencia, es lógico que la Teoría de la Evolución, la visión científica sobre el cambio de las especies, incluyendo la humana, fuera tocado por la Ciencia Ficción en varias ocasiones. Hacer una reseña exhaustiva de todas las obras de Ciencia Ficción que han abordado el pasado o futuro de la evolución humana sería algo de nunca acabar, y excede largamente lo que son los alcances e intenciones de Siglos Curiosos. Pero aún así, no deja de ser interesante echar un repaso a cómo algunas obras de Ciencia Ficción han extrapolado el tema de la evolución humana en el futuro. Dejaremos de lado las visiones más psicodélicas o místicas ("2001: Odisea del espacio", "Dune", "Akira"), y nos centraremos en aquellas con un componente científico más "hard".

Quizás la novela más enraizada con el tema de la evolución humana, desde un punto de vista puramente conceptual, sea "Galápagos" de Kurt Vonnegut. Esta novela, publicada en 1985, está ambientada "hace un millón de años... en 1986". Su argumento gira en torno a una serie de catástrofes que extinguen por completo a la Humanidad, salvo en las Islas Galápagos (alusión a las investigaciones evolutivas de Charles Darwin en el lugar, needless to say). En ese lugar, un grupo de personajes a bordo de la nave Bahía de Darwin ha conseguido salvarse y evolucionar para transformarse en la Humanidad del futuro, durante un millón de años. Previamente, en Guayaquil, una serie de rocambolescos accidentes y situaciones han elegido, de manera azarosa y darwiniana, quiénes serán "los más aptos" (por decirlo de alguna manera, en realidad) que a la larga serán los progenitores de la Humanidad en el futuro. La novela no es un ataque contra la Teoría de la Evolución, pero sí una virulenta sátira respecto de cierto malentendido muy común sobre la Evolución, según la cual todas las especies evolucionan desde lo más básico y simple hasta lo más complejo y sofisticado. Vonnegut no nos describe la Humanidad del futuro, pero nos deja entrever algunos rasgos: nadan como focas, viven cerca de 30 años, sus cerebros se han atrofiado, desconocen las caries dentales...

Un enfoque distinto prefiere la socióloga Ursula K. LeGuin en su novela "La mano izquierda de la oscuridad". El protagonista de la misma es un embajador del Ecumene, de visita en el planeta Gethen, en donde reside una Humanidad aislada que, debido a antiguos y olvidados experimentos genéticos, según se insinúa, su sexualidad ha cambiado por completo. Ahora, se la pasan todo el tiempo en un estado asexuado llamado "sommer", hasta que una vez al mes, entran en una violenta fase de "kemmer" en donde se diferencian en sexos (macho y hembra, como los de toda la vida). El largo periplo del protagonista, así como su informe final, es en realidad una excusa literaria para mostrarnos cuánto le debe la estructura de la sociedad humana a la sexualidad, a veces de maneras muy imbrincadas e impensadas, por la vía de mostrarnos cuánto cambiarían las cosas si la sexualidad humana estuviera ajustada de manera diferente.

Aparte del caso de Kurt Vonnegut, para quien la evolución humana es aún un proceso ciego y seguirá ciego por el apocalipsis inevitable al que la estupidez humana conducirá (un leit motiv vonnegutiano recurrente, esto de la estupidez y el sinsentido humanos), casi todos los autores están de acuerdo en que la ingeniería genética tomará el control de la evolución humana más tarde o más temprano, si es que no lo está haciendo ya. En "Fundación y Tierra" de Isaac Asimov, por ejemplo, los habitantes de Solaria se han modificado a sí mismo a través de la ingeniería genética hasta un punto tal, que conforman en la práctica una especie separada del resto de la raza humana. Esto tiene el corolario, a la vez irónico e inquietante, que los robots solarianos, programados para respetar la vida humana, sólo la respetan cuando se trata de un solariano: para estos robots, los no solarianos no encajan dentro de su definición programada de lo que es "humano".

