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domingo, 6 de diciembre de 2015

El Tribunal de Ultima Instancia.

Un motif jurídico afirma que "por encima de la Corte Suprema sólo está la Corte Celestial"... Y sin embargo, aún puede sobre la Tierra haber un tribunal más allá del último tribunal. Uno conformado no por la justicia misma, sino por privados que se ponen al servicio de causas perdidas. Esta es la historia del Tribunal de Ultima Instancia ("The Court of Last Resort"), el tribunal privado decidido a revocar errores judiciales en Estados Unidos.

Para el lector de novelas policiales, el nombre de Erle Stanley Gardner (bueno, su nombre o alguno de sus incontables seudónimos) debería ser familiar. Si no por él, al menos por la que probablemente es su creación más famosa: el infatigable abogado criminalista Perry Mason. Una noche, durante la primavera de 1948, Gardner y Henry Steeger (editor de la revista "Argosy", uno de los más importantes pulps de todos los tiempos), conversando sobre el tema de las condenas impuestas por error judicial, tomaron el acuerdo de ver si podían usar su talento para hacer labor detectivesca, pero en el mundo real. "Tan pronto como sepamos de algún caso en que parezca que se ha cometido una injusticia, investigaremos los hechos y los daremos a conocer por medio de la prensa. La opinión pública se encargará de lo demás", dijo Steeger. Gardner después explicó que lo hacían porque "no existe ningún procedimiento sencillo por medio del cual un individuo que haya sido condenado erróneamente pueda lograr la revisión de su causa".

Su primer caso no tardó en caerles. Un asesino llamado Clarence Boggie, convicto a prisión perpetua en la penitenciaría estatal de Washington, los contactó. Gardner se entrevistó con Boggie, creyó en su inocencia, y unió fuerzas con el detective privado Raymond Schindler para investigar el asunto. El juicio había tenido lugar quince años antes. Boggie había sido juzgado por el robo y brutal asesinato de un anciano que vivía solitario en su cabaña. Dos años después del crimen, la policía había dado con el abrigo en poder de Boggie. Además, un prisionero sostenía que el aserrador le había confesado el crimen cuando ambos vivían juntos. Pero Gardner y Schindler probaron que el abrigo había sido comprado en una casa de empeños, y echaron por tierra el falso testimonio incriminatorio, dado por el presidiario para ganarse puntitos en una eventual libertad condicional. Además, apareció un testigo que había visto al asesino salir corriendo de la cabaña de la víctima, y ese testigo declaró que el asesino no era Boggie.

El Tribunal de Ultima Instancia funcionó a la larga con los mencionados Erle Stanley Gardner, Henry Steeger y Raymond Schindler en la nómina. Se sumaron, además, un experto en detectores de mentiras, otro detective, un asesor experto en Medicina Forense, y el antiguo alcaide de una prisión federal de Washington. Todos ellos ad honorem, por amor de la justicia, con la sola excepción del investigador privado, que cobra sus honorarios. En sus primeros cuatro o cinco años, al menos, tuvo una vida muy activa: lograron poner en libertad a cerca de una docena de personas, y revisaron cerca de un millar de casos en busca de potenciales errores judiciales. Muy pocos casos merecieron la investigación completa, naturalmente, pero por los pocos inocentes que puedan aparecer, siguieron adelante durante años con su empresa. Fue cuando su fundador, Erle Stanley Gardner, se retiró en 1960, que el grupo empezó a descender lentamente su actividad, hasta que ésta cesó por completo.

domingo, 9 de febrero de 2014

El hombre que importaba guantes sin pagar impuestos.

A comienzos del siglo XX, los guantes eran parte indispensable de la indumentaria de toda dama que se respetara como tal. Y de muchos caballeros también, por supuesto. Después llegó la Primera Guerra Mundial y la industria guantera, así como muchas otras cosas, saltó hecha trizas. A finales del siglo, Estados Unidos tenía una próspera industria guantera, auspiciada por sobre todo gracias a una generosa política de aranceles que impedía la competencia por parte de esos mugrosos extranjeros que tratan de reventar nuestra industria nacional en vez de asumir las políticas de liberalismo arancelario tan queridas por el (entonces todavía inexistente, claro) Fondo Monetario Internacional. Pero claro, siempre hay negocio para los guantes importados así como para la cerveza importada porque el logotipo "importado" llama la atención de todo el mundo. La cuestión entonces era descubrir el truquito de cómo meter guantes importados a Estados Unidos haciendo malabares para rebajar o capear el arancel.

Y un vendedor llamado Samuel Goldfish, que trabajaba como agente de ventas para una empresa llamada Elit Glove Company, descubrió el truco. Uno que para remate era perfectamente legal, si bien aunque sea por un tecnicismo burro (eso, y que nadie le descubriera haciendo la maniobra, claro). La cosa era que el pago del arancel debía efectuarse a la hora de retirar el producto importado. Por lo tanto, ése era el paso que debía evadir. Por suerte para él, eran guantes...

El truco al que recurría Samuel Goldfish, era encargar guantes de Francia de la mejor calidad, en pedidos abundantes para la reventa. Pero a la hora de embarcarlos, pedía que los embarcaran en dos pedidos, que debían ser enviados a direcciones distintas, y a dos puertos distintos. Y aquí viene lo realmente bueno. Un pedido contenía todos los guantes DE LA MANO IZQUIERDA, y el otro pedido contenía todos los guantes DE LA MANO DERECHA. Cuando los pedidos arribaban a los puertos... Samuel Goldfish no los retiraba. En vez de eso, se ponía a esperar. Más tarde o más temprano, los pedidos salían a remate por parte de la aduana, en calidad de mercadería no retirada. Podemos imaginar la cara del martillero al anunciar "un hermoso centenar de guantes de la mano derecha", y empezar la puja. ¿Y quién iba a pujar por guantes de la mano derecha, si no tenía los guantes de la mano izquierda para emparejarlos...? Pues... Samuel Goldfish, que sabía bien a las claras DÓNDE encontrar sus respectivas parejas. Y al no haber puja, se adjudicaba los guantes a precio irrisorio, los emparejaba después, y los revendía como guantes importados y de alta calidad a precios menores que la competencia. Y como puede observarse, todos los pasos del procedimiento son perfectamente legales: la verdadera ilegalidad estaba en la intención, en la totalidad de los pasos combinados para producir como resultado la defraudación del fisco. Si el IRS (la oficina de impuestos de Estados Unidos) no llegaba a enterarse, algo fácil considerando que en esa época no había computadores entrelazando información financiera sensible, la triquiñuela pasaba perfectamente desapercibida.

Quizás a usted el nombre de Samuel Goldfish no le diga absolutamente nada. Por una buena razón. Nació Schmuel Gelbfisz, y era un judío de Varsovia que emigró en busca del American Dream. En 1913, el Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson introdujo una brusca rebaja en los aranceles aduaneros, y el truco de Goldfish perdió sentido. Abandonó entonces la industria guantera, y se marchó a Hollywood. En donde es mejor conocido con el último de los varios nombres que adoptó, Samuel Goldwyn, uno de los fundadores de los Estudios Metro Goldwyn Meyer.

domingo, 2 de febrero de 2014

Si eso es rodar cine...


Año 1913. El cine era tan, pero tan, pero tan primitivo, que Hollywood ni siquiera existía. O sea, de existir existía, pero apenas estaban rodándose las primeras primerísimas pelis de lo que después sería llamado pomposamente como La Meca del Cine (y los terroristas talibanes sin bombardear ululando ¡¡¡SACRILEGIO!!! todavía, miren ustedes). El caso es que en esa época había una guerra sorda (y a veces nada de sorda: a balazo limpio en ocasiones inclusive) entre el Trust, un grupo de productores de cine plegados a las patentes de Thomas Alva Edison, y los independientes, los piratas de inicios del XX, que querían rodar pelis sin pagar derechos de patente los muy sinvergüenzas (y que fundaron las mismas empresas que persiguen a los piratas de ahora... así nos cambia la vida...). No insistiremos porque ya hemos escrito sobre dicha guerra con anterioridad en Siglos Curiosos.

En la época estaba por ingresar al negocio un jovenzuelo que venía de una familia bien relacionada con la intelectualidad de la época, ya que dentro de la familia a lo menos extendida habían filósofos y dramaturgos, entre otras luminarias. Pero uno de los hermanos debió haberles salido medio tontorrón (la familia de hecho trató de disuadirle cuando supo de sus intenciones) porque quería dedicarse... al cine. A una forma de arte que al momento de contratar actores, si éstos eran famosos, exigían en sus contratos de manera específica que sus nombres no figuraran ni en los créditos ni en la publicidad, por lo degradante que era salir de las tablas para meterse al estudio (si supieran lo que le iban a pagar a Johnny Depp casi un siglo después por "Piratas del Caribe 4"...). El único problema era el mismo de tantos y tantos jóvenes que buscan trabajo por primera vez: sin experiencia. Sólo que en ese entonces, como se rodaba poco, nadie la tenía, así es que nadie le cerraba puertas en narices.

