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jueves, 23 de octubre de 2008

La Burbuja Punto Com.

Uno de los más penosos episodios de la historia económica de finales del XX y comienzos del siglo XXI, se corresponde con el pinchazo brutal de la Burbuja Punto Com. En su tiempo se publicitó abiertamente la creación de una "Nueva Economía", la Economía del Tercer Milenio que iba a dejar obsoletas todas las teorías económicas basadas en la Revolución Industrial. La clave eran las nuevas tecnologías de la computación, y en particular la Internet, la "autopista de la información", que iba a convertir la sociedad industrial en una sociedad de la información, justamente. Al final sucedió, con la irrupción de la blogósfera y con ella de Siglos Curiosos, pero las uvas estaban aún un poco verdes en el paso al 2000. Y quienes apostaron antes de tiempo, se estrellaron.

Como cualquier burbuja financiera, la Burbuja Punto Com es de historial complicado. Pero varios factores incidieron. Por una parte, la caída de la Cortina de Hierro permitió que los capitales pudieran movilizarse como nunca por el mundo. Los inversionistas, alejado el riesgo del holocausto nuclear, miraron también el futuro con mayor confianza. Las economías emergentes (Asia, Latinoamérica) de pronto, al liberalizarse, se transformaron en destinatarios naturales de las inversiones del Primer Mundo, particularmente de Estados Unidos. Y el corazón de todos estos movimientos financieros internacionales era la Nueva Economía, la Internet, que entre otras cosas, modificaba la manera de hacer negocios en el mundo.

Pero claro, la liberalización de los mercados hizo muy ricos a los inversores de Estados Unidos, y mantuvo en la pobreza a muchas otras naciones (incluso creó varios desplomes, como el Tequilazo en 1995, la Crisis Asiática en 1997-98, el Hundimiento con Bife Chorizo de Argentina en el 2000...). En Diciembre de 1999, durante una reunión de la Organización Mundial de Comercio, en Seattle, estallaron disturbios por parte de los grupos antiglobalización, ridiculizados como "globalizados para organizarse por la antiglobalización", sin parar mientes en que no protestaban contra la globalización per se, sino contra ciertos desagradables efectos de la globalización liberal a ultranza. Claro, protestaban porque liberalización a ultranza significaba explotación de los recursos del Tercer Mundo en favor de los inversionistas del Primero, que entretanto tenían más dinero, y lo usaron en especular en las tecnologías de la información. Surgieron así numerosas empresas "punto com", que emitieron acciones a la Bolsa, y los inversionistas, ahora con más dinero para invertir, compraron ávidamente, creyéndose la propaganda de que una Nueva Economía permitiría que (¡por fin!) todo el mundo pudiera ser rico, o tener un aroma a riqueza al menos.

El índice NASDAQ (que agrupa a valores bursátiles relacionados con la tecnología) había subido de 500 puntos en Abril de 1992, a 1.000 puntos en Julio de 1995, a 2.000 puntos en Julio de 1998, y a una cifra récord de 5.132 en Abril de 2000. Para cualquier enterado en cuestiones económicas, era claro que semejantes alzas no podían reflejar un aumento de valor en la Economía real, y que las empresas punto com estaban fuertemente sobrevaloradas. Cuando la gente terminó por darse cuenta y dejó de especular con las empresas punto com, sobrevino el desastre. En el año 2000, America Online y Time Warner se habían fusionado para crear la empresa absoluta de la Nueva Economía (AOL Time Warner), mientras que en los dos años siguientes, tuvo que admitir pérdidas en sus balances de... ¡100.000 MILLONES de dólares! Por supuesto que diez años antes no había ninguna empresa que valiera tantos millones, y menos que pudiera aguantar una pérdida de tamaño semejante sin declararse en bancarrota... Pero AOL Time Warner sobrevivió. La pérdida de capital obligó a las empresas a hacer despidos, y el paro subió del 3,8% al 6,0% en apenas el año 2001. Curiosamente, muchas empresas dot com (cerca de la mitad, según estadísticas) se las apañaron para sobrevivir: eran tan pequeñas, que tenían pocos valores en juego, y por ende sus pérdidas no fueron tan grandes, mientras que los grandes tiburones fueron los que más arriesgaron y murieron. Por supuesto que en ese tiempo ya era Presidente de Estados Unidos el señor George W. Bush, hombre más ávido de dar lecciones que de aprenderlas, y empezó de inmediato a gestarse la siguiente burbuja, la Crisis Subprime 2007-2008...

domingo, 19 de octubre de 2008

Observaciones chirriantes.


La siguiente recopilación de anécdotas, se la debo al periodista Christopher Hitchens, a quien siempre es agradable de leer aunque sea demasiado radical y catedralicio para dar sus no siempre tan bien fundadas opiniones. Las agrupa bajo un rótulo tomado en préstamo del escritor irlandés Joyce Cary (1888-1957), quién llama "observaciones chirriantes" a aquellas proferidas con perfecta inconsciencia social por parte de personas desaforadamente ricas. Y son interesantes porque revelan una parte de la mentalidad del millonario, a saber, la íntima convicción de creerse moralmente superiores al resto de la Humanidad. He aquí el ramillete.

