jueves 9 de febrero de 2012

Filippo Brunelleschi domestica la perspectiva.


Una vez que se sabe cómo hacer algo, el procedimiento es obvio y evidente por sí mismo. Pero a veces la idea en comento es tan sencilla, que nadie pareciera discurrirla el primero. Quizás la marca del verdadero genio no está en los más alambicados desarrollos, sino en la sencillez y claridad de una solución a un problema. Si lo anterior fuera verdad, entonces no cabe dudas de que el arquitecto italiano Filippo Brunelleschi sería uno de los más grandes genios de la Historia. Hay mucho de que hablar acerca de Brunelleschi, pero para Siglos Curiosos, por esta vez, centrémosnos en cómo resolvió el problema de investigar la perspectiva.

En realidad, la cuestión de investigar la perspectiva, o sea, la manera en que el ojo y la mente humana perciben las imágenes y las ordenan para generar en obras artísticas efectos de distancia, profundidad, etcétera, es tan vieja como los antiguos griegos. Varios geómetras habían tratado de investigar el tema, al encontrarse con éste mientras investigaban las leyes de la Optica. Ya el pintor Giotto, a inicios del siglo XIV, había roto con la representación plana del mundo en las pinturas, para integrar cuerpos con volumen y "espacialidad", por llamarlo de alguna manera, en el mundo retratado. Pero ninguno atinaba de frentón con una manera de verdad adecuada de representar con fidelidad el espacio tridimensional en el dibujo bidimensional... o de utilizar dicho espacio para generar efectos arquitectónicos. Hasta Brunelleschi.

Ayudó por supuesto que Filippo Brunelleschi fuera un outsider en el mundo de la arquitectura, ya que realizó su aprendizaje como orfebre, y de ahí saltó a lo arquitectónico. Venía así con la mente limpia de ideas y prejuicios. Brunelleschi hizo algo muy sencillo, y también muy renacentista. En vez de centrarse en las teorías en circulación, o de utilizar conocimientos geométricos, optó por el método empírico de ir a la raíz del problema e ir a pintar el objeto in situ. Luego, o bien colgó un marco delante suyo, enmarcando al objeto, o utilizó para dicho fin la puerta de alguna casa. Como siguiente paso, cuadriculó el marco utilizando cuerdas horizontales y verticales, y a su vez cuadriculó de esa misma exacta manera la tela en la que debía pintar. Luego, fue tan sencillo como pasar el pedazo del marco "A1" al casillero "a1" de la tela, el "B1" al "b1", y así sucesivamente.

Para asombro de sus contemporáneos, hizo dos demostraciones públicas de su método, una en la Piazza de la Signoria, y la otra en la Piazza del Duomo, ambos lugares de su Florencia nativa. La clave del método para que funcionara, observó Brunelleschi (algo que nos parece obvio, pero que para la época era un hallazgo revolucionario) era siempre quedarse a la misma distancia del marco cuadriculado con cordeles, para no alterar la disposición de la perspectiva.

Por supuesto que Brunelleschi no agotó todas las posibilidades del método, y en los hechos, una legión de pintores posteriores siguieron desarrollando las leyes de la perspectiva hasta unos cien años después. El alcance de la revolución puede medirse por los conceptos vertidos por Leon Battista Alberti, tratadista de mediados del siglo XV, quien afirmaba que un cuadro debe verse como si fuera una ventana. Digamos que, desde los hallazgos de Brunelleschi, el observador deja de ser alguien que interpreta símbolos, y pasa a ser mero espectador de una escena. Y ni qué decir acerca de los Niágaras de tinta que han corrido después para justificar o atacar esta manera de concebir el arte pictórico...

domingo 5 de febrero de 2012

Palabras mentales.

Ya nos hemos topado antes en este buen blog Siglos Curiosos con palabras y raíces que vienen desde el indoeuropeo. Y por lo tanto, son tan antiguas que han evolucionado y se han ramificado hasta lo indecible en nuestro idioma y varios otros. Acá va una pequeña nueva selección relacionada con la raíz "men", que significa más o menos "pensar" (siendo más exactos, lo que ayudará a explicar un par de cosas de este posteo, implica también la idea de "voluntad" o "conciencia de sí mismo", o ambas). El derivado más obvio en castellano es... ¡"mente"! Por lo tanto, bienvenidos al que probablemente va a ser el posteo más "mental" de toda la historia de Siglos Curiosos.