Pero quizás quien ha llevado más lejos esta exploración del futuro evolutivo posthumano, siempre en su vertiente científica hard (o sea, monolitos de 2001 aparte) sea Bruce Sterling, en su Ciclo Formador/Mecanicista. En éste (conformado por un libro de cuentos, y por la novela "Schismatrix"), la Humanidad se ha bifurcado en dos grandes ramas: los Mecanicistas, que han sustituido la evolución biológica por los implantes cibernéticos, y los Formadores, que han seguido el camino de la ingeniería genética. En ambos casos, ninguno confía la evolución humana a la naturaleza, y en ambos casos, han llevado su camino de "reingenierizarse" a sí mismos tan lejos, que ya apenas pueden considerarse como humanos en lo absoluto: el cuerpo humano como tal ha dejado de ser algo intangible o sagrado, y pasa a ser una propiedad más. Incluso en algo prescindible, si se considera a los mecanicistas que han abandonado su cuerpo de carne y se han convertido en un software dentro de una red computacional...

NOTA DE SIGLOS CURIOSOS: Con este posteo, que no alcanzó a entrar en el especial de Noviembre pasado sobre los 150 años de "El origen de las especies" de Charles Darwin, Siglos Curiosos celebra con un día de anticipación sus cuatro años de vida, que serán cumplidos mañana 01 de Enero de 2010. Cuatro años de interesantes andaduras en el terreno de la Historia, y que trataremos de seguir adelante a través del quinto año... Saludos, y que tengan un Feliz Año 2010.

domingo, 9 de agosto de 2009

Hábleme de la tiotimolina resublimada.


En sus Memorias, Isaac Asimov se confiesa como poca cosa en materia de investigación, y defiende ser mejor expositor y divulgador de la Ciencia, que innovador de la misma. Lo que tampoco está mal. Pero una de esas consecuencias, fue que Asimov debió pasar por un infierno a la hora de escribir su tesis doctoral. Para peor, entre terminar su carrera e iniciar la tesis, por su enrolamiento en el Ejército, por sus responsabilidades laborales y por su matrimonio, habían pasado cuatro años, en los cuales Linus Pauling había reformulado por completo las bases de la Química introduciendo la Mecánica Cuántica en la misma. Es comprensible que Asimov, completamente perdido en su propio trabajo, escribiera la tesis un tanto a disgusto.

Estaba trabajando Asimov un día con una substancia llamada catecol, muy soluble al agua, cuando de pronto se preguntó qué pasaría si se disolviera una fracción de segundo ANTES de tocar el agua (una imposibilidad física en principio, claro, pero aunque esta pregunta no le sirviera al químico en Asimov, al escritor de Ciencia Ficción en él quizás sí). Enojado por tener que escribir su tesis de un modo, en sus palabras, "rígido y anormal (incluso estúpido)", escribió una parodia de tesis que llamó (la traducción es mía y libre) "Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada".

En esa época, Asimov vendía sus cuentos principalmente al editor John W. Campbell, y le presentó igualmente su parodia. Campbell accedió a publicarla ("él no se oponía a publicar de vez en cuando un artículo burlesco", escribe Asimov). Asimov le pidió que la publicara, eso sí, bajo seudónimo. Apareció en el número de "Astounding Science Fiction" de marzo de 1948, poco antes de la disertación doctoral... y no con el seudónimo sino con el nombre del autor. Aunque en esa época la Ciencia Ficción no era exactamente un género respetable aún, la Facultad de Química de la Universidad de Columbia terminó por enterarse, y Asimov tuvo motivos más que suficientes para ponerse nervioso. Pasó Asimov por la exposición oral, temiendo lo peor. Se hicieron las preguntas de rigor. Entre ellas, un profesor dijo:

-Señor Asimov... ¿podría decirnos algo sobre las propiedades termodinámicas de la tiotimolina resublimada...?

Asimov estalló en una risa histérica, en la seguridad de que no estarían bromeando así en caso de suspenderlo. A la salida de aquél salón, Isaac Asimov ya era formalmente el Doctor Asimov. A pesar de las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada. O quién sabe, a lo mejor por ellas mismas, que a algún profesor, en una de las tantas, le hicieran gracia...

