Páginas

domingo, 6 de diciembre de 2015

El Tribunal de Ultima Instancia.

Un motif jurídico afirma que "por encima de la Corte Suprema sólo está la Corte Celestial"... Y sin embargo, aún puede sobre la Tierra haber un tribunal más allá del último tribunal. Uno conformado no por la justicia misma, sino por privados que se ponen al servicio de causas perdidas. Esta es la historia del Tribunal de Ultima Instancia ("The Court of Last Resort"), el tribunal privado decidido a revocar errores judiciales en Estados Unidos.

Para el lector de novelas policiales, el nombre de Erle Stanley Gardner (bueno, su nombre o alguno de sus incontables seudónimos) debería ser familiar. Si no por él, al menos por la que probablemente es su creación más famosa: el infatigable abogado criminalista Perry Mason. Una noche, durante la primavera de 1948, Gardner y Henry Steeger (editor de la revista "Argosy", uno de los más importantes pulps de todos los tiempos), conversando sobre el tema de las condenas impuestas por error judicial, tomaron el acuerdo de ver si podían usar su talento para hacer labor detectivesca, pero en el mundo real. "Tan pronto como sepamos de algún caso en que parezca que se ha cometido una injusticia, investigaremos los hechos y los daremos a conocer por medio de la prensa. La opinión pública se encargará de lo demás", dijo Steeger. Gardner después explicó que lo hacían porque "no existe ningún procedimiento sencillo por medio del cual un individuo que haya sido condenado erróneamente pueda lograr la revisión de su causa".

Su primer caso no tardó en caerles. Un asesino llamado Clarence Boggie, convicto a prisión perpetua en la penitenciaría estatal de Washington, los contactó. Gardner se entrevistó con Boggie, creyó en su inocencia, y unió fuerzas con el detective privado Raymond Schindler para investigar el asunto. El juicio había tenido lugar quince años antes. Boggie había sido juzgado por el robo y brutal asesinato de un anciano que vivía solitario en su cabaña. Dos años después del crimen, la policía había dado con el abrigo en poder de Boggie. Además, un prisionero sostenía que el aserrador le había confesado el crimen cuando ambos vivían juntos. Pero Gardner y Schindler probaron que el abrigo había sido comprado en una casa de empeños, y echaron por tierra el falso testimonio incriminatorio, dado por el presidiario para ganarse puntitos en una eventual libertad condicional. Además, apareció un testigo que había visto al asesino salir corriendo de la cabaña de la víctima, y ese testigo declaró que el asesino no era Boggie.

El Tribunal de Ultima Instancia funcionó a la larga con los mencionados Erle Stanley Gardner, Henry Steeger y Raymond Schindler en la nómina. Se sumaron, además, un experto en detectores de mentiras, otro detective, un asesor experto en Medicina Forense, y el antiguo alcaide de una prisión federal de Washington. Todos ellos ad honorem, por amor de la justicia, con la sola excepción del investigador privado, que cobra sus honorarios. En sus primeros cuatro o cinco años, al menos, tuvo una vida muy activa: lograron poner en libertad a cerca de una docena de personas, y revisaron cerca de un millar de casos en busca de potenciales errores judiciales. Muy pocos casos merecieron la investigación completa, naturalmente, pero por los pocos inocentes que puedan aparecer, siguieron adelante durante años con su empresa. Fue cuando su fundador, Erle Stanley Gardner, se retiró en 1960, que el grupo empezó a descender lentamente su actividad, hasta que ésta cesó por completo.

3 comentarios:

  1. Gracias por volver!!!! Pese a todo crei que habia llegado demasiado tarde a este blog

    ResponderBorrar
  2. Opino igual!!!!!!!!!
    Uno de los mejores blogs de historia de la red. Si no es mucha molestia me gustaria algun posteo sobre los pueblos prehispanicos. Leere con interes renovado cualquier cosa que escribas General Gato

    ResponderBorrar