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jueves, 12 de agosto de 2010

Pelagio el hereje optimista.

Uno de los más interesantes teólogos que ha producido el Cristianismo, es seguramente el británico Pelagio. Uno puede estar de acuerdo o no con sus planteamientos, pero no cabe duda que su visión del Cristianismo es bastante provocadora. De hecho, fue condenado y ha sido considerado desde entonces como un hereje. Por desgracia, hoy en día no conservamos ningún escrito suyo, y lo que sabemos de él, se lo debemos a la pluma de los enemigos que se dedicaron a combatirlo y acabarlo. Por referencias se sabe que escribió una obra llamada "De libero arbitrio" ("Del libre albeldrío"), hoy por desgracia perdida. Incluso los datos biográficos son inciertos. Debió nacer más o menos hacia el año 355, en Gran Bretaña o en la región de Bretaña en el norte de Francia, y se le sabe con vida hacia el año 418, ignorándose su fecha de muerte. Se le suele considerar un teólogo de origen celta, y es posible que la tradición cultural céltica haya impregnado su pensamiento.

Puede afirmarse que Pelagio era un pensador optimista respecto de la naturaleza humana. Para Pelagio, el ser humano es una criatura noble y heroica (en esto, Pelagio es muy celta, como puede verse). Por lo tanto, posee libre albeldrío para decidir entre el bien y el mal. Dios le señala el camino, pero es el ser humano el que hace el trabajo de seguirlo. Pelagio sostiene que en la rebelión de Adán y Eva contra Dios no se originó ningún pecado original, sino que lo único que nos ha legado, es el mal ejemplo de la desobediencia. En muchos sentidos, el pensamiento de Pelagio es una teología de la libertad. Compárese estas ideas con las de su contemporáneo San Agustín, para quien el ser humano es una criatura caída y condenada irremisiblemente al pecado original, del cual sólo puede salir por la Gracia de Cristo, sin que le basten sus propias fuerzas.

Las razones que llevaron a Agustín a combatir a Pelagio como hereje son bastante obvias, si se miran bien. Una de las consecuencias del pensamiento de Pelagio es que la Iglesia Católica se queda sin mucho por hacer. En vez de ser la depositaria de la salvación universal, se queda apenas como una organización filantrópica destinada a aconsejar bien a las personas y darles palmaditas amistosas en el hombro, y poco más que eso. Celestio, uno de los discípulos de Pelagio que llevó su pensamiento hasta las últimas consecuencias, declaró que no existiendo pecado original alguno, el bautismo no tenía valor para redimir los pecados. Si se considera que el bautismo es la puerta de entrada de los fieles a la Iglesia Católica, puede considerarse el escándalo que en la curia eclesiástica causó un ataque tan salvaje contra las bases de su propio poder. Las doctrinas pelagianas fueron condenadas en el Concilio de Cartago en el año 418, y desde entonces se volvió lugar común entre los teólogos de los siglos posteriores acusarse mutuamente de "pelagianos" como uno de los más graves insultos que podían arrojarse por la cabeza (y el resto de la parroquia sin enterarse, miren ustedes). Jerónimo, el santo varón que tradujo la Biblia en su actual versión oficial en latín (la "Vulgata"), le dedicó a Pelagio el lindo y muy compasivo epíteto de "Albinum canem", el "perro de Albión".

Resulta interesante señalar que el historiador Arnold J. Toynbee considera el conflicto entre Pelagio y Agustín como una temprana fase del enfrentamiento entre la cultura céltica aún sobreviviente, y la cultura grecolatina perteneciente a un Imperio Romano por ese entonces agonizante (en 410, en forma contemporánea a Pelagio y Agustín, la ciudad de Roma fue saqueada por primera vez en siete siglos). Y ya en pleno siglo XXI, la película "El Rey Arturo" le dedica un pequeño espacio a Pelagio, no haciéndole aparecer directamente en pantalla, pero sí haciendo que otros personajes se refieran a él. Con todo, la referencia que esa peli hace a Pelagio, sin ser históricamente falsas, al menos son inexactas. Pelagio es presentado como una especie de libertario político, y después se señala que fue asesinado en Roma. Lo primero, como puede colegirse de lo ya expuesto, es sumamente inexacto (Pelagio no parece haber puesto en tela de juicio directamente ni al poder político ni al religioso, aunque las aristas más filosas de su doctrina pudieran tener tales consecuencias), y sobre lo segundo, ya señalamos que después del año 418 desaparece de la Historia sin dejar rastros, y por lo tanto, lo mismo podría haber sido asesinado que haber muerto en su cama, en lo que a nuestro conocimiento histórico se refiere.

jueves, 18 de marzo de 2010

Gómez Carreño te pondrá en tu lugar.


Ahora que el Chile del bicentenario vivió uno de los peores terremotos de su historia, y hubo debate sobre si los militares debían o no salir a la calle para contener el orden, muchos se han acordado (con elogios para su figura o vituperios para la de su madre) del Almirante Luis Gómez Carreño, el hombre que restableció el orden en Valparaíso luego del terremoto de 1906, aplicando métodos que después se harán célebres cuando sean imitados en la peli "Harry el Sucio". Para que no digan que Valparaíso y San Francisco se parecen sólo en los cerros con pendientes.

El 16 de Agosto de 1906, Valparaíso sufrió un destructivo terremoto, el que para colmo desató una oleada de incendios. El barrio El Almendral, hoy en día depauperado y lleno de negocios chicos, pero en ese tiempo uno de los sectores más señoriales de Valparaíso, por estar construido sobre arena, se vino casi por entero abajo. Todos los servicios literalmente desaparecieron, y Valparaíso se transformó en tierra de nadie. En ese clima el Almirante Gómez Carreño (1865-1930) asumió la jefatura militar sobre Valparaíso, ciudad declarada en estado de sitio, y se inmortalizó fusilando pobres diablos. Porque las tropas del almirante atraparon a los que saqueaban entre las ruinas, y puestos en la vía pública, fueron limpiamente fusilados, y sus cuerpos fueron colocados a la exhibición de los transeúntes para que sirvieran de escarmiento. Se supone que el número de ejecutados asciende a unos quince, pero hay quien supone que la cifra podría ser más alta.

Con estos métodos draconianos, la actuación de Gómez Carreño fue efectiva para reimponer el orden. Sin embargo, también arrecian las críticas. En primer lugar, los ejecutados no tuvieron derecho a juicio: primero bastaba la pura firma de Gómez Carreño autorizando el fusilamiento, y después, para darle una apariencia de derecho, se creó un Tribunal Militar (resulta interesante observar que los tribunales militares sólo tienen jurisdicción sobre civiles en tiempos de guerra... lo que quiere decir que las autoridades se consideraban en guerra contra el resto de la sociedad). En segundo lugar, algunos motivos para los fusilamientos son irrisorios: algunos podrán ser ladrones (se reportaron casos de tipos que le cercenaban los dedos a los muertos para robarles los anillos), pero resulta del todo ridículo los fusilamientos contra los "incendiarios", habida cuenta de que la ciudad de Valparaíso ardió por sí misma durante días sin necesidad de manos ajenas que aumentaran el cataclismo (en la época, lo más crudo del invierno, la iluminación y calefacción eran a base de braseros de carbón, que al volcarse desataron el infierno en llamas). En tercera, la política de la época carecía de toda sensibilidad social, y los gobiernos no sabían hacer otra cosa sino masacrar a todos los que protestaran contra la pobreza, como bien quedó probado al año siguiente con la masacre de los obreros desarmados en la Escuela Santa María de Iquique, por parte del Ejército, amén de otras actuaciones de parecido civismo. Y en cuarto lugar, el Gobierno ni siquiera se tomó la molestia de implementar un plan de auxilio de contingencia para las víctimas del terremoto, por lo que muchos saqueadores y ladrones en realidad eran miserables que buscaban con qué subsistir. De manera que el Almirante Gómez Carreño se transformó en un ídolo para los derechistas deseosos de que haya orden en la Patria, pussom, y en un Satán para los izquierdistas y los abanderados por los derechos humanos. ¿La verdad? Como de costumbre, probablemente esté en algún punto medio. ¿Mi opinión? A mí no me miren, yo sólo soy un gato detrás del teclado...