La anécdota que gatilló el artículo fue del mismísimo 2008, y su protagonista es el candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, John McCain. Se le preguntó en una entrevista sobre cuántas casas poseían él y su esposa Cindy. Su respuesta textual: "Pienso... Haré que mis empleados me informen". Huelga decir que la propaganda demócrata se cebó en dicha respuesta: Charles Schumer (senador demócrata por Nueva York) dijo que sabía de McCain que "usa zapatos de 500 dólares, tiene seis casas y proviene de una de las familias más ricas de este estado". Era la devuelta de mano porque la maquinaria propagandística de George W. Bush, para las elecciones del 2004, se cebó en el candidato demócrata John Kerry y su esposa Teresa Heinz, por poseer cinco casas...

Otros casos de Estados Unidos. Un donante estadounidense que entregó dinero a la Universidad de Oxford se apellidaba Coolidge, y Hitchens dice que cuando le preguntó sobre si estaba emparentado con Calvin Coolidge (Presidente de Estados Unidos entre 1923 y 1929), replicó ofendido: "Bueno, no. Yo creo que él era uno de los Coolidges que trabajaba". Mientras que en el año 2005, haciendo labor social en Nueva Orléans tras la catástrofe del Huracán Katrina, Barbara Bush habría dicho que como muchos refugiados eran menesterosos, la vida en el improvisado refugio en un estadio de Texas "era una maravilla para ellos"...

Pero los comentarios que tienen más sal, son los de la aristocracia británica, campeones indiscutibles en el arte de la displiscencia irónica. La Reina Madre Isabel de Inglaterra, mientras era transportada en un Rolls Royce por las calles de Manchester, habría dicho: "Creo que no tiene sentido alguno ser pobre". El duque de Saint Albans, por su parte, mencionó que un antepasado había perdido 50 millones de libras esterlinas en una especulación, y añadió como coda: "Ese era un montón de dinero en aquella época". Y el Duque de Devonshire, tras ser criticado en el London Times, dijo que él no pensaba recibir el periódico en "ninguna de sus casas"...

Desgraciadamente, ese síndrome también existe en Chile. Y si no, pregúntenle a las pelolais que viven su vida happy desde Plaza Italia hacia el este, en Santiago, y que no viajan al oeste sino para sentirse un poco más cool haciendo labores de voluntariado para la gente pobre...

jueves, 16 de octubre de 2008

El juego maquiavélico de Lee Atwater.


De que la política ha sido siempre un juego sucio, eso nadie lo pone en duda. Pero muchos están de acuerdo en que Lee Atwater llevó el juego a un nuevo nivel de sordidez, que hasta entonces la política de una nación democrática no había alcanzado. Lo irónico es que en su lecho de muerte, el propio Lee Atwater tuvo tiempo de arrepentirse de sus pasadas acciones, horrorizado del monstruo de Frankenstein que había creado, al desarrollar un nuevo tipo de hacer política. Porque Atwater es considerado como el padre de la maquinaria propagandística del Partido Republicano de los Estados Unidos, y su más destacado discípulo fue nada menos que Karl Rove, el tenebroso hombre tras las dos victorias electorales de George W. Bush.

Lee Atwater nació en 1951, y es considerado como un hombre de Carolina del Sur, en donde se crió, a pesar de haber nacido en Atlanta (Georgia). Asesoró a candidatos republicanos desde finales de los '70s, y trabajó para la administración de Ronald Reagan, y después para la de George Bush (el padre, claro está), a quien ayudó a ganar después de la que es considerada su pieza maestra en el arte maquiavélico. Porque Atwater es, sin lugar a dudas, el arquitecto de la victoria de Bush sobre Michael Dukakis, su contendor del Partido Demócrata, en la elección de 1988.

El estilo de Atwater era simple, y es el que han seguido después Karl Rove para apoyar a George W. Bush, y más recientemente Steve Schmidt (discípulo de Rove, así como éste es discípulo de Atwater) para apoyar a John McCain: crear redes de propaganda con mensajes simples y agresivos, que creen una imagen distorsionada del adversario. En 1988, atacaron a Dukakis esparciendo rumores sobre éste siendo sometido a terapia mental por depresión, y a su esposa por quemar una bandera durante la época de las protestas contra Vietnam. Se montó también un aviso racista en que mostraban al asesino negro Willie Horton cometiendo asalto armado y violación durante una salida de fin de semana, merced a un programa diseñado por Dukakis mismo: el concepto de "puerta giratoria" para los delincuentes, inventado por la maquinaria propagandística republicana, terminó de hundir a Dukakis.