Gracias a un contacto previo, nuestro jovenzuelo consiguió permiso para visitar un lugar cerca de Bronx Park, en donde los esbirros de Edison estaban rodando. Allí vio como un camarógrafo ponía una cámara apuntando hacia un muro. Luego lo describió así: "El director dijo ACCIÓN. El cámara empezó a darle a la manivela. Salió una chica de detrás de un seto, saltó el muro y echó a correr, mirando de vez en cuando para atrás, aterrorizada porque la perseguía alguien a quien no se veía. Un hombre se encontró con ella, la paró y hablaron, sólo con mímica, naturalmente, pero gesticulando mucho". Nuestro jovenzuelo observador comentó después a sus asociados: "Si es así como hacen las películas, yo creo que después del primer año me conceden un título".

¿El jovenzuelo en cuestión? Un treintañero llamado Cecil B. DeMille, director de algunos de los más famosos epics de todos los tiempos, incluyendo "Sansón y Dalila" de 1949, y sobre todo su monumental "Los diez mandamientos" con Charlton Heston en 1956. El mismo que, en esta última peli (destinada también a ser la última suya, porque a continuación se puso a trabajar en "El bucanero", pero lo pilló la muerte antes), se dio a sí mismo el rol de... la voz de Dios hablando con Moisés en lo alto del Monte Sinaí. Sí, de ése tipo iba esta anécdota de Siglos Curiosos, acerca de que el cine lo rueda cualquiera (y viendo más que algunos zurullos abriéndose paso hacia las salas...).

domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Y qué pasa si mandamos a Roosevelt como Vicepresidente?

Alguien podría decir que en Estados Unidos deberían haber aprendido a poner un poco de cuidado a la hora de nominar Vicepresidentes. Y resulta que no. Ahí va en 2008 John McCain y nomina a Sarah Palin. McCain era viejo (ahora lo es incluso más, créanlo) y existía una cierta posibilidad de que el cucharón le jugara alguna mala pasada, y la Palin terminara sentada en el sillón presidencial. La mujer que no sabía si Africa era un país o un continente, ella misma. Pero si el Presidente aguanta sus cuatro años, el Vicepresidente tiene muy poco trabajo. Lo suyo es hacer un poco de muñeca política, léase ser la mano mora del Presidente, y mantenerse en el juego de la larga espera. A veces resulta: George Bush (el padre) fue Vicepresidente de Ronald Reagan antes de llegar a la Presidencia, con la inestimable ayuda del candidato demócrata Michael Dukakis arruinando escandalosamente su candidatura haciendo el mongo sobre un tanque. En fin.

Toda esta disquisición es para hacernos la idea de lo que estaba pasando en el año 1900, clavado dicho año. El Presidente desde 1897 era el republicano William McKinley. A pesar de ser un Presidente victorioso debido a la paliza que le propinaron a los españoles en la Guerra de Cuba de 1898, las cosas iban difíciles para el Partido Republicano, en parte debido a que se habían descubierto una serie de escándalos políticos relacionados con Nueva York. En eso, emergió el nombre de Theodore Roosevelt, que fue Secretario Asistente de la Marina bajo McKinley, y utilizó su poderosa personalidad para influir sobre el bienintencionado pero débil McKinley de que debían ir a apalear cubanos. Una vez declarada la guerra, Roosevelt renunció a su puesto político con toda alegría y marchó a Cuba, para eso, para patear cubanos y españoles. Y se transformó en héroe de guerra.

Después de la guerra, y destapados los escándalos políticos en Nueva York, Roosevelt parecía un nombre ideal para la Gobernación. Después de todo no era un político, así es que quizás era tonto y débil. Es decir, la clase de sujeto que iba a echarle o dejar que le echaran tierra al asunto, y que siguiera la corrupción republicana. Sólo que el tiro les salió por la culata, porque Roosevelt era un hombre honesto (también era mandón, imperativo, y rígido de entendederas. Pero honesto). Pronto, los mismos republicanos que lo llevaron a la gobernación quisieron sacarlo de ahí. Pero no encontraban como sacarlo de una manera honrosa, o convencerlo para que renunciara. Hasta que se acercó la elección presidencial de 1900, y como McKinley iba a la reelección, ¿por qué no llevarse al héroe de guerra como Vicepresidente...?

Roosevelt no estaba demasiado convencido porque pensaba que la Vicepresidencia iba a ser su tumba política. Y no sin razones debido a la poquísima importancia del Vicepresidente en la política de Estados Unidos: eso era justo lo que los republicanos querían, claro. De una manera u otra, Roosevelt terminó siendo convencido, y de hecho el pateacubanos le dio la inyección de energía a la campaña que los republicanos necesitaban con tanta desesperación. Héroe de guerra en Estados Unidos, ¿recuerdan? La dupleta McKinley-Roosevelt ganó, y los republicanos respiraron aliviados: el débil McKinley seguía a cargo, y Roosevelt estaba inutilizado y fuera de juego. Nada podía salir mal, ¿verdad? ¿¿¿VERDAD...??? El calendario avanzó a septiembre de 1901, y ¡BANG-BANG!, Presidente muerto, a manos de un anarquista. Theodore Roosevelt juró como Presidente de Estados Unidos el 14 de Septiembre. La cara de OH-CRAP de los republicanos debió haber sido épica, en particular cuando Roosevelt se lanzó a una cruzada contra los monopolios. En general, pese a su carácter iracundo, no fue un mal Presidente: hizo gestos a los negros, inició la política de conservación de parques nacionales, protegió a los consumidores del mercado de la carne a lo menos, y en general fue un progresista. Aparte de los oligarcas, los únicos que sufrieron con Roosevelt fueron... todo el resto del mundo, en particular Latinoamérica (Roosevelt fue el de la política del Gran Garrote, por más señas, como bien lo supo Colombia cuando Roosevelt financió la independencia de Panamá). Aunque el Comité Noruego del Nobel pensó diferente cuando galardonó a Roosevelt con... el Premio Nobel de la Paz.

jueves, 22 de noviembre de 2012

¡Prohibido plagiar a Superman!


Decir que Superman es el primero y más icónico de los superhéroes, es una obviedad. Fue creado en 1938 por Jerry Siegel y Joe Shuster, y "vuelto a crear" desde entonces un sinfín de veces... O plagiado, mejor dicho, eso quisieran hacernos entender los abogados de DC Comics, empresa editorial que es la titular del copyright sobre el personaje. Ahora bien, el pack de superpoderes de Superman es tan canónico, que cuesta un montón diseñar otro superhéroe que no tenga a lo menos unos pocos atributos de éste, por lo que la posibilidad de escribir una historia de superhéroes y terminar demandado por plagio no es exactamente remota. Que los abogados de DC Comics han justificado su sueldo, para que nos entendamos.

La primera víctima fue Wonder Man. Este fue creado por Will Eisner, que después se haría de fama gracias a The Spirit (sí, ESE "The Spirit"). Wonder Man apareció en la revista "Wonder Comics" en 1939. Bastó un solo número, y ya los tiburones estaban litigando. El caso, llamado "Detective Comics, Inc. v. Bruns Publications, Inc.", fue fallado en 1940. Hablamos de un personaje que tiene gran fuerza y velocidad, que se saca la ropa para revelar su uniforme, que es el "campeón de los oprimidos", capaz de detener balas con su cuerpo, capaz de saltar de edificio a edificio (en una época en donde Superman todavía no volaba), o de romper una puerta de acero de un solo golpe, o ser el hombre más poderoso del mundo... y que no es Superman, es Wonder Man. La defensa argumentó que estaban siguiendo a los héroes de la literatura y la mitología, pero la judicatura no se lo compró: el paquete podía parecerse a Hércules, pero también olía a Superman, y no hubo más publicaciones de Wonder Man por orden judicial. Fue el primer juicio por derechos de autor en materia de cómics. Vendrían más.

Después siguió el más sonado y uno de los más largos, el infame "National Comics Publications v. Fawcett Publications", mejor conocido como... el caso del Capitán Marvel. El Capitán Marvel era un niño que al gritar la palabra mágica "SHAZAM!" se convertía en el Capitán Marvel, que incluía... vamos, sé que se la saben, díganlo conmigo... superfuerza, supervelocidad, invulnerabilidad, mallas ajustadas... además de un archienemigo que es un científico loco y calvo... El problema es que la franquicia era la más redituable de Fawcett Publications, incluyendo a una entera familia Marvel, figúrense (fue la primera superfamilia de los cómics), por lo que la pelea fue con uñas y dientes (basándose en que el alter ego no era un adulto sino un niño, y que la fuente de superpoderes era mágica y no científica). El juicio se alargó aún más cuando se descubrió que bajo la antigua ley de copyright en Estados Unidos, los derechos por ciertas tiras de Superman para los periódicos no habían sido renovados... Al final, después de doce años de batalla, en 1951 se alcanzó un acuerdo extrajudicial, y Fawcett Publications dejó de publicar al Capitán Marvel, en parte debido a que en la época el boom de los superhéroes estaba a la baja, y ya no era rentable seguir peleando por él. Irónicamente, Fawcett Publications fue comprado después por sus antiguos rivales de litigio... quienes pudieron usar al Capitán Marvel, pero ya no publicar una revista de ese título, que entretanto había sido pasada por copyright por Marvel Comics... Pero al menos, el Capitán Marvel y Superman pudieron vivir aventuras juntos en paz y armonía. Aún más irónico, casi sarcástico, cuando Superman fue asesinado por Doomsday en el famoso evento de la muerte de Superman en 1992, uno de los que portaron su féretro fue precisamente el Capitán Marvel... Me pregunto si alguno de los guionistas habrá reparado en la metalectura respectiva. Digo yo.