-- AUTÓMATA. Para empezar, un término griego. La palabra original griega ("αὐτόματος") es un compuesto, ya que la raíz "auto" ("αὐτός") significa "por sí mismo". Un autómata, por lo tanto, es algo que tiene mente o que piensa por sí mismo. Etimológicamente, al menos. Ya sabemos que comúnmente se llama "autómata" al ingenio que se mueve por sí mismo, no al que piensa por sí mismo, pero lo segundo es obviamente una derivación de lo primero. Después de todo, para el no enterado del mecanismo, un artilugio que se mueve por sí mismo podría parecer que tiene mente propia o algo así (al menos en tiempos más antiguos e ingenuos).

-- DEMENCIA. A la luz de lo expuesto, el significado debería ser obvio, considerando que el prefijo "de-" viene a significar privado de algo. En este caso, privado de la mente.

-- MANTRA. ¡La adición sánscrita por completo sorpresiva al listado! Recordemos que el sánscrito, el idioma sagrado de la India, es también una lengua indoeuropea. Un mantra es por supuesto una fórmula ritual. Irónicamente, hoy en día se la utiliza incluso con un dejo de burla, sobre las frases que se repiten sin pensar, cuando la palabra sánscrita original es "manyate", que significa justamente alguien que piensa...

-- MENTIR. Esta palabra ha seguido una etimología más o menos convulsionada, y la raíz latina inicial parecía ser "mentior", que en su origen tenía un significado algo diverso, el de ser inventivo o el de tener segundos pensamientos. Redunda explicar cómo se pasó de uno al otro.

-- TESTAMENTO. La etimología de esta palabra pareciera derivar de un compuesto latino, cuyo significado sale casi obvio si mencionamos que "testis" es de donde derivan nuestras palabras castellanas "testigo" y "atestiguar". Por lo tanto, un testamento sería, en lo etimológico, lo que atestigua los pensamientos de una persona (no diré el escrito mismo por aquello de los testamentos orales, pero la idea sigue siendo la misma).

Y he dejado para el último la que quizás es la más conflictiva de todas, tanto por venir en otro idioma, como por no estarse al cien por ciento seguro de si en realidad deriva desde ahí, por no hablar del profundo disvalor que expresa para la gente actual, si lo tomamos en sentido masculino en vez de como genérico para la especie humana. La palabra inglesa "man" y la alemana "mann" comparten un origen común con la palabra sánscrita "manu", y significan "hombre". Ahora bien, hay quien sostiene que estas palabras también derivarían del original indoeuropeo "men", en el sentido de que el hombre es la criatura que piensa...

jueves 2 de febrero de 2012

Musas en el idioma.


No se puede afirmar que las musas en hayan tenido una gran proyección en la etimología. Nos referimos por supuesto a las diosas griegas de las distintas artes y ciencias. Salvo Terpsícore la musa de la danza, todas ellas tenían en común ser actividades para mantener ocupada la mente. Pero sin embargo, hay un par de palabras en el idioma castellano que se pueden rastrear hasta estas pizpiretas diosas griegas. La más obvia de ellas es "música". La palabra griega original es "μουσική", que es un adjetivo: significa justamente "relativo a las musas". Esto, a pesar de que en sentido estricto, sólo algunas de ellas pueden asociarse con la música (¿qué tendrá Urania, la musa de la Astronomía, con la música?).

Pero hay otra palabra que deriva de las musas. Hagamos historia. Después de que Alejandro Magno conquistara Egipto y fundara Alejandría, al disgregarse su imperio dicha tierra cayó en manos de la dinastía de los Tolomeos. Estos se preocuparon de embellecer su ciudad como un importante centro cultural. Sucedió que los académicos y eruditos de la Biblioteca de Alejandría consagraron por orden imperial un edificio para el culto de las musas. Estos no eran desconocidos en la Antigua Grecia, pero éste en particular se transformó pronto en un compendio de rarezas y curiosidades extraídas de todas partes del mundo, para que los pudieran examinar los estudiosos de Alejandría. Tan grande fue la colección, que el nombre de esta institución, el Museum, pasó a designar todos los lugares similares en adelante, en el resto del mundo: los museos.

Y un bonus bilingüe, para que no digan que con Siglos Curiosos no se aprenden idiomas. Una posible traducción al inglés del verbo castellano "entretener" o "distraer" es "to amuse". Por ejemplo, "you can amuse the kid with a story" ("usted puede entretener al chico con una historia"). Pero aunque al deletreo parece obvia la relación entre "amuse" y las musas, en el significado hay un eslabón escondido intermedio. Resulta que hay un significado arcaico u obsoleto, que es rescatado por el siempre agradecido Diccionario Webster, y éste es el de ocupar la atención de una persona. En términos estrictos, si las musas tutelan el pensamiento, es lógico que "to amuse" a alguien es hacerle ocupar la mente con las actividades de las musas, y de ahí al actual significado de "entretener" hay sólo un paso.