En cuanto al Almirante Luis Gómez Carreño, tuvo un final desgraciado. En la madrugada del 1 de Enero de 1930, algo más de un cuarto de siglo después del terremoto, regresaba desde Quillota a Valparaíso, cuando sufrió un accidente automovilístico del que salió muy malherido. Agonizó terriblemente durante cinco días, al cabo de los cuales falleció. Tenía 64 años de edad. Una población en Viña del Mar, la población Gómez Carreño, lo recuerda. Ironía final: dicha población bautizada así en honor del fusilador de gente modesta, está hoy en día habitada por gente modesta.

domingo, 7 de marzo de 2010

La verdadera historia de Alicia.

Si hubiera que redactar un listado con los 100 libros más influyentes de todos los tiempos, no es improbable que, de manera subrepticia, casi como el condenado Conejo Blanco, "Alicia en el País de las Maravillas" escalara puestos hasta una rescatable posición. En general, el público anglosajón adora las aventuras de Alicia, y el propio Lewis Carroll no desdeñó escribir una secuela, que es "Alicia a través del espejo". Para el público hispánico, quizás Alicia sea una obra algo menor, y no debe ser casualidad, ya que por un lado está la admirada pero resistida presencia de Disney, que hizo su propia adaptación en 1951, además de que en la traducción se pierde una de las más firmes bazas de la obra: la innumerable cantidad de juegos de palabras, así como de parodias a poemas escolares ingleses, imposibles de ser paladeadas a discreción por cualquiera que no tenga acceso al texto original en inglés. Aún así, "Alicia en el País de las Maravillas" puede considerarse popular e influyente. Tanto, que un poco a la manera de como Sherlock Holmes opacó a Arthur Conan Doyle, también la Alicia literaria opacó un tanto a Alice Liddell, la verdadera Alicia, que sirvió de modelo para la creación de Carroll.

Alice Liddell, conocida también como Alice Hargreaves (su nombre de casada) nació en 1852. Puede decirse que su vida es prototípica de la Inglaterra victoriana, ya que creció para contraer matrimonio, tuvo hijos, y falleció a provecta edad, ya bien entrado el siglo XX (considerando que es de fama decimonónica), en 1934. Pero cuando era una chica de diez años apenas cumplidos, su vida se había cruzado con la de Lewis Carroll, un individuo bastante peculiar, sobre cuya psicología los autores no terminan de ponerse de acuerdo. La madre de Carroll había fallecido cuando éste era muy joven, y esto perturbó profundamente el espíritu del futuro escritor. Hace un vivo contraste en Carroll, el hecho de dedicarse a la lógica y las matemáticas, por un lado, y por el otro seguir la carrera eclesiástica, aunque una ligera tartamudez le impedía predicar, y por tanto, jamás pasó de diácono (aunque con todo se le llama impropiamente "reverendo"). Esta tensión nunca resuelta en Carroll es probablemente la fuerza motriz detrás del País de las Maravillas, universo tanto lógico como desquiciado, todo ello a un tiempo. En cuanto al sexo, su pacatería encajó estupendamente en la puritana moral victoriana, y por ende, no llamó la atención que nunca se casara. Ni que prefiriera la compañía de las niñas pequeñas (en particular de ocho a catorce años) a la de las mujeres adultas. Sobre si Carroll tenía tendencias pederastas o no, han corrido ríos de tinta, pero no puede decirse que haya nada de comprobado al respecto.

El caso es que, el 4 de Julio de 1862 (el día de la independencia de Estados Unidos, aunque probablemente esto sea una coincidencia, porque todo esto transcurre en Inglaterra), Carroll y las revoltosas hermanas Liddell (Lorine de trece, Alice de diez, y Edith de ocho) salieron a un paseo en barca por el río Támesis, cerca de Oxford. A ellos los acompañaba el reverendo Robinson Duckworth. Resulta que las tres chicas insistieron en que Carroll les contara un cuento, y éste, pillado de sorpresa, empezó a contar la historia de una chica llamada Alicia, a la que le sucedían mil peripecias bajo tierra, y que el pobre hombre tenía que ir improvisando por el camino, por razones obvias (de ahí el carácter un tanto episódico y destartalado de la futura "Alicia en el País de las Maravillas"). De esto, tanto Carroll como Alice como Duckworth dejaron testimonio. Alice quedó tan entusiasmada con el cuento, que prácticamente obligó a Lewis Carroll a ponerlo por escrito. Este, obediente a los caprichos de su amiguita, lo transcribió de su propio puño y letra, lo acompañó con ilustraciones propias, y se lo ofreció como regalo en la siguiente Navidad. Carroll no tenía intenciones de publicar estas primitivas "Aventuras de Alicia bajo Tierra", pero ante la insistencia de todos quienes lo leían, y a quienes tanto le gustaban, Carroll optó por reformatear la obra original, quitando los pasajes que en realidad eran chistes privados (y que consecuentemente el lector casual no pescaría), y añadiendo algunos otros capítulos, hasta construir la actual "Alicia en el País de las Maravillas", que fue publicada en 1865, e incluso tuvo su secuela en "Alicia a través del espejo", en 1871. Para la primera versión impresa, fueron descartados los dibujos de Carroll, y en reemplazo entraron los de Tenniel, que le dieron a Alice una personalidad única desde el punto de vista gráfico.

Se pueden escribir toneladas de cosas sobre los significados lógicos, políticos o teológicos de Alicia, pero todo esto oscurece el detalle de cómo Alicia es percibida por Carroll. Ya dijimos que la Alice Liddell adulta era una muy compuesta señora victoriana, pero si la niñita se parecía a la Alice literaria, entonces debe haber sido un auténtico terremoto. Parte de la diversión es que en el País de las Maravillas se pueden reconocer muchos motivos y comportamientos victorianos (y ya puestos, comportamientos también propios de nuestra sociedad), pero desde una óptica distorsionada en una lógica bizarra que todos sus habitantes asumen como "la correcta". Y Alice, lejos de ser una chica compuestita, llega a cuestionarlo todo y ponerlo patas arriba: es el triunfo de la rebeldía y la espontaneidad de la juventud, con su curiosidad y su afán de no aceptar las cosas porque sí, por encima del conformismo idiotizante del resto de los personajes, que son felices viviendo en un mundo literalmente patas arriba. Se ha observado que el País de las Maravillas es tan absurdo como los mundos kafkianos, pero mientras que en Kafka los protagonistas siempre son aplastados por el absurdo, en vez de ello Alice se rebela y consigue defenderse, y aún consigue triunfar sobre su alrededor. Quizás aquí está el meollo, más allá de la enorme creatividad de la obra, de por qué Alice Liddell valoró mucho más este cuento que los pedantes relatos moralizantes victorianos a los que se le obligaba a leer en la escuela.

jueves, 15 de octubre de 2009

Le Nôtre el jardinero de Versalles.


André Le Nôtre (1613-1700) fue sin lugar a dudas una de las más reputadas personalidades en la Francia de Luis XIV. Nada mal... para un jardinero. Aunque no uno cualquiera. Le Nôtre fue el hombre responsable de que los jardines del Palacio de Versalles tuvieran su aspecto definitivo. Como una muestra, digamos que antes de Le Nôtre estaban de moda los jardines a la italiana. Después de Le Nôtre se pusieron de moda los jardines "à la française". El propio Le Nôtre, después de un viaje a Italia, había dicho: "Los italianos no poseen jardines como los nuestros; ignoran absolutamente el arte de realizarlos"...

Le Nôtre fue un descubrimiento de Nicolás Fouquet, el inefable superintendente de finanzas de Mazarino. A partir de 1857, Le Nôtre empezó a trabajar para él. Pero cuando Mazarino murió y Fouquet cayó en desgracia, en 1661, y a sabiendas Luis XIV de que Fouquet gustaba rodearse con lo mejor, no perdió tiempo en reclutar al jardinero. De esta manera, Le Nôtre se vio de cabeza trabajando nada menos que en Versalles, que por esos años recién empezaba a ser levantado sobre los pantanos que antes había en el lugar.

Obviamente, los encargos a Le Nôtre se hicieron interminables. Así, se vio trabajando para el duque de Orléans, para el Gran Condé, para Colbert, para Madame de Montespan (la amante del rey), para el ministro de guerra Louvois... Además, Luis XIV lo contaba casi como parte del inventario, así es que arreglaba lo que podríamos llamar su "préstamo" como gracia a monarcas extranjeros ansiosos de tener jardines "a la francesa". En 1662, Le Nôtre prestó servicios a Carlos II de Inglaterra. En 1698, como parte de los arreglos de paz entre Luis XIV y Guillermo III de Inglaterra, tuvo que volver a ese país a prestar servicios...