Y dejamos para casi el final la ida de olla definitiva de DC Comics. En 1981 se estrenó la comedia "El gran héroe americano". Por si no la recuerdan o eran demasiado jóvenes: la serie en que a un profesor pringao, unos extraterrestres le regalaban un traje que le daba superpoderes, sólo para que el tipejo perdiera el manual de instrucciones (un dato para la trivia, el prota William Katt había aparecido media década antes como el galán que invitaba a la prota en la peli "Carrie"...). Volviendo a lo nuestro, los abogados de DC Comics batieron un récord de velocidad que ni los de Alyssa Milano, fíjense: ya estaban preparando la demanda cuando salió la promoción publicitaria en televisión. No importaba que fuera una comedia, no importaba que fuera una parodia. La justicia, por una vez y sin que sirva de precedente, obró con sensatez. Dijo lo obvio, que el parecido no sólo debe ser a nivel de ideas, sino también el tratamiento de las mismas, y que aunque el copyright funciona como estímulo a la creatividad concediéndole al autor la posibilidad de lucrarse con su obra, esto no significa cerrarle la creatividad a otros que puedan usar los mismos temas de maneras diferentes a la original.

Decíamos para "casi el final" porque el verdadero y triste final de este posteo... es que Jerry Siegel y Joe Shuster litigaron durante años contra DC Comics (bueno, contra el nombre que tuviera la editorial según el tiempo) para que ésta compartiera los beneficios de la franquicia de Superman con ellos como creadores. Pero la venta de los derechos había sido hecha sin condiciones, y por lo tanto, Siegel y Shuster no vieron un solo centavo durante años. Hasta que en los tiempos de la peli de "Superman", a punta de campaña negativa contra la editorial, ella se congració con los creadores y les ofreció una pensión vitalicia más beneficios médicos. Dicho de otra manera, durante años los abogados de DC Comics demandaron cuanta cosa oliera a plagio de Superman para seguir lucrándose con el personaje, mientras por otra parte no hicieron nada por ayudar económicamente a los creadores del mismo. No es que no sea legal, por supuesto, pero es otra muestrita de las fronteras siempre difusas entre el arte y el negocio...

jueves, 2 de agosto de 2012

La asombrosa tribulación final de Giles Corey.


Salem, 1692. Apuesto a que ya saben de qué hablo, ¿no? Me refiero por supuesto a la célebre histeria colectiva que hizo devenir una caza de brujas en un brutal baño de sangre judicial. Arthur Miller se hizo sus pinitos escribiendo una obra teatral al respecto, y Winona Ryder se lució en una adaptación de la misma interpretando a una viborilla sociópata que arrastra a un pueblo entero junto con su condenación. Pero volvamos a Salem en 1692. Giles Corey y su esposa Martha, los protas de nuestra historia, no estaban inicialmente metidos en el lío, pero Martha Corey no era una mujer simpática para el pueblo, entre otras cosas por haber dado a luz a un hijo ilegítimo. Además, para colmo, Martha Corey fue extraordinariamente vocal en su repudio contra el procedimiento por brujería, poniendo en evidencia tanto a los jueces como a la histeria colectiva. Y ya se sabe cómo la gente fundamentalista se toma las cosas cuando se cuestiona su convicción íntima de que son lindas personas y Dios aprueba todo lo que están haciendo. Martha Corey terminó sometida a proceso.

Por alguna razón que ignoramos, Giles Corey hizo una deposición en la que incriminaba a Martha Corey, algo que pudo ser producto de un malentendido si consideramos que se trataba de un hombre ya octogenario. Dándose cuenta de su error, intentó retractarse, pero no se lo permitieron: una orden de arresto fue emitida en contra suya, y terminó implicado como otro de los sujetos sometidos a proceso. Una vez arrestado se le preguntó conforme a la ley, cómo es que se declaraba, si culpable o inocente. Pero Giles Corey se negó a lo uno o lo otro.

Una situación de esta naturaleza creaba un problema, ya que legalmente no se podía iniciar un proceso judicial contra alguien que no se declaraba culpable o inocente. El remedio para ello era una viejísima institución llamada "peine forte e dure" ("pena fuerte y dura"), cuyo nombre denuncia su origen medieval francés. La persona a la que debía arrancársele una declaración de inocencia o culpabilidad, era desnudada y tendida en el suelo boca arriba, poniéndosele después una plancha de madera con rocas encima. Después de unos cuantos kilos de escoria, era altamente probable que el tipo terminara declarándose lo uno o lo otro, abriendo camino para la vía judicial. Podemos imaginar el sufrimiento por el que pasó el octogenario a medida que las rocas se iban apilando, y él se negaba a dar una definición. Pasaron nada menos que dos días en los cuales sólo gritaba: "¡Más peso!". Finalmente, el 19 de Septiembre de 1692, terminó por fallecer asfixiado. Es la única persona en la historia judicial de Estados Unidos que ha terminado falleciendo luego de ser sometida a la tortura de aplastamiento hasta la muerte. Algo después, su esposa Martha fue una de las ejecutadas bajo condena de brujería.

La clave del misterio parece estar en el estatus legal de Corey frente a su propio proceso. Si se declaraba culpable de brujería, técnicamente dejaba de ser cristiano, y por lo tanto sus bienes podían ser confiscados. Por el contrario, si se declaraba inocente, era muy posible que terminara siendo condenado igual, debido a que para cualquiera que tuviera ojos para ver, los procesos estaban flagrantemente amañados. No en balde, así como en otras cacerías de brujas literales o metafóricas, muchas veces entre los culpables caían inocentes que eran denunciados por gentes envidiosas o simplemente ávidas de apoderarse de sus bienes. La única posibilidad de terminar libre de condena era no declarándose ni inocente ni culpable, y de ahí su homérica resistencia hasta las últimas consecuencias del suplicio. Su recompensa: el hecho de que sus bienes salvados de la confiscación terminarían pasando a manos de sus hijos como herederos suyos.

domingo, 29 de julio de 2012

La venganza marcha en bulldozer.


Esta es quizás una de las más exóticas historias de venganza que nos toque publicar en Siglos Curiosos. Porque es una venganza servida en... un bulldozer. El individuo en cuestión es Marvin Heemeyer, cuyo negocio era la reparación de automóviles, en particular de silenciadores. Para estos efectos, cuando había alcanzado la cuarentena (de edad, no de automóviles, valga la aclaración) compró un terreno de unos 8.000 metros cuadrados para su negocio. Hablamos del año 1992, en Granby en el estado de Colorado en Estados Unidos, en concreto. Y concreto es lo que se le vino encima, porque en efecto una planta de lotes de concreto se interesó por el terreno. Marvin Heemeyer estuvo dispuesto a vender primero por 250.000 dólares, pero luego subió la suma a 375.000, y finalmente a un millón. De pronto y de manera bastante rápida, el territorio fue recalificado, y la planta pudo instalarse en un territorio adyacente, privando a Marvin Heemeyer de la entrada a su negocio. Para colmo, Heemeyer se llevó una multa porque la planta no le dejó salida para su alcantarillado. Después de todo esto, Heemeyer cerró su negocio, y abrió... su venganza.

La venganza en este caso se llama "bulldozer". En un trabajo digno de "Los magníficos" o "MacGyver", Heemeyer se adjudicó un bulldozer en una subasta y comenzó a reacondicionarlo de manera artesanal, utilizando toda su pericia para convertirlo en un potente vehículo blindado con 12 pulgadas de acero. Incluyendo cámaras de televisión para tener visión exterior, y dos mirillas por las cuales podía disparar sendos fusiles. El resultado, un testigo lo describió así: "lucía como un tanque futurista". El blindaje estaba específicamente diseñado para que el armamento que la policía disparara no pudiera hacerle mella ni al vehículo ni, lógicamente, a su conductor. Que sería el propio Heemeyer, lanzándose a sí mismo en contra de todos los blancos directa o indirectamente vinculados con lo que él percibía su tragedia personal.

El 4 de Junio de 2004 vino el día de la venganza: Heemeyer lanzó su vehículo a la calle (sin preocuparse de abrir un acceso para el mismo: rompió su propia pared), y comenzó a demoler lenta y metódicamente todos los edificios que, según él, de una manera u otra estaban conectados con su desgracia personal. Con los fusiles, disparó contra tanques de propano en las propiedades objetivo de su ira rampante, incrementando por supuesto los daños. Cayeron el edificio de la alcaldía, la planta de concreto, la oficina de un periódico que había escrito editoriales en su contra, etcétera. En total, ocho edificios fueron demolidos y cinco quedaron con graves daños. Su ira se extendió incluso contra la casa de la viuda de un alcalde anterior que había estado vinculado al litigio... a pesar de que dicho alcalde, como podrá deducirse de que usáramos la palabra "viuda", llevaba tres años de fallecido. Parece ser, en todo caso, que Heemeyer se preocupó de que los edificios estuvieran desocupados o al menos no hubiera víctimas: de hecho no hubo, aunque claro, si uno está lanzando un bulldozer contra un edificio, uno debería tener claridad que por muchas buenas intenciones que se ponga, el riesgo es bastante elevado. Todo terminó cuando el vehículo se averió, y la policía por fin después de doce horas pudo abrir el bulldozer, sólo para encontrarse con que Heemeyer se había pegado un tiro con su propia arma. En cuanto al bulldozer mismo, ahora apodado "killdozer" aunque el único muerto fue el propio Heemeyer, el vehículo fue desmantelado y sus restos dispersados, para evitar que algún lunático los conservara como souvenir. ¿El resultado final? Pérdidas por SIETE MILLONES DE DÓLARES.

