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domingo, 26 de enero de 2014
Una conspiración patriota en Quillota.
En la Historia de Chile entre 1814 y 1817, debido a la estatura legendaria de Manuel Rodríguez, los guerrilleros que se batían en la zona de operaciones de Colchagua y entre Chillán y Rancagua en general son los que tienen mayor fama. Pero sin embargo, desde la gobernación de Cuyo en donde se estaba preparando el gran asalto contra el gobierno de los realistas en Chile, San Martín no era partidario de depositar todos los huevos en la misma cesta. Para desesperación del gobernador español Casimiro Marcó del Pont, que pretendía concentrar las fuerzas realistas en Santiago para hacerse más fuerte, San Martín buscaba incendiar el territorio chileno entero para derrocar al Imperio Español. Y una de estas ramificaciones estuvo a punto de fructificar en la ciudad de Quillota, al noroeste de Santiago.
A inicios de 1816, San Martín envió sendas misivas a un vecino de Putaendo llamado José Antonio Salinas, y a uno de San Felipe llamado Juan José Traslaviña. La idea no era mala: si prosperaba una rebelión en tales lugares, el ejército patriota que cruzara la cordillera arribaría a territorio ganado para los patriotas, y estaría en muchas mejores condiciones para batirse con los realistas y marchar sobre Santiago. El mensajero, un tal Manuel Navarro, cruzó la cordillera de ida y vuelta llevando las respectivas cartas, además de entregar instrucciones que quedaron como verbales por obvias razones. Ambos encargados, Salinas y Traslaviña, viajaron a Quillota y enteraron a otros personajes del proyecto: dos modestos vecinos llamados Ramón Arístegui y Pedro Regalado Hernández, además de Ventura Lagunas, un joven maestro de escuela de sólo diecisiete años de edad. La idea parecía factible porque la guarnición de Quillota estaba mandada por Manuel Barañao, un coronel oriundo de Buenos Aires que era realista fanático e intransigente, la clase de sujeto que resulta muy divertido y satisfactorio derrocar y arrastrar por el fango, claro está. De manera que los interesados se movieron a Valparaíso para seguir reclutando gente, y de esta manera derribar a la autoridad realista local.
Pero las cosas se salieron de tiesto cuando Ventura Laguna le confesó los planes a un sargento de apellido La Rosa, que parecía confiable debido a que tenía malquerencias con sus superiores. En mala hora. A propósito de un incidente completamente diverso, La Rosa acabó siendo apresado y sometido a juico por insubordinación, arriesgando un castigo severo. En esta coyuntura, La Rosa decidió congraciarse con sus superiores revelando todo lo que sabía de la conjura. El coronel Barañao reaccionó de manera implacable, y consiguió que una sirvienta revelara la documentación de sus patrones conjurados, entre los cuales por supuesto estaban las cartas de San Martín que habían originado todo el merengue. Arístegui consiguió escaparse, pero los otros no tuvieron tanta suerte: fueron apresados, y cuando fueron confrontados con las cartas incriminadoras, confesaron llanamente y fueron remitidos a Santiago.
El gobernador Marcó del Pont estaba feliz de poder hacer de estos presos buen escarmiento. El proceso fue sumario y la sentencia predecible. El 5 de Diciembre de 1816 se levantó una horca en Santiago. La pena era cruel e inusual, ya que la horca había caído tiempo hacía en desuso, y lo habitual era la ejecución por fusilamiento: se dice que el verdugo de la cárcel de Santiago, para practicar un procedimiento con el que no estaba familiarizado, fue obligado a entrenarse ahorcando carneros. A las once de la mañana de la fecha citada, fueron ahorcados Traslaviña, Salinas y Hernández. Cuando ya tocaba el turno de Lagunas, se supo entonces que este último había sido beneficiado con un indulto, que en atención a su corta edad le conmutaba la horca por diez años en el presidio de Juan Fernández. La Gaceta del Gobierno, el único medio de comunicación en existencia, reportó que los tres ejecutados se habían mostrado pesarosos y arrepentidos, pero si fue verdad, la gente no parece haberlo creído. Lejos de servir como escarmiento, la ejecución incrementó la odiosidad de los patriotas en contra de los realistas. Algo más de medio año después, los días 7 y 18 de Junio de 1817, una vez instalado el gobierno patriota de regreso en Santiago, fueron dictados decretos que favorecieron a las viudas de los ejecutados con una indemnización de doscientos pesos, más un montepío de treinta pesos mensuales. Otros parientes de las víctimas recibieron después otros beneficios económicos con posterioridad.
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domingo, 16 de diciembre de 2012
El atentado contra Barrabás.
Ya se ha hecho casi un lugar común dentro de Siglos Curiosos que aludamos al petulante, corrupto, narcisista y emprendedor gobernador de Chile don Francisco de Meneses Brito (1664-1668) con el cariñoso sobrenombre que sus contemporáneos le pusieron: Barrabás. Las barrabasadas de este personaje pueden llenar páginas y páginas, pero no se crea que se puede ir por la vida siendo un barrabás sin desatar anticuerpos. En sus poquísimos años de gobernación, Francisco de Meneses Brito tiene a su haber el récord de ser uno de los pocos gobernadores de Chile, quizás el único, en haber sufrido un atentado personal en su contra. El hechor fue un personaje llamado Manuel de Mendoza, veedor del ejército en Concepción, que en honrado desempeño de su cargo había intentado perseguir y atajar las exacciones que Meneses y sus acólitos cometían con los bienes y el situado del ejército. Y como ninguna buena acción queda sin su correspondiente castigo, Mendoza fue depuesto y desfavorecido del todo, hasta el punto que quedó en la pobreza más absoluta.
Corría el año de 1667. Enfermo, sin goce de sueldo y pobre de solemnidad, habiendo obtenido permiso para ir a Santiago no le quedó más remedio que asilarse como indigente en el hospital de San Juan de Dios. Quiso la suerte loca que Francisco de Meneses acudiera a tal lugar al prior de los padres hospitalarios, acompañado de su ayudante. Allí, Mendoza concibió el proyecto de librar a Chile de la tiranía de Meneses por mano propia. Cuando el gobernador se retiraba, Mendoza le disparó un tiro, pero falló. Meneses y su ayudante se le precipitaron con espadas, dispuestos a liquidarle allí mismo. En la refriega posterior murió un vizcaíno sirviente de Mendoza que se metió para defender a su amo. Meneses por su parte salió levemente herido, aunque con posterioridad, para darse aires y que la gente lo considerara como aún más agraviado, reportó haber recibido una docena de heridas.
La venganza de Meneses, hombre fatuo y pagado de sí mismo, fue implacable. Con fuerza pública ingresó en el hospital a pesar de que, como establecimiento religioso, tenía el privilegio legal del derecho de asilo. El cadáver del vizcaíno fue llevado a la plaza pública, azotado (¡!) y colgado de la horca (¡¡!!). Mendoza estaba escondido en el hospital, y fue encontrado y arrancado a viva fuerza de allí. El comisario de la Inquisición exigió de inmediato que Mendoza le fuera entregado para ingresarlo a la cárcel pública, y ser juzgado por los tribunales eclesiásticos con los privilegios que a los asilados les reconocía el fuero eclesiástico. Meneses, lejos de recapacitar en su ilegalidad, juzgó que los religiosos estaban complotando en su contra, viendo una enorme conspiración detrás, lo que mirado desde la actualidad no parece ser el caso. Meneses mandó someterle a torturas, pero ni los mayores quebrantos consiguieron que Mendoza dijera otra cosa sino actuar en solitario para liberar a Chile de la peste de Meneses.
Meneses ordenó finalmente enviarlo a la cárcel pública, pero para humillarlo, mandó raparle la barba y la cabeza, y vestirlo de loco. Lejos de desteñir su reputación, sólo consiguió darle un aura de mártir frente al pueblo que odiaba a Meneses como se odia al gobernador más corrupto que padeció Chile en sus dos y medio siglos de dominio hispánico. Un cronista eclesiástico anotó: "tan exhausto y desangrado que algunas personas piadosas le iban sirviendo de cirineos en la pasión de aquel martirio" ("cirineo" por alusión a Simón de Cirene, que según el Evangelio ayudó a Jesucristo a cargar la cruz). Meneses fue lo suficientemente estúpido como para haber exhibido al hechor como loco, y después condenarlo a muerte como si fuera un responsable en su sano juicio. Las campanas de las iglesias tocaron entonces de la manera en que se anunciaba una excomunión: la que las autoridades eclesiásticas fulminaron contra Meneses y contra quien ejecutara al infeliz Mendoza. Pero fue en vano: Meneses mandó que la tropa entrara en la cárcel y ejecutara a Mendoza mediante el garrote. A continuación consiguió una resolución de la Real Audiencia en que se "aconsejó" a la Inquisición el levantar la excomunión sobre Meneses y los suyos. Debido a la decisión mostrada por las tropas adictas a Meneses, el comisario de la Inquisición decidió que tal vez se había pasado un tejo, y con prudencia levantó dicha sanción. Meneses reafirmó aún más su autoridad mandando perseguir a algunos vecinos de Santiago, bajo la sospecha de complicidad con el atentado. Hay algo de ironía en que Meneses debió haberse ido a la cama muy tranquilo, pensando haber escarmentado a sus enemigos, mientras que en el intertanto, el virrey del Perú ya había sido autorizado por doña Mariana de Austria para separar a Meneses de la gobernación y seguirle su correspondiente juicio de residencia. Hay otro resto de amarga ironía en que si Mendoza hubiera esperado algunos meses, hubiera conseguido salvar la vida...
