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jueves, 19 de marzo de 2009

¿Por qué no debes desear a la mujer del prójimo?


Del veterotestamentario Decálogo de Moisés, uno de sus mandamientos más conocidos, por aquello de que a todo el mundo le gusta la carne, es el "no desearás la mujer del prójimo". Generalmente se ha defendido esto como una prohibición formal del adulterio. Y sin embargo, a poco que uno analice dicho mandamiento, en realidad nos encontramos con una realidad completamente diferente. Así es que vamos a preguntarnos: "¿por qué dice la Biblia que no debes desear a la mujer del prójimo?".

Veamos primero la formulación de este mandato. La Biblia dice: "No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo" (Exodo 20:17). El texto se repite casi textualmente, con algún matiz, en Deuteronomio 5:21. (La traducción usada aquí, es la Biblia Reina Valera, edición de 1909). De la sola lectura del texto, queda claro que no se refiere al adulterio en lo absoluto, porque "la mujer de tu prójimo" está metida a saco junto con muchos otros bienes. Es decir, la Biblia enumera una serie de cosas que no debes codiciar porque le pertenecen a alguien más, incluyendo la casa, el personal doméstico y el ganado, y en medio de esas cosas incluye a la esposa (la mujer). La conclusión es lógica: no debes codiciar a la mujer de tu prójimo no porque estarás espoleándola a cometer adulterio, sino porque la mujer de tu prójimo le pertenece a tu prójimo, en el sentido de que la esposa es una pertenencia más del marido. Machista y todo, pero así es, tal y como suena.

La lógica inherente a esto no es exclusiva de los hebreos. En realidad, por el contrario, se repite mucho en los pueblos antiguos. Resulta que antiguamente no existía previsión social de ningún tipo. Si un hombre tenía patrimonio o bienes, podría pasar una vejez tranquila y sin preocupaciones. Si no tenía esas cosas, la única forma de tener una vejez digna, era ser cuidado por los hijos que se tuvieran. ¿Y de dónde salían los hijos? De la esposa, lógicamente. Codiciar a la mujer del prójimo y arrebatarla, o bien sembrar un hijo en ella, implicaba entonces que los hijos ya no serían hijos de tu prójimo, o derechamente no habrían hijos de por medio que cuidaran a tu prójimo en su vejez. Suena machista, y ES machista, pero así es como se pensaba en aquellos tiempos y circunstancias sociales, y así quedó en el texto bíblico. Actualmente, si tuviéramos que escribir la Biblia de nuevo, para conservar el sentido tendríamos que escribir algo así como "no codiciarás los ahorros previsionales de tu prójimo" (¿qué pensarían de esto los empresarios que se hacen los tontos con los descuentos previsionales de sus trabajadores?).

El sentido actual, como prohibición del adulterio, tiene mucho que ver con una maniobra de la Iglesia Católica, que separó este versículo en dos mandamientos, colocando separados el "no desearás la mujer del prójimo" y el no codiciarás los bienes del prójimo, con lo que obviamente el sentido cambia. Como con esta maniobra quedaban once mandamientos y el Decálogo debe tener obviamente diez o no sería Decálogo (sería etimológicamente un "Endecálogo"), la Iglesia Católica unificó los primeros dos mandamientos (no tener a otro dios que Dios, y no adorar a los ídolos), y así nuevamente el conteo queda rebajado a diez...

6 comentarios:

amor y libertad dijo...

muy bien visto, voy a decírselo a la vecina del cuarto, a ver qué le parece (anda de viaje el marido)

General Gato dijo...

Hehehé...

DEL_DAN 但 dijo...

está bien, la verdad, aún no basamos moralmente y nuestras leyes, en el judeocristianismo.

eso si hay un fallo al final, donde dices que la iglesia manipula el texto.

hay más lugares en la biblia, donde comenta lo de adulterar, es más jesús habla de que adulterar ya no es hacerlo sino tan solo pensarlo o imaginarlo.

asi que no entiendo lo de la manipulación.