NOTA DE SIGLOS CURIOSOS: Este posteo está dedicado a la memoria de Sergio Meier Frei (1966-2009), escritor chileno de Ciencia Ficción.

domingo, 15 de febrero de 2009

Stanley Kubrick y la inspiración para "2001".


Un detalle interesante de la filmografía de Stanley Kubrick, es que el grueso de la misma, incluyendo sus más renombradas películas, son adaptaciones de cuentos y novelas. En el recuento cabe incluir: "Senderos de gloria" (novela de Humphrey Cobb), "Espartaco" (novela de Howard Fast, inspirada eso sí en el Espartaco histórico), "Lolita" (novela de Vladimir Nabokov), "Doctor Insólito" (novela de Peter George), "La naranja mecánica" (novela de Anthony Burgess), "Barry Lyndon" (novela de William Tackeray), "Nacido para matar" (novela de Gustav Hasford) y "Ojos bien cerrados" (novela corta de Arthur Schnitzler). Pero la génesis de "2001: Odisea del Espacio" tiene sus propios matices.

Parece ser que Stanley Kubrick, director con no poco ego, tenía intenciones de filmar una película que agotara la Ciencia Ficción en el cine para siempre, o poco menos. El título original incluso iba a ser "How the Solar System Was Won" (más o menos: "Cómo el Sistema Solar fue conquistado"). Buscando material literario de base, alguien le recomendó hablar con Arthur C. Clarke, quien lo guió hasta su relato "El centinela". Siempre se ha dicho que "2001: Odisea del espacio" está inspirada o basada en "El centinela" de Arthur C. Clarke, pero esto no pasa de ser anecdótico: el relato muy corto de Clarke (apenas algunas páginas) está agotado en unos pocos minutos de película (concretamente, la escena en que los astronautas desentierran el monolito en la Luna, pasada una media hora de metraje). Todo el resto fue pura invención del guión, aunque en este caso Stanley Kubrick no se resignó a trabajar sin material literario de base, y decidió que entre ambos escribirían el guión y la novela, cada uno centrándose en lo suyo y haciendo recomendaciones a su colega (Clarke escribiendo la novela, Kubrick trabajando el guión). El resultado final es que la novela y la película tienen algunas serias divergencias, a pesar de haber sido trabajados juntos, la más importante de las cuales es que la película se ambienta en Júpiter, y la novela en Saturno (esto se explica porque Stanley Kubrick, perfeccionista como era, nunca dio con un buen efecto especial que le permitiera hacer ver los anillos de Saturno de manera creíble, y mudó la trama entera de la película a un planeta que no tuviera anillos...).

Saludada como obra de culto por la posteridad, la verdad es que "2001: Odisea del espacio" fue recibida con tibieza. El público respondió bien y fue un taquillazo de la MGM, aunque sea por el boca a oreja, pero la crítica la trató con displiscencia. Para valorarla, en Chile se refirieron a ella como "Juan Pérez astronauta", en la idea de que la película tenía efectos especiales tan envolventes que cualquier fulano de la calle podía sentirse astronauta en ella. Con todo, Stanley Kubrick se amargó mucho cuando una década después, "La guerra de las galaxias" atrajo aún más al público y se hizo más popular. Comenzó entonces la larguísima colaboración de Kubrick con Brian Aldiss, otro destacado escritor británico de Ciencia Ficción, para crear otra gran y mayestática película del género, que consagrara definitivamente a Kubrick como el Amo de la Ciencia Ficción en el Cine. Kubrick se murió sin rodarla, de manera que Steven Spielberg tomó el relevo, y ésta fue finalmente "Inteligencia Artificial". Al igual que "2001: Odisea del espacio", en "Inteligencia artificial" el relato de base ("Los superjuguetes duran todo el verano", de Brian Aldiss) es un relatito mínimo, que ocupa apenas algunos minutos del metraje final. Sólo que al revés de Clarke, Brian Aldiss se limitó a escribir un par de cuentos más con las peripecias del personaje, medio adaptando escenas de la película, sin que esta trilogía de cuentos constituya una adaptación literaria propiamente tal de toda ella.

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