Y ahora vamos más lejos aún. Parece ser que el nombre de las Musas deriva de una raíz indoeuropea aún más antigua, que sería "men". El derivado castellano más obvio de "men" es, ¡sorpresa!, la palabra "mente". ¿Ya mencioné que las musas patrocinan actividades preferentemente mentales? Sí, incluso Erato la tutora de la poesía amorosa...

domingo 29 de enero de 2012

Primeros en griego.


Entre las numerosas raíces griegas que se han abierto paso hasta nuestro idioma castellano, tiene su interés el término "πρώτα" ("prota"), que significa "primero". Como de costumbre, el término se ha dispersado hasta los lugares más inesperados del idioma. A continuación, veamos acá en Siglos Curiosos algunos "primeros" en griego:

PROTACTINIO: El protactinio es un elemento químico radioactivo cuyo número atómico es 91, uno de los más elevados dentro de los elementos naturales. Debido a ser radioactivo, se desintegra en otro elemento distinto más liviano llamado actinio, que ya era conocido desde hacía algunos años antes. Incidentalmente, "actinio" significa "descarga" o "rayo" en griego, de manera que "protactinio" vendría a significar "primer rayo", o para ajustarnos más a la era atómica, "primera radiación".

PROTAGONISTA: Este viene de la tragedia griega. En sus inicios, ésta era una especie de cantata en donde un actor en solitario se enfrentaba al coro. Y como la tragedia griega siempre implica un duelo entre un ser humano y su propio destino, a este personaje solitario se le llamó "πρωταγωνιστής" ("protagonistés"). La palabra "αγωνιστής" ("agonistés") significa "luchador", porque el personaje lucha contra el destino. De ahí que el protagonista sea el "primer luchador", o sea, el luchador principal dentro del conflicto de la trama. (Incidentalmente ya habíamos hablado sobre esto, al referirnos al "antagonista" o luchador oponente al protagonista, en el posteo "El vocabulario del Mal").

PROTEÍNA: Las proteínas fueron reconocidas como un tipo independiente de substancia por primera vez en el siglo XVIII, aunque su rol en la vida no llegó a ser determinado con cierta precisión hasta inicios del XX. En 1838, el químico sueco Jöns Jacob Berzelius propuso que como las proteínas parecían ser la más importante clase de compuestos orgánicos del cuerpo, se las llamara con la palabra griega "πρωτεῖος", que está relacionada con la que nos ocupa, ya que significa más o menos "lo primero", "lo principal", o "lo que encabeza" algo. El nombre quedó, por supuesto.

PROTOCOLO: La relación acá parece un tanto difícil, pero existe, aunque con un eslabón perdido de por medio. La palabra griega original es "πρωτόκολλον", que significa algo así como "primer sello" o "primera pegada". El término alude a la primera hoja pegada a un registro oficial, con las firmas que sirven de autentificación. Por extensión, este libro pasó a llamarse "protocolum" en latín. Y como las normas de ceremonial y cortesía suelen estar contenidos en registros de éstos, de ahí la palabra saltó a nuestro uso habitual. Pero las noticias de perdición del eslabón perdido son un tanto exageradas: en el lenguaje jurídico todavía se usa la palabra "protocolo" para referirse a los registros que mantienen los notarios.

PROTÓN: Ya nos hemos referido a ésta en Siglos Curiosos (ver el posteo "Nombrando los componentes de la materia"), pero recordar no hará mal. El protón no fue la primera partícula subatómica descubierta, pero sí el primer barión (partícula subatómica pesada, en contraste con el electrón, que es un leptón, un tipo más liviano de partícula subatómica). Y como los protones parecían ser el gran componente del átomo, se los llamó con la palabra griega que significa "primero" (después apareció el neutrón, pero eso es otro cuento).

PROTOZOO: Este fue el nombre que se le dio inicialmente a los microorganismos que parecían animalitos microscópicos. Su nombre mismo, como el lector avisado advertirá, significa "primer animal" en griego. Aunque la palabra sigue en uso por aquí y por allá, en realidad pertenece más bien a la época en que se trataba de reproducir la división entre vegetales y animales en el mundo de los microbios. Hoy en día, clasificaciones más precisas han hecho caer el término en desuso, entre la comunidad científica al menos. Aunque todavía en algunos textos antiguos circula la expresión relacionada "protista"...

jueves 26 de enero de 2012

Sobre el apogeo.