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jueves, 13 de diciembre de 2012
Los negocios de Barrabás.
Ya hemos mencionado en Siglos Curiosos que Chile fue el único país que ha tenido el privilegio de ser gobernado por Barrabás. Bueno, por alguien apodado así, que fue Francisco de Meneses Brito, y que como gobernador fue el azote de Chile entre 1664 y 1667. En realidad, la práctica totalidad de los gobernadores españoles del siglo XVII tuvieron una vena de corrupción, y si no la tenían personalmente ellos, sí que la manifestaban sus numerosos subordinados tanto en lo castrense como en la vida administrativa y civil. Pero ninguno llevó tan lejos el peculado como Francisco de Meneses.
En la época, el principal artículo de comercio de Chile era el sebo. Su principal mercado era, por supuesto, el Perú. Y sin embargo, debido a la enorme producción de sebo en Chile, el precio era bastante barato. Meneses y los suyos se olieron el negocio, y so pretexto de mejorar la balanza comercial de Chile, reglamentaron el comercio estableciendo cuotas de venta y fijando precios. Y para asegurarse de que dicha normativa se cumpliera, no se piense mal de la probidad de Meneses y los suyos, ¡oh, por supuesto que no!, el gobernador y los suyos gentilmente compraban el sebo a los productores locales chilenos, y lo enviaban al Perú en expediciones. Ni qué decir, a los productores se les compraba el sebo a un precio moderado y en bajas cantidades, y luego en Perú este mismo sebo se vendía a precio de oro... y la diferencia entre ambos precios iba a parar al bolsillo de Meneses y los suyos, claro está.
Los resultados fueron cataclísmicos. Júzguese que durante el improvisado estanco de Meneses, el precio del sebo subió de seis a siete pesos el quintal, a veintiocho y treinta la misma cantidad. El sebo tenía muchas aplicaciones en la época, y una de las principales era la elaboración de velas. Hablamos de un tiempo en que no existía iluminación eléctrica, de manera que podrá imaginarse lo que significaba estrangular la provisión de sebo para la vida civil y religiosa de la época. Los productores chilenos, por su parte, empezaron a arruinarse por no tener hacia dónde darle salida a su sebo, y recibir por sus escasas ventas una cantidad demasiado escasa de dinero. Los peruanos enviaron cartas e informes a España quejándose de la situación, mientras que Meneses respondía en sus memoriales que las regulaciones sobre el comercio del sebo era para proteger a los pobrecitos (y expoliados) agropecuarios chilenos, permitiéndoles mejorar sus ganancias obteniendo mejores precios por su sebo.
Por supuesto que Meneses no se detuvo ahí. A los capitanes de puerto comenzó a cobrarles permisos para zarpar, además de obligarlos a transportar su propia carga particular. Que el trigo para el ejército fuera objeto de peculado era costumbre durante la Colonia, pero Meneses fue innovador y emprendedor, y comenzó a intervenir en el negocio de las carnicerías de Santiago. Y para cubrirse las espaldas, vendió cargos en el cabildo de Santiago a los parientes de su esposa chilena, doña Catalina Bravo de Saravia, no por una suma determinada sino pagada en cómodas cuotas. Pero aunque Barrabás se había echado al cabildo de Santiago en el bolsillo, no pudo hacer lo mismo con el Obispo de la ciudad. A la larga, fue este enemigo el que consiguió su caída...
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domingo, 30 de septiembre de 2012
Leyendas de los Payachatas.
Los Payachatas, o más técnicamente los Nevados de Payachata son dos montañas volcánicas en la Cordillera de los Andes en el norte de Chile. El volcán norte es el Pomerape, y el sur es el Parinacota. Ambos superan los 6000 metros de altura, y de hecho el Parinacota es el número 30, y el Pomerape el número 35, en el listado de volcanes más altos de la cordillera de los Andes. Actualmente ambos forman parte del territorio de Chile y Bolivia, más o menos por mitades cada uno. Son las cumbres más altas compartidas por ambos países, aunque no las más altas de cada uno de ellos en particular (Bolivia posee algunos nevados más altos íntegramente en su territorio, y Chile por su parte posee montañas más altas, aunque compartidas con Argentina, siendo la montaña andina íntegramente chilena más alta, el Pular en la Puna de Atacama, que es menor a los dos que nos ocupan). Pero dejándonos de tanto Trivial Pursuit, vamos a lo verdaderamente interesante, a la leyenda de los Payachatas.
Se dice que hace mucho tiempo, en la época anterior a los españoles, dos príncipes se enamoraron (un príncipe y una princesa, se entiende, que esta historia es heterosexual, ¿vale?). El problema es que sus tribus respectivas estaban enemistadas entre sí, y decidieron antes muertos que casados, y los mataron (para lo que se ponen de acuerdo los infelices...). Para que hablen de buenos salvajes aquí. Pero como esto es una leyenda prehispánica, entonces la cosa no iba a quedar así. Los espíritus de la naturaleza decidieron vengar a los muertitos enamorados, e hicieron llover torrencialmente hasta sepultar a los dos pueblos bajo dos sendos lagos: los actuales lagos Chungará y Cotacotani. Y además, para dejar bien en claro por qué iba el castigo, hicieron surgir dos sendos volcanes en cada una de las tumbas de los enamorados: los actuales Pomerape y Parinacota, por supuesto. Señores, William Shakespeare era una alpargata al lado de estos precolombinos.
Otra leyenda asociada a los Payachatas es que cuando se produjo la invasión española, los incas diligentemente sacaron sus tesoros de Cuzco y se los llevaron para que los españoles no se los rapiñaran. Y claro, cuando quieres esconder tesoros incaicos, te buscas la montaña más alta posible para que estén seguros y ningún extraño les eche mano. Tan seguros están ahí, que nadie de hecho ha conseguido echarle mano (supuesto de que la leyenda tenga algún punto de realidad, claro). Se supone que cuando la nieve se derrite, se pueden ver los escalones fabricados por los sirvientes incas para ascender a la cumbre. Calentamiento global mediante, pronto lo sabremos.
Y aunque quizás sea algo triste arrojar un baño de realidad después de leyendas tan bonitas, a nadie le hace mal saber un poco más. Hoy en día tenemos una explicación diferente para el origen del lago Chungará: la investigación geológica ha probado que hace miles de años, el volcán Parinacota colapsó. La razón la ignoramos: pudo haber sido un terremoto, una erupción volcánica, o ambos. La fecha es discutida, y algunos remontan el suceso hacia 18.000 años atrás, aunque la fecha más probable es unos 8.000 añitos nada más. El caso es que una buena porción del cono volcánico se dejó caer en un aluvión de proporciones cataclísmicas, creando así el tapón en donde se acumularía después el agua que iba a formar el actual lago Chungará. Menos poético que la leyenda de los dos amantes asesinados, claro, pero por otra parte, lo comido y lo mitologizado no nos lo quita nadie...
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jueves, 27 de septiembre de 2012
Leyenda de las termas de Jurasi.
Desde el puerto de Arica hacia el interior, cerca de una localidad llamada Putre, hay un lugar llamado las termas del Jurasi. En dichas termas, las aguas alcanzan hasta los 40 grados centígrados. Y como las aguas tan calientes no son tan habituales en la naturaleza, los habitantes de la región inventaron su propia leyenda que explica esto. Reza dicha leyenda que hace muchos años, probablemente en tiempos prehispánicos claro está, gobernaba la región una ñusta (una princesa, en romance). La ñusta en cuestión se las arregló para aprender el secreto de unas fuentes de aguas temperadas, bañándose en las cuales era posible obtener la eterna juventud, y como consecuencia lógica, prácticamente la inmortalidad. La ñusta contrajo entonces varios matrimonios sucesivos, conservándose joven mientras cada marido se hacía viejo y era enterrado (y sustituido por el siguiente, claro). Los maridos parece que eran tontos, porque ninguno llegó a descubrir que algo raro pasaba con su mujercita, pero así es como está la leyenda, y así es como en Siglos Curiosos la transmitimos.
El caso es que la ñusta se encariñó con un chico que no tenía padres, y lo crió como propio. Parece que la crianza fue con buen pecho, porque el mozalbete salió gallardo, robusto, todos los atributos que suelen considerarse admirables en un mocetón indígena. La ñusta decidió entonces que estaba bueno, y se casó con él. Pero él, lo que tenía de apostura lo tenía también de cerebro, y reparó en que mientras él se hacía cada vez mayor, la ñusta parecía aviso de Revlon, congelada en el tiempo. De manera que se dedicó a espiarla, hasta descubrir el secreto misterioso de la eterna juventud de su cónyuge.
Al poco tiempo, se hizo evidente para la ñusta que el chico tampoco envejecía, y empezó a preguntarse por el motivo de ello, sea porque le gustaba el rol de viuda negra, sea porque no era cosa de que el secreto se divulgara... el caso es que descubrió que su hijo adoptivo devenido en marido también se bañaba en las aguas. Su indignación fue tan grande, que comenzó a gritar "¡Jurasi, jurasi!", que en idioma nativo significa "¡Hirviente, hirviente!". El chico no alcanzó a salirse, y acabó hervido como un langostino en la olla...