En 1990, durante un evento público, Atwater se desplomó. Le diagnosticaron entonces un muy agresivo tumor cerebral. Se volvió entonces hacia el Catolicismo y de hecho parece haberse convertido. Como acto de contrición, escribió una serie de cartas a todos aquellos quienes sus tácticas habían perjudicado. En la revista Life Magazine, Atwater hizo una declaración pública llamando a modificar el estilo de hacer política basado en la acumulación pura y simple de poder, estilo que por cierto, él mismo había contribuido a desarrollar. Quizás revelador de su temperamento sean las palabras que le escribió a Dukakis: "Mi enfermedad me ha hecho pensar algo sobre la naturaleza de la humanidad, el amor, la hermandad y las relaciones que nunca entendí, y probablemente nunca hubiera entendido". El 29 de Marzo de 1991, habiendo perdido prácticamente toda la movilidad debido al cáncer, falleció finalmente. En las elecciones presidenciales de Noviembre de ese año, ganó el candidato demócrata Bill Clinton.

domingo, 12 de octubre de 2008

El Gran Triángulo de los esclavos.


Probablemente, una de las hipocresías más grandes en que han incurrido los cristianos en la Historia Universal, es que muchos de ellos se ensuciaron las manos en un comercio que niega por completo la igualdad entre los seres humanos que predicó Cristo, cual es el de los esclavos. En la temprana Edad Media había la excusa de que los esclavos existían desde la Antigua Roma, al menos, pero en los Tiempos Modernos, cuando estaba casi extinguida en Europa, la esclavitud encontró no sólo un nuevo campo fértil por el cual avanzar, sino que se sistematizó hasta extremos antaño quizás inconcebibles.

En efecto, los esclavistas desarrollaron, entre los siglos XVII y XIX, un comercio atlántico perfectamente sistematizado. Las naves zarpaban de Inglaterra llevando mosquetes, ginebra y baratijas para comprar esclavos en Africa, después zarpaban de Africa hacia Estados Unidos llevando los esclavos, y desde Estados Unidos viajaban de regreso a Inglaterra con algodón, azúcar, ron y madera. A esto se lo llamó el Gran Triángulo.

Los esclavos eran transportados en condiciones absolutamente inhumanas. Aún en el puerto, se les marcaba con un hierro al rojo vivo que poseía las iniciales del comerciante que trataba con él; de este modo podía identificársele en caso de que pretendiera escapar. Antes de zarpar, era frecuente que algunos esclavos, desesperados, intentaran suicidarse o huir; en tales casos podían ser fusilados, o bien solían ahogarse. Una vez en viaje, eran hacinados en bodegas bajo la cubierta, sin ventilación, hasta el punto que no podía mantenerse encendido un candil, por la falta de oxígeno. Se estima que entre el 10 y el 20 por ciento de los esclavos transportados en estas condiciones fallecía durante el viaje.

A comienzos del siglo XIX, el Parlamento de Gran Bretaña inició una fuerte campaña para acabar con la esclavitud. En 1806 lo consideró "contrario a los principios de justicia, humanidad y sana política". El principal promotor de la abolición fue William Wilberforce, un político y filántropo británico, quien debió lidiar con los intereses comprometidos de los esclavistas, pero que finalmente se salió con la suya cuando se proclamó la abolición en 1833. Aún así, ésta no fue automática. Así, los propietarios de esclavos en las Indias Occidentales, por ejemplo, debieron ser indemnizados con 20 millones de libras esterlinas, para que accedieran a liberar a sus esclavos. En Estados Unidos, fue después de la Guerra de Secesión (1861-1865) que desapareció la esclavitud, y sólo entonces pudo asestársele el golpe de gracia a este comercio.

jueves, 9 de octubre de 2008

Calímaco contra Apolonio.


Siendo la Literatura un Arte, y el Arte una cuestión de apreciaciones en buena medida, es natural que hayan ciertas polémicas literarias sobre cómo debe ser la Literatura, que están condenadas a no ser resueltas jamás. Bien conocidas en lengua castellana son las guerras entre Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, o entre Vicente Huidobro y Pablo Neruda, que si bien tuvieron su buena proporción de egotismo y vanidad, eran también concepciones diferentes sobre cómo debe hacerse la buena Literatura. Una de las polémicas más antiguas de esta naturaleza, tal y como la conocemos, es la que enfrentó a Calímaco con Apolonio de Rodas, en la Alejandría de los Tolomeos.

En el siglo III a.C., gracias a la riqueza del Egipto de los Tolomeos, Alejandría se convirtió en el centro de la cultura griega, desplazando a la ya vetusta Atenas. Es natural que los más selectos e importantes escritores fueran a dicha ciudad a hacer su arte. Mientras que la cultura ateniense había tenido un sesgo más popular y creativo, la cultura alejandrina respondía a una sociedad más rica, sí, pero también más aristocrática y orientalizante. La cuestión que enfrentaba a los escritores era entonces, ¿cómo plasmar esta nueva sociedad griega, en un nuevo estilo de arte?

