
En el transcurso del proceso, las declaraciones fueron envolviendo a más gente. También la prensa se festinó con los detalles mórbidos de la historia, incluyendo notas de prensa y reportajes sobre orgías de sexo y droga que habrían montado los procesados (eran los liberales '60s, de todas maneras). Hasta a un agricultor del por entonces pueblo campesino de Los Andes fueron a buscar, por haber proporcionado la marihuana, pero éste se defendió diciendo que no tenía idea de los efectos perjudiciales de la hierba.
El primero en salir libre, a los tres días, fue Rafael Edwards. Este era sobrino del director del diario derechista "El Mercurio", lo que alimentó la hoguera para que la prensa de izquierda las emprendiera contra los grupos de poder político y económico, los "hijos de la burguesía". El caso adquirió un sesgo político: no en balde, los detenidos eran todos hijos de burgueses y no proletarios del pueblo. Empezaron también las redadas contra los colegios "jaibones" (acomodados), y la paranoia en ellos prendió. Pasaron unos dos meses, y el asunto fue muriendo de muerte natural, en particular cuando los últimos tres inculpados salieron en libertad, sin que se les pudiera probar el delito de tráfico de drogas.
Para la trivia, mencionemos que en el punto más álgido del proceso, la Corte Suprema nombró a un ministro en visita, y éste no fue otro sino Hernán Cereceda, tristemente célebre porque en 1993 se transformó en el primer ministro de la Corte Suprema en toda la historia de Chile, que fue destituido mediante una acusación constitucional, acusado de venalidad (no por el caso de la marihuana, por supuesto).
1 comentario:
eterna mente la justicia inclina la balabza hacia el lado derecho, este es un oais corrupto desde tiempos de la colonización, la derecha y la iglesia aplastando eternamente al pueblo, sin desconocer que el pueblo tambien puede cometer infraciones a la ley, pero la impunidad impera en la elite.
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