...sólo que las aguas quedaron a temperatura tal, que la ñusta ya no podía bañarse en ellas, por lo que su remedio de la eterna juventud se terminó, y con él, sus chances de inmortalidad, o al menos de longevidad. Suponemos que las aguas de las termas se han enfriado un poco desde aquellos eventos de crónica roja precolombina, porque en la actualidad la gente sí puede visitar esas termas. Pero sobre si están a temperatura de bañarse o no, no lo puedo asegurar, porque como buen gato, el agua de baño no es de mi gusto.
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domingo, 23 de septiembre de 2012
Una escuadra para Marcó del Pont.
Casimiro Marcó del Pont fue gobernador de Chile nombrado desde el Imperio Español entre 1815 y 1817, y ha sido quizás uno de los más odiados y detestados cabeza de Ejecutivo en toda la Historia de Chile. Aunque antipático por su convicción de que las medidas represivas terminarían por apagar el espíritu chileno (en realidad sucedió lo contrario, que convenció a los indecisos de volcarse en masa a la causa patriota, hasta entonces popular sólo a medias), hay que tenerle alguna simpatía por lo difícil de su misión, que era no sólo administrar a Chile, sino que defenderlo contra la inminente amenaza que representaba el ejército armándose en Cuyo, al otro lado de la cordillera de Los Andes, y que podía pasar por cualquier punto entre Copiapó y Concepción. A lo cual debe sumársele la escasez de recursos que le afligían, no tanto por las devastaciones de una guerra que había sido más o menos breve, apenas el período de 1813 a 1814, como el sangramiento demográfico que suponía reclutar campesinos para alimentar tropas siempre insuficientes para contener a la creciente marea de guerrilleros.
En este clima, en diciembre arribaron las noticias de que San Martín había arreglado que una expedición pirata zarpara desde Buenos Aires para cruzar el Estrecho de Magallanes e invadir Chile. Marcó del Pont estaba alarmado: carecía por completo de naves para defenderse. Había alistado dos naves decomisadas a unos contrabandistas, el Aguila y el Justiniano, las que se sumaban a una nave de guerra llamada Sebastiana, pero este trío de naves no era ni de lejos suficiente para detener una escuadra invasora compuesta por una fragata, tres corbetas, una goleta, dos bergantines armados, y cuatro transportes con cuatrocientos hombres para desembarcar, además de fusiles para armar a los patriotas que estuvieran esperando con qué meterle balas a los realistas. Si a eso se le sumaba una eventual invasión a través de la cordillera, Marcó del Pont estaba perdido: su única esperanza era parar a la flota en alta mar, antes de que sus efectivos pudieran desembarcar en algún punto sensible del territorio (léase Concepción, porque más hacia el sur, salvo por los enclaves de Valdivia y Chiloé, todavía era territorio mapuche).
El 12 de Diciembre de 1816 entró en el puerto de Valparaíso una fragata española armada con 44 cañones, llamada la Venganza. La acompañaba el Potrillo, un bergantín armado por el gobierno patriota en 1813, y que había sido capturada para los españoles después, y armada para guerra por el mismísimo virrey Abascal en Perú. La expedición había salido de Cádiz el 6 de Mayo de 1816, había arribado a Arica el 8 de Septiembre, había desembarcado tropas que iban a la defensa del Virreinato, y luego había sido enviada para patrullar las costas chilenas en busca de naves enemigas y regresar al Perú si es que no encontraba ninguna (lo que efectivamente había sucedido). En esta expedición de regreso fue interceptada por Marcó del Pont, quien le pidió que se quedara en Valparaíso. El capitán de la Venganza, Tomás Blanco Cabrera, al no haber encontrado rastros de ninguna expedición enemiga, vaciló porque quedarse implicaba desobedecer las órdenes directas del virrey del Perú, pero Marcó del Pont le dijo que las noticias de la expedición enemiga eran ciertas, que Blanco Cabrera tenía sus órdenes al respecto, y al último se hizo responsable el Gobernador mismo de la orden, lo que terminó de convencer al escrupuloso capitán.
Comenzó entonces la preparación de la escuadra de Marcó del Pont. Lo que no estuvo exento de problemas: hubo incluso boches entre oficiales por quedarse a cargo de la Sebastiana. Frente a esto, Marcó del Pont le dio a Blanco Cabrera y a su nave la Venganza la supremacía de la expedición, además de carta blanca para obrar. Financiar la expedición fue otro dolor de cabeza, y Marcó del Pont sangró aún más el tesoro para ello. Trató de reclutar a Francisco Parga, el capitán de una nave mercantil llamada la Bretaña, pero éste, quizás advertido de cómo andaban las cosas, pidió condiciones exorbitantes, las que Marcó del Pont declinó, en conjunto con lamentarse acerca de cuán ingratos son los súbditos del Rey que se niegan a servir a Su Majestad en la hora de necesidad, etcétera. Después de todos estos trances, la flotilla finalmente zarpó hacia el sur a mediados de enero de 1817. En mala hora. Un mes después, el ejército patriota que había cruzado la cordillera de los Andes derrotó a los realistas en Chacabuco, y puso a Marcó del Pont en fuga: para esas fechas, las naves realistas estaban bastante al sur, e imposibilitadas de hacer nada útil. ¿Y la escuadra pirata que había zarpado en el Octubre anterior desde Buenos Aires? Nunca había existido: todo no había sido más que una inteligente maniobra de desinformación promovida por San Martín y su diligentísima red de espionaje, y Marcó del Pont se había tragado la carnada con anzuelo, sedal y caña completos...
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jueves, 20 de septiembre de 2012
Códigos de los patriotas de Chile.
Entre 1814 en que la expedición del general español Mariano Osorio derrotó a los patriotas chilenos, y 1817 en que el Ejército de Los Andes derrotó al gobierno realista en la Batalla de Chacabuco, un rol esencial en la lucha por la independencia fue jugado por los guerrilleros. Estos fueron la resistencia contra las exacciones de los realistas en contra de los patriotas, y ayudaron a voltear los ánimos de los indecisos hacia la causa patriota, la que durante la llamada Patria Vieja (1810-1814) nunca había sido excesivamente popular más allá de los círculos santiaguinos. El más popular de estos guerrilleros e insurgentes fue Manuel Rodríguez, pero no fue de ninguna manera el único, aunque el más legendario debido a sus métodos.
Pero no hablaremos de éste ahora, sino de los peculiares códigos empleados por los guerrilleros. Parte importante de los guerrilleros era dar golpes selectos en contra de las fuerzas realistas para demostrar que eran gigantes con pies de barro, pero otra parte era propagar noticias favorables a los patriotas, para saltarse los medios de comunicación oficiales del gobierno, en particular un diario santiaguino llamado la Gaceta del Gobierno, fundado por Mariano Osorio durante su período como gobernador (1814-1815). Para esto, los guerrilleros debieron construirse una red de comunicaciones a prueba de realistas. Y eso implicaba, por supuesto, encriptar las comunicaciones. Algo que no podía hacerse de manera demasiado compleja debido a que muchos guerrilleros eran bandidos reclutados para la causa, y por lo tanto apenas manejaban las primeras letras, menos iba a pedírseles que retuvieran códigos criptográficos en la cabeza. Los códigos a utilizar debían ser entonces sencillos.
La solución a la que recurrieron estos guerrilleros fue sencilla. Simplemente, utilizaron palabras claves. De esta manera, quien leyera el mensaje y no estuviera en el secreto, vería solo un texto de interpretación algo rara, pero por otra parte nada que pudiera resultar incriminatorio para el portador. Así, "lluvias" significaba expedición, mientras que "nueces" se refería a soldados de infantería, "pasas" a soldados de caballería, y "uvas", soldados de artillería. "Higos" y "papas" eran victorias peruanas y derrotas españolas, respectivamente. Mientras que "tabaco" significaba eventual protección de ingleses. Sólo cabe preguntarse el cacao que sería cada mensaje al mezclar todos estos elementos... Los códigos parecen haber funcionado bien, empero, y de hecho sólo llegaron a ser descubiertos en años bastante posteriores a la Independencia, gracias al rescate de la correspondencia de gentes involucradas en el ajo, tanto en Cuyo desde donde el general San Martín aprestaba el ejército patriota para el cruce de Los Andes, como en las haciendas mismas de Chile.
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domingo, 16 de septiembre de 2012
Valer una chaucha.
La chaucha era una papa pequeña y de maduración rápida. Era conocida en el Imperio Inca, y los españoles la cultivaron también. Por supuesto que, si es una temporada con abundancia de papas, se comen las más grandes, y las más pequeñas o chauchas se tiran a un lado para semilla. Muchos años después, ya en la vida republicana de Chile, apareció la moneda de veinte centavos, valor éste ínfimo entonces y ahora (bueno, hoy en día en Chile no existen los centavos, y hay que ser muy tacaño para levantarse a recoger incluso una moneda de DIEZ PESOS en la calle). Por su ínfimo valor se la llamó chaucha, y así la papa se abrió paso al lenguaje monetario nacional.