De Le Nôtre se afirma que una vez Luis XIV, deseoso de ennoblecer a su producto nacional en materias de jardinería, le habría preguntado por el blasón que deseaba, y Le Nôtre habría respondido que sólo deseaba un escudo con "tres caracoles sobre una hoja de col"... Esta anécdota puede ser cierta o falsa, y de ser cierta, puede ser por auténtica modestia, o bien por un cauto sentido de la prudencia. En cualquier caso, es sabido que los ingresos anuales de Le Nôtre se empinaban a cerca de 30.000 libras anuales. Comparativamente, una persona con una renta de apenas 500 libras anuales, ya podía considerarse como de buena posición económica...

jueves, 1 de octubre de 2009

Tito el buena gente.


Obviamente no todos los Emperadores romanos estaban locos, o el Imperio no habría podido sostenerse cuatro siglos en pie. Pero por motivos dramáticos, suelen ser los Emperadores locos (Calígula, Nerón, Cómodo) los que suelen salir más en el cine, y por lo tanto, los más famosos y los que dejaron a los pobres romanos (especialmente si son paganos) con fama de viciosos y corruptos. Esto deja en la sombra a muchos Emperadores capaces y competentes, y que por lo mismo, son los que menos chismorreo dan. Entre ellos deberíamos incluir a Tito, en cuyo breve gobierno (79 a 81 d.C.) sucedió el desastre de la erupción del Volcán Vesubio y la destrucción de Pompeya. Pero Tito (Tito Flavio Vespasiano por nombre completo) también es famoso por ser uno de los más bonachones Emperadores que reinó en Roma. De hecho, se le llamó "amor y delicias del género humano" (aunque, todo sea dicho, fue también responsable de arrasar el Segundo Templo de Jerusalén, pero en fin, su biografía fue escrita por historiadores romanos...).

Nada más entronizado dio muestras de esto. Todos los Césares, cuando llegaban al trono, consideraban nulas las gracias concedidas antes, a menos que las ratificaran, lo que por supuesto era una manera de que sus súbditos les tuvieran que rendir pleitesía. Tito, en cambio, declaró en un solo edicto que todas las gracias anteriores a él eran válidas, y prohibió que le pidieran su aprobación particular para alguna de ellas. Se complacía en el deporte de hacer favores a los demás, y un día en que no pudo hacerlo se quejó en la cena: "Amigos míos, he perdido el día". No mandó ejecutar a nadie porque no quería mancharse las manos de sangre, ni aunque los reos lo fueran por crímenes contra el Emperador o el Imperio mismos. Su hermano Domiciano, que después llegaría a Emperador, no cesaba de intrigar en su contra, y Tito se limitó a pedirle, con lágrimas en los ojos: "que viviese en fin con él como un hermano".

Pero esto no le hacía un debilucho. Después de todo, había sido general de legiones romanas antes de ser Emperador (ya dijimos que arrasó Jerusalén el año 70). Odiaba a los soplones, a los delatores y a los sobornadores de testigos, por los trastornos que introducían en los asuntos públicos, y les dio castigo ejemplar. De manera que los sacó al Foro, y allí los hizo azotar con varas y palos. Muchos de ellos fueron después subastados como esclavos, o bien desterrados a islas insalubles, a que allí se pudrieran. Decretó también que no podría perseguirse el mismo delito en virtud de diferentes leyes (claro antecedente del actual "non bis in idem", que una persona no puede ser juzgada dos veces por el mismo delito), ni turbar la memoria de los muertos pasado un número de años (esto se hacía, obviamente, por cuestiones de herencia, cuestionando al muerto para hacer entrar o salir herederos al baile de la repartija de sus bienes). Cuando ocurrió el mencionado desastre del Vesubio, desplegó Tito una energía inusual. Hubo también un incendio en Roma que duró tres días y noches completas, y Tito decretó que tomaba a su cargo todas las pérdidas públicas.

Como dijimos, el reinado de Tito fue dramáticamente corto. Consumido por una repentina enfermedad, falleció con apenas 41 años de edad. Consigna el historiador romano Suetonio, que "al difundirse la noticia de su muerte, hubiérase dicho, viendo el dolor público, que cada cual lloraba por uno de su propia familia".

domingo, 8 de marzo de 2009

Vitali Kaloyev desde la cárcel al ministerio.

La historia de Vitali Kaloyev (Виталий Константинович Калоев) es literalmente la de un hombre que fue desde la cárcel hasta un ministerio. Y además, involucra un accidente aéreo. Todos los ingredientes para una buena peli de Hollywood, de no ser porque difícilmente un asesino a sangre fría podría ser considerado como un héroe... Aunque el tema de la venganza siempre tiene sus partidarios. He aquí la historia.

Kaloyev nació en el año 1956, en Vladikávkaz, la capital de Osetia del Norte, que en ese tiempo formaba parte de la Unión Soviética, y en los nuestros es una república de la Federación Rusa. Su historia personal no tiene rasgos demasiado peculiares, aparte de ser un arquitecto, hasta que el 01 de Julio de 2002, el Vuelo 2937 de Bashkirian Airlines (aerolínea hoy extinta, declarada en bancarrota en 2007), que iba desde Moscú hasta Barcelona, se estrelló en Alemania contra un vuelo que viajaba desde Bahrein a Bruselas. La investigación subsiguiente declaró, en el año 2004, que la colisión en el aire se debió a un error de la torre de control. El sistema antichoques de la misma estaba apagado aquella noche, pero el controlador Peter Nielsen no tomó en cuenta este detalle, y dio instrucciones incorrectas para prevenir una colisión, precipitándola en vez de evitarla. La catástrofe subsiguiente dejó un saldo de 71 muertos, lo que la convierte en una de los peores accidentes aéreos en la Historia de Alemania. El propio Nielsen, abrumado por la culpa de haber provocado el accidente (aunque en rigor no fue el único responsable, ya que hubo fallos técnicos también), no pudo trabajar más.

Pero no se detiene ahí. Entre las 71 víctimas estaban la esposa (Svetlana) del mencionado Kaloyev, además de sus hijos de cuatro (Diana) y diez (Konstantin) años. Kaloyev fue uno de los primeros que acudió a la zona de desastre, y cayó en un profundo estado depresivo. Dejó de trabajar, dejó de afeitarse, comenzó a vestir únicamente de negro, y en su casa construyó un santuario para su familia. En el año 2004, cuando salió el reporte final sobre el accidente, Kaloyev investigó el paradero de Nielsen a través de un detective privado. Fue a su casa, en las cercanías de la ciudad suiza de Zürich, y lo confrontó, mostrándole fotos de sus hijos y su esposa en sus respectivos ataúdes. Nielsen intentó cerrar la puerta, pero en vano. Kaloyev botó las fotografías y lo apuñaló sin misericordia alguna, delante de las tres hijas y la esposa del controlador de vuelo. Este falleció casi de inmediato, desangrado. El propio Kaloyev fue arrestado poco después.

Kaloyev fue condenado el 26 de Octubre de 2005 a ocho años de cárcel. El fallo originó movilizaciones entre grupos rusos decididos a obtener su liberación, considerando que Kaloyev había cumplido su deber, vengando a su familia. El caso es que la defensa de Kaloyev apeló la sentencia, la cual fue revocada por no haberse considerado suficientemente el estado mental de éste. En 2007 salió de prisión, volvió a Osetia del Norte, y no sólo fue elegido "Osetio del Año", sino que además el gobierno local lo nombró Viceministro de Construcción. Cuando estalló la Guerra de Osetia, en Septiembre de 2008, Kaloyev tomó su vehículo ministerial y viajó para unirse a las tropas rusoosetias y luchar contra Georgia. Un periodista alemán del diario Die Zeit le preguntó por qué había hecho tal cosa, y Kaloyev se limitó a responder: "Si alguien me ataca, yo ataco de vuelta"...

jueves, 5 de marzo de 2009

Auge y caída de Miguel Adrover.