La historia de las palabras está llena de bellezas escondidas. Muchas palabras del léxico castellano en realidad son compuestos de palabras griegas que se han unificado en un solo término. Incluso, de ser términos científicos o técnicos, se han impuesto en el vocabulario general. Todos nosotros por ejemplo hemos escuchado hablar del apogeo de un imperio o de una civilización, o de cómo el poder militar de algún Emperador "llegó a su apogeo" después de tal o cual batalla. Pero la palabra "apogeo" es originalmente astronómica, y tiene una interesante familia de palabras relacionadas.

"Apogeo" viene del griego "ἀπόγειος". A la vez, esto es un compuesto de dos palabras griegas: "apo" ("ἀπό") que significa "lejos de", y "Geos" ("γειος"), que es la Tierra. Por lo tanto, apogeo es "lejos de la Tierra". El apogeo es, en efecto, el punto más lejano que un cuerpo en órbita alrededor de la Tierra puede alcanzar (suponiendo una órbita elíptica y no circular, claro está). Es lógico que la palabra sea usada como metáfora de algo que alcanza su plenitud, lo que es el uso cotidiano, como algo que se eleva al máximo por encima del resto del mundo. Por conocidas no mencionaremos las palabras griegas con la raíz "geo" (geografía, geometría), pero detengámonos en "apo", que aparece en otras palabras más. Por ejemplo "apóstrofe", la figura literaria por la cual el hablante se dirige directamente y de tú a tú, a algo o alguien (apóstrofe viene del griego "ἀποστροφή", que podría ser traducido como "volverse lejos"). Otra palabra con "apo" podría ser "apóstol", que viene del griego "ἀπόστολος" (podría ser traducido como "el que es enviado lejos", o sea, el misionero).

Pero volvamos a la Astronomía. Si el apogeo es el punto más lejano a la Tierra, el más cercano es el "perigeo" ("περίγειος"), que en griego vendría a significar "cerca de la Tierra". La raíz griega "peri" ("περί") es un poco engañosa, porque puede aparecer en más de un sentido diferente, aunque relacionados entre sí. De esta manera, puede aparecer como "alrededor", como es el caso de "perímetro".

Pero eso está bien para la Tierra. ¿Y el resto de los cuerpos celestes? Tratándose del Sol, reemplazamos "Geo" por "Helios" ("ἥλιος"), que es el nombre griego del Sol, y tenemos el perihelio y el afelio. Los científicos se han inventado después varios otros nombres para otros cuerpos celestes. Los nombres generales en castellano serían "apoastro" y "periastro", aunque en términos de etimología estricta, "astro" ("ἄστρον") en griego significa "estrella", y por lo tanto, sólo cabría para tales cuerpos celestes, no para planetas, planetoides, asteroides o satélites. Pero como eso nos llevaría demasiado lejos en nuestro propósito de rastrear la historia de las palabras, lo dejaremos hasta aquí.

domingo 22 de enero de 2012

El Año Nuevo de 1696 en Cantón.


El napolitano Giovanni Francisco Gemelli-Careri puede ser considerado el primer turista occidental en China, ya que fue el primer europeo que no viajó como misionero, ni comerciante, ni embajador. Simplemente liquidó su cuantiosa fortuna en 1693 y se lanzó a la aventura. Y nos dejó un colorido relato de la vida en la China a finales del siglo XVII, incluyendo la descripción del Año Nuevo chino que le tocó vivir en Febrero de 1696, en la ciudad china de Cantón. Principia señalando que los tribunales cerraron el 22 de Enero, por lo que viajar en aquellos días resultaba peligroso, y la vigilancia policial debía redoblarse. Al mismo tiempo, los cantoneses colgaron luminarias por toda la ciudad. Acompañando a la renovación del año, los pobres estrenaron ropa nueva, y se cambió el papel de las ventanas (!!).

Las ceremonias empezaron el Jueves 2 de Febrero, y he aquí la descripción de lo que el viajero atestiguó. En todas las casas, durante la noche, se saludan los inferiores a los superiores arrodillándose y golpeando la tierra con la frente en señal de reverencia: los padres ante los abuelos, luego los niños ante los padres, los hermanos menores ante los mayores, y los sirvientes ante los amos. Se queman también perfumes ante una tablilla en la que se inscriben los nombres de los padres, los abuelos y los bisabuelos. Luego, se celebra la fiesta misma. El viernes siguiente, la gente sale a los templos, y luego a visitar a los amigos. Entre amigos, el ritual exige servir tres vasos de vino de arroz a la visita, de manera que, según anota Gemelli-Careri: "suele ocurrir que aquel que tiene muchos parientes y amigos, sale de su casa muy sereno y serio y regresa tambaleándose, muy ligera la cabeza". Durante los tres días siguientes se baten tambores y suenan instrumentos, y también se lanzan fuegos artificiales.

