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jueves, 11 de diciembre de 2008

El Complejo Industrial Militar.


Parte importante de la política del siglo XXI gira en torno al concepto de Complejo Industrial Militar ("Military-industrial complex", en su original inglés). La idea básica gira en torno a la existencia de una poderosa industria armamentística trabajando en connubio con vastos cuerpos militares, retroalimentándose mutuamente en sus objetivos propios (hacer dinero los industriales, ganar prestigio y poder los militares), todo ello no sólo utilizando el dinero de los contribuyentes, sino además financiando "más cañones con menos mantequilla", como decía Adolfo Hitler, o también por decirlo de otra manera, con menos escuelas, hospitales, centros de rehabilitación y otras instalaciones de utilidad social.

El concepto fue acuñado por Dwight Eisenhower, Presidente de los Estados Unidos entre 1953 y 1961. En su discurso de despedida, antes de entregarle el mando a John Fitzgerald Kennedy (quién, según la peli "JFK", fue por cierto una víctima cuyo asesinato fue ordenado por el Complejo Industrial Militar para impedir que detuviera Vietnam), Eisenhower proclamó que la conjunción "de un inmenso poder militar y una gran industria de armamentos es nueva en la experiencia americana. La total influencia -económica, política, incluso espiritual- se siente en cada ciudad, en cada legislatura, en cada oficina del gobierno federal. (...) Debemos ponernos en guardia contra la adquisición de influencia injustificada, sea deseada o no, por el Complejo Industrial Militar. El potencial por este desastroso ascenso de poder fuera de lugar existe y aún continúa". Y Eisenhower debía saber de qué hablaba, no en balde era General Cinco Estrellas del U.S. Army, y durante la Segunda Guerra Mundial había sido el comandante supremo a cargo de la Operación Overlord, la célebre operación del Desembarco en Normandía, en 1944...

La filosofía del Complejo Industrial Militar es fácil. Los militares se benefician con mejores armas y cuadros cada vez más grandes. Y a la vez, la industria armamentística se beneficia vendiendo armas cada vez más caras y eficaces. Todo esto, aunque la sociedad no necesite otro soldado ni su correspondiente rifle. Un tercer ángulo (muy bien explicado en la peli "Las razones de la guerra", por cierto) del Complejo Industrial Militar, pasa a ser la clase política, en particular los congresistas para quienes la industria de armamentos implica por un lado puestos de trabajo en sus propios distritos electorales, y por el otro implica empleo (en forma de reclutamiento militar) para los desempleados, por lo que pocos congresistas tendrían así el valor de hacerle un alto al crecimiento del Complejo Industrial Militar, y serían proclives a pasar leyes que favorezcan al Complejo.

El problema del Complejo Industrial Militar, además de consumir parte substancial del presupuesto de la Nación, es que llega un minuto en que no se pueden reclutar más soldados ni implementar más el stock de armamentos. ¿Cómo vaciar plazas y quemar armas? Yendo a la guerra, por supuesto. Y el Complejo Industrial Militar, nacido para fortalecer la capacidad de defensa de un país, la transforma así en una potencia imperialista. Y naturalmente que, como mostró gráficamente Michael Moore en "Fahrenheit 9-11", no son los hijos de quienes están dentro del Complejo Industrial Militar quienes van a la guerra, sino los hijos de alguien más...

Por otra parte Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en su estupendo libro "Los felices 90" comenta que la idea de que las guerras son buenas para la Economía es un mito. Durante la Segunda Guerra Mundial podía ser, considerando que en esos tiempos, una guerra implicaba movilización total, algo que en la economía del siglo XXI ya no ocurre. Y el empujón que se le da a la Economía por la vía de la guerra, se ve neutralizado por el frenazo que provoca la incertidumbre de la guerra misma, lo que se refleja en la baja de precios de los recursos (commodities) en las bolsas mundiales. Comenta al respecto que la Primera Guerra del Golfo (1990-1991), lejos de solucionar la crisis económica de los '80s, probablemente la exacerbó... Y ya sabemos que dicha crisis le costó la reelección de George Bush padre en 1992, además de acuñar un nuevo gran lema político sobre el fracaso de su campaña electoral: "¡Es la Economía, estúpido!"...

domingo, 7 de diciembre de 2008

Davout contra Bernadotte.