Así, en Chile el monedero pasó a ser la chauchera, mientras que estar en el colmo de la pobreza era no tener una chaucha para hacer cantar a un ciego. Ya en desuso está el ganarse las chauchas, que equivale al todavía actual ganarse los porotos, o sea, trabajar para obtener un sueldo. En desuso también está la compra al chaucheo, o sea, la compra al por menor, o los chauchudos, que son la gente que anda con mucho dinero encima. Hoy en día, la gente con dinero no sólo no tiene monedas, sino que incluso ni siquiera tienen billetes, lo pagan todo con tarjeta...
Por supuesto que la pobre y menospreciada chaucha dio lugar a otros usos. Decir de algo que no vale una chaucha significaba algo similar a no valer o no importar un comino (el comino, como saben los que cocinan, es una semilla ínfima). Aunque este dicho haya sido reemplazado por el más procaz "vale callampa" y sus sinónimos ("vale hongo", "vale seta", "vale champiñón"... y no se refiere a las especies del Reino Fungi, sino a cierta prominencia exclusivamente masculina cuya forma podría vagamente recordar la de una seta, valga la aclaración para los extranjeros). Un derivado un tanto cruel era "faltarle la chaucha para el peso". Si recordamos que la chaucha valía veinte centavos, o sea un quinto de peso, entenderemos que esta situación se refiere a la persona que carece de uno de los cinco sentidos (un ciego, un sordo...). Aunque este dicho también está en desuso, hay uno similar en Chile que se utiliza para la gente de pocas luces: faltarle tablas para el puente...
Pero volvamos a lo histórico. Las chauchas eran utilizadas entre otras cosas para hacer funcionar unos pianos mecánicos que existían hace muchísimo tiempo atrás, incluso antes que los famosos Wurlitzer. A veces la chaucha se atascaba y el aparato no sonaba, por lo que había que golpear un poco el cacharro, para que cayera con un sonoro "click" al fondo del aparato, y comenzara la música. Entonces "sonaba la chaucha", lo que por derivación pasó a referirse también al momento en que una persona entiende o le cuadran cosas sobre las cuales anteriormente estaban en la nebulosa.
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jueves, 13 de septiembre de 2012
La máquina Mardones.
Otro de esos giros idiomáticos típicos chilenos que hoy en día han caído en desuso, se refiere a la "máquina de Mardones". La misma tenía fama de extraordinaria dificultad, de manera que decir que algo era como la máquina de Mardones (o la "máquina Mardones" a secas), era considerarlo el colmo de lo difícil. Lo divertido del caso es que la máquina de Mardones ni siquiera era una máquina... o al menos, no una que tuviera un uso razonable y decente para una máquina que no se avergüence de tal. Veamos la historia para que se entienda este enredo.
Octubre de 1915. En otra de esas tradiciones perdidas en el pasado de Chile, se celebraban las fiestas de la primavera. Con carros alegóricos. Los estudiantes de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile confeccionaron un carro alegórico. Que simulaba ser una máquina, justamente. Tenía toda clase de tubos metálicos, fierros, ruedas, poleas, y no producía otra cosa sino viento. Lo importante, claro, no era que la máquina funcionara sino que quedara imponente. Y por homenaje o por guasa, los chicos la llamaron máquina Mardones, aludiendo a don Francisco Mardones, profesor de la mencionada Escuela de Ingeniería. Impresión debe haber causado el carro, toda vez que el dicho quedó después durante unas cuantas décadas.
Como la referencia se fue perdiendo con el tiempo, las nuevas generaciones por supuesto que se quedaron en el aire, y empezaron a preguntar acerca de la dichosa máquina. Lo que originó otro coloquialismo. Ante la pregunta "¿Y qué es la máquina Mardones?", se respondía un "una que sirve para enderezar..." y complete aquí ud. la rima.
El dicho por su parte evolucionó a otro que sí todavía tiene vigencia en el léxico nacional. Cuando uno está apremiado por muchas tareas y un plazo de terminación que resulta fatal, la expresión que cae de cajón es... "me pilló la máquina".
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domingo, 9 de septiembre de 2012
El juicio de residencia de Barrabás.
Ya hemos mencionado anteriormente en Siglos Curiosos que Chile tuvo el privilegio increíble de ser gobernado por... Barrabás. Bueno, no el Barrabás bíblico, por supuesto, sino por el ínclito Francisco de Meneses, cuyas tropelías y desmanes en su breve período como gobernador (1664 a 1668, aunque destituido de derecho a fines de 1667) hicieron bueno su sobrenombre. Ya hemos referido la trifulca que armó el susodicho nada más en su llegada a Chile, y para no desteñir, con trifulca también salió del cargo (cuando llegó el nuevo gobernador, Meneses básicamente intentó fugarse de Santiago a Concepción para usar el ejército de Arauco en un autogolpe de estado). Meneses fue apresado, y entonces comenzó el tema del juicio de residencia. Por si el amable lector no conoce o no recuerda el dato, el juicio de residencia era el procedimiento por el cual los altos funcionarios hispánicos debían entregar cuentas de su administración, y en donde por supuesto se exponían a que los perjudicados con la misma le demandaran, incluyendo la posibilidad de recobrar bienes que el gobernador hubiere confiscado para sí. Figúrense lo que significó el juicio de residencia para Barrabás... bueno, no se lo figuren, acá lo escribiremos con algún detalle.
En realidad, el juicio se complicó debido a que Meneses había creado un buen grupo de parciales durante sus tres años, con los consabidos métodos del que defrauda a tutiplén la hacienda pública, claro está. Y estos partidarios estaban muy interesados en que Meneses saliera bien librado, porque de lo contrario ellos mismos deberían restituir lo mal habido. Pero los perjudicados por Meneses eran tantos, que durante los siguientes tres años el caso Meneses ocupó toda la atención de los notables chilenos. Para evitar males mayores, el visitador Lope Antonio de Munive dispuso que Meneses fuera trasladado a Córdoba, en la región de Tucumán (entonces, recordemos, dependiente de la gobernación de Chile). Un fraile de la época nos deja esta perla sobre el alcance de la corrupción de Meneses y sus acólitos: "Hallábase con un millón de hacienda: no había en todo el reino de Chile, oro, plata, alhajas ni cosa preciosa que ya no parase en su poder. Su caballeriza se valoraba en cincuenta mil ducados: los frenos y estribos de plata los despreciaba por comunes y los mandaba labrar de oro: sus vajillas eran inestimables por lo rico y abundante". Exagerado, sin duda, pero da una buena idea de la impresión que el pillaje de Meneses dejó en sus sufridos gobernados.
En paralelo al juicio de residencia de Meneses, se le siguió otro a don Angel de Peredo, quien había desempeñado la gobernación de Chile de manera interina ANTES que Meneses, pero que aún no había sido sometido a residencia porque Meneses se había ensañado persiguiéndole con desprecio de toda legalidad. Peredo había sido un gobernador intachable y su juicio de residencia, que duró un año, terminó también ANTES que el de Meneses: fue recompensado con la gobernación de Tucumán, en donde fallecería algunos años más tarde, muy querido de sus gobernados. Camino a Tucumán, la expedición de Peredo debía cruzarse con la de Meneses, que el intertanto era llevado desde Córdoba a Santiago: consiguió Meneses a última hora que su ruta se desviara, para no sufrir la humillación de pasar en cadenas frente a su antiguo perseguido. Mientras tanto, Munive hacía lo imposible por embargar cuanto bien mal habido estuviera en poder de los partidarios de Meneses: se afirma que a tanto llegaban las exacciones, que el monto de estos embargos casi paralizó la vida económica nacional de Chile. El rigor de la persecusión fue morigerado por las influencias de los amigos de Meneses, y en particular de la familia de su esposa, doña Catalina Bravo de Saravia, que podía mover muchas influencias en Santiago. Meneses por su parte fue enviado a Arica primero, a Lima después, y a Trujillo al último, lugar en donde se le permitió a su esposa reunirse con él. Meneses falleció en esta última ciudad en 1672, el mismo año en que su causa judicial llegó al Consejo de Indias: pasaría aún otra década antes de que el Consejo de Indias terminara de procesar el expediente de Meneses (que estuviera muerto y por lo tanto fuera un tanto inoficioso aplicarle pena de cárcel, no significa que no debiera seguirse el juicio en atención al destino de los bienes e indemnizaciones que correspondieran al respecto).
Digamos para terminar algunas palabras sobre la familia de Meneses. Doña Catalina Bravo de Saravia era mucho más joven que Meneses, y le sobrevivió incluso hasta ver el cambio de siglo, viviendo con sus hijos de manera bastante desahogada en Lima. Uno de sus hijos salió astilla del mismo palo: Francisco de Meneses y Saravia. Nacido en Chile en 1666 o 1667, fue nombrado corregidor de Riobamba en la provincia de Quito. Para tapar sus exacciones y defraudaciones huyó a España, en donde valiéndose de sus relaciones y encanto personal obtuvo el cargo de Presidente de la Real Audiencia en Bogotá, lo que motivó nuevas acusaciones de corrupción. Sus dos hermanos, Fernando de Meneses y Bravo de Saravia y Alonso de Meneses y Bravo de Saravia, por su parte, ya bajo la administración de los Borbones, llegaron a ser gobernadores de Yucatán...
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jueves, 6 de septiembre de 2012
¡Barrabás Gobernador de Chile!