Para Calímaco (hacia 310-240 a.C.), la cuestión estaba clara. La antigua cultura se había nutrido fundamentalmente de la épica homérica, pero esa cultura estaba muerta. La épica homérica era indudablemente grandiosa, claro está, pero ya no podía cultivarse en la enrarecida atmósfera cultural alejandrina. Por ende, se dedicó a la escritura de epigramas e himnos de extensión relativamente breve (las piezas más largas tendrán apenas unos centenares de versos). Su esfuerzo máximo no estaba en recrear largas historias épicas, sino en tomar episodios mitológicos para explotar la atmósfera erótica, épica o terrorífica que de ellos pudiera emerger.

El oponente de Calímaco era Apolonio de Rodas, quién sí pensaba que la épica aún estaba de moda. Para ello escribió su propio poema épico, la "Argonáutica". Para su desgracia, su obra no tenía la vida ni pasión de Homero, su modelo, y pierde el hilo mientras despliega toda su portentosa erudición, volcándola sobre el poema hasta convertirlo en pesado y pedantesco. No muy apreciado hoy en día, su pedantería simpatizó mucho entre algunos romanos (lo imitaron no sólo Varrón de Atax y Valerio Flaco, dos poetas romanos de segunda fila, sino que el propio Virgilio lo homenajeó en el Canto IV de la "Eneida"), y después entre los renacentistas, tan entregados ellos al cultivo de la erudición grecorromana (Pierre de Ronsard le imitó en el siglo XVI con un poema llamado "La Franciada").

¿Por qué Calímaco y Apolonio eran rivales tan enconados? Las diferencias de percepción sobre la Literatura y su estado actual (el de esa época, claro) son una razón fundamental, pero probablemente haya otras. Apolonio fue discípulo de Calímaco, y quizás el vasto trabajo de Apolonio (7000 versos, más o menos la mitad de "La Ilíada") despertó los celos del maestro. Calímaco, por otra parte, sabemos que era hombre de temperamento difícil, como lo revela su propia obra literaria, en la que es posible encontrar a un hombre muchas veces rencoroso y amargo. A su manera, por otra parte, Calímaco tenía razón en considerar que el espíritu épico no se avenía bien con la adocenada vida de la corte de los poltrones eruditos y aristócratas de Alejandría. Como no tenemos demasiada información sobre la vida de ambos, y los datos al respecto son contradictorios, tenemos que conformarnos con lo poco que se sabe al respecto, y especular.

domingo, 5 de octubre de 2008

La novela que remeció la industria de la carne.

Upton Sinclair (1878-1968) no era novelista que se anduviera con chicas. Su prosa tiene un hondo contenido social, y es uno de los grandes estandartes del Socialismo en los Estados Unidos del siglo XX. Incluso, aunque la Literatura de denuncia social tiende a envejecer rápidamente conforme las propias condiciones sociales cambian, fue adaptado más o menos libremente, en fecha reciente, en la peli "Petróleo sangriento". Pero no fue su única novela: en su larga vida, Sinclair fue enormemente prolífico, y dejó cerca de noventa volúmenes (prácticamente uno por año de vida) al fallecer.

Ciertas novelas pasan a la Historia por ser catalizadoras de situaciones sociales críticas, como por ejemplo lo fue "La cabaña del Tío Tom" sobre la esclavitud de los negros en el Sur de Estados Unidos. Sinclair, en "La Jungla", publicada en 1906, hizo lo propio con los mataderos de Chicago. En su novela, Sinclair se dedica a contar todo lo que pasa con la carne, desde que la ternera está viva en el matadero, hasta que llega a la mesa del consumidor estadounidense. Los lectores estadounidenses reaccionaron con repulsión, no sólo por la descripción del trabajo de las mujeres y de los niños en los mataderos de la ciudad, sino también al darse cuenta de que al comer carne de ternera, muchas veces también comían la carne de los operarios que se caían vivos a las trituradoras, y por los cuales, por cierto, nadie se preocupaba en demasía.

El escándalo llegó a tales proporciones, que la propia industria carnicera decidió pedir ayuda al Gobierno, para que ellos los inspeccionaran, y así reestablecer la confianza del público. El entonces Presidente Theodore Roosevelt entró entonces a legislar con fuerza en el tema. Los empresarios cambiaron entonces de idea, probablemente porque pensaban que el asunto se iba a limitar a un espaldarazo del Gobierno y no se esperaban una oleada reguladora encima, que le pudiera cortar las ganancias (por cierto, ¿cuántos de ellos habrán sido vegetarianos...?). Se envió también un ejército de inspectores a los mataderos, que confirmaron casi todas las denuncias de Sinclair. Finalmente, barajando los costos de un programa permanente de inspección, el Gobierno rebajó sus pretensiones, y si bien salió una legislación que regulara con mayor firmeza a los mataderos, ésta fue más liviana que la inicialmente presentada. Sinclair comentó sarcásticamente al respecto: "Yo apunté hacia el corazón del público, y por accidente le di al estómago"...

jueves, 2 de octubre de 2008

El Conde de Montecristo anticipa el Technothriller.