Napoleón Bonaparte tiene fama de ser uno de los más grandes generales de todos los tiempos. Pero su ejército no era ni con mucho un monolito de hombres perfectamente alineados. En más de alguna ocasión, hubo severos problemas entre sus hombres. En Egipto, por ejemplo, dos oficiales apellidados Renier y Destaing disputaron hasta el punto de desafiarse a duelo, y Destaing acabó así expirando en la tierra de los faraones. Los mucho más conocidos Joachim Murat y Michel Ney tampoco se llevaban excesivamente bien, y también llegaron a pensar en batirse a duelo, aunque cambiaron de idea a última hora luego de que los convencieran de que sus rencillas internas sólo servirían para aliviar al enemigo.

Pero uno de los casos más complicados fue el de Louis-Nicolas Davout. Este Mariscal de Francia era uno de los mejores comandantes de las tropas napoleónicas. El problema es que el "Mariscal de Hierro", como era conocido por su estricta disciplina, tenía como reverso una grave falta de trato social, lo que le granjeó numerosas enemistades, en particular la de Joachim Murat y la de Jean-Baptiste Bernadotte (por su parte, Michel Ney le tenía en buena estima, y como Ney era rival de Murat...).

Las cosas se salieron de tiesto durante la Batalla de Auerstädt, que se libró en forma paralela a la Batalla de Jena, el 14 de Octubre de 1806. Mientras Napoleón lidiaba en Jena, tanto Bernadotte como Davout recibieron órdenes de acudir en su auxilio, aunque debido a su posición, por rutas distintas. En el camino, Davout y sus 28.000 hombres se encontraron con los 63.000 hombres del principal cuerpo del ejército prusiano. En tan crítica situación fue cuando Bernadotte decidió traicionar a Davout y lo dejó luchando en solitario. Heroicamente, Davout consiguió una victoria decisiva, hasta tal punto que cuando Napoleón recibió las nuevas de las bajas prusianas, ordenó: "Díganle a su Mariscal que está viendo doble" (un chiste privado, debido a que Davout tenía efectivamente problemas a la vista). Davout, por su parte, quedó tan irritado con Bernadotte que incluso estuvo al borde de desafiarlo a duelo. Sólo la intervención personal de Napoleón, complacido con Davout y muy enfadado con Bernadotte, impidió el duelo.

La suerte posterior de Bernadotte y Davout fue similar en un aspecto y dispar en otro. Davout fue recompensado por Napoleón Bonaparte, quién le convirtió en Duque de Auerstädt, y más tarde en Príncipe de Eckmühl. Bernadotte, por su parte, permaneció en una relativa semioscuridad, hasta que la suerte le sonrió y terminó sus días nada menos que como rey Carlos XIV de Suecia. Tanto los Duques de Auerstädt como los Reyes de Suecia actuales siguen siendo descendientes de ambos personajes, que alguna vez terminaron a punto de irse a duelo, y de permitir que sus disensiones intestinas le asestaran un grave golpe a Napoleón Bonaparte.

jueves, 4 de diciembre de 2008

García de la Cuesta y los ingleses.

Durante los seis años que van desde 1808 a 1814, los españoles consiguieron resistir con ímpetu la arremetida de una ocupación napoleónica frente a la cual tan poco alemanes e italianos habían conseguido tratando de enervarla. Pero la defensa española contra los franceses se vio gravemente lastrada por la actitud de Gregorio García de la Cuesta, el comandante supremo de las fuerzas españolas, quién durante la parte de la conducción de la campaña que le tocó dirigir, fue más un lastre que un beneficio para sus propios hombres.

Gregorio García de la Cuesta había nacido en 1741, y por lo tanto cumplía 67 años en el año de la invasión napoleónica a España. Entró en guerra apenas durante la Guerra de la Primera Coalición contra Napoleón (1793-1797), pero no tuvo una real oportunidad sino hasta la invasión napoleónica. Libró algunas batallas, y no obtuvo ninguna victoria o derrota que fuera decisiva. El 26 de Marzo de 1809, durante la Batalla de Medellín, sufrió un accidente decisivo, cuando fue herido en pleno combate, y luego pisoteado por su propia caballería. Prosiguió en el mando, eso sí, pero casi como un completo inválido, algo que si es complicado en un oficial al mando de por sí, es peor aún si se trata de un oficial de caballería, que supuestamente debe montar a caballo para liderar las operaciones.