Muy despreciado y despreciable tiene que ser una persona para que en un medio tan profundamente católico como el Chile colonial, y aún el resto del Imperio Español, el mote que le acompañe desde joven sea "Barrabás". Y éste era el apodo que se había ganado con sus... er... barrabasadas, don Francisco de Meneses. Este hombre había hecho carrera en el ejército español, y combatido en Italia y Flandes, ganándose en este último lugar el aprecio de don Juan José de Austria. En 1663 recibió el nombramiento como Gobernador de Chile. En mala hora para Chile. La pura crónica de su llegada ya es una historia de ésas que solemos postear por acá en Siglos Curiosos.
Los mayores avatares de la peripecia fueron causados, era que no, principalmente por el carácter arrogante e impetuoso del personaje de marras. Meneses estaba obsesionado con que el capitán y el armador de la nave querían hacer contrabando, cosa que podría ser verdad o podría ser que no, habida cuenta de las condiciones del, ehm, "comercio" "legal" marítimo de la época. Partieron el 12 de Abril a Buenos Aires, y por el camino, Meneses se las arregló para hacer del crucero un infierno para todos, refregándole a todo el mundo que no le hacían suficientes honores como su rango exigía.
El 27 de Julio arribaron a Buenos Aires. Entonces, Meneses se emperró en quedarse a bordo de la nave, dispuesto a llegar a Chile vía Estrecho de Magallanes. La idea era muy mala, porque en la época Cuyo era todavía parte de Chile, y por lo tanto arribar a Santiago por la pampa argentina era una buena manera de conocer tales tierras que después eran un tanto descuidadas por los gobernadores de Santiago, y además porque el Estrecho de Magallanes tenía y tiene reputación de navegación difícil. Ni la acción combinada del Obispo de Buenos Aires y del Gobernador de Tucumán consiguieron convencer a Meneses. La situación adquirió ribetes dramáticos cuando Meneses se puso tan pesado, que la nave no tuvo otro remedio sino que zarpar con él, a lo que la artillería de tierra replicó disparando sobre la misma. Para insistir en lo obvio: los cañones de costa le disparaban a la nave que llevaba al futuro gobernador de Chile... por desobediente. La nave acabó varada en un banco de arena, y Meneses debió desembarcar con la cola entre las piernas. Por el momento.
Una vez en tierra, Meneses resultó tan complicado y pendenciero, que las autoridades de Buenos Aires le pusieron una guardia a su alrededor, supuestamente por protección, pero en realidad por arresto domiciliario. Después de su partida, ahora sí que por tierra, el 1 de Diciembre llegó a San Luis de Tucumán, ciudad argentina en la actualidad pero que en esa época era la ciudad (o poblacho más bien, hablamos de 1663 después de todo) más oriental del territorio chileno. Allí, aunque estaba prácticamente en un caserío, se hizo recibir de inmediato como Gobernador de Chile, aunque por supuesto aún no había jurado según protocolo. El 13 de Diciembre alcanzaba Mendoza, y allí dictó sus primeros actos de gobierno, dando patente del atolondramiento que iba a ser el resto de su gobernación. Finalmente, el 23 de Enero de 1664 entró en Santiago de Chile, pero gracias a una triquiñuela administrativa, consiguió obrar como gobernador en pleno sin pasar por lo que él parecía considerar la humillación de tener que prestar juramento de su cargo ante el Cabildo de Santiago, como correspondía por procedimiento. Se inició así una gobernación cargada de anécdotas muy sabrosas para la posteridad, pero muy desafortunadas para la pobre Gobernación de Chile, que debió soportar a semejante personaje con santa paciencia (y a veces no tan santa y no tan paciencia) hasta 1667. Baste decir por ahora que la cantidad de cargos que le levantaron con ocasión de su juicio de residencia fue tal, que al fallecimiento del susodicho en 1672 todavía no había recibido sentencia.
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domingo, 2 de septiembre de 2012
La absurda muerte de Cano y Aponte.
Después de la marejada de gobernadores ineptos, corruptos o desastrosos que fueron la plaga de Chile durante el siglo XVII, el nivel mejoró notablemente durante la siguiente centuria, gracias a las reformas administrativas promovidas por los Borbones en España. Bueno, los Borbones del siglo XVIII al menos, época en la cual la endogamia genética todavía no había obrado la totalidad de sus efectos, y por lo tanto España podía sacarse lustre al respecto. Entre los buenos gobernadores que conoció Chile estuvo don Gabriel Cano y Aponte, que perfecto no era (hubo acusaciones de corrupción en contra suya, en el juicio de residencia que se le siguió a sus herederos, porque como veremos, Cano y Aponte falleció en la gobernación), pero que ciertamente fue capaz de mantener al país luchando contra sus pestes endémicas (la constante piratería y contrabando de las costas, el devastador terremoto de 1730, una epidemia de viruela al año siguiente...), además de meter en cintura y para bien a los siempre interesados oidores de la Real Audiencia. Su período fue inusualmente largo, ya que asumió su cargo en 1717, y en 1733 todavía estaba en él.
El 25 de Julio de 1733 se celebró la festividad de Santiago Apóstol, como era de rigor en una sociedad católica como la de... Santiago de Chile, precisamente. Como era el estilo de la época, la fiesta se celebró con toda clase de tradiciones propias de lo que llamaríamos la "chilenidad", y que hoy en día están cada vez más constreñidas a las Fiestas Patrias, si es que. Entre estas fiestas se contaban por supuesto las pruebas de equitación. Eran también probablemente las últimas fiestas de Santiago Apóstol que celebraría el gobernador, ya que en Marzo pasado había llegado una real cédula en la que debía rendir la gobernación a un nuevo enviado de España, aunque conservaba la misma mientras el nuevo gobernador llegara. Las fiestas duraron por supuesto más de un día, y el día 26...
El gobernador Cano y Aponte tenía ya 68 años, pero no se le despintaba un carácter "alegre, dicharachero, siempre envuelto en aventuras galantes, valeroso y desprendido, de modales pulcros y trato seductor" según lo describe don Leopoldo Castedo. Era por tanto muy popular entre la gente, así como más que un poco confiado. Cabalgaba un hermoso caballo, y se empeñó en que dicho caballo pusiera las patas delanteras sobre el muro. El historiador Vicente Carvallo y Goyeneche describe así lo que sucedió a continuación: "Se interesaron todos en apartarlo de tan peligrosa evolución; pero su capricho hizo vano los esfuerzos de aquellos caballeros; y castigando al bruto con la espuela, le obligó a tocar con las manos la pared; (el caballo) cayó de espaldas y tomó debajo de la silla al gobernador".
A cualquier persona, más aún un casi setentón, terminar aplastado bajo el caballo significaría muerte segura, y de hecho sacaron a Cano y Aponte casi moribundo del accidente. Pero sobrevivió durante MESES con la columna vertebral quebrada, y gran entereza de ánimo. El gobernador empleó sus últimas semanas en ajustarse con su conciencia, reparando algunos males en su opinión injustos que le había hecho a algunas personas en el pasado. El 29 de Octubre, ya superado por los dolores, rindió finalmente su puesto en manos de un gobernador interino. El 11 de Noviembre falleció. Sus funerales fueron discretos, según sus disposiciones, pero a los pocos días se celebraron nuevas exequias, esta vez con el dispendio propio de la figura que había sido, y fue muy llorado por el pueblo. En cuanto al destino del caballo en cuestión, en las crónicas que ha estado ojeando don General Gato vuestro servidor quien esto escribe, nada ha podido encontrar...
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domingo, 13 de mayo de 2012
Los primeros periódicos de Quillota.
No sé cuánto exactamente calce el contenido de este artículo con el resto de Siglos Curiosos, pero el instinto me dice que intente el salto. Después de todo, esta clase de minucias históricas no son conocidas ya no digamos por los extranjeros, sino incluso por los chilenos, de manera que no sobra dar vuelta la tienda entera para encontrarse con esta clase de cosillas. Porque un profesor e investigador llamado Augusto Poblete, según él mismo nativo de Los Angeles pero aparentemente afincado en Quillota, lanzó en 1989 un libro llamado "Quillota: Sus escritores, su pasado y su gente", una interesante compilación de crónicas acerca de dicha ciudad en que menciona entre otras cosas los orígenes de la prensa en tal localidad. ¿Y qué es Quillota?, se preguntarán mis lectores extranjeros. Bien, Quillota es una ciudad de la Quinta Región de Chile (como Valparaíso o Viña del Mar), capital de la provincia de Quillota precisamente, y aunque provinciana, una ciudad que ha ido creciendo hasta irse tragando poco a poco en una miniconurbación a La Calera, La Cruz e Hijuelas.
