
Lo que sucede, es que al radiar la BBC el sonido de las campanas, la señal es emitida como frecuencia electromagnética hacia todo el mundo, a la velocidad en que viajan estas ondas, es decir, a la velocidad de la luz (aproximadamente 300.000 kms/seg), mientras que el sonido de las campanas viajaba a la relativamente lenta velocidad del sonido desde arriba del Big Ben hasta el suelo. La diferencia de tiempo es infinitesimal, por supuesto, pero es indiscutible que los australianos escuchan el reloj londinense antes que los propios londinenses...
Aún así, a medida que pasa el tiempo, los problemas en el viejo Big Ben se han ido acumulando, y los parones, que principiaron en 1976, son cada vez más frecuentes. Por lo que ni radioescuchas ni paseantes han tenido la oportunidad de escuchar las campanadas, en más de alguna ocasión.
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