Ni corto ni perezoso, García de la Cuesta decidió entonces hacerse transportar por un coche enorme y pesado, que era tirado por nueve mulas. Huelga decir que la movilidad de su ejército se resintió gravemente con esto. Además, estaba incapacitado para inspeccionar y reconocer por sí mismo el terreno, condición esencial para que un ejército pueda aprovechar las oportunidades del campo de batalla al máximo. Gregorio García de la Cuesta se refugió entonces en un verdadero mundo de fantasía sobre la marcha de la guerra, y tomaba sus decisiones militares basados en sus especulaciones mentales.

García de la Cuesta debió unir fuerzas con el Duque de Wellington, el gran estratega inglés que años después le infligiría la derrota decisiva a Napoleón Bonaparte en la Batalla de Waterloo, y que por esos años prestaba su asistencia con sus tropas a la causa española en la península ibérica. A pesar de que García de la Cuesta veía a Wellington poco menos que como un aprendiz, Wellington trató al militar español con enorme tacto, minimizando hasta cierto punto los roces entre las tropas inglesas y españolas. Aún así, en los preparativos de la Batalla de Talavera, librada entre los días 27 y 28 de Julio de 1809, no fue necesario un intérprete entre Wellington y García de la Cuesta: cualquier sugerencia que hacía el inglés, García de la Cuesta la respondía con un enfático "¡No!". Años después, con delicadeza, Wellington diría de García de la Cuesta que era "tan obstinado como lo sería cualquier caballero al frente de su ejército", y "demasiado viejo y carente de talento para conducir de forma adecuada los confusos y grandes asuntos que comporta una batalla".

El ciertamente macabro espectáculo que daba este viejo porfiado e inválido guiando un ejército de manera tan desastrosa, acabó en 1810, cuando un derrame cerebral obligó al anciano general a retirarse. Falleció un año después, a consecuencias del mencionado derrame.

domingo, 30 de noviembre de 2008

¿Torta de matrimonio, o máquina de escribir...?


El arte italiano es considerado por lo regular como uno de los más icónicos del mundo, en particular por su fase renacentista, pero en todo hato de ganado hay ovejas negras y en todo taller artístico hay adefesios, como el que ahora nos ocupará. En 1885 comenzaron las obras para la edificación del monumento conmemorativo dedicado a Víctor Manuel II de Italia, en la Piazza Venezia de la ciudad de Roma. Víctor Manuel II de Piamonte había sido entronizado rey de su reino, con capital en Turín, en 1849, y promovía los valores liberales que apoyaban los derrotados rebeldes de la Revolución de 1848. Gracias a la gestión de su eficientísimo ministro, el Conde de Cavour, Víctor Manuel II se había transformado en el rey de una Italia unificada, pudiendo trasladar su capital a Florencia en 1865, y finalmente a Roma en 1870, cuando ésta fue conquistada a Pío IX, el último Papa que gobernó los Estados Pontificios.

Víctor Manuel II falleció en 1878, y fue sucedido por su hijo Umberto I. Bajo el reinado de éste, comenzó la edificación del monumento conmemorativo en cuestión. Fue levantado en mármol de Brescia, de un blanco resplandeciente. En el monumento se levantó una estatua ecuestre de bronce dorado, que posee el récord de ser la mayor de su tipo en el siglo XIX, ya que tiene una altura de ¡12 metros! (debe ser también la más pesada, con sus 50 toneladas...). En el monumento está el "altare della patria" ("altar de la patria"), así como la tumba del soldado desconocido, que en el protocolo italiano es de visita obligada para los visitantes de Estado que sean extranjeros. La inaguración, un tanto precipitada, fue hecha en 1911, pero fue bajo el gobierno de Benito Mussolini, en 1927, que por fin se le dio término a las obras en el monumento.

La maledicencia italiana tendría entonces ocasión para ensañarse, siempre entre dientes, con el monumento de marras, detestado además de por ser considerado un símbolo mussoliniano, también por obstruir la vista del Foro Romano. Ver el monumento es encontrarle razón a los epítetos que se le han puesto: la "macchina da scrivere" ("máquina de escribir"), la torta de matrimonio, la "dentiera" (la "dentadura postiza")... ¡No en balde Italia fue el país de origen del célebre Pasquino!

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ser como un topónimo griego...