Tom Clancy, escribiendo sus historias sobre Jack Ryan, el analista estrella de la CIA (y presentado en las pelis "La caza del Octubre Rojo", "Juego de patriotas", "Peligro inminente" y "La suma de todos los miedos"), le dio fama y favor popular al Technothriller, género literario que mezcla espionaje y suspenso con lo más avanzado de la hi-tech de la época. La idea de utilizar la alta tecnología no es algo desusado, porque el 98% de la Ciencia Ficción se basa en esa premisa, pero hacerlo en obras más "realistas" es algo un poco más resistido, probablemente por la escasa formación científica de la mayor parte de los hombres de letras. Hacía estas reflexiones leyendo el estupendo artículo del blog Cabovolo sobre el telégrafo óptico, y recordé (Cabovolo lo menciona) un episodio de "El Conde de Montecristo" en que la alta tecnología de la época le proporciona un giro vital a la trama.

Hagamos un poco de memoria. "El Conde de Montecristo" es un folletín de aproximadamente mil páginas, escrito por Alejandro Dumas Padre, publicado entre 1844 y 1846, y adaptado innumerables veces para el cine (con muy drásticos recortes, habida cuenta de la incontinente cantidad de capítulos de la novela original). En él se describe la historia de Edmundo Dantés, un ingenuo marino que es emboscado por un grupo de enemigos y encerrado en la prisión de If. Un poco la casualidad y un poco el valor, le ganan la libertad, y regresa convertido en el Conde de Montecristo, para vengarse de sus enemigos.

Uno de los enemigos de Montecristo es Danglars, que deseaba sacar a Dantés del camino para quedarse con su puesto de capitán de barco. Con el tiempo, Danglars se convierte en un reputado banquero (descrito en la novela con tonos chirriantes, como un millonario sin gusto ni cultura, como corresponde a un "new rich"), con fama de tener casi un toque mágico para los negocios y la especulación bursátil. Montecristo descubre entonces que Danglars juega con información privilegiada, la que obtiene por vía del telégrafo óptico. He aquí entonces el elemento hi-tech de la trama, porque en la época (el telégrafo eléctrico no fue desarrollado sino hasta 1847, un año después de terminada la publicación del folletín) era la tecnología más avanzada en materia de comunicaciones.

Apenas Montecristo se entera de la jugarreta de Danglars, viaja a la estación de uno de esos telégrafos, que conecta Francia con España, y luego de una envolvente conversación, convence a un operador del telégrafo óptico para dejarse sobornar, y entregar como mensaje, el que una sublevación carlista se ha apoderado de Barcelona. Todos los que confiaron en la información de Danglars vendieron sus fondos españoles, pero al día siguiente sale en la prensa que la fuga de Don Carlos carece de todo fundamento, y que "una señal telegráfica, mal interpretada a causa de la niebla, ha dado lugar a este error" (recordemos que el telégrafo óptico no envía señales eléctricas, sino que depende de que su operario vea la señal de otro telégrafo instalado más lejos en la cadena de mensajes). Y los dichosos fondos españoles suben al doble de su valor, para irritación de Danglars y la gente dateada por él. A la larga, al perder su acceso a la información privilegiada, Danglars acabará virtualmente en la bancarrota. Así, ya en 1844-46, cuando apenas se vislumbraban los efectos de la Revolución Industrial y las telecomunicaciones estaban aún en embrión, la fértil imaginación de Alejandro Dumas le permitió jugar con el tema de la manipulación a través de la alta tecnología...

domingo, 28 de septiembre de 2008

Hernán del Solar y la Editorial Rapa Nui.

Como advertencia preliminar, a pesar de llevar "Rapa Nui" en su título, este posteo no tiene nada que ver con Isla de Pascua. En vez de eso, hablaré sobre Hernán del Solar, probablemente uno de los escritores más clásicos de Chile, el grueso de cuya obra literaria es infravalorado por pertenecer a ese género literario tan denostado por los críticos, que es el cuento infantil (como si Renault o Andersen no valieran de nada).

Del Solar nació con el siglo, el 19 de Septiembre de 1901 (el 19-11 no era todavía el Día de las Glorias del Ejército, que se instauró algo más de una década después). Sus primeros andares literarios, los desarrolló en el campo de la Poesía, publicando un libro llamado "Senderos". Pero también publicó prosa, y se dedicó a la crítica literaria. Fue el primer autor que tradujo al español la densa obra de Thomas Mann, así como la de Nikos Kazantzakis (autor de la novela en que se basó la peli "La última tentación de Cristo", por más señas). Y ayudó a difundir autores que en ese entonces eran lo último en materia de Literatura europea: Stefan Zweig, Aldous Huxley, André Maurois...