Detalla Gemelli-Careri haber visto en la misma mañana del viernes "un espectáculo muy idiota, a mi entender, pero que los chinos consideran genial". Se hace una vaca de tierra coloreada, y muchos chinos la rodean, la dan a bastonazos, y se arrean entre sí a puñetazos, luchando por los ternerillos que la vaca tiene en su vientre (!!). Luego, los ternerillos se presentan ante los grandes señores, quienes en respuesta regalan ricos presentes.

El martes 14 de Febrero contempló la fiesta de Loum-chuen o de las Linternas. Dice Gemelli-Careri: "Estas linternas eran de papel o seda, de varios colores, con figuras de peces, aves, perros, caballos, leones y otras representaciones, que la luz hacía muy gratas a la vista". Estas linternas iban en pértigas llevadas por una procesión carnavalesca, acompañada por el estruendo de instrumentos de bronce y tambores. Después de referir la magnificencia de las linternas de los ricos, añade que "no hay casa, pobre o rica, que aquella noche no tenga colgada alguna linterna en el patio, dentro de la casa o en las ventanas". Se representan también comedias, sea con títeres, sea con sombras chinas. Y nuestro napolitano prosigue: "Durante estas fiestas se consumen, en todo el imperio, varios millones, tanto en papel para adornar las casas, como para quemarlo, fabricar linternas y fuegos artificiales. Con toda seguridad, si fuese posible divisar todo el imperio desde un punto elevado, todo aparecería iluminado, pues no hay una sola persona en las ciudades, en los campos ni en los ríos, que no alumbre sus linternas pintadas, fabricadas de mil clases distintas, y que no juegue con fuegos de artificio representando diveras figuras de animales"...

jueves 19 de enero de 2012

Los errores geográficos de Cristóbal Colón.


Ignoro si hoy en día los niños seguirán siendo amamantados con las viejas leyendas sobre Cristóbal Colón, o sobre si pelis como "1492: La conquista del paraíso" o documentales de The History Channel conseguirán abrirse paso hasta ellos para ilustrarlos algo más, pero no deja de ser curioso echarle un vistazo a la mitología alrededor del viaje de Colón. Todos conocemos la historia de como Cristóbal Colón era poco menos que un héroe del conocimiento en una edad de ignorancia, defendiendo que la tierra es redonda y se podía llegar a las Indias por el oeste, con todos los cortesanos gritando que la Tierra es plana. Conocemos también la historia de cómo Colón probó su teoría parando un huevo sobre su cáscara, etcétera. Y la historia de cómo la reina Isabel empeñó sus joyas para apoyar un viaje, contra el consejo de todos los cortesanos. Por supuesto, todo esto es mitología histórica a niveles groseros. La realidad es un poco más prosaica, aunque tiene su punto de interés repasarla.

La idea de que los medievales creían en una Tierra plana, es una falsedad absoluta. La geografía de la época se basaba en la obra de los griegos, en particular de Aristóteles, y mucho más en particular de Claudio Tolomeo. Ambos postulaban una Tierra redonda (en lo que estaban errados, y ésa fue la Revolución Copernicana, es que la consideraban el centro inmóvil del universo). Además, la evidencia de que la Tierra es redonda, está disponible para cualquier marino que haya observado la curvatura del horizonte, o cómo desaparece una nave (o la tierra firme) al navegar, siempre "desde abajo hacia arriba", y no empequeñeciéndose a lo lejos como sería en una tierra plana. El punto en discusión era el verdadero tamaño de la Tierra. Se conocían los cálculos de la circunferencia terrestre de Eratóstenes, pero había debate sobre la unidad de medida. Colón se basó en la estimación de un geógrafo llamado Posidonio, que basado en este error, estimaba una Tierra de un tamaño menor al real. El irónico resultado de esto es que, de no haber emergido fuera de todo cálculo América entre Asia y Europa (por la vía occidental, se entiende), Cristóbal Colón jamás hubiera llegado a ninguna parte. Pero nadie pensaba en serio que Colón se fuera a desbarrancar por el borde del mundo en una catarata infinita o algo así (cuando mucho, que se le iban a acabar el agua o las provisiones y la expedición iba a morir de inanición... pensándolo bien, ESO también es un punto).

