Los griegos eran los verdaderos romanos.

Hoy en día, cuando concebimos al Imperio Bizantino, lo pensamos fundamentalmente como un "imperio griego". A pesar de que éste nació de las cenizas del Imperio Romano de Oriente (puesto gravemente en compromiso y aún en trance de desaparecer durante el siglo VII), lo cierto es que hacía mucho tiempo que el latín había sido reemplazado por el griego, y esto había implicado un enorme cambio cultural. La cultura bizantina, por hablar en plata, no tenía nada que ver con la cultura romana de la que se supone venía el Imperio Bizantino como heredero del Imperio Romano. Pero interesantemente, los propios bizantinos no se veían así, y de manera más interesante aún, los griegos tampoco, o por lo menos no hasta el advenimiento de la Gran Idea (Μεγάλη Ιδέα) del siglo XIX, de crear un Estado Nacional Griego que reuniera a toda la etnia griega, sobre el cadáver del multinacional Imperio Otomano (los "turcos" de toda la vida).
A pesar de que el Emperador del Imperio Bizantino se llamaba a sí mismo con un título griego (Βασιλεύς o "Basileus", "Rey" en griego, a partir de Heraclio en el siglo VII, y después "Αυτοκράτωρ" o "Autokrator", traducible libremente como "Señor Supremo" después), lo cierto es que se consideraban legítimos sucesores del Emperador de Roma. Cuando el Papa León coronó a Carlomagno como "Emperador de Occidente" y pretendió restaurar el Imperio Romano en el año 800, los Emperadores de Bizancio protestaron vivamente, y nunca reconocieron lo que consideraban una usurpación de su legítimo título. Las tierras del Imperio Bizantino recibía el nombre de "Romania", y los propios griegos se llamaban a sí mismos "romaioi", hasta el siglo XIX como ya dijimos.
Y más interesantemente aún, esta concepción se extendió hacia el este, hacia los pueblos islámicos, para quienes la Europa Occidental era apenas una tierra borrosa en los márgenes de su percepción geográfica (y con razón, porque el Imperio Bizantino estaba mucho más desarrollado económica y políticamente que los atrasados territorios feudales de Occidente), y que por lo tanto adoptaron esta manera de ver a los bizantinos. Así, los dominios del Emperador bizantino pasaron a ser "Rum" y sus habitantes fueron los "rumis". Y el Emperador mismo fue conocido como el "Kaisar-i-Rum" entre los turcos, y como el "Quaisar-i-Rum" entre los persas (es decir, el "César de los romanos"). Cuando los turcos tomaron Constantinopla en 1453, se consideraron a sí mismos también como herederos de la grandeza de los césares, y para simbolizar su dominio sobre las antiguas tierras bizantinas, se hicieron llamar también a sí mismos "Kaisar-i-Rum", aunque en estricto rigor no tenían ninguna legitimidad jurídica para adoptar dicho título, como no fuera por derecho de conquista.
Y de manera aún más interesante: los islámicos echaban un poco a saco todo lo que viniera del mundo griego, de una manera un tanto confusa. Así es que llamaron Iskandar Rumí a un personaje histórico que nada tenía que ver con los romanos: su "Alejandro el Romano" (porque tal cosa significa literalmente "Iskandar Rumí") no es otro sino el muy griego Alejandro Magno de toda la vida...

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