En 1946 tuvo la idea de fundar una editorial que se dedicara a la Literatura Infantil. Lo que se concretó cuando fundó la Editorial Rapa Nui (sin relación con la Isla de Pascua, como decíamos, salvo por el nombre). Hernán del Solar comprometió a una buena cantidad de escritores para que escribieran relatos cortos para niños, y como política editorial decidió publicar dos tomos al mes. La decisión fue casi ruinosa, porque prácticamente ningún escritor le cumplió (entre los pocos que sí cumplieron estuvieron Mariano Latorre y su "El choroy de oro", y Luis Durand y su "Guauguau y sus amigos"). De manera que Hernán del Solar debió empezar a escribir él mismo los libros que iba a editar, camuflándose con una tonelada de seudónimos distintos (Peter Kim, Gastón Colina, Oliverio Baker, Abelardo Troy, Ricardo Chevalier, Clovis Kerr, Bat Palmer...). En la colección fueron publicados varios clásicos infantiles chilenos como "Mac el microbio desconocido" y "La porota", además de (con el seudónimo de Ricardo Chevalier), la historia de una dupla al estilo de Sherlock Holmes y Watson, pero en versión perruna, que resuelven crímenes y misterios en la ciudad de Animalandia, cuales son los detectives Nap y Moisés, saga que tuvo varias entregas. La colección hubo finalmente de cerrar en 1951, después de 61 tomos publicados, por problemas económicos, pero su legado continuaría por generaciones.

Y como curiosidad final sobre esta colección. Nadie suponía que el tomo N° 27 de la colección, iba a desarrollar la que es probablemente la más exitosa franquicia literaria chilena, con once secuelas y una más inédita y sin terminar (por la muerte de la autora), además de una adaptación del personaje para el cine en una película animada. Me refiero, claro está, a "Papelucho" de Marcela Paz...

jueves, 25 de septiembre de 2008

El dos por ciento constitucional.


En Chile, el llamado "dos por ciento constitucional" es una atribución que posee el Presidente de la República, para saltarse la obligación de conformarse a la ley a la hora de decretar pagos. Esto sólo lo puede hacer en casos de catástrofe, calamidad pública, amenazas a la seguridad nacional, etcétera (o sea, es para afrontar contingencias de carácter extraordinario), requiere la firma de todos sus ministros (que en caso de problemas, léase "fundirse con el dinero" y similares, deben responder con su patrimonio), y se lo llama informalmente el "dos por ciento" porque la propia Constitución Política de 1980 establece que el monto máximo para el ejercicio de esta facultad, es el dos por ciento del Presupuesto Nacional. De lo explicado, debería quedar claro que el "dos por ciento constitucional" no es una partida del Presupuesto de la Nación, sino que es una facultad para gastar dinero en casos de emergencia, creando de paso un déficit que repercutirá en una merma del patrimonio del Fisco (de ahí que su régimen sea tan estricto, y haya un tope fijado constitucionalmente).

El tema del Presupuesto de la Nación siempre había sido un tanto espinoso. En Chile, se suponía que el Presidente de la República debía enviar una Ley de Presupuestos al Congreso Nacional (todavía debe hacerlo), pero en 1891, cuando el Congreso quiso arrinconar al Presidente José Manuel Balmaceda (1886-1891), simplemente no aprobó ningún presupuesto. Como la Constitución de 1833 nada decía al respecto, y ante el apuro de tener que financiar de alguna manera al Fisco, Balmaceda ordenó entonces por decreto que regía el presupuesto del año inmediatamente anterior (esta situación fue el detonante de la Guerra Civil de 1891, ya que el Congreso consideró esto como un acto de tiranía de Balmaceda). En lo sucesivo, la Constitución de Chile establece que de ser enviada y no aprobarse una Ley de Presupuestos, rige automáticamente la del año anterior, y así el Gobierno puede seguir financiándose.

Pero el Gobierno conseguía a veces saltarse el Presupuesto de la Nación, mediante los decretos de insistencia. Concebidos para superar conflictos entre el Gobierno y la Contraloría General de la República, es una orden del Gobierno para que una resolución administrativa siga curso, aunque Contraloría la objete por ilegalidad. Varios gobiernos usaron entonces la triquiñuela de los decretos de insistencia para el no muy saludable objetivo de pasar adelante gastos públicos no autorizados por ley. Para terminar con este abuso, se institucionalizó el "decreto de emergencia económica" en 1943, para situaciones imprevistas en las cuales era imposible suponer de antemano que dichos gastos iban a tener que efectuarse (terremotos, erupciones volcánicas, siniestros, etcétera... es lo que tiene vivir en un país como Chile, montado a horcajadas del Cinturón de Fuego del Pacífico).