En algún punto de la mitología de Colón, se supone, éste trató de poner en ridículo a sus oponentes parando un huevo. Todos los demás trataron de pararlo de una manera u otra, hasta que se rindieron por imposible. Colón entonces, porque es el genio y héroe del cuento, rompe un pedacito de cáscara, y basado en esto, lo pone en pie. La leyenda es muy bonita... sólo que parece haber sido copiada de otra parte. En concreto, de un relato acerca de Filippo Brunelleschi, acerca de cómo éste proponía erigir la cúpula de la Catedral de Florencia. Si realmente el relato de Colón fue adaptado desde el relato de Brunelleschi, como parece ser, entonces el incidente debió ocurrir cerca de TRES CUARTOS DE SIGLO antes del viaje de Colón (el concurso para determinar quién erigiría la cúpula, ocurrió en 1419).

Finalmente, es falso que la corona de Castilla estuviera tan pobre, que la reina Isabel tuvo que empeñar sus joyas para financiar el viaje. En realidad, se ha dicho que el costo de armar las tres naves era más o menos similar al de un par de banquetes reales (dato que no he terminado de contrastar, pero que supongo no lejano a la realidad, o de otro modo no se explica la facilidad con que los españoles zarparon como langostas para América en el siglo XVI, financiándose caballos, armaduras y mosquetes como privados, y a diferencia de Colón sin fondos públicos de por medio). Por otra parte, es de presumir que las arcas fiscales de Castilla estarían algo más saneadas que en años precedentes, después de que a comienzos de ese mismo 1492 habían conquistado militarmente el reino de Granada, cayendo sus riquezas y cesando el ítem presupuestario "gastos de guerra contra los infieles ¡Santiago y a ellos!" dentro de presupuesto anual de la Corona.

domingo 15 de enero de 2012

Las ciudades jardín de Ebenezer Howard.


Nadie duda de que las ciudades fueron un invento genial para desarrollar la civilización, pero también se transformaron en focos de mucha miseria y malestar. Las ciudades en la Inglaterra industrial del XIX lo fueron en grado sumo. El ministro de culto Andrew Mearns escribió en una ocasión, respecto de los barrios en que rondaba Jack el Destripador: "Cada habitación de esas vecindades podridas y malolientes alberga una familia, a menudo dos. ¡Un inspector sanitario reportó haber encontrado en un sótano al padre, la madre, tres niños y cuatro cerdos!... En otro sitio había una pobre viuda, sus tres hijos y un niño que llevaba muerto 13 días". Un político municipal londinense describió la ciudad como "un tumor, una elefantiasis que alimenta su saturado sistema con la mitad de la vida, la sangre y los huesos de los distritos rurales".

En este clima es que encontramos a Ebenezer Howard. El personaje responde al prototipo de utopista victoriano de finales del siglo XIX. Estudió, se desempeñó en algunos trabajos menores, y viajó por Estados Unidos durante un tiempo, en donde se enamoró del romanticismo de la obra de Walt Whitman y Ralph Waldo Emerson. De regreso en Inglaterra se empleó como taquígrafo de los discursos del Parlamento de Inglaterra, oficio en el que permaneció el resto de su vida. El único escrito que se conserva de él, aparte de los apuntes taquigráficos en comento, es un modesto folleto llamado "Garden Cities of To-morrow" (sí, con guión intermedio en un juego de palabras que significaría "hacia el día de mañana"), publicado por primera vez en 1898, y republicado con su título actual en 1902.

Ebenezer Howard postuló por primera vez en el mundo industrial moderno, algunos conceptos que de seguro el amable lector de Siglos Curiosos ya habrá escuchado en otras partes. Su idea era sacar a los habitantes de las urbes densamente pobladas hacia ciudades jardín autosuficientes. Literalmente autosuficientes: vivirían en casas con jardines en el centro, caminarían a trabajar en las fábricas periféricas, y serían alimentados por granjas ubicados en cinturones verdes alrededor, que además obrarían como muros invisibles contención para que la voracidad cementera de la ciudad no se desbocara sobre el pobrecito campo. Cuando una ciudad jardín alcanzara sus cinturones verdes (unos 32.000 habitantes, en la visión de Howard), sería hora de construir la siguiente.