Cuando la realidad golpea, golpea fuerte. Todo buen empresario sabe que debe hacer apuestas, y aunque puede consolidar sus ganancias con una adecuada planificación de costos, beneficios y riesgos, siempre existen contingencias externas de lo más imprevistas, que terminen por echarlo todo a perder. Tal cosa le ocurrió al diseñador Miguel Adrover, cuya historia contaremos acá.

Miguel Adrover nació en Calonge, en Mallorca, hacia finales de 1969. Dejó el Colegio cuando tenía 11 años, para ayudar a su familia en el trabajo de la recolección de almendras. Llegó a Nueva York para trabajar de limpiavidrios, o también de friegapisos en Queens, hasta que pudo montar su propia tienda de modas, a la que llamó Horn (se puede traducir por "Cuerno" o "Bocina", en inglés... vaya un nombre para una tienda). Llamó rápidamente la atención en el evanescente mundo del "fashion today, gone tomorrow". El mismo lo expresó así: "Cuando aparecí, la ciudad ardía de ganas de expresarse y yo canalicé eso. Saqué la camiseta de I love NY de las tiendas de souvenirs de Chinatown y la coloqué en la portada de Harper's Bazaar". En febrero del 2000 presentó su segunda colección, le otorgaron el muy prestigioso Premio Perry Ellis al mejor diseñador emergente, y lo más importante, el conglomerado económico Pegasus decidió que invertir en su empresa era un negocio rentable, y así lo hizo.

Y vino el desastre. Al año siguiente lanzó una colección basada en la realidad social de los países islámicos, llamada Utopia. La crítica de modas la hizo pedazos, tachándola de homenaje a los talibanes. La fecha fue el 9 de Septiembre de 2001: dos días después, esos mismísimos talibanes echaron abajo las Torres Gemelas. El grupo inversor se declaró en bancarrota, y Adrover tuvo subsecuentemente que cerrar. Al respecto dijo: "La prensa me trató de simpatizante del enemigo cuando yo sólo trataba de abrir la mente a otra cultura. La verdad, fue mala suerte que tiraran las torres. Ahí todo se fue al carajo".

El resto parece sacado de una de esas historias de "The E! True Hollywood Story". Se retiró a Egipto, y se puso a trabajar de taxista en Luxor. Trató de regresar a Nueva York y presentar nuevas colecciones, pero sin éxito, y en 2004 tuvo que abandonar finalmente Nueva York. Pero su breve paso por el mundo de la moda neoyorkina había dejado estela (algunos de sus modelos llegaron, en el intertanto, a ser exhibidos en el Museo Victoria & Albert de Londres, y en el Metropolitan de Nueva York), y le buscaron hasta llevarle de regreso a Nueva York. En 2008 tiene su nueva oportunidad de presentar sus modelos. El resto ya no es Historia, y por lo tanto escapa de momento a los Siglos Curiosos, aunque nunca deberíamos subestimar la capacidad de alguien para seguir dando tabarra en este blog...

jueves, 16 de octubre de 2008

El juego maquiavélico de Lee Atwater.


De que la política ha sido siempre un juego sucio, eso nadie lo pone en duda. Pero muchos están de acuerdo en que Lee Atwater llevó el juego a un nuevo nivel de sordidez, que hasta entonces la política de una nación democrática no había alcanzado. Lo irónico es que en su lecho de muerte, el propio Lee Atwater tuvo tiempo de arrepentirse de sus pasadas acciones, horrorizado del monstruo de Frankenstein que había creado, al desarrollar un nuevo tipo de hacer política. Porque Atwater es considerado como el padre de la maquinaria propagandística del Partido Republicano de los Estados Unidos, y su más destacado discípulo fue nada menos que Karl Rove, el tenebroso hombre tras las dos victorias electorales de George W. Bush.

Lee Atwater nació en 1951, y es considerado como un hombre de Carolina del Sur, en donde se crió, a pesar de haber nacido en Atlanta (Georgia). Asesoró a candidatos republicanos desde finales de los '70s, y trabajó para la administración de Ronald Reagan, y después para la de George Bush (el padre, claro está), a quien ayudó a ganar después de la que es considerada su pieza maestra en el arte maquiavélico. Porque Atwater es, sin lugar a dudas, el arquitecto de la victoria de Bush sobre Michael Dukakis, su contendor del Partido Demócrata, en la elección de 1988.

El estilo de Atwater era simple, y es el que han seguido después Karl Rove para apoyar a George W. Bush, y más recientemente Steve Schmidt (discípulo de Rove, así como éste es discípulo de Atwater) para apoyar a John McCain: crear redes de propaganda con mensajes simples y agresivos, que creen una imagen distorsionada del adversario. En 1988, atacaron a Dukakis esparciendo rumores sobre éste siendo sometido a terapia mental por depresión, y a su esposa por quemar una bandera durante la época de las protestas contra Vietnam. Se montó también un aviso racista en que mostraban al asesino negro Willie Horton cometiendo asalto armado y violación durante una salida de fin de semana, merced a un programa diseñado por Dukakis mismo: el concepto de "puerta giratoria" para los delincuentes, inventado por la maquinaria propagandística republicana, terminó de hundir a Dukakis.

En 1990, durante un evento público, Atwater se desplomó. Le diagnosticaron entonces un muy agresivo tumor cerebral. Se volvió entonces hacia el Catolicismo y de hecho parece haberse convertido. Como acto de contrición, escribió una serie de cartas a todos aquellos quienes sus tácticas habían perjudicado. En la revista Life Magazine, Atwater hizo una declaración pública llamando a modificar el estilo de hacer política basado en la acumulación pura y simple de poder, estilo que por cierto, él mismo había contribuido a desarrollar. Quizás revelador de su temperamento sean las palabras que le escribió a Dukakis: "Mi enfermedad me ha hecho pensar algo sobre la naturaleza de la humanidad, el amor, la hermandad y las relaciones que nunca entendí, y probablemente nunca hubiera entendido". El 29 de Marzo de 1991, habiendo perdido prácticamente toda la movilidad debido al cáncer, falleció finalmente. En las elecciones presidenciales de Noviembre de ese año, ganó el candidato demócrata Bill Clinton.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Hernán del Solar y la Editorial Rapa Nui.

Como advertencia preliminar, a pesar de llevar "Rapa Nui" en su título, este posteo no tiene nada que ver con Isla de Pascua. En vez de eso, hablaré sobre Hernán del Solar, probablemente uno de los escritores más clásicos de Chile, el grueso de cuya obra literaria es infravalorado por pertenecer a ese género literario tan denostado por los críticos, que es el cuento infantil (como si Renault o Andersen no valieran de nada).

Del Solar nació con el siglo, el 19 de Septiembre de 1901 (el 19-11 no era todavía el Día de las Glorias del Ejército, que se instauró algo más de una década después). Sus primeros andares literarios, los desarrolló en el campo de la Poesía, publicando un libro llamado "Senderos". Pero también publicó prosa, y se dedicó a la crítica literaria. Fue el primer autor que tradujo al español la densa obra de Thomas Mann, así como la de Nikos Kazantzakis (autor de la novela en que se basó la peli "La última tentación de Cristo", por más señas). Y ayudó a difundir autores que en ese entonces eran lo último en materia de Literatura europea: Stefan Zweig, Aldous Huxley, André Maurois...

En 1946 tuvo la idea de fundar una editorial que se dedicara a la Literatura Infantil. Lo que se concretó cuando fundó la Editorial Rapa Nui (sin relación con la Isla de Pascua, como decíamos, salvo por el nombre). Hernán del Solar comprometió a una buena cantidad de escritores para que escribieran relatos cortos para niños, y como política editorial decidió publicar dos tomos al mes. La decisión fue casi ruinosa, porque prácticamente ningún escritor le cumplió (entre los pocos que sí cumplieron estuvieron Mariano Latorre y su "El choroy de oro", y Luis Durand y su "Guauguau y sus amigos"). De manera que Hernán del Solar debió empezar a escribir él mismo los libros que iba a editar, camuflándose con una tonelada de seudónimos distintos (Peter Kim, Gastón Colina, Oliverio Baker, Abelardo Troy, Ricardo Chevalier, Clovis Kerr, Bat Palmer...). En la colección fueron publicados varios clásicos infantiles chilenos como "Mac el microbio desconocido" y "La porota", además de (con el seudónimo de Ricardo Chevalier), la historia de una dupla al estilo de Sherlock Holmes y Watson, pero en versión perruna, que resuelven crímenes y misterios en la ciudad de Animalandia, cuales son los detectives Nap y Moisés, saga que tuvo varias entregas. La colección hubo finalmente de cerrar en 1951, después de 61 tomos publicados, por problemas económicos, pero su legado continuaría por generaciones.