Probablemente el más importante uso dado al dos por ciento constitucional, sean las medidas extraordinarias tomadas después del Terremoto de 1960, que asoló a Valdivia y es considerado hasta el día de hoy como el más poderoso en toda la Historia de la Civilización. En 1963 se utilizó para reconstruir el leprosario de Isla de Pascua, que había sido destruido por un incendio. En 1968, la reducción de actividades mineras en la Provincia de Arauco disparó los niveles de cesantía, y considerando esto como un estado de calamidad pública, el Gobierno echó mano del mencionado dos por ciento constitucional. En Junio de 1973, el problema del aseo en la Municipalidad de Santiago alcanzaba niveles críticos, que atentaban contra la salubridad pública, y el Gobierno de Salvador Allende destinó otra vez fondos de dicho ítem. Y el mismo mes, se utilizó para solucionar los problemas con los gremios de transporte, que amenazaban con cortar un servicio público, el de la movilización de las personas. El gobierno de Pinochet, en sus 17 años, recurrió cuatro veces al dos por ciento constitucional, mientras que sus tres sucesores (Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos, 1990-2006) no lo hicieron en ninguna oportunidad. Y en 2008, después de año y medio de implementado el Transantiago y aún no plenamente operacional, el Gobierno decidió una vez más aplicar el dos por ciento constitucional al problema del transporte. La última vez anterior había sido para el Terremoto de 1985...

domingo, 21 de septiembre de 2008

Recibir el pago de Chile.


Del sentimiento de amor y odio que muchos chilenos sienten por Chile, una de las más curiosas expresiones populares es la que habla de "recibir el pago de Chile", o del "pago de Chile" a secas. Recibir el pago de Chile es simplemente sufrir la ingratitud de quienes han recibido un servicio provechoso, no sólo siendo ignorados o ninguneados, sino incluso castigándoles y maltratándoles cuando se puede prescindir de sus valiosísimos servicios. Recibió Bernardo O'Higgins el pago de Chile, cuando después de tantos servicios prestados a la Patria durante su independencia y su gobierno, los aristócratas lo enviaron al exilio y jamás le permitieron volver. Y creen sufrir el pago de Chile muchos políticos que se amargan de que las cosas no se hagan exactamente como ellos quieren porque otras gentes se les oponen... Como suele ocurrir, no hay claridad sobre el origen de la expresión, y a falta de una, hay dos teorías sobre su génesis.

La primera de ellas se remonta a los tiempos de la administración colonial hispánica. Estando Chile ubicado en la periferia del Imperio Español, los pagos muchas veces se retrasaban, los cobros se rechazaban, y las alegaciones no tenían fruto alguno. Empezó así a hablarse de la "paga del Rey". Pero cuando se produjo la independencia, las cosas no anduvieron mejor con la burocracia estatal, en parte por lo extensísimo y accidentado del nuevo territorio a gobernar, y en parte por pura y simple desidia gubernamental. De manera que el "pago del Rey" se transformó en el "pago de la Patria", y de ahí pasó a ser "el pago de Chile".

Pero el historiador Benjamín Vicuña Mackenna consigna otra versión. El dicho se habría originado en Lima, capital del Virreinato del Perú, al cual debía sujetarse administrativamente la Capitanía General de Chile. En ese tiempo Chile era la frontera misma del Imperio y no había más allá nada que no fueran los combativos mapuches. Además, a diferencia de la rica y señorial Lima, capital del Virreinato adornada con los ojos de sus hermosas damas limeñas, las ciudades chilenas no eran más que bucólicos villorrios en los cuales nunca sucedía absolutamente nada de comento. Y para colmo, la soldada llegaba tarde, mal y nunca. Dentro de la esfera militar, Chile era así el lugar de castigo al cual enviar a todo aquel que resultara demasiado incómodo en Lima, y pronto cualquier militar que se saltara repetidas veces la disciplina o tuviera la mala ocurrencia de meterse con la hija del que no debía, acababa recibiendo "la paga de Chile", o sea, enviado al peor destacamento posible dentro de la jurisdicción del Virreinato...

jueves, 18 de septiembre de 2008

El definitivo León de Tarapacá.

Arturo Alessandri Palma, Presidente de Chile entre 1920 y 1925 (salvando el interregno revolucionario de 1924-1925, claro está), era conocido principalmente por su oratoria incendiaria, tan contrapuesta al carácter más bien adocenado de otros políticos, y que le dio un enorme arrastre entre la clase media, cansada de los excesos del sistema parlamentario implantado desde la guerra civil de 1891, para beneficio de unos pocos oligarcas y sacrificio de las grandes masas de trabajadores. Por esta oratoria, Alessandri Palma fue apodado el León de Tarapacá. Sin embargo, no fue ni de lejos el primer "León de Tarapacá" que registra la Historia de Chile (aunque sí, probablemente, el definitivo, el más famoso de todos). Asunto tanto más curioso por cuanto en la fecha de elección de Alessandri como Presidente, la región de Tarapacá llevaba apenas unos 35 años en manos chilenas (fue conquistada al Perú durante la Guerra del Pacífico, que se libró entre 1879 y 1884).