Algún tiempo después salieron a la luz algunas cintas en donde Heemeyer hacía algunas interesantes confesiones. En ellas, veía el hecho de que nadie hubiera pujado más que él para hacerse con el bulldozer en un remate, como un signo de que Dios estaba pavimentando su camino hacia la venganza. Sentía que Dios mismo estaba construyendo el blindaje del bulldozer a través de sus manos, y era parte de su destino el ser soltero y sin hijos para no tener ataduras sentimentales que le impidieran darle un castigo a la gente "malvada" en su camino. Añade: "Esta es la manera en que se supone que sea. Dios me bendijo por adelantado por la labor que estoy a punto de ejecutar. Es mi deber. Dios me ha pedido hacer esto. Es una cruz que voy a cargar y la estoy cargando en el nombre de Dios". Y culmina: "Por la ira, por la maldad, por el odio de ustedes, es que no funcionan conmigo. Voy a sacrificar mi vida, mi miserable futuro que ustedes me dieron, para mostrarles que lo que ustedes hicieron está mal"...

jueves, 19 de julio de 2012

Propuesta de matrimonio teatral.


En el mundo del espectáculo de Estados Unidos, que un matrimonio dure 28 años es una rareza. Si se le suma que no se termine por divorcio sino que en efecto ambos estén juntos hasta que la muerte los separe, es aún más extraordinario. Pero esto fue lo que sucedió con el dramaturgo Charles MacArthur, y la actriz Helen Hayes. Era a finales de los locos '20s, ambos se habían conocido, los amigos se estaban interponiendo para tratar de mangonear lo que le convenía mejor a cada uno de ellos mejor que ellos mismos... Y entre medio, ambos luchaban por alcanzar el éxito profesional, claro está, que después de todo esta historia transcurre en... ¡¡¡AMÉRICA!!!

El caso es que la Hayes alcanzó un notable triunfo en una obra teatral llamada "Coquette", en 1928. En aquellos años no se suponía que un hombre viviera opacado por el éxito de su mujer, de manera que él se resolvió a que no habría matrimonio hasta obtener un éxito semejante. En el mismo año, él estrenó una obra teatral llamada "Primera plana", escrita en colaboración con Ben Hecht. Le cedemos la palabra a la atribulada entonces todavía señorita Hayes, a quien el matrimonio se le iba en esa comedia: "Acudí a la función en un estado de terrible tensión nerviosa y me acomodé a solas en la galería, cerca de una puerta de seguridad. Quería estar en condiciones de salir rápidamente al final de cada acto, para cambiar impresiones con Charlie y Ben, quienes habían optado por pasarse la función sentados en la escalera exterior contra incendios".

El caso es que la comedia fue un rotundo éxito. Helen Hayes recuerda que incluso Charles Chaplin se partía en dos de la risa. Histérica, ella fue a comunicarle las nuevas a los dos dramaturgos. El la hizo callar abrazándola y hundiéndole la cabeza en su propio pecho. Luego de lo cual, el macho viril le dijo a la hembra expectante:

-- Helen, ¿quieres casarte conmigo?

Y la hembra expectante, con una actitud muy siglo XX, le respondió...

-- Me quitaste las palabras de la boca.

Digamos para rematar, que el matrimonio fue bastante feliz, y duró hasta que él falleció en 1956, a los 60 años. El dramaturgo inseguro de su carrera después no tuvo mucho de qué preocuparse: además de varias obras teatrales, escribió los guiones de varias pelis de éxito, incluyendo "Gunga Din" y "Cumbres borrascosas", e incluso con su compinche Ben Hecht se llevó un bonito Premio Oscar compartido por el guión de "The Scoundrel" en 1936. Y por si les suena la obra teatral "Primera plana"... Se hicieron varias versiones y remakes para el cine, la más famosa de las cuales probablemente sea la "Primera plana" con Jack Lemmon y Walter Matthau de 1974.

domingo, 15 de julio de 2012

Los nombres de los cinco boroughs de Nueva York.


Ya hemos dedicado algún que otro posteo a Nueva York en Siglos Curiosos, con más relevancia aquel en que mencionamos que Nueva York no es la capital de Nueva York. Uno de los puntos de interés de Nueva York, en lo que al pasado histórico se refiere, es el origen de los nombres de sus boroughs. Debido a la evolución histórica de Nueva York, y su hambruna metropolitana en tragarse pueblos y localidades cercanas, la ciudad entera fue sometida a una reorganización administrativa en 1898: cinco condados fueron subsumidos dentro de la autoridad municipal de Nueva York, y los boroughs respectivos a los que hacemos mención adquirieron una función que podríamos llamar de distrito municipal, un tipo de organización que es propio y exclusivo de Nueva York, debido a las peculiares características de geografía social y política de la ciudad. Dicho sea de paso, la palabra "borough" tiene un origen similar a la palabra castellana "burgo", y se relaciona con un antiguo término germánico que puede traducirse como "pueblo fortificado". Lo interesante del origen del nombre de los cinco boroughs de Nueva York, es que a través de ellos se delata el origen holandés de la ciudad, ya que en 1626 fue fundada como Nueva Amsterdam, y recién en 1664 fue conq... er... adquirida por los británicos, que la rebautizaron con su nombre actual. Y ahora sí, por orden alfabético...

-- BRONX. Deriva su nombre del holandés Jonas Bronck, quien en 1639 fundó el asentamiento de dicho nombre más al norte de Manhattan (sí, en esa época el Bronx era un poblacho independiente del resto de Nueva Amsterdam).

-- BROOKLYN: Como el caso anterior, es una corrupción de su antiguo nombre holandés, que es Breuckelen. A su vez, este nombre holandés deriva de Breukelen en Holanda, que en la actualidad no tiene ni el reflejo de la fama de su descendiente de nombre, pero que en el siglo XVII eran los extrarradios semirrurales en donde los potentados comerciantes holandeses construían sus mansiones.

-- MANHATTAN. Vendría de la trasliteración al holandés de la palabra "manna-hata", que en el idioma lenape significaría "isla de muchas colinas". Bueno, por algo Manhattan es el borough de la isla de Manhattan. Sigamos con las conexiones: los indios lenape son también conocidos como indios delaware, los que le dieron nombre por supuesto al actual estado de Delaware (que es un estado distinto al estado de Nueva York, claro).

-- QUEENS. Existe poca claridad sobre el origen del nombre, aunque para romper un poco la costumbre, éste sí tiene raigambre inglesa. Se supone que habría sido bautizado con este nombre en homenaje a Catalina de Braganza, que era reina de Inglaterra en 1683, cuando se creó el condado de Queens.

-- STATEN ISLAND. El único borough de Nueva York que ocupa una isla entera para sí vuelve a la costumbre de los antecedentes holandeses. En este caso, el nombre deriva de Staaten Eylandt ("Isla de los Estados", literalmente), en homenaje a los Estados Generales, el Parlamento de Holanda que existía y existe hasta el día de hoy.

domingo, 29 de abril de 2012

La novela que predijo el hundimiento del Titanic.


La anécdota de este posteo es bastante conocida, y por lo mismo no me había tomado en serio la idea de incluirla aquí en Siglos Curiosos. Pero sin embargo hace poco un lector me la recordó y preguntó si podría hablar del tema, de manera que heme aquí, trayendo en vivo y en directo para ustedes... el hundimiento del trasatlántico de lujo Titán. No el hundimiento del trasatlántico de lujo Titanic, sino el hundimiento del Titán, así escrito. Porque este Titán existió, aunque sólo como producto de la imaginación del escritor Morgan Robertson. El cual escribió una novela corta sobre el mismo. Sólo que no estaba aludiendo al hundimiento del Titanic porque el Titanic ni siquiera se había diseñado, menos construido y botado al mar. Por el contrario, la novela corta "Futilidad o el naufragio del Titán" data de 1898... catorce años antes del fatídico hundimiento (aunque republicada en 1912 con un par de detalles cambiados, aprovechando adivinen qué suceso noticioso de aquel año). Esta es la increíble historia de la novela que predijo el desastre del Titanic en varios detalles significativos... y en otros no tanto.

La novela se abre con una descripción de la nave, en la que estuvo envuelto "cada ciencia, profesión y comercio conocido por la civilización". Sus oficiales habían pasado rígidos exámenes sobre "vientos, mareas, corrientes y geografía del mar; no eran sólo marinos, sino científicos". En este punto, como que el escritor le pone un poco mucho, pero sigamos. En el capítulo 2 nos presentan al protagonista no naviero sino humano, que es un tal John Rowland, y que tiene un prontuario de lo peor, ya que no sólo es alcohólico y de carácter demoníaco, sino que además, horror de horrores... ¡es ateo! (no se preocupen, encontrará cómo curarse del alcoholismo y el ateísmo por el camino). De pronto, el Titán va a estrellarse con un iceberg que lo impacta por el costado, y la nave queda condenada al hundimiento. A través de la tragedia, Rowland tendrá la ocasión de probarse a sí mismo, redimirse, etcétera, lo de siempre, vamos. Y para que el camino a la redención sea más entretenido, aprende James Cameron, el protagonista tiene primero que saltar al iceberg, y luego luchar por su vida contra un enorme y fiero oso polar (no me pregunten, la novela venía así). Y después luchar contra una bestia peor, que es la sociedad que lo ha ostracizado por ser bebedor, etcétera. No se preocupen, al final todo termina bien.