La Etimología, la disciplina que estudia el origen de las palabras, está repleta de curiosidades. Y así como hay personajes históricos asociados a adjetivos, u otros personajes asociados a palabras comunes, también hay palabras, adjetivos o sustantivos, que derivan de lugares geográficos. Es decir, se asocia una cualidad a los habitantes de una comarca, y después ya no se usa la palabra sólo como topónimo, sino como esa cualidad. Ahí tienen a los pobres gallegos, que de ser los habitantes de Galicia, pasaron a ser sinónimo de mensos o tontos... Y como nuestra cultura tiene fuertes raíces grecorromanas, era imposible que algunos topónimos griegos no pasaran a nuestro lenguaje común. He aquí los que he conseguido rastrear:

-- ALEJANDRINO. Aunque la RAE no registra este sentido, a veces aparece en algunos textos como sinónimo de refinamiento formal (en particular en textos traducidos del inglés). Alejandría fue fundada en 331 aC por Alejandro Magno, y en ella floreció la cultura helenística. Desgraciadamente, reemplazaron en muchos casos la inspiración y la creatividad por la erudición y el formalismo. Ya mencionamos la guerrilla literaria que sostuvieron en su tiempo Calímaco y Apolonio... El verso alejandrino (el de catorce sílabas), por su parte, no tiene nada que ver con Alejandría, sino con el "Romance de Alejandro", del siglo XII, que usa este tipo de estructura compositiva.

-- BEOCIO: "adj. Ignorante, estúpido, tonto" (RAE). Ya hemos comentado en Siglos Curiosos la mala fama que tenían los habitantes de Beocia en la antigua Grecia, y el término persistió hasta el día de hoy, aunque bien podríamos considerarlo un arcaísmo. Ahora, se prefiere llamar "gallego" a lo que antiguamente era un "beocio". En fin, el idioma siempre va cambiando...

-- CARIÁTIDE: "f. Arq. Estatua de mujer con traje talar, que hace oficio de columna o pilastra" (RAE). La relación aquí es un poco oscura, pero existe. Cariátides significa literalmente "doncella de Caria", y por tanto, eran las habitantes de la ciudad de Caria, que a resultas de ser esclavizadas, pasaron a ser representadas como columnas, siendo así figuras humanas que sostenían el peso de los templos y edificios.

-- ESPARTANO: "adj. Austero, sobrio, firme, severo" (RAE). Los espartanos, dicen los historiadores, eran de esa naturaleza.

-- LACÓNICO: "adj. Breve, conciso, compendioso" (RAE). Ser lacónico es ser hombre (o mujer, claro está) de pocas palabras. Laconia era la región griega en que se emplazaba Esparta, por más señas, y eso debería explicarlo todo.

-- LESBIANA: "f. Mujer homosexual" (RAE). Los lesbios o lesbianos eran simplemente los habitantes de la isla de Lesbos. Pero como en dicha isla floreció la poetisa Safo, cuyos escritos claramente homoeróticos dieron paso a la posterior literatura sáfica, y de quien ya hablamos en Siglos Curiosos, el nombre quedó...

-- OLÍMPICO: "adj. Altanero, soberbio". Sentir un desdén olímpico por algo o alguien es mirar desde las alturas como un dios a un insecto. El Monte Olimpo era, en la Mitología Griega por supuesto, el lugar en que se asentaba el trono de los dioses. El nombre de las Olimpíadas o Juegos Olímpicos deriva también porque los antiguos, los griegos, auténticos y originales, se celebraban en la ciudad de Olimpia.

-- SIBARITA: "adj. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento" (RAE). Los sibaritas eran los habitantes de la ciudad de Síbaris, en la Magna Grecia, conocidos por gustarles la vida buena, regalada y con lujos y placeres. Hedonistas, que los llaman. Síbaris fue arrasada hacia 510 aC por los austeros místicos pitagóricos, hastiados de que los sibaritas la pasaran tan bien, mientras que ellos se negaran a comer habas.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Azafatas.

La palabra "azafata" tiene varias aplicaciones. En Chile es el nombre que reciben las señoritas que atienden a los viajeros en los aviones, las "aeromozas" o "auxiliares de vuelo". En España se llaman azafatas (según llega el mejor de mis conocimientos) a las modelos de programas televisivos que promocionan productos o auxilian a los concursantes, usualmente sin decir muchas palabras a menos que el animador o animadora se dirija a ellas.