General Gato dijo...

El sentido del texto en Exodo y Deuteronomio (¡en dos pasajes y no uno!) es claro: no separa el desear la mujer del prójimo con el desear otros bienes del prójimo, por lo que, lógicamente, la mujer es un bien más del marido, según la lógica veterotestamentaria. En otros pasajes del Antiguo Testamento puede verse esta misma lógica, ya que Yahveh autoriza a tomar mujeres de pueblos enemigos como presa, en particular si son doncellas que no han conocido varón (vale decir, que no han sido "bienes" de nadie con anterioridad).

El pasaje al que aduces, está contenido en el Sermón de la Montaña (Mateo 5:27-30). En esta parte del Sermón, la lógica que sigue Jesús es ampliar la Ley y no cambiarla, y la amplía en el sentido de que la Ley debe nacer de una sincera adhesión de los corazones, y no de la observancia ritual y formal de la misma (en otro pasaje del Evangelio, Jesús afirma que "el sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado"). Pero Jesús en ningún minuto se subleva contra la lógica "economicista" del Exodo o del Deuteronomio en esta materia, sino que sólo hace una precisión o comentario respecto de un aspecto de la misma. Por su parte, si Jesús hubiera tratado el adulterio como una materia por completo distinto a la codicia de bienes ajenos, habría dado la prohibición de adulterio tanto para hombres como para mujeres, pero del texto del Sermón de la Montaña se desprende claramente que la prohibición es para los hombres.

En los versículos siguientes insiste en el tema, desde un ángulo estrictamente legalista. Es interesante notar que a pesar de considerar el mero repudio como adulterio, Jesús permite tal cosa en caso de adulterio de la mujer. Considerando que el repudio es análogo a la posibilidad de desprenderse de un bien (el repudio implica la resolución unilateral de un contrato, renunciando por tanto a los derechos que emanen de él, así como el abandono de una cosa implica renuncia a los derechos sobre ella haciéndola res delerictae), es claro que la situación planteada por Jesús, incluyendo su probable excepción, es comparable al sacrificio de un animal dañoso que es propio, acto que en principio sí es permitido por la ley (la antigua, y la actual también, en principio al menos).

Además, Jesús tuvo una actitud no especialmente condenatoria respecto del adulterio en sí mismo, exceptuado el tema económico al que la Ley da tanta importancia. En el episodio de la mujer adúltera, de haber aplicado la Ley a rajatabla, hubiera dicho que la lapidaran sin más. En vez de eso recurre a una treta para evitar la lapidación, y a su vez perdona a dicha mujer.

Por lo tanto es en fecha posterior, por una manipulación de la Iglesia Católica, que este mandamiento del Exodo es separado de la prohibición de codiciar el resto de los bienes, como un mal en sí mismo que es aparte.

Ursuburgo dijo...

Solo dice, por otro lado, que no codiciarás la mujer del prójimo... No sé que tanto habla del adulterio: si la mujer "no es del prójimo" puedo desearla aunque yo sí tenga la mía propia... así que...
Cierto es que la mujer fue desde siempre vista como un "bien mobiliario" y lamentablemente, hasta hoy día, sobre todo por la iglesia (cualquiera sea la religión que la sostenga).
Muy bueno el blog, veo que llegué unos cuatro años tarde pero me divierto poniendome al dia.

General Gato dijo...

Efectivamente, el texto del Antiguo Testamento no habla del adulterio propiamente tal, sino de un derecho de propiedad. Cosa que se prolongó en el Cristianismo y sus matrimonios arreglados con dotes y etcétera. Y es cierto que todas las religiones se preocupan de regular los matrimonios por razones análogas.

Gracias por las felicitaciones, y espero que el resto del blog esté a la altura, tanto lo publicado como lo por publicar...

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