Pero al asunto. Aunque habitada desde antes de la invasión incaica, el Valle de Quillota no fue oficialmente una ciudad hasta 1717 (desde el siglo XVI los españoles se habían instalado, pero como encomenderos, no como vecinos), y desde entonces, aunque siempre ha tenido importancia administrativa, fue una ciudad relativamente pequeña hasta incluso finales del siglo XX, en comparación a las grandes urbes de Valparaíso, Santiago o Concepción. Por eso, sorprende en cierta medida que la actividad periodística comenzó con enorme fuerza nada menos que el 15 de Abril de 1874, fecha en que José Nicolás Morán publicó el primer número de "El Correo de Quillota". En realidad el diario era más bien un folleto de 51x32 centímetros, y apenas cuatro páginas, pero cuenta como periódico de todas maneras: era un semanario que desde su número 14 aumentó la frecuencia a dos ediciones por semana, los Jueves y Domingos (¡como Siglos Curiosos! ¡Todo se conecta!). Como todo periódico que se precie de tal, El Correo de Quillota proclamó desde el comienzo su independencia política, la que pronto se desvaneció para favorecer al liberalismo de Aníbal Pinto (que va a ser Presidente de Chile entre 1876 y 1881, y al que le tocó declarar la infausta Guerra del Pacífico). Como nota curiosa, digamos que el periódico iba a llamarse "El Pelícano", debido a la asociación de dicha ave con la ciudad (la procesión de Viernes Santo se conoce popularmente como Procesión del Pelícano en dicha ciudad, por la forma de la urna en que se recibe al Crucificado). Y como segunda nota curiosa... el papel del periódico venía desde una fábrica en la cercana localidad de Limache.
El 19 de agosto del mismo 1874 (¡apenas cuatro meses después!) apareció por supuesto un periódico de tendencia política contraria, llamado "El Pueblo de Quillota", que apoyaba a Benjamín Vicuña Mackenna (en esa fecha intendente de Santiago, y protagonista de una fallida candidatura presidencial en 1876). La extensión era la misma: un folleto de cuatro páginas. Duró apenas 227 números, y se acabó en septiembre de 1878 (El Correo, por el contrario, duró hasta 1903). Al poco surgieron "El Cóndor" (1877) y "El Defensor de la Ley" (1879), cuyos pintorescos nombres no les aseguraron más que una corta vida. Para 1891 había una floreciente actividad periodística en la ciudad (bueno, de folletos, diríamos hoy en día), pero en dicho año estalló la guerra civil contra el Presidente constitucional José Manuel Balmaceda, y todos los periódicos se fueron a pique, con la visible excepción del ya mencionado y decano El Correo de Quillota, que fiel a su tendencia liberal, apoyaba a Balmaceda así como antes a Aníbal Pinto. Pero después de los trastornos de la guerra civil, la actividad periodística en Quillota siguió como siempre: cuando El Correo se acabó en 1903, habían ¡siete! en circulación.
Hemos dejado para el último un detalle propio de la prensa del siglo XIX, que se ha perdido en la del XXI: la publicación de obras literarias. Una cantidad de la obra literaria de los poetas locales de la época está recogida en dichos periódicos, esperando la labor de rescate para la posteridad de algún esforzado que se sumerja en ese submundo literario. Y no podía faltar la caza de lectores mediante el recurso del folletín decimonónico con "continuará". A pesar de su escuálida extensión, El Correo se las arregló para incluir "Un drama íntimo" de un tal Moisés Vargas Gómez, mientras que su competencia El Pueblo incluyó uno con un título también pintoresco, que ya abre el apetito para leerlo: "El violín del diablo"...
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jueves, 10 de mayo de 2012
Carbón de Inglaterra y carbón de Concepción.
Como país surgido del alzamiento del mar hace millones de años, y con la Cordillera de los Andes a las espaldas, es lógico que Chile esté enormemente surtido de riquezas mineras. Una de éstas es el carbón, y la región productora más grande de éste se encuentra en la zona de Concepción y Lota.
Los indígenas conocían la existencia del carbón y lo utilizaban para cocer sus alimentos, pero los españoles ávidos de plata y oro no prestaron mayor atención. Recién en el siglo XIX, iniciada la Revolución Industrial y expandiéndose la máquina de vapor, la atención de los chilenos empezó a volverse hacia sus depósitos carboníferos. No en balde, a los puertos chilenos empezaban a llegar naves impulsadas por el carbón, que obviamente debían repostar, y además las fundiciones mineras del Norte Chico ya estaban arrasando con todos los bosques y necesitaban una nueva fuente calorífica con urgencia. Pero apunta Mary Graham, viajera inglesa que estuvo en Chile durante la década de 1820, que "el carbón de Concepción, a pesar de su abundancia y buena calidad y estar situado a 300 millas de distancia, cuesta en Valparaíso más caro que el que se trae de Inglaterra"...
La edad dorada del carbón en Lota partió en 1843, comprándose nuevas tierras (a los indios, a precio vil, claro está) y abriéndose nuevos piques y chiflones. Los trabajos se hacían con tecnología bastante rudimentaria, en parte porque los financistas desconfiaban del carbón chileno, y no se arriesgaban a invertir en él. Hacia 1850, para poder darle salida al carbón chileno, había que mezclarlo con el carbón inglés, en proporción de 2 partes de inglés por una de chileno... Los empresarios del carbón incluso debieron recurrir a campañas publicitarias para que el público se atreviera a confiar en el carbón chileno.
En 1851 comenzó la era de los ferrocarriles en Chile, que en esa época eran por supuesto máquinas a vapor, y con esto el consumo de carbón se disparó. Por simple ley de oferta y demanda, los empresarios ferrocarrileros debieron empezar a comprar cantidades crecientes de carbón chileno, y con esto, la paradójica situación de que dos carbones de calidad similar, pero prestigio diferentes, se vendieran a precios y en cantidades también diferentes, terminó corrigiéndose por sí misma.
domingo, 1 de enero de 2012
¡Carl Sagan vuelve desde la tumba!

Los amables lectores de Siglos Curiosos habrán notado que no suelo hacer referencias a asuntos internos del blog, o de vuestro seguro servidor el General Gato quien esto escribe. Se supone que la estrella es la historia (o el cine, en el caso de Cine 9009), y no uno mismo. Además, el historiador debe mantener distancia y objetividad respecto de su objeto historiado, bla-bla-blá. Pero como este posteo se publica de cajón el primer día del año 2012, que coincidentemente es también el sexto cumpleaños de Siglos Curiosos, un poco de autobombo no viene mal. Después de todo, fue algo que ya se hizo para el Quinto Aniversario de Siglos Curiosos, con el posteo "Las curiosidades de Siglos Curiosos", así es que, ¿por qué no?
Y la historia del año, en lo que a Siglos Curiosos se refiere, es nada más y nada menos, que... ¡¡¡CARL SAGAN VUELVE DESDE LA TUMBA!!! ¡¡¡COMO UN CHRISTOPHER LEE CUALQUIERA!!! La cosa partió con el posteo "¡Carl Sagan arrestado!". Lo escribí a partir de una crónica del diario La Tercera, complementado con una nota que encontré del New York Times online. Además, reflexionaba yo para mis adentros, quién se va a acordar de un tipo que hizo un programa científico que fue exitazo treinta años atrás, en un mundo como el actual en que a la gente se le olvida la temporada anterior de su serie favorita mientras espera la siguiente... En definitiva, iba a ser lo que los yanketas llaman un filler, un posteo de relleno a la espera de material mucho mejor. Ni siquiera lo hubiera publicado tan rápido después de haberlo escrito, de no ser porque debido a circunstancias de vida, estaba muy escaso de tiempo para escribir nuevo material, y debía apañármelas con lo que hubiera en el minuto. De manera que el posteo saltó finalmente al ruedo, el 2 de Octubre de 2011.
Sucedió lo inimaginable. El posteo llegó a Menéame... y empezó todo un debate acerca de la INMEDIATEZ de la noticia. Como Siglos Curiosos es un blog dirigido al lector inteligente e informado, no era demasiado abusivo ponerle un titular que pareciera periódico de última hora, como un guiño al lector, además de ser fiel a la filosofía de Siglos Curiosos de soltarse un poco el pelo y no ser tan pedante ni académico a la hora de escribir historia, que como he insistido siempre, es el pecado de muchos divulgadores sobre el tema. Pero en Menéame hubo quienes no lo entendieron así, y se inició una florida polémica con nada menos que 47 comentarios, CUARENTA Y SIETE, acerca de si había que echar abajo la noticia o no, por no ser de actualidad... O sea, cuando se tiene una perla de comentario que dice: "Disculpa, pero cuando el envío se titula ¡Carl Sagan arrestado! da una clara sensación de inmediatez. Y cuando lees que ello se produjo hace 24 años, es lógico que muchos pensemos que casi es una broma. Y también considerarla antigua"... Más adelante le contestaron lo obvio: "A los que se quejan de que la noticia es antigua... ¿de verdad alguien esperaba una noticia actual leyendo el titular de "Carl Sagan arrestado"? Por favor, que este ilustre señor nos dejó hace ya unos cuantos años...". En fin, que hay que informarse un poquito, digo yo...
En cualquier caso, no seré yo quien me queje. En Menéame, el posteo recibió 524 meneos, rompiendo el récord anterior de 457 meneos que ostentaba "Los sobrevivientes de los 300". Y de regreso en el mismísimo blog, en cuestión de un mes el posteo "¡Carl Sagan arrestado!" se empinó al top ten de artículos más visitados en toda la historia de Siglos Curiosos. A la hora de escribir esto (30 de diciembre de 2011), estaba en quinto lugar, y a punto de alcanzar las 5000 visitas, según las estadísticas de Google. Aunque hay algo de triste en pensar que durante el mismo 2011 se batió el récord de posteos más visitados con otro distinto, que nunca esperé tuviera tanto tirón tampoco. Me refiero a "¿Pierden los leprosos pedacitos de su cuerpo...?", publicado el 14 de Agosto de 2011. Que con algo más de 14.000 visitas supere en casi 6.000 al segundo lugar ("Pepo y Condorito"), me hace pensar que los motivos de los visitantes son muy distintos a la curiosidad histórica o científica... Pero por alcance, el posteo en que Carl Sagan "vuelve desde la tumba" es realmente la gran curiosidad de Siglos Curiosos durante el 2011. (Por cierto, y ya que estamos, el pasado 20 de Diciembre de 2011 se cumplieron 15 años cabales de su fallecimiento. Vaya un recuerdo para uno de los más grandes divulgadores científicos del siglo XX, y probablemente de todos los tiempos).