Durante la Guerra del Pacífico, en medio de la oleada patriotera que invadió a la prensa nacional chilena, llovieron los leones: los Leones de Atacama por el Batallón de Atacama después de haber desembarcado en Pisagua en 1879 (en realidad Batallón Copiapó, pero rebautizado con un nombre más "vendedor" por el historiador Benjamín Vicuña Mackenna, el gran propagandista y apologista de la guerra), el León del Norte por Juan Martínez, el Comandante del mencionado batallón... Y finalmente Eleuterio Ramírez, militar chileno que se destacó en la Batalla de Tarapacá, defendiéndose con uñas y dientes frente a un enemigo peruano numéricamente muy superior (aunque por otra parte, aquello era territorio peruano...), y que en forma póstuma, porque de esa batalla no salió vivo, fue apodado el León de Tarapacá.

Hubo después otro León de Tarapacá, que fue el escritor chileno Víctor Domingo Silva, conocido en nuestros días por su novelita romántica "Golondrina de invierno" (cada vez más olvidada, por otra parte). Silva era director del diario La Provincia de Tarapacá, y tanto el arrebato de su poesía como el fragor que ponía en la defensa del pueblo contra los oligarcas que le chupaban la sangre a Chile por aquellos días (¿aquellos...?), le valieron el apodo del León. Era lógico que éste se inclinara por la candidatura de Arturo Alessandri, que intentaba ganarse a la clase media con amplias promesas de reforma. Corría el año 1915, y en una asamblea en donde Víctor Domingo Silva y Alessandri estaban presentes, Silva fue aclamado como León de Tarapacá, ante lo cual declinó el honor, y añadió: "Desde hoy en adelante, ese glorioso sobrenombre será como un grito de combate cívico por la libertad y la justicia, y sólo tendrá derecho a llevarlo nuestro candidato de hoy y senador de mañana, el gallardo campeón de la jornada del próximo 7 de marzo, ¡don Arturo Alessandri Palma!". Ungido de esta manera, Alessandri pasó así a ser el León de Tarapacá, y ganó la senaturía por Tarapacá en 1915, y el sillón presidencial en 1920... y lo volvería a ganar en 1932. (Esta versión es la de Joaquín Edwards Bello, pero con todo, don René Silva Espejo atribuye el crédito del bautismo de Alessandri a Jorge "Coke" Délano).

En 1958, don Jorge Alessandri Rodríguez, hijo de Arturo Alessandri Palma, fue elegido Presidente de Chile. Y a éste se le apodó "el Cachorro de León"...

domingo, 14 de septiembre de 2008

Perlas internacionales del Presidente Ramón Barros Luco.

Ya hemos hablando antes en Siglos Curiosos sobre Ramón Barros Luco, Presidente de Chile entre 1910 y 1915, quien es probablemente el más inercial de todos los que alguna vez pasaron por el Palacio de la Moneda. Este Barros Luco fue el que, por filosofía de vida, le dijo una vez a Mariano Casanova, a la sazón Arzobispo de Santiago, quien se estaba quejando de sus muchos problemas: "No se afane tanto, don Mariano, porque el noventa por ciento de los problemas se resuelven solos y el resto no tiene solución"... Pero ni ésa ni las anécdotas que ya consignamos son las únicas. A continuación, algunas de las que protagonizó en el terreno de la política y las relaciones internacionales.

En aquellos años era cuestión candente el problema de Tacna y Arica. Ambas ciudades habían quedado en manos chilenas desde la Guerra del Pacífico, desde la cual habían transcurrido apenas treinta años, pero por tratado esta situación era transitoria y se supone que debía realizarse un plebiscito para determinar en manos de quién quedaba. Sólo que ningún Presidente chileno quería dar el paso. Varias veces le recordaron a Barros Luco el llamado "problema del Norte", ante lo cual éste invariablemente respondía: "¿Qué problema? El problema es de ellos, que perdieron, pero no para nosotros, que se lo quitamos". Y la frontera definitiva no se trazó sino hasta catorce años después de que terminara el período presidencial de Barros Luco...

En otra ocasión, don Lorenzo Anadón, que era Ministro de Argentina, se despidió de Barros Luco, listo para volver a Buenos Aires, después de haber llevado algunas negociaciones infructuosas en Chile. Como recurso desesperado le dejó caer a Barros Luco, medio en tono de chanza, que no se atrevía a pasar por Mendoza porque aún no salía un convenio para que los viñateros pudieran exportar sus vinos a través de Chile hacia el Océano Pacífico. Barros Luco, sin darse por aludido, contestó jovialmente: "Yo que usted, me iría por el Estrecho"... (el Estrecho de Magallanes, se entiende).

Durante su gobierno estalló la Primera Guerra Mundial. Le preguntaron entonces si Chile apoyaría a la Triple Entente. Socarronamente, Ramón Barros Luco esquivó el bulto diciendo: "No hay que meterse en peleas de familia". Porque, en efecto, Guillermo II de Alemania era primo carnal de Jorge V de Inglaterra, así como político del Zar Nicolás II de Rusia... Y Chile no ingresó a la Primera Guerra Mundial.

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