El capítulo 1 es el que contiene la descripción de las características técnicas del Titán, y resulta asombroso el parecido con el Titanic, más aún si se piensa que en la época de escribirse la novela, los trasatlánticos de clase Olympic aún no existían ni siquiera en la mesa de dibujos, ya que el primero fue botado en 1910 (se lanzaron tres: el Olympic, el Titanic, y el tercero de nombre algo más humilde en vista de lo sucedido con el anterior, el Britannic). El Titán tenía 800 pies de largo, 82 menos que el Titanic. El Titán tenía 19 compartimentos herméticos, y el Titanic 16, y en ambos, éstos eran la clave de que la nave se considerara insumergible. Los adjetivos para definir al Titán eran insumergible, y la más grande creación humana, los que también se le aplicaron al Titanic. En ambos casos el número de botes salvavidas era inferior al necesario para todas las almas a bordo, 24 en el Titán ("cargaba tan pocos botes como bastara para satisfacer la ley", escribe Robertson, con su estilo encantadoramente pretencioso) y 20 en el Titanic. Además, ambos tenían tres hélices. En cuanto al impacto contra un iceberg, en ambos casos fue poco antes de la medianoche, en ambos casos el iceberg golpeó el costado de la nave, y la velocidad de impacto era parecida, de 25 nudos para el Titán y 22,5 para el Titanic, yendo ambos a toda marcha (se dice del Titán que en su viaje inaugural batió todos los récords de velocidad).

Con todo, como la mayor parte de la información se centra en los parecidos razonables, veamos un poco las diferencias. El Titán se menciona explícitamente que va en su tercer viaje, mientras que el Titanic estaba en su crucero inaugural. El impacto contra el iceberg, que en el Titanic fue tan suave que el grueso de los pasajeros ni siquiera alcanzaron a sentirlo, los del Titán sí que lo sufrieron con gritos e histeria. Y una diferencia trivial en lo que al drama narrativo mismo se refiere, pero que es una exacta inversión en ambos casos: el Titanic viajaba desde Inglaterra hacia Estados Unidos (Southampton a Nueva York, con escala previa en Cherburgo), mientras que el Titán lo hacía en dirección opuesta, desde Estados Unidos hacia Inglaterra (Nueva York a Liverpool).

domingo, 11 de marzo de 2012

Asesinando con gérmenes.


Una de las principales preocupaciones del común de los asesinos que recurren al envenenamiento como método para deshacerse de sus víctimas, es conseguir que todo parezca natural. De esta manera, el asesinato no sería descubierto simplemente porque todo parecería un ataque al corazón, o una enfermedad cualquiera. Existen montones de casos de reyes o personas poderosas que han muerto de males que han sembrado la duda en los historiadores posteriores: ¿envenenamiento o enfermedad? Un envenenador lo suficientemente listo podría incluso no dejar rastros de su crimen para la posteridad. Y quizás, la mejor manera de envenenar a una persona de manera que la muerte parezca una enfermedad natural es... envenenarla precisamente con los gérmenes que producen dicha enfermedad natural.

Eso debió haber pensado Arthur Warren Waite cuando decidió deshacerse de sus suegros, John E. Peck y señora. Este era un dentista de Nueva York, y podía tener acceso a materiales como ése. El móvil era aparentemente el dinero, que los suegros en cuestión tenían en cantidad; no en balde, el señor Peck era farmacéutico. Warren Waite echó a andar la guadaña con su suegra, metiéndole gérmenes de la gripe mezclados con difteria dentro de la comida. La pobre mujer falleció en enero de 1916. La mitad del trabajo estaba lista.

Luego, Warren Waite introdujo gérmenes de la tuberculosis en el inhalador nasal de John E. Peck. El hombre resultó ser más resistente que su señora, pero finalmente falleció el 12 de Marzo del mismo año. De inmediato le practicaron al cadáver una autopsia, y como parte del procedimiento estándar, le hicieron pruebas para el envenenamiento por arsénico. El test resultó positivo.

Cuando fueron hasta la consulta odontológica de Arthur Warren Waite, encontraron varios libros con farmacología, en donde se habían marcado varias referencias al funcionamiento del arsénico en el organismo, y su reacción con otros compuestos químicos. El ahora sospechoso fue recogido medio inconsciente y diciendo incoherencias, debido a un infructuoso intento de matarse por sobredosis, al entrar en pánico. Al final el propio Arthur Warren Waite confesó que había tratado de ayudar a sus amigos los bacilos de Koch para rematar al viejo, envenenándolo con el viejo y convencional arsénico. Por no armarse de paciencia y por no confiar en sus amigas las bacterias, Arthur Warren Waite terminó achicharrado en la silla eléctrica, el 24 de Mayo de 1917.

jueves, 3 de noviembre de 2011

No cree tener un alma.


Esta anécdota es de ésas que no he podido cotejar a ciencia cierta, pero la respuesta me pareció demasiado buena para dejarla escapar (si alguien puede confirmármela o refutármela, se agradecería). El involucrado en ella es Francis Wayland, que era a un tiempo educador universitario, pastor bautista y ensayista filosófico. El caso es que Francis Wayland daba clases y era rector de la Universidad de Brown, cargo este último en el cual estuvo entre 1827 y 1855.

Va un estudiante de filosofía, probablemente uno de esos horribles materialistas...

-- Doctor, no creo tener un alma.

-- Quizás no, muchacho. Usted lo sabrá mejor que nadie. Yo sí la tengo... Buenas tardes, señor mío.

Mencioné que el doctor Wayland era bautista, ¿cierto...?

jueves, 18 de agosto de 2011

La triste matanza de Charles Whitman.

Este será uno de esos posteos tristes que de tarde en tarde tenemos el deber de incluir en Siglos Curiosos. Porque no todas las historias curiosas son alegres y festivas. Esta en realidad se relaciona con una cruel matanza que ocurrió en 1966. La historia principia con Charles Whitman, un ex marine que al momento de los eventos tenía 25 años, estudiaba Ingeniería Mecánica en la Universidad de Texas, y se había dirigido hacia la ingeniería arquitectónica. Su vida personal y su servicio profesional eran intachables, aunque se habían reportado algunos incidentes que lo habían llevado a abandonar tanto a los marines (de manera honrosa, eso sí), como su carrera como ingeniero mecánico.

De pronto, sin ninguna señal previa, el 1 de agosto de 1966 se subió al último piso de la torre de la Universidad de Texas. Mató al recepcionista con la culata de su rifle. Dos familias que intentaron subir por las escaleras, recibieron disparos a bocajarro. Luego, empezó a disparar hacia la gente abajo, parece ser que sin seleccionar realmente a sus blancos. La primera víctima fue una mujer embarazada, luego cayó su novio cuando trató de ayudarla, luego peatones y el conductor de una ambulancia... A la policía no le quedó más remedio que contestar el fuego con fuego, y abatirlo. El oficial que lo liquidó fue llevado a juicio, por supuesto, pero el veredicto fue de homicidio justificado, y no hubo otras consecuencias. Quedaban atrás 13 muertos y 32 heridos.

Inmediatamente después de sucedido el incidente, la policía llegó hasta la casa de Whitman. La cosa se volvió aún más macabra: se descubrió que a primeras horas del mismo día del tiroteo, Whitman había asesinado a su madre, además de acuchillar a su propia esposa. Además encontraron una nota suicida, en la que Whitman había escrito: "Realmente no me entiendo por estos días. Se supone que soy un joven medianamente razonable e inteligente. Sin embargo, últimamente he sido víctima de pensamientos extraños e irracionales". Terminaba pidiendo que se le hiciera una autopsia para determinar si algo andaba mal con su cerebro.

Y la autopsia fue efectivamente hecha, sacando a la luz el último giro macabro de la historia. Resulta que se descubrió un tumor del tamaño de una moneda, un glioblastoma, creciendo debajo del tálamo, prácticamente en el centro mismo de la cabeza, y aplastando un órgano llamado amígdala. Los científicos sabían desde los '30s, gracias a la investigación de Heinrich Klüver y Paul Bucy, que la amígdala es un órgano capital en el manejo de las emociones, y por lo tanto el daño contra la misma ocasiona fuertes perturbaciones emocionales y sociales. Los glioblastomas por añadidura son muy rebeldes, y por lo tanto el tratamiento de los mismos es de enorme dificultad, si es que realmente existe alguna posibilidad. Se supone que todos estos factores médicos ayudaron a desencadenar los problemas de Whitman, incluyendo su mayúsculo final: una cruel broma de la naturaleza se había encargado de arruinarle la vida, e indirectamente de promover una masacre entre un montón de gente que tuvo la desgracia de estar a la hora y en el lugar equivocados.

domingo, 3 de julio de 2011

El triste destino de los túmulos de Cahokia.


Hace casi media década atrás, cuando Siglos Curiosos era todavía un blog joven y lleno de vida (bueno, diré lo mismo de Siglos Curiosos ahora cuando sea su medio siglo, si es que sobrevive hasta el año 2056...), publicamos un breve posteo acerca de Cahokia, la misteriosa ciudad prehispánica de Estados Unidos. Pero ahora es tiempo de hablar de uno de los elementos más característicos de su cultura: los túmulos. Nadie tiene mucha idea de qué eran: parece que algunos eran utilizados como plataformas ceremoniales, y otros para inhumar a sus muertos. Como de costumbre, cuando se carece de registros escritos, los arqueólogos deben sentarse a reunir sus escasas evidencias y especular.