Esperando que ninguno de mis lectores se haya tomado el titular del presente posteo como algo literal en vez de como la suave ironía que es, vuestro seguro servidor el General Gato quien esto escribe os desea un Feliz Año Nuevo 2012, y que ojalá a través del mismo podamos seguir acompañándonos en torno a las anécdotas y curiosidades de la Historia Universal... y de los muertos andantes que como Carl Sagan, que se niegan a permanecer en sus tumbas y todavía hay gente que se cree que lo arrestaron ayer...
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jueves, 29 de septiembre de 2011
El Loco Eustaquio versus el Loco Eustaquio.

Una de las personalidades más coloridas de Quillota es probablemente el Loco Eustaquio, un personaje que merodeó la ciudad chilena a mediados del siglo XIX. En esa época Quillota no era todavía una ciudad extendida hacia La Calera y Nogales como en la actualidad, sino casi un caserío cuya importancia devenía de centralizar la actividad comercial en torno a la agricultura del Valle de Aconcagua, río que cruza la ciudad. En ese tiempo, para viajar entre Santiago y Valparaíso era prácticamente obligatorio pasar por Quillota, y cuando se inauguró la línea férrea que conectaba ambas ciudades, el derrotero pasaba por la ciudad.
Pero volviendo al Loco Eustaquio que en este posteo nos ocupa. Este es mencionado por el periodista Benjamín Vicuña Mackenna en su libro "De Valparaíso a Santiago", de 1877 (así lo cita el investigador don Augusto Poblete Solar). Según refiere, dicho loco se aposentó en una de las bocaminas abandonadas del Cerro Mayaca (en cuyo lugar, dicho sea de paso, los incas edificaron un pucará), bocamina que aparentemente daba a un faldeo que caía hacia el río Aconcagua. Dice Vicuña Mackenna: "Habiendo muerto de calentura (tisis) un clérigo Cuestas, arrojaron sus hábitos en el cerro de la Moyaca (sic) y el loco Eustaquio pasó muchos años vestido con ellos". El fin de este pobre individuo fue triste: "Le arrastró con su lazo un huaso brutal, en una chanza de ebrio, de lo cual murió".
Sólo que no murió. En la literatura, al menos. Porque el intelectual y político chileno Zorobabel Rodríguez, quillotano él, escribió una novela titulada nada menos que "La cueva del Loco Eustaquio". En esta obra costumbrista acerca de la vida en la Quillota del siglo XIX, el autor se inventa toda una historieta romántica para darle relleno a su personaje, hasta hacerlo quizás casi irreconocible respecto del original. El personaje, siempre dentro de la ficción, cuando estaba cuerdo era requerido de amores por dos damas, una de las cuales (una "celosa harpía") le metió una bala a la otra a orillas del Aconcagua, perdiendo de ello el pobre hombre la razón. La ficción también le cambió el final: acaba ahogado en el río...
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domingo, 25 de septiembre de 2011
El misterio del Gran Pecador.

Hay que tenerlos de un tamaño respetable y cuadrado para, en pleno tiempo del Imperio Español y la Santa Inquisición, hacerse llamar el Gran Pecador. Pero el caso es que en la Colonia de Chile rondó un personaje de tales características. Al menos, basándose en documentos de la época, es lo que nos quieren referir los historiadores decimonónicos don Diego Barros Arana y don Claudio Gay.
La anécdota se produjo en la primera década del siglo XVII. Resulta que en 1601 apareció un misterioso personaje que regresó a España en 1603, acompañando a una expedición militar. Según refiere don Diego Barros Arana, "vestía traje de ermitaño, recorría las ciudades ejercitando actos de caridad, pero manteniéndose al corriente de cuanto pasaba, y sólo era conocido con los nombres de hermano Bernardo, de Bernardo pecador o de «el gran pecador»". Lo dicho, hay que tenerlos de acero para hacerse llamar "el gran pecador" de esa manera, y no levantar suspicacias por parte de la Inquisición. Por cierto, cuando regresó a España en 1603, el gobernador Alonso de Ribera ordenó su arresto y la confiscación de toda su correspondencia, informes y documentación, temeroso de que este extraño personaje intrigada para separarlo de la Gobernación (que efectivamente perdería en 1605, por lo demás).
Una de las teorías barajadas sobre este personaje, es que sería realmente un agente de la Corona Española espiando y enviando informes de primera mano a la Corte. No en balde, en esos años la Guerra de Arauco había recrudecido lo suyo luego del Desastre de Curalaba en 1598 y la gran sublevación de 1602, y el cabildo pasaba apuros implorando a la Corona que aumentara los recursos para pagarle a las huestes afincadas en el sur para defender a dichas tierras de los ataques mapuches. Dentro de ese contexto, tiene sentido que la Corona pidiera informaciones por parte de un agente externo, lejos de los cauces oficiales. La propia documentación de la época parece apoyar esta teoría. No en balde, el Cabildo de Santiago lo nombró como representante ante el Rey, con estas significativas palabras: "A este reino llegó hará tiempo de cuatro años un ermitaño que ya Vuestra Majestad ha visto, que es el que ésta lleva. Institúlase «el gran pecador». Su vida ha parecido a todos muy buena y de grande ejemplo, porque el tiempo que aquí estuvo, se ejercitó en obras de gran virtud, yendo en persona a las ciudades de arriba y trajo servicio (sirvientes domésticos) para el hospital de esta ciudad de indios de guerra, y llevando limosnas a hombres y mujeres necesitadas, que padecían muchos trabajos, y por su persona en el hospital a los enfermos con gran humildad y otros muchos ejercicios. El cual, viendo los trabajos y miserias del reino, informó a Vuestra Majestad de ellas, y ha vuelto a dar razón de lo que hizo con el socorro de los mil hombres que trajo el gobernador Antonio de Mosquera; y ahora nos ha parecido volviese a darla del estado de esta tierra, e informar lo que será necesario para ella, a quien hemos dado poder para que en nuestro nombre lo pida; porque como esta ciudad no tiene posibles para pagar una persona que vaya a los pies de Vuestra Majestad a decirlo, le hemos pedido lo haga por vía de caridad, por lo cual lo hace. Suplicamos a Vuestra Majestad se le dé crédito en lo que informase, porque como celoso de vuestro real servicio y tan buen cristiano, dirá verdad"...
El Gran Pecador regresó a Chile en 1607, trayendo consigo alguna correspondencia oficial desde España al territorio. Además, visitó personalmente la zona de guerra en Arauco. En marzo de 1608 partió una vez más a España, y ésta vez sí que su rastro desaparece para siempre, porque no vuelven a aparecer menciones al respecto suyo en la documentación posterior.
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jueves, 22 de septiembre de 2011
La Procesión del Pelícano.

No demasiada gente debe saber que la ciudad de Quillota en Chile es conocida como la "Ciudad del Pelícano", sobrenombre que parece haberle puesto el infatigable periodista y escritor Benjamín Vicuña Mackenna, debido a la Procesión del Pelícano. En su instructivo libro "Quillota: Sus escritores, su pasado y su gente", el profesor e investigador Augusto Poblete Solar nos entrega detalles de esta pintoresca ceremonia. En corto, la Procesión del Pelícano es la procesión de Viernes Santo. Parece ser que recibe su nombre de la urna en que se deposita el cuerpo de Cristo, y cuya forma recuerda eso justamente, un pelícano. Según el decir popular, por lo menos. A finales del siglo XIX, la fiesta era tan importante en Chile, que el periódico El Correo de Quillota menciona la llegada de 7.000 foráneos a participar en ella, cuando la ciudad tenía apenas 11.000 habitantes. Sean exactas las cifras o algo exageradas, de todas maneras algo dicen.
La ceremonia empezaba el Domingo de Ramos, época en que los cofrades del Santo Sepulcro, "con túnicas y bonetes puntiagudos y máscaras" en el decir de Poblete Solar, pedían dinero con una frase sacramental: "para el santo entierro de Cristo y la soledad de la Virgen". Luego venía el "correr de las estaciones" el Jueves Santo, antes de la Procesión del Pelícano misma. El pelícano estaba asociado con el amor de Cristo por los seres humanos, ya que según la leyenda popular, esta ave alimenta a sus hijos con el corazón, rasgándose el pecho. El pelícano que se sacaba a la procesión era una figura que representaba al ave precisamente, cargada por 30 o 40 hombres, y que según la tradición había sido construida por un habilísimo preso. Por desgracia, dicho pelícano se perdió cuando fue destruido en el violentísimo terremoto de 1906 (al que ya nos hemos referido en Siglos Curiosos: véanse "El hombre del Teatro de la Victoria", "¡Los terremotos de 1906 predichos!" y "Gómez Carreño te pondrá en tu lugar").