Considerando estos usos muy modernos para la palabra, tiene su miga que derive del árabe, así como numerosas otras palabras del idioma castellano, que arribaron al español por el contacto cultural de la Edad Media. La palabra viene del árabe "as-sa-fat", que se refiere a la loza o a la vajilla de una mesa. La azafata era así la persona encargada de poner y retirar los cubiertos y vajilla de la mesa, durante los banquetes, festines y cenas. Andando el tiempo, azafatas pasaron a ser las damas que atendían el tocado de la reina, presentándole los vestidos y alhajas, o recogiéndolos cuando la reina se desvestía. De ahí a las azafatas de los aviones o de los programas de concursos televisivos, la conexión es obvia.

Por último, mencionemos que las azafatas reciben a veces otros nombres. En Colombia se las llama "cabineras", ya que son las únicas que pueden pasar de la carlinga (el espacio de los pasajeros) a la cabina de los pilotos. Otra denominación más curiosa es "cantinera del aire", por extensión con el trabajo de las cantineras, las mujeres que en las guerras del siglo XIX se encargaban de refrescar a los soldados con sus cantimploras, y que seguramente tiene que ver con el trabajo de traer los bebestibles con o sin alcohol para los pasajeros...

jueves, 20 de noviembre de 2008

El lecho de Procusto.


Es lugar común, por lo menos entre las gentes más cultivadas y eruditas, el referirse al lecho de Procusto como sinónimo de inflexibilidad. De esta manera, cuando alguien pretende que todo lo demás se ajuste a lo que él dice, se afirma que tal persona pretende que los demás se acuesten en el lecho de Procusto. Veamos por qué.

Dentro de la Mitología Griega, uno de los máximos héroes, y el principal de lo que podríamos llamar el "ciclo ateniense" (es decir, de héroes relacionados con la pólis de Atenas, que en esto los antiguos griegos eran bien patriotas) es Teseo. La aventura más conocida de Teseo es, por supuesto, su incursión a Creta para entrar en el Laberinto de Minos y matar al Minotauro. Pero previo a esto, tenemos lo que podríamos llamar de manera un poco hollywoodense como "las aventuras del joven Teseo". Una de las batallas que libró Teseo, fue contra el malvado Procusto.

Procusto era un sádico criminal que convencía a los viajeros de acompañarle a su casa, en donde podrían descansar y reparar fuerzas (y conociendo ciertas costumbres homoeróticas de los griegos, vaya uno a saber qué más). Una vez allí los tendía en un lecho de hierro, en donde los inmovilizaba. Si el viajero era demasiado alto, le agarraba los pies y le cortaba lo que sobrara a hachazo limpio. Si el viajero era demasiado bajo, le descoyuntaba las articulaciones para alargarlo y dar la medida del lecho.

Para su desgracia, uno de estos viajeros resultó ser el joven Teseo, entonces en ruta hacia Atenas. Procusto lo llevó hasta su lecho, pero Teseo le castigó con su propia ley, tomando a Procusto, echándolo en el lecho, y cortándole todo lo que sobrara... Después de lo cual, le dio muerte. La ciudad de Atenas recibió entonces a Teseo como un gran bienhechor, por haberla librado de un hombre con tan pocas virtudes cívicas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Y los kusitas sí eran negros a fin de cuentas.


En nuestra época de cierta tolerancia multicultural, el racismo abierto es considerado como algo sumamente ofensivo, y por lo tanto, nos cuesta creer cómo hubo épocas tan impregnadas de éste, que manchaban toda su ciencia histórica con afirmaciones a las claras absurdas, pero que sí cuadraban con un esquema mental de "la raza blanca superior versus las razas inferiores". La investigación arqueológica sobre el Reino de Kush fue una gran víctima de ello. Mientras que la Egiptología moderna principió con la campaña de Napoleón Bonaparte a Egipto en 1798-1799, la investigación arqueológica seria sobre los kusitas, sus vecinos del sur, debió esperar hasta mediados del siglo XX, para que alguien mostrara un cierto interés sobre este pueblo.

A comienzos del siglo XIX, cuando la egiptomanía invadió al mundo académico europeo, nadie tenía muy en claro hasta qué segmento del Río Nilo valía la pena explorar en busca de nuevas ruinas. El primer investigador del Reino de Kush, como se llamó el poderoso ente político que surgió al sur del Egipto Faraónico, fue un investigador llamado Giuseppe Ferlini (1800-1870), más motivado por saquear tesoros que por verdadera investigación arqueológica. Los métodos de "exploración" de Ferlini eran tan expeditos como volar las capas superiores de las pirámides en Sudán a punta de dinamita, para descubrir cámaras secretas en su interior. Pero cuando reveló que sus hallazgos venían del Africa Negra y no de Egipto, se quedó enormemente chasqueado: ningún arqueólogo serio creía que los "negros" eran capaces de civilización. Consiguió vender su material, sí, pero al final de un laborioso proceso de negociaciones con muchos entes culturales distintos.