Los famosos túmulos en cuestión ingresaron a la historia de la Arqueología en 1811, con las exploraciones de Henry Brackenridge: recordemos que, en esos años, la mayor parte de lo que en la actualidad es el territorio de Estados Unidos, eran vastedades sin explorar y sin reclamar por ninguna potencia occidental. Irónicamente, ya en el siglo XVIII se había instalado un monasterio francés en uno de los túmulos: el que en la actualidad es conocido precisamente como el Túmulo de los Monjes. Volviendo a 1811, Brackenridge se quedó anonadado con la enorme cantidad de túmulos que encontró, y le escribió a Thomas Jefferson (prócer de la independencia y en ese entonces ex Presidente de Estados Unidos) acerca de su hallazgo. Pero nadie hizo demasiado caso. Los estadounidenses en esa época, así como los occidentales en general, se sentían muy cómodos considerándose la punta de lanza de la civilización por sobre esos brutos salvajes no occidentalizados, no sólo por un caso grave de autoestima, sino también porque eso daba pretexto para repartir las tierras indígenas y enviar colonos a masacrar pieles rojas. En 1830, el Presidente Andrew Jackson firmó una ley por la cual todos los indígenas debían ser asentados al occidente del río Mississipi, en atención a que eran brutos salvajes que estorbaban a la civilización: si se probaba que los condenados túmulos habían sido fabricados por esos brutos salvajes, entonces quizás hubiera que reconsiderar esta calificación y tal vez no podrían instalarse buenos colonos cristianos en esas tierras paganas abandonadas de Dios. Las universidades, fieles al dogma de que nada bueno puede salir de la cultura de los nativos de Estados Unidos, destacaron a sus arqueólogos en donde de verdad existieron civilizaciones antiguas, o sea, el mundo grecorromano (del cual Estados Unidos se sentía sucesor, porque no en balde, se sentían perfeccionando la democracia inventada en Grecia y Roma).

Y así comenzó uno de los grandes crímenes en la historia de la Arqueología: la demolición de los túmulos. Después de todo, eran montoncitos de tierra bien apilada, y por qué no aprovecharlos, ¿eh? El Gran Túmulo alcanzaba nueve metros de altura, y fue demolido para ser utilizado como tierra de relleno en la construcción de un ferrocarril cerca de San Luis, en 1869. En 1931, los agricultures de rúcula se llevaron otro para obtener material de relleno. El sitio mismo en donde estuvo Cahokia contempló de todo, desde un salón de apuestas hasta un aeródromo e incluso un autocinema porno.

Las cosas cambiaron en la década de 1950. En ese tiempo el Presidente Dwight Eisenhower llevó a cabo su gigantesco proyecto para llenar Estados Unidos de autopistas interestatales. Pero dicho programa contemplaba además una serie de disposiciones que favorecían la actividad arqueológica, allí donde se descubrieran restos. Y como dos de las autopistas (la I-55 y la 70) cruzan justo donde hace cientos de años estuvo la plaza de Cahokia, hubo que investigar. Terminó entonces la masacre de túmulos, sobreviviendo sólo uno completamente intacto: el Túmulo 72, en donde se hicieron importantísimos hallazgos funerarios. Por cierto, el Túmulo de los Monjes (algo al norte del Túmulo 72) es considerada la estructura más grande de toda la arquitectura precolombina: es prácticamente igual de grande que la Gran Pirámide de Keops, y su circunferencia de base es más grande que la Pirámide del Sol en Teotihuacán.

jueves, 19 de mayo de 2011

¡Nobel de la Paz para el Presidente de Estados Unidos!


En el año 2009, la polémica quedó servida cuando el Parlamento de Noruega (en realidad, el comité de cinco personas elegido por este órgano) le otorgó el Premio Nobel de la Paz a Barack Obama. Se argumentó que en ese tiempo, Obama no había completado ni siquiera su primer año de presidencia, y que por lo tanto era prematuro juzgar si de verdad su mandato iba a ser un aporte para la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de armas, o la promoción de congresos de paz (los tres rubros en que se debe hacer méritos para galardonarse con el Nobel de la Paz). El ataque contra Osama bin Laden el 1 de Mayo de 2011 reactivó la polémica. Pero interesantemente, Barack Obama no es el primer Presidente de Estados Unidos galardonado con el Premio Nobel mientras está en ejercicio, sino el tercero. Y los otros dos no están exentos de polémica. En Siglos Curiosos, aprovechamos de desenterrar el historial de esos otros dos Presidentes.

El segundo de ellos es Woodrow Wilson (Presidente por dos períodos, 1913-1921). El mismo a quien el afamado economista John Maynard Keynes, quien tuvo ocasión de tratar con él en las negociaciones que condujeron al Tratado de Versalles de 1919, llamó un "ciego y sordo Don Quijote". Los famosos 14 puntos de Wilson resultaron de una ingenuidad alarmante: fin de la diplomacia secreta (seriously!), libertad de los mares en paz y guerra, reducción de armamentos, ajustes de intereses coloniales a sus habitantes (seriously again...), la Liga de las Naciones... en realidad sólo este último punto (el número 14 del listado, justamente) consiguió salvarse. Wilson fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1920, por haber fundado la Liga de las Naciones. Falleció en 1924, sin haberse llegado a enterar por tanto del enorme fracaso que sería la Liga de las Naciones, que nació paralítica, creció raquítica, y murió sin que nadie la echara de menos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y el primero de ellos fue Theodore Roosevelt (Presidente por dos períodos, 1901-1909, el primero de ellos en reemplazo del asesinado William McKinley). Fue galardonado por "su exitosa mediación para terminar la Guerra Ruso-Japonesa y por su interés en el arbitraje, habiendo proveído al Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya con su primer caso". Parece remarcable, es cierto, pero por el otro lado, antes de ser Presidente, el cowboy Roosevelt se hizo famoso como militar en la Batalla de las Lomas de San Juan (Cuba, 1898), considerada como uno de los mayores bochornos de la historia militar de Estados Unidos: los yankis ganaron sólo porque los hispanocubanos pelearon peor... y porque Roosevelt lanzó una carga tan inspirada como poco estratégica en un momento decisivo, que tuvo la suerte loca de resultar exitosa. De hecho, esto le creó una imagen de héroe de guerra que le permitió llegar a la Vicepresidencia en 1901 (y a la Presidencia, al morir el Presidente en un atentado anarquista). Como Presidente, este Premio Nobel de la Paz impuso la filosofía de "habla suavemente, pero lleva siempre un garrote detrás"... y su política hacia Latinoamérica fue llamada justamente el "Big Stick", el "Gran Garrote". El Garrote de Roosevelt cayó con todo su peso sobre Colombia en 1903, cuando Roosevelt ayudó a la independencia de Panamá únicamente para arrancarle a la novel república un tratado que le extirpaba la Zona del Canal hasta 1999... Por cierto, cuando terminó su período como Presidente de Estados Unidos, este Premio Nobel de la Paz se fue de safari a Africa, y mató a un total de bestias que sobrepasa las once mil...

Terminemos diciendo que hasta el año 2011, hay un cuarto Presidente de Estados Unidos en recibir el Premio Nobel de la Paz, pero éste había terminado su período hacía dos décadas. Se trata de Jimmy Carter, quien gobernó entre 1977 y 1981, y recibió el Premio Nobel de la Paz en 2002. El mismo que perdió la reelección frente a Ronald Reagan.

domingo, 15 de mayo de 2011

Explosión en Florida.


Típicamente, las historias de asesinatos involucran métodos tales como tirotear a la víctima, apuñalarla, estrangularla o envenenarla. Bastante más inusual, por diversas razones, es que el arma homicida sea un explosivo. Fabricarlos de entrada requiere reunir materiales y conocimientos químicos algo laboriosos. Además, es un tipo de modus operandi que cuesta disfrazar como algo que podría pasar por accidente. Además, la utilización de compuestos facilita la tarea de análisis químico forense. Salvando los terroristas que utilizan explosivos por su enorme poder destructivo y su gancho propagandístico, son pocos los particulares que lo intentan por estos medios.

Uno de los más connotados crímenes en que el arma homicida es un explosivo, se produjo en 1985. El 9 de Julio de ese año, una familia se reunió en Naples, estado de Florida, para una excursión en que iban a delimitar el terreno para una nueva casa, incluyendo planos y postes. Cuando iban saliendo, Steven Benson de pronto recordó algo que había dejado atrás, arrojó las llaves a su hermano adoptivo Scott, y se devolvió. Scott subió al automóvil, lo arrancó... y los forenses tuvieron después que recoger a la familia pieza a pieza: el Chevrolet en cuestión quedó hecho añicos por la explosión subsiguiente. El hermano adoptivo y la madre fallecieron, pero la hermana Carol Lynn sobrevivió.