El sueño de Ebenezer Howard resultó contagioso. No pasaron demasiados años antes de que surgiera Letchworth, la primera ciudad jardín según este concepto (construido a pesar de que muchos filántropos interesados, hicieron tira y afloja a cuenta de cuánto profitarían con el valor de la tierra si invertían en dicha localidad...). En 1907, una delegación de 500 esperantistas visitó el pueblo, y el propio Howard les dedicó un soñador discurso... en esperanto, por supuesto. Pero el sueño, muy bonito en tiempos de Howard, ha ido decayendo con los años. Contra la explosión demográfica, nada se ha podido. En 1947, Londres intentó contener su expansión urbana creando un cinturón verde, y lo mismo se hizo en Seúl en 1971. Pero la gente simplemente colonizó espacio más allá de los cinturones verdes, y las ciudades siguieron creciendo. Así, Brasilia fue diseñada en los '60s para que vivieran unas 500.000 personas, rodeados de un lago y un parque, pero medio siglo después, a dicha ciudad se le han sumado otros DOS MILLONES de habitantes más allá de esos límites impuestos a la ciudad. "Los cinturones han tenido el efecto de empujar a la gente más hacia afuera, a veces absurdamente lejos", dice el urbanista e historiador Peter Hall. En definitiva, el único remedio para tener ciudades de un tamaño controlado que pueda ser más o menos habitable, no pareciera pasar por obligar a la gente a vivir dentro de límites prediseñados y ciudades jardín prediseñadas, sino simplemente comenzar a implementar políticas de control de población, en un planeta cada vez más saturado, incluso reventado, de seres humanos multiplicándose de manera indiscriminada.

jueves 12 de enero de 2012

Un calendario sobre la explosión demográfica.

Hoy vamos a probar algo un tanto diferente en Siglos Curiosos. Trataremos de cuantificar la explosión demográfica en el tiempo. Todos sabemos que la Tierra está superpoblada, y que parte importante de nuestros problemas radican en que somos demasiados humanos consumiendo los recursos del planeta. Y sin embargo, no es fácil visualizar esta explosión. Por lo que recurriremos a una escala temporal diferente para dar a entender qué tan dramático es el crecimiento de la población de la Tierra. Primero que nada, asumiremos un nuevo calendario, en que cada siglo de historia humana equivale a un día. Por lo tanto, cada mes cubrirá unos tres milenios, y el año de nuestro calendario tendrá 36500 años (365 días multiplicado por 100 años). Eso es más o menos la cantidad de tiempo transcurrida desde que el Hombre de Neanderthal fue reemplazado por el Hombre de Cromagnon (el hombre moderno) hasta nuestro tiempo. Y si subdividimos, cada hora de nuestro calendario cubrirá algo más de cuatro años, para mayor precisión. ¿Cómo quedan entonces los hitos de la explosión demográfica en nuestro nuevo y flamante calendario? Las fechas las hemos extraído de la Wikipedia en inglés, y a pesar de que pueden discutirse entre varias fuentes, los resultados generales son más o menos los mismos. Veamos:

1 DE ENERO: Los últimos hombres de Neanderthal se baten en retirada frente al Hombre de Cromagnon.

HACIA EL 20 DE AGOSTO A 1 DE SEPTIEMBRE (día más, día menos): Comienza el recalentamiento del planeta y la retirada de los casquetes glaciares. La Edad de Hielo da paso, más o menos, al clima actual.

HACIA 1 DE NOVIEMBRE (semanas más, semanas menos según el lugar): Distintas comunidades alrededor del mundo desarrollan labores agrícolas. La densidad poblacional de esos lugares crece, y con ella, la población total de la Tierra.

HACIA EL 10 DE DICIEMBRE: En los albores de la Era Cristiana, al advenimiento del Imperio Romano, la población de la Tierra ronda los 200 millones de habitantes.

29 DE DICIEMBRE AL MEDIODÍA: En los albores mismos de la Revolución Industrial, la Tierra está poblada por 750 millones de seres humanos.

30 DE DICIEMBRE, ALGUNOS MINUTOS DESPUÉS DE LA MEDIANOCHE: La población humana alcanza los primeros 1.000 millones de habitantes.

31 DE DICIEMBRE A LAS 4:00 HORAS: La población de la Tierra se DUPLICA en algo más de un día, y alcanza los 2.000 millones de habitantes.

31 DE DICIEMBRE AL MEDIODÍA: La población de la Tierra alcanza los 3.000 millones de habitantes.

31 de DICIEMBRE A LAS 15:00 HORAS: La población de la Tierra alcanza los 4.000 millones de habitantes.

31 DE DICIEMBRE A LAS 18:30 HORAS: La población de la Tierra alcanza los 5.000 millones de habitantes.

31 DE DICIEMBRE A LAS 22:00 HORAS: La población de la Tierra ya alcanza los 6.000 millones de habitantes.

MEDIANOCHE DEL AÑO NUEVO (EQUIVALENTE AL AÑO 2011): La población de la Tierra alcanza los 7.000 millones de habitantes.