Y como curiosidad final sobre esta colección. Nadie suponía que el tomo N° 27 de la colección, iba a desarrollar la que es probablemente la más exitosa franquicia literaria chilena, con once secuelas y una más inédita y sin terminar (por la muerte de la autora), además de una adaptación del personaje para el cine en una película animada. Me refiero, claro está, a "Papelucho" de Marcela Paz...

domingo, 24 de agosto de 2008

El verdadero nombre de Mahatma Gandhi.


"Mahatma" no es el verdadero nombre de Gandhi. Es un sobrenombre, y significa literalmente "Alma Grande". "Maha" es "grande" en sánscrito, como por ejemplo en "maharajá" ("Gran Rajá" o "Gran Rey"), mientras que "Atmán" es "alma". El sobrenombre le viene, huelga decirlo, de su postura pacifista frente a la resolución de los problemas políticos.

A pesar de ser uno de los más prominentes personajes históricos de la India, resulta curioso observar que en la carrera de Mahatma Gandhi influyó poderosamente su formación académica occidental. En efecto, al verlo sentado frente a una rueca tradicional de la India, cuesta pensar que su verdadera profesión era la de abogado, y estudió para ella nada menos que en Londres, allí donde su familia, que era de la casta de los comerciantes, le envió. En Londres no sólo recibió estudios jurídicos, sino que además se compenetró con la filosofía de ilustres pacifistas como Henry Thoreau y León Tolstoi, a quienes no conoció en persona, pero cuyos escritos leyó con avidez. Fue apoyado fielmente por su esposa Kasturba, con quien contrajo un matrimonio arreglado a la edad de 13 años (ambos habían nacido en 1869). Gandhi tampoco desarrolló su práctica en la desobediencia civil en la India misma, sino en Sudáfrica, en donde defendió los derechos de la población indostánica en dicha por entonces colonia británica.

Y volviendo al nombre de Gandhi. Su verdadero nombre era Mohandas Karamchand Gandhi. Como mencionamos, el apelativo de Mahatma se lo ganó después, en el curso de sus luchas civiles.

Y ya que estamos en el nombre y apellido de Gandhi: varios personajes con dicho apellido se han destacado en la política contemporánea de la India. La más destacada es Indira Gandhi, quien obtuvo el apellido no por nacimiento, sino por casarse con un tal Feroze Gandhi. El hijo de Indira, Rajiv Gandhi, y más tarde la esposa de este último, Sonia Gandhi, también se han destacado. Pero ninguno de los anteriormente mencionados, tiene ningún parentesco con Mahatma Gandhi, y que se apelliden igual es mera coincidencia.

domingo, 10 de agosto de 2008

El filósofo escocés nacido en Irlanda.

¿Se puede ser escocés si no se nace en Escocia...? Sentimientos nacionalistas de inmigrante aparte, la verdad es que sí, al menos en un caso, y éste es el de Juan Escoto Erígena, teólogo del siglo IX. Porque éste, a pesar de su origen ("escoto" significa más o menos "el escocés", porque Escocia le debe su nombre al pueblo de los escotos, que lo colonizó hacia el siglo VI), su apodo lo delata como nativo no de Escocia, sino de Irlanda, ya que "genos" en griego significa "nacido", y "Erín" es el nombre que recibía la isla ("Irlanda" viene del inglés "Eire Land", que significa "Tierra de Erín", precisamente). O sea, Juan Escoto Erígena era Juan el escocés, pero un escocés nacido en Irlanda. ¿Cómo es esto posible?

La verdad es que, durante la temprana Edad Media, la historia de Escocia y de Irlanda estaba más vinculada de lo que podría parecer a primera vista. Las Islas Británicas estaban pobladas por tribus celtas en la época de la conquista romana, pero éstos sólo conquistaron Inglaterra, es decir, la región sur de la isla de Gran Bretaña (a veces se identifica a Inglaterra con la totalidad de Gran Bretaña, lo que es incorrecto). Es decir que Escocia, la región norte, e Irlanda, la isla occidental a Gran Bretaña, jamás cayeron en manos romanas. Debido tanto a su cultura común como a la resistencia contra el invasor romano, hubo buenas relaciones entre ambos territorios. En el siglo VI, la región norte fue invadida por la tribu de los escotos, y éstos dieron nombre a Escocia, pero por ser celtas, siguieron tan fieles a los celtas de Irlanda como siempre. De manera que, desde la Europa Continental, se les dio el nombre de escotos tanto a los escoceses mismos como a los irlandeses.

Las invasiones vikingas cambiaron esto. Los montañeses de Escocia, frente a la presión, se unieron, y en el año 844 crearon un reino unificado (bueno, más o menos, pendencieros como eran los highlanders, en realidad), bajo la dirección de Kenneth MacAlpin, señor de los escotos, que fue aceptado también por los pictos, otra tribu de Escocia, convirtiéndose así en Kenneth I de Escocia y fundando la monarquía escocesa. Irlanda, por su parte, tuvo menos suerte, y los vikingos no sólo la arrasaron, sino que fundaron un puesto de avanzada (la futura ciudad de Dublín), desde la cual dominaron la isla durante casi un par de siglos. Con lo que las tradiciones culturales escocesa e irlandesa divergieron, y cada territorio asumió su propia identidad, si bien con raíces culturales célticas comunes.

Y una nota final. Juan Escoto Erígena, a pesar de venir desde las Islas Británicas, floreció en la corte de Carlos el Calvo, Rey de Francia. Esto no es casualidad. En la época, los más importantes pensadores procedían de Irlanda (en realidad, antes de que la población irlandesa fuera diezmada por los vikingos y su cultura aniquilada). De ahí que un escocés nacido en Irlanda, encontrara finalmente su campo de trabajo en Francia...

domingo, 27 de julio de 2008

La muerte de Evariste Galois.


Evariste Galois es considerado uno de los más importantes y reconocidos genios matemáticos de todos los tiempos, y si no llegó a alcanzar una estatura mayor, es probablemente debido a la tempranísima edad en que falleció, y que no le permitió expresar la totalidad de su genio matemático. Porque Galois murió cuando tenía apenas veinte años de edad.

Galois nació en Octubre de 1811. Podríamos decir de él que pertenecía al típico temperamento romántico de su época. Su carácter apasionado y su desprecio por la autoridad le iba a traer, por supuesto, una enorme cantidad de problemas en su corta vida. Siendo todavía estudiante, publicó un trabajo sobre las condiciones de resolución de una ecuación polinómica por radicales, un problema matemático considerado hasta la fecha como prácticamente insoluble, y que abrió camino a toda una nueva rama de las Matemáticas, llamada con justicia la Teoría de Galois. Publicó aún algunos trabajos más, muy pocos, pero que dan a entender lo lejos que estaba llegando en el Algebra, y que lo mostraban como una futura luminaria en el campo de las Matemáticas.

Esto hubiera sido así, si se hubiera quedado en las Matemáticas. Pero también tenía opiniones políticas, y las sostenía con el temperamento ardiente de un adolescente, lo que le valió, en la Francia de la Revolución de 1830, terminar en prisión. Una vez fuera de la cárcel, encontró tiempo para meterse en líos de nuevo. Desafió o fue desafiado a duelo (la manera en que los caballeros de la época solían resolver sus asuntos de honor, recordemos), quizás por un asunto de faldas. La noche anterior al enfrentamiento, no durmió absolutamente nada: se la pasó en vela escribiendo cartas y textos matemáticos, convencido de que no viviría ya más desde el día siguiente. Su terror a los resultados del duelo, su cansancio extremo a la madrugada del día siguiente, y su cuota de mala suerte, hicieron el resto: Galois recibió un balazo en el abdomen, el 30 de Mayo de 1832, y falleció al día siguiente, a las diez de la mañana. Sus famosas últimas palabras fueron: "Ne pleure pas, Alfred! J'ai besoin de tout mon courage pour mourir à vingt ans!" ("¡No llores, Alfredo! ¡Necesito de todo mi coraje para morir a los veinte años!"). Este Alfredo era su hermano. El reconocimiento llegó tardíamente a Galois, cuando su obra fue publicada en 1843, más de diez años después de su muerte, y fue saludado como uno de los más grandes genios matemáticos del siglo XIX. En ese 1843, Galois hubiera cumplido 32 años.

jueves, 10 de julio de 2008

Piankhi el Faraón Negro que conquistó Egipto


Las imágenes más características sobre el Antiguo Egipto, para el común de la gente, son las grandes manadas de esclavos cargando bloques gigantescos para la Gran Pirámide, o el esplendor de la corte de Ramsés II, o el riquísimo ajuar de la Tumba de Tutankamón. Sin embargo, la historia egipcia desde sus orígenes neolíticos hasta la época romana cubre casi cuatro mil años, y está repleta de numerosos episodios e incidentes mucho menos conocidos. Uno de ellos, es el dominio de tres cuartos de siglo, en que los egipcios perdieron su independencia frente a los nubios del sur, los llamados Faraones Negros de Africa.