Los investigadores que arribaron al suceso, comenzaron a sospechar de inmediato de Steven, porque estaba demasiado calmado para todo lo que había sucedido. Examinando el vehículo, aparecieron los restos de una bomba casera, incluyendo unos tapones que servían para sellar la bomba, mientras que en el exterior encontraron fragmentos de instalaciones eléctricas que no se correspondían con el sistema eléctrico de la ciudad. Recorriendo las ferreterías y chatarrerías, dieron con una en donde un vendedor reportó haber vendido cuatro días antes, tapones a un comprador cuya descripción física encajaba con Steven Benson. Analizaron químicamente el recibo de venta, y dieron con huellas de la palma de la mano de Benson: era innegable que él había adquirido los tapones.

El 21 de Agosto del mismo 1985, Steven Benson fue detenido. Un año después fue condenado por homicidio múltiple. El móvil era la sórdida ambición: Steven llevaba tiempo haciéndole algunos robos a su madre, y cuando ella lo había descubierto, amenazó con cambiar su testamento, retirándole su parte de diez millones de dólares en la herencia. Steven Benson se zafó de la pena capital, pero fue condenado a cadena perpetua: será elegible para libertad bajo palabra en el año 2036, cuando tenga la edad de 85 años.

domingo, 29 de agosto de 2010

Anticipando Presidentes en "24".


En el año 2008, las elecciones a la Presidencia de Estados Unidos se vieron condimentadas por un factor inesperado. Aunque desde un punto de vista legal o jurídico no fuera así, en los hechos fue una elección entre tres eventuales candidatos: John McCain por un lado, que como WASP conspicuo representaba todo lo que se supone debe ser un Presidente de Estados Unidos (blanco, anglosajón, protestante... y varón), y por el otro dos representantes de dos grupos que, por mucho liberalismo que le pongan, despertaban enormes anticuerpos en algunos sectores de la ciudadanía, que son la población negra encarnada en Barack Obama, y las mujeres representadas por Hillary Clinton. Esta historia es bien conocida y no insistiré sobre ella, pero resulta curioso observar que en cierta medida, la serie de televisión "24", que acaba de terminar hace algún tiempo atrás, en cierta medida anticipó este escenario político.

"24" partió el año 2001, bajo la promesa de ser la primera serie de acción "en tiempo real". Pero a la larga, la serie alcanzó notoriedad por otros hechos, incluyendo la justificación de la razón de estado, el amplio uso de la tortura, y los parecidos y contrastes entre las intrigas de ficción y la política real, etcétera. Probablemente ninguna serie captó tan bien el espíritu de la Presidencia de George W. Bush como "24", dicho esto para bien o para mal. Ahora bien, en su primera temporada, la intriga se ambienta en el día de las primarias en California para designar al candidato a la Presidencia de los Estados Unidos. Y el candidato favorito es... negro. Claro que en la realidad Barack Obama es un hombre atlético, mientras que el ficticio David Palmer tenía una anatomía algo más contundente, digámoslo así. En el transcurso de dicha primera temporada, se menciona varias veces la preocupación de los organismos de seguridad y de los asesores de David Palmer, de que éste sufra un atentado por parte de algún racista únicamente para que un negro no llegue a la Presidencia de Estados Unidos, anticipación que resultó ser exacta cuando se hicieron comentarios al respecto, en la época de la elección y posterior asunción del poder por parte de Barack Obama.

Dentro de la cronología interna de la serie, David Palmer gobierna un período (en la tercera temporada decide no ir a la reelección), después viene un gobierno del partido político rival, y después llega otro negro más a la Presidencia, que es el hermano de David Palmer. En la siguiente elección (o sea, cronológicamente, doce años después de la primera temporada), la principal contendora es, ahora sí, una mujer. La película "24: Redención" (hecha para mantener la continuidad de "24" en el año 2008, en que la huelga de guionistas obligó a suspender la nueva temporada, como comenté en Cine 9009) se ambienta justamente en el día en que Allison Taylor asume la Presidencia. Se especuló que la idea de traer a una mujer a la Presidencia de los Estados Unidos, dentro de la ficción de "24", obedecía a la posibilidad de que en efecto Hillary Clinton llegara a ser Presidenta, lo que al final no sucedió, en la elección del 2008 por lo menos. Pero la ficticia Allison Taylor y la Hillary Clinton de la realidad difieren en materias de política exterior. Así, Hillary Clinton es bien conocida por ser una halcón que apoyó la Guerra de Irak, la posición de Israel en Medio Oriente, el embargo de Cuba, y la sumisión de los derechos civiles y humanos ante las necesidades de la seguridad nacional. Mientras tanto, Allison Taylor aparece primero apoyando una eventual intervención militar humanitaria en la ficticia nación de Sangala, y luego, en la octava temporada y final de la serie, ambientada en un escenario internacional tan icónico como el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, el eje de la trama es un tratado internacional con la también ficticia república de Kamistán, que debería ser la llave maestra para garantizar la paz en el Medio Oriente (no debe ser casualidad que las iniciales en inglés de la República Islámica de Kamistán, "Islamic Republic of Kamistan" o "IRK", se pronuncie casi igual a "Irak").

Con todo, antes que Allison Taylor en "24", hubo otra Presidente de Estados Unidos mujer en la ficción televisiva. La serie televisiva "Commander in Chief", del año 2003, giraba precisamente en torno a la idea de una Presidente de Estados Unidos mujer. Pero esta serie fue cancelada después de 18 episodios, en su primera y única temporada.

jueves, 1 de julio de 2010

Cómo derrocar la democracia en Estados Unidos.


Kurt Gödel (1906-1978) es con toda probabilidad el lógico más importante de todo el siglo XX, y quizás no sea exagerado considerarlo como uno de los teóricos más formidables de todos los tiempos. En su época, las Matemáticas y la Lógica estaban dominadas en buena medida por los famosos 23 problemas de Hilbert, publicados por el matemático David Hilbert en 1900, uno de los cuales era obtener la prueba de que los axiomas de las matemáticas son consistentes, esto es, que se pueden probar en los términos de su propio sistema. En 1931, Gödel probó con su "segundo teorema de la incompletitud", que tal cosa es imposible, porque todo sistema aritmético necesita un punto de referencia externo para obtener su propia validez (explicado de manera muy tosca, claro está, que esto es un blog de Historia y no de Matemáticas). Pero aparte de ser un genio matemático, Gödel era un hombre de temperamento inseguro, extraño y paranoico. Quizás haya una conexión entre las más que certificadas paranoias de Gödel, y su revolucionaria lógica: después de todo, un paranoico debe estudiarlo todo a fin de sentirse seguro. En 1938, Gödel escapó de Austria debido al Anchluss del Tercer Reich, y se radicó en Estados Unidos. Con el paso de los años, decidió adoptar la nacionalidad estadounidense, y para ello se presentó al examen oral de rigor. Para dicho examen debió prepararse estudiando la Constitución de los Estados Unidos de América, y entonces...

La historia ha sido contada de varias maneras distintas, e incluso se puede discutir que sea una leyenda (pero si lo fuera, sigue siendo demasiado entretenida para dejarla pasar). El caso es que, se supone, a punta de estudiarse la Constitución, Kurt Gödel descubrió en ella una contradicción lógica fatal, la que de ser explotada, permitiría transformar a Estados Unidos en una dictadura de manera perfectamente legal. Excitado por su descubrimiento (recordemos que Gödel era paranoico y venía escapando del Tercer Reich), compartió su descubrimiento con uno de sus amigos, el economista Oskar Morgenstern (por más señas, este Morgenstern ayudó a desarrollar las matemáticas necesarias para cruzar la Economía y la entonces naciente Teoría de Juegos). Con los pies más puestos en la tierra, Morgenstern le recomendó a Gödel guardar silencio sobre el particular en el examen.

Oskar Morgenstern acompañó a Gödel el día del examen (el 5 de Diciembre de 1947), así como también Albert Einstein, que era amigo personal de los dos, y ya en ese tiempo (fines de los '40s) estaba radicado y nacionalizado en Estados Unidos. El juez Phillip Forman, quién presidía el examen, comentó entonces que Gödel era de nacionalidad alemana, a lo que éste habría replicado que era austríaco. Forman hizo entonces un comentario acerca de la siniestra dictadura nazi, y añadió el consabido "por suerte que esas cosas no pueden pasar aquí"... Para el excéntrico y paranoico Gödel, fue darle gasolina a la hoguera, porque saltó de inmediato, sumamente excitado, y dijo que por el contrario, él poseía la prueba de que Estados Unidos sí podía ser convertido en una dictadura por medios perfectamente legales. Eso hubiera mosqueado a cualquier juez examinador, pero por fortuna, Einstein y Morgenstern se encargaron de contener y calmar a Gödel, y además, el juez Forman conocía a Einstein porque él mismo se había encargado de administrarle el juramento de nacionalización al creador de la Teoría de la Relatividad, así es que cortó el tema en redondo, antes de que el pobre Kurt Gödel terminara de ponerse en vergüenza a sí mismo. El asunto terminó bien para Gödel, y Phillip Forman obtuvo el insólito currículum de tomarle el juramento de nacionalidad a dos de las más grandes eminencias científicas del siglo XX (Kurt Gödel y Albert Einstein, claro está).

Existen testimonios de lo que ocurrió en esa sala, y por tanto la anécdota parece fidedigna. Sin embargo, la famosa prueba que Gödel había encontrado, la desconocemos, porque no parece haberla explicado en detalle (o quienes la escucharon prefirieron guardar silencio), ni tampoco dejó escrito al respecto. Hubiera sido interesante saber qué tenía por decir el lógico más grande del siglo XX sobre la Constitución más importante de toda la Historia Universal, pero por otra parte, aún a riesgo de terminar este posteo con un regusto a serie B de los '50s, quizás "hay cosas que el hombre no debería saber"...

jueves, 10 de junio de 2010

La capital de Nueva York no es Nueva York.