Con todo, ya no se podía ignorar que al sur de Egipto habían importantes hallazgos arqueológicos, y hubo egiptólogos que se dignaron darle una mirada a Kush. Uno de ellos fue Richard Lepsius, quien al investigar a los kusitas, quedó lo suficientemente convencido de que eran una cultura importante como para escribir que sus ruinas "pertenecían a una raza blanca", cuando hoy en día es evidente por los testimonios arqueológicos que los kusitas eran de raza negra. A tanto llegó la fijación por atribuirles antecedentes "blanqueados" a los kusitas, que el arqueólogo George Reisner (1867-1942) afirmó después de dedicar los años de 1916 a 1919 a la investigación de éstos, que el gran rey Piankhi, el Faraón Negro que conquistó Egipto hacia el año 715 a.C., era en realidad un mercenario libio que había cruzado todo Egipto de norte a sur y se había impuesto militarmente a los negros kusitas. En el libro "Cuando Egipto gobernaba el Oriente", publicado en 1942 por los egiptólogos Keith Seele y George Steindorff, Piankhi sufrió otro desdén, cuando se escribió de él y sus sucesores nubios en Egipto: "Mas su dominio no duró por tanto tiempo".

El asunto empezó a cambiar recién en 1960. Irónicamente fue el cataclismo de erigir la Represa de Asuán, lo que obró el milagro. Debido a que enormes tierras iban a quedar inundadas por las aguas de la represa, las investigaciones arqueológicas adquirieron un ritmo frenético. Con esto, surgieron (en forma de estatuillas y similares) múltiples evidencias de que los nubios kusitas sí eran de raza negra, en particular por los rasgos negroides de las facciones de muchas estatuas representando a figuras de la época del dominio nubio sobre Egipto (hacia 730-671 a.C.). La sensibilidad hacia el racismo había cambiado su tanto en el período intermedio, en particular gracias a la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, y con ello, el fantasma de los kusitas tuvo una nueva oportunidad de pasar a la Historia, ahora sí como corresponde, sin ser distorsionados ni falseados por los egos racistas de los investigadores.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Van Turco el gato del Lago Van.


Todavía en pleno siglo XX, aunque explorada prácticamente toda la Tierra, el mundo de los felinos seguía dando sorpresas. Una de ellas fue el hallazgo del Van Turco. Su historia es la siguiente.

El Lago Van, una cuenca endorreica (es decir, sin salida acuática, lo que le confiere una gran salinidad) a 1600 metros de altitud, y ubicada en una zona altamente inhóspita, es bien conocido por los historiadores de la Antigüedad, debido a que en sus cercanías surgió el poderoso reino de Urartu (el de los hurritas, por más señas), bien custodiado por los contrafuertes montañosos de Armenia. Por ello, en siglos posteriores fue peleado por varios imperios distintos. En la actualidad, el Lago Van está en manos de Turquía.

A orillas del Lago Van surgió una raza de gatos salvajes llamada Van Kesidi. En 1955, la viajera Laura Lushington, conocida también como especialista en gatos, viajó por sus orillas, y en un pueblo descubrió una raza desconocida de gatos. Le obsequiaron dos cachorros, que se llevó prestamente a su país. Después, parece ser que se identificó la raza en estado salvaje, en otras regiones de Turquía, pero el nombre de Van, debido al hallazgo original, quedó. Los gatos descendientes de las dos crías transportadas por Laura Lushington, se transformaron después en la raza Van Turco.

El Van Turco, un gato de manto (pelaje) blanco con apenas un par de manchas en la cabeza, suele ser considerado como cariñoso e inteligente. Pero el rasgo que le aseguró fama inmediata entre los criadores de gato, es que, haciendo honor a sus orígenes a orillas de un lago como el Lago Van, y a diferencia de otros gatos, el Van Turco sabe nadar, y además de eso, disfruta de bañarse en lagos, piscinas, piletas...

ESTE POSTEO ESTÁ DEDICADO A LA MEMORIA DEL GATO JAMES (n. cerca 1-I-2004, f. 9-XI-2008).

domingo, 9 de noviembre de 2008

Los gatos en el Antiguo Egipto.