Durante milenios, Nubia (lo que actualmente es la República de Sudán) fue el patio trasero de Egipto: mientras en las regiones cercanas a la Desembocadura del Nilo florecía una civilización capaz de construir enormes templos y pirámides, los nubios, más relacionados con el Africa tropical, oficiaban de aprendices de la civilización, además de puerto de comercio para los bienes y manufacturas egipcios. Pero los nubios aprendieron, y lo hicieron bien. Después de la muerte del Faraón Ramsés III (hacia 1155 a.C.), los egipcios entraron en una imparable decadencia, mientras que los nubios empezaron a fortalecerse.

Finalmente, hacia el año 730 a.C., un tal Tefnakht, rey del Delta, atacó a Tebas. Puestos entre la espada y la pared, los tebanos prefirieron la pared y pidieron ayuda al rey nubio Piankhi. Este no perdió tiempo en escuchar el llamado de sus nuevos "protegidos", y envió a sus tropas Río Nilo arriba (literalmente: en barcazas), les ordenó purificarse en las aguas del Río Nilo antes de cualquier combate, por propósitos rituales, y rindió tributo a Amón, el dios de Karnak (el templo edificado por Ramsés II), dando así una señal de considerarse como legítimo Faraón elegido por los propios dioses para enseñorearse sobre Egipto (cuatro siglos después, a Alejandro Magno esto le seguirá pareciendo una magnífica idea, y repetirá el hacerse consagrar por los Faraones de Amón).

Las tropas de Piye o Piankhi (según la transliteración) barrieron a todos los señores militares de Egipto. Tefnakht, para salvar el pellejo, envió el siguiente mensaje a Piankhi: "¡Sé misericordioso!, que soy incapaz de ver tu rostro en los días de deshonra; no puedo erguirme ante tu fulgor, porque temo tu grandeza". Después de saquear Egipto a discreción, acción en la que los propios egipcios consintieron, felices de librar al menos la vida, Piankhi se tornó a Nubia y nunca más se dignó regresar a Egipto. La campaña militar había tomado apenas un año. Tefnakht consiguió rearmarse, pero su poder permaneció encajonado en el Delta, ya que Tebas pertenecía ahora indiscutiblemente al área de influencia geopolítica de Nubia.

Al fallecer, hacia el año 715 a.C., Piankhi fue enterrado en una pirámide construida en la mismísima Nubia, cuando ya dicho estilo de enterramiento llevaba dos milenios pasado de moda en el propio Egipto. Era la manera de Piankhi de honrarse a sí mismo, aún post mortem, como verdadero señor de Egipto, por más que en realidad no fuera más que un afuerino intruso. Sus sucesores Shabaka, Shebitku, Taharqa y Tantamani, sí que prestarían mayor atención a Egipto, y convertirían la expedición puntual de Piankhi en una ocupación en toda regla: la Dinastía XXV, que gobernó a Egipto durante cerca de tres cuartos de siglo. Finalmente, en el año 671 a.C., serían ignominiosamente derrotados y enviados de regreso a Nubia, pero no por un levantamiento nacionalista egipcio. Los sufridos egipcios pasaron del relativamente suave dominio nubio, al temible dominio asirio. Este, no lo soportaron demasiado, y a su tiempo, se encargaron de expulsar a patadas a los asirios de su territorio.

domingo, 6 de julio de 2008

Sheshonq o la restauración de Egipto.

No todos los personajes históricos egipcios son Faraones que parecieran gobernar desde la Eternidad y hasta la Eternidad, como un Ramsés II cualquiera. En los revueltos tres milenios de historia egipcia hubo una enorme cantidad de advenedizos y usurpadores que hicieron carrera como cortesanos intrigantes o soldados de fortuna, y alcanzaron la corona del Faraón. De hecho, los tres milenios de las famosas treinta dinastías egipcias (algunas de las cuales no gobernaron a todo Egipto, otras lo hicieron en paralelo, y además parecen haber dinastías adicionales, pero en fin...) ofrecen un curioso contraste con la única dinastía japonesa que ha regido a Japón desde los tiempos del Yamato hasta la actualidad, durante un lapso de unos quince siglos completos (si no más). Uno de esos advenedizos egipcios fue Sheshonq. Fue uno de los más competentes Faraones de Egipto, en una época relativamente complicada para su nación, y puso a Egipto de regreso en el mapa internacional.

En la época de Sheshonq (siglo X a.C.), el antiguo esplendor de Egipto era cosa pasada. Hacia 1190 a.C., Egipto había librado una mayúscula guerra por su supervivencia, contra la invasión de los llamados Pueblos del Mar, y si bien había conservado su independencia, cayó en una enorme postración política, más acentuada aún cuando falleció el Faraón Ramsés III, hacia 1155 a.C. En un ambiente de clara anarquía política, los libios encontraron las puertas abiertas para emplear sus talentos de bárbaros en las arenas desérticas, como mercenarios a soldada de las distintas facciones. Sheshonq era descendiente de uno de estos libios, y de hecho era sobrino del Faraón Osorcón I (992-986 a.C.), que sí era libio.

Sheshonq hizo una gran carrera militar, y aunque no es claro cómo llegó al poder, sí se sabe que no tenía otro vínculo familiar con su antecesor Psausanes II, que ser padrino de su hija Maatkare. De hecho, con él principia la dinastía XXII. Como buen militar, impuso el orden sobre Egipto (más o menos), y una vez con las manos libres, emprendió varias campañas militares contra Palestina. La Biblia recuerda bien todo esto (menciona a Sheshonq con el nombre hebraizante de Sisac). Primero, cuando Jeroboam se alzó contra Salomón, instigado por el profeta Ajías de Silo, Sheshonq le prestó refugio (Primero de Reyes 11:40). Luego de que murió el Rey Salomón, Jeroboam regresó a Palestina y lideró la rebelión de los jefes israelitas contra el trono de Roboam, hijo de Salomón y heredero a la corona hebrea. Sucedió como lo había previsto Sheshonq: el Reino Hebreo se partió en dos (el rebelde y victorioso Jeroboam al norte como rey de Israel, el "legítimo" Roboam al sur como rey de Judá), y Jeroboam consumó la división política montando un santuario religioso en Dan, que fuera paralelo al de Jerusalén.

Con esto, Sheshonq tuvo el camino pavimentado. Jerusalén estaba atenazada entre Egipto al suroeste e Israel al norte, y Sheshonq se sintió con las manos libres para intervenir militarmente en Palestina. Invadió Jerusalén y saqueó tanto el Templo de Jerusalén como el Palacio Real (Primero de Reyes 14:25). De esta manera, Sheshonq consiguió que el equilibrio político en Palestina girara desde los hebreos a los egipcios. Cuando Sheshonq falleció, Egipto era una nación grande y poderosa; no tanto como en sus días clásicos, en que sus tropas habían pasado sin problemas por toda Palestina y Siria, pero desde luego mucho más fuerte de lo que había sido antaño.

domingo, 11 de mayo de 2008

El Obispo lingüista de Nigeria.

La vida de Samuel Crowther podría perfectamente inspirar uno de esos peliculones hollywoodenses sobre ganarle a la vida y sus adversidades con el espíritu interno, etcétera. Porque este personaje, a pesar de ser africano del siglo XIX, y haber sido por un tiempo esclavo, se transformó andando los años en uno de los más importantes personajes africanos que hayan existido. Su historia es la siguiente.