Como suena. Si a la gente se le preguntara cuál es la capital de Nueva York, todos dirían, como si fuera la respuesta más obvia del mundo: pues, Nueva York, ¿verdad? Y la respuesta es un rotundo NO. Y no es una pregunta capciosa, tampoco. Porque podría pensarse que estamos hablando de la ciudad de Nueva York, y en ese caso la respuesta sería obvia: Nueva York no puede ser la capital de Nueva York porque una ciudad no puede ser capital de sí misma. Pero por otra parte, debemos recordar que Nueva York es uno de los 50 Estados de la Federación en Estados Unidos. Y el Estado sí debería tener una capital. Que, repetimos, no es Nueva York.

En realidad, si en la fecha actual un Presidente de los Estados Unidos decidiera corregir el mapa administrativo de su país, relocalizaría la capital de Nueva York en Nueva York precisamente, que no por nada es la ciudad más importante del Estado, y por fuerza tiene que serlo, siendo también probablemente la ciudad más importante del mundo, entre otras cosas porque importantísimos aportes a la cultura mundial como Woody Allen o "Sex and the City" han salido de allí. Pero no es la capital por razones históricas, y he aquí donde entroncamos con Siglos Curiosos. Porque Nueva York no fue la primera ciudad que surgió en el territorio que actualmente es el Estado de Nueva York. Ese honor, el primer asentamiento europeo en la región, le corresponde a Albany. La ciudad de Albany fue colonizada en fecha tan temprana como 1540, si bien fue recién en 1624 que, por obra de los holandeses, Albany pasó a ser sede permanente de colonos europeos (si bien bajo los holandeses se llamaba Beverwyck). Albany (bueno, Beverwyck) no es sólo la más antigua ciudad de la zona, sino también el más antiguo asentamiento que actualmente sobrevive, de los que alguna vez integraron las Trece Colonias. Pero su nombre actual data de 1664, cuando los ingleses adquirieron dichas tierras de manos holandesas. En esas fechas pasaron a manos inglesas tanto Nueva York como Albany (ambas holandesas). Y en honor de Jacobo Estuardo (príncipe en ese entonces, y futuro rey Jacobo II de Inglaterra a partir de 1685), Nueva Amsterdam fue rebautizada como Nueva York, y Beverwyck como Albany. La razón: Jacobo Estuardo ostentaba los títulos tanto de Duque de York como de Duque de Albany, en Inglaterra.

Y ahora viene lo más interesante de todo, que es la razón del predominio de Albany sobre Nueva York en la época colonial. El asunto es que ambas ciudades se fundaron en el Río Hudson. Pero mientras que Nueva York era el puerto de la desembocadura, Albany se fundó en el punto más interior al cual los colonos podían arribar navegando Hudson arriba. En esa época, recordemos, los barcos tenían un calado insignificante en comparación a los grandes cargueros actuales, a los cuales les sería imposible no sólo remontar el Hudson, sino casi cualquier otro río del mundo. Por lo tanto, Nueva York se transformó en apenas un lugar de paso y un punto que era forzoso colonizar para proteger la ruta comercial, pero ésta iba desde Holanda hasta Albany, y siendo Albany la terminal (el punto en el cual las mercancías pasaban a la ruta terrestre, controlada por supuesto por los indígenas), es obvio que prosperó más Albany que Nueva York.

Pero esto cambió en la época de la independencia y en tiempos inmediatamente posteriores, en que los yankis pasaron a controlar las rutas terrestres, y por lo tanto, Albany como puesto de intercambio comercial perdió importancia. Al mismo tiempo, la industrialización a mansalva llevó a las ciudades a necesitar mano de obra barata, y aquí es donde Nueva York le cobró ventaja a Albany, que por estar río adentro, recibía apenas las goteras de las oleadas de inmigrantes que desembarcaban en Nueva York, y que ahí se quedaban. En 1857, Nueva York se transformó en la tercera ciudad del planeta en alcanzar el millón de habitantes (después de Londres y París, y no demasiado después que ellas), y el resto es historia. Pero aunque desplazada, y después engullida por el voraz crecimiento de Nueva York (en el fondo una única gran ciudad que va desde Nueva York hasta Washington), por pura inercia administrativa Albany siguió conservando un sitial de privilegio que en los hechos hacía tiempo que había perdido. Y así es como llegamos a una actualidad en la que, de una manera quizás un tanto fantasmagórica, Nueva York no es la capital de Nueva York...

domingo, 3 de mayo de 2009

Mi nombre es Asimov.


Llamarse con un nombre judío y un apellido ruso en los muy cristianos y occidentales Estados Unidos, tiene su miga. Isaac Asimov, el afamado escritor de Ciencia Ficción y divulgador científico (1920-1992) tuvo sus historias respecto de su propio nombre. Asimov nació en Rusia, por lo que ponerle un nombre netamente judío tenía mucho sentido en una familia judía, pero al emigrar a Estados Unidos, la situación fue distinta. Debe recordarse que, hasta antes de descubrirse los horrores perpetrados por los nazis en los campos de concentración, el antisemitismo en los Estados Unidos era algo, quizás no especialmente respetable, pero sí al menos socialmente aceptable. Para quien quiera ver, ahí está la magnífica película "El sol sale para todos", de 1947, como un testimonio de esto.

Una vez en América, teniendo Asimov unos cinco años, discutieron el tema, y optaron por cambiarle el nombre manteniendo la inicial, de manera que pasaría a llamarse "Irving Asimov". Pero el joven Asimov, según confesión propia, lanzó un alarido seguido de una rabieta lo suficientemente fuerte como para convencer a sus padres (por otra parte bastante testarudos, como solían estilarse los padres a comienzos del siglo XX, antes de la era de "el psicólogo dice que no traumemos al pobre niño"). El hermano de Asimov, nacido ya en Estados Unidos, se llamó "Stanley Asimov", por insistencia de la madre (ahí tienen otro chiste de madres judías...), y contra la opinión del padre y del infante Isaac, que preferían "Solomon Asimov".

Andando el tiempo, a finales de la década de 1930, con Asimov acercándose a la veintena y entusiasmado con la Ciencia Ficción no sólo como fanático lector adolescente sino también como escritor en ciernes, el nombre se transformó en tema para considerar. En las revistas pulp de la época (y así es como se publicaba la Ciencia Ficción en aquel tiempo, en baratas revistas pulp, no en libros respetables), muchos escritores solían tomar seudónimos, a veces para esconder actividades tan vergonzosas, a veces para multiplicarse en varios géneros (un seudónimo para los policiales, uno para las de cowboys, uno para la Ciencia Ficción...) ...y a veces para enmascarar orígenes extranjeros, entre los cuales estaba la procedencia rusa o la judía (no era lo mismo un muy patriótico Western de rudos vaqueros escrito por un respetablemente anglosajón Jack Stark, que uno escrito por Yeshua Stressemann, por inventar dos nombres al azar). Isaac Asimov aspiraba a publicar en la revista "Astounding Stories", la más respetable del género, pero su director, John W. Campbell, hombre patriota a carta cabal, gustaba de nombres cortos y muy americanos para los escritores. Pero se dio que Asimov vendió su primer relato a otra revista distinta, y cuando por fin pudo venderle algo a Campbell, éste dio por asumido que Isaac Asimov publicaría con su propio nombre, y no insistió en el tema.

Por supuesto que tener un nombre judío le hizo presa de quienes consideran que uno debería hacer honor a su tierra, su sangre, etcétera (existen cretinos cortos de sesera acá en Chile que piensan que porque vuestro seguro servidor el General Gato es chileno, debería limitarme a escribir sobre huasos o sobre el drama social chileno actual, en cuyo caso usted no podría leer Siglos Curiosos, que sólo muy tangencialmente han abordado tales tópicos). Asimov escribió en sus Memorias: "Isaac Bashevis Singer escribe sobre temas judíos porque quiere hacerlo. Yo no lo hago porque no me apetece. Tengo los mismos derechos que él". Supongo que vale para los judíos y también para los chilenos, y en general para toda la gente creativa que no quiere sentirse limitada por ser de tal lugar, raza, sexo, estirpe o condición.

Refiere que un día, inadvertidamente, dio una conferencia en un día que era Año Nuevo Judío. Le llamó por teléfono un judío para censurarle por su actitud. Asimov explicó que su relación con el Judaísmo era más bien tenue, que no había sido educado en la tradición judía, que no celebraba las fiestas, y que tampoco hubiera concurrido a la sinagoga. La respuesta:

-Eso no importa. Debería usted servir de modelo para la juventud judía. En vez de eso, se limita usted a ocultar que es usted judío.

-Perdóneme, señor, pero estoy en desventaja, usted sabe mi nombre, pero yo no sé el suyo.

-Me llamo Jefferson Scanlon- (nombre dado en las Memorias, pero confesamente cambiado por Asimov, para proteger la identidad del culpable).

-Ya veo. Bien, si yo estuviese intentando ocultar que soy judío, la primera cosa que haría, lo primero, sería cambiar mi nombre de Isaac Asimov por el de Jefferson Scanlon...

Remata Asimov señalando que nunca más volvió a saber del majadero.

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