Piénsenlo. Si toda la historia desde el Cromagnon hasta la actualidad quedara comprimida en un año, la historia de la civilización terrestre desde la agricultura hasta nuestros días cabe en un par de meses. Fue necesario más del 95 por ciento de ese tiempo en alcanzar los primeros mil millones de habitantes para el ser humano moderno... y en el cinco por ciento restante esa cantidad se ha MULTIPLICADO SIETE VECES. ¿Siguen sin pensar que existe un problema de sobrepoblación humana sobre la Tierra...?

domingo 8 de enero de 2012

¿13.385 millones de seres humanos sobre la Tierra?

¿Cabemos 13.385 millones de seres humanos sobre la Tierra? La respuesta probablemente sea negativa. En el año 2011 dimos la vuelta a otro dígito en la columna de los mil millones: ya somos siete mil millones de seres humanos poblando el planeta, y lo tenemos hecho más bien un asquito. Se han hecho muchas conjeturas sobre cuánta gente puede habitar la Tierra sin que ésta colapse, y tales estimaciones van desde cifras muy generosas, hasta otras en que estaríamos ya colapsados. Independiente de ese debate, acá en Siglos Curiosos haremos mención al primero que, hasta donde sabemos, sacó un cálculo científico acerca del tema. Que curiosamente no es otro sino Anton van Leeuwenhoek, conocido por ser el hombre que descubrió los microbios y... los espermatozoides. Un tema lleva al otro.

Parece ser que a nadie le había preocupado antes el tema de cuánta gente puede poblar la Tierra (lo que técnicamente se llama "capacidad de carga", del planeta en este caso). Y es que no importaba cuánto creciera la población, siempre parecía haber más espacio disponible: "creced y multiplicaos y poblad la Tierra" le dice Dios a Adán y Eva en la Biblia. Además, el crecimiento poblacional solía ser bastante lento, por cortesía de guerras, pestes, hambrunas, etcétera. Pero en el siglo XVII las cosas habían cambiado levemente: se había comprobado que la Tierra era esférica y por tanto finita, y se la estaba cartografiando a mansalva. El terreno estaba abonado para que alguien hiciera la pregunta clave.

Anton van Leeuwenhoek, recordemos, fue el investigador holandés que desarrolló una poderosísima nueva herramienta científica: el microscopio. Gracias a éste, descubrió no sólo que existen microbios por todas partes, sino que además, el semen del hombre está compuesto por "animalitos pequeños". La palabra "espermatozoide" o "espermatozoo", de hecho, viene del griego y significa más o menos "animal semilla". Investigando a estos bichos, quizás abismado por la cantidad de ellos en una pequeña porción de semen, se preguntó de pronto cuánta población de gente podía vivir en la Tierra. El método seguido por Leeuwenhoek para obtener una respuesta fue un tanto primitivo, pero aún así ingenioso. Simplemente calculó que la población de Holanda era de aproximadamente un millón de personas. Luego echó un vistazo a los mapas de la época y estimó que la superficie terrestre habitable debía ser unas 13.385 veces más grande que Holanda. Por lo tanto, la capacidad máxima de la Tierra para albergar gente, debía ser de unas 13.385 millones de personas. Leeuwenhoek dijo esto en una época en que la población de la Tierra era (según estimaciones, claro) de unas 500 millones de personas.

Indiscutiblemente que el cálculo de Leeuwenhoek es tosco por varias razones. La principal de ellas es que no consideró el hecho de que parte importante de la Tierra debe destinarse a cultivos y actividades necesarias para sustentar un determinado nivel de vida: Holanda en la época era lo que podría llamarse "Primer Mundo", y es claro que la Tierra no podría alimentar ni proveer a tanta gente sin sacrificar ese nivel de vida (elevadas concentraciones poblaciones en espacios reducidos requieren sofisticados mecanismos de regulación social, incluyendo leyes y policías, que no siempre existen en naciones más "primitivas"). Tampoco parece haber considerado que la Tierra tiene muchos lugares inhabitables: desiertos, junglas... Pero aún así, el cálculo de Leeuwenhoek tiene su mérito. Después de todo, en la época no existían estimaciones fiables de la población de casi ningún lugar del planeta. Con la excepción de China, lo cierto es que los primeros censos científicos de población arrancan más o menos del siglo XVIII (antes eran más comunes los catastros de tierras, para efectos de impuestos). El resultado de Leeuwenhoek probablemente sea en definitiva erróneo, pero lo es por la falta de datos a los que podía acceder, no porque no se esforzara al límite de sus posibilidades para responder una cuestión cuya respuesta exacta supera la capacidad científica de nuestros días, y ya no digamos la del siglo XVII, por mucho que Holanda fuera una de las naciones más ilustradas de aquellos días.

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