Nació hacia 1809 como Ajayi, un niño de la etnia yoruba, que ocupa lo que hoy en día es Nigeria y Sierra Leona. Cuando tenía doce años, otra etnia, los musulmanes fulani, que se dedicaban a la caza de esclavos, le atraparon y esclavizaron. Fue vendido a traficantes portugueses, pero la nave de éstos, nada más zarpar, fue atacada por los británicos. De esta manera, liberado de sus antiguos dueños, Ajayi fue llevado de regreso a Sierra Leona. Una vez allí, fue cuidado por una misión anglicana, en la que aprendió el inglés, y fue finalmente bautizado, tomando el nombre de Samuel Crowther en 1825.

Gracias a su contacto con los ingleses, Crowther desarrolló un gran interés por los idiomas, estudiando Latín y Griego, pero también los idiomas temne, un tronco africano de lenguajes. En ese tiempo de escasos estudios sobre la materia, estudiar lenguas africanas significaba no sólo sentarse frente a los libros de un escritorio, sino ir al lugar en donde las mismísimas tribus habitaban y ponerlo por escrito en terreno... Algo peligrosísimo tratándose de un Africa casi inexplorada, con vastos territorios casi inhabitables, y con numerosos señoríos locales en permanente pugna entre sí. Aprovechó que un misionero se embarcó en 1841 para explorar el Río Níger y llevar la palabra cristiana a tales tierras, para acompañarle y estudiar el idioma de los hausa, otra por ese entonces mal conocida etnia de la región.

Una vez de regreso viajó a Londres, en donde fue ordenado sacerdote por la Iglesia Anglicana, regresando después a Africa. Empezó entonces otro gran empeño, el de traducir la Biblia al Yoruba, así como el Libro de Oración Común, que contiene las bases de la liturgia anglicana. Se dedicó también a estudiar varios idiomas africanos, sistematizándolos y publicando consecuentemente diccionarios y gramáticas. En 1864 fue ordenado Obispo por la Iglesia Anglicana, y se transformó en el primer africano en alcanzar tal condición. Falleció a avanzadísima edad, habiendo sobrepasado la ochentena, el 31 de Diciembre de 1891, después de haberle dado tantos brillantes aportes al estudio moderno del Africa.

domingo, 13 de abril de 2008

Píndaro el poeta de los deportistas.

Cuando uno piensa en poesía, tiende a pensar en un fulano inspirado en un paisaje, mirando las nubes o cantando algunos bucólicos versos sobre las vacas o las abejas. O bien, escribiendo versos eróticos. Pero no se agota ahí la poesía universal. Entre los poetas que se han buscado motivos más inusuales para cantar con sus versos, deberíamos contar a Píndaro de Tebas, ya que éste escribía sus odas... ¡a los deportistas vencedores de los Juegos Olímpicos!

Sobre Píndaro mismo, es poco lo que se puede afirmar, ya que las noticias que nos han llegado de él son fragmentarias. Vivió en Grecia en el siglo V a.C. (hacia 518-438 a.C., aunque las fechas son difíciles de precisar). Pero a contrapelo de la mayor parte de los escritores, artistas y filósofos de su tiempo, no era ateniense ni parece haber pretendido viajar nunca a Atenas, que por aquel tiempo era la capital de lo más excelso en lo que a cultura helénica se refiere. Píndaro era beocio (de la región de Beocia, cuya ciudad más importante era Tebas), y los beocios en general tenían la mala fama entre otras comunidades, de ser palurdos y retrasados; entre los antiguos griegos se hacían chistes de beocios como hoy en día se hacen chistes de gallegos. Aún así, Píndaro no tenía un pelo de tonto. Por el contrario, su poesía es enormemente trabajada y compleja, y marca en cierta medida el non plus ultra de un estilo poético, concretamente el propio de la Grecia Arcaica, que ya en los días de Píndaro estaba, por así decirlo, pasado de moda. Píndaro parece haber sido también un aristócrata, y eso ayudaría a explicar también su acedrado tradicionalismo.

No es raro que Píndaro haya encontrado entonces su gran motivo poético, en los vencedores de una institución tan tradicional de la Antigua Grecia, como lo eran los Juegos Olímpicos. Allí, Píndaro encontró la imagen de la areté (el espíritu de superación, un gran valor tradicional helénico), en los vencedores que hacen morder el polvo a los mediocres, y que en los versos de Píndaro, se elevan casi hasta el plano de los dioses; Píndaro aprovecha así para conjurar una serie de mitos griegos, cantando las glorias de la antigua religión y de las antiguas ciudades.

Desgraciadamente, como suele suceder con casi todos los escritores de la Antigüedad, la obra de Píndaro se conserva de manera bastante fragmentaria. Existen una gran cantidad de obras suyas, pero muchas de ellas han llegado mutiladas hasta nosotros, algo no demasiado raro si se piensa que se han encontrado no sólo en compilaciones de cronistas medievales, sino también en fragmentos de papiros rescatados en Egipto.

Para muestra del arte de Píndaro, un botón: "Acepta, hija del Océano, con corazón risueño / el dulce vellón de las excelsas virtudes y las coronas / ganadas en Olimpia, y los obsequios de Psaumis y su carro de mulas de incansable pie. / El, para engrandecer a tu ciudad, Camarina, nodriza del pueblo / honró los seis altares gemelos con majestuosas romerías a sus dioses, / entre bovinos sacrificios y competiciones deportivas de cinco días, / con los carros de caballos y mulos y con los caballos de monta. Te dedicó / la grata gloria de su victoria e hizo proclamar el nombre / de su padre Acrón y el de su reconstruido solar patrio" (Olímpica V, hacia 460 o 456 a.C.).

jueves, 6 de diciembre de 2007

El portugués que se adueñó de Viña del Mar.

En los tres siglos que precedieron a 1879, año de la fundación de Viña del Mar, el territorio que actualmente conforma la comuna y ciudad estaba repartido en manos de dos haciendas, la Hacienda Viña de la Mar (al norte del estero Marga Marga), y la Hacienda Siete Hermanas (al sur del estero que mencioné). Por diversos negocios y herencias, ambas haciendas se separaron y unieron alternativamente en el tiempo, hasta que confluyeron por última vez en las manos de José Francisco Vergara, fundador de la ciudad, quien la había heredado en línea desde su abuelo, el comerciante portugués Francisco Alvares. Y la manera en que este Francisco Alvares forjó su fortuna (con la cual compró lo que a futuro sería Viña del Mar), es algo que merece referirse.

La historia de Francisco Alvares nunca ha sido del todo clara, en parte porque en su condición de comerciante viajero, se formó toda una aura romántica a su alrededor. Se le llegó incluso a achacar una madre china. Tenía cinco naves, que comerciaban entre Macao, Filipinas y Acapulco. Sus contactos con China se intensificaron cuando trajo desde Macao a su socio Wing Ong Chong, quien instaló una tienda en lo que actualmente es la Calle Condell de Valparaíso. Su manía por la sinificación llegó hasta el extremo de llamar "cha" al té, como se hace a la manera china.

Este hombre acumuló pozos, bodegas, y una barraca de construcciones navales, y se le estimó la fortuna más importante de Chile en su época. Pero el negocio que le aseguró convertirse en un verdadero Creso chileno, tiene que ver con la especulación durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839). Alvares tenía como contacto nada menos que a William Turpin Thayer, capitán de una goleta con la que realizaba cabotaje, y que durante la guerra realizó servicios auxiliares para la escuadra chilena, como barco de enlace y correo.

Ambos acordaron un sistema de señas. Si los chilenos en Perú obtenían un triunfo decisivo sobre Andrés de Santa Cruz, el Protector de la Confederación Perú-Boliviana, enarbolaría la señal en el palo de mesana de la goleta. Si no era así, entraría en la rada de Valparaíso sin señal alguna. Cuando Thayer regresó, se dio algunas vueltas por la bahía de Valparaíso sin señal alguna. Francisco Alvares, quien por esos días había hecho del catalejo una extensión de su propia cabeza, se lanzó entonces a vender febrilmente todo el trigo que tenía, y a comprar toda el azúcar. Cuando Thayer arribó a puerto, se supo sobre el Tratado de Paucarpata, que el Gobierno chileno rechazó. La guerra, por tanto, prosiguió, y el comercio continuó interrumpido. En aquel tiempo, el único importador de trigo chileno era Perú, y lo mismo ocurría con el azúcar peruana, pero al revés. Por lo que la señal de Thayer le había permitido a Francisco Alvares deshacerse de todo el trigo y acaparar toda el azúcar existente en el puerto, y con eso hizo una monstruosa fortuna. Claro está que eso hoy en día sería considerado probablemente como uso de información privilegiada, pero aquello era el siglo XIX, de todos modos...

domingo, 2 de diciembre de 2007

El primero que regresó vivo desde Timbuctú.