Aún así, quedaron testimonios literarios para la posteridad acerca de dicha procesión, incluyendo capítulos de "La cueva del loco Eustaquio" de Zorobabel Rodríguez (sí, el famoso político conservador chileno) y "La ciudad dormida" de Lautaro Yankas, entre otras.
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domingo, 18 de septiembre de 2011
El escándalo de la fragata Scorpion.

Uno de los más sonados escándalos en la historia chilena que involucran abuso de autoridad (y de ésos hay una tonelada), es probablemente el relacionado con el de la fragata Scorpion, en los años inmediatamente anteriores a la independencia. De hecho, este escándalo ayudó en gran medida a catalizar los sentimientos patrióticos en la gente, debido a que en medio del ajo estaba nada menos que el Gobernador de Chile, a la sazón Francisco Antonio García Carrasco. En la época, el contrabando era una actividad muy lucrativa en las costas del Imperio Español debido a las restricciones comerciales impuestas por la metrópoli, sumadas a la pujanza del comercio francés e inglés, buscando abrirse nuevos mercados, aunque fueran un mercado negro. Por otra parte, parece ser que más allá de sus actividades ilegales, Tristán Bunker el capitán de la Scorpio era un hombre de honrar sus compromisos. La fragata Sorpion navegó varias veces los mares australes como ballenero, pero a la larga terminó abandonando debido a que habían mayores beneficios en el contrabando. El contacto en Chile era Enrique o Henry Faulkner, un médico afincado en Quillota, de origen inglés o estadounidense a según la fuente. Bunker y sus armadores ingleses arreglaron entonces el envío de un contrabando por ochenta mil libras esterlinas en paños y telas de hilo (sí, ésas cosas se contrabandeaban en aquellos años). En 1808, la nave emprendió un viaje de tres meses desde Plymouth en Inglaterra hasta Topocalma, en la costa de Colchagua en Chile. Una vez arribado, Bunker mandó llamar a Faulkner desde Quillota a Topocalma, para concretar la transferencia del contrabando. El correo fue un hacendado local llamado José Fuenzalida Villela, quien jugó a dos bandas: mandó avisar a Faulkner, en efecto, pero también avisó a un funcionario español llamado Francisco Antonio Carrera.
Resultó entonces que entre los tres (Faulkner el comprador, Fuenzalida el hacendado y correo, y Carrera el funcionario) se coaligaron para hacerle una quitada a Bunker. El pretexto era que, estando la Scorpio en actividades de contrabando, podía hacerse presa de la nave y su contenido... sin pagar por el mismo, claro. Para ganar tiempo mientras sus compinches se movilizaban a Colchagua, Fuenzalida le dijo a Bunker que sacara la Scorpio a mar abierto y navegara un poco más, e incluso le ofreció algunas vacas para que los marinos se alimentaran por un tiempo. Bunker, sin sospechar lo que se le venía encima, aceptó de buena fe. En paralelo, para asegurar el golpe, Carrera envió a Fuenzalida con cartas oficiales para entrevistarse nada menos que con el Gobernador de Chile, Francisco Antonio García Carrasco, quien de esta manera también quedó metido en el complot. García Carrasco debió apurarse en echar a andar la quitada porque en el intertanto la autoridad aduanera a cargo de Manuel Manso se había dado cuenta de que andaba una fragata sospechosa dando vueltas. Si la aduana intervenía, era obvio que la quitada se iba al diablo. A tanto llegó el doblez, que cuando Fuenzalida empezó a experimentar algunos escrúpulos de conciencia, sin querer retirarse del proyecto pero al menos dejarle algo a Bunker por su corrección en los tratos, entre los otros conjurados empezaron a darle pistas falsas para dejarlo fuera de la operación, a pesar de que el propio Fuenzalida la había financiado en su mayor parte de su propio peculio.
El golpe finalmente se concretó el 13 de Octubre, fecha en que la Scorpion arribó a Quilimarí para concretar finalmente la entrega del contrabando, contra el cual se cargaría la fragata con plata y cobre. Los metidos en la conjura consiguieron convencer a Bunker, que algo sospechaba, de que todo marchaba perfectamente, lo hicieron bajar a tierra, y le ofrecieron una opípara cena. Una vez allí se suscitó un griterío. Un testigo presencial citado por el historiador Diego Barros Arana dijo: "El capitán se levantó de su asiento, pero inmediatamente recibió una puñalada por la espalda. (...) Bunker, aunque herido, alcanzó a salir afuera para ganar los botes, pero fue alcanzado y asesinado. Entonces fue desnudado, y amarrándole un lazo a una de sus piernas fue arrastrado a corta distancia y arrojado a un hoyo que parecía hecho a propósito para él. A mí me parecía que todavía daba señales de vida, y quise acercarme a él, pero no me lo permitieron. Yo pude ver esto a la luz de cuatro faroles y del fuego de una fogata". Varios marineros de la Scorpion fueron masacrados, y la nave remitida a Inglaterra.
La cosa se puso fea cuando Manuel Manso, como encargado de la aduana, determinó que estando España e Inglaterra bajo armisticio, no correspondía la presa de la Scorpion como nave enemiga sino apenas su comiso. Con esto, se iba al traste la maniobra de los conjurados para apoderarse del contrabando. García Carrasco hizo entonces valer su condición de Gobernador de Chile y dando un golpe de autoridad, sin consultar a administración o tribunal alguno, declaro por sí la presa, y se repartió la misma entre los apresadores. El escándalo fue mayúsculo: mientras que los hechores materiales estuvieron en un tris de ser linchados en las calles de Valparaíso a los gritos de "¡Asesinos!", en Santiago los notables empezaron a moverse para que los tribunales aclararan el enredo y establecieran responsabilidades. Cuando la noticia llegó a España, el gobierno estaba radicado en la Junta de Cádiz, que apoyó las acciones de García Carrasco, basadas en un oficio del propio Gobernador... hasta que llegaron informaciones paralelas por parte de los vecinos de Santiago e incluso desde el mismísimo gobierno de Inglaterra. Por desgracia, cuando la Junta de Cádiz dio la orden de restituir los bienes mal habidos, ya era el 23 de Abril de 1811, y el Gobierno de España ya no tenía injerencia en los asuntos de Chile, que a la sazón estaba en manos de la Junta de Gobierno. Para cuando los españoles reconquistaron Chile en 1814, muchos de los involucrados ya se habían puesto a buen recaudo tanto ellos como el botín. Menciona don Augusto Poblete Solar en su obra sobre Quillota ("Quillota: Sus escritores, su pasado y su gente"), que Faulkner llegó a ocupar la Gobernación de Quillota en 1823, y que en 1844 se compró un fundo llamado Santa Teresa...
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jueves, 15 de septiembre de 2011
Culebrón de un historiador chileno.

¿Quién dice que la vida de un historiador tiene que ser aburrida? A la de Vicente Carvallo y Goyeneche no le faltan ingredientes para su propia teleserie. Vicente Carvallo y Goyeneche es considerado el último de los grandes historiadores que produjo el Chile del período colonial, y de hecho, fue soldado en la frontera con los mapuches. Valdiviano de origen, nació en 1742. Aunque abrazó la carrera de las armas, no pudo continuarla por su carácter: era jugador, mujeriego y díscolo.
Pero por otra parte, era un hombre siempre interesado en la lectura, y por lo tanto de gran cultura. Esto lo aprovechaba para escribir sermones por encargo de los frailes y los clérigos, con cuyos ingresos conseguía financiar las calaveradas que, probablemente sobre decirlo, lo tenían de manera permanente al borde de la bancarrota. O de cómo financiar las actividades del Diablo haciéndole trabajos a Dios...
El caso es que hacia 1780 se dio a escribir una gran obra histórica sobre Chile. Para su "Descripción Histórico-Geográfica" no sólo incorporó material de cronistas anteriores, sino que incorporó sus propias averiguaciones en la documentación que pudo consultar en los cabildos. Terminado su trabajo de investigación en Chile, Carvallo y Goyeneche pidió autorización a la corte de Madrid para viajar hasta allá y consultar los archivos reales, en busca de más información sobre Chile. La corte le concedió la autorización en 1791. Pero para desgracia del historiador, en la época el gobernador de Chile era Ambrosio O'Higgins, antiguo superior al mando de Carvallo y Goyeneche que conocía su carácter indisciplinado y mantenía una franca enemistad con él, y que temeroso de que éste aprovechara su viaje a Madrid para intrigar en la corte en su contra, se negó a darle autorización para el viaje.
¿Creen ustedes que eso iba a detener a Carvallo y Goyeneche? Por supuesto que no. Su remedio fue cortejar a una viuda rica y añosa llamada Mercedes Fernández, con quien contrajo rápido matrimonio. Luego del cual, por supuesto, se fugó desde Chile dejando atrás a la afligida viuda y llevándose los dineros de la misma. Furia redoblada del Gobernador y del mismísimo Rey, que ordenaron su captura inmediata. Pero Carvallo y Goyeneche se las arregló en la corte para lograr el perdón real, y pudo seguir sus investigaciones en España, aunque por desgracia no obtuvo el acceso a los archivos. Finalmente se radicó en Buenos Aires, ciudad en la que fallecería en 1816. Con todo, su opus magna permaneció inédita durante más de medio siglo, hasta ver la luz finalmente en tres tomos publicados en 1875 y 1876...
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