En un posteo anterior hemos hablado de Bastet, la diosa gata del Antiguo Egipto. Ahora corresponde hablar de los gatos egipcios en sí mismos. Hay evidencia que parece apuntar a que fue en el Antiguo Egipto, en donde surgió el gato doméstico por primera vez, y éste es descendiente del Felis Lybica, una especie de gato salvaje africano. La razón es casi obvia, bien mirada. Cuando Egipto empezó a crecer, y por lo tanto se dedicó a construir graneros (algo necesario entre tanta pirámide y templo), las ratas se transformaron en un problema. De ahí que los gatos, como cazadores naturales de roedores, se transformaron en aliados útiles, y de ahí, en verdaderos animales semidivinos. Los egipcios creían muy en serio de que en cada gato estaba una parte de Bastet, la diosa gata, y de ahí el extraordinario cuidado que depositaban en éstos.

En el Antiguo Egipto, era peor matar a un gato que a un hombre. Ante lo último, siempre cabía la posibilidad de un indulto, pero si el muerto era un gato, ni el propio faraón tenía poder para ello; y la condena era a muerte. Es más: si un egipcio descubría un gato fuera de las fronteras egipcias, era su deber y obligación llevarlo a tierra egipcia, sano y salvo. En caso de incendio, el primero en ser puesto a salvo era, adivinaron, el gato. Y si moría, las familias adineradas transportaban el cuerpo a Bubastis, la ciudad sede del culto a la diosa gata Bastet, para ser enterrado allá; para estos efectos, en la época tardía egipcia, llegaron a fabricarse ataúdes con forma de gato, en los cuales podía introducirse el cuerpo del felino, convenientemente momificado. Los arqueólogos modernos han rescatado cientos de estos gatos momificados, y varios de estos ataúdes.

Existen dos anécdotas relacionadas con gatos en el antiguo Egipto. Una de ellas se remonta a la época en que Cambises II, rey del Imperio Persa (528-521 a.C.) conquistó Egipto. Frente a la ciudad de Pelusa, puso cientos de gatos amarrados a los escudos de sus soldados. Los egipcios, ante el dilema de defenderse o respetar la vida de los gatos, optaron por rendir la ciudad. O al menos así se cuenta.

La otra se remonta al año 47 a.C., cuando Julio César invadió Egipto. En la ocasión, un soldado romano mató, accidentalmente o con intención, a un gato. Ni siquiera el Faraón Tolomeo XII pudo hacer algo al respecto: la turba se apoderó del legionario y lo linchó simple y llanamente, como a un blasfemo cualquiera.

ESTE POSTEO ESTÁ DEDICADO A LA MEMORIA DE LA GATA EUDORA (n. cerca 1-XI-2007, f. 6-XI-2008).

jueves, 6 de noviembre de 2008

Pueblos que le dieron nombre a su tierra.


A lo largo de la historia, varios pueblos nómades o seminómades han ido a instalarse en determinadas tierras, identificándose hasta tal punto con ellas, que a tales lugares se los ha conocido históricamente, e incluso hasta el día de hoy, con sus nombres. Así:

-- ESCOCIA. Debe su nombre a los escotos, una tribu que cruzó el Canal de la Mancha y ocupó tales tierras en épocas de los romanos.

-- ALEMANIA, FRANCIA, BORGOÑA: Deben sus nombres a los alamanes, francos y burgundios, tres de las revoltosas tribus germánicas que tomaron por asalto el Imperio Romano en el siglo V. Otro tanto cabe decir de los vándalos, que se asentaron en España durante un breve tiempo antes de saltar al Africa, no sin antes llamar Vandalucía a la que después será la actual Andalucía.

-- HUNGRÍA: También le debe su nombre a una tribu contemporánea a las anteriores, la de los terribles hunos, quienes bajo el reinado de Atila asentaron sus reales en dicho territorio y desde allí azotaron en repetidas oportunidades al Imperio Romano de Occidente. Por cierto, el nombre oficial de Hungría es "Magyar Köztársaság", que a su vez se refiere a otra tribu, la de los magiares, que atacó y se apoderó de dicha región en los siglos IX y X.

-- TURQUÍA Y TURQUESTAN: Los turcos no se llaman así, al menos originalmente, por ser habitantes de Turquía, sino al revés, ya que dicha región fue la que recibió nombre de éstos. La región original y nativa de los turcos es el actual Turquestán, en Asia Central, y desde allí emigraron varias tribus, una de las cuales, la de los otomanos, consiguió apoderarse de Turquía y retenerla bajo su dominio durante cinco siglos (XIV al XIX).