El primer europeo que consiguió alcanzar Timbuctú y regresar vivo para contar la historia, fue un francés llamado René Caillié. Su viaje marcó unos cuantos precedentes, y por eso merece ser recordado.

Caillié nació en 1799, y se crió entre la escoria de la sociedad. La lectura de "Robinson Crusoe" le redimió de un posible futuro criminal, ya que le metió el bicho de la aventura. Por aquellos años Africa era en su mayor parte un continente inexplorado para los europeos, y el Desierto del Sahara era una tierra prohibida no sólo por la aridez misma, sino también porque los musulmanes mataban a cualquier infiel que se introdujera allí, temiendo que les robara sus secretos (rutas comerciales, oasis, lugares de abastecimiento, etcétera). La Société de Géographie ofrecía por esas fechas una recompensa de 10.000 francos al primer europeo que alcanzara la legendaria ciudad de Timbuctú, en el Africa Central, y volviera vivo para contar su historia.

Caillié aceptó el reto. A contrapelo de las tendencias en materia de exploración africana, no recurrió a contingentes de hombres ni soldados. Por el contrario, decidió él mismo asimilarse en la población, aprendió árabe, estudió las costumbres bereberes, se convirtió al Islam, y haciéndose pasar por egipcio, consiguió infiltrarse en el norte de Africa. Partió desde Senegal con una caravana, diciéndole a sus compañeros que buscaba regresar a su patria en Egipto, y gracias a esto, consiguió llegar hasta Timbuctú, saliendo después desde allí hacia Marruecos, en donde se embarcó hacia Europa. Había alcanzado Timbuctú en 1827, pero ignoraba que el año anterior, un tal Alexander Gordon Laing, británico, había realizado la mitad de la hazaña (llegar a Timbuctú), pero había sido asesinado a la salida de la ciudad. Por lo que Caillié cobró el premio, recibió enormes honores, e inclusive fue condecorado con la Legión de Honor.

Pero por otra parte, el resultado de su expedición fue decepcionante. En Europa se creía que Timbuctú era una ciudad grande y opulenta, algo que en la Edad Media verdaderamente había sido, pero que a comienzos del siglo XIX había degenerado en un villorrio pobre y semiabandonado. Por otra parte, como resultado de sus peripecias africanas, Caillié había contraído la malaria, que lo llevó prematuramente al sepulcro cerca de una década después de su hazaña, y faltándole poco para alcanzar la cuarentena.

jueves, 29 de noviembre de 2007

La cobardía patológica del Terrible McC.

Le llamaban el "Terrible McC" porque a su alrededor había creado un aura de que pasaban cosas. Su nombre era George Brinton McClellan (1826-1885), y fue nombrado como Comandante del Ejército del Potomac (el más importante de todos) por Abraham Lincoln, cuando empezaba la Guerra de Secesión Norteamericana (1861-1865). Ya tendría tiempo Lincoln de lamentar el haberse dejado llevar por la reputación, y haber designado a McClellan en dicho lugar.

McClellan parece haber sido la clase de persona que compensa sus inseguridades personales con la más absoluta meticulosidad. Estas características fueron muy bienvenidas al principio, cuando de organizar el ejército se trataba, pero luego le jugaron pesadamente en contra cuando tuvo que utilizarlo. Porque su inseguridad y minuciosidad le llevaron a una actitud completamente pasiva frente al enemigo. Los ejércitos confederados, a cargo de Robert E. Lee, eran inferiores en número y preparación, pero hicieron lo que quisieron sobre el campo de batalla, debido a la reluctancia de McClellan en presentar combate. Para obtener informes, McClellan reclutó a la célebre agencia Pinkerton, y ellos se encargaron de inventarle ejércitos fantasmas y sobreestimar al adversario, lo que creó aún mayores miedos en McClellan. De este modo, se cubrió de ridículo en episodios tales como el asalto a la colina de Munton, que tomó una vez que las tropas confederadas se hubieran retirado... sólo para descubrir que la "potente" artillería enemiga eran en realidad troncos pintados de negro. En la mentalidad de McClellan, sus grandes hazañas eran la ocupación de los campamentos sudistas de Manassas y Yorktown, después de que las tropas rebeldes se retiraran, porque habían sido tomados por la "pura destreza militar", y sin pérdidas de vidas humanas...

Lincoln perdió la paciencia, y empezó a exigir acción. Lo que originó el sainete según el cual McClellan pedía refuerzos, y Lincoln los enviaba apremiando para el ataque, lo que originaba nuevas peticiones de refuerzos... De este modo, en Junio de 1862, los 100.000 hombres de McClellan actuaban como perritos asustados frente a los ¡23.000! confederados enemigos al mando de Magruder. En Octubre del mismo año, McClellan estimaba en 150.000 los efectivos enemigos, mientras que un artículo publicado en el "Harper's Weekly", de un observador imparcial, cifraba los efectivos enemigos en 60.000 "sucios, andrajosos y medio famélicos".

Se dice que un día Lincoln visitó el campamento, y preguntó a uno de sus amigos qué veía. Este respondió que se trataba del Ejército del Potomac. Lincoln contestó: "Así le llaman, pero es un error. Se trata únicamente del cuerpo de guardia de McClellan". A la larga le relevaron de la Comandancia en Jefe primero, y del mando del Ejército del Potomac después. Pero la cobardía crónica de George McClellan le había costado un año entero de campañas militares a la Unión, contra la Confederación.

jueves, 15 de noviembre de 2007

John Rabe el héroe de Nanking.

Durante la salvaje ocupación de Nanking, en que 50.000 soldados japoneses masacraron a 300.000 civiles chinos en el año 1937, hubo héroes que se opusieron a la brutalidad del ejército japonés. Su labor desinteresada consiguió dar refugio a unos 250.000 chinos, en un área de un par de millas cuadradas. Estos héroes fueron la colonia de occidentales que por ese entonces vivían en Nanking, y que conformaban una veintena de personas, entre ellas misioneros, empresarios, médicos y profesores, sin distinción de nacionalidad, puesto que hubo estadounidenses de un país democrático, y alemanes procedentes de la dictadura nazi, trabajando de común acuerdo para impedir uno de los más salvajes holocaustos de todo el siglo XX.

Uno de ellos fue John Rabe, el "Oskar Schindler de Nanking" (1882-1949). Trabajaba para Siemens en China, y era el líder del Partido Nazi local. Fue él quien organizó la zona internacional de seguridad, usando para eso las embajadas, la Universidad de Nanking, y también las propiedades de las cuales era dueño. Asimismo, haciendo valer su calidad de prominente miembro nazi (Alemania y Japón ya eran aliados por ese entonces), se encaró con las autoridades japonesas, pidiéndoles que detuvieran la masacre, aunque sin resultados. Dejó un testimonio de primera mano, en un diario que llevó en aquellos tiempos, y que tiene unas 1.200 páginas.

Su destino posterior fue inmerecido. Regresó a Alemania en 1938 e intentó denunciar las atrocidades que había presenciado en Nanking. Pero la Gestapo lo detuvo, porque Japón y Alemania eran aliados, y por lo tanto, Rabe había ayudado a un país enemigo. Después de la Segunda Guerra Mundial no le fue mejor; rusos y británicos lo interrogaron, y John Rabe pidió ser desnazificado. Obtuvo lo que pedía, pero el juicio respectivo lo dejó en quiebra. Pero entonces, al enterarse de su apretadísima situación económica, los sobrevivientes de Nanking tuvieron un extraordinario gesto humanitario: organizaron la recolección de dinero y comida para su salvador, y le enviaron una pensión cada mes. Esto duró hasta que en 1949 los comunistas llegaron al poder. De todas maneras, Rabe ya no necesitó más ayuda: falleció un mes después, de un ataque al corazón. John Rabe, uno de los más grandes héroes humanitarios de todo el siglo XX, tenía 66 años.

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