Gómez Carreño te pondrá en tu lugar.
Ahora que el Chile del bicentenario vivió uno de los peores terremotos de su historia, y hubo debate sobre si los militares debían o no salir a la calle para contener el orden, muchos se han acordado (con elogios para su figura o vituperios para la de su madre) del Almirante Luis Gómez Carreño, el hombre que restableció el orden en Valparaíso luego del terremoto de 1906, aplicando métodos que después se harán célebres cuando sean imitados en la peli "Harry el Sucio". Para que no digan que Valparaíso y San Francisco se parecen sólo en los cerros con pendientes.
El 16 de Agosto de 1906, Valparaíso sufrió un destructivo terremoto, el que para colmo desató una oleada de incendios. El barrio El Almendral, hoy en día depauperado y lleno de negocios chicos, pero en ese tiempo uno de los sectores más señoriales de Valparaíso, por estar construido sobre arena, se vino casi por entero abajo. Todos los servicios literalmente desaparecieron, y Valparaíso se transformó en tierra de nadie. En ese clima el Almirante Gómez Carreño (1865-1930) asumió la jefatura militar sobre Valparaíso, ciudad declarada en estado de sitio, y se inmortalizó fusilando pobres diablos. Porque las tropas del almirante atraparon a los que saqueaban entre las ruinas, y puestos en la vía pública, fueron limpiamente fusilados, y sus cuerpos fueron colocados a la exhibición de los transeúntes para que sirvieran de escarmiento. Se supone que el número de ejecutados asciende a unos quince, pero hay quien supone que la cifra podría ser más alta.
Con estos métodos draconianos, la actuación de Gómez Carreño fue efectiva para reimponer el orden. Sin embargo, también arrecian las críticas. En primer lugar, los ejecutados no tuvieron derecho a juicio: primero bastaba la pura firma de Gómez Carreño autorizando el fusilamiento, y después, para darle una apariencia de derecho, se creó un Tribunal Militar (resulta interesante observar que los tribunales militares sólo tienen jurisdicción sobre civiles en tiempos de guerra... lo que quiere decir que las autoridades se consideraban en guerra contra el resto de la sociedad). En segundo lugar, algunos motivos para los fusilamientos son irrisorios: algunos podrán ser ladrones (se reportaron casos de tipos que le cercenaban los dedos a los muertos para robarles los anillos), pero resulta del todo ridículo los fusilamientos contra los "incendiarios", habida cuenta de que la ciudad de Valparaíso ardió por sí misma durante días sin necesidad de manos ajenas que aumentaran el cataclismo (en la época, lo más crudo del invierno, la iluminación y calefacción eran a base de braseros de carbón, que al volcarse desataron el infierno en llamas). En tercera, la política de la época carecía de toda sensibilidad social, y los gobiernos no sabían hacer otra cosa sino masacrar a todos los que protestaran contra la pobreza, como bien quedó probado al año siguiente con la masacre de los obreros desarmados en la Escuela Santa María de Iquique, por parte del Ejército, amén de otras actuaciones de parecido civismo. Y en cuarto lugar, el Gobierno ni siquiera se tomó la molestia de implementar un plan de auxilio de contingencia para las víctimas del terremoto, por lo que muchos saqueadores y ladrones en realidad eran miserables que buscaban con qué subsistir. De manera que el Almirante Gómez Carreño se transformó en un ídolo para los derechistas deseosos de que haya orden en la Patria, pussom, y en un Satán para los izquierdistas y los abanderados por los derechos humanos. ¿La verdad? Como de costumbre, probablemente esté en algún punto medio. ¿Mi opinión? A mí no me miren, yo sólo soy un gato detrás del teclado...
En cuanto al Almirante Luis Gómez Carreño, tuvo un final desgraciado. En la madrugada del 1 de Enero de 1930, algo más de un cuarto de siglo después del terremoto, regresaba desde Quillota a Valparaíso, cuando sufrió un accidente automovilístico del que salió muy malherido. Agonizó terriblemente durante cinco días, al cabo de los cuales falleció. Tenía 64 años de edad. Una población en Viña del Mar, la población Gómez Carreño, lo recuerda. Ironía final: dicha población bautizada así en honor del fusilador de gente modesta, está hoy en día habitada por gente modesta.

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