-- MAR TIRRENO: Este mar al oeste de Italia le debe su nombre a los tyrrenoi, nombre con el cual los griegos conocían a los etruscos.

-- IBERIA: Recibe su nombre de los íberos, que le dieron también nombre a la Península Ibérica.

-- PALESTINA: En el mundo de la Biblia se llama "pelisitim" a los filisteos, y se piensa que de ahí deriva el topónimo en cuestión.

-- MÉXICO Y EL CARIBE: En tanto, en el Nuevo Mundo, los mexicas dieron nombre a México. Los caribes, por su parte, dieron nombre al Mar Caribe.

Pero quienes batieron alguna clase de récord fueron los celtas, cuyo nombre romano (galos) se ha perpetuado en toda Europa: Galicia en España, Gales en Inglaterra, Galitzia en Polonia, Galacia en Turquía... Por no hablar de la Galia, el antiguo nombre de Francia. Esos fueron recuerdos de su estancia en tales lugares, o sus correrías de pillaje y rapiña (de Galacia, a su vez, vienen los gálatas a quienes San Pablo, según la Biblia, dirigió una de sus cartas).

domingo, 2 de noviembre de 2008

Patronímicos.

Nadie pone en duda que los apellidos fueron inventados para crear aristocracias. Porque no era lo mismo ser simplemente Juan o Pedro, que Juan el de Aragón o Pedro el de Sevilla, cuando había mucho dinero o un título nobiliario en juego, a finales de la Edad Media. Y precisamente para remarcar este carácter de unión familiar que tienen los apellidos, nacieron los patronímicos. Un patronímico es precisamente un apellido que significa "hijo de", y existen en los más variados idiomas.

En castellano, el patronímico se forma por la terminación "-ez". Así, "Alvarez" es "hijo de Alvaro", "Ramírez" es "hijo de Ramiro" y "Domínguez" es "hijo de Domingo". En algunos casos el más difícil descubrir el nombre original, porque si bien el patronímico sigue vigente, el nombre ha caído en desuso. Así, "Pérez" es "hijo de Pero" (forma antigua de "Pedro"), "López" es "hijo de Lope" y "Peláez" es "hijo de Pelayo", todos nombres de ilustre alcurnia, pero que hoy por hoy ya no se usan.

En portugués el patronímico se forma de igual manera, pero con "-es" en vez de "-ez". Así, existen los "Alvares", los "Lopes" y los "Peres". Por cierto, muchos marranos (judíos conversos al cristianismo) usaron estos apellidos para disimular su origen, como procedentes de Portugal...

En inglés, el patronímico se forma con la terminación "-son" ("hijo"), o su abreviatura "-s". Así, "Stephens" y "Stephenson" son "hijo de Esteban" ("Stephen"), "Johnson" y "Jackson" son "hijos de Juan" ("John", o su diminutivo "Jack"), "Donaldson" es "hijo de Donald", y así sucesivamente. La terminación es común a otras lenguas germánicas. Por ejemplo, el apellido sueco "Magnussen" significa "hijo de Magnus".

Entre los irlandeses se usa el clásico "of" ("de"), abreviado en "O". Así, "O'Reilly" es "de Reilly" (o sea, "hijo de Reilly") y "O'Higgins" es "de Higgins" ("hijo de Higgins"). Entre los escoceses, el "Mc" sirve al mismo propósito: "McArthur" es "hijo de Arthur", "McPherson" es "hijo de Pherson", etcétera.

En Rusia, el patronímico se forma por la terminación "-vich". Así, "Ivanovich" es "hijo de Iván" (o sea, de Juan), etcétera.

Entre los semitas se usa la raíz "ben" o "ibn". Muchos nombres castellanizados desde el árabe, empiezan con dicha raíz: Abejaldún (Ibn Jaldún), Avicena (Ibn Sina), Averroes (Ibn Rushd). Así, entre los árabes, el rey Salomón viene a ser "Solimán ibn Daud" ("Salomón el hijo de David"). Entre los judíos, que podrán odiar a muerte a los árabes, pero son tan semitas como ellos, se usa la partícula "ben". En ese sentido se llama "Ben-Hur" al protagonista de la novela del mismo nombre, Judá, o sea, su protagonista es "Judá hijo de la Casa de Hur". Y por supuesto que no debe confundirse con "Ben" como nombre diminutivo de "Benjamín"...

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